Akatsuki no Yona
Yona/Hak
Capitulo VI
Yona pensaba que era lo natural que quien estuviese al lado de la chica que se había tropezado, le ayudara a levantarse, además con ella Hak siempre tenía esa clase de delicadezas, por lo que era muy posible que aquella consideración por el prójimo fuera algo intrínseco en él, pero… ¿por qué le había tenido que sonreír? ¿Por qué había dejado que esa chica se apoyara en él una vez que ya se encontraba de pie?
La imagen no había sido agradable de ver, e intentó distraerse con lo que podía concentrándose en las materias que eran cubiertas en clases, no obstante por más que intentó, su real atención regresaba a aquella escena que involucraba a quien decía ser su novio, pero que no actuaba como tal… ¿para qué le había dicho a su hermano que ellos salían si ni siquiera se detenía a hablar con ella cuando la veía? Por más que lo intentó, no logró dar con una respuesta que explicara lo que estaba pasando por su cabeza: la forma en la que Hak obraba era misteriosa, y se atrevía a calificarla como absurda porque se contradecía, por lo que decidió ignorar todo lo concerniente a él. No podía darle más cabida en su vida si él se comportaba de esa manera tan ambivalente.
Sin embargo por más que tomara esa resolución, sus ojos buscaban por él en los espacios comunes del instituto sin su consentimiento.
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—Hija, ¿quieres ir conmigo a China? Es sólo una semana —la invitó su padre.
Siempre había querido acompañar a su padre en sus viajes, por lo que la idea le entusiasmó de inmediato.
—¿A China? ¿Una semana? ¡Me encantaría! —exclamó.
Su padre sonrió y ella recordó algo que hizo que aquella alegría se esfumara, y a su padre a percatarse que algo no andaba bien.
—¿Qué pasó? —indagó preocupado.
—Tengo clases… —le recordó ella.
—Lo sé, puedes faltar… tienes una asistencia perfecta y podemos contratar a un maestro que te instruya en lo que haga falta a tu vuelta —propuso él —. No hemos estado juntos por causa de mi trabajo, pero, ¿de qué me sirve trabajar tanto si no puedo estar con mi única hija?
Yona se emocionó. Le hacía tanta falta sentirse apreciada, que abrazó a su padre con fuerza.
—Gracias papá —agradeció —. Yo también quiero estar contigo, pero no creo que sea bueno que falte a clases…
—¿Has hecho amigos, Yona? —quiso saber él.
La esperanza de su padre era que ella conociera a más personas y se relacionara con gente de su edad, pero no había conseguido un solo amigo en el tiempo que llevaba ahí.
—No… —reconoció.
—¿Lo has intentado? —indagó más a fondo.
—No… —admitió.
Podía percibir la preocupación de su padre, por lo que se apresuró a agregar algo más.
—Trataré de ser un poco más de ser amigable —prometió.
—Si lo intentas y de verdad lo que quieres todo es —agregó su padre.
—¿Cuándo te vas? —consultó.
—Pasado mañana —le informó.
—¿Cenaremos juntos mañana? —preguntó.
—A no ser que nuevamente prefieras comer donde tu novio… —la molestó.
—¡No! —contestó con rapidez.
Su padre comenzó a reír con su reacción.
—No me di cuenta cuando te hiciste tan grande, Yona y eres tan bonita… —dijo su padre con orgullo —. Hasta mañana, hija. Descansa
Se despidió de él y se fue a su habitación, con una extraña sensación en el pecho. De pronto el viaje de su padre no le pareció tan buena idea.
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Al llegar al instituto y ver a Hak tan pronto colocó un pie en las inmediaciones, tomó la oportunidad de decirle lo que realmente pensaba acerca de sus saludos.
—Has como si no me conocieras, ¿podrías? —solicitó.
Hak tenía una expresión indescifrable en su rostro.
—¿Por qué? —quiso saber.
—¿Te parece que lo que haces tiene algún sentido? —interpeló ella —. Te comportas de un modo que no comprendo y no tengo interés en llegar a hacerlo.
—¿Te molesta? —consultó.
La respuesta era evidentemente un sí, era por esa razón que lo había encarado en primer lugar.
—Te molesta… —aseveró él —. ¿Y cómo debería saludarte, princesa?
Tenía su completa atención y podía sentir su mirada en ella. Él estaba esperando una respuesta y Yona no tenía una.
—Quizás un apretón de manos como en occidente… —sugirió.
Él tomo su mano, dejándola sin palabras ante la sensación que la recorrió cuando su piel entró en contacto con la suya.
¿Por qué le gustaba esa sensación? ¿Y por qué era él quien la despertaba?
Si Hak no hubiese apretado su mano, ella posiblemente hubiese continuado cuestionándose cosas que no estaba segura de querer obtener una respuesta honesta. No sabía si estaba lista para aceptarlo.
—¿Preferías la manera de antes? —indagó —. ¿Con un beso?
Continuó sujetando su mano, pero había pasado de simplemente sostenerla a entrelazar sus dedos, acercándose peligrosamente hacia ella, quien se sintió paralizar. Se suponía que tendría que rehuir de aquella proximidad, pero no podía.
—Ni siquiera tú sabes qué es lo que quieres… —determinó él.
Hak no se acercaba y tampoco se alejaba. Se quedó a una distancia que sólo dos personas que comparten intimidad mantendrían sin sentirse incómodos. No creía haberlo visto tan fijo antes, y cada rasgo que descubría le gustaba. El conjunto de todas esas facciones lo convertían a él en un hombre atractivo que conseguía acelerarle puerilmente el corazón.
—¿Recuerdas lo que te dije cuando fuiste a mi casa? —habló él finalmente.
Eran demasiadas las cosas que él había dicho ese día, no obstante ella comprendió sin dificultad a qué se refería, porque en esa oportunidad habían estado a una distancia similar; podía escoger entre desviar el tema o enfrentarlo, pero se delató a si misma antes de darse cuenta de que tenía esa opción.
—Sí —accedió ella.
Se sorprendió con el tono de voz que emergió desde lo más desconocido de su persona.
—¿Y qué harás? —investigó él.
Él esperó un momento, y de seguro la posición en la que estaban no era confortable, porque comenzó a erguirse y esos centímetros de distancia permitieron que sus impulsos la guiaran.
Ella quería ser besada, él le había dicho que no lo volvería a hacer y él se había mantenido fiel a esa promesa. Yona se inclinó y tomó lo que él le había dicho que obtendría si se atrevía, y no tardó sentirse correspondida. Pudo sentir que sus manos recorrieron su espalda con decisión, haciendo que la sensación hormigueante que se concentraba particularmente en su estómago, se expandiera por toda su piel.
Desde hacía unos segundos que batallaba con Hak; no estaba segura de qué hacer, antes nunca se había visto involucrado ese húmedo órgano muscular. Intentó en un comienzo expulsarlo, no obstante él se mantuvo firme. Cerró los ojos y buscó acercarse más, su intento fue bien recibido por él, quien buscó apoyo en un árbol que no había notado que estaba tan cerca. Él continuó moviendo su lengua y entonces ella comprendió que no tenía que expulsarlo, sino que si sus movimientos eran más lentos y acompasados, el roce de su legua con la de él creaba una fricción que resultaba adictiva.
No creía que pudiera acostumbrarse a esa sensación, pero cuando había comenzado a disfrutarla, escuchó el timbre que indicaba el comienzo de la jornada escolar, haciendo que ella interrumpiera con brusquedad la unión recientemente iniciada. No había querido terminar tan abruptamente el beso, pero se había exaltado, como si el timbre la hubiese descubierto haciendo algo que no debía.
Temía verlo a los ojos, pero se armó de valor y lo hizo, encontrándose con que él estaba sonriendo y eso le generó tranquilidad, haciendo que se destensara.
—¿Tienes alguna evaluación? —preguntó él.
Ella negó con rapidez.
—Yo tampoco… —agregó él —. Entonces… ¿podrías permitirte no ir?
Yona no era partidaria de escaquearse las clases estando en el instituto con ese único propósito, pero en esa oportunidad no tenía dudas, porque aunque fuese a clases estaba segura que no podría concentrarse.
—Sí… —respondió.
Era la respuesta que él esperaba porque su sonrisa sólo se amplió. Tomó su mano y escondiéndose de los alumnos rezagados que corrían con la firma convicción de que lograrían llegar a sus salones antes que sus maestros, él la guio por un camino que no era el habitual, uno que dirigía a uno de los jardines prohibidos durante las horas lectivas: ningún alumno podía ser sorprendido en ese lugar si no era durante un receso.
—¿No nos meteremos en problemas —quiso saber ella.
—¿Quién sabe? —respondió con desdén —. No me importa eso ahora…
No alcanzó a decir otra cosa, porque él volvió a besarla y ella no hizo protesta alguna. Continuaron justo donde lo habían dejado tras el sobresalto del timbre.
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Al segundo bloque, Yona no podía dejar de pensar en lo que poco tiempo antes había experimentado. Su ritmo cardiaco aumentaba a medida que se acercaba la hora del receso. No habían quedado de verse, pero ella lo ansiaba. No quiso mostrarse ansiosa, por lo que cuando escuchó el aviso del cambio de hora se quedó en su puesto por un minuto que se convirtió en uno eterno. Deseaba verlo, incluso cuando habían estado juntos todo el tiempo que duró la primera hora.
Se levantó con resquemor, e intentó no mirar hacia ningún lado, pero fue inevitable buscarlo con la mirada y al no encontrarlo se dirigió al baño, con una sensación de decepción. Sintió que sería conveniente recibir una dosis de agua fría en la cara para comenzar a reflexionar con más calma.
Miró su reflejo en el espejo y no había notado que su ya de por sí alborotado cabello estaba más desordenado de lo acostumbrado e intentó arreglarlo como pudo, pero ella sabía bien que era rebelde y que no sería mucho lo que podía hacer por él.
—Quizás me vendría bien un corte… —murmuró.
Se secó las manos y a la salida se encontró con Hak, con los brazos cruzados, quien parecía molesto.
—¿Cuánto tiempo más me harás esperar? —consultó.
—No estabas cuando salí —musitó.
—¿Me buscaste? —indagó —. ¿Querías verme?
Había algo en la manera que le preguntó que parecía burlona, pero también cabía la posibilidad de que fuera sólo su impresión.
—¿Qué es lo que quieres oír? —interpeló ella.
Si todo eso era un juego ella quería seguir jugando.
—Que te arrepentiste de haber elegido ir a clases —expresó él.
Cuando había tocado el timbre para terminar las primeras horas, tuvieron una pequeña desavenencia respecto a si era apropiado seguir saltándose clases o continuar en lo que estaban.
—¿Cuando salí te escondiste para ver mi reacción? —exclamó
—Y lo lamento, porque ese tiempo que desperdiciaste en el baño pudiste haberlo ocupado conmigo —explicó
—¿Lo hiciste a propósito? —dijo incrédula.
—Yo hubiese escogido no ir a clases —justificó.
Él no tenía remordimientos por lo que habían compartido. Tampoco ella… ¿significaba eso que él quería que pasaran más tiempo juntos?
Estaban frente a frente, a poco de besarla, la había mirado antes de ese modo, por lo que sabía lo que vendría a continuación.
—Mis labios se partirían —susurró ella.
—¿Eso sería algo terrible? —se burló él.
—No se verán lindos… —argumentó.
—A mí me gustaran de todos modos —desestimó su justificación —. Y saber que fui yo quien te lo provocó…
Le pareció que él no terminó la frase con intención de no hacerlo, pero lo olvidó tan pronto sintió su cálida respiración a una escasa distancia, que apenas apreció, porque él la besó. No la abrazó del mismo modo que lo había hecho mientras habían estado lejos de las miradas de todos, pero tuvo un breve deja vu que explicaría el porqué de su pelo desordenado, porque sintió sus dedos en la nuca. Él había hecho lo mismo antes.
—Tu pelo es tan suave… —aduló él —. Siempre me pregunté cómo se sentiría tocarlo.
Esas palabras dichas con esa voz ronca, tan cerca de su oído, hizo que tomara en cuenta algo que pensó que podía ser debido a que se acercaba su periodo, pero sus pezones se sentían más sensibles al roce del sostén.
—En el próximo receso no podré venir —explicó él —. Almorcemos juntos… ¿puedes?
Era muy cortes de su parte asumir que ella tenía algo distinto que hacer, dado que era sabido por todos el hecho que ella no era precisamente la señorita popularidad.
—Creo que sí… —dijo ella dubitativa —. Revisaré.
El sector del baño estaba al final del pasillo, justo al lado de las escaleras, y aunque estaba apartado, no era un lugar que diera real privacidad. Antes se había dado cuenta de que pudieron haber sido vistos, pero no le había dado importancia, no obstante en ese momento se dio cuenta de que no estaban solos.
—¿No crees que es tarde para que te de vergüenza? —la molestó.
Hak se rio de ella sin ocultarlo.
—Te estaré esperando —le avisó él.
Ella regresó a su salón todavía avergonzada de haberse dejado llevar. No estaba acostumbrada a esa clase de cosas, pero también tenía unas enormes ganas de sonreír, no estaba segura de sí era evidente para los demás o no, pero no podía contenerlo.
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Sentía que no podía comer y beber si lo tenía enfrente de ella, mirándola como si quisiese grabar cada detalle.
—Tus labios no lucen agrietados —recalcó él.
—¿Podrías dejar de mirarme? —pidió ella.
—Podría, pero no quiero —aseguró
—Por favor… —rogó ella.
Al parecer cuando le pedía las cosas sin exigirlas, él estaba más dispuesto a oírlas.
Él se apoyó en su brazo, mirando hacia otro lado, instante que ella aprovechó de utilizar. No tenía hambre, se sentía satisfecha, pero una cosa era que tuviera esa sensación y otra muy distinta que eso fuera cierto: no había desayunado, por lo que no tenía nada en el estómago.
—Para que no se te resequen —dijo él.
Le entregó un envase que contenía un tubo que reconoció como un bálsamo labial, de los que incluso protegían de la radiación solar.
Él no la había mirado mientras se lo entregó, y pudo verlo sonrojado. Deseó tener la capacidad de recalcarlo y burlarse de él, como estaba segura que él lo hubiese hecho en su lugar, pero no pudo, su pecho se sintió hinchado al comprender lo que significaba aceptar aquello: si lo tomaba entonces se podría asumir que ellos seguirían compartiendo esa extraña relación.
Ella dirigió su mano hacia aquel colorido envase, y él atrapó la de ella que se prestaba a guardar ese inesperado presente, acariciando con sus propios dedos los de ella por unos segundos, para luego retirarlos como si él no hubiese hecho tal cosa, mirando despreocupadamente a su alrededor, pero pudo ver una pequeña sonrisa ladina en su rostro. Él se veía satisfecho.
Y ella también lo estaba…
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Yona colocó el despertador temprano, para poder despedirse de su padre quien haría un viaje ese día, pero sus planes se vieron truncados al no despertar a tiempo. La teoría que se planteaba era que ella misma se había saboteado, porque tenía un vago recuerdo de haberlo hecho. Su padre se fue y ella no había conseguido su noble objetivo de desearle un buen viaje.
Tan solo al llegar al instituto se dio cuenta de que tal vez hubiese sido mejor que no hubiese asistido. Se sentía mal desde que había despertado. Sus pasos eran más lentos, sus pechos dolían y el dolor soportable pero constante en su vientre le indicaba que era muy posible que su periodo estuviera por llegar. También estaba somnolienta… definitivamente no estaba de humor. Lo de no haberse podido despedir apropiadamente de su progenitor no la hacía sentir mejor.
Hak apareció de improviso desde atrás, y tomo su mano, yéndola a dejar a su salón, pero antes pasando por el suyo. Él no lo había dicho, pero había dejado entrever de una forma muy burda que esperaba que ella lo fuese a ver también.
Aquello compuso en parte el mal comienzo que había tenido ese día.
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Ese día salía más temprano y Hak le había avisado que tendría práctica hasta tarde. Le pareció extraño que su padre no le hubiese avisado que había arribado ya. Él nunca tenía demasiado tiempo, pero siempre se tomaba un instante para comunicarle directamente que estaba bien, y recordó la angustiante sensación del día que le comunicó su viaje.
Buscó a la mujer que era la encargada de la casa y la más antigua empleada.
—Yona, mi niña… ¿estás bien? —preguntó tan pronto la vio.
—¿Y mi padre? —preguntó poco educadamente.
—El señor está bien. Perdió su teléfono móvil en algún lugar, dijo que tan pronto obtuviera uno te llamaría.
Eso explicaba el por qué no se había comunicado con ella, y eso la dejó más tranquila.
—¿Hay algo que quieras cenar en particular? —consultó la mujer con cariño.
—No… dejaré que me sorprendas —respondió ella.
La expresión de la mujer no dejó lugar a dudas que aquella respuesta no era la que se esperaba.
—¿Qué? —quiso saber Yona que andaba mal.
—Nada… —replicó ella nada convincente.
Yona se encogió de hombros y se dirigió a su habitación, lugar del cual no salió hasta que fue hora de la comida, que para su sorpresa había resultado ser justo lo que esperaba que fuera. A veces era bueno arriesgarse, pensó. Recordó a Hak y todo le supo incluso mejor.
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Yona escuchó el teléfono a lo lejos, normalmente en el día con el ajetreo diario no se oía, pero de madrugada, cuando las cosas estaban más calmadas lo oyó. Miró el reloj digital que cumplía el propósito de decirle la hora sin tener que contar los minutos precisamente en ocasiones como esa, y eran cerca de las seis de la mañana. Muy temprano para recibir un llamado, pensó, pero el alboroto que se armó luego fue lo que definitivamente la despertó.
—¿Qué pasa? —preguntó —. ¿Por qué tanto ruido?
Los empleados estaban la mayoría en ropa de dormir, y al verla se quedaron en un silencio sepulcral.
—¿Qué ocurre? —insistió.
La mujer que era la empleada de confianza se acercó a ella. Yona la vio temblorosa, asustada y muy poco elocuentemente trató de explicarle lo que ocurría.
—No entiendo —dijo con enojo.
—¿Podemos ir a hablar a otro lado? —sugirió ella.
—¡No! —exclamó.
—Mi niña… el avión de tu padre desapareció del radar junto con toda su comitiva —informó con esfuerzo para sonar clara —. Están investigando qué pudo haber ocurrido.
Lo había oído fuerte y claro, sin embargo no podía procesarlo.
—Pero esas cosas pasan… ¿no? Todo el tiempo se extravían aviones y los encuentran…
¿Por qué nadie le decía que sí? ¿Por qué nadie ahí le decía que todo iba a estar bien y que sólo era una circunstancia?
—Su tío y su primo fueron avisados, ellos llegarán pronto —indicó otro empleado.
—¿Y por qué vienen ellos? —dijo ella molesta —. ¿Quién los llamó?
No se quedó a oír una respuesta, y se dirigió a su habitación. Su lugar seguro.
Destruyó el teléfono celular al estrellarlo contra la pared cuando intentó llamar a su padre y este sonó que estaba fuera de la cobertura. Rompió tras eso todo lo que brillara y no le permitiera una oscuridad absoluta en su habitación.
Nadie la molestó, y cuando se cansó de llorar, se quedó dormida, todavía oyendo los pasos de las personas afuera, pero que no pudieron impedir que los ojos le pesaran cada vez más…
Despertó en medio de la oscuridad, recordando de pronto lo que había pasado en la madrugada. Se había quedado dormida pero no había soñado nada. Tampoco se sentía como si hubiese descansado realmente.
—¡Yona!
Desde hacía un rato que había escuchado su nombre ser mencionado, pero con el aturdimiento de un despertar tan violento había olvidado que alguien la estaba llamando.
—¡Yona! ¿Estás bien? —consultó.
Esa era la voz de Soo-Won, quien recordó había sido llamado por la gente de la casa. Buscó su teléfono y extrañamente no lo encontró, y el recuerdo de haberlo visto dividirse en cinco partes llegó a ella como un relámpago.
Se levantó y abrió la puerta sin siquiera tomarle el peso que era su primo quien la miraba. El hombre que a ella tanto le había gustado toda su vida, viéndola en ese estado.
—¿Hay noticias? —preguntó con miedo.
Soo-Won movió la cabeza de manera negativa, confirmando sus temores.
Ella vio como él seguramente se acercaba a consolarla, pero ella no quería eso. No quería que nadie la tocara o le dijera cosas que no quería creer.
—¡No me toques! —pidió —. ¡Mi papá está bien…! ¡él está bien!
Regresó a su habitación y no hizo caso cuando la llamaron a la puerta en incontables oportunidades.
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Sentía hambre, pero se negó a abrir la puerta. Incluso habiendo reconocido la voz de su primo y de la ama de llaves. No tenía idea de cuántas horas habían pasado, no podía ver el exterior, y temía prender la televisión.
Desde hacía un tiempo que nadie intentaba que abriera. Aparentemente habían comprendido su deseo de no querer ver a persona alguna.
—¡Déjenme verla! ¿Cuál es su habitación?
El grito enfurecido interrumpió el sospechosamente tranquilo ambiente que se apreciaba desde el interior de su habitación.
—Suéltenlo —ordenó Soo-Won -. A ti te vi en la fiesta que hubo acá… ¿eres amigo de ella?
No había reconocido la otra voz hasta que dijo lo siguiente.
—Soy el novio de Yona, me llamo Hak —se presentó —. Y quiero verla.
¡Hak había llegado! Había pensado en él, fue cuando se arrepintió de haber roto su teléfono.
—¿El novio de Yona? Sí, creo que mi padre me habló de ti —agregó —. Ella no ha querido abrir la puerta desde esta mañana.
¿Sólo había pasado hacia unas horas? Le era difícil de creer que el tiempo que llevaba encerrada en su habitación, el cual se sintió como días, en realidad hubiesen resultado ser horas.
Pudo sentir unos pasos que se acercaban a la puerta, y ella abrió la puerta y tiró de Hak hacia su habitación.
—Princesa… —dijo él.
Había prendido la luz y pudo ver su expresión afligida al verla.
—Sácame de aquí —solicitó —. No quiero estar acá… todos quieren que crea que mi papá no volverá.
—¿Dónde quieres ir? —quiso saber.
—A tu casa —contestó.
No necesitó decirle otra cosa. Él asintió.
—Lleva algo de ropa —sugirió Hak.
Ella no había pensado en eso, ella sólo quería escapar, sin embargo le hizo caso, en un bolso metió lo que pensó sería necesario luego.
—¿Hay alguna salida alternativa? —consultó él.
—¿Y por dónde entraste? —interrogó ella.
Él no contestó y sonrió nervioso y entonces lo supo: él se había colado en su casa, en la cual habían invertido millones en seguridad.
Al salir, Soo-Won seguía afuera, junto con la ama de llaves.
—¿A dónde van? —investigó.
—Donde ella quiera ir —respondió él.
—¿Y dónde es eso? —inquirió.
—No aquí —contestó con obviedad
Yona sintió la tensión entre Hak y Soo-Won.
—Voy a ir —habló con decisión.
—Lleva tu teléfono —solicitó su primo.
Ella asintió, sin decirle que ya no tenía uno.
—Iremos por la salida alternativa —dijo ella.
Hak no lo había dicho, pero de seguro había sugerido salir por ese lado porque la entrada debía estar rodeada de periodistas.
Habían comenzado a avanzar hacia ese lugar, cuando Soo-Won volvió a acercarse a ella, e ignorando por completo que ella estaba acompañada por alguien más, sujetó su antebrazo.
—No vayas —rogó él —. Acá podemos protegerte… déjame cuidarte.
Él nunca le había hablado de esa forma, y decir que algo en el fondo de su corazón no se estremeció al oírlo hablar de esa manera hubiese sido mentirse a si misma, pero ella se soltó de su agarre.
—No necesito que me protejan —aseguró ella.
Su primo no volvió a hablar y ellos pudieron dejar el lugar sin mayores problemas. Hak le compró una gorra de baseball cuando pasaron frente a un puesto, pero él no había dicho otra palabra hasta que llegaron a su casa. En esa oportunidad ella prestó atención al transporte que podría llevarla hasta su casa.
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Estando en la cama que Hak le había cedido, ella recordó cuando una señora comentaba acerca de la desaparición del avión del primer ministro y él le había tapado los oídos y le sonrió de manera cálida, logrando que se concentrara en él, en sus ojos y en esos labios que había tenido la oportunidad de tocar con los suyos.
Salió de la habitación, intentando recordar el camino para no pasar a llevar nada, pero en su concentración se encontró a Hak sentado en la cocina, mirando un vaso de agua frente a él como si fuera el más interesante de los panoramas.
—¿Hak? —interrogó ella.
Él la miró y lo que vio en sus ojos fue extraño.
—El hombre que me dijiste que te había rechazado… era ese, ¿verdad? —adivinó.
Ciertamente él captaba con rapidez las cosas, resultando un poco escalofriante que hubiese podido leerla de esa manera.
—Sí —confirmó ella.
—¿Y todavía lo quieres? —indagó él.
Esa había sido una pregunta muy directa y el silencio tras ella demasiado prolongado, al parecer, porque él se levantó y le dijo que se fuera a dormir.
—Duerme conmigo hoy, Hak —pidió.
Hak dejó caer de su mano el vaso que llevaba tras oírla y ella, aunque nerviosa por lo que había dicho, no se iba a retractar.
—¿Qué dijiste? —pidió que repitiera lo que acababa de decir.
—Duerme conmigo hoy —reiteró con más seguridad.
Tembló esperando su respuesta.
Continuará...
¡Gracias por sus reviews! Como siempre me hacen infinitamente feliz.
Lamento la edición de mala calidad, estoy sin internet desde hace una semana y subirlo desde el celular es una auténtica tortura. Lo arreglaré tan pronto pueda, pero considero que han esperado demasiado por este capítulo, que ojalá les guste.
¡Hasta pronto!
