HOLA! QUIERO ACLARAR QUE EL FIC NO ME PERTENECE. LE PERTENECE A HIKARI X TAKERU. YO SOLO LO ESTOY ADAPTANDO
Amigos especiales
Arruinarse
El camino de regreso a la ciudad fue tranquilo y callado.
Esta vez, Edward y Bella volvieron en el auto de Jasper, por obligación de sus hermanos. Todos estaban preocupados por la salud del Cullen menor, el cual no presentaba molestias o dolores. Aunque nunca era demás estar atentos a cualquier malestar. En todo el viaje, Edward durmió pacíficamente, con Bella descansando apoyada en su pecho.
Al llegar a la primera casa en donde bajaban Alice y Rose, quienes vivían juntas, ambos novios las despidieron antes de seguir con su trayecto.
Al estacionar frente a la residencia Swan, Emmet agradeció a Jasper por haberlos traído y se bajó del auto. Abrió la puerta trasera y sujetó a su hermana, procurando que no despertara. Al alejarla de su amigo, notó que su mano estaba aferrada a la de Edward.
Emmet arqueó las cejas y miró a Jasper, él se encargó de separar sus manos y cerrar la puerta del auto.
El mayor de los Swan observó a su hermana y se percató del moretón del brazo en el cual ese maldito la había sujetado. Que mal que la noche había terminado de esa forma pero agradecía que el tema no hubiera pasado a mayores.
Acostó a Bella en la cama y la tapó. Tras echarle una última mirada se retiró apagando la luz.
Jasper conducía en silencio hasta su casa, pensando en lo sucedido. Su hermano habría logrado sorprenderlo esa noche. Nunca lo había visto tan enfurecido. Las ganas y esfuerzos de soltarse y golpear a ese hombre habían sido espectaculares y ni siquiera lo había pensado con determinación antes de saltar y pelear.
Miró por el espejo retrovisor a Edward y notó que tenía los ojos abiertos y observaba el suelo con una mirada triste.
- Despertaste… ¿te sientes bien? – quiso saber Jasper.
El cobrizo no se inmutó, siquiera en levantar la mirada. Simplemente, suspiró y contestó:
- No.
Su voz sonaba apagada, cosa que alarmó al mayor.
- ¿Qué te duele?
- Besé a Bella.
Jasper abrió los ojos como platos y lo volvió a ver rápidamente. Él no había levantado la mirada. Escuchar eso lo tomaba por sorpresa. Hacía ya varios años que veía que su hermano sentía algo más por su amiga pero podría haber jurado que nunca intentaría nada. Esa amistad era demasiado importante para él y no se arriesgaría a arruinarla con besos o un amorío.
Jasper sonrió levemente.
- ¿Te correspondió?
Luego de, alrededor, medio minuto, Edward contestó:
- Si.
- Bueno, eso es genial…
- No, no lo es – replicó el menor, levantando la cabeza de golpe - ¿Acaso no me escuchaste? ¡Besé a Bella! ¡A mi mejor amiga!
- Edward, tranquilízate… me estás diciendo que besaste a Bella y te correspondió, ¿Qué tiene de malo para que te comportes así?
- Dios, Jasper, ella solo correspondió por la situación y yo me aproveché de eso, estaba llorando y lo único que se me ocurrió fue besarla, ¿y ahora qué hago?
- No me preguntes a mí, eso depende de ti y de lo que quieras hacer de ahora en adelante – dijo Jasper, estacionando frente a su casa – Lo único que me gustaría decirte es que no subestimes a Bella, si ella te besó, no creo que sea solamente porque se dio el momento. Te sugiero que hables bien con ella y dejen todo en claro… ¿o quieres que su amistad se termine de esta forma?
Edward arqueó las cejas. No podía hacer eso. ¿Hablar con ella? Como poder explicarle que él había esperado ese beso por mucho tiempo…
.
Parpadeó un par de veces para intentar ver con claridad en el donde se encontraba. Al reconocer su cuarto, se incorporó en la cama. Le tomaron varios segundos para recordar todo lo que había pasado y la primera reacción que tuvo fue asustarte.
- ¡Edward!
Se levantó de la cama de un salto y notó que aún estaba vestida con la ropa de la noche. Poco le importó. Se calzó unas zapatillas y atravesó el pasillo hasta el lobby.
- Bella, ¿A dónde vas? – preguntó Emmet, el cual se encontraba sentado mirando la tele. La muchacha ni se perturbó ante la voz de su hermano, simplemente abrió la puerta de su casa y echó a correr - ¡Isabella!
No podía creerlo. ¿Eso le estaba pasando a ella? Marchaba a toda velocidad, esquivando a la gente. "Besé a Edward" pensaba la muchacha "¡Besé a Edward, lo besé!" Bella se encontraba feliz, extremadamente feliz. Demonios, ahora que él la había besado, quería que se volviera a repetir. Aunque en ese momento la preocupación por el estado de salud de su amigo sea prioritaria.
Llegó a la casa y se detuvo para respirar hondo unos momentos. Luego, levantó su mano para golpear la puerta, pero antes de que pudiera hacerlo, la abertura se abrió dando paso a Jasper, el cual sonrió al verla.
- Hola Bella
- Hola Jazz… - saludó ella sintiéndose estúpidamente avergonzada. ¿Edward le habría contado lo que pasó?
- ¿Vienes a ver a Edward? Está en su cuarto. Cuídalo un rato, yo voy a comprar analgésicos; ya sabes, le duele todo…
Isabella asintió y entró a la casa. Recorrió con la mirada esa habitación que se conocía de memoria gracias a los años vividos en ella y sonrió. Camino por el ancho pasillo hasta el cuarto de su amigo, el segundo a la derecha. Al lado del de Jasper y enfrente del baño. Ja. Esa casa era como su propia casa.
Edward estaba acostado sobre la cama, tapando sus ojos con sus antebrazos, mascullando palabras inentendibles.
Bella se acercó lentamente y se sentó a su lado. Al sentir como se hundía el colchón, el cobrizo quitó sus brazos y la miró.
- Recién te despiertas, ¿verdad? – preguntó Edward, sonriendo levemente.
- ¿Tan despeinada estoy? – rió Bella, pasando sus manos por entre su cabello.
Edward dejó de sonreír y suspiró. Ella tenía el delineado corrido y en sus mejillas aún se veían rastros de lágrimas. El labial de su boca había desaparecido por completo, él mismo se había encargado de eso.
- Estas hermosa – respondió, casi con dolor en su voz.
Bella percibió el tono de su voz y levantó la mano para acariciar su mejilla con cuidado.
- ¿Cómo te sientes? – quiso saber ella.
Edward cerró los ojos con cansancio. No había podido dormir casi nada, la cabeza estaba a punto de estallarle, tenía enfrente a su mejor amiga –de la cual se estaba enamorando- y le dolía todo el cuerpo. No podía decir que estaba bien.
- Me siento horrible.
- Bueno, eso es normal – acotó Bella – después de una pelea…
- No es eso a lo que me refiero – dijo Edward, deteniendo su explicación.
Bella selló sus labios y comenzó a sentirse mal. Tenía un mal presentimiento…
- Lo sé – comentó débilmente, con sus ojos empezando a cristalizarse.
El cobrizo se sintió muy culpable y desvió la vista.
- Perdón… besarte fue un error.
Esas pocas palabras hicieron que Bella se rompiera por dentro.
Así que… ese beso no había sido nada más que un error para Edward. Había sido tonta al pensar que él sentía algo como ella, un cariño más allá de la amistad. Para ella, ya no bastaba tan solo con abrazarlo, quería recorrer su cuerpo con sus manos; no bastaba con un beso en la mejilla, quería uno en los labios; era poco que él la sujetara de la mano, necesitaba que la agarrara de la cintura y le mostrara a todo el mundo que ella era de él.
Al escuchar un llanto, Edward volvió la vista asustado. Se notaba que Bella intentaba aguantar el llanto pero no podía.
Eso extrañó enormemente al Cullen.
- Bella, ¿por qué…?
- ¡EDWARD, IMBÉCIL! – gritó ella, con todas sus fuerzas antes de levantarse y salir corriendo de la habitación.
En ese preciso instante, Edward dio gracias al cielo porque sus reflejos continuaran intactos luego de la pelea, cosa que le dio el impulso para levantarse de un salto de la cama y detener a Bella antes de que cruzara la puerta de salida.
- ¡Espera, no te vayas! – rogó, aprisionándola contra el marco de la puerta, respirando entrecortadamente.
Por las mejillas de ella aún rodaban lágrimas, las cuales se negaban a detenerse. Sus ojos estaban demasiados enrojecidos. Se detuvo a admirarlos. Podría perderse en esos ojos color chocolate durante una vida entera. Aunque no tuvo mucho tiempo para lograrlo ya que, de repente, se retorció con una punzada de dolor en su costado derecho.
Al ver esto, Bella se asustó, colocando sus manos sobre su pecho, en un impulso.
Edward levantó la vista e intentó sonreír.
- Estoy bien… auch – el dolor lo estaba matando. Supongo que no había sido la mejor idea salir corriendo así con el cuerpo doliéndole como le dolía. – Por favor… hablemos. No te vayas… - le pidió a su amiga, rogando que aceptara.
La muchacha lo observó por unos segundos que parecieron eternos, al instante asintió y apoyó el cuerpo de Edward en el suyo.
- Vamos, tienes que acostarte.
Caminaron de vuelta a la habitación y Edward se sentó en la cama, invitando a Bella a sentarse a su lado, como siempre lo hacía. Naturalmente, ella se acomodó a su lado, con la espalda apoyada contra la pared y suspiró.
Edward sabía que tenía que decir algo pero no supo por dónde empezar. Después de todo, ¿Cómo le explicaba que él se moría de ganas de besarla y que decir que fue un error se le había pasado por la cabeza solo porque había pensado que ella no le correspondería si estuvieran en otra situación?
Acallando sus pensamientos, el cobrizo juntó aire y volvió a hablar.
- Perdón.
Un par de ojos marrones lo volvieron a ver con dolor.
- Por favor, no digas otra vez "perdón" porque pienses que fue un error, yo…
- No – la cortó él, sujetándole la mano de improviso – Perdón por no haberte explicado bien. Perdón por no decirte la verdad.
Swan no entendió hasta que él prosiguió.
- La verdad es… que yo deseaba mucho ese beso.
Los ojos de ella se abrieron de par en par. ¿En verdad eso estaba sucediendo?
- Y, te puedo jurar, que nunca pensé quererlo y necesitarlo tanto – dijo Edward. En ese momento y con esas palabras se jugaba sus sentimientos y el final o no de su amistad con Isabella Swan. Pero era un riesgo que estaba dispuesto a correr – Te dije que fue un error… porque pensé que tú lo veías así… pero… creo que no.
Esperó a que ella dijera algo. El rostro de la chica se encontraba mirándolo aunque en su mirada se denotaba algo parecido a… ¿esperanza?
Al encontrar un espacio para hablar, Bella primero sonrió y después habló:
- Bueno… ya sabes que para mí no fue un error. Es más… yo también lo quería. Y no solo por la situación… yo creo que algún día no hubiese resistido y hubiera sido peor… ahora, por lo menos, sé tus pensamientos acerca de esto.
- ¿Qué crees que pienso? – preguntó él, acercándose levemente a ella.
- Creo que tú estás pensando lo mismo que yo: Ambos necesitamos de esto. Porque ya una amistad no alcanza… es más allá, aunque no creo que lleguemos al amor aún… ¿estoy en lo correcto?
- Totalmente – sonrió él. Su hermano tenía razón con que no podía subestimar a Bella, después de todo, ella había estado presente en más de la mitad de su vida. – Ahora te digo lo que yo creo que piensas tú… creo que piensas que, aclarando esto, podremos llegar a algún lado. Pero que no quieres que nuestra amistad quede atrás. ¿Me equivoco?
- Para nada – negó Bella – Yo estoy segura de que tú piensas lo mismo.
- Claro que sí. Antes que nada, estaba nuestra amistad. Y yo no la arruinaría por nada.
Bella asintió dándole la razón en esa oración.
- Entonces, creo que lo más convenientes es que sigamos siendo amigos…- dijo Edward, logrando que Bella borrara su sonrisa. ¿Estaba bromeando con ella? ¿Dónde había quedado la charla de hacía unos segundos?
- Pero… - objetó Edward, sorprendiéndola – Ya no seremos "solo mejores amigos"…
Una sonrisa pícara se posó en los labios de Bella mientras se acercara de a poco a Edward.
- Me parece genial… - comentó, pasando los brazos por encima de los hombros de él para atraer su rostro hasta su boca. Y ahí estaba… ese ansiado segundo beso. El que, por poco, había estado en peligro. No obstante, ahora ambos sabían que no sería el último que se darían, sino que quedaban muchos más todavía.
Edward acostó a Bella en su cama sin dejar de besarla. Los labios de Bella parecían perfectos para él, hechos exclusivamente para su persona. Y estaba seguro que no se cansaría nunca de probarlos.
Cuando se separaron, se miraron a los ojos un buen rato, como dos tontos… pero tontos felices.
Mientras Bella enrollaba sus dedos en las hebras color cobre de Edward, preguntó con voz suave:
- ¿Y entonces? ¿Qué somos?
El chico lo pensó por unos momentos. Sonrió, le dio un corto beso y respondió con un canto:
- "Somos amigos especiales, tú sales conmigo y somos solo amigos…"
Ella rió antes de negar con la cabeza.
- Me parece perfecto – corroboró fundiendo nuevamente sus labios con los de él.
- Después de todo, sí se arruinó nuestra antigua relación – murmuró Edward, como al pasar.
Bella le sujetó el rostro y le susurró muy cerca de sus labios:
- Que lindo arruinarse contigo.
Gracias por los reviews.
