—¿Y bien? —respondió Snape algo exasperado—. Granger, si no tienes nada bueno que decir, no lo digas.

—He de decirle que me sorprende verlo aquí —. Sus palabras le sonaron algo raras.

—¿Te sorprende? A mí me sorprende que tú, alumna de Hogwarts, toda una Gryffindor, y amiga de Harry Potter, esté del lado del Señor Tenebroso. ¿Acaso eso no es más sorprendente?

Sonrió con malicia, pero Hermione supo contestar con acierto.

—Quizá he renunciado a mis principios —dijo apretando los puños—, pero ahora tengo claro a quien tengo que servir. ¿Y usted, profesor? ¿Lo tiene claro?

Snape la miró muy severamente y no dijo nada. Bajó las escaleras rápidamente dejando a Hermione allí arriba, satisfecha por lo que había hecho pero a la vez sintiendo la sensación de que quizá ganarse otro enemigo entre sus propias filas no era lo adecuado… aunque pensándolo en frío, Snape nunca había sido ni mucho menos simpatizante suyo.

Barty se acercó a ella y bajaron juntos por las escaleras, pero cuando estaban ya en el recibidor la voz de su señor resonó desde arriba.

—Granger —dijo Voldemort arrastrando cada letra—. Espera.

A Hermione se le heló la sangre: su señor quería rendir cuentas con ella, lo sabía. Miró a Barty implorándole con la mirada que permaneciera con ella, pero él la soltó de la mano y salió fuera.

Se quedó allí de pie, esperando a que Voldemort bajara las escaleras despacio y sin dejar de observarla, y cuando llegó a su altura una mueca de asco quiso dibujarse en los labios de la chica, pero consiguió disimular. Aquel cetrino rostro se le antojaba de lo más desagradable, y conforme la luz iba proyectándose en él el estómago de Hermione rugía cada vez con más furia.

—No estés nerviosa Granger —. La tranquilizó Voldemort, aunque quizá en aquellas palabras hubiera un deje de maldad.

Hermione negó con la cabeza y Voldemort sonrió, conservando en sus ojos todo el desprecio que sentía por los hijos de muggles. La chica tragó saliva y esperó, pues su señor no parecía querer decirle nada, y se limitaba a contemplarla detenidamente.

—Estoy convencido de que he hecho bien al permitirte unirte a mis filas. Creo que vas a serme de mucha ayuda… y para empezar, hay algo que necesito saber.

—Sí, mi señor —respondió Hermione sin vacilar—. Lo que sea.

—Tengo constancia de que Dumbledore ya está viejo, sus mejores años ya pasaron y puede que este sea el momento adecuado para llevar a cabo mi plan. Por eso necesito saber si durante el tiempo que has estado en el colegio has notado alguna conducta extraña por su parte, no sé, como si quisiera reforzar las defensas de Hogwarts o algo parecido… todo detalle me interesa y es de vital importancia.

Hermione pensó durante unos instantes, pero no se le ocurrió nada. A Dumbledore no se le veía mucho por el colegio y nadie sabía a ciencia cierta a lo que se dedicaba en aquellas escapadas.

—No sé más de lo que sabéis, mi señor - murmuró intentando mirar a su interlocutor a los ojos.

Voldemort respiró hondo, pero no dijo nada. Con un gesto de la mano le indicó que se fuera y ella sin más dilación se dirigió a la salida. Su señor desapareció de la estancia, pero ella notó una presencia en la sala y se giró: era Bellatrix, que se acercaba a ella con paso decidido y la alcanzó, agarrándola de un brazo con violencia.

—Maldita sangre sucia —le dijo al oído—. No intentes acaparar la atención de mi señor.

Hermione la miró perpleja. ¿Acaparar su atención? Ni lo pensaba siquiera, era lo que menos deseaba en realidad.

—No sé de que me hablas —. La chica intentó zafarse de Bellatrix, pero esta le agarraba el brazo con fuerza y le estaba haciendo daño.

—Oh, ¡sí lo sabes pequeña arpía!

Y diciendo esto, empujó a Hermione al suelo y alzó su varita, dispuesta a que su hechizo le diera a la joven de lleno, pero esta fue más rápida y reaccionó de inmediato al saber lo que se le venía encima.

—¡Desmaius! — Gritó Hermione, y un haz de luz roja salió disparado hacia Bellatrix.

La mujer cayó de espaldas, inmóvil. Hermione se quedo paralizada un instante, y arriba se oyeron murmullos de los mortífagos, por lo que se apresuró a salir corriendo de la estancia en busca de Barty, que la esperaba inquieto fuera.

—¿Qué ha pasado? —Le preguntó él al ver su estado de agitación.

—No hay tiempo para explicaciones, ¡tenemos que irnos!.

Agarró a Barty del brazo y juntos desaparecieron.

Cuando llegaron a la pequeña casita Hermione se desplomó en el suelo, incapaz de sostenerse en pie. No estaba enferma ni nada parecido, pero se sentía igual que si estuviera febril; quizá lo que acababa de hacer tuviera la culpa de su estado.

—¿Qué ocurre? — Le preguntó Barty ayudándola a levantarse del suelo.

— He… —titubeó ella—, no sé, Bellatrix vino a atacarme y yo me defendí… Temo que esto repercuta en la opinión que Vol… mi señor pueda tener de mi.

Aquellas palabras sonaron tan leales que parecía que habían sido pronunciadas por Barty. Este iba a decir algo pero antes de que pudiera articular palabra, Yaxley se presentó en la estancia con cara de pocos amigos; bueno, en realidad siempre tenía esa cara.

—Granger, él quiere verte —le dijo mirándola de arriba abajo y con una sonrisa burlona—. Creo que sabe lo que has hecho.

—Está bien —. Se limitó a decir Hermione. Se dispuso a desaparecerse con Barty, pero Yaxley lo impidió.

—Quiere que vaya ella sola —. Le espetó el mortífago. Sentía placer con cada palabra que decía.

Hermione asintió, dirigió a Barty una mirada tranquilizadora y agarró a Yaxley del antebrazo, no sin antes producir una leve mueca de repulsión. En unos segundos habían pasado de volar en círculos a estar de nuevo en la mansión Ryddle. Aquella situación parecía no tener fin…