Como ya saben, esto es un parodia del lore original de League of Legends, y de ninguna manera estoy asociado con Riot ni asumo derechos sobre la propiedad de ningún personaje aquí presentado, excepto aquellos de mi propia creación. Por demás, todo parentesco con la realidad es pura coincidencia. Ahora que conocen estos detalles legales sin importancia, sobre estos asuntos sin importancia, pueden continuar leyendo esta historia sin importancia.
Capítulo 6: Delirios de una victoria no correspondida
—Señorita... señorita Marie...—
Esas fueron las primeras palabras que escuché tras el brutal combate contra Fiora, siendo honesta. No era mucho, solo esas distantes, un poco distorsionadas y casi etéreas palabras. Eso es todo lo que puedo recordar tras haber perdido el conocimiento. No estoy segura si vi o sentí algo más durante mi ausencia, pero tenía la certeza que alguien me llamaba en la fría distancia, intentado guiarme entre las tinieblas. Las tinieblas... las tinieblas de ese extraño lugar, aquel limbo entre la vida y la muerte. Ahí me encontraba yo, buscando a tientas alguna realidad, sumergida en delirios no correspondidos... y todo lo que existía en ese extraño mundo era esa enigmática voz. Solo el eco de su espectral tono llenaba el vacío infinito que se extendía ante mis ojos.
"¿Acaso habré muerto?", me preguntaba de vez en cuando. Avanzaba un poco más en la oscuridad tratando de olvidar mis macabras dudas, más sin embargo la pregunta pronto me asaltaba nuevamente. "¿Acaso habré muerto...?".
Pero entonces:
—Señorita Marie...—
Tal vez algo esporádica, pero siempre constante, acompasando caprichosamente los lapsos entre el silencio mortal y los ecos vagabundos, esa enigmática voz resonaba en mi corazón ahuyentando el miedo y la incertidumbre. Esa voz tan familiar y conocida, pero aún así tan superflua y misteriosa, ¿Qué sería? ¿Qué sería ese extraño anhelo de buscarla y encontrarla?
Esa voz.
—Señorita Marie, debe despertar...—
Esa voz dulce, cálida y amable.
—Ya en serio, despierte maldita sea...—
Espera, ¿Dulce?
—La cuenta del hospital va a salir muy cara y yo no pienso pagarla, despierte...—
¿Cálida?
—Enfermera, autorizo la eutanasia, la eutanasia. ¡La eutanasia, he dicho! ¡Traigan la inyección letal, yo personalmente la aplicaré...!—
¿Amable?
—Suficiente, si usted no despierta me iré de este lugar ¡En ipso facto! Y en lo que a mi opinión respecta, bien puede usted seguir dormida hasta que se apague el sol si es que así lo dispone...—
No hay manera...
¡No hay manera, simplemente no hay manera!
¡En el mundo en que vivo no existe ni existirá jamás la posibilidad de que esa voz maldita sea bajo ninguna excusa amable, cálida o dulce porque le pertenece a un egoísta, desalmado, desquiciado y cruel manipulador de ojos apagados como un par de soles abrasados, cabello blanco, y rostro apuesto de rasgos nobles que pretende ser un ángel pero que al sonreír adquiere la apariencia de un demonio y que es sin duda alguna la maldad encarnada vestida en traje de gala! ¡Su nombre es Jeanniste Alkegramm Cutter, y si de algo estoy segura bajo el cielo azul y las estrellas que lo iluminan cada noche como faroles en las ventanas es que definitivamente no existe un rastro de amabilidad, calidez ni dulzura ni en la voz ni en el corazón de ese desgraciado impertinente y si pudiera decir una sola cosa más sería...!
—¡Jean...!— Exclamé en un hilo de voz al despertar.
Al finalmente despertar jadeando.
Casi entóxicada.
Y agradecí.
Estar viva.
Seguir viva.
Y por estar viva.
Por eso agradecí.
Y fue así que desperté.
En cualquier caso. Si hablamos del tiempo que había durado mi inconsciencia, puedo asegurarles que no tenía la más remota idea. No sabía de fechas, de años, de días... por Dios, en ese momento ni siquiera era capaz de calcular la hora. Por otro lado, si es respecto al lugar, puedo ser algo más informativa. Aún tan confundida como estaba, las sabanas blancas, los cables enterrados en la piel, ese aroma agridulce, las paredes asfixiantes, los ramos de flores sobre la mesa... y estas terribles náuseas daban una respuesta muy certera. No hacía falta mayor razonamiento, de seguro me hallaba en una clínica. Una pacífica y aburrida clínica, a ese lugar me llevaron mis esfuerzos. Ahora que lo pienso, la habitación era bastante espaciosa. No solo eso, todo parecía nuevo, absolutamente pulcro, los pisos relucían como espejos, y aunque no he visitado muchas clínicas en mi vida, me atrevería a decir que era una habitación muy bonita. Seguramente no me encontraba en un hospital público, ni en la enfermería del coliseo demaciano, ni tampoco en un centro médico de la liga, la habitación era... demasiado bonita.
Dicho esto, lo primero que hice tras recobrar el sentido fue recorrer el cuarto con los ojos en busca de otro ser vivo, pero fuera de mi misma el cuarto estaba completamente desierto. No había más que algunas mesitas por aquí y por allá, unas sillas distribuidas por la alcoba —una junto a mi cama y otras 3 junto a las mesitas—, algunos muebles, una pantalla en la pared, una canasta con frutas y, ¿Eso de allá son chocolates?, creo que también reconozco un par de bizcochos de mi panadería favorita en esa mesa de allá. Junto a mi cabeza se hallaba un poste metálico sosteniendo el saco de suero, el control de la camilla, un monitor cardíaco... oh, y por allá, a mi derecha, un balcón. Realmente se trataba de un centro médico bastante sofisticado, pensé.
Algunos minutos transcurrieron perezosamente.
Como pude me incorporé e incliné mi rostro confundida.
—¿Pero... que fue lo que pasó...? —Pregunté en mi solitaria habitación.
Aun no era capaz de organizar mis pensamientos adecuadamente. Algunos recuerdos aleatorios golpeaban mi mente azarosamente, pero eran fragmentos tan pequeños y aislados que no podía hacerme una idea general de mi situación. Así pasaron algunos minutos de absoluta confusión y caos, más lentamente pero constantemente fui reconstruyendo mi memoria con los pequeños pedazos que violentamente atravesaban mi cabeza, y al cabo de un rato se habían asentado ya en mi mente ideas claras y respuestas concretas... hasta que repentinamente una inquietud me asaltó —¡¿Y la pelea...?! ¡¿Que pasó con Fiora... donde... donde está ella?! ¡¿Acaso perdí...?!—. Mis recién reconciliados recuerdos iniciaron una guerra civil en mi cerebro. Una marea de preocupaciones y temores sin base ni fondo llegaron de la nada para destruir mi pobre paz mental, matando en el proceso a todo pensamiento tranquilo y reconfortante que habitara en mi mente.
¡Necesitaba respuestas!
Dentro de mi cabeza volaban dudas y temores de hemisferio a hemisferio, caian proyectiles del cielo y el mundo estaba a punto de acabar, pero en el mundo real la película rodaba mucho, mucho más despacio. Me incorporé con pasmosa lentitud de mi letargo. Me sentía muy débil y pesada, y tenía la extraña certeza de que si me movía demasiado rápido mis extremidades se iban a desmembrar. De alguna manera conseguí plantar mis pies en el suelo y acto seguido alargué mis manos hasta afianzar un endeble agarre sobre el poste para suero junto a mi camilla para lo usarlo como bastón de apoyo, pues no tenía confianza en que mis temblorosas y desgarbadas piernas pudieran sostenerme erguida. Así me propuse abandonar la habitación, y con dicha determinación dí el primer paso, sin embargo, lo siguiente que recuerdo es el sabor del suelo, pues me desplomé apenas intenté moverme.
—Auch...— Gemí.
Tras frotar mi adolorida nariz, completamente resuelta a cumplir mi objetivo por el medio que fuera necesario, me arrastré escasos centímetros por el suelo hasta que por fortuna me topé con una enfermera. Ah, digo "por fortuna" ahora, pero en ese entonces no dejaba de maldecir mi suerte.
—!S-Señorita Fleurlebleunt, que está haciendo en el suelo!— Gritó la escandalizada joven mientras se apresuraba a socorrerme.
—D-Déjame... ten-tengo que salir... necesito saber... necesito —Musité neciamente mientras agitaba mis brazos—... es importante, te digo...—
—¡Lo importante es que descanse bien!— Exclamó la muchacha.
—Pero... ¡no puedes...!—
La joven enfermera hizo caso omiso a mis protestas. Me levantó del suelo tirando delicadamente de mis bazos para inmediatamente sostener mi cintura tan pronto como quedé sobre mis pies. Pasó uno de mis brazos por encima de su cabeza, se dio media vuelta, y con algo de esfuerzo me tendió en la cama nuevamente como si yo fuera una muñeca. A pesar de ser tan joven era bastante profesional. Sus pequeñas manos se deslizaban con tal suavidad y ligereza que apenas sentí el traslado del suelo a la cama.
A pesar de todo intenté levantarme una vez más, pero la obstinada joven se negó rotundamente a dejarme hacer mi voluntad, y mientras me sostenía del pecho para suprimir mis movimientos, algo irritada terminó por soltarme un sermón tremendo acerca del cuidado y bienestar del cuerpo, de cómo ese era su trabajo y también de como yo estaba menospreciando los cuidados que tan esmeradamente había dedicado la chica en mi recuperación, y también acerca del pobre sueldo que recibía, de la sindicalización del gremio médico y un sinfín de quejas más que impacientemente me vi obligada a escuchar. La discusión, completamente unilateral si me permiten el comentario, se extendió entre el tedio y el desespero hasta que, por fin, un rostro conocido se asomó por la puerta de la habitación.
La joven se levantó diligentemente del asiento junto a mi lecho, donde regulaba tiránicamente todos mis movimientos, y con la cara roja exclamó con nerviosismo:
—¡Señor Jean...!—
—¡Jean...!— Repetí yo ilusionada.
—Oh, señorita Marie, ha despertado finalmente —Murmuró este algo sorprendido—. Cuanta tenacidad —Observó, y dirigiéndose a la joven enferma agregó sonriendo—. La señorita Marie seguramente habrá probado ser una paciente difícil de tratar, ¿No, señorita Beth?—
—A-Ah... pues... yo no —Balbuceó la enfermera ocultando sus mejillas coloradas con sus manos—. No, no es... en absoluto, la señorita Fleurlebleunt es una persona muy enérgica, pero no es una paciente conflictiva. E-Estoy segura que se recuperará... pronto... jeje...— Dijo la chica aquella riendo tontamente. Tontamente.
—Que buena noticia —Respondió Jean—. Agradezco su laborioso empeño, señorita Beth, pero a partir de ahora me haré cargo yo—
—S-Si, si señor, por supuesto— Respondió la enfermera con su resplandeciente rostro sonrojado y se retiró inmediatamente con esa risa tonta de antes.
Jean se acercó cuidadosamente hacia mi.
—Beth...— Dije secamente al verla partir.
—¿Hmm...? Ah, si, Beth Alebronch, una aprendiz de curandera con mucho talento, curiosamente oriunda de la ciudad de Noxus. La alumna estrella de la academia de medicina, instruida por la mismísima Soraka en las artes de la curación... existe la posibilidad que la veamos proximamente en la liga— Respondió Jean.
—Oh, la conoces bastante bien...—
Jean me observó algo consternado, más pronto se recompuso y tras sonreír con malicia brevemente, murmuró con repentina gravedad:
—Pues verá, señorita Marie, es natural que la conozca bien después de... ya sabe, el tiempo que ha pasado—
—¿De que estás hablando?— Pregunté algo inquieta.
—Señorita Marie, no creo que sea el mejor momento para decir esto...—
—Jean... me estás asustando, ¿Que es lo que tratas de decirme...?—
—Por favor mantenga la calma, señorita, pero usted... usted ha estado en coma durante 14 años—
—¡¿QUE...?! —Grité con toda la fuerza que no había podido reunir antes—. ¡No, no es posible...! —Continué histérica—, ¡¿Cómo ha podido pasar tanto tiempo?! ¡¿Y mis amigos...?!, espera, ¡¿Y Fiora?! ¡¿Que pasó con Fiora?!—
El examinador se mordió un labio con expresión acongojada y contestó intentando sonreir:
—Ah, señorita Marie yo... yo no creo que sea una buena idea decírselo ahora, no en su condición...—
—¡Jean...:!— Exigí al borde del llanto.
—Ella... —Murmuró Jean con melancolía—... ella murió poco después del duelo, sus heridas eran simplemente demasiado graves. No pudo sobrevivir más de 4 minutos fuera del coliseo y... oh, los pobres chicos —Murmuró Jean cubriendo su rostro—. Ella dejó dos niños huérfanos. Nadie sabía de ellos y...—
—¿N-Niños...? ¿M-Muerta? —Mascullé estúpidamente con una rígida sonrisa rota— ¡W-Waa...! ¡Jean, no puede ser, no puede ser...! ¡Waaa...! —Estallé en lágrimas mientras me retorcía débilmente entre las sábanas —¡Es mi culpa, es mi culpa Jean, waaa!—. Estaba tan conmovida, destrozada y aterrorizada que no pude notar las carcajadas ahogadas de Jean.
—¡Pffft...!—
—¡Ahaaa...! ¡Waawaaaa...! ¡Es mi culpa, mi culpa!—
—¡Pffffffffffffffffttt...!—
Y mientras la pobre de mí lloraba y lloraba, el perverso de Jean se reía y se reía. De cuando a cuando agregaba otro detalle trágico a su endemoniada historia, y entonces volvía a ahogar sus carcajadas tras observar mi escandalosa reacción. La cruel escena se extendió entre el llanto arrebatado y la risa premeditada durante un par de minutos hasta que, finalmente, unas amables manos estrellaron tímidamente una carpeta contra la cabeza de Jean. Por un momento deje de llorar para observar, entre mis lágrimas, el par de coletas celestes ondeando tras la silueta de Jean que, supusé yo, pertencerían a la autora del tenue ataque.
El joven se apartó diciendo:
—Ah, señorita Sona, ¿Usted aquí?—
—...— Aquella mujer hermosa, a quien Jean había identificado como Sona, estaba de pie frente a él observandolo con intensidad.
—¿S-Sona...? ¿Realmente hablas de esa Sona?— Pregunté entre mis sollozos.
—...— La bella criatura se giró hacia mi sonriendo gentilmente, pero algo abochornada, como si estuviera disculpándose por lo que acababa de ocurrir. Sabía bien que no podía hablar, pero sus ojos expresaban una dulzura tal que hacía innecesarias las palabras. No cabia duda, realmente se trataba de la misma Sona Bevulle en persona, tan hermosa y exquisita como dicen los rumores.
—Oh, bueno —Suspiró Jean con expresión cansada—. Señorita Marie, permítame introducirle a la sanadora encargada de su tratamiento en general, la señorita Sona Bevulle... otra insoportable y quejumbrosa moralista— Agregó susurrando mientras sonreía con amargura. Sona lo escuchó, no obstabte, e inmediatamente clavó sus ojos brillantes sobre él con una expresión que intentaba parecer enojada, o tal vez indignada... errr, algo molesta... ¿O solo un poquito irritada, tal vez?
"Parece que hasta la dulzura necesita un límite", pensé al contemplar a la dulce Sona, incapaz de siquiera fruncir su respingada naricita. Bueno, en cualquier caso, si "ira" es lo que faltaba aquí entonces no había problema, pues pronto un potente berrido reverberó en la habitación diciendo:
—¡...Jeanniste...!—
—¡Du Hast!— Chilló el aludido al enterrarse un tenedor de plata sobre su cabeza.
Semejante castigo despiadado solo podía ser obra de una persona. Una mujer, más específicamente hablando, con un caracter tan explosivo y recio que no podría ser más opuesta a la serena y pacífica Sona quien, por cierto, horrorizada contempló toda la escena tiesa y pálida como un tempano de hielo. En cualquier caso, esa persona explosiva, esa mujer recia... ¡Esa criatura cruel solo podía ser...!
—¿F-Fifi...?—
—Dios... juro por mis ancestros que si este tipo no es Lucifer hecho hombre... —Musitó aquella aparición que, según Jean, debía estar muerta. Girándose hacia mi, la Fiora que he conocido desde que era una niña y que yo creía muerta me saludó refrescantemente—. Es bueno verte despierta nuevamente, Mary—
—P-Pero... pero si estás...—
—Viva, naturalmente —Me interrumpió Fiora para pronto añadir sonriendo—, el día que seas capaz de matarme aún esta muy lejos, mi querida tontuela—
—Realmente estás con vida —Murmuré hecha un mar de lágrimas—, no tienes idea lo mucho que me... espera, ¿Y los 14 años? ¡Fiora, debes tener como cuarenta añ-! ¡Rasengan!— Chillé al recibir un carpetazo de Fiora justo en la cabeza.
—¡No tengo 40 de nada, tonta! —Exclamó Fiora—. Por amor al cielo, Mary, ¡Solo han pasado 2 días desde el combate! ¡Todo fue una mentira de este bellaco!— Vociferó Fiora señalando a Jean.
—Si lo dice de esa manera —Intervino Jean— me hará ver muy mal, señorita Laurent. Yo solo quería, digamos, estremecer un poco el corazón de la señorita Marie para...— La estocada excelsa agitó su puño en el aire furiosa en respuesta las payasadas de Jean. Estaba amenazando con enterrar otro cubierto en su cabeza, mientras este retrocedía buscando un arma para defenderse, y Sona por su parte intentaba con desespero interponerse y asentar la calma en la habitación. Y yo... yo no hacia nada más que sonreír. Tal vez los juegos de Jean había llegado demasiado lejos pero...
—Todo fue una broma y nada más... —Suspiré aliviada con los ojos empapados—. Solo fue una mentirita... jajajaja...—
—Mary... eres demasiado suave con ese idiota de Jeanniste— comentó Fiora.
—Bueno, no creo que esté mal para mi ser así con él... —Respondí aun sonriendo mientras observaba a Jeanniste Alkegramm Cutter. El mismo sujeto extraño que se me había presentado como examinador, como entrenador y como amigo. Ese Jean de cabello blanco que ahora exhibía una cabellera roja. Rojos cabellos como el sol del ocaso. Y por la tez clara de su semblante se podían apreciar hermosos hilos rojos que corrían libres sobre su rostro y yo- ¡Espera, es sangre! ¡Sangre saliendo a borbotones de su cabeza!— ¡Jean, estás sangrando!—
—Oh, vaya...— Dijo este.
—¡Estás sangrando, sangrando! ¡Ve a un hospital, es peligroso—
—Entiendo, señorita Marie. Sucede que ya estoy en un hospital— Respondió él en su ya clásico y bien conocido tono sarcástico.
Casi muerdo mi lengua por los nervios que me provocaba su actitud indiferente, aún frente a su propia existencia. Por suerte Sona estaba aquí para aliviar mis ataques de ansiedad. Agarró al joven de la mano de inmediato y se lo llevó a toda prisa de mi habitación sonriendo nerviosamente, probablemente en aras de curarlo. Jean no se resistió, y obedientemente abandonó la habitación junto a la joven muda. Antes de salir, no obstante, me dirigió una mirada serena y señaló con los ojos a Fiora. No hacía falta que lo dijera pero... parece que nosotras dos necesitábamos hablar. No, era simplemente natural que necesitáramos hablar. Fiora y yo... nosotras necesitábamos una larga, larga y amena charla.
Pronto la habitación quedó habitada solo por dos personas. Fiora, con algunos vendajes en las manos y en las piernas... y yo, que por amor a todo lo que hay bajo el cielo esperaba no parecer una momia. ¡Por favor díganme que todavía soy bonita! ¡Ah...! ¡Ahem! Un corto interludio ausente de palabras se hizo un lugar en la habitación. Sabía lo que quería decir... pero no sabía si era buena idea decirlo. Sea como sea, pronto decidí despedir el silencio:
—E-Entonces Fifi... ¿Ganaste?— Pregunté con una sonrisa tímida, como si recién hubiera hecho algo malo.
—¿Ganar? Vaya... —Suspiró Fiora sentándose en la silla más cercana—. Pero que cosas dices después de enviarme a dormir tan violentamente con ese cabezazo —Dijo ella y señaló su frente cubierta de compresas. Observe cuidadosamente sus heridas. Las heridas que yo había provocado... pero había algo más. Lo que yo buscaba no eran los raspones ni los moretones, era una herida más profunda, oculta... una que tal vez nunca sanaría.
—Y-Yo... Fifi, yo... —Eso es lo que quería preguntar, pero mi lengua temerosa no se atrevía a moldear más palabras. Estaba asustada. Yo quería preguntar si acaso ella.. si acaso Fiora... si por mi culpa ella no era ya una... ¡Si acaso ella...!
—Ganaste, Mary —Dijo Fiora de repente—. Ganaste magníficamente. Mantén la frente en alto, y que nadie te diga lo contrario. Puedes estar orgullosa de ti misma—
—Fifi —Farfullé en voz baja sin atreverme a verla a los ojos—, ¿Entonces tu... entonces tu... entonces tu ya no eres una campeona...?—
—Vaya... que pregunta —Sonrió Fiora enjuagando mis mejillas—. Aún no es oficial, pero supongo que es probable que revoquen mis derechos como campeona de la academia en unos días, es Jeanniste de quien estamos hablando después de todo—
—¡Pero eso no es justo...!— Protesté.
—Claro que es justo. Eso fue lo que pactamos—
—¡Pero... no, no hablo de eso! ¡Fifi tú eres...! Tú eres mucho más fuerte que yo, ese combate... ¡Ese victoria tonta fue solo un golpe de suerte!—
—Mary...—
—Yo jamás... jamás debí ganar... ¡Fiora, no puedes renunciar...!—
—Mary, ya basta —Interrumpió mi amiga sonriendo patéticamente—. No hagas ver el combate en el que deje mi alma y mi orgullo como algo tan simple y vacío. Yo también tengo algo de dignidad, ¿Sabes? —Luchando contra el llanto y la decepción, Fiora agregó—. Me niego a aceptar que a pesar de esforzarme tanto... fui vencida por causa de algo tan vago e injusto como la suerte—
—Fifi...— Murmuré conmovida hasta las lágrimas. Quise decir algo más... quise creer que existía una palabra capaz de reconfortarla... lo juro, yo en verdad quería tanto, tanto hacerlo... pero:
—¡No digas nada más! —Exclamó Fiora ocultando bajo su flequillo los oscuros y afilados ojos que seguramente lloraban de impotencia—. Por favor no digas nada más —Repitió ella en el tono más suave que permitía su garganta—. Sé bien como eres. Sé bien lo dulce y lo gentil que eres... siempre lo he sabido. Por eso sé que no lo admitirías. Tu nunca lo admitirías porque eres una criatura demasiado bondadosa y nunca te permitirías lastimarme... eso lo sé. Eso lo sé, pero por favor no lo digas—
—...— No supe como contestar.
—Por favor...—
—...— No sabía como contestar. No sabía como secar las lágrimas de quien nunca había llorado. Yo que siempre era consolada no sabía como consolar a alguien más. Y aunque odio sufrir, odio el dolor, odio la tristeza y odio la soledad, verla sufrir así... ¡Verla sufrir así era incluso más doloroso! ¡Era casi insoportable!— ¡Fifi, yo...!—
—Por favor... —Suplicó Fiora—... Mary, se que es egoísta de mi parte. Se que tu no eres así... sé que eres demasiado gentil... pero te lo imploro: no digas que fue suerte. P-Por favor... por favor no lo digas... ¡Por favor déjame creer que fui derrotada por una oponente más fuerte...!—
Aún en ese momento yo no sabía que decir.
Tal vez... no había nada que decir.
Quiero decir, ya lo sabía.
De alguna forma.
Lo sabía.
Jean me lo había dicho desde el principio, después de todo. "No hay una opción completamente justa, siempre habrá un perdedor y un ganador. Una de las dos sufrirá porque lo perderá todo, algo como eso no puede ser justo. Pero, ¿Sabe?, rechazar la determinación de su amiga, que ha puesto todo en la linea para apoyar su sueño... esa definitivamente es la opción más injusta de todas..." O-Oh, vaya, jajajaja, parece que he mezclado un poco las frases, que vergüenza. Parece que mis recuerdos siguen un poco borrosos... pero eso no importa, el mensaje era claro. Rechazar la determinación de Fiora, ella que lo arriesgó y lo perdió todo por mí era definitivamente la opción más injusta. Aunque ella pudo haberse negado, aun sabiendo que cualquier desenlace posible sería difícil para las dos, ella aceptó cargar con ese dolor. Por mi bien eso fue lo que decidió. Yo... es verdad, lo reconozco. Fue una estupidez de mi parte, solo pretendí ser amable. No estuvo bien. Decir que todo fue por obra y gracia de la suerte fue como negar todo el esfuerzo de mi querida amiga.
Es como decir que en cualquier momento pude haberme convertido en campeona por pura suerte, y que... así como yo por simple suerte gané... Fiora por simple suerte perdió. Y eso fue... definitivamente injusto. Ella también deseaba ganar. Ella también peleó con todas sus fuerzas. Ella también anhelaba proteger algo, una tenue ilusión de victoria... ella también quería alcanzarla. Pero entonces llegué yo diciendo que todo fue por obra de la suerte.
Decir eso fue realmente lo más injusto.
Que el esfuerzo inimaginable a de toda una vida fuera negado así de cruelmente.
Que por simple suerte, de manera tan irracional y absurda ella perdiera.
Que de repente el destino le dijera que había llegado a su límite.
Que sin importar cuanto se esforzará ella nunca ganaría.
Todo por simple suerte... eso no era justo.
Y yo finalmente lo comprendí.
Lo que significaba serlo.
Ser un campeón.
Y lo acepté.
Lo acepté porque sentí que era la única forma de corresponder a los nobles sentimientos de Fiora. Así ella podría levantar su rostro una vez más. Lo había decidido. Fiora no fue vencida por ninguna miserable suerte. Ella fue vencida porque fui más fuerte. Fue vencida porque mi voluntad de ganar fue más grande, más ambiciosa. Esa era la manera correcta de responder a su determinación, de aliviar su frustración, de secar sus lágrimas. Y sé que tal vez no fuera justo... tal vez no fuera la opción correcta... tal vez nunca debí ganar. Tal vez todo esto es solo una estupidez... pero... pero yo...
—Lo siento, Fifi —Dije mientras enjuagaba mis húmedas mejillas acariciando su terso rostro—. Tu realmente fuiste una dura rival—
—Mary...— Murmuró finalmente la estocada excelsa levantando su semblante surcado por lágrimas.
Y esa fue mi respuesta.
Ante su dolor, ante mi incertidumbre...
Respondí con delirios de una victoria no correspondida.
Vaya, los feelings.
Este capítulo estaba tan cargado de emociones que casi no puedo soportar el escribirlo. Este capítulo fue como beber café endulzado con cocaína, lo juro. Estuve al borde del suicidio colectivo y... ¿Qué? ¿Prometí que lo publicaría hace una semana? Bueno, pues mentí. Lo reconozco. Fui débil. ¡Lo reconozco!
Como sea.
Como ya dije antes, después de un climax siempre viene el letargo, la calma, la falta de erecciones, ya me entienden. Después del vibrante combate entre Marie y Fiora no podía menos que dejarlas descansar un poco a ellas (y a mi cabeza). Entre otras cosas que quise pero olvide mencionar con anterioridad, era que la espantosa Fiora R-Pentakill que usaba el infame vals de espadas era la que quería encarnar aquí. Esa Fiora poderosa e imparable que te hacía flamear al jungla por no subir a ayudarte en top cuando ya ibas 0/15/2... que recuerdos. Bueno, luego llegó Rito con sus reworks a joder mis planes, así que tuve que inventar aquello de las lesiones de Fiora, de sus nuevos enfoques, y todo eso. En cualquier caso creo que el asunto terminó bien. Por otro lado, el episodio de hoy fue algo... difícil. Sí, difícil. Es difícil expresar emociones ambiguas y esperar que el público las entienda, por no hablar de lograr que se identifiqué con ellas. Cada persona piensa distinto, quiero decir. Yo, sin embargo, estoy abierto a críticas y preguntas, como es natural, para aclarar las dudas que mi mediocre capacidad de redacción sea incapaz de subsanar. Y si, eso incluye críticas contra estos segmentos en los que expreso mis inseguridades emocionales que de seguro a nadie le interesaran.
Como sea.
Ozz el mago, gracias por tu comentario cargado de feeling. Me alegra que Mary no sea la única que llame a Fiora "Fifi" ahora, pero me apena admitir que no se que será del futuro de la pobre Fiora, esperemos que brillen luces para ella.
Pues eso, gracias por vuestra atención.
