…u_u Sufrí lo impensable escribiendo este capítulo… ok, no tanto :P… o nada XDD
…n_n Hola a todos!... Bueno, este año me he propuesto sacar adelante las historias que tengo empezadas antes de iniciar con alguna otra, y quiero que sean esta y la del hombre perfecto las que salgan, así que en alguno de estos dos nos estamos viendo pronto...n_n
Gracias por sus comentarios y por leer n_n
Saludos, que estén muy bien.
Los personajes que aparecen en esta historia son autoría de Rumiko Takahashi y los utilizo sin ninguna intención de lucro.
El lado oscuro de la luna
Capítulo 7
o-o-o-o
El hijo de los Saotome, vestido con un sencillo pantalón de vestir negro, y una de sus típicas camisas chinas rojas, bajó pesadamente los tres escalones que hacían el desnivel entre el dormitorio y los baños del departamento, con el área de la sala y la cocina.
—Buenos días—. Saludó, con más desgana que entusiasmo. Aparte de tener que aguantar a su desordenado cerebro, y el cansancio del viaje, hoy era el excitante comienzo de clases. "¿Es que podía ser peor?"
—Buen día—. Respondieron Akane y Yusei, sentados frente a frente en el comedor.
—Hola —Contestó Juno, jugando a maniobrar los sartenes en la estufa—. Siéntate. Ahora mismo te sirvo el desayuno.
—Le gusta preparar buena comida para que nos llenemos la boca mientras ella habla libremente—. Le secreteó el castaño, una vez que Ranma tomó asiento.
—En realidad, es una forma de agradecerles su hospitalidad —Debatió suavemente la ofendida, inversamente proporcional al sartenazo que le dio a un descuidado y odioso familiar—. Espero que te guste.
—La verdad es que cocinas muy bien —Le sonrió la artemarcialista desde su sitio—. Como una profesional. Te ha quedado delicioso.
—No es para tanto—. La castaña le agradeció con un leve sonrojo y procedió a colocar en el sitio de Ranma su comida.
—Muchas gracias —Esbozó el muchacho, totalmente hambriento— Luce genial—. Se trataba de grandes porciones de arroz frito, salmón y una ración de verduras cocidas.
—Espero que la disfrutes—. Correspondió la castaña.
—Bueno. ¡Buen provecho!—. El muchacho se llevó el primer bocado de comida a la boca con los palillos, e inmediatamente su cara fluctuó en medio de distintas tonalidades de verde, morado, azul y gris.
—¿Sabroso?—. Cuestionó con una mirada angelical y expectante.
Ranma hizo un esfuerzo sobrehumano para no escupir en el acto y tener la suficiente fuerza de voluntad al dejar caer su cabeza en forma afirmativa. Tal vez eran las lágrimas amotinadas en los ojos las que hacían pesar su cabeza demasiado, forzándola a bajar.
—Juno, ¿te gustaría que saliéramos de una vez a la escuela?... —Inquirió el mayor de los hermanos a la pequeña, levantándose de la silla—. Me muero por conocer las instalaciones y los salones en dónde nos ha tocado.
—Debes madurar y dejar de ser un ratón de biblioteca algún día —Suspiró ella—. Pero tienes razón, hay que ir a rastrear la zona… ¿Vas con nosotros, Akane? ¿O esperas a Ranma?
—¿Eh?... Etto… n-no. Aún no he alistado mis libros —Se excusó—. Pero no se preocupen, el edificio está muy organizado, no se perderán.
—Qué lastima —Fingió un puchero— Bueno, Yu, vamos—. Ella caminó hasta el sofá más grande de la sala, en donde tenía listo su bolso con sus libros.
—Yusei, "Ju" ya te lo advertí. Voy a desaparecer hasta tus huesos si me llegas a decir así en la universidad—. Salió tras Juno con una mirada asesina, no obstante, esta no pareció mortificada.
Un par de minutos después, se escuchó la puerta del departamento cerrarse y, finalmente, se quedaron los dos herederos de la escuela todo vale, solos.
—¿Ranma? —Se dirigió Akane hacia su ex prometido, quien recién comenzaba a retomar su color de piel normal.
—Nunca… creí decir esto —Susurró, en su agónico estado de gravedad—. P-pero hay alguien que cocina peor que tú.
—¡Qué grosero eres! —Le replicó, bastante molesta—. La pobre de Juno se esforzó en hacer esto para nosotros. Además, lo hace muy bien, a mi me gustó mucho.
—Debió incluir un anestésico en tu comida —Siseó incrédulo, barriendo el plato de su lugar—. Voy a tener qué prepararme algo. No voy a intoxicarme ni a comenzar mi día muriendo de hambre por su culpa.
—Eres tan exagerado—. Farfulló ella, sentada aún en su lugar, a un lado de donde él se encontraba.
—Intenta darle un mordisco —Le retó, acercando el plato hacia Akane— Si lo pasas, prometo que me comeré el resto sin quejarme—. Mientras ella se decidía, él se aproximó al refrigerador y sacó un par de huevos para cocinarlos. Ya se le estaba haciendo tarde.
—¡Puagh!—. Escupió la peliazul, apenas sintió rozar el trozo de salmón en su paladar. Él pelinegro se regodeó en silencio con sus gestos, pero no dijo nada, al observar que no se fiaba de su primera impresión y ahora cogía un poco del arroz… mismo resultado.
—¡Te lo dije!—. Afirmó orgulloso, lanzado los blanquillos en el aire y atrapándolos sin ningún problema en el sartén.
—Pero… el mío estaba bien. Yusei tampoco se quejó —Razonó la muchacha— A menos que…—. Y a su mente llegó una buena dosis de las confesiones que le había hecho a la chica nueva. Tal vez era una forma inconsciente muy consciente de hacerle pagar. Tendría que hablar con ella sobre eso.
—Esto si es perfecto y comestible—. Se dejó caer sobre su misma silla, con el nuevo plato.
—Ya es hora de que yo también me vaya a clases —Extenuó, realizando la acción contraria a la de él—. Te veo allá.
—Oye, espera —Debatió el chico— Aún falta un poco de tiempo, si me das diez minutos, me voy contigo—. Y de inmediato apuró a echarse un gran bocado para terminar más rápido.
—Lo siento, tengo ganas de caminar sola—. Le aclaró. Ya de pie, descolgó el abrigo beige que reposaba en el respaldo de su silla y se lo calzó, sobre los pantalones de mezclilla azul y una blusa negra de cuello alto, del mismo color que sus zapatos.
—Y-yo… pensé que podríamos…—. Tartamudeó el ojiazul.
—Espero me entiendas que, como amigos, no tenemos ningún tipo de responsabilidad el uno con el otro —Agregó, con una fuerte carga de sobriedad en sus palabras—. Buen provecho.
Ranma se quedó ahí, mudo, observándola salir por la puerta, y su boca sólo soltó una sarta de peculiares ofensas contra su "fea" ex prometida cuando ella desapareció de su vista.
La única consigna que le consumió el resto de la mañana, es que si ella quería que las cosas así fueran de ahora en adelante, así serían.
o-o-o-o
Akane llegó con mucho tiempo de sobra a la universidad, la cual quedaba a diez cuadras de los departamentos. El plantel era un edificio construido hacía poco más de treinta años, pero el ser una escuela joven no le quitaba el mérito de ser una de las mejores del país, e incluso, colarse en las mejores del mundo, a pesar de que sólo contaba con las carreras de física y deportes, enfermería y medicina.
El plantel de paredes internas y externas color blanco, estaba organizado perfectamente; el piso inferior estaba destinado a los cubículos especiales de los profesores, las áreas donde los alumnos podían arreglar cualquier asunto relacionado con su documentación y la enfermería; el segundo piso era para los alumnos de primer año, y así sucesivamente, hasta llegar al quinto, donde iban los alumnos de cuarto año, y que también albergaba los diversos laboratorios para las materias.
Cuando arribó, los hermanos ya habían subido a la segunda planta, el lugar que les correspondía al ser alumnos de primer ingreso, y de acuerdo a sus diecisiete y dieciocho años, listos para sumergirse en el gratificante estudio de enfermería.
—Gracias por llevar los tubos de ensayo, Tendo. Informe a los demás que voy por unas copias y subo de inmediato al laboratorio.
—No se preocupe, maestra Hino—. Respondió con la misma amabilidad que la tutora, una mujer de unos cincuenta años, en cuyo cabello negro ya comenzaban a notarse los destellos blancos de la edad.
En cuanto Ranma apareció en la entrada del edificio, la hija menor de Soun salió del cubículo, acompañada de una de las profesoras con la que más cursos habían compartido ambos.
—Ah, joven Saotome —Palmeó el hombro del chico, apenas lo vio— Qué gusto verlo de nuevo.
—Hola —Alcanzó a contestar, antes de que la ocupada mujer se despidiera para ir por sus pendientes— Oeh… ¿Quieres que te ayude?—. Preguntó a Akane, que ya iba avanzando hacia el final del pasillo, en donde encontrarían el elevador. La chica de ojos chocolate llevaba en sus manos dos charolas sobrepuestas, llenas con pequeños tubos de ensayo.
—No —Negó con la cabeza mientras seguía el rumbo—. No hace falta, pesan muy poco.
—Eso me pasa por querer ser amable contigo —Se escamó, con el ego un poco herido, entre esto y lo de la escena del departamento—. Creí que podríamos llevarnos bien, después de todo, pero no me lo estás dejando fácil.
—¿Cuándo ha sido algo fácil entre nosotros? —Le puso una cara de fingida y excedida sorpresa— Ranma, n-no te lo tomes tan en serio…sólo es el primer día—. Agregó, ya puesta en un tono más serio.
—Como quieras—. Bufó sin poder terminar de entenderla. Ambos desviaron la cabeza hacia direcciones opuestas.
—Y-yo… anoche todavía tuv…—. Su frase quedó cortada cuando llegaron al elevador, las puertas del plateado artefacto se abrieron y salió un muchacho en estampida, lo suficientemente rápido para no ser notado por los chicos.
—¡Es el otro piso!
Unos instantes después, un par de libros y una veintena de tubos salieron volando alrededor del ascensor, rompiéndose unos pocos.
—¡Ouch! Cómo arde—. Respingó el joven que causó el accidente, levantando ambas manos para ver lo enrojecidas que estaban a causa de la mezcla de los líquidos vertidos sobre ellas.
—Akane, ¿Te encuentras bien?—. Preguntó Ranma con preocupación, aunque la chica se veía en perfecto estado. Había alcanzado a girarse contra la pared del edificio, sin embargo, lo que llevaba en manos no corrió con la misma suerte.
—Sí, por fortuna no me ha caído nada —Le habló, a la vez que se agachaba para saber en qué podía ayudar al acelerado joven de cabello negro y mirada gris que estaba de rodillas en el medio del pasillo—Déjame ver cómo están. Señaló, tomándole de ambos brazos para observar sus manos.
—Lo siento. No me fijé —Se excusó—. Unos graciosos me han dicho que los salones de primer año se encontraban arriba y me han hecho perder el tiempo.
—No te preocupes. Lo importante ahora es que vayamos a la enfermería para curarte las heridas—. Le señaló.
—Es verdad —Aceptó, levantándose de las azules baldosas—. No me han dejado de arder.
—Ranma —Se dirigió al ojiazul, quien, silencioso, observaba la escena, parado frente al elevador— ¿Podrías ayudarme con esto? —Refiriéndose a los tubos regados en el suelo y los libros del muchacho—. Necesito ir con él.
—Me gustaría hacerlo —Susurró el susodicho, con un gélido brillo en sus ojos y un intento de sonrisa retorcida y burlona— Pero, ojala me puedas entender, ahora que sólo somos amigos, no tenemos ningún tipo de responsabilidad el uno con el otro. Te veo en clases, no llegues tarde—. Lanzó, antes de darse la vuelta y oprimir los botones del ascensor.
—Ese idiota—. Subrayó por lo bajo, desprendiendo un aura rojo sangre alrededor.
—Joven —Le habló el muchacho vestido con una sudadera y pantalones deportivos gris oscuro—. Si tienes clases puedes ir. Yo buscaré la manera de encontrar la enfermería.
—Me sentiría más tranquila si voy contigo—. Le atajó ella, esbozándole una sonrisa agradable y provocando un ligero sonrojo en él.
—Bu-bueno… gracias —Accedió alegre— Por cierto, soy Nakajima Haru y este es mi primer año. Te daría la mano, pero no quiero que te pase lo que a mí.
—Gracias por ser tan considerado —Le bromeó, ya de mejor humor—. Yo soy Tendo Akane y es mi último año en enfermería…
—Vaya, es genial estar al final de la línea —Se emocionó el chico—. Espero algún día poder decir eso.
Luego de la informal presentación, los dos volvieron por el mismo pasillo, ya que la enfermería quedaba justo a un lado de la entrada principal. Akane se perdió la primera clase del semestre, y mentalmente se añadió la reprimenda que le daría la profesora por la pérdida del material.
Afortunadamente, el joven accidentado, Haru, no tenía heridas de gravedad, si bien, tanto la enfermera, como Akane, consideraron que era mejor dejarle las manos vendadas un par de días, para que no se fueran a infectar.
Luego de ello, la peliazul subió al quinto piso a continuar con sus clases, encontrándose con un indiferente Ranma, a pesar de que trató de pasarlo desapercibido con el reencuentro de sus compañeros.
o-o-o-o
A la hora del receso de clases, Ranma, Akane y los hermanos salieron a la parte trasera del edificio, en donde se hallaban dispersas varias mesas hechas de cemento, todas resguardadas del sol por los frondosos árboles que daban un poco de vida al arcaico y sobrio edificio.
Los nuevos estudiantes estaban sentados frente a frente, al igual que los antiguos prometidos.
—Y, ¿cómo les fue, chicos?—. Comenzó Akane, viendo el desbordante ánimo que traían los recién ingresados.
—¡Increíble! —Habló a castaña—. Hasta el momento nos han tocado profesores muy buenos. Espero que los siguientes sean iguales o mejores.
—Las clases empezaron muy bien —Agregó Yusei, divertido—. Y Juno está fascinada porque ninguno de los maestros la ha callado.
—¡Ogru-sei!—. Le gritó, algo encolerizada.
—¿Qué tal el día de ustedes?— Interrogó el muchacho, ignorando por completo los reclamos de su hermana menor.
—Las clases son fastidiosas —Señaló el pelinegro, dando un bufido con desgana—. Los profesores siempre encuentran la manera de hacer que, incluso la física y el deporte, sean aburridos.
—A mi me fue excelente —Habló la chica de cabello azulado—. Salvo un pequeño incidente en la primera hora que no me dejó llegar a tiempo.
—¿Te refieres a lo del tipo al que bañaste con reactores químicos? —Le inquirió a su antes prometida con sorna y arrogancia—. ¿Qué creaste? ¿va a lanzar telarañas por sus manos o sólo se pondrá verde cada vez que se enoje?
—Por suerte, sigue siendo humano —Le respondió al mismo tono—. Pero si alguien no aprende a mantener su boca cerrada, podría no irle tan bien.
—Señorita Tendo —De improviso, apareció junto a la mesa el muchacho del que hablaban— Para usted—. Dejó sobre la mesa una bolsa de papel y luego de hacer una reverencia, agradeciendo sus atenciones, salió huyendo tan rápido como llegó.
—¿Y a ese, qué le pasa?—. Miró de soslayo Ranma, sin reconocer en primera instancia al muchacho de negra cabellera.
—Es Haru —Le recalcó la artemarcialista—. El muchacho del pasillo.
—¿Lo conoces, Akane? —Preguntó Yusei, intrigado por la familiaridad de la joven—. Es de nuestra clase y tiene la edad de Juno.
—Sí, es con quien tuve el incidente—. Sus mejillas se cubrieron de improviso con un color escarlata por la pena de lo ocurrido, lo que no pasó desapercibido para un posesivo ex prometido, quien atribuyó su sonrojo a diferentes circunstancias.
—Vaya —Vociferó "indiferente"—. No sabía que ahora te llamaban la atención los "renacuajos"
—¿Quién te dijo que me gusta? —Contraatacó Akane— Es-esto es sólo su manera de disculparse—. Señalando la bolsa café.
—¿Por qué no la abres para ver qué es?—. Le instó la hermana menor de Yusei. Si por su cuenta corriera, se la habría arrebatado a la peliazul para enterarse por ella misma.
—Son emparedados—. Habló, una vez que vacío el contenido.
—¡Qué chico tan mono!—. Se emocionó la otra joven, casi como si el presente fuera suyo.
—Síp —Admitió—. Es un lindo detalle
—Sólo son unos simples panes —Ranma estaba empezando a sentir un ligero y "desconocido" sentimiento de celos estrujándole los nervios—. ¿Qué tienen de especial?
—Qué amargo eres —Le increpó la nueva estudiante—. Deberías aprender de nosotros los "renacuajos"
—Oigan, no se peleen —Interfirió Yusei— Dejemos la discusión para otro momento y aprovechemos este preciado tiempo libre para compartir los sagrados alimentos—. Agregó con un rostro de convenenciera amabilidad.
—¿En serio vas a aceptárselos, Akane?—. Se desconcertó Ranma, viendo cómo le regalaba un pan a cada uno de los que estaban ahí.
—¿Tiene algo de malo?—. Le inquirió ella, sin entender por qué se ponía celoso de un pequeño regalo.
—Regreso al salón de clases —Se despidió y se levantó de forma grosera, justo antes de que la muchacha le extendiera la mano para ofrecerle un aperitivo—. De pronto me dio una indigestión.
—Que te den—. Farfulló Akane.
"Asalta charcas" Pensó él como respuesta.
o-o-o-o
Las clases continuaron con habitual tranquilidad para todos; Juno y su hermano volvieron a su salón, mientras que Ranma y Akane estuvieron en sus respectivos grupos, sin dirigirse la palabra, incluso en la última hora de clase, en donde ambos compartían una materia en común.
Por ser el primer día, la estricta maestra de anatomía y fisiología humana, consideró no comenzar con la teoría de lleno, y citó a los dos pequeños grupos, de no más de veinte alumnos cada uno, en el laboratorio de biología para ver un interesante y centésimo documental del esqueleto humano.
Tanto él, como ella, se sentaron al fondo del espacio, eso sí, cada uno en la esquina contraria. El pelinegro no lo reconocería ante nadie más, pero no le había gustado el reaccionar de Akane… Sabía de memoria que el problema de la chica era sólo con él, y tal vez eso era lo que le crispaba…La muchacha de cabello índigo, en cambio, miraba concentrada la cinta. A su parecer, no hizo nada malo, y además, Ranma no tenía ningún motivo para reclamarle. ¿Era él quién sólo quería su amistad sin intentar nada más, no? Entonces, que se fueran al demonio él y sus estúpidos intentos de celos.
Cerró los ojos y recargó sus codos en su blanca mesa de experimentos, mientras seguía con su debate interno…
Ya bastante esfuerzo le conllevaba tratar de sacarse aquéllas horribles imágenes y sensaciones de la cabeza para intentar volver a confiar en él… pero si Ranma creía que comport…
—… Akane, a pesar de todo, no he dejado de amarte—. Interrumpió en un susurro, una voz masculina que reconoció al instante.
Se vio tentada a abrir los ojos, pero sus piernas comenzaron a temblar violentamente de los nervios. Con los párpados abajo, su sensibilidad estaba aumentada al máximo, y podía percibir a plenitud que estaba muy cerca de ella… Sus sentidos se tornaron peor cuando una mano áspera colocó un dedo en su barbilla y suavemente levantó su rostro.
—y deseo estar cerca de ti—. Musitó esa voz, en el mismo tono seductor de antes.
Akane abrió los ojos, confundida por tales palabras y, aunque la profesora había apagado las luces para apreciar mejor el documental, logró ver nítidamente una masa deforme, verde y de enormes ojos, justo a un palmo de su cara.
—Es Haru. Te quiere saludar—. Le soltó con guasa, y para rematar, la rana soltó un "croack" que superó el volumen de la película y el cuchicheo general de los alumnos.
—¡Kyaaa!— Saltó espantada hacia atrás con todo y silla. Por fortuna, la pared atascó la butaca y no logró caerse.
La maestra encendió las luces y Akane ahora si pudo verlo, con aquella sonrisa sin malicia aparente en su rostro, aquel chico al que había tenido por prometido, sosteniendo con ambas manos a una de las enormes ranas con las que contaba el estanque del laboratorio.
Ella le miró perpleja, aún con sus manos ancladas en la pared y su mesa, haciendo equilibrio.
Ambas miradas se fusionaron en un instante congelado, sobre todo, para Akane.
Miedo: de creer por un momento que era Ranma, con el corazón en la mano, quien hablaba. Y de no saber qué responderle.
Humillación: ¿era tan estúpido e infantil para atreverse a hacer algo así enfrente de todos sus compañeros?
Ira: el aura de la artemarcialista despegó en un segundo, y cualquier gesto de debilidad se vio superado por la rabia que le dominó en el momento que se alzó de la silla para abalanzarse sobre él.
—¡Eres un idiotaaa!—. Estalló. Su mano se estrelló en la quijada de un aturdido Ranma y lo mandó a volar a través del techo de la universidad.
Desecación: su cuerpo exhaló el coraje contenido, y luego, sólo quedó aquel ser vulnerable que no sabía cómo reaccionar ante la mirada sorprendida y asustada de los demás.
—Se-señorita Tendo —Tartamudeó la tutora—. Es… e-es un gusto ver que estuvo ejercitándose durante el periodo vacacional, pero espero que fuera del salón pueda encontrar un mejor sitio en donde explayar su energía.
o-o-o-o
—¡Te voy a matar, Ranma!—Refunfuñó una chica, en medio del pasillo, ante la extrañeza de aquellos que pasaban por el sitio—. ¡Juro que voy a matarte!
Continuará
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