DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro.


Pactum —


VII

Revelación —


InuYasha llegó a su hogar con el pesar aún oprimiéndole el pecho y bastante contrariado. No pudo ocultarle a Kagome que algo había ocurrido, y de hecho pensaba que lo mejor era decirle a la sacerdotisa lo que estaba pasando. Demasiado tiempo había estado intentando encontrar una solución por sí solo, tenía la esperanza de que ella contara con los conocimientos suficientes como para poder ayudar a Sango, a pesar de que el panorama se veía cada vez menos alentador. Caminó hasta el cuarto donde se encontraba la sacerdotisa con los niños e ingresó lo más silenciosamente posible, a pesar de que no le sorprendió que ella lo recibiera alarmada.

— ¡InuYasha! Me tenías preocupada, estabas tardando más de la cuenta… — Lo observó atentamente, notando la sangre y preocupándose de inmediato. — ¡Estás herido! ¿Miroku se encuentra bien? ¿Qué ocurrió?

Él intentó ordenar las ideas para explicarle, consciente de que no podía ni debía seguir ocultándole lo que sabía.

— Sí, él… él está bien. Yo… lo siento. Cuando salí de su cabaña… — Miró a la joven y negó con un gesto, debía contarle la historia desde el principio, pero no lo haría frente a los pequeños, por muy dormidos que estuviesen. — Mejor vamos a la sala. Es una larga historia.

Kagome aceptó, un poco confundida con la actitud de su compañero, no era normal que fuera tan misteriosos para sus cosas. Llegaron a la sala y se sentaron cerca del fuego que aún ardía en medio del lugar, ella esperando paciente por el relato. InuYasha tardó unos segundos en ordenar las ideas, pero cuando habló, lo hizo decidido. No iba a rendirse con su amiga, jamás.

— Necesito de tu ayuda, Kagome. No sé qué más puedo hacer yo — murmuró, mirándola directo a los ojos, alertándola.

— ¿Qué ocurre? ¿Es Miroku?

— No. Es Sango — no le sorprendió ver la expresión confundida de la azabache ante sus palabras, así que decidió seguir de inmediato —. Ella… la he visto. La primera vez fue antes de la muerte del viejo Daichi… oculta bajo las sombras del bosque, escondiéndose a plena luz del día — hizo una breve pausa, necesitaba darle los detalles suficientes para que comprendiera, pero no demasiados, sentía que había cosas que era preferible mantener en secreto —. Habíamos ido al claro con las gemelas a buscarla, ellas pensaban o sentían que estaba por los alrededores… por un descuido mío debido a la sorpresa que me causó su presencia, un ogro atacó a las gemelas y Sango las salvó. Pero no fue un ataque humano: drenó su sangre — el recuerdo lo hizo apretar los puños, si no hubiese sido por ella, sus sobrinas habrían salido lastimadas —. Fue la primera vez que vi la marca de los colmillos. Me encontré con ella un par de noches después… La descubrí en el bosque, oculta también en la oscuridad, bebiendo sangre de un humano… — Notó la expresión de miedo en Kagome, sabía que lo que estaba contando no era algo que pudiera ser recibido de buena forma. Tomó aire, intentando explicar lo mejor posible lo que había visto. — En esos momentos, no parecía ella del todo. Tenía colmillos, su aroma había cambiado, incluso sus ojos… por un momento, la sentí como un demonio. Recibió el ataque directo de mi espada y sólo obtuvo una herida poco profunda en su hombro…

— E-Espera… ¿me estás diciendo que ella… ella mató a…? — La sacerdotisa no podía creerlo, lo miraba atónita, eso era imposible. Su amiga nunca le haría daño a un humano…

— Creo que no pudo evitarlo. Me dijo que necesitaba beber sangre para alimentarse, que no había tenido otra opción. Me pidió que la destruyera… Cuando lo hizo, había vuelto a ser ella misma, sus ojos mostraban demasiado dolor y culpa… — Su pecho se encogió al recordarlo. Si Sango había sentido tanto remordimiento en aquella oportunidad, ahora debía ser peor. ¿Cargaría su alma con todo ese sufrimiento, o realmente se habría convertido en un yōkai sin sentimientos?

— ¿Por qué no volvió con nosotros? La hubiésemos ayudado… ¿por qué no la trajiste a casa? — La azabache no comprendía que su amiga no hubiese buscado su ayuda, ellos habrían hecho hasta lo imposible por solucionar el problema.

— Sango me dijo que ya no era humana, que no podía volver… — El pesar volvió a apoderarse de él, ahora sentía que había perdido demasiado tiempo intentando hacer algo solo. Miró nuevamente a Kagome para seguir con la historia. — Antes de que pudiese darme alguna otra explicación, un ser sobrenatural apareció, llevándosela consigo y amenazándome. Me dijo que no me acercara a ella nunca más… Desde esa noche, comencé a buscar su rastro a pesar de que no tenía pistas ni nada que seguir, pero no había tenido suerte en encontrar a ninguno de los dos… hasta hoy.

— ¿Volviste a verlos? ¿Tus heridas son por…? — Ahora mostró más preocupación que antes, evidentemente aterrada con la idea de una batalla contra ese ser y Sango.

— Así es, me enfrenté a ese yōkai. Pensé que, derrotándolo, podría liberar a Sango y traerla de vuelta a casa… Pero creo que no será algo tan sencillo — no pudo evitar soltar un gruñido al recordar las heridas reflejadas en el cuerpo de la castaña, en respuesta a cada golpe que recibía su adversario. — Cada ataque que llegaba a dañar a ese malnacido, hería también a Sango como si estuviese atacándola a ella. Además, hoy no parecía ser ella misma — reveló con la angustia apretándole el pecho, sabía que esa no era una buena noticia —. No me reconoció y… y no era Sango lo que vi esta noche. Esa criatura algo le hizo, la transformó en un monstruo… y ahora dice que su existencia está unida a la de él, que no hay forma de liberarla y que, si muere, ella también lo hará.

Guardó silencio, esperando la reacción de su compañera. Kagome tenía la boca abierta por el asombro y la preocupación mezclados. Todo lo que había escuchado, sólo podía alarmarla más y más, temía que eso significara que no había vuelta atrás para su amiga. Pasó saliva, perturbada.

— InuYasha, esto… esto es serio. ¿Crees que puede ser un vampiro? — La pregunta no tomó por sorpresa al ojidorado, sabía que asociaría de inmediato la historia.

— Eso temo, y no sé cómo salvarla de sus garras.

— Debemos decírselo a Miroku, él debería saber…

— No, Kagome — la interrumpió de golpe, confundiéndola aún más —. Miroku no puede saberlo aún, por lo menos no hasta que tengamos un plan en mente… sería peligroso si decidiera ir en busca de ese vampiro, podría morir… Y además, no creo que sea bueno que la vea así.

— Tienes razón… — La muchacha se mordió el labio, pensando en algo. Si ese demonio aseguraba que su alma estaba atada a la de su amiga y que, si él moría, ella también lo haría, tenían pocas opciones. Pero quizá hubiese una salida, si quedaba algo de la voluntad de su amiga, quizá… — Debemos buscar su guarida y matarlo. Si Sango conserva algo de su voluntad, quizá podamos salvarla aún…

— ¿Es posible? — La voz de InuYasha no ocultó el alivio que esas palabras le producían, necesitaba algo a lo que aferrarse, buscar una solución.

— Bueno… hay muchas historias sobre vampiros en mi época. Una de las más conocidas y antiguas, es la del Conde Drácula — Kagome hizo memoria, recordando la historia para contársela a él —. Era un vampiro poderoso, que bebía la sangre de mujeres hermosas para convertirlas en sus vampiresas… En la historia, una de las mujeres se transforma por completo y deben matarla para liberar su alma y que pueda descansar en paz, ya que ella había caído totalmente bajo el poder del vampiro. La otra chica resiste un poco más, ayudándolos a encontrar al Conde. Como sus almas estaban unidas de cierta forma, ella es capaz de saber inconscientemente el paradero de Drácula y pueden tener la información por medio de la hipnosis. Cuando lo encuentran, logran acabar con él atravesándole el corazón con una estaca y cortándole el cuello, y así liberan de su influencia a la joven…

— ¿Y ella sobrevive? — No pudo evitar que las ansias se notaran en su voz, cualquier esperanza era valiosa.

— Sí, vuelve a ser una humana normal. Se casa con su prometido y tienen hijos después… — Kagome sonrió levemente, esa historia por lo menos tenía un final feliz.

— ¿Qué fue lo que le permitió vencer el poder del vampiro? — InuYasha quiso saber qué era lo que había hecho distinta a esa joven, porqué había podido resistir el poder del vampiro de esa forma. Quizá eso les diese una guía sobre cómo salvar a Sango.

— El gran amor que sentía por su prometido — para ella fue extraño decirlo, porque sabía que esa era una cualidad que también tenía Sango.

El hanyō sonrió de medio lado, si algo tenían sus amigos era un amor que escapaba de cualquier lógica o comprensión. Y no sólo por ellos como pareja, sino también por su familia. En especial Sango, sabía que ella daría todo por sus seres queridos, y aunque tuviese que luchar contra eso, el sentimiento era mucho más fuerte. Tenía que ser así, esa era la Sango que él conocía.

De pronto, recordó el sueño de Miroku, él la había visto luchando. Conociéndola, ella no se daría por vencida tan fácilmente y seguiría resistiendo hasta el final: mientras quedara algo de ella, iba a pelear. Y Miroku había visto lo que quedaba de ella combatiendo contra esa fuerza, a pesar de ya no tener la misma energía que al principio, de llevar meses en esa batalla, ella aún tenía la voluntad suficiente como para resistir un poco más, seguir intentándolo…

— Kagome… Miroku soñó con Sango — murmuró, rompiendo el repentino silencio de la sala y logrando que ella fijara nuevamente la vista en él —. La vio, dijo que parecía enferma, débil, pero que estaba luchando contra algo, aunque parecía que estaba perdiendo… — InuYasha sostuvo su mirada, esperando alguna respuesta, quizá eso era una señal. — Pero si sigue resistiendo hasta ahora… ¿crees que sea verdad? ¿Podría seguir luchando durante tanto tiempo?

Ella lo meditó un momento, conocía el tipo de conexión que se podía llegar a formar entre dos personas y también sabía lo terca y obstinada que era su amiga. Tenía la certeza de que realmente era Sango a quien había visto su amigo en su sueño, y también creía que ella soportaría hasta que ya no le quedara nada.

— Miroku y Sango han pasado por mucho juntos y se aman. Estoy segura de que sus almas están unidas incluso más de lo que ellos creerían — sonrió melancólica, no habían sido pocas las veces que había sido testigo de los presentimientos de ambos y sus aciertos, eso difícilmente se podía explicar de otra forma que no fuese el profundo lazo que compartían —. Además, esta noche es mucho más probable que ocurran cosas así, dado que las energías son más fuertes por la conexión de este mundo y el otro… no dudo de que él realmente la haya visto, y mucho menos creo que ella se rindiera. Lo que soñó debe ser real.

— Bueno, estamos hablando de Sango — murmuró InuYasha, un poco aliviado al saber que su compañera pensaba lo mismo que él, y con la certeza de que su amiga no se dejaría vencer tan fácilmente.

— Lo sé… pero debemos darnos prisa en hacer algo. Ha pasado mucho tiempo y no sé cuánto más pueda resistir. — No temió demostrar sus ansias y preocupación, necesitaban recuperar a su amiga pronto. — ¿Tú no has podido encontrar rastro?

— No, cuando desaparecen, todo se desvanece junto con ellos — lamentó dar la noticia, pero era la verdad.

— Entonces, quizá debamos buscar sus energías malignas… — Kagome lo pensó un momento, tendría que esforzarse en localizarlos. — Pero debo sentirlas antes. Necesitamos tener un encuentro con alguno de los dos para poder saber qué debo buscar.

InuYasha palideció, no quería que ella se enfrentara a alguno de los dos, era consciente de que eran oponentes más fuertes que los que acostumbraban combatir y temía que pudiesen dañarla, más si Sango ya no los reconocía. Él no sabía si sería capaz de acabar con su amiga si comprobaban que no había otra salida para liberarla de ese vampiro, y estaba seguro que sus amigos nunca podrían siquiera pensarlo. Sin embargo, también sabía que ella tenía razón, ¿cómo iba a buscar algo sin saber qué era? Suspiró, resignándose a la idea, después de todo él no había tenido éxito en todo ese tiempo.

— Keh, supongo que no queda de otra. Tendremos que atraerlos de algún modo.

Kagome asintió, ambos sabiendo que eso no iba a ser algo fácil ni mucho menos, gratificante.


Abrió los ojos lentamente, le dolía un poco la cabeza. Se libró del abrazo receloso de su compañero y se sentó a la orilla de la cama, notando el calor de los rayos del sol golpear la madera que protegía las ventanas. Soltó un suspiro, hacía tiempo que no despertaba de día. Miró alrededor, se sentía confundida: no lograba determinar qué era exactamente lo que le pasaba, pero tenía como un pesado vacío en el pecho, incluso más presente que otros días. Quizá tuviese que ver con ese par de ojos azules que había vuelto a ver en sus sueños; o el encuentro con ese hanyō que aseguraba conocerla…

Se puso de pie, se vistió una bata y se encaminó fuera del cuarto. De seguro Dolmance iba a dormir hasta que el sol se volviese a ocultar y la luz de la luna iluminara el cielo. Y sabía que ella no podría volver a dormir, a pesar de que el simple hecho de que el sol estuviese brillando afuera, le provocaba un poco de malestar, aunque no le llegara de forma directa. Quizá debería buscar algo para beber, la sangre siempre lograba quitarle esa pesadez y le hacía sentir placer. Tal vez si se transportaba a algún poblado cercano y cazaba a un humano… pero no debía salir del castillo durante el día, era peligroso.

Se sentó a la mesa que había en el comedor, resoplando. Estaba aburrida, se sentía extrañamente reprimida en ese lugar. Tenía la necesidad de estar haciendo algo, moverse, gastar sus energías de alguna forma. Odiaba despertarse de día, eso la limitaba mucho porque mientras el sol brillara en el cielo, ella no podría salir de ahí. Inhaló profundo, como buscando algo que hacer, y de pronto lo recordó: ese hanyō era muy probable que tuviese una vida diurna, y si quería conocer sus debilidades para derrotarlo, debía investigar su rutina diaria. Si él tenía alguna actividad que realizara con frecuencia, algo que lo debilitara… alguien especial, importante… amigos, familia… De seguro los tenía, su lado humano le obligaría a atarse a los vínculos creados con otros seres humanos.

Decidida, se transportó al bosque donde se habían encontrado con él la noche anterior y buscó su rastro, encontrándolo sin dificultad al poco tiempo. Siempre oculta bajo la protección de los frondosos árboles para que el sol no la lastimara, Sango recorrió el trayecto hasta alcanzar el límite del bosque, llegando a un claro que se le hacía extrañamente familiar. Escrutó alrededor con cuidado, observando atentamente cada detalle, y de pronto lo vio. Él también parecía buscar algo, olfateaba el aire y de vez en cuando, miraba atentamente distintas zonas del lugar, concentrado.

— Keh, maldición. No hay nada.

Se quejó de lo infructuosa que estaba siendo su búsqueda, cruzándose de brazos y sin dejar de mirar alrededor. Ella lo miró con detenimiento, notando los rasgos humanos predominantes pese a sus características yōkais. Era un buen equilibrio, de seguro su ascendiente demoniaco debía ser poderoso, además de atractivo. Fijó su vista en la espada que tenía sujeta en su cintura y frunció el ceño: su tamaño no podía compararse con la hoja que había herido a su señor el día anterior. Probablemente era una espada con algún tipo de poder oculto que era gatillado al momento de luchar, aunque eso lo había descifrado la noche pasada.

Repentinamente, sintió un aroma distinto y el latir de un corazón humano acercarse, las pulsaciones haciéndose más presentes en sus oídos. Observó, conteniendo el impulso de saltar sobre la mujer que acababa de llegar junto al hanyō. Vestía el típico traje de sacerdotisa de la época y llevaba consigo un arco y flechas. Parecía un poco confundida y miraba en las mismas direcciones que el hanyō, sus ojos intentando ver más que los de él. Estúpida mujer, como si sus sentidos pudiesen superar los de un mitad-demonio. Cada día, se daba cuenta de lo patéticos que eran los humanos.

— Parece que no vamos a tener suerte hoy, InuYasha — murmuró abatida la sacerdotisa, soltando un suspiro.

— No voy a perder más tiempo. Tenemos que encontrarla — sentenció, volviendo a olfatear el aire.

— Deberíamos volver. Los niños…

— Se las pueden arreglar bastante bien un par de horas sin nosotros — la interrumpió, seguro de que los pequeños podrían cuidarse bien ese tiempo que ellos estuviesen en su búsqueda —. Esto es más importante.

Sango rodó los ojos al notar el gesto de reproche y aprensión mezclados en el rostro de la chica, la debilidad de los humanos era estar pendientes y preocuparse por otros humanos más que por ellos mismos, como si eso les fuera de alguna utilidad. Decidió que era hora de irse, si seguía ahí más tiempo terminaría cediendo a su necesidad de sangre y atacaría a esa sacerdotisa, algo que no era muy provechoso en esos momentos, porque dudaba poder soportar una batalla con ese hanyō a plena luz del día.

Estaba lista para desaparecer cuando un horrible dolor le carcomió el brazo derecho al tiempo que sentía una ráfaga de viento pasar por su lado y una flecha enterrarse en el tronco de un árbol cercano. Ahogó el chillido de agonía, mirando la zona afectada: su carne estaba quemada y el daño se extendía por casi todo el brazo, a pesar de que el proyectil apenas si la había rozado. El dolor era superior a lo que hubiese sentido, incluso más intenso y profundo que el producido por el contacto directo con el sol. Era una sensación desgarradora que avanzaba desde su brazo hasta el pecho y comenzaba a ahogarla. ¿Cómo era posible? ¿Qué poder extraño tenía ese objeto para haberle causado tal daño?

— ¡¿Sango?! ¡Ay, no puede ser! Déjame curarte… — La sacerdotisa intentó acercarse, preocupada por el daño que había causado, pero ella no se lo iba a permitir.

Soltó una especie de gruñido, mostrando los colmillos y dispuesta a atacar, furiosa y sedienta, los instintos clamándole venganza de forma desesperada; sin embargo, notó que el hanyō de nombre InuYasha también se había acercado y llevaba su mano a la empuñadura de su espada, dispuesto a atacarla si ella se atrevía a hacerle daño a la sacerdotisa. Les lanzó una mirada de profundo rencor y desapareció, para volver al castillo, dejándolos atrás.

Sabía que Dolmance la iba a estar esperando, furioso porque había abandonado el castillo sin avisarle, y más aún, por el daño que había recibido, porque también lo tendría él; no fue una sorpresa para ella que la recibiera con un fuerte golpe en el rostro, la ira corriendo por sus venas sin consideración.

— ¡¿Estás loca?! ¡No debemos salir de día, lo sabes! ¡Mira lo que causaste ahora! — El vampiro también tenía herido el brazo derecho, pero en menor grado que ella. Sin embargo, seguía siendo una herida seria. — ¡¿Acaso lograste algo con esto?! A veces creo que te gusta meterte en problemas y complicar las cosas…

— L-Lo siento, señor… yo sólo quería… — Intentó disculparse, pero él no iba a permitirle ningún tipo de excusa.

— Sé cuáles eran tus intenciones. Eso no lo justifica, sigue siendo un acto estúpido.

— P-Pero… debemos averiguar sobre ese hanyō, sino seguirá siendo una amenaza… además… — Volvió a mirar su brazo, el dolor palpitante ahora le atravesaba la cabeza, necesitaba menguarlo de alguna forma. — Ahora sabemos que ese sujeto no es el único con quien debemos tener cuidado, esa mujer y sus flechas…

— ¡Idiota! — Volvió a golpearla, el enfado sólo aumentando mientras la tomaba por el pelo para levantarla hasta su altura, bruscamente. — ¡Esa aldea es muy peligrosa! Los humanos que allí viven son… distintos. ¡Ya conozco sus habilidades, sé cuáles son sus fortalezas y debilidades! No necesito que estés husmeando sin mi permiso por ahí. Pudiste haber muerto hoy. ¿Es eso lo que quieres? No es primera vez que haces algo tan estúpido.

Sango no respondió, tragándose las palabras y mirándolo fijamente. Ella no quería morir, aunque en esos momentos sentía que no había mucho por lo que seguir con esa existencia. Sin embargo, algo dentro de ella le empujaba a luchar por sobrevivir, como si su muerte significara más que sólo desaparecer del mundo. Apretó los dientes, el dolor cada vez más intenso se extendía más y más con cada segundo que pasaba. Se tragó el orgullo, necesitaba aliviar su sufrimiento.

— Lo lamento… No volverá a pasar, señor…

— Oh, claro que no… me aseguraré de que aprendas muy bien tu lección esta vez.


InuYasha apretó los dientes, bastante molesto con la situación. ¡Sango había estado frente a sus narices y no pudieron detenerla de ninguna forma! Kagome evaluaba la flecha que había quedado clavada en el árbol luego de haber herido a la muchacha, recordando el daño. Se suponía que sus poderes de purificación eran inocuos para los seres humanos, pero su amiga había recibido un daño considerable, al punto de afectar todo su brazo. Pasó saliva, temía que no pudiese recuperarse de eso, parecía como si pudiera incluso perder la extremidad. Eso sólo podía significar que, por lo menos físicamente, ya no era humana. ¿Quedaría realmente algo de voluntad en ella? Porque su presencia no se sentía como nada que hubiese sentido antes, mucho menos como su compañera de aventuras. Era algo que se salía de todo lo que alguna vez había experimentado, aunque no podría olvidar la sensación, llegaba hasta punzarle en el pecho.

— ¿Pudiste sentirla? — InuYasha no se esforzó en ocultar la ansiedad, necesitaba la respuesta.

— Sí, pero… no tengo un buen presentimiento. Su brazo… — Su voz tembló, no podía hacerse a la idea de que su ataque hubiese causado tanto daño.

— Reaccionó como si fuese el de un yōkai. No podías esperar algo distinto, Kagome.

— Lo sé… es sólo que no pensé que el cambio fuera tan profundo… además, la herida fue grave, ¿y si llega a perder el brazo…?

— No pienses en eso — la interrumpió de inmediato, no iba a dejar que se culpara de algo que era inevitable —. Ahora debemos enfocarnos en encontrarla, y a ese maldito también, para acabar con esto de una buena vez.

La sacerdotisa asintió, aunque estaba un poco dudosa. Se suponía que los vampiros podían curar sus heridas, pero nunca había escuchado de alguno que se hubiese enfrentado a alguna clase de poder espiritual como el de ella. No sabía si su amiga podría sanarse de eso o si el daño seguiría expandiéndose, tampoco estaba segura de si ese tipo de energía pudiesen matar a un vampiro. ¿Y si su amiga moría por su culpa? Además, la presencia que había sentido… tanto dolor, tanga agonía y miseria… le daba escalofríos de sólo pensar de dónde provenían esos sentimientos. ¿Sango estaría siendo aplastada por ellos, los cargaría consigo todo el tiempo? ¿O sería el peso de la maldición? ¿O, peor aún, sería la persecución silenciosa de sus víctimas…?

— ¿Qué están haciendo aquí? Los esperábamos para comer con los niños — La voz de Miroku la sacó de sus cavilaciones, alertándola de inmediato.

— Habíamos sentido una presencia, pero no fue nada — InuYasha respondió rápidamente, luego apoyó su mano en el hombro de ella, como si supiera el curso que tomaban sus pensamientos y quisiera aliviarla.

— S-Sí, lo sentimos… ya íbamos de regreso.

Se encaminaron a la cabaña en silencio, Miroku notando que sus amigos actuaban raro, pero probablemente él también, así que no se alarmó por ello. Tampoco tuvo tiempo de preguntarles si había pasado algo, o hacer algún comentario al respecto, porque pronto estaban rodeados de niños que pedían la atención de los tres. De inmediato, Kagome fue secuestrada por los más pequeños, quienes se la llevaron para mostrarle lo que estaban creando en un rincón de la sala, mientras ambos varones se sentaban en otra esquina, observándolos tranquilamente.

— ¿Te ocurre algo?

Miroku sonrió al escuchar la voz preocupada de su amigo, era obvio que no podía ocultarle nada y, de cierta forma, agradecía que así fuera, porque necesitaba su apoyo.

— Tengo una sensación muy fuerte en el pecho — respondió, sus ojos destellaron levemente mientras hablaba —. Y sé lo que significa, porque no es primera vez que la siento. A Sango le ocurrió algo — ahora su mirara se nubló, al tiempo que casi inconscientemente se afirmaba el brazo derecho, como si de pronto le doliera.

— Miroku… — InuYasha no estaba sorprendido, porque sabía lo que quería decir su amigo, pero eso tampoco lo dejaba del todo tranquilo. Necesitaban actuar ya. — ¿Qué deberíamos hacer? No sabemos dónde puede estar y no tenemos pistas…

— Tenemos que seguir buscándola. ¿No es eso lo que siempre me dices? — Sonrió de medio lado, esta vez tenía la corazonada de que su travesía tendría mejores resultados. — Pensaba en salir mañana con Kirara y sobrevolar nuevamente la zona… quizá ella pueda sentirla…

— Quizá no sea una buena idea — a pesar de todo, tenía miedo de que él la encontrara antes de que pudiesen ayudarla, sin saber qué era lo que estaba pasando —. Hay muchos rumores rondando y si te pasa algo…

— No quiero seguir perdiendo tiempo, InuYasha. Si Sango está herida o le ha pasado algo, tengo que encontrarla y ayudarla…

Sabía que tenía razón y no iba a hacerlo cambiar de parecer, muy a pesar de lo que él quisiera aconsejarle o pensara que era mejor. Sólo le quedaba alentarlo y rogar internamente poder llegar ellos antes a la castaña, para evitarle un panorama demasiado desalentador a su amigo, incluso el peligro de muerte que estaba corriendo.

— De acuerdo, pero tengan cuidado. No voy a perdonarte si llegas a dejar solos a tus hijos.

— Descuida, no nos pasará nada. — Miroku asintió, lo único que deseaba en estos momentos era poder encontrar a su compañera y llevarla a salvo a casa, volver a tener a su familia reunida y estar completo otra vez.


Prompt: Drácula.


Acá vuelvo con el siguiente capítulo, ahora las cosas se van haciendo más claras, pero no por eso menos complejas. ¿Podrán salvar a Sango o de verdad está condenada para toda la eternidad? Y si está destinada a seguir siendo vampira por siempre, ¿será capaz alguno de ellos de acabar con ella para que su alma pueda descansar en paz? Uf, el panorama no se ve muy alentador, pero pronto tendrán más noticias, lo prometo.

Antes de dar mis agradecimientos, quiero enviar mis buenos deseos y ánimos a todos los mexicanos. Lo que están pasando es algo terrible y necesitan mucha fuerza para levantarse. Espero de todo corazón que las cosas vayan mejorando, pero les recuerdo que deben mantenerse alerta porque las réplicas pueden durar mucho tiempo, así que hay que armarse de paciencia. Ojalá ambas zonas afectadas estén recibiendo toda la ayuda posible. Les deseo lo mejor desde Chile, sé lo que es pasar por algo así, por lo mismo... mis pensamientos están con ustedes.

Ahora sí, agradecer como siempre a Loops y a Constantine Moore por sus sexy-reviews, los amo (L), y a fiffiabs también, sé que ya vas a llegar por acá :3 les responderé reviews en cuanto pueda, que mañana (hoy) tengo turno, sólo subí el cap porque el fin de semana no iba a darme tiempo quizá. Por último pero no menos importante, Nuez preciosa, muchas gracias por todas tus apreciaciones. Las adoro a todas~

Besos y abrazos~

Yumi~