ESTADO: NUEVO
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro El diente de león. Regalo para Elenear28.
CAPÍTULO 2: SI NO FUERA POR EL BEBÉ
-PARTE IV-
POV PEETA
-Tal vez yo también pensaría eso, Caesar –Digo preocupado. –Si no fuera… por el bebé.
Cierro los ojos, cuando los abro unos segundos más tarde es ante la pregunta del entrevistador.
-¿Estás diciendo…?
-Katniss y yo seremos padres. –Digo con convicción y tristeza. Y con culpa ¿Por qué no debería sentirla? Fuimos irresponsables y de sólo pensar que no entraremos los dos solos a la arena siento terror.
He encendido la mecha de una bomba que los propios vencedores han estado construyendo con la esperanza de que alguien pudiera detonarla. En el fondo creo que era esperable que fueran los Trágicos Amantes del Distrito Doce quienes causarán impacto. Katniss con sus trajes y su declaración oficial de amor, y yo con mi ingenio.
Mientras la bomba explota, envía acusaciones de injusticia y barbarismo y crueldad en todas direcciones. Incluso la persona más amante del Capitolio, más hambrienta de Juegos, más sedienta de sangre, no puede ignorar, por lo menos durante un instante, que horrible es todo esto.
Una embarazada en la arena.
El público no puede asimilar la noticia inmediatamente. La noticia tiene que golpearlos y asentarse y ser confirmada por otras voces antes de que empiecen a sonar como una horda de animales heridos, gimiendo, chillando, pidiendo ayuda.
Veo a Katniss por una de las pantallas, llorando. Quiero ir con ella y consolarla. Disculparme por lo irresponsable que fui y por haber dicho estas mentiras. Veo cierta sorpresa en sus facciones, como si estuviera considerando mis palabras, que se pueden convertir en una realidad.
Caesar ya no puede reinar sobre la multitud, ni siquiera cuando suena el zumbido. Hago un gesto de cabeza como diciendo adiós.
Ahora la suerte decidirá si está del lado de mi prometida o no. Hice todo lo posible para que el público se conmoviera por ella.
Vuelvo a mi lugar, pero antes de que me siente, Katniss se lanza hacia mí, sujetándome del cuello y dentro de mi corazón sé que no es para las cámaras. Beso su hombro, llorando en silencio, mojando su piel con mis lágrimas, Katniss también llora y entierra su rostro en mi hombro.
-Lo siento. –Murmuro en voz baja y contra su piel y para que sólo ella escuche.
-No te debes disculpar. Te amo. –Me dice.
-También yo.
De fondo el descontrol se ha apoderado del ambiente y ya no se sabe que dice cada persona, porque todas las voces, gritos y llantos se entremezclan.
Nos separamos dándonos un corto beso y enfrentamos al público con lágrimas corriendo por nuestros rostros.
Alzo la mano hacia Katniss y unimos nuestras manos. Ella toma el muñón de Chaff y poco a poco todos hacen lo mismo. Yo en cambio tomo la mano de la persona que tengo delante. Finnick Odair. Me mira de reojo y sonríe un poco con un especial guiño de ojo. No me cuesta llegar a la conclusión de que él se quedó impresionado de la bomba que solté y efecto que tuvo entre la gente del Capitolio. Mis confesiones fueron el broche final para hacer que todo el mundo se pusiera en contra de las tradiciones del Capitolio y dejarán de ver los juegos como un entretenimiento y pasaran a verlo como lo que realmente es, una tragedia… algo cruel e inhumano.
POV KATNISS
Desde que Peeta confiesa que nos casamos en secreto y que estamos esperando un hijo, todo se vuelve caos. Ambas cosas son mentira y ahora entiendo porque no se atrevió a dirigirme ni una mirada minutos atrás. Miedo de que me molestara con él o de que sospechara lo que pensaba hacer. Pero no estoy molesta.
Yo lo amo y siento tristeza porque ninguna de esas cosas es real. Porque me escondí bajo de miles de capas que me protegían de cualquier cosa que fuera sentimental. Porque tal vez de casarnos, podría haberlo hecho feliz a él.
Un hijo en las circunstancias actuales es un mal plan, pero lamentablemente caigo en la cuenta de que no nos hemos protegido cuando hicimos el amor, y de que mi peor miedo, tener hijos para luego perderlos en los juegos se puede convertir en una realidad. En el fondo de mi mente, me digo que no importa, que quede embarazada o no, eso no cambiará mi decisión de mantener a Peeta a salvo y con vida. Me sacrificaré por él o moriré con él, porque una vida sin mi Chico del Pan es impensable.
No sé en qué momento empiezo a llorar. Me doy cuenta por la pantalla que me enfoca. No me molesto en borrar los rastros de lágrimas. Solamente lo miro a él acercarse nuevamente a mí. No le doy tiempo a que se siente y ya lo estoy abrazando. Ambos lloramos sobre el hombro del otro varios minutos.
-Lo siento. –Murmura contra mi piel.
No entiendo porque se está disculpando. ¿Por lo que dijo? ¿Por la posibilidad de embarazo?
-No te debes disculpar. Te amo. –Contesto.
-También yo.
Siento sus lágrimas mojando mi hombro descubierto. Acaricio su cabello atrayéndolo más hacia mí consolándolo.
¿Es una señal de que ha sido perseguido por los mismos miedos que yo? ¿Que cada vencedor? ¿Que cada padre en cada distrito de Panem? ¿Qué él también temía perder a sus hijos en los juegos? ¿Qué recién ahora se da cuenta que nunca habrá boda y nuestro tiempo juntos acabará pronto?
Sólo el atronador himno, sonando tan alto que puedo sentirlo vibrando en mis huesos, nos hace saber cuál es nuestro lugar en el programa. Nos separamos, pero antes nos damos un beso. No estamos solos, nos cuidamos mutuamente.
Uno al lado del otro nos tomamos de la mano, todavía con signos de haber llorado.
Me vuelvo espontáneamente hacia Chaff y le ofrezco mi mano. El resto de los vencedores empiezan a unir las manos. Por esta noche al menos somos un equipo.
Siento mis dedos cerrándose alrededor del muñón que ahora completa su brazo, y me agarro con rapidez.
Algunos al instante, como los adictos a la morflina, o Wiress y Beetee. Otros inseguros pero atrapados por las exigencias de aquellos a su alrededor, como Brutus y Enobaria. Para cuando suenan las últimas notas del himno, los veinticuatro estamos de pie en unas filas irrompibles en lo que debe de ser la primera muestra de unidad entre los distritos desde los Días Oscuros. Puedes ver como se dan cuenta de esto cuando las pantallas empiezan a apagarse. Sin embargo, es demasiado tarde.
En medio de la confusión, no nos cortaron a tiempo. Todos lo han visto.
Ahora también hay desorden en el escenario, mientras se apagan las luces y volvemos al Centro de Entrenamiento. He perdido mi agarre de Chaff, pero Peeta me guía hasta un ascensor llevándome alzada entre sus brazos fuertes, cuando tropiezo a causa del vestido y los incómodos tacos.
-Sujétate bien, Preciosa. –Lo hago, rodeo su cuello con mis brazos y entierro mi cabeza en su pecho.
Finnick y Johanna tratan de unirse a nosotros, pero un agente de la paz atribulado bloquea su camino y subimos solos. Peeta me pone en el suelo y aprovecho para quitarme los tacos y evitar accidentes innecesarios por mi torpeza. No sé como Effie anda todo el día con ellos sin caerse.
-¿Te hiciste daño? –Me pregunta.
Yo le sonrío desde mi posición en suelo.
-Me sostuviste antes de que cayera. Estoy bien.
En cuanto salimos del ascensor, Peeta me aferra los hombros.
-No hay mucho tiempo, así que dime. ¿Dije o hice algo que te molestó?
-Nada. Tranquilo, Peeta.
-Debimos ser más responsables. Fui un idiota.
-No lo fuiste. Eres la persona más adorable del mundo. Ambos estuvimos de acuerdo ¿recuerdas? Decidimos hacerlo casi sin pensarlo, pero fue responsabilidad de ambos. No importa lo que pase, estaremos juntos…
-Por siempre. –Completa y me abraza demostrándome que está tan asustado como yo.
Esperamos a que regresen los demás sentados en el sofá pegados el uno al otro, pero cuando se abre el ascensor, Haymitch aparece solo.
-Allí fuera es una locura. Todos han sido enviados a casa y han cancelado la repetición de las entrevistas en televisión.
Peeta y yo nos apresuramos a ir a la ventana e intentamos encontrarle algún sentido a la conmoción muy por debajo de nosotros en las calles.
-¿Que están diciendo? –Pregunta Peeta. – ¿Están pidiéndole al presidente que paré los Juegos?
-No creo que ni ellos mismos sepan que pedir. Toda la situación no tiene precedentes. Incluso la idea de oponerse a la agenda del Capitolio es una fuente de confusión para la gente de aquí. –Dice Haymitch. –Fue un buen intento de parte de todos. Pero de ninguna forma Snow cancelará los Juegos. Lo saben ¿verdad?
Miro a mi mentor desde la protección que me brinda en cuerpo de Peeta. No me quiero apartar de él nunca más. Peeta besa mi frente y me promete que me protegerá, pero no quiero que me proteja, quiero que viva.
Por supuesto, el Presidente Snow jamás se echará atrás. La única opción que le queda es devolver el golpe con fuerza. Me querrá arrebatar la única vida que me importa, la de Peeta y después cuando me vea completamente rota, acabará conmigo.
-¿Los otros se han ido a casa? –Pregunto.
-Se lo ordenaron. No sé qué suerte estarán teniendo para pasar entre la multitud. ― Dice Haymitch.
-Entonces nunca volveremos a ver a Effie. –Dice Peeta. No la vimos en la mañana de los
Juegos el año pasado. –Dale las gracias de nuestra parte. –Es raro que Peeta actúe así, pero debe estar muy asustado y triste porque nada de lo que hicimos funcionó. Se resigné a la tonta idea de que nos salváramos los dos y que los juegos serían cancelados por mi "embarazo".
-Más que eso. Hazlo especial de verdad. Es Effie, después de todo. –Digo yo. –Dile cuanto la apreciamos y que fue la mejor escolta y amiga que pudimos haber tenido y dile… dile que le mandamos nuestro amor.
Durante un rato nos quedamos ahí en silencio, retrasando lo inevitable. Después
Haymitch vuelve a hablar.
-¿Es verdad?
-¿Qué cosa? –Pregunto.
-Bebé.
-Tal vez pueda serlo. –Responde Peeta –No nos cuidamos, Haymitch.
-¡Oh, chicos! –Exclama con pena hacia nosotros.
-No debimos actuar así, lo sabemos. –Contesta él con culpa en su voz.
Un bebé se hace de a dos ¿por qué se sigue echando la culpa? Yo fui tan responsable como él. No me forzó a nada.
Haymitch nos abraza a ambos y susurra:
-Les prometo que estarán bien. Los salvaré.
Peeta y yo nos quedamos sorprendidos por el comentario, ya que no puede salvarnos a ambos está vez. Y hoy Peeta desechó cualquier ínfima posibilidad que tengo de mantenerlo con vida. Lo cual no significa que no lo siga intentando.
-Supongo que aquí también es cuando nos decimos adiós.
-¿Algún consejo de última hora? ― Pregunta Peeta.
-Sigan vivos. ― Dice Haymitch con aspereza. Con nosotros ahora eso es casi como un viejo chiste. Nos da un abrazo rápido a cada uno esta vez, y puedo ver que eso es todo lo que puede soportar. ― Vayan a la cama. Necesitan descansar.
Sé que debería decirle un montón de cosas a Haymitch, pero en realidad en mi garganta hay semejante nudo que en cualquier caso dudo que fuera a ser capaz de decir nada. Así que, una vez más, dejo que Peeta hable por los dos.
-Cuídate, Haymitch. –Dice.
Haymitch se empieza a alejar y yo me suelto de Peeta para ir con mi mentor. Lo vuelvo a abrazar.
-Sálvalo, por favor.
-¿Sin importar que haya bebé?
-Sin importar eso. No podría vivir sin Peeta.
-Lo sé, Preciosa. Pero, no eres la única que piensa así.
Hablamos en murmullos ignorando a Peeta que está varios metros más allá.
-Protégelo a él. Lo merece más que yo. –Insisto.
-De acuerdo. –Acepta. –Traten de disfrutar de su última noche, mañana será un día duro.
De reojo veo como mira a Peeta, quien nos observa con desconfianza. Lo sabe, y yo lo sé. Nos sacrificaremos por el otro mutuamente. Ambos les pedimos a Haymitch que salvara al otro y no a nosotros mismos.
Haymitch besa mi frente y vuelvo con Peeta. Quien rodea con sus brazos, no dispuesto a alejarse de mí nuevamente.
Cruzamos la sala, pero en el umbral, la voz de Haymitch nos detiene.
-Cuídense los dos. –Nos pide. –Y Katniss, cuando estés en la arena… –Empieza. Luego se detiene, frunciendo el ceño de tal manera que estoy segura de que ya lo he decepcionado.
-¿Qué?
-Recuerda quien es el verdadero enemigo. –Me dice Haymitch. –Eso es todo. Ahora sigan adelante. Márchense de aquí.
Caminamos por el pasillo. Peeta quiere pasarse por su habitación para ducharse y quitarse el maquillaje, y encontrarse conmigo en unos minutos, pero no dejo que lo haga. Estoy segura de que si una puerta se cierra entre los dos, se quedara cerrada y tendré que pasar la noche sin él y no quiero desaprovechar ni un minuto de su compañía. Además, tengo una ducha en mi habitación. Me niego a soltarle la mano.
Me empiezo a desvestir cuando Peeta va al baño y cuando sale estoy con una bata puesta.
Me meto al baño tras intercambiar un beso con él. Pienso mucho en lo que me sucedió hoy mientras me doy una ducha y tomo una decisión. No quiero que todo lo que dijo sea una mentira. Si nos quedan sólo unos días de vida juntos, quiero que sea como esposos. Yo lo amo, él me ama y pensamos sacrificarnos por ese amor que sentimos. Así que porque no unirnos simbólicamente como marido y mujer. Yo sé cuanto deseaba casarse conmigo –hasta Haymitch me lo dijo –, los años que esperó tenerme entre sus brazos y que nunca más me alejara de su lado. Él no dejó de demostrarme lo mucho que me amaba y que daría su vida entera por mí, que aceptaba que no sintiera amor por él, pero que no quería que me fuera de su vida. Pero yo siento lo mismo desde hace mucho tiempo antes de los juegos, sólo como una estúpida me negué aceptarlo hasta hace poco tiempo. Pero ya no lo negaré, quiero que él sepa que lo amo de todas las formas existentes y se lo demostraré aceptando su propuesta de matrimonio y convirtiéndola en una completamente real.
Peeta está vestido con su ropa de dormir ya acostado en la cama. Él se da vuelta sobre la cama con algo en su mano y yo entro al closet para buscar algún pijama. Es en ese momento que veo unas cajas sobre una silla y hay un sobre encima con mi nombre
Katniss,
El contenido de las cajas es para una ocasión especial. He visto como tú y Peeta se comportan desde la Gira de la Victoria, las cosas que me has contado por teléfono y en persona. La gente puede no creer en ustedes, pero yo sí. Después de los acontecimientos recientes Portia y yo decidimos dejarles un regalo de nuestra parte. Si deciden dar este paso importante como pareja les dejamos la ropa para la ocasión. Los teníamos guardados y pensábamos dárselos cuando se casaran y pudieran usarlo para la ceremonia privada según lo que dicta la tradición del Distrito Doce. Todos sabemos que a ti y a Peeta no les gusta lo ostentoso. El vestido y traje son muy simples. Así que espero que les guste.
Nuestros mejores deseos. Estamos muy orgullosos de ustedes, no lo olviden nunca. Fue un placer servirles y ayudarlos este año.
Con amor,
Cinna.
P.D.: Sigo apostando por ti, Chica en Llamas. Puedes conseguir todo lo que quieras si te lo propones.
Abro las cajas y veo un vestido blanco, largo y con cola de seda blanca. Es reforzado en la zona del pecho y una faja debajo del mismo. Es hermoso y simple. Mi estilista no me lo dio para que me lo probara, seguro era demasiado simple para un capitolino, pero para mí es perfecto. La segunda caja contiene un traje blanco de hombre, pero sin chaqueta, solamente camisa y pantalón.
-Están en todo nuestros estilistas.
Sonrío y sin quitarme la bata salgo decidida a enfrentar a Peeta.
Tiene la mirada fija en unas hojas y sonríe. Cuando me ve acercarme, se sienta en la cama y me hace espacio.
-¿Por qué no te vestiste todavía?
Pregunta amablemente. Me encojo de hombros.
-¿Qué estás mirando con tanto interés?
Me siento a su lado y él me pasa lo que está viendo. Me quedo sorprendida viéndome a mi misma con diferentes vestidos de novias. Son las fotos de mi sesión fotográfica para la boda.
-¿Qué haces con esto?
-Se las pedí a Portia. Quería verte, con todo lo ocurrido no terminé de ver la sesión en la televisión, ni siquiera las repeticiones. Sentía curiosidad ¿te molesta?
-¿Qué me molestaría?
-La boda que jamás se realizará. Y que yo haya querido verte con todos estos hermosos vestidos.
Niego con la cabeza.
-No, ¿por qué preguntas?
-Por nada. –Contesta esquivando la pregunta.
-No te creo.
-¿Crees que nuestra relación hubiera funcionado si nosotros… nos hubiéramos casado oficialmente? ¿Si no tuviéramos que volver a los juegos?
-Sí, hubiera funcionado. –Digo segura. –Nos amamos ¿no? Siempre fui complicada pero desde que nos reconciliamos en la Gira de la Victoria estuvimos juntos todo el tiempo y te respeté. Nos hemos besado más beses de las que recuerdo, pasábamos todo el tiempo juntos incluso para dormir y nos conocimos mucho más. No me arrepiento de nada, Peeta.
Sujeto su mentón con mi mano y lo obligo a mirarme.
-No me arrepiento de todo el tiempo que estuvimos juntos, no me arrepiento de hacer el amor contigo. Me arrepiento de no haberme permitido reconocer que siempre te amé, que en realidad nada fue actuación, que mucho de lo que pasó en los primeros juegos fue real, y lamento no haberte dicho antes lo mucho que te amo y te amaré hasta que muera.
-Katniss…
-Déjame terminar. –Interrumpo porque sé que si habla me echaré atrás. –No quiero que lo dijiste sea un mentira. Podemos hacerlo real si tú estás de acuerdo. ¿Tú me sigues amando lo suficiente para casarte conmigo esta noche?
