Hola a todos/as, de uevo me tengo q disculpar por el retraso en actualizar, pero las españolas ya sabéis como nos las esta haciendo pasar el condenado calor, y llevo un par de semanas en las q apenas puedo arrastrarme cuando vuelvo del trabajo. Pero aquí me teneis otra vez, fiel a vosotros con este capitulo que espero que os guste. Cierto que es un poco de transición antes del gran "desastre" y es q la reputación de mas de uno va a quedar a la altura de las suelas, pero hay ciertos detalles que mas adelante tendrán su importancia.
Ya no me enrollo más, aquí tenéis el capitulo.
Como siempre un beso muy grande a todos/as los que dejais review: (Crizagloss, Eyp, Mar 90, Minerva91, Sely Cat, Gabrielle Rickman Snape, ItrustSeverus, LilandraBlack, Summer723, Juliacesar, Kismet, Daniie Snape Malfoy, MissLuppi, Bluemeanie76, LithiumGaham, Allelu, Lyla Snape, Melissa Elizabeth Granger, Dinha Prince, AnHi, fjc Nix, Sailor Mercuri o Neptune, Lunnaris Elentaris, Ginebra216, Nena10124, Valitos, Rasaaabe, Eileen Prince Snape, …) A Mi mortifaga favorita: Patty—Sly, a mi gemela maligna y Beta June Magic, a mi hermanita del alma Vampi Lolita que me ayuda mucho en los momentos en q mi musa se pone algo vaga y a mi super hermana Amia Snape
Y a todos los que leéis y no dejáis rewiew os mando otro también.
EMPEZANDO LA FIESTA.
Se atusó aún más el pelo, tratando de darle un aire más despreocupado y se miró de nuevo al espejo. La gomina muggle hacía que su pelo se viera con otra consistencia, más… Hizo una mueca al palparse aquella cosa pegajosa. ¿Y a eso le llamaba Ron peinado a la moda? … Si más parecía ectoplasma pasadito de Peeves. Dio un bufido y volvió a mirar su reflejo en el espejo, por lo menos el resto de él mismo no estaba nada mal. La camisa azul oscura y la cazadora de cuero le quedaban bien con esos vaqueros gastados…
Dio un resoplido. ¿Y para que rayos se miraba tanto? Solo era una estúpida cena, y organizada por sus cuñados… más bien por don-rey-de-la-noche-Ron-soy-el-castigador-de-las-nenas-Weasley… no pensaba en ningún momento hacerle caso en eso de "conocer unas nenas".¡Por Merlín! En 24 horas estaría casado… ¡y con su hermana! ¿Es que este merluzo se había propuesto que ella le arrancara una parte vital de su anatomía? Se llevó la mano al pelo de nuevo con patente expresión de disgusto, aquello estaba empezando a asemejarse cada vez más al lomo de un erizo. Un puchero a sus espaldas le hizo volverse con gesto de desgana.
Desde su retrato de la pared Sirius Black lo miraba con ojos brillantes y se sonaba ruidosamente con un pañuelo.
—Ains… — Gimoteó. — Me cuesta tanto pensar lo mucho que has crecido. — Se sonó de nuevo con un ruido que al chico se le asemejó mucho a una trompeta. — James y Lily estarían tan… tan orgullosos. — El gesto de Harry se entristeció y miró hacia la foto que tenía en la mesilla de noche, esa foto donde sus padres sonreían y que le había acompañado en tantos años de penurias.
—Yo creo que lo saben… que de alguna manera siempre están conmigo. — Comentó con una vaga sonrisa, el retrato asintió.
—Estate seguro de ello. — Respondió con vehemencia, mientras continuaba observando cómo su ahijado se recolocaba las solapas de la chaqueta. — Aunque no sé si James…
—¿Qué diría mi padre? — Bufó el chico volviéndose bruscamente hacia él, Sirius ahora se miraba las uñas con interés.
—Bueno… yo solo digo que quizás pensaría que deberías … no sé… — Torció el gesto sin mirarlo aún. — … Disfrutar algo más de la vida.
—¿Disfrutar algo más de la vida? — Preguntó frunciendo el ceño.
—Si… — Contestó incómodo. — No digo que no debas casarte, pero… es que te veo tan joven todavía… apenas has cumplido los veinte.
-¿Y qué edad tenían mis padre cuando se casaron? — Espetó el chico. —¿Diecinueve? — Black se removió contrariado dentro del marco.
—Eran otros tiempos, estábamos en guerra… todo se hacía con prisas… cada momento podía ser el último. — Se justificó. — Además fue la única forma de que la estrecha de Lily…— Cerró la boca de golpe, ya sabía que su boca lo perdía… miró de reojo a Harry que se había cruzado de brazos con un profundo gesto de disgusto. — No quería decir eso… es…
—Ya has dicho suficiente. — Bufó seriamente enfadado.
—No hombre… no te pongas así… solo es que. — Movió las manos tratando de quitarle importancia. — En aquella época... Eso de tener sexo antes de casarse… — Dio un largo silbido mientras sacudía la cabeza. — O pasabas por el altar o te arriesgabas a perder de un modo poco delicado tu capacidad de tener descendencia.
—Pues no necesito recordarte. — Los ojos verdes lo miraban fijamente a través de las gafas. — Que en mi caso ya he hecho "uso" de esa capacidad… Y si no me caso con Ginny… — Señaló hacia la puerta. — Ella y su familia se ocuparan de que sea la última.
—¡Entonces! — Lo señaló con el gesto acusador. — ¿Reconoces que te casas solo por ese… "pequeño" problema?
—No, mierda, no. — El chico sacudió la cabeza ofuscado. — Quiero a Ginny, quería estar con ella… solo que… — Suspiró. — Las cosas se han precipitado un poco. — El retrato esbozaba una sonrisa burlona que incrementó el enfado del chico. — Y puedes meterte esas risitas por el culo… si es que sigues teniendo culo en ese retrato.
—Uuuggg. — No hace falta que te pongas así. — Replicó con falsa indignación. — No me río… solo que me parece un desperdicio que malgastes así tu juventud… atándote a una sola mujer… cuando hay tantos cotos en los que cazar.
—Discúlpame pero a diferencia de ti y de Ron pienso que a veces a un hombre puede bastarle con una sola mujer.
—Tú sabrás lo que haces. — Rezongó con mucho recochineo su padrino — Aunque sigo pensando que me parece un desperdicio. — Harry rodó los ojos. — No obstante más desperdicio me parece lo de tu amiga. — El retrato hizo un exagerado gesto de asco. — Con Quejicus … aaaggghhhh…
—No me empieces otra vez con eso. — Respondió con fastidio. — Ya tengo suficiente con las pataletas de Ron.
—Es que es normal… — Bufó el retrato cruzándose de brazos. — Con lo rica que se ha puesto esa niña… — Puso una sonrisa idiota. — ¿Que habrá comido para que este así?
—Sirius… — Le reprochó su sobrino. — ¿No se supone que ya no eres una entidad corpórea? — Alzó las manos y se encogió de hombros.
—Eso no hace que deje de ser un hombre… y que eche de menos ciertas… — Alzó las cejas. — ¿Necesidades? Además sigo teniendo ojos y no me negarás que tu amiguita lo tiene todo en su sitio y en abundancia. — El chico sacudió la cabeza con resignación mientras terminaba de anudarse los cordones de sus botas. — Seguro que ese grasiento gilipollas la tiene bajo un "imperius" o algo peor… ¿Qué mujer en su sano juicio se acostaría con "ese"? — Escupió con desprecio. — Y mucho menos se casaría con él… estoy seguro de que aquí hay algo turbio y pienso averiguarlo. — Su ahijado lo miró con el ceño fruncido.
—¿Y qué piensas hacer? — Preguntó con recochineo. — ¿Jugar al 007 como Ron con sus orejas extensibles? — Una sonrisa de tiburón se dibujó en el rostro de Black.
—Noo… algo mucho mejor… — El chico lo miró extrañado. — Estar muerto tiene sus ventajas… no necesito solo un retrato para poder desplazarme… — Los ojos verdes del chico se ensancharon. — … un cuadro cualquiera me sirve… recuerdo cierto paisaje en cierto cuarto…
—¡Merlín! — Gimió el chico casi pasmado. — Decía que Ron estaba enfermo… pero lo tuyo es peor…
Mientras Sirius seguía riéndose maliciosamente… él también tendría su fiesta particular esa noche…
La forma en que su esposa lo miraba, cruzada de brazos golpeando rítmicamente el suelo con el pie y con el ceño fruncido siempre anunciaba problemas. Snape tomó aire con resignación mientras se cruzaba también de brazos y alzaba una ceja con gesto socarrón.
—No pensaras ir así a la fiesta… — La chica abrió mucho los ojos.
—Así… ¿Cómo? — El mago miró sus ropas, esos eternos hábitos negros que le caracterizaban y que tanto había extrañado durante esas tropicales vacaciones. — Yo me veo como siempre. — Ella sacudió la cabeza con frustración mientras se descruzaba de brazos y avanzaba resoplando hacia su marido.
—Como un jodido murciélago. — Espetó plantándose frente a él con el ceño fruncido. — Vas a una fiesta Snape, no a impartir una clase en tu mazmorra. — El hombre rodó los ojos con fastidio.
—Pues teniendo en cuenta la "selecta" compañía… para mí no hay demasiada diferencia. — Rezongó con desgana. — Así es como estoy cómodo... — Alzó la cejas mirándola acusadoramente. — Y mira quien fue a hablar…
Hermione dio un respingo al tiempo que se ruborizaba levemente… Sus vaqueros gastados y la camisa de color negro que llevaba sobre un top del mismo color tampoco era un atuendo muy adecuado para una fiesta que digamos.
—A ver… — Bufó. —Mi caso es diferente. Vamos a tener una cena en casa, solo para mujeres, en plan informal. — Snape hizo una mueca de burla. — En cambio vosotros vais a cenar fuera… creo que la diferencia está clara.
—Pues no sé qué decirte. Tiemblo solo de pensar la clase de antro a donde me van a arrastrar tus queridos amiguitos.
—Vamos… — Comentó mientras se encaminaba al enorme armario ropero. — El sitio lo ha elegido Ron… — La ceja derecha de Snape se disparó. — Es uno de esos locales de moda donde suelen celebrar las fiestas en su equipo de quidditch. — Abrió las puertas y comenzó a mirar entre la ropa de su esposo.
—Cualquier cosa que salga de la cabeza de ese gañán me hace temblar. — Murmuró el mago, ella se limitó a contener una carcajada mientras sacaba varias perchas con camisas que ella misma le había escogido en Tahití.
—Tal vez una de estas… — Sostuvo en lo alto la horrenda camisa floreada, mientras una sonrisa maliciosa se dibujaba en sus labios.
—Mujer… El maltrato psicológico es una causa estipulada de divorcio… — Escupió con nerviosismo, su rostro estaba más pálido de lo normal. — Y esa cosa horrible es un agravante. — Sin poder ya contener la risa volvió a colgar la camisa en cuestión y sacó la verde oscura que había usado en su boda, Snape suspiró aliviado al ver su segunda elección.
—Decididamente esta. — Sonrió agarrando también una elegante americana negra. — Con esos pantalones negros que llevas quedará perfecto. — Canturreó mientras extendía las prendas sobre la cama y se acercaba tarareando hacia su marido, que la observaba con una ceja alzada.
—Puedo cambiarme con la varita. — Ronroneó el mago mientras ella, sin dejar de tararear una melodía comenzaba a desabrochar la interminable hilera de botones de su levita.
— Siempre he creído que para algunas cosas el método muggle tiene sus ventajas. — El mago esbozó una maliciosa sonrisa mientras deslizaba las manos hasta la cintura de su pareja. — Eso ahora noooo.
—Insufrible sabelotodo. — Rezongó con fastidio.
Un fuerte fogonazo verde iluminó el amplio salón. La espigada figura atravesó las llamas mientras sacudía su túnica Burdeos con visible malestar… ¿Cómo se le había podido ocurrir a Molly que a alguien como ella pudiera interesarle asistir a esa estúpida fiesta? Ella era una bruja respetable y más motivo, la directora de Hogwarts… Para colmo estaba también "ese" espinoso asunto, que tarde o temprano tendría que resolver, todo por la honorabilidad de la institución a la que representaba. Se sacudía con desgana las cenizas que manchaban sus ropas cuando una voz chillona la sobresaltó.
—¡Minerva, querida! — Molly avanzaba hacia ella con una sonrisa complacida. — Es maravilloso que hayas decidido venir.
—Si… bueno. — Murmuró con desgana mientras las dos mujeres se saludaban con dos besos. — Es que lo has pedido de una manera… — Le reprochó recordando la insistencia de la pelirroja en que la acompañara para poner algo de orden en la fiesta de las muchachas.
—Que haría yo sin tí — Suspiró — También viene Tonks… — La directora rodó los ojos. — Pero ya sabes que la maternidad no la ha hecho madurar demasiado. Por cierto, ella y Remus llegan tarde.
—Para variar. — Murmuró. — Esos dos sí que han aparecido ¿Verdad?
—Ohh sí. — Contestó la matriarca de los Weasley con recelo, mientras la tomaba del brazo y la arrastraba hacia una mesita donde humeaba el té y unas pastas. — Llegaron ayer por la tarde ¿Y no te lo vas a creer?
—Sorpréndeme. — Gruñó y alzó las cejas mientras tomaba una taza de té y lo olía antes de probarlo.
—Se han casado. — El fuerte acceso de tos acompañó al chorro de té que le había salido por la nariz a la directora, Molly se apresuró a levantarse y comenzar a golpear su espalda con la mano abierta tratando de evitar que se ahogase.
—¿Qué?….¡Qué! — Gimió todavía entre toses.
—Lo que has oído. — Comentó con profundo disgusto. —Y créeme que no es una broma… aunque me gustaría. — La pelirroja se volvió a sentar en la butaca haciendo un mohín. — Imagina…— Suspiró. — Todos estos años con la esperanza de que esa niña se convirtiera en mi nuera. — Minerva la miró con gesto escéptico.
—Perdona querida, pero sinceramente no creo que tu Ronald resultara "adecuado" para Hermione… — La matriarca bebió de su taza con incomodidad. — … Esa niña necesita algo más…
—Ya sé que mi Ron no tiene muchas luces. — La interrumpió con indignación. — Pero olvidas que tengo otros hijos. Y algunos son inteligentes y con futuro…— La directora asintió con vehemencia. — Mi Percy por ejemplo… con ese puesto de secretario de Kingsley… Charly que ya es director de la reserva donde trabaja… o los gemelos … tan brillantes como hombres de negocios. — Suspiró. — Y sin embargo…
—Tu Ronald… — Murmuró con tono sombrío, Molly se mordió el labio.
—Sí, ya lo sé. Algunas veces me pregunto a quien ha salido. — Rezongó. — A su madre desde luego no.
—SL verdad es que cualquiera, menos él, hubiera sido una buena elección.
—Imagínate. — Gimoteó. — He tenido a esa niña en mi casa todos estos años como una hija más… — Negó con la cabeza. — Aún no me lo creo… no me lo creía ni cuando los vi aparecer por la puerta. — Minerva asintió con gravedad. — Imagina mi estupor cuando Snape me anunció a "su manera" que Hermione era su esposa.
—Conociendo a Severus me lo imagino en su línea… — Comentó con resignación. — Lo que no me explico es como no lo vimos antes.
—¿No te has creído esa historia?-
—¿Qué? ¿Lo de que se despertaron del coma y al verse se dieron cuenta de que querían estar juntos? — Comentó burlona. — ¡Merlin! ¡Es Snape!
—Bueno, los dos vivieron una experiencia muy traumática… quizás esa maldición les dañara el cerebro. — Minerva la miró escéptica desde detrás de sus gafas.
—De eso no me cabe duda… Pero de lo que tampoco me cabe duda es que hubo algo más. — Resopló dejando su taza con fuerza sobre el plato.
—La verdad es que de todos modos no han sido formas… así… tan de repente, y lo peor de todo… en secreto, sin una boda como Merlín manda.
—Ten una cosa clara Molly… — Murmuró la directora estrechando los ojos peligrosamente. — Esos dos me van a oír… — Un ligero temblor recorrió a la pelirroja, sabía que Minerva era de las pocas personas capaces de plantar cara al exmortífago, pero ante todo quería una velada y una boda tranquila y si los dos se enzarzaban la cosa distaría mucho de serlo. — Y tanto que me van a oír.
El fogonazo verde en la chimenea dejó a la señora Weasley con la palabra en la boca. La delgada bruja de alborotados cabellos pajizos entró en la sala a trompicones mientras se sacudía la ceniza de sus llamativas ropas.
—Ya te dije que llegaríamos tarde otra vez por tu culpa. — Bramó la voz del desaliñado mago que apareció tras ella, la joven se volvió ignorando completamente la perpleja mirada de las dos mujeres que seguían en la sala.
—Pues si me hubieras ayudado a cambiar a Teddy o a prepararle el biberón… — El hombre enrojeció ligeramente. — O a hacer la bolsa para dejárselo a mi madre, en lugar de andar pendiente de ese ridículo juego muggle, quizás no hubiéramos llegado tarde.
—¡Ridículo juego muggle!— Espetó indignado el licántropo. — Estas hablando de un partido de fútbol… y no de cualquier partido. El Manchester United v/s Liverpool… es "ÉL" partido.
Nymphadora sacudió la cabeza con incredulidad mientras su cabello se tornaba de un blanco casi brillante.
—¡Hombres! — Bufó dándole la espalda. — Veis una pelota en movimiento y perdéis la cabeza— Su marido la imitaba haciendo exagerados gestos de burla, mientras las dos brujas maduras los miraban boquiabiertas. — Quidditch… fútbol… tenis… basket… lo que sea … con tal de remolonear en casa…
—¡Remus! — La voz del niño que vivió interrumpió las protestas de la metamorfomaga.
—¡El agasajado! — Sonrió Lupín mientras avanzaba hacia el chico y los dos se fundían en un abrazo. Sin separarse miró de reojo a su mujer que continuaba de brazos cruzados con cara de pocos amigos. — ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? — Susurró con disimulo. Harry se separó y miró a su vez a la enfurecida bruja, el niño que vivió y venció se limitó a encogerse de hombros. — Bueno, nos vamos ya … ¿No?
—Enseguida, mis cuñados y Snape ya están aquí— Comentó. — Neville y el resto acudirán al pub.
—¿Snape? — Preguntó sorprendido. — ¿Viene a la despedida?
—Claro— Comentó el chico. — Es lo lógico siendo el marido de Herms.
—¿MARIDO? — La chillona voz de la metamorfomaga resonó en la sala, las dos mujeres maduras se miraron con un gesto socarrón.
—Si querida… — Rezongó la directora. — Parece que vuestra idea de casarse en secreto ha sentado escuela.
—¿Qué me he perdido? — Parpadeó el licántropo mientras Harry daba un soplido.
Augusta Longbottom miraba complacida a su nieto mientras el chico giraba mirándose al espejo.
—Tan elegante como tu padre. — Comentó la mujer al borde de las lágrimas. — Aunque sigo pensando que ése traje sería más adecuado con una corbata. — Neville rodó los ojos con resignación, su abuela siempre tenía la última palabra en su vestimenta, pero en esa cálida noche de junio, una ajustada corbata no era lo que más le apeteciera llevar. Conociendo a Ron y la clase de fiesta que sin duda tendría planeada, ya se vería demasiado formal con el traje gris oscuro y la camisa blanca… Pero él era así… Clásico, elegante. Ya no era el niño gordo y despistado de quien se habían reído en el colegio. La guerra le había cambiado, al contrario que el resto de sus amigos él si había madurado… él era ante todo un señor. Y una de las cosas que había aprendido era que la apariencia y el buen vestir podían serlo todo.
—Abuela, es una fiesta de amigos… no una reunión de negocios. — El chico se acercó a la mujer y le dio un caluroso beso en la mejilla. — Además, conociendo a esta panda iré demasiado elegante.
—Hijo, también es bueno que salgas y te distraigas con gente de tu edad. Trabajas demasiado y tienes que divertirte. — La mujer sonrió con picardía. — Quien sabe, quizás conozcas alguna jovencita que de verdad te guste.
El chico rodó los ojos. Otra vez con la misma canción, quería mucho a su abuela, pero a veces resultaba de lo más cansina con ese tema. No es que no hubiera salido con chicas… desde que era un héroe de guerra y un próspero hombre de negocios por el éxito de su cadena de invernaderos para el cultivo de ingredientes raros para pociones, multitud de jovencitas se habían arrojado a sus brazos. Y por supuesto había salido con algunas… pero la cosa nunca había durado. Simplemente no era lo que buscaba… eran eso, simples niñas caprichosas en busca del éxito del héroe o de su próspera cuenta corriente… Algo que no le llenaba… Él definitivamente buscaba algo más en una mujer. Y fundamentalmente era eso lo que quería, que fuera definitivamente una auténtica mujer; elegante, sofisticada, madura, independiente, segura de sí misma, nada que ver con esas niñatas caprichosas y facilonas con las que había salido hasta ahora, y que a su amigo el pelirrojo le gustaba frecuentar.
—Abuela… — Suspiró de nuevo. —Weasley organiza la fiesta y no me interesa en absoluto ninguna niñita de las que él podría invitar, además es una fiesta de hombres. — Llamar fiesta de hombres a esa reunión de borrachos era decir demasiado. Se apostaba su última y costosísima producción de Asfódeno rojo del Kirguistan a que alguno terminaría en San Mungo por un coma etílico y daría gracias si Harry no terminaba teniendo que usar un glamour en su boda para ocultar algún ojo morado… o algo peor. Él al menos lo tenía claro, llegado el momento se refugiaría en un buen Dry Martini y fingiría no conocer a esa manada de salvajes.
—Quién sabe… — Rió la mujer acercándose a su nieto y alisándole las solapas del traje. — El día que menos te esperes encontraras a esa mujer perfecta.
—Quiero pensar que sí — Sonrió el chico. — Pero te puedo garantizar que no será en uno de los antros que le gusta frecuentar a Wesley y compañía. — Besó una vez más en la frente a la menuda mujer y se acercó a la chimenea tomando un puñado de polvos flu. Se volvió para mirar a su abuela una vez más ella le hizo un gesto con la mano… ciertamente la noche se avecinaba de lo más movidita.
Hermione se sintió estremecer ante la helada mirada que le había dirigido, desde detrás de sus anteojos, su antigua jefa de casa. Severus en cambio la observaba con actitud claramente desafiante.
—Y hablando de la "pareja feliz"… — Gruñó la directora con una mueca desagradable.
—Minerva. — Saludó el exmortífago con una sacudida de cabeza. La chica se acercó a la mujer que la abrazó sin apartar su mirada del que había sido su colega en la docencia.
—Creo que será mejor irse. — Murmuró la señora Weasley en el oído de la esposa del licántropo, la joven asintió al tiempo que engullía rápidamente la rosquilla que llevaba en la boca.. Sigilosamente ambas brujas salieron de la sala dejando a los tres solos.
—Tengo muchas cosas que hablar con vosotros dos… — Comenzó la mujer. — En especial contigo Severus. — Hermione miraba a uno y a otro con gesto preocupado.
—Sí, la verdad es que yo también tenía ganas de verte. — Rezongó. — Y mi esposa ya me había informado de tu… asistencia a la fiesta. — Los perplejos ojos de la ex jefa de Gryffindor siguieron el movimiento de la mano de Snape hasta el bolsillo interior de su americana. Sin mediar palabra sacó un pliego de papel de su interior y se lo tendió secamente a la sorprendida mujer.
—¿Qué es…? — Balbuceó mientras abría el sobre y sacaba el doblado pergamino.
—Mi renuncia. — Espetó secamente, los ojos castaños de su mujer se abrieron desorbitadamente mientras la mandíbula de la directora caía de golpe. — Simplemente no me apetece darte el gusto de que seas tú quien me mande al paro.
Pero… — La mujer no era capaz de hilar sus ideas. Cierto era que ella misma y el consejo escolar estaban muy molestos con todos los comentarios que había surgido en la prensa sobre las supuestas relaciones ilícitas que él y Granger habían podido mantener mientras permanecían en el colegio, y muchos padres habían manifestado su malestar por la posibilidad de que alguien con sus antecedentes siguiera dando clases a sus hijos. Ya no era solo su oscuro pasado como mortífago, que pese a su heroica actuación en la guerra, mucha gente se resistía a perdonar. Ahora se unía a todo ello el escándalo pregonado por Rita Sketer desde su columna de El Profeta, quizás lo que decía era exagerado, pero gracias a ella todo el mundo se creía esa versión de "Profesor seduce a alumna entre los muros de Hogwarts", convirtiendo a Snape en una especie de Casanova asalta cunas. Todo esto la había colocado a ella en una delicada posición como directora de la institución. Valoraba a Snape como docente aunque muchas veces no comulgara con sus peculiares métodos pedagógicos, y Slughorn contaba con mucha más popularidad entre los alumnos y parecía mucho más cómodo en su puesto después de desaparecida la amenaza de Voldemort… pero esa historia con Granger había sido ya la gota que colmó el vaso…
No había podido evitar tomarse esa historia como algo personal, la joven había sido su debilidad durante sus años de colegio, la niña de sus ojos… Ver esa foto en la portada de El Profeta, donde se veía a los dos esquivando a las cámaras y se daban "excesivos detalles" sobre su "Pasión en San Mungo", había ocasionado que Poppy la tuviera que tratar de una brutal subida de tensión, que le había dejado un molesto tic en el ojo izquierdo durante más de una semana. No podía evitarlo, para ella Hermione era un poco como la hija que nunca había podido tener. Y aunque ya tuviera casi 20 años, para ella siempre sería una niña inocente, y él…
Resopló con fuerza… Lo que opinaba de él. Ella era ante todo una dama respetable y ciertos adjetivos era mejor guardárselos para una misma… no le importaba si esa versión era o no la verdadera. Era el corruptor de su niña y se atrevía a mirarla con esa medio sonrisa cínica. ¡Y para colmo le presentaba su renuncia! ¡A ella! Miró de nuevo al papel que llevaba en la mano y de nuevo a él.
— Pero… ¿Por…?
— Sencillo. — Rezongó cruzándose de brazos. — Durante todos estos años permanecí en Hogwarts no únicamente porque Dumbledore fuera el único que quisiera emplear a un mortífago absuelto, sino por mantener mi tapadera en el caso de que las sospechas del director se confirmasen, como por desgracia así fue. — Hizo una mueca de disgusto. — Y de propina cuidar del condenado Potter. ¿Pero no creerás ni por asomo que soportaba año tras año a toda esa manada de patanes con gusto? — La bruja apretó los labios en una fina línea, mientras él la miraba arqueando una ceja con gesto burlón. — ¿O a la colección de incompetentes que el director hacía desfilar por el puesto de profesor de Defensa? — Sus labios se curvaron en una maliciosa sonrisa. — Soy un experto legeremens… — La ceja se elevó más aún mientras se inclinaba hacia ella con gesto intimidante. — …Crees que no he sabido en cuanto te he visto todo lo que te cruza por la mente… ¡Merlín Minerva! ¡Eres demasiado transparente!
— No es solo lo que yo piense. — Consiguió articular con indignación. — Todo el consejo de dirección ha pedido tu cese como profesor. Entiende que los padres de alumnas piensan de tí lo peor.
— ¡Pero nada de lo que ha dicho esa maldita cucaracha es verdad! — Espetó la joven apretando los puños y roja de ira. — No puede echar así a Severus… — McGonagall se volvió hacia ella con nerviosismo.
— Ya he dicho que lo que yo opine de "ESTE" asunto no importa, Hermione. — Se justificó.
— Por eso mismo. — Snape señaló el pergamino de sus manos. — Ya había previsto ese molesto asunto, así que ahí tienes mi renuncia.— Esbozó una sonrisa satisfecha. — Y créeme que para mí es todo un placer presentártela. — La bruja arrugó la nariz con un patente disgusto, mientras Hermione seguía boqueando, mirando a uno y otro alucinada.
— ¿Es tu última palabra? — Gruñó la directora.
— Ultimísima. — Escupió con satisfacción.
La profesora se volvió una vez más hacia su ex alumna que aún no salía de su asombro.
— Espero querida que sepas en lo que te has metido. — Dijo secamente, y sin decir más se volvió con una sacudida de su túnica y salió dando un portazo. Por unos instantes se hizo el silencio en la sala, la joven seguía con la vista clavada en la puerta, tratando de asumir lo que acababa de presenciar. Siempre había sentido autentica veneración hacia su antigua jefa de casa y verla con esa actitud tan abiertamente hostil hacia su marido y ella… Su marido…
Se volvió hacia el hombre que continuaba igual que ella con los ojos entornados, fijos en la puerta, y ese gesto socarrón en el rostro. Ella sacudió la cabeza con incredulidad. Acababa de perder su trabajo… se había quedado en paro. Y sin embargo no parecía afectarle en absoluto, al contrario, tenía un gesto de lo más satisfecho en el rostro.
— ¿Lo tenías planeado? — Preguntó Hermione acercándose a él con las manos en las caderas. — ¡Pero las pociones son tu vida! ¡El colegio es tu vida!… — Sacudió la cabeza de nuevo. — ¿Cuándo pensabas decírmelo?
— Primero que nada mujer. Ese nido de retardados no es ni mucho menos lo que yo consideraría mi vida. — Comenzó con vehemencia. — Aquello era y siempre fue más una obligación impuesta por las circunstancias. Ahora puedo ser dueño de verdad de mi vida. Puedo hacer lo que me venga en gana. — Alzó la mano y le acarició el rostro con ternura. — Puedo tener una vida de verdad. Contigo. — Ella esbozó una suave sonrisa. — Además… ¿Te gustaría pasar separados los 9 meses que dura el curso? ¿Solo viéndonos en vacaciones? Porque te puedo garantizar que Minerva no te permitiría así como así instalarte en el colegio. — Ella negó con la cabeza.
— Lo sé, pero era tu empleo… — Susurró compungida. — Y siempre me has recordado que solo eres un pobre profesor… Y yo aún no tengo un empleo, no…
— Shhhhhhhhhhhhhhh. — Snape la calló colocando suavemente el índice sobre sus labios, ella lo miró aturdida. — No deberías hacer trabajar tanto esa mente hiperactiva que tienes. ¿De verdad crees que no lo tengo todo pensado?
— ¿Qué…? — Se inclinó sobre ella y la calló con un suave beso en los labios, ella suspiró al sentirlo separarse lentamente.
— Luego. — Murmuró. — Ahora nos esperan tus queridos amiguitos. A ti para esa cena de mujeres y a mí para arrastrarme a Merlín sabe que tugurio. — Ella asintió.
— Solo prométeme una cosa. — Snape la miró alzando una ceja con escepticismo.— Pase lo que pase no maldecirás a ninguno de ellos. — El mago oscuro suspiró y se encogió de hombros.
— Ni que me quedara otra, por muchas ganas que tenga.
— …Y no te emborracharás. — Le amenazó con el índice, justo al llegar ante la puerta. Su marido hizo una mueca de desgana.
— Eso son dos promesas no una. — La joven frunció profundamente el ceño. — ¡Mujer! Me condenas a una noche de tortura con esa manada de patanes descerebrados, y me exiges que no alivie mi sufrimiento con un buen whisky… — Ella alzó las cejas en una mueca de afirmación. — Tu crueldad ya está alcanzando cotas preocupantes.
— Tú también. — Canturreó su esposa. — Pero que sepas que si bebes lo sabré. Y no dormirás en TÚ cama esta noche. — Abrió la puerta y se adelantó dejando a un enfurruñado Severus tras ella.
¿Y si bebía como se iba a enterar? Sacudió la cabeza con desgana mientras cerraba tras él y la seguía hasta el hall donde separaban sus forzados compañeros de juerga. Si tenía que soportar eso que ellos llamaban fiesta, que al menos fuera con un índice etílico aceptable en su sangre. Luego ya veríamos si dormía o no en su cama… al fin y al cabo y como buena serpiente, siempre conseguía sus objetivos.
