Donde puedas Amarme

Acto Siete

El regreso.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kenshin se quedó de rodillas, en medio de una habitación vacía y abrazándose a sí mismo. Cuando dejó de llamar a Kaoru y salió un poco de su estupor, se puso en pie de un salto y aunque ya sabía que no la encontraría, la buscó de todos modos por la casa. Finalmente regresó al dormitorio y abrió pesadamente el armario, notando que los kimonos de la joven también habían desaparecido, pero, dando cuenta de que Kaoru había estado allí, estaban los vestidos que él le compró.

Incluyendo las bermudas rojo con blanco que él acabó regalándole porque le gustaban tanto.

Y unas sandalias. Unas preciosas sandalias.

-No es justo.- murmuró. Y no pudo pensar en otra cosa en toda la mañana.

Entró a la cocina a prepararse el desayuno pero no se le antojó nada. Ni siquiera comer mientras leía un libro cualquiera, cosa que le encantaba unos cuantos días antes. Suspirando, pensó en la joven que tanto lo animaba no más verla de pie por ahí.

-¡No es justo!- repitió golpeando la cubierta de un mueble.- ¡No es justo, no es justo!- prosiguió.-No es justo… -

No encontró una respuesta o un consuelo a lo que estaba viviendo y salió de la cocina sin probar bocado. Se sintió triste y cansado y así llegó a su dormitorio donde se quitó la ropa y se metió en el futón para dormir. No tenía sentido seguir despierto si con un poco de suerte podía ver la imagen de la joven por última vez sonriéndole en sueños.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kenshin estupefacto, trataba de contener a Kaoru que lloraba aferrándose a él, sin entender qué estaba pasando; cuando pensaba que la joven lo recibiría con una sonrisa, con un abrazo… quizá un regaño, reproches o hasta golpes, se largaba a llorar. Y claramente no era un llanto de alegría ante su regreso.

-Tranquila, Kaoru, tranquila… - le decía bajito. Y le acariciaba el cabello.

¿Qué más podía hacer?

Quería abrazarla, besarla, decirle tantas cosas, hacerle tantas promesas… pero tenía que conformarse con susurrarle palabras suaves, de aliento, como si de una niña chiquita se tratara. Y no entendía, por Dios que no entendía por qué lloraba.

Entre sus brazos, poco a poco la mente de Kaoru se fue aclarando y ella misma empezó a calmarse.

Había terminado.

Había terminado ese sueño maravilloso donde ella viajaba a un mundo magnífico, donde había casas gigantescas llamadas edificios en las que vivían muchas personas sin ser familia. Había automóviles y trenes bala y un helicóptero donde ella voló cerca del cielo.

Había acabado el sueño donde Kenshin se enamoraba de ella y hacía de todo por conquistarla.

Donde Kenshin le sonreía sin culpas y dispuesto a hacerla feliz.

Porque tuvo que ser un sueño todo aquello que su mente recordaba. Y por eso ella se obligó a calmarse y a prestar atención al presente, donde Kenshin Himura, el vagabundo, la acunaba y le decía que todo estaría bien. ¿O es que acaso seguía soñando?

-¿Kenshin?- se atrevió a preguntar cuando pudo sacar la voz en un susurro.

Él la apartó un poco y a pesar de su turbación evidente, le sonrió, mirándola a la cara, a la par que le reacomodaba un mechón de pelo que le caía sobre los ojos.

-He vuelto, Kaoru. Volví a casa.-

Fue su voz tan suave al hablarle, que a Kaoru por un momento le pareció que era el viento el que le decía esas palabras. Pero se sintió agradable, como siempre que él le hablaba.

¿Era su imaginación o habían pasado tres años desde que se fuera? De pronto le parecía que había sido el día anterior.

-Pero tú te fuiste, Kenshin. Era tu respuesta, ayudar a las personas… irte y no volver. No entiendo.- dijo confundida, recordando las palabras que él le dijera al marcharse.

Kenshin no quería contarle a Kaoru las razones de su viaje para que ella no se sintiera comprometida con él. Haría las cosas con calma y la reconquistaría de ser necesario. Y tal vez, un día, le hablara de esas cosas.

-¿Se siente mejor?- le preguntó, alargándole un pañuelo para cambiar de tema.- Tenga.-

-Gracias.- la joven se limpió la cara y la nariz como mejor pudo.- Yo… ¿Qué haces aquí?-

-¿Oro? yoo… es un poco largo de contar pero por lo pronto, le traigo un regalo de cumpleaños.- respondió el pelirrojo sonriendo, con la esperanza de animarla. Mientras sacaba algo envuelto de una de sus mangas, Kaoru pensaba que en verdad le costaba recordar lo enfadada que se sentía con él. Buscaba la rabia por su abandono pero no la encontraba en ninguna parte de su alma .

Y debía reconocer que muy por el contrario, estaba contenta de verlo nuevamente.

El pelirrojo extendió ante ella una cinta para el cabello. Era la cinta mas hermosa que había visto en su vida, de seda china de un vivo color turquesa. Pero aunque últimamente Kaoru ya no adornaba su coleta con una cinta de esas, no quiso decírselo y pensó usarla después de peinarse.

-Gracias. Es preciosa.-

-Me alegro que le guste.- dijo Kenshin, de una forma tan sincera que Kaoru se volvió para mirarlo mejor. Él parecía diferente.

Aunque Kenshin no representaba su edad y se veía joven, Kaoru notó nuevas arruguitas en torno a sus ojos cuando sonreía. Su piel se veía incluso un poco más tostada por el sol. ¿De verdad tenía ya treinta y un años? Ahora que lo miraba mejor, notaba que su ropa era nueva y su cabello se presentaba lustroso.

Recordó de pronto a otro Kenshin de otra época y pensó que aquel se veía incluso más joven y con justa razón. En ese mundo que ella conoció, las personas no hacían tantos trabajos y tenían medicamentos para todas las enfermedades que existían. Por eso se veían tan jóvenes.

Sacudió la cabeza. Había sido un sueño muy intenso y ella debía ocuparse de la realidad que estaba viviendo, aunque tuviera una sensación de tristeza y pérdida.

-¿Puedo saber por qué Kaoru está tan triste hoy?- preguntó Kenshin casi con dulzura, de un modo en que Kaoru fue incapaz de decirle que se metiera en sus propios asuntos.

Pero como Kenshin, Kaoru a veces podía ser también reservada.

-¿Te parece si vamos primero a desayunar? Me muero de hambre.- mintió, para descubrir de inmediato que en verdad quería comer.

El pelirrojo asintió y la ayudó a ponerse de pie, pero al traspasar el umbral de la puerta, Kaoru quedó en shok.

Vio todo en el patio tal como ella lo dejara ayer, imagen que por cierto había olvidado por el vívido sueño que había tenido. La ropa tendida, la escoba apoyada contra un pilar de la casa, unos tablones tapando la boca del pozo. La luz casi cegadora de la mañana era suficiente prueba de que estaba en un mundo sin esa cosa llamada "polución" que hacía las mañanas un poco más sombrías. No estaban los cielos surcados de cables del tendido eléctrico ni los montones de pequeños soles, esperando la noche para brillar intensamente con su luz amarilla.

Kaoru, apoyada en el marco de la puerta, se llevó una mano a la boca para ahogar un gemido. ¿Realmente soñó todo eso? ¿Podía la soledad volverla loca a una? Parecía tan real

Miró hacia atrás, a su futón y pensó con cierto desespero que tal vez si se acostaba en él y dormía otro poco, aparecía en ese maravilloso 2008 donde un aún más maravilloso Kenshin la esperaba para salir a pasear y comer helados de colores. Aunque fuera soñando.

-… y un té exquisito.-

Finalmente Kaoru escuchó la voz de Kenshin Himura, el vagabundo. De aquél que la dejó porque había encontrado su respuesta para vivir la vida, lejos de ella. Lentamente se volvió para mirarlo, encontrando su mirada violeta, escudriñándola. Era cierto, ya no anteponía el "señorita", pero le hablaba aún con cortesía.

Qué raro le resultaba todo en ese día. Se pellizcó por segunda vez y sintió dolor.

Él la miró por unos instantes, reconociendo los cambios que el tiempo había hecho en ella. Como le advirtió Tsubame, Kaoru estaba más delgada y bajo la yukata se advertía un cuerpo fibroso debido al trabajo constante al que fue sometido. Su rostro estaba un poco más ovalado y sus labios más llenos, producto quizá de esa hinchazón matutina que queda después de dormir. El cabello estaba largo. Mucho más de lo que recordaba y aunque estaba un poco congestionada por el llanto, se veía que Kaoru estaba hermosa.

-Veo que se ha dedicado a descansar en sus vacaciones.- le comentó Kenshin sonriendo, acercándose a un calendario que marcaba el 8 de Julio. Kaoru lo miró sin comprender hasta que él empezó a desprender hoja tras hoja, actualizando la fecha. La joven, horrorizada, miraba los días avanzar…

-Entonces no fue un sueño…- murmuró asustada tras Kenshin que, satisfecho con su trabajo, se encaminó a la cocina hablándole de su viaje de regreso y los amigos que llegarían al mediodía.

Kaoru, algo shokeada, quitó la ropa que tenía tendida en el patio para tener algo que hacer, notándola especialmente rígida y decolorada por los días que pasó al sol. ¡Ella viajó en el tiempo! ¡El 2008 existía!… el Kenshin 2008 existía…

Miró la espalda de Kenshin que preparaba algo en la cocina, diligentemente, como siempre, silbando feliz de la vida.

-No fue un sueño… Dios… no fue un sueño…-decía sin poder comprender del todo lo que pasaba. De pronto tuvo ganas de correr a la par que miles de recuerdos de lo vivido acudían a su mente.

Pasó saliva muy nerviosa, sintiendo que todo le daba vueltas. Kenshin nacería en muchos años más, así como su hermana Misao, su amigo Sanosuke, su cuñado Nishi, su esposa Tomoe. Los hombres se multiplicarían y harían cosas raras con el planeta. Inventarían la televisión, los coches, los helicópteros y las teleseries…

Pero ella era una mujer en una época diferente…

Kaoru pegó un grito antes de sentir que sus pies dejaban de sostenerla. Cuando su cabeza se acercó al suelo para azotarse contra él, Kenshin ya la sostenía mientras gritaba su nombre.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

-No tiene fiebre ni nada anormal. Quizá se debió a la sorpresa de verlo tan repentinamente.- dijo Megumi levantándose de su sitio.- Por ahora duerme. Lo mejor es dejarla descansar.-

Kenshin miró a Kaoru dormitar en su futón. Buena la había hecho. Por apresurarse en verla le había causado una enorme conmoción. Esa era la única explicación que encontraba Megumi al desmayo de la chica. Los amigos salieron del lugar y él se quedó a su lado, velando su sueño, suspirando de frustración.

-Que tonto he sido. Que tonto, que tonto… pensar que sería cosa de aparecer y que todo sería como antes. Pero ya no… -

Tsubame y Yahiko lo escuchaban, a pesar de que él susurraba esas palabras para si. Los jóvenes se reunieron con el resto que estaba en el patio comiendo sandía.

Kaoru por su parte abrió los ojos para encontrarse con Kenshin al lado de ella. De inmediato reparó en la cicatriz que tenía en la cara. 1882...

-¿Qué me ha pasado? Me duele la cabeza.- dijo aún mareada.

-Se ha desvanecido cuando estaba en el patio. Nuestros amigos llegaron en ese momento y la hemos traído hasta aquí. Megumi dice que usted se encuentra bien y que tal vez… hem… oro… -

Kenshin no quiso seguir hablando y miró hacia fuera. Kaoru, siguiendo su mirada, observó a los demás que revoloteaban por el patio. Misao entró de repente.

-¿Kaoru, estás bien? De haber sabido que reaccionarías así al ver a Himura no hubiésemos dejado que él reapareciera en tu vida.-

Misao siguió hablando y luego Sanosuke que entró, y luego Yahiko y Megumi. Todos hablaban y todos tenían cosas que decirle, pero a decir verdad, Kaoru no dejaba de mirar a Kenshin que al parecer volvía a ser el de antes. Porque sonreía con los demás, pero evitaba mirarla a la cara.

Era cierto. Él volvería, ella lo supo al mirar los libros en el dojo Himura. Kenshin volvería y ellos se casarían y así, serían los tatarabuelos de otro Kenshin de mirada dulce y traviesa y de besos enloquecedores.

Kaoru se incorporó y se dirigió al que sería su esposo. Los demás se callaron.

-Dijiste algo de un desayuno que harías para mí y me parece bien que lo hagas, porque me muero por probar algo salido de tus manos.

Kenshin levantó la mirada y esa chispa diferente que ella notara más temprano reapareció.

-Estaré encantado de servirle lo que quiera.- dijo él, sorprendiendo a los demás con su tono ligero y alegre.

Kaoru se puso de pie y sin dudarlo lo abrazó.

-Me alegro tanto de verte nuevamente. Tanto… te eché mucho de menos. - dijo ella con algo de temblor en su voz.- Prométeme que nunca más te irás.-

Expectantes, los amigos contuvieron la respiración al ver que Kenshin correspondía al abrazo de la joven.

-Le prometo que nunca más la dejaré sola. Porque este hombre ha dejado de vagar.

Kaoru miró a Kenshin a la cara, sin poder creer lo que él había dicho. ¿No se iría? ¿Lo prometía? Sin lugar a dudas le hablaba sinceramente. Era cosa de ver su mirada. Una mirada sincera, sin nada que ocultar.

-¿Y qué desea desayunar?- preguntó Kenshin sin soltarla.

Kaoru estuvo a punto de pedir té con tostadas o sándwich de jamón y queso, pero se contuvo a tiempo. Pensaba en qué pedir cuando reparó en lo callados que estaban todos.

Y es que no podían salir de su asombro al notar que Kenshin la mantenía abrazada, frente a ellos, sin disimular, sin ponerse incómodo.

-Hem… Kenshin… - dijo Kaoru al oído del pelirrojo.- Dime que no estoy soñando. Estás tan diferente… -

-No está soñando, Kaoru. ¿Vamos a comer algo?-

Salieron del cuarto entre vítores de sus amigos y Kaoru se sintió muy bien. Era como antes, cuando el dojo estaba lleno de gente, cuando Kenshin y ella eran compañeros de aventuras, cuando Sano venía a comer gratis y Megumi lo regañaba y Yahiko peleaba con Misao mientras Tsubase me reía discretamente de ellos y Aoshi lo contemplaba todo apoyado en un pilar, como si le diera lo mismo.

De pronto le pareció a la joven que siempre fueron las cosas así y que el tiempo que estuvo sola de trató de un mal sueño. Pero también pensó en otras cosas y trató de dejarlas de lado para probar el rico miso que Kenshin tenía para ella.

Los días empezaron a sucederse y Kaoru despertaba por las noches, buscando afanosa un pequeño sol en el cielo de su dormitorio que la alertara de dónde se encontraba esa vez. Por las mañanas despertaba animosa, para encontrar a Kenshin en la cocina, o tras la puerta, sonriéndole. Él se esforzaba mucho en ser amable con ella para demostrarle sus sentimientos aunque no hablaba abiertamente de ellos y con la noticia del bebé de Misao y Aoshi las cosas mejoraron aún más.

Pero la sorpresa más grande se la dio Kenshin una noche, después de una fiesta en el templo. Muy nervioso, pero seguro a su vez de la idea, le propuso que fuera su mujer. Y Kaoru, pensando que después de todo ese era su destino, aceptó. Misao dijo que ella se ocuparía de los preparativos de la boda y que el tonto de Himura por viajar ya había perdido mucho tiempo así que lo mejor sería hacerla lo antes posible. Todo se sucedía tan rápido y a veces Kaoru se sentía apabullada con todo lo que estaba viviendo que no sabía qué pensar. Pero además porque tenía un secreto que no tenía con quien compartir y que no la dejaba en paz. ¿Qué pasaba si un día se echaba a dormir y aparecía en otro lugar?

Tenía tantas ganas de hablar de esas cosas que vivió con alguien más.

Un día hizo la prueba con Tae.

-He leído una noticia muy interesante, que habla sobre la invención de un motor que mediante una explosión, es capaz de mover un carruaje. Y he escuchado que el tren irá algún día a 200 kilómetros por hora. ¿No te parece fascinante?-

Tae desde luego le reprochó el pensar en tales locuras imposibles y no poner atención en su próximo casamiento. Misao fue la siguiente de su lista.

-Misao, escuché en el mercado de un sujeto que puede enviar la voz a través de una onda que va por el aire. ¿Te puedes imaginar eso?-

-Suena genial, Kaoru. Ya me lo imagino usando eso para el espionaje. Pero es un poco raro… porque si envía la voz por el aire ¿todos lo escucharán, no?-

Kaoru pensó un poco en eso y decidió que había plateado mal su idea. Trató de hablar sobre la radio pero no encontró el modo apropiado de hacerlo y finalmente desistió también con Misao que riéndose, dijo que algo así era imposible, pero además maravilloso. Y luego inició una larga charla sobre su bebé para luego pasar al tema del matrimonio que estaba organizando para ellos.

Tsubame fue la siguiente elegida pero sólo asentía a todo lo que Kaoru le decía, sin cuestionarle nada. Con un suspiro, la joven se dio cuenta de que Tsubame era demasiado tímida o educada para decirle que hablaba locuras.

Una mañana, Kaoru observó a Sanosuke y Yahiko pelear entre ellos por un pedazo de pescado. No podía confiar en ninguno de ellos tampoco. En eso, la voz de Kenshin llamó su atención.

-¿Pasa algo, Kaoru?-

Iba con algunas toallas en las manos, camino al cuarto de baño para dejarlas allí.

Kenshin siempre hablaba del futuro y de lo genial que sería que tales cosas pasaran. En cierta forma, pensó Kaoru al verlo, él podría escucharla, comprenderla y creerle.

No tenía otra opción. Necesitaba desahogarse con alguien. ¿Y qué mejor que con su futuro esposo?

-Podríamos salir por ahí. Me gustaría contarte algunas cosas en privado.- dijo ella.

Kenshin asintió con un extraño presentimiento y rato después se encontraban a solas, sentados a la orilla del río, compartiendo una cesta con el almuerzo.

Kaoru encontró genial la idea del día de campo que nació de él. Finalmente, aunque no supo muy bien cómo comenzar, empezó a contarle desde que se acostara a dormir esa noche hasta el día en que despertó y vio su cara con la cicatriz. Kenshin en ningún momento la miró raro, ni le dijo que hablaba locuras o que se ocupara del matrimonio. Tampoco hizo reproches con respecto a los sentimientos que ella empezó a albergar hacia el Kenshin 2008. Pero es que Kaoru necesitaba hablar de ello también y una vez que encontró con quien hacerlo, no pudo parar.

Caía la noche cuando acabó la charla y Kaoru miró el fluir tranquilo del agua mientras Kenshin digería la información.

-¿Y… piensas que estoy loca?- le preguntó la joven insegura luego de un largo silencio. Kenshin entonces se volvió a mirarla.

-No creo que usted diga locuras.-

-¿Entonces, me crees?-

Kenshin pasó saliva al mirarla. Era todo lo que ella le contaba tan extraño y a la vez… imposible… ¿cómo podía volar una máquina de metal? Pero la idea del kendo como disciplina deportiva, sea lo que sea que significara eso le gustaba.

-Todo suena muy raro. Como un sueño. Pero tuvo que ser real, porque es lo único que puede explicar lo sucedido.

-¿Ehh? -

Kenshin trataba de hilvanar una frase también. No sabía cómo comenzar.

-El día de mi regreso noté la ropa muy tiesa, como si llevase días al sol. No solo el calendario me pareció extraño. En la cocina estaba todo podrido, y yo no podía explicarme por qué usted tenía las cosas así. Cuando me aparecí por el mercado todos me preguntaron por usted. Incluso Tae dijo haber venido un par de veces y no haberla visto. Todo eso me parecía raro… -

-Kenshin… yo… gracias… gracias por creerme.-

-Kaoru… yo no comprendí algunas cosas de las que me habló, pero entendí lo que había de fondo. Usted viajó de algún modo en el tiempo, conoció a un hombre idéntico a mí físicamente que la atrajo, a pesar de que usted estaba conciente de que podía volver a este mundo en cualquier momento. Y lo extraña mucho aunque no lo diga.-

Kaoru sintió como si le diera una punzada en el pecho con esas palabras. Kenshin volvió su atención al río y ella notó sus hombros ligeramente caídos.

-Ese Kenshin fue más hábil que yo, ¿verdad?. El se enamoró de Kaoru y no lo pensó mucho para buscar el modo de conquistarla. Y aunque usted no quería que pasara, sucedió y se enamoró de él.-

La joven, sorprendida, tomó aire.

-No, Kenshin, no es así… yo no… -

-¿Cree que no recuerdo el modo en que usted lloró cuando regresé? Ese llanto sólo lo escuché una vez, a mi espalda, cuando me marchaba a Kyoto. Y sin embargo pareció un sollozo en comparación al de aquella mañana. Usted no lloró por mí después que me fui por segunda vez, pero lo hizo cuando regresé. Y no fue por verme a mí, sino porque comprendió que no volvería a verlo a él.-

El pelirrojo se puso se pie y avanzó hacia el río. Apoyó una mano en el tronco de un árbol cercano y miró a algunas personas que jugaban en la otra orilla. Kaoru se le acercó.

-Yo… Kenshin… yo siempre le hablaba de ti, él sabía que tú existías. Incluso prometió escribir un libro y grabó mi voz y yo…-

-Basta.- dijo Kenshin algo cansado.- Kaoru, no sé si sea posible que vuelva a viajar en el tiempo. Pero sé que nosotros vamos a casarnos dentro de un par de días. Yo… me arrepiento de muchas cosas que he hecho a lo largo de mi vida, pero también me arrepiento de las que no hice, como cortejarla antes, cuando tuve oportunidad. En este momento sé que si hay algo que deseo en el mundo es hacerla mi esposa, y hasta hace unos momentos me sentía feliz con ello. Pero ahora, cuando la he visto mientras me hablaba de otro Kenshin que fue como yo debí haber sido con usted… me pregunto si usted se casa conmigo porque está dichosa de hacerlo o porque considera que es su destino y no tiene otra opción.

-No digas eso… - dijo Kaoru, reconociéndose a sí misma que Kenshin tenía razón.

El pelirrojo se volvió hacia ella, cubriendo con una mano su cicatriz en forma de cruz.

-¿Qué ve aquí? Yo se lo diré. Esta es la imagen de un hombre que la amó, que la hizo feliz y le dio cuanto soñó y más que eso en cosa de dos semanas. Y ahora… - añadió, descubriendo la marca.- tiene ante usted al hombre que la enamoró sin proponérselo. Al rurouni incapaz de prometerle algo. Al que se fue y la dejó sola y a quien se cansó de esperar. El que volvió años después con la esperanza de que usted lo perdonara por todos esos errores y el que ante todo, quiere que usted sea feliz.-

-Pero yo… Kenshin, yo sólo puedo ser feliz contigo. Si me enamoré del otro, fue simplemente porque fue conmigo como yo siempre quise que fueras tú. Por favor, no pienses que no te quiero, yo me siento muy feliz de ser tu esposa…-

No siguió hablando porque sintió los dedos tibios de Kenshin tomando su mentón. Y posteriormente sus labios cubriendo los suyos. Fue un beso intenso, pero también algo amargo cuando terminó y Kenshin la miró fijamente.

-No estoy orgulloso de lo que he sido ni lo que he hecho. Si acepta ser mi esposa, debe estar conciente de que se casa con el hombre de la cicatriz. -

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

2008

-Otro.-

Kenshin alargó la copa de sake para que se la volvieran a llenar.

-Amigo, para todo esto. Una mujer que te abandonó no merece que te pongas así por ella.

El pelirrojo por toda respuesta apuró de un sorbo el licor y extendió el brazo sobre el mesón nuevamente.

-Uno más.-

Sanosuke resopló fastidiado.

-No comprendo qué fue lo que te hizo esa pequeña bruja para que te pusieras así. ¡Mírate! Ni cuando Tomoe te abandonó tomaste tanto.

-Otro… -

El pelirrojo secó la copa y finalmente decidió que era suficiente. Sacó un par de billetes y se los pasó al joven que lo atendió. Luego se puso de pie y en cuanto se tambaleó, Sanosuke le pasó un brazo por los hombros para sostenerlo.

-Estás completamente jodido… - le dijo rato después cuando lo dejó caer sobre su futón.

-Kaoru… - dijo Kenshin.- ¿Por qué te fuiste?-

-Nunca creí que viviría para ver a la mujer capaz de volverte loco. Admito que era muy bonita, pero tal vez ella no era para ti.- le dijo su amigo con poca esperanza de que él lo escuchara. Pero al parecer, Kenshin si lo hizo.

-Claro que no era para mí, si ella pertenecía a otro Kenshin. A un desgraciado que no se la merecía. Que no la apreciaba. Que prefería jugar a la guerra que darle amor.-

-Pero… si ese es el hombre al que ella quiere, no tienes mucho que hacer, amigo. Y te aseguro que tomarte todo el sake de la ciudad no te va a ayudar.-

-¡Ella no lo quiere!- dijo Kenshin sentándose. - ¡Ella me quiere a mí! Y se tenía que quedar conmigo… -

-Pero Kenshin, las cosas no pasan así… ella se fue. No está. Hace dos semanas que no está y no has tenido noticia alguna de Kaoru. Deberías dejar de pensar tanto en el asunto e ir a ver a tu familia.-

Kenshin lo miró por unos segundos antes de dejarse caer y cerrar los ojos sumamente cansado.

-Tú no me entiendes. Mejor vete. Gracias por acompañarme.-

Sanosuke lo miró con algo de pena.

-No te puedo abandonar. Tú eres mi amigo. Mi mejor amigo. Y si no comprendo tu situación, como dices, es porque tú mismo no me das muchas pistas. Estos días sólo has repetido que esa joven te abandonó, que se fue, que el otro tipo no se la merece y que tú tienes que hacer un viaje a no sé donde pero que no sabes cómo.-

A decir verdad, Kenshin podía estar pasado de copas, pero estaba lejos de encontrarse borracho. Y por ello pensaba con bastante claridad. ¿Sanosuke le creería la historia de Kaoru?

Lo dudaba. Era imposible.

-Quiero dormir, Sanosuke. Buenas noches.-

Dicho esto, Kenshin se acomodó de costado y cerró los ojos. Sanosuke no le vio caso a seguir allí y se fue a su casa, prometiendo llamar al día siguiente para saber cómo estaba. Pero cuando se fue, el pelirrojo se puso de pie de un salto y buscó un paquete en medio del armario.

Era el traje que le había regalado Sanosuke por su cumpleaños.

-Te voy a demostrar, Kaoru, que soy mejor que ese Kenshin. Y mejor que cualquier otro que tú conozcas.- decía mientras se vestía apresuradamente. Al terminar, se encaminó al cuarto de la joven y una vez allí se paró en el medio.

En un momento dado se sintió ridículo por lo que pensaba hacer y salió a mojarse la cara para pensar con más lucidez pero seguía obsesionado con la idea que se le había ocurrido y aunque era algo loco, volvió aún más decidido a la habitación.

-Aparece, muchacha… - dijo a las paredes.- ¡Aparece! Tienes que volver, Kaoru…

La puerta a su espalda se corrió y Kenshin se volvió esperanzado. Pero sólo vio la cara de su amigo que lo miraba estupefacto.

-Kenshin, si te estás drogando, me parece pésimo.

-¡¿Qué rayos haces aquí?!- le gritó el otro más enfadado que feliz.

-Regresé para buscar algo y te encuentro vuelto loco hablándole a la nada. Kenshin… -Sanosuke lo tomó de los hombros.-… dime de una maldita vez qué te está pasando. Me estás asustando.-

En ese momento Sanosuke reparó en el vestuario de su amigo y Kenshin, bajo su escrutinio, se sintió avergonzado.

-Si te lo cuento no me vas a creer.- empezó, deseando estar solo para gritarle tranquilamente a Kaoru que volviera.

-No puedes saberlo si no lo intentas.- le respondió Sanosuke.- No puede haber nada tan terrible que yo no pueda comprender.

Kenshin abrió la boca para decir algo, pero se arrepintió.

-De verdad, déjame solo.-

-Lo haré si me cuentas qué te pasó con la chiquilla.-

-Pero es que yo… -

Sanosuke entonces se dio la vuelta.

-Muy bien. Si no quieres decirme… -

-Lo siento, Sano…- empezó a decir Kenshin, cuando un fuerte puñetazo de Sanosuke lo hizo tambalearse.

-¡Nada de sentirlo! Me lo contarás porque me lo vas a contar o te parto la cara en dos y te hago pagarme los pasajes a Beijing, mira que muero de ganas por ir.-

Kenshin se sobó la mandíbula y soltó un par de maldiciones. Luego miró a su amigo.

-Está bien. Te lo diré. Pero si después de eso me dices que estoy loco, te partiré la cara yo a ti.-

-Ok.- respondió Sanosuke apoyándose en la pared con los brazos cruzados.

Kenshin suspiró.

-Verás.- comenzó, ordenando la historia en su mente.-Todo partió cuando llegué una tarde y me encontré a Kaoru aquí, acostada en un futón, en medio del cuarto. Al verme ella se puso de pie y me saludó efusivamente y yo creí que se trataba de… de alguna señorita que habías contratado para mí.-

-Vaya.- dijo Sanosuke. Hasta el momento la historia no tenía nada de raro.

-Pues… resulta que Kaoru no era ninguna señorita de ese tipo. Era más bien… ella… pues ella… -

-Dime.-dijo Sano buscando paciencia.

-Ella vino de otro mundo. De otra época. De la Era Meiji.-

Tras varios minutos de charla, Sanosuke, consternado, escuchó la parte en que Kenshin le hacía una prueba a su huella digital y el sistema del Registro Civil no la reconocía. Y después, cuando Kaoru se desvanecía entre sus brazos hasta desaparecer del todo.

-Por eso ella desapareció sin dejar huellas.- le dijo a Sanosuke al finalizar su historia.- Y por eso estoy frustrado. Ella volvió a su mundo y ahora yo quisiera ir con ella.-

Sanosuke meditó en la tremenda historia que acababa de escuchar y no sabía si creer en ella o en tomar al pelirrojo y llevarlo a una clínica psiquiátrica. Pero la seriedad de Kenshin, el modo en que la joven apareció de pronto y luego desapareció… ¿Qué podía decirle a Kenshin para consolarlo?

-Hem… pues Kenshin… si ella… hem… - el joven se rascaba la cabeza y no sabía con certeza qué decir.

Una vez escuchó que a los locos había que seguirles la corriente. Lo mejor sería hacer eso con Kenshin hasta encontrar una mejor forma de ayudarlo.

-Kenshin.- dijo esta vez más seguro de lo que decir.- Tú debes saber que si esa mujer es para ti aparecerá nuevamente y volverán a estar juntos. Pero si ella ha regresado con ese otro Kenshin del que me hablas, entonces… pues… tú me dijiste que según ella, todos nosotros de alguna forma teníamos un símil en su mundo. Por eso, es probable que en este mundo haya una Kaoru dando vueltas por ahí, para ti.-

En cuanto las palabras salieron de su boca, Sanosuke se arrepintió. En el fondo, le dijo a Kenshin que su Kaoru aparecería para reunirse con él, cuando en verdad quería hacerle ver que ella no volvería.

-De todos modos, no lo resolverás emborrachándote, vistiéndote de samurai y hablándole a las paredes.-

Kenshin intuyó que su amigo no le decía que estaba loco para que no le partiera la cara. Por eso se dio la media vuelta y empezó a vociferar.

-¡No sé quién eres, ni por qué la trajiste, pero quiero verla de nuevo! ¡Quiero ver a Kaoru otra vez! ¡Quiero que me la traigas, o que se aparezca… no quiero a otra que no sea ella!

Sanosuke miraba consternado la escena, pensando en darle un golpe en la cabeza para hacerlo dormir. Pero Kenshin ni se daba por enterado.

-Kaoru Kamiya, aparece. Aparece. ¡Aparece! No tenías por qué hacerme esto… ¡yo soy mucho mejor que él… deberías regresar!-

De pronto, vino a la mente de Sanosuke una idea luminosa. Era lo justo que haría desistir a Kenshin de la idea de hacer aparecer un fantasma o lo que sea que fuera Kaoru Kamiya.

-Kenshin… si tu amiga aparece y vuelve contigo… tú una vez me contaste que en América, muchos indígenas murieron a causa de las enfermedades que les llevaron los colonizadores europeos.-

El pelirrojo dejó su gritadera para prestarle atención.

-¿Y eso qué?-

Sanosuke siguió con su idea.

-Que en la época de Kaoru no existían cosas como el sida… o los mismos virus de la gripe, que han mutado a lo largo de los años. Si Kaoru volviera y se resfriara, moriría antes de que pudieras llevarla a un hospital.-

Kenshin quedó absorto con su idea. No lo había pensado. Pero pronto dio con la solución y siguió hablándole a la pared.

-¡Kaoru, mi amor, si te asustan los virus, yo me ocuparé de vacunarte contra todo lo que se pueda… !- insistió. Sanosuke lo veía hacer hasta que Kenshin, cansado de jurar, prometer y maldecir, acabó cansado y sin aire, de rodillas en el suelo.

-Vamos a tomarnos un café, Kenshin. O leche tibia, o lo que sea… ya mañana será otro día y nos iremos por ahí, a ver a tus padres, conocer chicas… -

-Yo sólo la quiero a ella.- dijo Kenshin deprimido sin levantar la cabeza.

-Yo te ayudaré, vamos.- dijo Sanosuke tomándolo de un brazo para ponerlo de pie. En ese momento le pareció que podía ver a través de la ropa de su amigo.

Pero no sólo eso. Kenshin estaba… ¿transparente?

-¡Qué rayos! Kenshin… qué demo… -

-Es lo que le pasó a ella.- dijo el pelirrojo mirándose asombrado, comprendiendo que finalmente la vería una vez más.- Sanosuke… si no regreso, quiero que busques en el fondo de ese armario.- habló apresuradamente, emocionado.- Me comunicaré contigo… -

Sanosuke, impresionado, lo sostuvo de las manos hasta que Kenshin finalmente desapareció. Sin salir de su estupor, tomándose la frente, Sanosuke se deslizó hasta quedar sentado en el suelo.

-Tenía razón el muy maldito…-

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kaoru acabó su baño antes de lo previsto y salió al pasillo. Al pasar frente a la habitación de Kenshin rumbo a la cocina, escuchó voces.

-Pero no lo entiendo, Himura. ¿Para qué quieres retrasar el matrimonio? Es lo que has estado esperando todo este tiempo.- decía Misao.

A Kaoru su padre le había dicho innumerables veces que era mala educación escuchar conversaciones ajenas, pero pensó que por ahora pasaba. ¿Kenshin quería retrasar la boda? ¿Habrá sido por lo que le contó ella?

-Kaoru ha estado sometida a mucha presión y no es bueno agobiarla. Podemos esperar unos días más…-

-No hay nada que esperar.- vociferó Misao.- Ella te ama, Himura. Ha estado un poco rara, es cierto, pero también tienes que pensar que en tres años las personas cambian y ella, bueno, se ha calmado un poco.-

Kenshin en verdad no quería decirle a Misao que lo que pasaba es que él notaba a Kaoru insegura con sus sentimientos debido a otro hombre, para no exponerla a los retos de la chica.

-Estoy segura de que Kaoru muere de ganas de casarse contigo. Además, no me puedes pedir eso ahora, cuando está casi todo listo. Incluso hoy llegó tu traje ceremonial, el de Kaoru está listo y el sacerdote… -

-Misao, quizá debas atender las razones de Kenshin.- dijo Aoshi impávido como siempre.- Un matrimonio es un compromiso que se adquiere con la otra persona de por vida, no una función para entretener a los demás, aunque así lo pareciera.-

-Yo entiendo todo eso, pero está bien si me piden retrasar la boda con un mes o dos semanas de anticipación, ¡no con dos días!-

Kaoru sintió su corazón muy acelerado. ¡En dos días se casaba con Kenshin! No se había dado cuenta de lo cerca que estaba la fecha.

-Misao.- dijo Kenshin, inclinándose ante ella.- Te pido por favor que retrases el matrimonio. Kaoru necesita estar tranquila para dar ese paso.-

Pero Misao no atendió al gesto de Kenshin y se puso de pie.

-¿Me estás diciendo que Kaoru no quiere casarse contigo? Pero Himura, tú no puedes permitirlo. Ella te ama, no puede seguir enfadada por tu abandono. Además, fue por una buena causa. Gracias a tu sacrificio, ella tendrá una vida tranquila.-

Kaoru pestañeó varias veces. ¿Sacrificio? ¿De qué rayos hablaba Misao? Kenshin se fue porque quería irse.

Porque era su respuesta.

-¡¿Qué no se lo has dicho?! ¡¡No lo puedo creer!!

-Misao, por favor, cálmate.- dijo Aoshi. Kenshin nos pidió guardar ese secreto y tú no puedes ponerte a gritarlo. Dimos nuestra palabra de callar porque él vería el momento de revelar esa verdad.-

-Pero es que no puedo permitir que este tonto esté tan tranquilo con la idea de perder a Kaoru sólo porque él no quiere contarle un par de cosas. ¡Reacciona, Himura! A ti hay que salvarte de ti mismo. En este momento le contaré a Kaoru lo que pasa y luego… -

Cuando Misao se movió, no pudo avanzar porque Kenshin la sostenía de la falda del kimono.

-No lo hagas, Misao.- dijo muy serio.- No quiero que ella se sienta comprometida conmigo.-

-Pero… -

-Misao.- dijo esta vez Aoshi.- No es algo que te corresponda a ti. -

-Aoshi, aunque yo no se lo diga, ¿qué crees que pensará Kaoru cuando vea el cuerpo de Himura? Obvio que le va a preguntar qué le sucedió y él tendrá que confesar que hubo un atentado y… -

Kaoru no podía creer todo lo que estaba oyendo.

-Yo me ocuparé de ello a su debido momento. Pero por ahora, no quiero que le comenten nada.- dijo Kenshin. Luego añadió.- Misao, yo no obligaré a Kaoru a casarse conmigo si no está segura o no quiere. Y me importa un pepino que la fiesta y lo demás se pierda. Así que tú verás cómo te las arreglas más tarde.- terminó, poniéndose de pie. El matrimonio Shinomori salió del cuarto en momentos en que Kaoru ya había llegado al propio, demasiado asombrada con lo que había escuchado.

En dos días se casaría con Kenshin, porque era lo que tenía que hacer y ahora… ¿había un secreto? Al salir de su habitación, Kenshin le pidió que se reuniera con él, en secreto. En verdad, no quería que Misao se inmiscuyera.

-Kaoru… he pensado y he decidido aplazar el matrimonio. No se preocupe de nada más.-

-Pero… Kenshin… - dijo Kaoru algo confusa.- Es tarde para hacer eso. En dos días… -

-Es un compromiso de por vida. Debe ir segura a él.-

-Pero tú quieres casarte conmigo… -

La verdad, Kenshin trataba de hacerse el duro y el seguro, el que llevaba la situación, pero una mirada a los ojos de Kaoru y estaba perdido. Por eso la tomó de las manos y la acercó hacia él.

-Claro que quiero casarme, Kaoru, pero si usted no puede, o no quiere, yo sabré esperarla.-

-Yo… yo necesito pensarlo, Kenshin… -

Al pelirrojo le dolió esa inseguridad, porque tenía la secreta esperanza de que ella le pidiera seguir adelante con los planes que tenían. Pero se tragó sus sentimientos y la besó en la frente, con ternura.

-Tómese el tiempo que necesite. Buenas noches, Kaoru.-

-Buenas noches, Kenshin.- respondió ella, regresando a su cuarto.

Al acostarse en el futón, decidió no pensar en nada. Ya resolvería al día siguiente lo de su compromiso. Por ahora, quería dormir y olvidarse de lo demás.

Durmió profundamente y despertó horas más tarde, sobresaltada.

-¡Kaoru!-

La voz de Misao la sacó de su ensueño.

-¿Qué pasa? Dijo protegiéndose la vista con las manos.-

-Este prometido tuyo, que no puede esperar a que veas su traje de ceremonia.-

-¿Kenshin? Pero si él no quiere… - respondió la joven extrañada.

-Claro que quiere casarse. Míralo, el muy pervertido, se escabulló en tu habitación y lo he descubierto.- comentó la otra entre risas.

Kaoru prestó atención a Kenshin. Él primero decía una cosa y luego otra.

-Kenshin.- se levantó enfadada para hacerle pagar.- Tú me dijiste que nosotros no… -

Kaoru se quedó de piedra al contemplar el rostro de Kenshin Himura sin su cicatriz, que sonreía burlón mientras escuchaba los retos de Misao que decía algo sobre que los novios no podían meterse en los cuartos de las novias.

-En verdad ella es como mi hermana.- le comentó a Kaoru bajito. Pero Kaoru no se iba a poner a cuestionar lo que era real y no, porque pegando un salto, lo abrazó.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Fin acto siete

El regreso

Agosto 20, 2008

Notas de autora.

Hola!!

Jajajaja, un nuevo capítulo, de esos que escribo dos veces. Pero aunque inicié con falta de inspiración, luego me gasté catorce hojas de word en este episodio. Pero me he entretenido.

Bueno, no sé qué más comentar, fuera de que el viernes iré al Eurocentro a comprarme una figurita de Kenshin. Estoy entre Enishi y Aoshi, aunque Shishio igual se ve bacán con sus llamas rondándole y todo eso. Desde luego que si encuentro a Kenshin, me lo compraré a él.

Nos estamos acercando al final de esta historia… ahora que lo pienso, una vez dije lo mismo en Actuación sin Libreto, por ahí por el capítulo seis y terminó en el treinta y uno. Pero bueno… me he enternecido con ambos Kenshin que, cada uno a su manera, sufren por Kaoru. Me gustó escribir de Sanosuke y sus deducciones -en el fondo él es genial- y pues, la parte en que Misao, Tae y Tsubame dejan a Kaoru marcando ocupado cuando les trataba de contar su historia. También me gustó lo del rápido compromiso de Kenshin y Kaoru. En verdad, yo pensaba que algo así era imposible hasta que recordé que, después de años sin vernos, cuando me reencontré con mi Rober él me pidió matrimonio la tercera vez que nos vimos. ¡Y también había mucho que resolver!

Cuando empecé a escribir este cuento, hice casi al tiempo el final. Y aunque a estas alturas hasta yo estoy dudando de con quien dejarla, pues ya se verá si lanzo el capítulo final preescrito o le hago uno nuevo.

Besitos y más besitos. Como siempre, saludos a mis queridas lectoras y lectores. Hoy estrenaremos nueva sección. Les dejo sólo un pedacito de lo que escribí antes para este capitulo y deseché, ya que el resto del diálogo lo usaré más adelante.

Acto siete

Lo que no se vió.

-¿Se siente mejor?- preguntó él.

"No, me siento pésimo y no entiendo qué rayos haces aquí" quiso decirle Kaoru. Pero se contuvo. No tenía ganas de ser desagradable con Kenshin, aunque se lo mereciera. Porque era la imagen de otro que la hizo sentir la mujer más importante sobre la faz de la tierra.

-No pasa nada. Es sólo que… anoche me di un baño, me acosté y dormí muy profundamente … hem … y tuve un sueño. Es todo. Parecía muy real y sentí, al despertar mucho… hum, desespero.- dijo, tratando de convencerse de que eso que le decía era cierto.- Pero… ¿qué haces aquí?-

Kenshin no entendía mucho de lo que le hablaba Kaoru. Pero entendía que lo mejor era no presionarla. Además, ¿qué podía decirle sobre su presencia en esa casa? No podía llegar y decirle "Acabé de resolver unos asuntos pendientes y me vengo a instalar aquí contigo. ¿Te casas conmigo? Te amo" Ni siquiera estaba seguro de que ese fuera el orden de las frases que tenía que decirle.

Nyachan

dragossmaster

Katherine

Onashiru Okanami

Kaoru-Uchiha

Lola1655

Okashira Janet

Hit chan

Sakura K de Shinomori

One

Pauli

Kaoru Layer

Yessica

Katha

Margo Channing

Mei Fanel

kaoss Quen

Kanke chan

Jegar Sahaduta

Alisse

Athena Kaoru Himura

Haro Kzoids

Gaby Hyatt

Dana Zuster

Syren888

DarkCam

PatriHimura

Lagrima12

¡¡Gracias por escribirme!!