Capitulo 7

El ministerio se encuentra casi en penumbras, algunas luces amarillas iluminan el salón de la fuente y los elevadores silenciosos permanecen abiertos frente al solitario pasillo.

Sin embargo en una de las plantas inferiores un grupo grande de aurores se prepara, han planeado atacar el cubil de Fenrir, liberar a sus prisioneros y matar a sus seguidores.

— ¿Es segura tu información Danielle?— Manzur revisaba por decima vez las notas tomadas por la juez en la celda de Mina.

—Me señalo los puntos en los mapas, intenté hacer una marca pero no pude, está protegido con magia— respondió ella ajustando la funda de su varita.

—Debemos rescatar a la pequeña Weasley— la profunda voz de Kingsley llamo la atención de los aurores y jueces que se preparaban para la batalla –se ha dado mucha publicidad a su rapto y debemos calmar a nuestros hermanos—

— ¡Yo voy a hacer un tapete con el pellejo de Fenrir!— grito entusiasta un juez más joven que Danielle y los demás hicieron ruidos de asco que fueron seguidos por risas.

En grupos salieron del vestidor y abordaron los elevadores, en cinco minutos un contingente de los mejores cien aurores, cazadores, inefables y jueces del Wizengamot se encontraban en el salón de la fuente, a punto de salir a los terrenos de Fenrir.

Más sus planes se vieron interrumpidos por una fuerte explosión e incontables nubes negras entraron por las casi extintas hogueras en las chimeneas de la red flu.

El ejército del ministerio se replegó hacia el centro de la sala, las carcajadas histéricas de cientos de mortífagos se mezclaban con los aullidos y ladridos de Fenrir y sus cachorros como les llamaban.

— ¡Ataquen! ¡Hay que defender el Ministerio a cualquier costo!— gritó Kingsley encabezando la pelea, los hechizos silbaban de un lado a otro, los mortífagos saltaban de aquí a allá y era casi imposible acertarles.

—¡Son muchos y muy rápidos!— temblando de miedo Danielle lanzaba hechizos de desarme a diestra y siniestra sin golpear a nadie, volteo para buscar a Manzur y aterrada vio como Bellatrix lo tenía tomado por la espalda a pesar de ser más pequeña que él, clavándole la punta de la varita en la columna vertebral.

—Bombarda— susurró la loca mujer y Manzur exploto en miles de pedacitos, bañando con su sangre a amigos y enemigos.

— ¡Noooo!— grito Danielle lanzándose sobre Bellatrix que reía a carcajadas — ¡Desmaius!— nada –Avada Kedabra— ¡Si! La tímida luz verde que salió de su varita golpeo a la mortifaga que salió proyectada un par de metros hacia atrás pero Bexie se levanto como si nada.

— ¡Nena!— se burlo de Danielle que la miraba asustada — ¡debes desearlo…así!— la señalo con la varita y con furia grito — ¡Avada Kedabra!— la rubia cayó lentamente al piso donde se encharcaba la sangre de Manzur.

Tom admiraba la batalla sentado en los hombros del petulante mago de la fuente central con Merope en sus brazos.

A los primeros estallidos la niña hizo el amago de llorar, pero su abuelo comenzó a reír y a jugar con ella, tras cada reflejo de luz verde el abuelo la levantaba, tras cada explosión de un cuerpo reía con la niña, hasta que la pequeña se involucro en la pelea.

— ¡Tu papá tu!— señalaba hacia una anciana juez que se defendía con todas sus fuerzas, Erick obediente tomo a la anciana y susurró el temido conjuro ignis, Merope reía a carcajadas mirando al cuerpo consumirse en rojos carbones.

En menos de una hora, el selecto grupo de guerreros se encontraba diseminado por toda la sala principal del ministerio, el agua antes clara de la fuente ahora estaba teñida en rojo y partes humanas flotaban en ella.

Por fin le pertenecía el ministerio, por fin después de tantos años no debía salir corriendo perseguido por Albus o los aurores, por fin su sueño se lograba cumplir.

Tom deposito a la niña en los brazos de Erick que temblaban de cansancio, pegajosos en sangre y sudor más Merope no le rechazo, al contrario se abrazó a su cuello y dio un sonoro beso en la mejilla a su padre.

Sin decir nada, Tom comenzó a caminar por el pasillo hasta uno de los ascensores seguido por Bellatrix, Erick y todo el contingente mortífago que no sufrió ni una sola baja.

Se repartieron entre los elevadores, sabían que buscar… la celda de la traidora.

Armand estaba a un día de cumplir los dos años de edad, un niño normal y parlanchín que hacia sufrir a su padre de la misma manera en que le hacía disfrutar de grandiosos momentos.

El chico dormía plácidamente en su cuna la siesta de las cinco y Severus preparaba a conciencia sus clases y así no perder tiempo de calidad cuando el niño estuviera despierto. Daba cierre a uno de los temas guardando libros y carpetas, se sirvió una copa de vino, puso algo de música en el equipo de sonido, se sentó en el mullido sofá extendiendo sus piernas, dispuesto a descansar el resto de la tarde.

— ¿Necesita algo más el amo profesor? Jumble ya lavó, planchó y guardó la ropa, la cocina está perfecta y el amito duerme su siesta — Jumble había cambiado mucho en este tiempo, caminaba erguido y una sonrisa brillaba siempre en sus labios, las cicatrices de sus viejos castigos auto impuestos habían desaparecido y vestía pulcramente.

— ¿tienes planes? — Severus lo miró de reojo sin moverse de su sofá.

— Quiero su aprobación para arreglar el jardín, los vecinos se encuentran de vacaciones y no hay peligro de que me descubran amo —

— nada de magia ¿entendido? — Jumble asintió sonriente y salió del despacho tras murmurar un gracias.

El sonido del timbre lo saco del amodorramiento, el disco había terminado y la luz diurna desaparecía velozmente, se levanto encendiendo las luces y salió a atender a quien llamaba a su puerta.

Se quedó de una pieza, sin creer lo que sus ojos veían, intento mantenerse como siempre serio y distante, más la emoción pudo más y recibió con un abrazo a la inesperada visita.

— ¿Cómo diste conmigo?— sonriente daba palmadas en la espalda a Alan que devolvía el gesto amistoso

—Eres el único S. Tobias Snape que he encontrado en la guía telefónica… supuse que serias tu— respondió el muggle sonriente — Aunque Sy no ha podido ver tu nombre —

— Jumble nos protegió con un hechizo de ocultamiento... es interesante que no afecte a los muggles — murmuró más de inmediato se dio cuenta de su falta de atención — ¡Pero pasa!— le invito Snape esperando ver a alguien tras el – ¿Y Sybill?— pregunto al no encontrarse con su amiga.

—En casa— respondió Alan sonriente – tenemos prohibidas las emociones fuertes— se sonrojo un poco.

— ¿Quieres decir que Sybill y tu…?— Alan asintió y de nuevo Severus le dio un fuerte abrazo — ¡que sorpresa, felicidades!— le invito a tomar asiento y señalo la botella de vino, el muggle declino discretamente a la invitación de una copa y Snape tampoco se sirvió.

—Te veo tan cambiado— confeso el castaño — ¿cómo se te ocurrió venir a este pueblo perdido?—

—De la misma manera que a ustedes— respondió Snape ya más tranquilo –convenía ocultar a Armand… ocultarme a mí mismo—

— ¿Quieres decir que no has usado magia?— sorprendido Alan lo miro fijamente –es tan difícil de imaginarlo en ti—

—Dejé mi varita en Londres, destruí la que traje conmigo… no quiero llamar la atención— respondió Severus –pero dime, ¿cómo les ha ido a ustedes?—

—El día que te llevaste a Armand salimos del país, supusimos que Erick buscaría al niño, sobre todo por lo escrito en el pergamino por Mina— Alan guardó silencio como si mencionar a la pelirroja fuera convocar un dolor o pena.

—Si, yo también lo imaginé— susurró Snape con un tono de tristeza en la voz –Entonces no la han…— no termino la frase, Alan ya negaba con la cabeza.

—Llegamos a Brasil algunos días después, nos ocultamos de los magos y brujas viviendo como…muggles— sonrió –hace unos meses un medico nos recomendó una clínica y… aquí estamos—

— ¿Y estarán algún tiempo aquí? ¡Porque tienen que estar en el cumpleaños de su ahijado!— Alan conocía ya bien a Snape, sabía que aunque su rostro estuviera serio, sus ojos expresaban lo que sentía, y reflejaba orgullo en ellos.

—Por nada nos lo perderíamos— respondió y en ese momento una vocecita balbuceante desde la puerta los hizo voltear.

—Papitoooo— gimió lastimeramente Armand tallándose los ojitos –el mostoo— Severus se levantó de inmediato y cargó a su retoño.

—ya te dije que no hay tal— respondió y el niño se le abrazo, la pielecita caliente y sudorosa le daba tanta paz que por un segundo se olvido del visitante –mira— carraspeo un tanto apenado –él es tu padrino Alan— el niño volteo la cabecita y le sonrió.

— ¿Nino?— murmuro, era obvio que no entendía lo que eso significaba.

—Hola pequeño— sonriente Alan le ofreció los brazos y el niño se oculto en los brazos de su padre.

—Debes disculparlo, aun está dormido— Snape abrazo al niño y volvió a su sofá – pensaba llevarlo a algún restaurant…— se interrumpió.

—A Mina le gustaban los de comida rápida— continuo Alan tratando de animar a Sev –hay juegos—

—Si…lo recuerdo— respondió en un murmullo, recordó a la pelirroja de once años corriendo en unos juegos plásticos, cayendo por la resbaladilla y saludándole por una de las tantas ventanitas del lugar.

—Conocemos un sitio perfecto— volvió a hablar Alan poniéndose de pie –disculparas la visita de "medico"— sonrió aludiendo a la corta estancia –pero no me siento cómodo dejando sola a Sy… quería visitarte y verlos, pero también prevenirte— la mirada castaña se ensombreció.

— ¿Su padre?— pregunto Sev sin dejar de abrazar al niño que de nuevo roncaba en sus brazos.

—Si…— sacó unos periódicos de un portafolios que Snape no había visto –ten, debes ponerte al día— suspiro— el ministerio libero tus cuentas antes de ser destruido, eres libre de acceder a tu oro— la noticia de la destrucción del ministerio dejo al pelinegro con expresión de sorpresa.

— ¿Qué ha pasado?— fue todo lo que pudo decir, un frio comenzaba a estremecerle por toda la espalda.

—La guerra amigo mío… la guerra— Alan comenzó a andar hacia la salida –por ahora estamos a salvo en este país, aunque dicen los diarios que su abuelo— con la vista señalo al niño –tiene planes de invadir este continente—

Snape se quedo de una pieza, con su pequeño en brazos, un montón respetable de diarios en la mesita lo esperaba, sin poder articular palabra apretó el abrazo a su hijo.

—Venimos en unos días Snape— se despidió Alan desde la puerta –y piensa que vas a hacer para proteger a este ángel— cerró la puerta tras él.

Acostó a Armand en el sofá dejándole un par de cojines para evitar que cayera por algún movimiento, se sentó en el reclinable y tomó el pesado paquete de diarios, el Profeta, el Quisquilloso, Mandunga la bruja de Brasil tenia buenos artículos sobre mortífagos… de hecho parecía sonarle el nombre… sacudió la cabeza y se concentró en la lectura.

— ¿Se encuentra bien amo profesor? — preocupado Jumble entró secando sus manos, olía a tierra húmeda y pasto recién cortado.

— Prepara café y traes dos tazas, necesito que me ayudes — le ordenó tomando asiento, el elfito volvió en diez minutos y se sentó en el piso donde ya se encontraban amontonados por nombre los periódicos.

— Necesitamos ordenar las historias Jum — tragó saliva preocupado — El padre de la ama ha comenzado la guerra, no... — un nudo le cerró la garganta — nadie sabe nada de ella —

— ¡la amita! — gimió preocupado el elfo

— Espero que no — nervioso le entregó algunos diarios — busca bien Jumble —

Los diarios del primer año con encabezados mutilados o censurados:

Desaparece Albus Dumbledore, se culpa al profesor Severus Snape, el Ministerio le busca.

Aparece Albus Dumbledore gravemente herido, se mantiene en secreto su estado de salud.

Eran los encabezados del Profeta.

Más los del Quisquilloso no decían mucho.

Desaparece Albus Dumbledore, un mago que cazaba pinkitrikles en la basura muggle asegura que el profesor Severus Snape lo raptó montado en un bola de fuego chino.

Aparece Dumbledore, vestido de mujer y desmemoriado en un prostíbulo de París, Minerva McGonagall ha recluido al anciano director en Hogwarts alegando una grave enfermedad.

Y los encabezados del Mandunga eran los más certeros, tal vez por no estar influenciados por el ministerio y si, muy alentados por los seguidores de Tom.

Albus Dumbledore, atrapado y muerto por el Señor Tenebroso.

Y una larga exposición de los hechos, todos claros y veraces, como si alguien presente en el lugar hubiera hecho el reporte.

Decidió dedicar más tiempo al ridículo diario brasileño, aunque conforme fue leyendo… el nombre si era real… recordó que Mandunga era una poderosa bruja con raíces afro caribeñas, temida y respetada por muchos mortífagos, conocedora de los secretos de la eterna juventud además de sus experimentos dedicados al control sobre la muerte.

Ordenaron los diarios por fechas, recortó los artículos y fueron acomodándolos por hechos hasta que se formó una idea perfecta de la situación, para su desgracia… toda la historia hasta la destrucción del ministerio.

— desaparición de Albus Dumbledore

— muerte de Dumbledore a manos de S.S. y Wilhemina Riddle, la naciente estrella mortifaga pierde a su primogénito, consternado el Señor Tenebroso acude a su mejor pocionista.

— el embarazo de la heredera oscura se anuncia entre los seguidores del Lord.

— Nacimiento de la pequeña Riddle.

— Desaparición de Wilhemina, por la depresión post parto se incrementa su enfermedad mental.

– Ante el ministerio, la heredera oscura se hace responsable sobre la muerte de Albus Dumbledore, dos aurores y miles de muggles y gente mágica.

– El nombre del profesor Snape queda limpio, el ministerio pide disculpas al profesor y borra su apellido de la lista de mortífagos. (Molesto revisa la fecha, ¡pudo disponer de su oro año y meses atrás!)

– Destrucción en Londres, toda una manzana de la calle de la hilandera queda destruida, mueren decenas de muggles, se cree obra de mortífagos

— Ataque a la familia Weasley por parte de la reciente adquisición Riddle, el joven mortífago yerno del Lord.

— Irrupción mortífago al ministerio de magia, no dejan piedra sobre piedra matando a más de ciento cincuenta aurores, inefables y parte del jurado del Wizengamot.

—El ministro de Reino Unido huye con rumbo desconocido, los equipos de medimagos rescatan cuerpos del ministerio imposibles de identificar.

—Muere Molly Weasley victima de ataque a su familia dejando a su esposo y a sus seis hijos, la hija menor desaparecida y el hijo varón menor con secuelas por ataque mortífago sin esperanzas de recuperar la salud

—Reaparece la joven Ginevra Weasley en funerales de su madre, ataca a sus hermanos los gemelos Fred y George quedan gravemente heridos, al parecer es concubina de Fenrir Greyback conocido licántropo mortífago.

—Entrevista exclusiva con colaboradores del Señor Tenebroso, Mauricio "R" Y su hermosa hija Rocío creadores de la poción para crecer, como la pequeña Merope de un año de edad es una dulce niña de seis años, hábil en las artes oscuras.

—Festejos en grande por cumpleaños de la nieta del Señor Oscuro. La hermosa Merope Riddle llamada así en honor a su bisabuela, festejó sus seis años acompañada de su fina familia y fieles seguidores de su señor abuelo.

—Londres en alerta roja después de festejos de la familia Riddle, es desconocida la cantidad de muertos y desaparecidos, hospitales no se dan abasto.

Entonces la media hermana de Armand tenía seis años cuando el pequeño apenas cumpliría dos años de edad; trató de hacer un recuento de los reportes, ninguno de ellos mencionó a Mina después de su desaparición; alguien del bando de Tom mantenía bien informada a la tal Mandunga y debía saber quién era.

Guardó los recortes, tiró el resto de diarios tras revisarlos nuevamente… ¡nada!

Potter tampoco era mencionado, así que no sabía si estaba vivo o ya lo habían desaparecido, por lo que leía su país natal era una total zona de desastre… tendría que reintegrarse a su mundo, dejar de lado al profesor de química y volver a ser el experto mago creador de pociones.

Primero redactó su carta de renuncia, así como la carta de cancelación en la guardería de Armand, guardo en sobres ambos documentos y los dejó a la mano, revisó la hora… eran casi las siete de la noche, suspiro y fue a mudarse de ropa, sacó ropa para Armand y lo vistió medio dormido.

—¡no!— reclamaba el enano al no dejarse acomodar la chamarra –no fio— buscaba retirarla pero ahora luchaba con su padre por no dejarse peinar los rizos negros —¡no papi lele!— manoteaba y se movía de un lado a otro.

— ¡Armand quédate quieto!— tronó la voz profunda de Snape, dos años de no usarla ni siquiera en el colegio muggle. El niño se quedo quieto y de una pieza sin entender el por qué papá estaba tan enojado.

— Jumble, organiza nuestro equipaje, nos vamos —

— ¿esta misma noche amo profesor? —

— A más tardar el próximo fin de semana, quiero ropa para diversos climas —

— Como ordene amo profesor — Jum subió las escaleras para comenzar a empacar.

Severus terminó de acicalar al niño y salió con él en brazos, lo acomodó en su sillita de seguridad y echó a andar el carro, era un viaje un poco largo que debía hacer.

Armand no volvió a hablar por un buen rato, miraba asustado a su padre.

—Debes comportarte mejor Armand— susurró papá sin voltear a verlo –tienes que ayudarme—

— ¿Papi nojado?— respondió con una vocecita el niño.

—No enano… no estoy enojado, pero necesito que me ayudes, que te portes bien— respondió en tono conciliador sin dejar de mirar la carretera.

— ¿Nene lindo?— volvió a decir en voz bajita el niño.

—Si… — Severus suspiro y detuvo el automóvil a un lado de la solitaria calle – Vas a aprender muchas cosas, vas a conocerte y vas a saber que somos en realidad mi niño—

Armand lo miro sin comprender pero sonrió abiertamente –papi busca mami— dijo enseñándole los dientitos en un dulce gesto.

— ¿Mami?— respondió Snape confundido — ¿te enseñaron en el colegio esa palabra?—

Armand parpadeo sin dejar de sonreír, no entendió lo que papá le preguntaba.

—Mami linda, papi busca a mami— repitió el niño, Severus no pudo reprimir el reflejo y tomo la manita de su pequeño tratando de sonreír.

—Si enano, mami es muy linda y la vamos a buscar— afirmo con un nudo en la garganta –entonces…— trago con dificultad –ya es tiempo de platicar sobre mami—

El resto del camino Snape describió a Mina, le señalaba cosas como la manzana para describir sus labios, o el vaso entrenador con leche para hacerle una idea del color de la piel, la camisa del muñeco de felpa que llevaba el niño, rojo brillante como el cabello y Armand le escuchaba atento, dando la posibilidad de que entendiera mucho más de lo que su padre creía, a pesar de su escasa edad.

Llegaron a una ciudad que no figuraba en el mapa muggle; ya en una ocasión Severus dio con ella por error y tuvo que evitarla dando vuelta en u, ahora era distinto, detuvo por un momento el automóvil, suspiró y arranco de nuevo buscando donde aparcar.

Descendió con el niño en brazos, mirando desconfiado a la multitud que caminaba por las calles que sin discreción le veían las curiosas prendas muggles que el hombre vestía, y atraídos por la sonrisa y belleza del pequeño que cargaba.

Preguntando se llega a Roma, y en este caso preguntando llegó al banco sucursal de Gringotts, carraspeo frente a una bonita duende de gafas que servicial comenzó a atenderle.

Tras verificar su persona, el banco le entregó cantidades de su cuenta; los años que permaneció cerrada rindió buenos intereses, al menos no volvería al colegio muggle.

— Espero que mis movimientos bancarios sean manejados con total discreción — murmuró amenazador a la duende que asintió enérgicamente.

— Lo entiendo profesor Snape — respondió ella — aunque su nombre ha quedado limpio... lo entiendo... actualmente muchos magos se esconden y estamos trabajando bajo varios conjuros, el fidelius por ejemplo... nos impide dar información a quienes no estén relacionados con su cuenta — suspiró — aunque muchos están poniendo de moda desmemoriarnos —

— ¿cree usted que sea necesario? — preguntó mirándola fijamente, la duende sonrió confiada.

— Si el Lord lo busca es por algo que usted puede hacer en su contra — se retiró las gafas — adelante profesor... y acabe con esos infelices — sonrió.

— Nosotros nos encargamos — el duende que ocupaba el escritorio vecino se puso de pie — no debe haber señales de su magia — y con solo tocar la frente de la duende esta se tambaleo — ahora ella deberá hacer lo mismo... — le sonrió cuando Severus se puso de pie y el niño les decía adiós con la manita.

Snape abandonó el banco y comenzó a andar por las calles, necesitaba una varita, equipo de pociones, ingredientes, libros para actualizarse, algunos juguetes mágicos para el niño.

Le sorprendió la gran cantidad de magos y brujas en el lugar, reconoció magos y brujas italianos, familias enteras de Gran Bretaña e Irlanda, exiliados todos ellos de las tierras en conflicto y al parecer la ciudad crecía, por lo que debería tener cuidado.

Era alarmante la cantidad de extranjeros en la pequeña ciudad, llamaban demasiado la atención y pronto si no es que en estos momentos ya se encontraban infiltrados algunos mortífagos.

Realizó sus compras lo más rápido que pudo, no se resistió a comprar una pequeña escoba Nimbus a—b—c para el niño y una bola de cristal lila que el chiquillo reclamaba como una canica.

Meter los paquetes al carro, controlar al crío y ponerse el cinturón de seguridad le llevó menos tiempo de lo planeado, Armand al parecer había entendido lo que su padre le dijo y se portó muy bien, Snape echo a andar el carro y se alejo de la ciudad, no volvería a ella ahora viajarían sin detenerse en cuanto terminara de arreglar sus asuntos muggles.