Capitulo siete

Bobby entró en la casa quitándose las botas. Miró alrededor de la sala de estar y lo que podía ver de la cocina. Volvió a comprobar fuera, para ver si estaban el Impala de Dean y la camioneta de John. Lo estaban. - ¿Hola? ¿Hay alguien en casa?

John apareció caminando por las escaleras con una mirada sombría en la cara. - Bobby.

Bobby asintió con la cabeza como saludo. - ¿Dónde están los chicos?

- Arriba - respondió John. - Sam... Sam está enfermo.

- Enfermo, ¿cómo? - preguntó Bobby, caminando hacia las escaleras. ¿Está bien?

John negó con la cabeza. - No lo sé. Estaba bien, y luego nos metimos en una pelea, y entonces él... No sé, Bobby. Está inconsciente. Nos preguntábamos si había algo en alguno de tus libros que nos pueda ayudar con esto.

Bobby se quito la gorra y se paso los dedos por el pelo. Encajándose la gorra, se encogió de hombros. - No lo sé, John. Quiero decir que podría ser cualquier cosa. Crees que tal vez, no se simplemente este ¿enfermo?

- Sam - se oyó gritar desde arriba.

John miró a Bobby antes de darse la vuelta y correr por las escaleras. - ¿Qué está pasando? - preguntó, entrando a la carrera en la habitación. - Sam.

- Hola - dijo Sam débilmente. - Me desperté.

- Supongo que sí - dijo sonriendo John, acercándose a la cama. - ¿Cómo te sientes?

Sam estaba temblando, la mano que no sostenía Dean se aferraba a las sábanas, y estaba cubierto de sudor, pero se las arregló para sonreír. - Bien.

Dean, John y Bobby, todos al mismo tiempo, rodaron los ojos.

Sam se echó a reír, pero pronto se convirtió en un ataque de tos. Trató de incorporarse, para tratar de respirar con más facilidad, pero no sirvió de nada.

Dean se movió en la cama y volvió a frotar la espalda de Sam. - Está bien, sácalo. Sácalo.

Sam se llevo el puño a la boca y comenzó a toser con más fuerza, con la cara roja. - Estoy bien - dijo en voz baja, aún tosiendo un poco. - Estaré bien - se recostó contra Dean y se calmo. - Te lo dije.

- Sí, tener fiebre y un ataque de tos - comenzó Dean. - Eso es estar muy bien. Así es exactamente como quiero que estés.

Fue el turno de Sam para rodar los ojos. - Estoy bien. Dios, te llamaría "papá", pero desde que está aquí... Oh, hola Bobby ¿cuando llegaste a casa?

- Hace un par de minutos - contesto Bobby, tipografiando el daño en el cuerpo de Sam. El sudor le había empapado la camiseta, las venas de sus brazos estaban abultadas y sus ojos todavía se veían oscuros. - Estás infectado.

Sam y Dean levantaron la vista y John se volvió hacia él. - ¿Qué quieres decir? - preguntó Dean, pasando distraídamente sus manos arriba y hacia abajo por el brazo de Sam para reconfortarlo.

- Bobby - dijo John advirtiéndole. - No se lo digas.

- ¿Papá? - preguntó Sam. - ¿Que no nos diga qué? ¿Qué está pasando?

- Me imaginé que era una infección - admitió John. - Pero no quise decir nada, no quería asustarte hasta que estuviera seguro. Ese fue hasta que aquí Bobby...

- Cállate, Winchester - espetó Bobby. - Tus chicos necesitan saberlo.

- Bueno, entonces que alguien nos lo diga - suplicó Sam. - ¿Qué está pasando? ¿Qué tipo de infección?

- Del bebé - dijo Bobby. Chicos, ustedes mismos se metieron en problemas con ese Rosier.

Dean y Sam parecían confundidos mientras miraban a John.

- Lo que quiere decir, es que no creo que nunca se supusiese que ese bebe llegara a termino - explico John. - Rosier utiliza el bebe como una forma de llegar a ti Sam, para debilitarte. Tu amor lo esta contaminando, y el te castiga por ello.

Los ojos de Sam se abrieron. - ¿Va a matar a mi bebé?

John y Bobby se miraron, y Bobby sacudió la cabeza lentamente. - Él bebé te va a matar a ti.

….

- Duerme otra vez - dijo Dean en voz baja, cerrando la puerta detrás de él. - Sigue... es como si estuviera en una pesadilla o algo así. Llorando, gimiendo... No podía soportarlo más.

John asintió con la cabeza, y le dio unas palmaditas tranquilizadoras a en la espalda. - Todo va a salir bien.

- ¿Cómo puedes decir eso? - Preguntó Dean, mirando a John. - Bobby dijo que Sammy va a morir ¿Y tú piensas que todo va a resolverse?

- Vamos abajo, Dean - dijo John en voz baja. - Bobby hizo la cena. No estoy seguro de qué, o si incluso es comestible, pero es algo.

Dean sacudió la cabeza. - Probablemente debería volver con Sam.

- Está dormido - le recordó John - Y tú necesitas comer. Te voy a ofrecer un trato...

- Papá, creo que soy un poco viejo para eso, no te ofendas.

- Si te comes un plato lleno de comida, no diré nada cuando te quedes despierto toda la noche, preocupado por la muerte - terminó John.

- ¿Cómo no te preocupa esto papá? - Exigió Dean. - Tu hijo se está muriendo, y no estamos haciendo nada.

- ¡No hay nada que hacer! - replico John con rabia. - Créeme, haría cualquier cosa en la tierra para ayudar a Sammy a mejorar, pero ahora, en este momento... no hay nada. Ahora, por favor, ven a comer algo. Sammy nos necesita fuertes.

- ¿No debería comer algo? - Preguntó Dean, mientras seguía a John por las escaleras. - ¿Mantenerle fuerte?

- Cuando se despierte, le daremos algo - respondió John, entrando en la cocina. - ¿Qué tienes para nosotros, Bobby?

Bobby levantó la vista del horno. - Pollo y papas fritas. Ahora, no sé, ni me interesa si se parece mucho o poco a la comida que te gusta, así que te vas a callar y comer.

- Sí, señor - dijo Dean en voz baja, tomando asiento en la mesa. Esperó hasta que el plato fue puesto delante de él y entonces comenzó a comer en silencio. John se sentó junto a él, y Bobby al otro lado. Mientras comía, Dean miró a la silla vacía, pensando que Sam debería estar allí con ellos.

- Dean - preguntó John, tomando un sorbo de su cerveza. - ¿Estás bien?

Dean ni siquiera miró a John, sólo asintió con la cabeza, y siguió comiendo.

- Entonces, ¿Qué vamos a hacer? - Preguntó Bobby a John en voz baja, sin importarle que Dean estuviese en la mesa.

John estaba observando Dean mirar la silla, pero se volvió a Bobby cuando hablo. - No lo sé. Nunca he tratado con algo como esto antes, sólo oído hablar de ello. ¿Qué podemos hacer?

Dean comenzó a prestar verdadera atención cuando Bobby volvió a hablar.

- No hay mucho, honestamente - admitió. - Hay un par de umm... hechizos y pociones, demonios, si no me siento estúpido incluso diciéndolo después de que todos los años que he estado haciendo esto.

- ¿Pociones? - repitió Dean, todavía sin mirarlos. - ¿Qué haría eso?

Bobby se encogió de hombros. - Dependería de que poción, ¿no es así, Dean? - Se giró de nuevo a John. - Siempre queda la opción de un buen exorcismo a la antigua.

John negó con la cabeza. De la manera que está Sam ahora... tendría que estar mucho más fuerte para pasar por un exorcismo y salir con vida. Y sólo va a estar más débil cuanto más esperemos.

- Bueno, ¿no podrías hacerlo más fuerte? - preguntó Dean, finalmente, volviéndose a mirar a los otros hombres. - ¿No puedes hacer algo o darle algo para hacerlo más fuerte para el exorcismo?

John se frotó los ojos, y tomó otro trago de su cerveza. - Dean, esto no va a ser un exorcismo simple. No como los que has hecho antes.

Dean soltó un bufido. - Yo no estoy tan seguro de eso, papá, Sammy y yo hemos hecho un par de los malos. Bobby, cuéntale sobre Meg.

John levantó una ceja y miró a Bobby. - Sí, Bobby, háblame de Meg. ¿Qué tan malo fue?

- ¿Para ella o para nosotros? - preguntó Bobby, sólo medio en broma. - No sé. Para ella... estaba mucho más débil entonces que Sam, y sólo vivió durante aproximadamente un minuto después.

- Pero ella estaba destrozada - exclamó Dean. - Sam... Sam no lo está. Esa cosa esta haciéndole esto. Ella se cayó de un edificio de siete pisos y después recibió un disparo. Sam es fuerte. Puede sobrevivir a esto.

- ¿Estás dispuesto a correr el riesgo? - preguntó John con sorpresa. - ¿Estás dispuesto a arriesgar la vida de Sam porque crees que es lo suficientemente fuerte? ¿Qué pasa si no lo es, Dean? ¿Eh? ¿Después que? Me has visto a lo largo de los años, Dean, me has visto culparme por la muerte de tu madre, y ni siquiera fue culpa mía. Si dejas que Sam muera, no lo superaras, y yo perderé a mis dos hijos.

- Papá, no tenemos otra opción. Si no hacemos esto, morirá. No importa lo fuerte que este o no, se ira. Tenemos que hacer esto. Por favor - suplicó Dean.

John bajo La cabeza y miró el anillo en su dedo. - No quiero perderlo.

- Lo sé, papá. Demonios, yo tampoco - dijo Dean. - Pero... ¿Realmente quieres ver cómo se va por lo que le está pasando ahora?

John miró a Dean. - ¿Crees que estaría dispuesto a correr el riesgo?

Dean asintió con la cabeza. - Déjame hablar con él. Quiero decir, soy su hermano mayor, puedo conseguir que haga casi todo lo que quiero.

John se echó a reír al principio, luego su rostro se puso serio. - Dime que no así como ustedes dos...

Dean entendió perfectamente lo que quería decir, y sacudió la cabeza con furia. - Dios no, nunca le haría eso - Empujo la silla y se levanto de la mesa. - Se está haciendo tarde, creo que me voy a la cama. Si Sam está despierto, hablare con él sobre eso.

….

- ¿Un exorcismo? - repitió Sam con la cara llena de sorpresa. - ¿Hablas en serio? Oh Dios mío, es en serio.

Dean asintió y luego se acurrucó al lado de Sam. - Fue idea de Bobby. Papá dijo que no serías lo suficientemente fuerte, pero yo le dije...

- ¿Le dijiste? ¿Qué le dijiste? - Exigió Sam, mirando a Dean.

- Le dije que podías hacerlo, le dije que estarías de acuerdo - dijo Dean. - Quiero decir... puedes y lo sabes ¿no?

Sam cerró los ojos y respiró hondo, pero sonó más como un silbido. - No sé, Dean. Quiero decir, he visto lo que pueden hacer a la gente. No sé si podría pasar a través eso. ¿No hay nada que podamos hacer? ¿Algo más seguro?

Dean le dio un beso en la mejilla y se aparto con una leve sonrisa en la cara. - Bobby dijo un hechizo o una poción. Creo que siempre podemos simplemente esperar. Es decir, solo faltan ¿que, treinta y una semanas? para pasar. ¿Puedes hacerlo?

- Dime que estas bromeando - dijo Sam. - Ni siquiera lo he podido hacerlo hoy, no creo que pueda soportar treinta y una semanas de esto.

- ¿Qué hay de treinta y una semanas de esto? - preguntó Dean, antes de inclinarse hacia abajo y presionar sus labios suavemente contra los de Sam. Sam gimió en voz baja mientras la lengua de Dean trazaba su boca, antes de caer en el interior. Movió su lengua lánguidamente contra la de Dean, pero al poco tiempo, se retorcía incómodo. - ¿Sam?

Sam se quito la camiseta, sudando incluso más que antes. - Estoy bien, no te preocupes. Solo sudo mucho, debe de ser la fiebre.

Dean asintió con la cabeza y luego volvió a besar a Sam. - ¿Seguro que es sólo la fiebre?

Sam rodó los ojos. - Dios. Me estoy muriendo, y en todo lo que puedes pensar es en lo caliente que me pones.

- No digas eso - ordeno Dean volviendo a ponerse serio. - No te estas muriendo. No voy a permitir que eso pase. Sammy, el exorcismo... cuanto más esperemos, más débil estarás. Si hacemos esto, tenemos que hacerlo ya - Apoyo la cabeza sobre el pecho de Sam y escucho su corazón. No puedo dejarte morir, Sammy. Por favor, hazlo. ¿Por mi? Puedes olvidar completamente que papá también quiere que vivas, si eso te hace sentir mejor. Solo... simplemente ignóralo y vive por mí.

- Dean ¿me estas suplicando? - pregunto Sam sorprendido. - Tú no me has suplicado desde...

¿Por mí? - Repitió Dean con ojos suplicantes.

Sam bostezó, se levantó un brazo y envolvió con ella a Dean. - Déjame dormir, Dean. - Estoy cansado.

Dean miró a Sam, y entonces recordó que John y Bobby estaban abajo. - Voy a ir a mi habitación, ahora, ¿de acuerdo?

Sam asintió somnoliento y se removió ligeramente cuando Dean salió de debajo de su brazo y atravesó la habitación. Al abrir la puerta, se volvió para mirar a Sam una vez más.

- Te quiero, Sammy - dijo en voz baja, antes de cerrar la puerta detrás de él.

….

Cuando Sam se despertó, la habitación estaba a oscuras. La única luz provenía de la ventana donde la luz de la luna se filtraba por las finas cortinas. Estiró los brazos sobre su cabeza, luego se sentó lentamente, un poco mareado, pero sentía como la fiebre había bajado. Se puso de pie, igual de lentamente, y se dirigió a la puerta, abriéndola. Se frotó los ojos, y después miró arriba y abajo por el pasillo. En realidad no sabía en que habitación estaba Dean, y no quería despertar a Bobby. O su padre, donde quiera que Bobby le hubiese escondido.

Se dirigió al cuarto de baño y encendió la luz. Se acercó al lavabo y se echó agua fría en la cara. Después de aliviarse y lavarse las manos, apago la luz y abrió la puerta. Estaba a punto de caminar de regreso a su habitación, cuando se dio cuenta de lo hambriento que estaba. Bajó las escaleras, agarrándose a la barandilla para asegurarse de que no se caía si volvía a marearse. Al llegar al pie de la escalera, oyó a alguien hablar, probablemente en la cocina. Se detuvo, y se quedó escuchando. Esperaba que no fuera Bobby, porque se sentiría mucho menos incómodo escuchando a su propia familia.

- Sé que no lo has hecho en un tiempo Mary - comenzó la voz.

- Papá - dijo Sam en voz baja. Se sentó en el escalón inferior, apoyando la cabeza contra la pared.

- ... Pero creo que necesitamos tu ayuda. Missouri me dijo lo que hiciste por los chicos, en Lawrence. Salvaste a Sammy. Bueno, cariño, creo que es necesario que lo salves de nuevo. Mary, no puedo perderlo. Creo que ya me odia, pero no me importa. Deja que me odie, simplemente déjalo vivir. Por favor.

Sam oyó a John, sorber por la nariz y después aclararse la garganta.

- ¿Tu lo sabías Mary? ¿Podías ver lo que hacían? Sé que son mis hijos, mi carne y sangre, y que... que debería amarlo, sin importar nada más. Pero lo que están haciendo Mary... eso está mal. ¿No? Lo esta. No me importa que sean gay, en serio. Tú me enseñaste eso, Mary, pero no creo que ni siquiera tu puedes aprobar esto, Mary. Quiero aceptarlo, son mis niños. Son mis hijos y los quiero mucho a los dos.

Sam se mordió el labio, y de repente decidió que tal vez no debería escuchar estas cosas. Se movió para ponerse de pie, pero una voz detrás de él lo detuvo.

- ¿Qué está pasando, Sam? - preguntó Dean.

- ¡Shh! - dijo, dándose la vuelta.

- ¿Qué estás escuchando? - preguntó Dean, sorprendido. - ¿Qué estás haciendo fuera de la cama de todos modos? Debes estar en reposo.

- Es papá - respondió Sam. - Está hablando con mamá.

Dean se sentó en la escalera, justo al lado de Sam. - ¿Qué está diciendo?

- Le pidió que me salvará. Luego dijo que no sabe cómo lidiar con nosotros - simplifico Sam.

- ¿Nosotros? - preguntó Dean, confundido.

- Sí - respondió Sam. - Ya sabes, nosotros. Juntos. Ahora, shh, que quiero oír.

- ¿Es por mi culpa, Mary? - continuo John. - Tal...tal vez si hubiese hecho algo diferente. Conseguirles camas propias en los moteles, o... o... Dios, Mary, necesito tu ayuda. Quizás debería haberme vuelto a casar después de tu muerte. Nunca pude, pero tal vez debería haberlo hecho. A lo mejor ellos necesitaban una mujer en sus vidas. Quizás pasar más tiempo con otras personas, no haberlos dejado solos tanto tiempo. El otro, eran todo lo que tenían. Sammy idolatra a Dean desde que era un niño, ¿fue eso? Yo simplemente... no puedo hacer esto solo Mary

- Tenemos que hablar con él - dijo Dean a Sam, moviéndose para levantarse.

- Dean, sólo lo avergonzaríamos - dijo Sam, agarrando la mano de Dean.

- Piensa que es culpa suya - le recordó Dean, tratando de levantar a su hermano. - Cree que podría haber cambiado lo nuestro.

Sam se encogió de hombros. - Tal vez podría tenerla.

Dean soltó la mano de Sam, dando un paso atrás sorprendido. - ¿Qué?

- Dean, no estoy diciendo que la tenga, no estoy diciendo que me enamoré de ti, porque compartimos camas de motel hasta que crecí demasiado - dijo Sam, en un ronco susurro. - Pero... tal vez ¿Sabes?

Dean suspiró, y luego asintió lentamente. - Lo sé. Pero tenemos que decirle que no fue eso lo que pasó. Tiene que saberlo, antes de que decida que es culpa suya - se alejó de Sam, atravesó la sala de estar y entro en la cocina. - Hola, papá.

John saltó, se limpió los ojos y se aclaró la garganta. - ¡Hey! Dean... ¿qué estás haciendo despierto tan tarde? O tan temprano, supongo.

- Papá, Sam y yo… No es culpa tuya - dijo Dean con rapidez, con ganas de sacarlo.

John se levantó de la mesa, empujando la silla. - No sé de qué estás hablando.

- Papá, te oímos - dijo Sam en voz baja, de pie detrás de él.

- Sam, deberías estar en la cama - dijo John. - Estás enfermo, ¿de acuerdo? Podrías morir. Vuelve a la cama. Necesitas descansar.

Sam sacudió la cabeza. - Papá, no podrías haber cambiado lo nuestro. Esto. Nos amamos el uno al otro.

- A la cama, Samuel - ordenó a John, de hecho, tratando de evitar tener esa conversación.

Pero Sam se quedo donde estaba. - No puedes simplemente empujar esto lejos, papá. No puedes esconderte de ello.

John negó con la cabeza. - A La cama, por favor, Sammy. Como si el bebé no fuera suficiente, ahora... sólo tienes que ir arriba.

- Lo amo - dijo Dean a John. - Él me ama. ¿Y sabes qué? Nosotros no esperábamos que aceptaras todo esto, y mucho menos de inmediato, ni nada. Sabíamos que no serías feliz. Pero nunca pensé que te echarías la culpa. No podrías haberlo evitado.

John se frotó los ojos y negó con la cabeza. - Debe haber habido algo. Yo... No sé. Cualquier cosa. Una cosa podría haber marcado la diferencia.

Sam sacudió la cabeza. - Papá, no. No funciona así. ¿Recuerdas todas las razones por las que dijiste que amabas a mamá? Es por eso que amo a Dean. Él cuida de mí, papá. Me protege, y es dulce y divertido y agradable, y piensa que su mundo soy yo, y yo lo amo. Lo habría hecho igual, no importa lo que hicieses.

- ¡No sabes si eso es verdad! - exclamó John

- ¡Ni tú sabes si no lo es! - respondió Dean. - Papá, solo... por favor. No te sientas culpable por esto. Por favor. Si no lo aceptas, esta bien. Creemos que esta mal, quiero decir que sabemos que va en contra de la ley. Sabemos que moralmente, no es correcto. Pero ya hemos asumido eso. Hemos pasado por eso muchas veces. Una y otra vez. Tal vez deberías tomarte algún tiempo, también.

John se secó con furia en sus ojos, tratando de no llorar delante de sus hijos. - ¿Por cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo habéis estado haciendo esto? Y lo juro por Dios, Dean, si me dices, cuando Sam tenía incluso un día menos de dieciocho años...

- No lo tenía - interrumpió Sam.

Dean miró a Sam, luego volvió a su padre. - No lo tenía. Tenía… fue después de que regresé y lo busque en Stanford. Ambos éramos adultos que consentimos libremente.

John asintió. - Eso lo hace... mejor, supongo.

Dean y Sam asintieron.

- Viéndole ya el lado bueno, eh papá.

John trató de sonreír. - ¿Estás seguro de que no fui yo?

- Sí - insistió Sam. - Papá, eres un buen padre.

- Sí, claro - gruñó John, rodando los ojos. - Sam, cada vez que estamos juntos me dices lo mucho que me odias por criar a dos chicos como lo hice.

Sam se sonrojó ligeramente y miró al suelo. - Sí, quiero decir, yo... yo quería una infancia normal. Quería quedarme en un solo sitio. No sé lo que quería, ya no. Pero papá, cuidaste nosotros, no importa cómo. Nos diste lo que necesitábamos, y nos educaste... quiero decir que creo que somos buenas personas. No, sé que lo somos. Y tú también. Creo que mamá sería feliz por la forma en que resultamos. Todos nosotros.

- Lo seria - acordó Dean. - Se que lo seria. Y tú también lo sabes, papá.

John se quedó inmóvil por un momento, antes de asentir lentamente. - ¿Los dos querían esto?

Sam asintió, seguido por Dean.

John asintió con la cabeza como respuesta, luego respiró hondo. - Bueno. Bueno, me alegro. Me alegro de ambos hayan encontrado tanto amor tanto como yo le tenía a su madre. Eso es un montón de amor - sonrió a sus hijos, entonces recordó que Sam estaba levantado. - Sam, vete a la cama.

Sam sonrió. - Papá, tengo veintitrés. No puedes hacer que me vaya a la cama - bajo el brillo en la mirada de John, Sam se debilito. - Bueno, está bien, me voy. Pero me siento mejor. La fiebre ha bajado.

- Bien, eso es bueno - respondió John, y ambos pudieron escuchar la alegría en su voz. - Pero todavía necesitas descansar. Si no es por ti mismo, entonces por tu bebé. Vete a la cama, y si te sientes un poco mejor por la mañana, puedes levantarte.

- ¿Qué pasa con el... el exorcismo? - preguntó Sam, mientras todos salían de la cocina.

- Nosotros... hablaremos de eso - respondió John lentamente. - Mañana. Puede que llegue a ni siquiera ser una opción. Ahora la cama. A los dos.

- Sí, señor - respondieron al unísono. Mientras los dos comenzaban a subir las escaleras, John los llamó. - Dean... no sé cómo decir esto. Um... si quieres, puedes... quedarte en la cama de Sam. Pueden compartirla. Si lo deseas. Si él quiere.

Sam y Dean se sonrieron mutuamente y luego a su padre.

- Eso sería lo normal, papá. Pero gracias de todos modos.

- ¿Sam? - preguntó John confundido.

- Necesitamos descansar, papá - respondió Sam mientras continuaba subiendo las escaleras. - Y no queremos asustarte, ya sabes, puesto que ya asumes que... bueno, cuándo subas y estemos arriba… Simplemente no queremos que tengas esa imagen en la cabeza.

John sonrió. - Gracias por eso. Pero llevas a su bebé, creo que voy a tener esa imagen en mi cabeza por un tiempo.