Nessie POV

Una semana había transcurrido desde que todos decidimos volver al instituto, o más bien, ellos volvieron. Yo vivía cada experiencia nueva, compartía con cada compañero que tenía oportunidad y disfrutaba de mis lecciones aunque fuesen tan fáciles para mí. De todas formas era lo que yo quería; ser como cualquier adolescente normal.

La foto de mis padres en internet no pasó desapercibida, no cuando mi tío Emmett había etiquetado incluso a mis abuelos. L gran noticia llegó a oídos de la directiva del instituto, pero sólo convencieron a mi tío de removerla de su facebook, twitter, y dejara de enviarla por celular a cada persona que veía. Algo tarde e innecesario, ya que por lógica, todos habían guardado la imagen, y mis padres de pronto se convirtieron en los dos tipos más buscados y observados por la institución.

El día lunes comenzó mi entrenamiento como cheerleader. El gimnasio entero estaba apto para nosotros, pero yo sólo podía ver una cosa: Jacob. Fiel a su palabra, estuvo sentado en la galería toda la hora para verme entrenar, y así fue por los siguientes tres días. En cada receso que nos daban las profesoras, aprovechaba para ir a conversar con él, aunque fueran cinco minutos. Pero fue entonces el día jueves que algo ocurrió…

Edward POV

Estar bajo la mirada de todos no era tan malo. Lo terrible era oír sus pensamientos. "¿Vendrán del cuarto de aseo éste par?" "Puedo imaginar que no lo deja respirar ni un segundo." "Lástima que la foto no mostraba más piel. Hubiera sido interesante…"

Casi me volteo a encarar al tipo que pasó pensando eso último, pero me contuve cuando me guiñó el ojo. Ahí fue cuando comprendí que no deseaba ver a Bella desnuda, si no a mí. Cielos.

-¿Todo bien? –Bella preguntó.

-Sí. –Le mentí, evadiendo pensamientos.

-Tengo que ir a dejar éste trabajo, espérame acá. –Ella sacó una carpeta de su casillero.

-¿No quieres que te acompañe?

-No te preocupes, volveré en cinco minutos.

Pero cinco minutos exactos después Bella no había vuelto, y comenzaba a ponerme paranoico cuando decidí ir en su búsqueda, rastreando su aroma inconfundible. Éste me llevó extrañamente al gimnasio en dónde practicaban las cheerleaders.

-¿Qué ves acá?- La abracé por detrás, besando suavemente su cien.

-Nessie. – Susurró con ternura en su voz pero a la vez llena de un puro orgullo.

El momento de tranquilidad pasó de blanco al negro, bruscamente. Bastó un solo pensamiento… Jacob Black.

Lo localicé sentado en las bancas, mirando a mi hija, teniendo esas imágenes que hubiera preferido no haber conocido jamás. Al parecer estaba recordándola en un momento íntimo que habían vivido en la Push, por lo que alcancé a reconocer. Me alejé un metro de Bella, mis manos se volvieron puños, sentía mi respiración innecesariamente agitada y los gruñidos atascados en mi pecho estaban amenazando con salir.

-¿Edward? –La lejana voz de mi esposa se hizo eco en mi cabeza, pero no respondí. Mi único enfoque era matar a Jacob. -¡Edward!.

Pero seguí sin prestar atención, incluso cuando Bella presionó sus manos contra mis brazos, ejerciendo fuerza sobrehumana, además de sus pensamientos luego de que abriera su escudo. Me pedía una explicación de que estaba ocurriendo, claramente, pero lo que pasó finalmente fue que, contra todo los impedimentos, me acerqué a paso humano donde el perro, a encararlo. Mis ojos delataban ira, y él captó inmediatamente el porqué. Su pensamiento fue un "Ups".

-'Ups' te voy a hacer yo cuando te rompa el hocico, perro pulguiento. –Me lancé sobre él, sin importar las miradas ni nada más. Sólo tenía un plan en mente: Romperle la cara por baboso.

-¡Edward! ¡Jacob! – Cómo los viejos tiempos, Bella comenzó a gritar para que nos detuviéramos, aunque ella perfectamente hubiera podido detenernos, si no fuera por el grupo de humanos que nos veía.

La galería se hizo pedazos por supuesto, y caímos a una altura de un poco más de dos metros, con madera encima y todo. Abajo continuamos peleando entre nosotros, hasta que logré quitarle sus manotas y alcanzar su mandíbula con mi puño. Ahí fue cuando intervino Bella.

-¡Basta Edward! –Me gritó, tomándome del brazo con fuerza de vampiro.

-Él tenía pensamientos obscenos acerca de Renesmee. –Susurré entre dientes, sólo para ella.

Entonces tuve yo que detenerla.

-¡Te voy a matar Jacob Black! – Bella se abalanzó sobre él pero alcancé a detenerla en el aire, afirmándola con mis brazos. -¡Déjame poner mi huella en ese rostro también, Edward!

-Cálmate Bella, no estamos solos. –Intenté sosegarla.

-¡Tú no pensaste eso! –Ella continuaba alterada, lanzando patadas al aire para intentar llegar a Jacob quien se paraba del suelo. Su boca estaba llena de sangre que comenzaba a detenerse por su rápido sistema.

-¡Jake! ¿Estás bien?- Mi hija corrió por debajo de las galerías rotas, sacando las tablas de madera esparcidas en su camino para llegar a Jacob. Lo examinó con cuidado, a sabiendas de que se curaría rápido. "¿Cómo pudiste?" Pensó, sin voltearse.

Antes de comenzar a darle una explicación, lo más razonable posible ya que no era la única oyendo, el inspector del instituto llegó al gimnasio. Era un hombre ya viejo, y por sus pensamientos capté que de ésta no me libraba.

-¡Señores Cullen y Black, a mi oficina!. –Ordenó, mientras observaba todo el desastre que habíamos dejado, preguntándose cómo era posible que las tablas se rompieran. Era algo que debía incluir en la conversación: Una buena explicación.

-¡Isabella Swan también ayudó a Cullen, señor!- Jacob acusó con mala intención, sobándose la barbilla, y sujetando por la cintura a mi hija con su mano libre. En ese momento sentí remordimiento por no dejar a Bella patearle el trasero. "Si caemos, caemos todos." Él pensó.

Y quince minutos después, Jacob, Bella y yo estábamos sentados en la oficina del director, siendo sermoneados acerca del comportamiento en un establecimiento educacional, y sobre todo del inmobiliario que debíamos reparar nosotros mismos.

-¡¿Cómo es posible que dos jóvenes se peleen como animales? –El director se paseaba frente a nosotros, moviendo los brazos de un lado a otro. -¿Y usted señorita Swan? ¿Pelando con un joven que le dobla en fuerza y tamaño? ¡Usted es una dama!

-Lo siento señor Kayser.

-Claro que lo va a sentir. Y ustedes también. Están castigados los tres.

Un minuto de silencio se apoderó de la habitación, al menos para los oídos. Yo que podía leer los pensamientos del señor Kayser, y todos los castigos que se le venían en la mente.

-Ay no. –Murmuré, llevando mis dedos al tabique nasal, adelantándome a sus palabras.

-Señor Black, usted y el señor Cullen deberán limpiar los baños todos los días después de clases. Se quedarán hasta que pueda ver mi rostro reflejado en ese suelo. Y usted señorita Swan, limpiará el baño de damas… De los camarines del gimnasio.

-¡Pero…!-Los tres nos quejamos al unísono.

-A partir de hoy durante una semana. Ahora partieron a sus clases.- El director habló.

Una vez fuera, los tres gruñíamos de ira, mientras Nessie calmaba a Jacob quien comenzaba a tener una que otra convulsión.

-Contrólate Jacob. –Le ordené.

-Si tú no hubieras empezado…-Me apuntó con el dedo, de manera amenazante.

-¡Tú empezaste, pervertido! –Contraataqué.

-¡Ya, paren! Si no quieren que nos sigan castigando. –Bella se interpuso entre nosotros.

Intercambiamos una mirada antes de separarnos nuevamente, pero cuando intenté tomar la mano de Nessie para llevarla también, ella me rechazó.

-Me voy con Jacob papá. –Ella habló, pero sus pensamientos decían otra cosa.

-¡Estás loca si piensas que te dejaré ir a vivir con él!-Leí en sus pensamientos las intenciones que tenía de irse con Jacob.

-Tú te vas con nosotros Nessie. –Bella profirió.

-No, hoy mismo me voy a vivir con Jacob, punto final. –Nessie tomó de la mano al nombrado, quien iba con una sonrisa en el rostro a más no poder de orgullo y partieron fuera del colegio.

Comenzaba a pensar si realmente fue una buena idea o no volver a clases.