IN MEMORIAM: MEMORANDUM.
Mañana en la batalla piensa en mí, frase originada por William Shakespeare, la cuál es mencionada varias veces en la Escena III del Acto V de Ricardo III. Yo sólo la tomé prestada, pues me pareció adecuada para este fic.
Gracias a Miki-Black, remsie, Aryblack, Zaratustra y Leila Diggory. You girls rock!! Les dedico este capítulo con todo cariño, así como a todo aquel que lo lea. Prometo no tardar tanto, tanto, tanto como tardé con este chap. Ya me aplico, lo prometo. Pero tardé por una buena razón, verán, yo tenía toda la historia escrita y perfectamente planeada en un pequeño cuaderno que mi querida madre decidió romper así como así. El caso es que después de todo el luto, tuve que rescribirlo todo, aparte de que me fui de vacaciones y entré a la escuela. Pero ya acabé y prometo actualizar más seguido. Por pacientes, espero que se ganen la lotería.
Otra
cosita, el título es de una hermosa canción que espero
alguna vez tengan la oportunidad de escuchar. Ahora sí,
disfruten y manden sus comentarios. Sus reviews me alegran, así
que por favor háganme muy feliz.
Gracias!
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7.-Je t'aime, moi non plus.
El castaño llegó puntual a la biblioteca. 16:30 en punto, tal como lo citaba aquella carta que había recibido esa mañana. Al ver la biblioteca vacía, como generalmente lo estaba, se sentó en la mesa del fondo. Sospechaba en total de cuatro personas que le pudieron haber mandado esa carta:
1.-Sirius, que probablemente querría proseguir con su coqueteo infalible y lo invitaría al baile.
2.-James, posiblemente ,mandado por Sirius, para preguntarle con quién iría al baile.
3.-Snape, que tal vez lo amenazaría de desollar vivos a él y a sus amigos si se atrevían a hacerle algún tipo de broma durante el baile (digo, hay que mantener la poca dignidad social que nos queda),
4.-Maggie Finn. Raro, sí, pero Remus era demasiado perspicaz como para no darse cuenta de las miraditas furtivas que le mandaba la joven Ravenclaw.
Como siempre, Remus tuvo razón. Por la puerta entró la persona que menos esperaba pero de la que más sospechaba.
-Remus- saludó con una elegante inclinación de cabeza, mientras se sentaba.
-Maggie-saludó de la misma manera.
-¿Sorprendido?-preguntó con timidez. Remus simplemente subió los hombros.
-No realmente- respondió honestamente.
-Debes estar preguntándote por qué te cité en la biblioteca.
-Lo puedo suponer-respondió con la misma indiferencia – lo que me interesa es el para qué me citaste en la biblioteca.
Finn parecía un poco sorprendida.
-Pues para que ni Potter ni Black creyeran que quería hablar con ellos.- Remus sonrió. Finn tenía razón. Sí se hubiera acercado a Lupin cuando rodeado de los demás merodeadores, seguramente Sirius o James hubieran pensado que Finn quería insinuárseles o algo.
-Así que...-empezó a decir la atractiva muchacha, mientras jugaba con un mechón de cabello -¿querías decirme algo?
-¿Yo?-preguntó el muchacho confundido- fuiste tú la qué me citó aquí.
Maggie ladeó la boca, en ademán de fastidio. El castaño no entendía mucho de mujeres, pero su perspicacia le decía que la chica lo había citado para que fuera él quién la invitara al baile.
-No, Remus- insistió la joven – tú querías decirme algo.
El licántropo no iba a dejarse a vencer tan fácilmente.
-Yo no quería decirte nada.
-¿Entonces por qué me mirabas tanto esta mañana? Tú y tus amigos. – el chico sonrió. Cuando Peter mencionó lo del baile, su impulso lo giró a ver a Finn. Quería invitarla, cierto, pero no encontraba la manera adecuada para decírselo. Finalmente se dio por vencido.
-De acuerdo, Maggie, tú ganas.- la chica sonrió con satisfacción. - ¿Me harías el favor, a expensas del tiempo, momento y manera en la que te lo pido, y esperando que no te brinde ninguna molestia posterior, de acompañarme la baile escolar que se efectuará próximamente?
Finn se empezó a reír como borrego a medio morir. Quiéranlo o no, ¿ qué conquista más que un hombre con un amplio vocabulario?
-De acuerdo, Remus, a las ocho junto al cuadro del árbol en fuego.-y con esto, se paró y se dirigió a la salida, no sin antes mandarle un beso.
Remus cruzó los brazos, emocionado por decirle a sus amigos que iría al baile con una de las muchachas más atractivas de Ravenclaw. Evidentemente, se había olvidado de Sirius.
Se apresuraba para llegar a tiempo al Gran Comedor para al menos comer un poco de las sobras, cuando se topó con James en uno de los pasillos.
-Moony, te he estado buscando- le dijo con una sonrisa al verlo – ya ves que he estado solito porque castigaron a Pads y a Wormtail.
-Lo siento, Prongs, he estado en la biblioteca.- se disculpó, una mirada pícara en la cara. James entrecerró los ojos.
-¿Qué hiciste?- preguntó escrutándolo con la mirada. Remus simplemente le sonrió más ampliamente.
-Ven, te cuento mientras comemos. Muero de hambre.
Finalmente llegaron al casi vacío Gran Comedor, sentándose en la mesa de Gryffindor. Remus se sirvió de todo, y el muy expectante James esperó a que tomara el primer bocado para exigir una explicación.
-¿Y bien? ¿A quién mataste, envenenaste o heriste de gravedad?
-No, nada de eso- negó con la cabeza el licántropo.
-¿Echaste un maleficio a Snape?- otra negación.
-¿Bajaste puntos a Slytherin?
-No.
-¿Rompiste algo? ¿Golpeaste a un maestro? ¿ No hiciste la tarea?- Remus siguió negando con la cabeza. James entonces abrió los ojos muy impresionado.
-¿¡Te ganaste un castigo?!- soltó esperanzado. Remus lanzó una carcajada.
-No, no- dijo entre risas, para luego ponerse muy serio - no.
-¿Entonces?
-Ya tengo pareja para el baile.-dijo muy orgulloso. James sonrió de alegría. – Y no es simplemente una pareja para el baile. Es Maggie Finn.
James abrió la boca anonadado, abriendo los brazos de felicidad.
-¡Vaya Moony, felicidades! Ya era hora de que alguien se diera cuenta del lobo que llevas dentro. – le dijo dándole unas palmaditas en la espalda. Ambos rieron.
-Fue irreal. Aún no puedo creerlo.- explicó sinceramente, añadiendo en voz baja. – Digo, es una de las chicas más guapas de la generación.
-Oh Moony, estoy muy orgulloso de ti. Creces tan rápido...- bromeó fingiendo algunas lágrimas.
-Esto es tan raro- exclamó el castaño, pasando una mano por su cabello.- Peter nuca se lo creería.
James empezó a reír.- Ahora sí nos ganaste a todos, Moony. ¡Espera a que Padfoot se entere...!
CLING. Prongs acababa de dar en el clavo. "Sirius". Los chicos guardaron silencio, preocupados. Entra tanta alegría se les había olvidado la reciente atracción del moreno por Remus. James fue el primero en comentar algo, adivinando los pensamientos del otro.
-Supongo que no le piensas contar a Sirius.
-Realmente no había pensado en eso – contestó el lupino honestamente,- pero no es como si pudiera esconderlo por mucho tiempo.
-Tienes razón, tarde o temprano lo averiguará.
-Además no creo que le importe demasiado, seguramente ya se le pasará.
James se mordió un labio. Conociendo a Sirius, seguramente se le pasaría pronto tal como lo dijo Remus, sin embargo sabía que esto no era nada comparado a todas sus otras obsesiones románticas. Era algo que se había desarrollado con el tiempo y que ahora llegaba a un punto extremo en el que su amigo probablemente saldría herido.
-Pero, hay algo que me confunde, Moony. ¿Qué a ti no te gustaba Pads?
-Pues claro que me gusta- exclamó con una sonrisa – el chico es verdaderamente encantador, a todo mundo le gusta. ¿ A ti no te gusta?
-¡No, dios, no! Yo soy muy hombrecito.- respondió con seguridad. Remus encogió los hombros. Esa plática iba a ser muy larga.
Sirius salió con prisas de la sala de trofeos con sus ya acostumbradas manos ardiéndole, apresurándose a buscar a Remus antes de que alguien le interceptara para invitarlo al baile. Hasta el momento había recibido 15 invitaciones en persona (10 chicas, 4 chicos y un elfo doméstico) así como 9 cartas de petición. Sin embargo, él ya tenía perfectamente en la mira a su pareja para el baile.
Lo había planeado todo durante su castigo ( que para variar consistía en limpiar trofeos con químicos muggles de dudosa consistencia) y no dejaría pasar la primera oportunidad que tuviera para hablar a solas con el castaño.
Entró rápidamente a su sala común, identificando inmediatamente a dos de sus amigos sentados en un sofá hablando en voz baja, clásica actitud de conspiradores. Sonrió especialmente al ver al licántropo. Cuando les dijo hola en voz alta, los chicos se sorprendieron, sonrojándose y poniendo caras de inocentes. Sirius sólo atinó a reír ante la miradas sorprendidas de sus amigos.
-¿Pues qué estaban haciendo, que tanto se sonrojan?
James empezó a reír estúpidamente, como cada vez que trataba de ocultar algo. Sirius sabía esto, y Remus sabía que Sirius acabaría enterándose de todo. James no era exactamente discreto.
-Nada, Padfoot, nada, nada.- aseguró entre sonrisas. Remus puso los ojos en blanco.
-Oh, claro, nada- Sirius reflexionó.- Entonces supongo que me podrás decir de qué estaban hablando.
-Pero, Padfoot, mi buen amigo- exclamó James con nerviosismo – No creo que te interese saber sobre qué hablábamos.
-Claro que me interesa, Prongs. Vamos, se bueno conmigo y cuéntame de que hablaban.
Y antes de que James pudiera negarse de nuevo, Sirius le colocó una mano en el hombro, clara señal de presión. El chico de gafas no pudo contenerse por más tiempo y desparramó todo el secreto tan celosamente guardado desde hacía menos dos horas.
-Es que Moony ya consiguió pareja para el baile. Es Maggie Finn, de Ravenclaw. Ya sabes, la de cabello café y ojos marrones. Es amiga de la amiga de tu última novia, ¿te acuerdas? Aquí entre nos yo nunca pensé que ella estaría interesada en Moony, pero ya ves que...- sin embargo, la disertación de James acerca de Finn fueron interrumpidas – dolorosamente, si le preguntas a James- por un fuerte golpe en su cabeza, que lo dejó desorientado por varios segundos.
-¡Prongs, si fueras espía de la CIA, hubieras muerto hace mucho tiempo!- gritó un lobito enfurecido. James se notaba perplejo por lo de la CIA, sin embargo a Sirius le causó mucha risa.
-Sabía que Prongs no podría aguantar dos minutos sin revelármelo todo- agregó un triunfante Sirius entre risas. Risas que, por cierto, pararon prontamente en cuanto el moreno reflexionó la información. Risas que fueron a convertirse en tristes muecas de confusión.
-¿En serio vas a ir con Finn?- preguntó un tanto atontado Padfoot. Moony solo acertó a asentir. ¡Ahora, por eso es que todo esto debía mantenerse en secreto: para evitar momentos incómodos! Pero nuestro querido Prongsy nunca pareció entender el concepto de cállate antes de provocar más momentos incómodos.
-¿Y tú con quién irás, Pads?
-Yo- respondió en casi un murmullo- con nadie.
¡Ay de los merodeadores!
Finalmente, unos cuantos días después, llegó la tan anhelada velada. Todo parecía normal, pero nosotros que somos inteligentes, sabemos que entre ciertos canes había tensión. Aunque nadie decía nada al respecto.
Ya rumbo al baile, Remus observaba con preocupación al chico que caminaba por delante. Sólo escuchaba a Finn hablar de sabe Dios qué cosas, mientras asentía constantemente con la cabeza, como si en realidad le interesara lo que le estaba diciendo. Su mente no podía parar de pensar más que en Sirius. Su cara llena de confusión al saber que iría con Finn. Su voz entrecortada mientras hablaba. Su andar lento y con la cabeza baja.
Remus estaba muy preocupado.
Al fin llegaron al Gran Comedor, que estaba muy iluminado, con el techo saturado de las estrellas nocturnas y dulce música llenando el salón. Alumnos de cuarto, quinto, sexto y séptimo grado bailaban y conversaban animosamente con ninguna clase de supervisión por parte de los profesores más que Peeves, quien al parecer había sido obligado a vigilar a los alumnos por orden de Dumbledore, para que así se pudieran divertir con libertad. Finn se reunió con sus amigas y comenzó a reír, sacando a Remus de su trance.
-No creo que a Peeves le importe- comentó la rubia entre risas.
-¿Qué no le importe qué?- preguntó Remus con curiosidad. Maggie levantó una botella de ron como respuesta.
-Sarah trajo varias de ellas para hacer la fiesta más divertida
Remus se fijó en la mesa donde las amigas de Finn estaban sentadas, y vio que había todo un arsenal de botellas de ron, suficientes para emborrachar a toda Inglaterra. Evidentemente James también vio eso, ya que se acerco con prontitud y se unió a la plática de las amigas de Finn. Lo que un chico rechazado por Evans puede hacer por un poco de alcohol.
El castaño volteó para ver a un triste moreno sentado en una mesa cerca. Ya que su pareja de baile parecía más emocionada con el alcohol que con él, decidió acercarse a platicar con su amigo. Sentóse a un lado, de lo cual Sirius se dio inmediatamente.
-¿Divirtiéndote?- preguntó un casual Remus.
-No realmente.
El castaño no pudo más que sentirse un poco contrariado ante la fría respuesta de Sirius.
-¿Estás bien?- continuó, tratando de entender al moreno.
-¿Qué te importa?- fue la ruda respuesta del mismo. El castaño frunció el ceño, lastimado por esa contestación.
-Sirius, siento que estas molesto conmigo por algo.- intentó conciliar.- Déjame ayudarte.
Sirius le volteó a ver con una mirada herida, y se levantó rápidamente de la silla.
-Entonces aléjate de mí, Remus. Por favor, aléjate de mí.
Fue para nuestro lobito del alma una de las noches más psicodélicas de su vida. Finn lo incitó a tomar primero un sorbo y luego diez botellas de ron, por lo que entendemos que Remus estaba completa y absolutamente ebrio – Where is my mind?, Anybody?
Sin conciencia alguna, igualmente, James había quedado, Pero fue procurado hasta su habitación por un tanto cuanto aburrido Peter, cuya cita había plantado. En fin, ¿ quién quiere al gordo rubio de Peter?
Con ya medio Gran Comedor vacío, Remus se recargaba en una mesa haciendo grandes esfuerzos por no vomitarlo todo. De lo que no se daba cuenta era de la mirada atenta y protectora de un moreno que había aguantado toda la noche vigilando a cierta persona preciada. Quien se estaba ya retirando a sus aposentos.
Salió rápidamente del salón, siguiendo de cerca al castaño, que se tambaleaba vertiginosamente por las paredes. Sirius se apresuró a cogerlo en brazos antes de que cayera al suelo, el muchacho completamente ebrio. Le pasó un brazo alrededor del hombro y lo llevó rápidamente a su cama habitual en la enfermería, enfermizamente preocupado por el castaño. Con cariño y cuidado lo recostó, quitándole los zapatos. Lo metió debajo de las sábanas, colocándolo lo más posiblemente cómodo que se le ocurrió. Y simplemente se paró allí, contemplándolo.
-¿Qué me estás haciendo, Remus?- suspiró.
El chico abrió un poco los ojos, viendo borrosamente a Sirius. El animago se acercó a él, susurrándole algo al oído.
-Te amo.
Remus, con voz casi intangible, sólo pronuncio dos palabras antes de caer dormido.
-Yo tampoco.
Sirius se dejo caer de rodillas, sus ojos aun en el castaño.
Sirius entró a su habitación, la cabeza doliéndole intensamente. Se sentó en su cama, su cara contracturada en confusión. Algo allí estaba yendo demasiado lejos, fuera de su control. Esa pequeña atracción que sentía por su amigo no debía de haberse desarrollado tanto en tan poco tiempo. Ciertamente siempre había sentido algo por él, pero lo que ahora sentía era toda una revelación, algo que su subconsciente había planeado en contra de él.
Fue realmente en ese momento cuando se dio cuenta de algo que cambiaría su vida para siempre. Desde el primer momento en que le vio le pareció la cosa más preciosa del mundo, y eso no hacía más que aumentar a cada momento que pasaba. Cuando le hablaba o le tocaba se quedaba sin habla, y ahora que sabía de la nueva pareja de Remus, por más ridículo que sonara, se sentía inmensamente miserable.
Todo por él.
CONTINUARÁ...
