The Rent Boy.

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Por tresa_cho.

Traducción: Xanath

Beta: Anna_Lylian

Disclaimer: Harry Potter pertenece a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright, la trama pertenece a tresa_cho, sólo la traducción es mía.


Capítulo 7.

Charlie se dio la vuelta y su brazo cayó hasta el duro suelo. Hizo una mueca cuando el choque retumbó hasta su hombro, y abrió los ojos. Malfoy se había ido.

Charlie se rió entre dientes y se levantó sobre sus rodillas. Por supuesto que el rubio no iba a quedarse, ¿por qué habría de hacerlo?

Juntó el desastre que habían hecho la noche anterior y lo arrojó sobre el catre. Necesitaba una ducha. O, por lo menos, una buena y larga nadada en el arroyo.

La luz del sol comenzaba a esparcirse sobre las montañas cuando él se dirigió de regreso a su tienda, después de su improvisado baño. Miranda y Jeremy lo estaban esperando, ambos con caras solemnes. Miranda sostenía apretadamente un periódico en su mano.

—Mira —dijo ella bruscamente. Le aventó el periódico a la cara. Charlie lo agarró con su mano libre (la que no sostenía una toalla sobre sus caderas) y miró el encabezado.

Dragones sueltos en la campiña de Gales.

La fotografía era de un campo en llamas, un dragón girando en lo alto. Sólo alguien que realmente lo buscara podía ver la pequeña figura posada encima de la bestia. El periódico no había visto al Jinete.

—Lo que los muggles piensan que es un extraordinariamente desafortunado incendio forestal es, de hecho, el trabajo de un malvado dragón, los reporteros lo descubrieron al analizar la imagen de arriba —leyó Charlie, con voz dura.

—Cerca de cien personas murieron en ese incendio —siseó Miranda—. Incluyendo todo un orfanato. Ése es un Galés verde, Charlie. —Sus palabras sonaban amortiguadas en los oídos del pelirrojo. Él se rehúso a creerlo—. Charlie. Mira las nubes.

Mientras observaba la imagen que se mostraba en la portada, las nubes formaron el infame cráneo y la serpiente. Difuminado e incoherente, ignorable para el lector casual, pero ahí estaba. Charlie sintió un escalofrió deslizándose por su columna vertebral.

—No —murmuro incrédulo—. Yo… No. Esto no puede ser cierto.

—Charlie —dijo Jeremy firmemente—. Tu chico está trabajando para el Señor Oscuro.

—Imposible —estalló Charlie—. He visto... él… —Charlie se congeló. Malfoy en ningún momento se había quitado el brazal la noche anterior. El brazal—. Oh, Merlín. —exhaló—. No. No.

—Charlie —comenzó Jeremy. El pelirrojo le arrojó el periódico y de un empujón entró en su tienda.

—Charlie —estalló Miranda, siguiéndolo. Charlie se vistió rápidamente, tratando de ordenar los pensamientos que se arremolinaban en su mente—: Tenemos que encontrarlo. Tenemos que detenerlo.

—Lo sé —dijo Charlie cortante.

—¿Estás bien? —preguntó Jeremy.

—No, no estoy bien —espetó Charlie—. Él nos engañó a todos. Me siento como el idiota más grande del mundo. —La ira comenzaba a hacer pedazos el shock. Ahora tenía sentido. Todo encajaba, y Charlie había caído directamente en las manos de Malfoy. Agarró una taza y la aventó al otro lado de la habitación. Miranda y Jeremy la vieron volar, luego regresaron sus ojos hacia el pelirrojo.

—Usa esa ira. Encuéntralo —ordenó Miranda—. Quiero mi dragón, y a él lo quiero muerto.

Jeremy y Charlie asintieron. El pelirrojo tomó de golpe su varita que estaba sobre el catre mientras seguía a Jeremy fuera de la tienda. El americano agarró el brazo de Charlie: —No dormiste con él, ¿o sí? —siseó. Charlie le frunció el ceño—. Oh, por Dios —susurró Jeremy—. ¡Pudo haberte matado!

—Todavía me necesita —espetó Charlie amargamente—. Yo cuido su dragón. —Sus entrañas se apretaron. Había guiado a Malfoy directamente hasta los Jinetes. Directo hacia el líder del consejo. Hijo de puta, había dejado que Malfoy matara a su Canciller. Quería gritar de la frustración.

Una enorme sombra se proyectó sobre ellos, obligándolos a subir los ojos: —Hablando del diablo —maldijo Jeremy, marchándose. Oh, no. Jeremy no iba a atrapar a Malfoy primero. Charlie se apresuró detrás de él. Se deslizaron hacia el dragón mientras el chico desmontaba y se tambaleaba lejos de la bestia.

Charlie se lanzó contra Malfoy, agarró la camisa del bastardo y lo azotó contra la pared del cañón tan fuerte que el rubio se ahogó con el aire que explotaba desde sus pulmones.

—Espera —gritó Malfoy antes de que el brazo de Charlie se deslizara contra su garganta—. Déjame explicarlo —resopló el rubio con el precioso aire que le quedaba.

—Charlie —le advirtió Jeremy. El pelirrojo lo ignoró y desenvainó el cuchillo que siempre llevaba a un lado de su cinturón. Lo presionó sobre los lazos del brazal izquierdo de Malfoy y cortó hacia abajo. El chico siseó cuando la hoja se arrastró a lo largo de su carne, y el brazal cayó al suelo. La negra marca oscura escoció sobre la pálida piel del antebrazo del rubio cuando la carne cortada sangró. Charlie volvió sus ojos hacia los de Malfoy y se inclinó presionando con más fuerza su tráquea. Estaba tan furioso que podía ver una bruma roja en el borde de su visión.

Malfoy agarró el codo del pelirrojo, jadeando patéticamente: —¡Charlie! —estalló Jeremy.

—¿Por qué regresaste? —gruñó Charlie.

—Ha… hablar contigo —logró decir a través de sus dientes apretados.

—Mataste a Shin Li —gruñó Charlie—. Asesinaste niños.

—¡Charlie! Vas a matarlo —dijo Jeremy con urgencia. Charlie retrocedió una fracción. Escuchó a Malfoy tragar aire antes de que un contundente golpe chocara contra sus costillas. Jadeó y cayó sobre sus rodillas. Malfoy rugió cuando pasó sobre él y tiró a Jeremy sobre el suelo. El americano se golpeó la cabeza contra una roca y se quedó quieto.

Charlie se levantó, con los puños apretados. Estaba tan listo para matar a ese chico a golpes.

Malfoy intentó golpearlo y Charlie lo bloqueó. El brazo se deslizó del suyo, manchado de sangre por el corte que le había infringido. El pelirrojo se quitó del camino de un rodillazo, y agarró el brazo ensangrentado. Se giró y jaló el brazo sobre su hombro. Malfoy lo siguió con un agudo grito de dolor. Aterrizó de espaldas sobre el duro suelo y giró, retorciéndose lejos del agarre de Charlie. Pateó con fuerza, y el pelirrojo sintió el talón de una bota conectar con su codo. Todo su brazo se adormeció cuando se dio la vuelta alejándose.

—¿Podrías escucharme? —gritó Malfoy detrás de él—. ¡Puedo explicarlo todo!

—¿Por qué debería escuchar cualquier cosa que dijeras? —gritó Charlie ferozmente—. Eres un mortífago. —Se lanzó contra Malfoy, y el chico logró bloquearlo algunas veces antes de que el pelirrojo consiguiera darle un golpe rotundo en la mandíbula. Malfoy se tambaleó y cayó de rodillas, pero esquivó la patada de Charlie.

—¡Detente! Por favor, ¿podemos hablar de esto? —Malfoy se aventó lejos de alcance, limpiándose el labio partido.

—Oh, soy todo oídos —siseó Charlie sarcásticamente.

—En algún lugar privado —pidió Malfoy.

—¿Para que puedas matarme? No soy ningún idiota, ¿Qué quieres hacer después, platicar? Eres un traidor ben zona(1)—gruñó Charlie, lanzándose al frente. Malfoy conectó un rodillazo en las costillas del otro antes de ser arrastrado hasta el suelo. El sol resplandecía sobre algo metálico, atrapando la atención de Charlie. Su cuchillo. Lo agarró rápidamente y apuñaló a Malfoy.

Clavado sobre su espalda por el peso de Charlie, el rubio apenas podía protegerse a sí mismo. Levantó su brazo rápidamente y la hoja se encajó en el blando tejido, la punta sobresalía claramente a través de éste. Si Malfoy no hubiera atrapado su propio brazo, la punta habría llegado hasta su garganta. Charlie sintió la nauseabunda vibración de la cuchilla atravesando la carne, y la sensación congeló la sangre de sus venas.

Malfoy respiraba entrecortadamente a través del dolor, apretando los dientes en un desesperado esfuerzo por no llorar: —Lo juraste—jadeó con dificultad—. Juraste que nunca me lastimarías.

El cuerpo de Charlie estaba trabado. Su cerebro estaba gritando que había cometido un terrible error: —Confié en ti —susurró, aturdido por las tumultuosas emociones que luchaban por la dominación en su pecho.

—Yo confió en ti —murmuró Malfoy, casi para sí mismo. Cerró los ojos, las lágrimas se deslizaban hasta sus sienes y mojaban su cabello—. Confío en ti. Confío en ti —dijo en voz baja.

El cuchillo se estremecía en la palma de Charlie. Trató de apartar la mano pero Malfoy la atrapó y aplastó sus dedos alrededor de la empuñadura. Charlie miró los ojos del chico horrorizado.

—Mi hombro o mi corazón —siseó Malfoy—. Es tu elección. —Nadie debería verse tan resuelto mientras llora. Sus ojos eran claros a través de las lágrimas, mirando fijamente a los de Charlie.

Y entonces Malfoy dejó de resistirse.

Sin esperarlo, Charlie se fue hacia el frente, casi todo su peso había estado detrás de la cuchilla. El instinto se hizo cargo y movió el cuchillo justo a tiempo para evitar que la punta se sumergiera en el corazón del chico. Se hundió en el hombro del rubio, y el lamento agudo que escapó, atravesó a Charlie.

—Dulce cola emplumada de Arquímedes, chico —maldijo Charlie violentamente—. ¿Estás tratando de que te maten?

¡Charlie!

El pelirrojo levantó la cabeza cuando Alon corría hacia él: —¿Qué carajos estás haciendo? —gritó, se dejó caer de rodillas junto a Charlie—. ¡¿Qué has hecho? —Sus manos quitaron los dedos de Charlie de la navaja, y lo hizo a un lado con fuerza, empujándolo lejos de Malfoy. La siguiente cosa que escuchó fue el grito desgarrador del rubio cuando Alon le sacó el cuchillo de su brazo y de su pecho. Charlie se sintió enfermo. Él había hecho eso.

—Eres un maldito bárbaro —refunfuñó Alon. Lanzó una mirada hacia Charlie—. ¡Ven aquí y ayúdame! —le ordenó bruscamente.

Charlie se puso de rodillas y se movió junto a Alon. El medimago estaba envolviendo el brazo con la Marca Oscura, el que el pelirrojo había apuñalado.

—Sostén esto —espetó Alon, haciendo un gesto hacia el brazo del rubio. Charlie agarró la extremidad cuidadosamente mientras el medimago terminaba de poner los vendajes. Era una solución temporal, hasta que lo tuviera en la tienda hospital—. ¡Un cuchillo! —estalló Alon exasperado—. ¡¿En qué estabas pensando?

—No lo hacía —murmuró Charlie miserablemente—. Alon, él es un mortífago.

—¡¿Así que lo atacas con un cuchillo? —gritó el medimago.

—¡Pudo habernos matado a todos! —contestó Charlie. El rostro del hombre se ensombreció de furia. Dejó caer el rollo de vendas y golpeó al pelirrojo sólidamente en la mandíbula.

Charlie se tambaleó hacia atrás.

—¿Realmente eres tan estúpido? —rugió Alon, con las mejillas rojas de ira—. ¡Pudo haberte matado en el momento en que quisiera! Estuviste solo con él mucho más que el resto de nosotros.

—Él jugó con nosotros —replicó Charlie, frotándose la mandíbula.

—Salvó tu vida arriesgando la suya —gruñó Alon—. Eso está por encima y más allá de su deber. Y mira lo que le has hecho. —Charlie no podía. El hombre agarró su mandíbula y lo obligó a bajar la cabeza. Afortunadamente Malfoy se había desmayado. La herida del hombro que Charlie le había infringido con el cuchillo estaba sangrando lentamente hacia el suelo debajo de él. Su garganta era un mosaico de colores azules, púrpuras y rojos. Un pequeño goteo de sangre corría desde la esquina de su boca y teñía su cabello. Su respiración era superficial y dolorida, y su piel mortalmente pálida.

El pelirrojo tragó duro cuando su estómago trató de saltar hasta su garganta.

Alon liberó su mandíbula disgustado y se volvió hacia Malfoy. Sanó las heridas ensangrentadas lo suficientemente bien para transportarlo, y levantó al chico entre sus brazos: —Miranda te busca —dijo cuando se paraba—. No te acerques a mi tienda hasta que envíe por ti o te mataré —juró. Charlie asintió. Cuidadosamente Alon se dirigió hacia la tienda hospital, y Charlie fue hacia la otra dirección para ver a Miranda en la oficina.

Pasó por entre las solapas de la tienda oficial, y casi tuvo un ataque cardiaco al ver quién estaba sentado junto a ella. El mismísimo Albus Dumbledore estaba sentado con la pierna cruzada sobre el escritorio de Miranda, luciendo bastante solemne: —Hola, Charles —dijo.

(1) Hebreo, significa hijo de puta.