Declarativa: SMeyer es dueña de los personajes, MrsK81 escribió esta historia y yo sólo traduzco.

Capítulo 7


"¡Vamos Bella, apresúrate!" Me gritaba Carmen desde la puerta de mi habitación. "¿Por qué tardas tanto?"

Abrí la puerta y la miré irritada. "Oye, hace menos de una hora que llegué del trabajo. Tú tuviste todo el día para arreglarte. Me estoy apresurando todo lo que puedo."

Era la primera vez que saldría con Amber y Carmen desde la noche en que conocí a Edward y el motivo por el cual salíamos era para celebrar que al fin cobré mi nómina. La satisfacción que tuve cuando finalmente cayó en mi cuenta bancaría fue enorme y las chicas insistieron en celebrar.

Mientras me peinaba y maquillaba, me sentía diferente, más madura de algún modo, casi como si me hubiese ganado el derecho de celebrar por todo lo logrado. Deseaba que llegase la hora de salir de fiesta más que cualquier otra ocasión que pudiera recordar. Vi mi vestido azul favorito colgado en el armario y recordé lo que había pasado la última vez que me lo puse. Con una triste sacudida de cabeza, lo aparté y escogí unos vaqueros de pitillo y un top de un hombro caído en seda verde.

Cuando accedí a salir, asumí que sería la noche del viernes o el sábado, pero no fue así. Amber y Carmen había planeado un viaje de compras a Nueva York durante el fin de semana, y como ir con ellas estaba fuera de mi capacidad económica actual, tuve que salir con ellas el jueves.

"¡Por fin!" dijo Carmen cuando salí de la habitación. "Te ves tan linda, Bella."

Sonreí, y se sentía bien usar algo más que pantalones de vestir y faldas lápiz. Aún cuando estaba deseando esto, sabía que tenía que mantenerme sobria. "Recuerdan que mañana tengo que ir a trabajar, ¿cierto?"

"Claro que sí. Una copa de champagne para brindar por tu primer pago y luego cócteles sin alcohol durante toda la noche." Amber guiñó. "Para ti, de cualquier forma."

Insistí en ir a un club distinto al usual, ya que no había forma de que pudiera divertirme pensando en lo que había pasado la última vez. Las chicas estaban muy contentas de que por fin hubiese salido del apartamento como para importarles a dónde íbamos.

Tan pronto como entré al club, se sintió bien estar rodeada de personas a las que les agradaba. Cuando estaba aquí, eran tan sólo una chica normal pasando un buen rato. Las chicas y yo bailamos, platicamos y nos reímos más de lo que lo habíamos hecho en años.

"¡Tengo que sentarme!" Gemí y señalé mis pies después de haber bailado durante casi una hora. "Iré a conseguirnos un trago, ¿está bien?"

"Iremos detrás de ti, Bella," Carmen gritó. "Tan pronto como esta canción termine."

Estaba recargada contra la barra del bar tratando de balancear el peso sobre mis pobres pies.

"¿Isabella?"

"¿Sr. King?" Forcé una sonrisa. "Hola."

"Es Royce, ¿de acuerdo?"

Asentí. "¿Qué está haciendo aquí?"

"Pasando un buen rato, aún más ahora. ¿Qué hay de ti? Creí que estarías en el club al que usualmente vas."

"¿Cómo sabe a qué club voy normalmente" Me sentía un tanto incómoda alrededor de él y miré hacia atrás para ver en dónde estaban las chicas.

"El padre de tu amiga es dueño de una cadena de clubes, ¿no es así?" Se rió. "Sólo asumí que siempre ibas ahí."

"Sí, bueno, usualmente lo hacemos, pero esta noche queríamos un cambio, supongo," repliqué casualmente y le hice un gesto con la mano al cantinero.

"Déjame pedirlos," Royce ofreció y me ignoró cuando me negué. "Insisto, ¿qué estás tomando?"

"Dos cosmos y un daiquiri-virgen." Sonreí y Royce frunció el ceño.

"¿Virgen? Hagámoslo un trago real, ¿quieres?" Le indicó al cantinero.

"Mejor no. Tengo que trabajar mañana y tenemos una reunión importante con un cliente." Le dije al cantinero de nuevo lo que queríamos y Royce se burló.

"Te tiene con la correa corta."

"¿Quién?"

"Cullen."

"Esto no tiene nada que ver con el Sr. Cullen. Tiene todo que ver con el hecho de que necesito este trabajo." Miré alrededor y vi a las chicas buscándome. Les hice un ademán para que se acercaran y me sentí aliviada. "Gracias por los tragos. Sr. King. Fue bueno verlo," mentí y él me guiñó el ojo.

"Como siempre un placer, Bella."

Pasé los siguientes veinte minutos rechazando las propuestas alcoholizadas de mis amigas sobre ir con Royce. Aparentemente él era todo un hombre y lo suficientemente sexy para mí… las chicas desarrollaban un vocabulario de adolescentes cada vez que el alcohol entraba en su sistema.

"En verdad debería irme," dije, mirando la hora. "Son casi las once."

"Déjame terminar esto e iremos por nuestros abrigos." Dijo Carmen tras beber de su trago.

Estaba a punto de levantarme cuando una mesera llegó con una bandeja de tragos. "Cortesía del caballero que está en el bar." Indicó con su cabeza a una persona que estaba detrás de ella, pero no podía ver de quién se trataba. "Martini de manzana para todas."

"Gracias," dijo Amber con una risilla y traté de ver quién nos había mandado los tragos. "¿Fue Royce King?"

Se encogió de hombros. "No me dijo su nombre y no pregunté. Siempre y cuando pague, a mí no me incumbe."

"¿Alto, castaño y lindo?" Carmen insistió y la mesera asintió. "¿Realmente lindo?"

"Definitivamente," dijo dramáticamente. "No lo echaría fuera de la cama en bastante rato."

"Tampoco yo lo haría," Carmen le contestó y luego se giró hacia mí. "Fue absolutamente de parte de Royce, Bella."

Estiré mi cuello para ver sobre ella, pero Royce no estaba por ningún lugar en el bar. "Nop, parece que él ya se fue."

"Oye, si el tipo aún está por aquí, ¿le podrías decir que venga para darle las gracias personalmente?" Amber le preguntó a la mesera y luego le guiñó.

"Me aseguraré de decirle eso." Nos entregó una copa a cada una, con una sombrilla de diferente color para cada quien. "Él fue especifico con los tragos; obviamente pensó mucho en ellos antes de ordenarlos. Rojo para la pelirroja ardiente, amarillo para la linda rubia, y verde para que coincida con la blusa de la hermosa castaña"

"¿Te pidió que dijera eso?" Le pregunté. "Eso es bastante tonto." La mesera de rió y se marchó.

"Salud, chicas." Amber levantó su copa y miró dubitativamente la mía. "Vamos Bella, un trago más no te hará daño."

"Sí, supongo que no," acordé y brindamos con las copas.

También me dejé convencer por las chicas para bailar por última canción antes de irnos y fue mientras estábamos bailando que comencé a sentirme extraña. El lugar comenzó a dar vueltas y mis piernas se tambaleaban. Le toqué el hombro de Amber.

"Necesito ir a casa Amber," dije, escuchando mi voz temblorosa. "No me siento bien."

"Caramba Bella, un mes sin beber y has perdido tu tolerancia al alcohol." Se rió.

"Cinco minutos Bella," Carmen me pidió, pero negué con la cabeza.

"Necesito irme. Si quieren quedarse, las veré en casa." Comencé a caminar sola pero inmediatamente fui flanqueada por mis amigas, quienes me tomaron de los brazos.

"¿Qué clase de amigas seríamos si te dejáramos sola en este estado?" Carmen besó mi mejilla.

"Vamos, peso ligero," Amber bromeó y dejamos el club juntas.

Para cuando llegamos de vuelta a casa me sentía terrible. La habitación daba vueltas, apenas si podía ponerme de pie y me sentía fatal. Vagamente recuerdo a Amber y Carmen metiéndome a la cama antes de salir corriendo hacia el baño para vomitar y todavía estaba tirada en el piso del baño cuando me desperté casi doce horas después.

Froté mi rostro, sintiéndome, posiblemente, peor que anoche. Estaba confundida, me sentía malditamente mal y la habitación seguía dando vueltas. Me llevó bastante tiempo concentrarme en el teléfono y cuando lo hice noté la hora y grité.

"Ay jodida mierda," grité una y otra vez, yendo a tientas en un cegador y desorientado estado de pánico, tratando de vestirme tan rápido como podía.

En cuestión de minutos estaba fuera del apartamento, recogiendo mi cabello mientras descendía. Me sentía tan mal que tomé un taxi hacia la oficina y traté de no vomitar en el asiento trasero. Corrí por la recepción y hacia los elevadores, pasando la mayor parte del trayecto tratando de verme un poco más presentable.

Cuando llegué a mi piso mis piernas estaban tan inestables que necesité recargarme en la pared mientras caminaba hacia el escritorio. Afortunadamente, no había nadie más alrededor y la oficina de Edward estaba vacía, así que no me vio llegar. Traté de pensar en una excusa creíble para explicar el motivo por el cual había llegado tarde… casi cuatro horas y media tarde.

"Mierda," murmuré. "Me van a despedir."

Traté de comenzar con mi trabajo, pero todavía me sentía ebria… muy, pero muy, muy ebria. ¿Cómo podía ser posible? Sólo había tomado un trago… ¿no es así?

"Quiero un café negro Srta. Swan," Edward pareció materializarse de la nada y ahora estaba de pie frente a mi escritorio. "Y le sugiero que se sirva uno y luego tome asiento en mi oficina."

Mierda, aquí vamos.

Mis manos temblaban mientras servía el café y el aroma me revolvió el estómago. No había forma de que pudiera tomar uno sin vomitar. Caminé lentamente hacia su oficina, esforzándome en no tirar la bebida y luego sólo me dejé caer en la silla.

"¡Esto es completamente inaceptable!" Gritó, y quiero decir gritó. Me encogí en la silla, su voz y las luces resonando en mi cabeza haciéndolo casi insoportable. "Se perdió una reunión muy importante, Srta. Swan, y tuve que llamar al cliente para re-agendarla."

"Lo siento," dije, mi voz baja y temblorosa.

"Un lo siento no va arreglar todo si perdemos ese contrato," continuó. "Ese cliente vale millones para esta compañía. Tiene suerte de que su padrastro no esté hoy en la empresa, porque él estaría sentado aquí justo ahora mientras yo la despido. Él sabrá de esto, se lo prometo."

Quería pedirle que bajara la voz porque creía que me iba a desmayar debido al dolor de cabeza, pero también sentía que iba a vomitar si decía una sola palabra.

"Estaba comenzando a aceptarla y me atrevo a decir, que llegué a pensar que estaba equivocado acerca de usted," espetó. "Ahora, jamás he estado más seguro de cuán predecible resulto ser usted."

Comencé a disculparme de nuevo, pero sentí un espasmo estomacal y tuve que salir corriendo por la puerta tapándome la boca con la mano. No hubo oportunidad de llegar al baño así que tomé el bote de basura que estaba por mi escritorio, y vomité. Escuchando a Edward maldecir fuertemente mientras lo hacía.

Él sólo se acercó cuando terminé. "Usted es una vergüenza. Tendré que venir mañana temprano para tratar de apaciguar al cliente, así que usted también va a venir y cubrirá la horas que perdió hoy."

Asentí, logrando decir un débil, "Sí Sr. Cullen."

Cuando él regresó a su oficina y tras limpiar el desastre en el bote de basura, me senté y puse mi cabeza sobre mis manos. Nunca, en todas las veces que he salido a tomar, había sentía algo remotamente parecido a esto. Mi cuerpo entero estaba gritando de dolor como si me hubiese atropellado un tren de carga y la nausea que sentía era abrumadora. Con los ojos cerrados, sentía que el incesante dolor de cabeza disminuía ligeramente, y debí quedarme de nuevo dormida, porque otra media hora había pasado cuando el teléfono sonó en mi escritorio.

"¿Sí, Sr. Cullen?" Dije, esperando que no se diera cuenta.

"Me gustaría un té, ¿es capaz de prepararlo?"

"Enseguida," dije pero él ya había colgado.

Mientras preparaba su té, el mareo me dificultaba permanecer de pie y tuve que posar ambas manos sobre la mesa, rogando por no desmayarme.

"Srta. Swan, ¿hay algún problema con mi té?"

Me giré para enfrentarlo, incapaz de enfocar su rostro. "No Sr. Cullen, tan sólo necesito…un…minuto." Sin la mesa que soportara mi peso, comencé a tambalearme.

"Jesús, Bella." él se lanzó hacia adelante y me tomó por los brazos justo cuando mis piernas cedieron.

TBMOA

Cuando abrí los ojos agradecí a Dios no ver doble y que la habitación no diese vueltas, pero mientras miraba alrededor me di cuenta de que no me encontraba en casa. Pero, aun sin saber dónde me encontraba, ya había estado aquí antes…me era familiar.

"¿Bella?" El rostro de Edward repentinamente entró en mi campo de visión y caí en la cuenta de en qué cama estaba exactamente.

"¿Por qué estoy aquí?" Pregunté nerviosamente mientras trataba de revisar si aún tenía puesta mi ropa.

"Era o aquí o la sala de emergencias… donde todavía insisto en llevarte." Me observó cuidadosamente. "¿Cómo te sientes?"

"No muy bien," admití, levantándome aún completamente vestida. "Mejor que hace un rato."

"Luces mejor," acordó.

"¿Qué pasó?" Pregunté.

"Dímelo tú," dijo fríamente. "Jamás pensé que consumieras."

"¿Que qué?"

"Bella, reconozco un mal viaje cuando veo uno." Negó con la cabeza.

"¿Un mal viaje? No puedes hablar enserio. No consumo drogas, nunca he consumido drogas." Espeté enfadada.

"Por favor Bella, estas exactamente como… lo he visto cientos de veces antes." Se sentó al borde de la cama. "¿Qué tomaste?"

Me estaba enfadando más y más con sus suposiciones. "Sr. Cullen, no tengo idea de lo que está hablando. Jamás he consumido drogas en mi vida. Bueno, traté de formar un porro una vez pero casi escupí un pulmón… y tomé algo de nytol una ocasión para ayudarme a dormir a pesar de que no estaba enferma, pero-" Me estaba mirando de una manera peculiar. "¿Qué?"

"¿No tomaste nada?" repitió.

"¡No! Salí con mis amigas y tomé sólo un trago." Arqueó las cejas inquisitivamente, pero lo ignoré. "Un trago Sr. Cullen, y sólo estaba esperando a que mis amigas terminaran el suyo cuando…oh, lo siento, dos tragos. Me olvidé del Martini de manzana que aquel tipo del bar me mandó."

"¿Qué tipo?" Preguntó, su voz era tensa.

"No me acuerdo," me encogí de hombros, mientras otro recuerdo flotaba por mi mente pero era muy difuso. "Creo que él nos mandó a todas un trago… la mesera dijo que había hecho un intento poco convincente para impresionarnos con las sombrillas."

"¿Qué?"

"Él nos envió a todas un diferente color de sombrillas, no me acuerdo de qué color eran las de las demás, pero la mía era verde. Me acuerdo de eso porque era del mismo color que tus…era verde." Iba a decir verde como tus ojos, pero me detuve y solamente esperaba que él no viera mi sonrojo.

"¿Y creíste que aceptar un trago de un hambre extraño sería una buena idea?"

"Nos envió a todas uno… ¿estás sugiriendo que él le puso algo a la mía? No pudo hacerlo, ¿o sí?"

"Tu capacidad para detectar situaciones peligrosas y tomar buenas decisiones necesita ser mejorada considerablemente," dijo quedamente.

"¡Ay! ¿Acaso no lo sé?... Aún estoy disfrutando el resultado de mi última mala decisión." Le miré mal y luego me puse de pie. "Necesito ir al baño."

"Es la segunda puerta…" se rió cuando arqueé mis cejas. "Pero supongo que eso tú ya lo sabías."

Una vez adentro, me senté en la taza del baño y puse mi cabeza entre mis manos. Tenía la peor resaca del mundo y ni siquiera disfruté los beneficios de embriagarme. El dormir ciertamente había ayudado, pero estar de vuelta aquí en la habitación de hotel de Edward me trajo demasiados recuerdos.

Después de lavarme el rostro y de intentar domar mi inexplicable maraña de cabello, salí a la habitación. "Debería irme," le dije señalando hacia la puerta y tratando de no pensar mucho en lo que pasó la última vez que estuve aquí. "Gracias por…um…ya sabes…cuidar de mí."

"Me asustaste," admitió, todavía sentado al borde de la cama con sus codos sobre sus piernas. "Cuando te desmayaste estuve a punto de llamar al 911, pero no creí que hubiese forma alguna de ocultárselo a Phil si lo hacía. He…lidiado con este tipo de situaciones tantas veces que supuse que si dormías sería suficiente."

"Pudiste haberme llevado a casa," le dije. "No tenías que traerme aquí."

"No sé tú dirección, y a menos de que quisieras que llamara a Phil o que mirara tu expediente personal, no tenía alternativa." Se puso de pie y dio un paso tentativo hacia mí. "Me las arreglé para mantenerte despierta lo suficiente como para sacarte del edificio y traerte al hotel sin parecer que te estuviera secuestrando."

"Lo siento," dije suspirando. "Me siento como una tonta. Así que, ¿sólo dormí?"

"Durante," revisó su reloj, "nueve horas y media. Estaba furioso."

"Lo sé, lo entiendo," lo detuve con un ademán, no deseando otro regaño. "Fue una irresponsable y típica conducta de una malcriada chiquilla, blah, blah, blah."

Tomé mi chaqueta y mis zapatos y me dirigí hacia la puerta. Justo cuando iba alcanzar la perilla, la mano de Edward se cerró alrededor de la mía, deteniéndome.

"No estaba furioso contigo, Bella," Suspiró, tirando de mi mano para alejarla de la puerta.

Estábamos parados tan cerca el uno del otro junto a la misma puerta contra la que me había tenido hace tanto tiempo.

Sus boca… sus dedos…

Tragué nerviosamente y miré hacia el piso. Recuerdos vívidos de cuando estuve tan cerca de él no eran buenos, para nada buenos.

"Estaba furioso conmigo mismo, Bella." Soltó mi mano. "Debí darme cuenta de inmediato. Si hubiera prestado suficiente atención en vez de saltarte a la garganta, hubiese reconocido que se trataba de algo más que una simple resaca."

"Vamos a olvidarnos de esto." Di un paso atrás, estaba demasiado cerca y no confiaba en mí para no hacer un movimiento tonto con él. "En verdad debo irme."

"Mmm, supongo que tus amigas se preocuparan cuando se den cuenta de que no volviste a casa." Asintió, mirando mi cara para después voltearse.

"De hecho, ellas estarán en Nueva York durante el fin de semana. Sólo me refería a que ya le quité suficiente tiempo, Sr. Cullen."

"Creo que dada nuestra…situación…llamarme Edward fuera de la oficina está perfectamente bien." Pasó una mano por su cabello, y me imaginé mis manos agarrándolo, acariciándolo y jalándolo. "¿Te gustaría ir a cenar?"

"¿A cenar?"

"Sí, a cenar." Asintió.

"¿Contigo?"

"Sí, conmigo."

¿Qué?

"No creo que sea buena idea."

"¿Por qué no?"

"Porque la mayor parte del tiempo me tratas como si fuera una molesta mosca que anda por ahí haciendo nada importante." Él trató de objetar, pero con mucho tacto le recordé la conversación que tuvimos mi primer día de trabajo. "¿Y ahora quieres llevarme a cenar? ¿Así como así?"

"Admito que actué groseramente," dijo con un deje de arrepentimiento. "Pero mi mente era un caos y no tenía idea de cómo debía actuar."

"Entiendo que estábamos en una situación bastante incómoda, pero creo que no había nada de malo en ser cortés conmigo, Edward. En lugar de eso, optaste por hacerme sentir como una mierda y a menospreciarme en cada oportunidad que tuviste." No podía negarlo, la idea de salir a cenar con él tenía mi corazón y mi muy vacío y hambriento estómago dando volteretas. "En verdad tengo que irme. Tal vez podamos tratar de ser amigos en la oficina, pero aparte de eso, creo que es mejor mantener la distancia."

"Sé por qué estás enojada Bella, pero quiero demostrarte que no soy… que no soy un…"

"¿Un cabrón?" Contesté secamente y él se rió.

"Exactamente, quiero demostrarte que no soy un cabrón." Me miró esperanzadoramente. "Entonces…¿vamos a cenar?"

"Tal vez en otra ocasión," dije odiándome por negarme la oportunidad de pasar el tiempo con él. "Justo ahora sólo quiero irme a casa."

"¿Al menos me dejas llevarte?"

"Vivo a menos de dos kilómetros de distancia de aquí, Edward," le dije. "Y me haría bien un poco de aire fresco, así que caminaré."

"Entonces caminaré contigo." Camino hacia el armario y sacó un abrigo.

Noté que estaba vestido con unos vaqueros viejos y una playera de UCLA y no su usual saco, camisa y corbata. Era extraño verlo tan casualmente vestido y era casi como si se tratara de un Edward totalmente diferente.

"En verdad no es necesario."

"Si lo es." Me lanzó una mirada de desaprobación. "Y no acepto un no por respuesta. O te llevo en auto o caminamos juntos, pero no te irás a casa sola."

"Está bien," murmuré. "Cabrón dominante."

Se rió y mantuvo la puerta abierta para que yo saliera. "Definitivamente te estás sintiendo mejor."

Cuando caminamos hacia el pasillo, vi la llave en su mano y cerré los ojos, incapaz y poco dispuesta a detener los recuerdo que se apoderaron de mi mente.

"Mierda," gruñó. "No puedo abrir la puta puerta."

"Más te vale que lo hagas, porque no me detendré." Hablaba enserio, ni caballos desbocados podrían detenerme ahora.

Deslicé la mano en su pantalón abierto, él maldijo otra vez, luchando desesperadamente con la llave con una mano y agarrando mi culo con la otra.

"Joder, joder, joder," gruñó.

Todavía permanecíamos en el lado erróneo de la puerta, presionados fuertemente contra ella, que la probabilidad de romperla era demasiado fuerte. Perdí todas mis inhibiciones, y el riesgo de que alguien nos atrapara así, tan sólo hacia todo más excitante y me deslicé por su cuerpo hasta quedar de rodillas, bajando su pantalón justo lo necesario para liberar su polla.

"Te dije que no me detendría," dije, arrastrando mis uñas a lo largo de su erección. "Hablaba enserio."

La búsqueda de la llave paró y él me estaba mirando, casi retándome a que lo hiciera. Así que lo hice.

Estaba cachonda y mojada para cuando entramos al elevador y entonces me llegó de golpe otro recuerdo.

"Cinco pisos más," me dijo y asentí una vez. "¿Tal vez sería buena idea que me presentara contigo?"

Las puertas se cerraron y finalmente estábamos solos. Lo empujé contra la pared, besándolo. "No hay tiempo para eso," dije contra sus labios.

Cualquier buen comportamiento que mantuvimos abajo en la recepción desapareció, y cuando las puertas se abrieron en su piso, me llevó caminando hacia atrás por el pasillo y hasta su habitación, sin dejarnos de besar un solo instante.

"Debimos haber bajado por la escaleras," Edward murmuró, frotándose la nuca.

TBMOA

"Así que esta es tu casa." Dijo Edward, mirando hacia arriba mientras nos acercábamos al edificio.

"Sip, esta es Chez Moi, por el momento de cualquier forma." Suspiré.

"¿Por el momento?"

"Cuando el contrato de arrendamiento se acabe tengo que pagar la parte que me corresponde de la renta, lo que con mi salario no podré hacer. Así que, supongo que tendré que encontrar otro lugar." Comencé a alejarme. "Gracias por acompañarme a casa."

"Técnicamente no lo he hecho, aún no." Se apresuró a mi lado. "¿Puedo subir?"

"¿Por qué?" Fruncí el ceño. "Si crees que-"

"No estoy sugiriendo eso. Tan sólo estaba pensando en que tendrás que mudarte en un par de meses y yo todavía necesito encontrar un lugar… ¿tal vez pueda mudarme a tu habitación?" Se rió de mi mueca poco impresionada. "Sólo quiero asegurarme de que estás bien, Bella."

"Y revisar mis facilidades," refunfuñé, provocando que se riera aún más.

El Edward fuera de la oficina y de la habitación era diferente. Era buena onda, divertido y adoraba reírse. Todo era bastante confuso, porque en esta situación creí que en verdad él me gustaría.

"Entonces, aquí estamos, en Casa de Bella. Has visto el cuarto de lavandería que nunca se ha usado, el gimnasio y la piscina que jamás he usado, y te agradó el portero, quien debería decirte es gay y te estaba echando el ojo durante todo el tiempo que estuvimos abajo. Supongo que él en realidad espera que encuentres un apartamento aquí." Le di un codazo juguetón a Edward cuando nos paramos junto a mi apartamento. "¿Te vas a marchar ahora, o tendré que aguantarte un rato más?"

"Tengo hambre."

"Edward, ¿qué estás haciendo en realidad aquí?" Le pregunté quedamente. "Estás confundiéndome."

"Quiero ser tu amigo, Bella," dijo en voz baja. "Eso es todo."

"¿Amigo?" Me burlé. "Edward, dejaste muy en claro que no tienes tiempo para alguien como yo."

"Fui un idiota." Posó su mano en mi hombro, apretándolo gentilmente. "Sólo quiero poner punto final a lo que pasó entre nosotros y comenzar de nuevo."

"¿Sólo amigos?" Repetí, sin duda un poco decepcionada. ¿Acaso él no sentía lo mismo que yo?

"Puedo ser tu amigo, Bella, pero eso es todo. No puedo darte nada más que eso." No parecía convencido, o tal vez eso era lo que yo quería creer. De cualquier forma debía ser mejor a que él me ignorara a cada oportunidad.

"Amigos entonces." Sonreí y eso pareció hacerlo feliz.

"¿Tu apartamento abarca todo el piso?" Miró alrededor del pasillo y rodé los ojos.

"Un tanto obsesivo, ¿no crees?" murmullé y él se rió. "Pero la respuesta es no. Hay dos apartamentos en este piso y nuestra vecina es una vieja bruja presumida que básicamente piensa que todas nosotras somos un conjunto de putas."

"¿Lo son?"

"¿Putas?" pregunté. "Aparte de ti… nunca había tenido una aventura de una noche antes. No es mi forma de ser. ¿Qué hay de ti?"

"Ha pasado una o dos veces," admitió tímidamente. "Jamás tan… intensamente como pasó contigo."

"Fue una noche increíble." Asentí y un espeso silencio quedó entre nosotros.

"Así que, ¿vamos a comer?" dijo de la nada. "Podría pedir pizza. Eso es lo que hacen los amigos, ¿cierto?"

"Estoy cansada Edward," le dije. "Y definitivamente no creo poder comer pizza."

"Entonces déjame entrar y hacerte otra cosa." Señaló la llave en mi mano. "No has comido en todo el día y no me iré hasta que lo hagas."

"Dios, ¿quién te puso a cargo?" refunfuñé, pero abrí la puerta de mi apartamento. "La cocina está pasando esa puerta doble, iré a darme un baño."

Me quedé en mi habitación y me desvestí, pensando en este Edward tan distinto al de la oficina, y lo que en realidad estaba haciendo aquí. Me estaba provocando más dolor de cabeza del que ya tenía, así que en un intento por despejar mi mente prendí el estéreo y lo puse tan alto como pude. Canté en la ducha, negándome a reconocer que todo este tiempo estaba desnuda y Edward estaba a tan sólo unos metros de distancia.

"Mierda," dije entre mí cuando me di cuenta de que no había una toalla limpia en el baño.

Intenté escuchar si Edward estaba cerca pero no pude debido a la música tan alta. Asumí que él estaría esperándome en la cocina, así que salí a mi habitación empapada y desnuda. Estaba por alcanzar mi bata, cuando Edward entró a la habitación.

"Oye, te he estado gritando, ¿dónde está la-"

Se quedó inmóvil, su boca y ojos bien abiertos y fijos en mis tetas. Me apresuré a cubrirme con un chillido para que se diera la vuelta.

"Mierda, lo siento, te estaba gritando pero supongo que la música…pensé que…mierda, lo siento." Continuó disculpándose pero se olvidó de darse la vuelta y sus ojos definitivamente no miraron para otro lado.

Sólo amigos…y una mierda. Este hombre estaba frito.

Edward…

Ay mi jodido dios ella estaba mojada y desnuda…escurriéndose…mojada… ¿Sólo amigos? Eso jamás será suficiente. Joder.


N/T Gracias Marina! Nos leemos pronto chicas!

xoxo Cin