Holi~ Si supieran lo que tardé en escribir este cap~ -cantando desafinadamente.

Bueno, heme aquí :D Y no, no me llevó mucho. Me atoré en la última hoja por días xD Nada me convencía. ¿Pueden creer que ni una semana de paz tengo? Jodida noticia que me cayó como una bomba al hígado.

Increíble~ Bueno, ya. A los RW.

Purple in Wonderland: Siento no haber respondido antes. Gracias por el apoyo :3

Guest: Sí, este Kisame es un amor x3

Gente que ya no deja RWs: ¿se enojaron conmigo? D: ¿Qué pasó? ¿Mucha nota antes y después del fic? ¿Se aburrieron? ¿Se me quedaron sin Internet? Me siento pobre si no veo un aviso de FF en mi mail TnT

xP Gracias a quienes aún lo siguen, incluso si no dejan reviews. Sé que están ahí...los veo todos los días...Sé qué hacen ahora mismo...jeh~

¡Disfruten! :'D

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Capítulo 7: Examen.

— ¡Hidan!

Kisame comenzó a considerar que tal vez la voz de Nagato gritando el nombre del otro fuera un buen despertador. A pesar de ser una criatura tranquila y enfermiza, el pelirrojo poseía un potente timbre en su garganta cuando se trataba de gritarle al de cabello cano.

Se desperezó mientras observaba el reloj en su mesa de noche. ¿En verdad? ¿Tan temprano? Eran la siete y media, ¿y ya causaban problemas? Bostezó mirando su brazo, notándolo de un sano color. Gruñó cansado antes de levantarse en vez de volver a dormir como hubiera deseado.

Un buen baño matutino le ayudaría a matar el tiempo que esos dos pasarían peleando.

Mientras caminaba hacia su baño privado pudo escuchar los golpes del cuerpo de Hidan azotándose contra el suelo y los pies furiosos de Nagato persiguiéndolo. Justo antes de internarse en ese pequeño cuarto tomó un delineador de ojos de la mesa lindante a la puerta.

Pasó allí al menos una hora, mientras se relajaba dejando que el agua de la tina llena lo masajease. Se estiró permitiendo a un par de huesos crujir y a uno de sus músculos tensarse por tan repentina molestia.

Se recostó en la bañera con una toalla por almohada y contempló las paredes y el techo. No era presumido, pero siempre había admitido ser demasiado bueno en la decoración de interiores, y más cuando se trataba de ese tipo de cuartos.

Suspiró melancólico, fijando la vista en un punto imaginario de la pared. Tal vez en la junta de los azulejos, el punto central del diseño de éstos, la grieta en uno de ellos. Ese baño le gritaba por todas partes que era un intruso.

Y él, por más que no quisiera, así se sentía.

-w-w-

— ¡Carajo, Hidan! ¡Devuélvelos!

— ¡Eres una nenaza enfermiza y fumas! ¡Me lo vas a agradecer!

— ¡Soy un maldito aficionado a la tecnología, no un deportista!

— ¡Te falta el aire por los cigarrillos!

La mayor parte de los empleados que los veían pasar a toda velocidad reían divertidos, otros apenas sonreían y unos pocos decidían ignorarlos. Para ninguno era nuevo, eso sí. Desde que Nagato había comenzado a fumar y Hidan haberlo dejado, eran muy frecuentes las escenas de persecución recupera-cigarros. El menor no podía hacer deportes que requirieran gran esfuerzo físico, o al menos no debía sobre-exigirse, pero correr sí que podía; Hidan, por su parte, adoraba el ejercicio y por eso mismo cada tanto robaba el tabaco del pelirrojo para obligarlo a correr un poco, para que no se pasase todo el santo día conectado a un ordenador.

Hidan reía cual siniestro demonio, divertido por la llama ávida en los ojos azules y por su determinación a recuperar algo que tarde o temprano podría matarlo. Él mismo había comenzado tiempo después de llegar a la casa, pero cuando su físico se veía perjudicado lo abandonó de inmediato, no sin sentir los efectos de abstinencia. Pero, no sabía cómo, Nagato había comenzado a fumar sin él haberlo influenciado. Nunca le tendió uno para que probara ni le dijo que era un aburrido. Jamás. Sabía que estaba mal y no dejaría peor la de por sí débil salud del otro.

El mayor se fue nuevamente de boca al suelo y se levantó antes de ser alcanzado. Se detuvo nada más cuando dejó de escuchar los pasos de Nagato tras él. Gruñó frenando en seco, imaginando que el menor le saltaría en la próxima curva por saberse cada atajo de la casa. Tenía el corazón latiéndole a mil por hora, podía escuchar el bombeo de sangre en sus oídos y la vena en su cuello hincharse y relajarse. Podría escupir al suelo y en lugar de saliva su corazón sería el expulsado.

Inyectado en adrenalina miró a sus espaldas, atento a cualquier movimiento que ocurriera en el lado opuesto. Para su propia suerte y para la mala fortuna de Nagato, éste se encontraba sentado en el piso, con una mano sobre el suelo. Respiraba a bocanadas, su otra mano se aferraba al pecho, mantenía los ojos apretados y el ceño fruncido como si realmente estuviera sintiendo dolor. Hidan se acercó corriendo, alarmado, gritándole que le dijera dónde estaba su inhalador.

Ahora recordaba Hidan por qué no hacía con frecuencia este teatro y por qué generalmente terminaba antes de los cinco minutos.

Buscó entre la ropa ajena el artefacto, entregándoselo una vez lo consiguió. Para Hidan todo paso demasiado rápido, cuando se vio preso por el cuello y echado en el suelo. Sintió el peso extra de Nagato sobre sí, el gruñido triunfal de éste. Joder, Nagato era un buen actor.

— ¡Casi me matas del susto!

— ¡Te voy a matar si no me das los cigarrillos!

Ninguno cayó en cuenta que se encontraban tirados en medio del salón principal, quedando a la vista de la mayor parte de las mucamas y de Itachi, quien los observaba de manera aburrida desde la pasarela que conectaba a la cocina. Aún no entendía cómo dos seres que se llevaran tan mal y se insultaran a diario pudieran llevarse realmente bien. Hidan era el típico hermano abusivo y Nagato el intelectual; por momentos parecían querer matarse y al siguiente hablaban como si nada hubiera pasado. Itachi consiguió observar en su tiempo de huésped obligado que el mayor era alguien atento con Nagato, que podía adaptarse a las charlas que el pelirrojo iniciaba y de tanto en tanto agregar algo. Respecto al pelirrojo había conseguido notar que con Hidan se trataba plenamente de admiración y, a veces, desesperación por la actitud del mayor.

Itachi apretó el puente de su nariz. La vocecilla volvió a su cabeza, esta vez riendo. Podía darle un rostro y una sonrisa, también ojos y expresión a éstos. Todo ello hacía más tortuoso el recordar a esa inocente criatura que quedó dentro del fuego cruzado.

Se tenía que distraer, fuera como fuera. Ignorando que Nagato ahorcaba a Hidan se dirigió a la cocina para comer algo antes de su examen. Por lo que él conocía ningún profesor dejaría a un alumno comer durante una clase y menos durante una prueba.

Escuchó la puerta principal siendo tocada, pero como ocurrió el día anterior, no le concernía. Saludó a las mucamas y al mayordomo de turno en la cocina, buscó algo para comer y tomó asiento. Cuando nadie lo veía pasó la mano por su nariz y la miró disimuladamente.

Había despertado ahogado, mojado y extrañado a las cinco y media de la mañana. La casa estaba en silencio, siendo lo único audible en esa habitación su respiración. Llevó sus dedos a su húmeda mejilla...tanta saliva al dormir no podía ser normal. Encendió la luz, miró la almohada y salió disparado al baño. Media hora le duró el sangrado de nariz; otra hora y media intentar limpiar su ropa, sábanas y funda. Creía haberlas dejado lo bastante limpias como para que nadie notase a simple vista la areola roja.

Perfecto. Tenía jaquecas casi diarias y al comenzar el día un gran sangrado nasal. Había leído que era muy posible ello, que tras un fuerte estado de presión, nervios, excitación; en fin, cualquier cosa que acelerara de manera desmesurada el ritmo cardíaco podría causar que los finos y débiles vasos sanguíneos de la nariz se cortaran o reventaran. ¿Qué de todas las cosas le había ocurrido? Si había tenido un sueño horrible no lo recordaba; la presión del examen...pff, por favor; ¿excitación? Ni de una ni de otra clase. ¿Se habría golpeado con su propio puño mientras dormía? La probabilidad rozaba el cero, pero no había que descartarla. Se lo comentaría a Nagato si le volvía a ocurrir pues no estaba en sus planes morir ahogado por su propia sangre.

Sin darse cuenta había terminado el jugo de naranja y las tostadas a tiempo que un hombre de traje y con maletín entraba a la cocina acompañado por dos desarreglados "hermanos". Observó a los tres, encontrándose con Nagato, que intentaba poner en su lugar su cabello y ropa, a Hidan, totalmente despreocupado, y al hombre de al menos sesenta años con un traje más bien informal.

—Itachi, este hombre es quien te aplicará el examen —comunicó Nagato mientras acomodaba el mechón sobre su ojo—. Fue profesor mío y de Hidan.

—Y ya ves qué burros salimos —añadió el nombrado abrazando por los hombros al pelirrojo, con una radiante sonrisa que contrastaba con la mueca de asesino serial del otro.

—Tú, tal vez —respondió el muchacho de lentes mientras los acomodaba mejor sobre su nariz.

Hidan se alejó de Nagato con paso sospechoso. El profesor los miraba con una mueca divertida, feliz realmente de que esos dos no hayan cambiado su relación en absoluto desde que les impartía clase. Su primera alegría real de la mañana se la habían otorgado ese par, cuando Nagato abrió la puerta hecho un desastre y vio a Hidan atrás alisándose la ropa.

— ¿Quién quiere sus cigarrillos? —con una sonrisa más que enorme y juguetona, el joven de cabello cano volteó hacia el pelirrojo mientras alardeaba la cajetilla en la mano, la cual había robado de su bolsillo. Huyó en cuanto el grito de Nagato resonó y éste lo persiguió hasta perderse ambos en una de las tantas esquinas de la casa.

Itachi había observado ese comportamiento con total asombro, nuevamente. Esos dos entraron a la cocina juntos, llevándose bien, como si uno no hubiera tratado de ahorcar al otro hacía sólo cinco minutos, y ahora todo volvía a comenzar. Suspiró adormilado, amagando a llevar su plato a lavar justo antes de que una mucama lo retirara con una amable sonrisa. Asintió agradecido antes de mirar al profesor, quien emitió un quejido divertido entre dientes. Se estaba masajeando la rodilla derecha, ayudándose con la mesa para sentarse.

—Esta rodilla...Lloverá —afirmó seguro, sonriendo a uno de los mayordomos que rondaba los cuarenta—. Si hay algo que no debe mojarse, éntrenlo ahora.

—El pronóstico decía que lloverá mañana —ladeó la sonrisa el empleado, poniendo un plato con tostadas frente al profesor.

—Lloverá hoy. La rodilla no me miente desde hace más de doce años.

Itachi miró hacia el hall de la gran pecera. La rodilla del hombre debía fallarle ese día, había mirado el cielo antes de salir de su cuarto y se veía tan despejado que costaba creer que llovería el día siguiente. Se perdió en su mundo, preguntándose cuándo daría el examen, ¿o acaso él debería pedirlo? ¿Debería decirle que estaba listo? ¿El hombre desayunaría antes de aplicárselo? Estaba cansado, quería volver a dormir...bueno, no, ¿y si sangraba de nuevo? ¿Y si se ahogaba? ¿Y si alguien entraba y lo veía? No podía pasar el resto de su vida despierto, moriría antes por falta de sueño que por hambre. Suspiró nuevamente y miró al profesor justo antes de que éste le hablara, ignorando totalmente que éste iba a dirigirle la palabra.

— ¿Te gustaría esperar un rato más para el examen?

—Me gustaría darlo cuanto antes.

—Por tu rostro puedo asegurar que no has dormido bien. Por lo que Kisame me ha dicho no eres una persona que sienta nervios fácilmente ni ceda bajo presión; eres calculador, callado y bastante inteligente. Puede que impulsivo, pero es un defecto entre virtudes. ¿Algo te perturbó en la noche?

—Sólo no he podido dormir bien.

El profesor sonrió ligeramente, notando con claridad en el tono de voz ajeno que no pensaba volver a hablar de ese tema. Se puso en pie, le pidió que lo siga y ambos salieron de la cocina hacia una de las tantas habitaciones de la casa. La cocina conectaba con la otra mitad del hogar a través del gran hall y otro pasillo. Nunca se había aventurado a ir más allá del acuario, por lo que ahora todo lo que observaba era nuevo. No tenía idea de hacia dónde estaban yendo ni qué habitaciones encontraría.

Cuando el hombre se adentró a la puerta más cercana a la escalera, él permaneció en el marco. ¿Una habitación para ellos solos? ¿Sin nadie cerca? Confiaba en los profesores, pero este hombre era un completo desconocido, y si había confiado en él lo suficiente para seguirlo era porque sus instintos no le decían nada malo, pero sólo eso.

El hombre preguntó si se sentía cómodo allí, o si se había arrepentido de dar el examen, o si en definitiva algo más ocurría. Itachi negó, entró, cerró la puerta y fue a sentarse al otro extremo de esa enorme mesa de reuniones, atento a cualquier movimiento inesperado. Sujetaba fuertemente un cuchillo de plata escondido en el bolsillo de su pantalón.

El profesor sonrió dejando algunas hojas frente al menor. Explicó brevemente cada punto del monto de diez páginas, sin incluir los tres mapas que allí había. Colocó materiales escolares frente a Itachi y observó la hora. Suspiró y volvió a dar vueltas por la sala bajo la somnolienta vista del menor, buscando hacer tiempo hasta tener un horario redondo.

—Tiene seis horas para hacerlo —dijo finalmente cuando las manecillas marcaron las nueve—. Mucha suerte, joven Itachi.

El profesor se sentó a unas cuantas sillas del menor, intuyendo la renuencia del morocho sobre que un adulto se le acercara. Se preguntó si habría tenido malas experiencias como muchos otros que pasaron antes que él. Pudieron hacerle de todo, desde abusarlo verbalmente hasta abusarlo físicamente. Kisame le había dicho que no llevaba mucho tiempo en la calle, que no habían encontrado en él signo alguno de abuso físico durante su revisión médica. Tal vez sólo se tratase de un mal rato que haya pasado.

-w-w-

— ¿Cómo crees que le vaya a Itachi con el examen? —preguntó Hidan mientras balanceaba las piernas sentado en el borde del balcón. Ya se había cansado de molestar a Nagato con sus cigarrillos, por lo que poco antes de las once de la mañana arreglaron una tregua.

—Es la primer persona que conozco que quiere estudiar lo de todo un año en un mes —respondió Nagato masticando una menta—. Es inteligente, debería irle bien. Ese hombre no es un profesor estricto, creo que ha debido darle un examen que abarque todo el material de estudio pero que sea rápido de responder.

— ¿Respuesta múltiple?

— ¿Recuerdas nuestro primer examen de ese tipo?

—Te pusiste tan nervioso que lloraste a los veinte minutos de iniciar.

Nagato se mordió el labio inferior, presa de sus pensamientos. ¿Lo empujaba por el balcón? ¿Sobreviviría? A veces lo odiaba, pero en la mayor parte del tiempo lo apreciaba. Es decir, fue él quien lo ayudó en la calle; no hubiera podido aguantar una semana más solo en "El destierro". Sonrió, ya sabía qué hacerle.

— ¿Me acabas de escupir la menta al cabello? —Hidan lo miró incrédulo y molesto.

—Planeaba tirarte por el balcón, pero seguramente deberé limpiar lo que quede de tu poca masa cerebral.

Hidan sonrió de lado, quitándose la menta que resbalaba por su nuca. Miró al frente, allá, al fondo del jardín Oeste, el más pequeño del terreno. Nagato podía ponerle los pelos de punta cuando sus ojos pasaban a ser penetrantes navajas, y aunque odiara admitirlo en verdad sentía apego por él. Quería protegerlo lo más que pudiera, por eso mismo era débil contra el pelirrojo: Nagato sabía que fingir cualquier problema de salud servía para desarmar a Hidan totalmente. Quizás no era muy posible odiar y querer a alguien al mismo tiempo, mas lo haría. Con Nagato, Kisame, con cualquier persona por la que sintiera cariño. No volvería a quedarse solo.

-w-w-

Cuatro horas y cuarto pasaron antes de que el hombre se levantara a estirar las piernas. Había pasado todo ese tiempo corrigiendo otros papeles, haciendo anotaciones, revisando su celular. Por primera vez en años un alumno no le pedía ayuda para la evaluación. Como profesor debería sentirse satisfecho, si no fuera porque no le enseñó nada; el mismo joven había aprendido todo por su cuenta.

Caminó un poco, analizando los cuadros que había en las paredes. Los del estilo barroco los prefería por sobre los demás. Hasta llegó a preguntarse por qué Kisame tenía arte abstracto enmarcado y colgado, siendo que eran figuras sin sentido. Podría decirse que no era aficionado al arte moderno.

Se quejó ligeramente cuando su rodilla sonó, riendo bajo mientras se sentaba para masajear el adolorido hueso. Entre tanto miraba al morocho. No veía nervios, ni tensión ni vergüenza por no conocer alguna respuesta. Ante sus ojos había un joven adormilado que sin previo aviso golpeó el puño contra la mesa y apoyó la frente contra ésta. Se acercó rápidamente a cerciorarse de que se encontrara bien así no lo pareciera.

— ¿Te encuentras bien? Itachi, ¿qué pasó?

Sorpresivamente el morocho levantó la cabeza y continuó leyendo todo mientras jaloneaba con su otra mano el grueso sweater que llevaba por el frío de la mañana. Sabía que algo le dolía, pero el profesor no podía asegurar qué. Insistió en sus preguntas hasta que consiguió una respuesta quejumbrosa.

—Cuando hay mucha humedad...me duele una cicatriz que me hice de niño. Es todo.

—Ya veo; a mi hija le pasa lo mismo —añadió con una sonrisa antes de volver a su lugar. No terminó de sentarse que Itachi apareció a su lado, entregándole todas las hojas—. ¿Ya? Te quedan poco menos de dos horas, ¿no quieres revisarlo?

Se encontraba incrédulo, ¿para qué fingir que no? Incluso cuando daba tiempo de sobra a sus otros alumnos, éstos mendigaban unos minutos más, y ahora que le había dado seis horas a uno, ¿no quería revisar? Miró las hojas atentamente, una por una, sin saltearse ninguna. Cada punto estaba hecho, los mapas parecían estar bien. Ahora sólo quedaba asegurarse que cada respuesta estaba correcta. Quiso volver a insistirle a Itachi, pero éste ya se encontraba en la silla de antes. Suspiró buscando en su maletín la pluma azul.

-w-w-

La hora que Kisame aprovechó en el baño sirvió para hacerlo olvidar sus pocos problemas. Tras secarse y vestirse salió al cuarto a alimentar a sus peces. Abandonó la habitación, mirando el reloj para asegurarse que no era muy tarde. Las nueve y media, su hora habitual de despertarse.

Se dirigió hacia la cocina mientras sacaba su celular, deteniéndose en medio del ancho pasillo, a la expectativa. Cuando frente a él pasaron las dos figuras más escandalosas de la casa, continuó camino, manteniendo apretado el botón siete del móvil.

Saludó a cuanto empleado se cruzaba antes de conseguir que le atendieran. Entró a la cocina, buscó una lapicera mientras hablaba y anotó una fecha en el calendario de la mesada. Tras cortar tomó asiento frente al desayuno que le habían servido. Agradeciéndolo, claro está.

Mientras comía pensó todo lo que tenía para el día. Bufó cansado, la verdad que no tenía ganas de encontrarse con ningún socio, pero por suerte recordó que se trataba de un buen amigo. Habría problemas entre éste y Hidan, como siempre, ¿aunque quién no se llevaba mal con el rebelde mujeriego?

Asintió a Hidan cuando éste entró, cerca de las once de la mañana, a modo de bienvenida. El menor se sentía relajado y en paz mientras agarraba algo de comer de lo que había sobrado en la heladera. Tomó asiento cerca de Kisame, ocupándose cada uno en lo propio.

— ¿Qué has hecho con Nagato? —preguntó el mayor con un suave tono de voz que rozaba entre la curiosidad y la diversión. Sabía que nada que Hidan pudiera hacer lastimaría al pelirrojo, pero alguna que otra broma entre ellos terminaba con varios moretones.

—Cuando conseguí esconderme de él corté sus cigarrillos por la mitad. Acabará un paquete entero tratando de recuperar lo perdido, pero lógicamente no será lo mismo. Luego hicimos una tregua.

—Tus soluciones para que deje de fumar a veces me parecen algo estúpidas —comentó riendo—. Ya verás que en un tiempo lo dejará, así como lo hiciste tú. Él en algún momento tomará consciencia.

—Será inteligente, pero a veces ese miope puede ser un idiota cabeza-dura.

Kisame rodó los ojos justo antes de tomar su taza de café. Mientras bebía repasaba los últimos hechos relevantes de las semanas pasadas; Itachi destacaba básicamente en todos sus recuerdos. Luego de haber conocido a tantos chicos y chicas diferentes, en todas formas, alturas y edades, supuso que Itachi sería otro de esos retos para "acomodarlo" a la sociedad. O como pasaba en algunas ocasiones: alguno de sus socios le caerá mejor que él mismo e Itachi decidirá si irse o no con él o ella. Con TenTen así había pasado y conocía otros casos, como el de su socio Minato.

— ¿Cómo le fue a la comadreja en su examen? —preguntó Hidan, creyendo que Itachi ya habría terminado.

—Aún no lo sé. ¿A qué hora llegó el profesor?

—Como a las ocho y media. Supongo que habrá desayunado y luego de eso fueron a la sala de reuniones —respondió mojando un pedazo de pan en leche mientras sonreía de lado—. No sé realmente qué hicieron luego de que me escapé de Nagato.

— ¿No puedes pasar un segundo sin molestarlo? —preguntó riendo.

—Estoy aquí, ¿no?

Kisame negó levemente, sonriendo. Se levantó a buscar una gran taza de café, pensando seriamente que no almorzaría pesado, sino algo ligero. Pero con su socio que llegaría debería mandar a preparar algo sencillo por si Kakuzu no había probado bocado. Buscó el periódico sobre un estante, se sentó y se perdió en las noticias sobre economía. Mientras tanto, Hidan leía más entretenido que nunca a su lado.

¿Cuánto pasaron en silencio? ¿Dos horas? Les asombraba lo mucho que podían estar en calma cuando se dedicaban a la lectura. Kisame torcía de vez en cuando la boca según pasaban sus ojos las palabras. Algunas eran buenas noticias, otras estupideces dichas por políticos y hombres y mujeres de alto rango. ¿Qué lograron reducir el desempleo y a los sin-techo? Todo ese trabajo fue hecho por él mismo y por sus colegas. No buscaba reconocimiento por ello pero le ponía de los nervios que esa gente pudiera dar la cara y vanagloriarse por algo que no debería haber en primer lugar.

Cerró el periódico y lo dejó cerca de Hidan. Éste negaba leer las tiras cómicas del final pero lo hacía a escondidas de los demás...Kisame, Nagato y media casa lo sabía. Y si no las leía, el pelirrojo se entretenía por veinte minutos con los crucigramas, sudokus o grillas de turno.

El profesor apareció por uno de los pasillos que llevaban a la cocina al mismo tiempo que un hombre mayor ingresaba por el contrario. El primero pidió hablar con Kisame y éste con algo de temor empapado en gracia lo siguió. ¿Qué tan malo podría ser dejar a un impulsivo joven con un anciano de poca paciencia?...

Hmm...Sí. Mejor apurarse.


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¡Kakuzu aparece! Adoro a este personaje~ x3 Por cierto, hace una semana se me ocurrió un fanfic paralelo a este. SasoDei, ¿qué tal? Pensé en dedicarle un cap entero aquí, pero como las ideas me llegaban ya me decidí a hacer un fic oficial para la pareja. Ambas historias van a entrelazarse en algún momento. En un par de capis, me parece, cuando Dei salga por primera vez aquí estará casi exclusivamente dedicado a él y a Itachi. Ya sabrán de qué hablo.

Amo dar spoilers x3

Nuevamente, gracias por leer. Aprovecho a contar que así como algunos personajes respetan las edades y diferencias de éstas en el fic (respecto al original), habrá muchos más que no lo hagan, como Deidara. Y también me di cuenta del asombroso OoC que tiene este fanfic en general...Sí, de nuevo Deidara está implicado en ello. No me odien x3

"Es mejor escribir para ti y no tener público, que escribir para un público y no tenerte a ti".

Cyril Connolly.

Próxima actualización: Marzo 22.

Sábado 8/3/2014