Aprovecho para aclarar que ninguno de los personajes, objetos, ni tampoco habilidades ya registradas me pertenecen. Sólo los utilizo para moldear este fanfic amateur.
Además, debido al lenguaje, palabras utilizadas, expresiones, y los varios géneros literarios que caracterizan esta historia, lo siguiente debe ser considerado apta para mayores de 16 años. Leer lo siguiente bajo la responsabilidad propia de cada uno
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Y también!... Aprovecho para pedir disculpas por la hiper tardanza de este capítulo, problemas personales y de salud, cómo sea, disculpas a todos mis lectores, les dejo el capítulo, que lo disfruten!
…Memorias
Capítulo 7: Caminos por separado.
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Elegimos la vida que queremos vivir.
Probablemente, en mi más humilde opinión, la frase más estúpida jamás esbozada por el ser humano.
Una frase insulsa y completamente vacía que las personas se dicen a sí mismas cuando las cosas están saliendo extremadamente mal.
Una frase que usan cuando intentan, directa o indirectamente, darle una razón a las cosas, un simple "¿Por qué?".
Se convencen estúpidamente que las cosas malas que suceden en su vida pasan por las malas decisiones y acciones que ellos mismos optan por tomar.
Pero, a veces las cosas no son tan simples de cambiar.
Aquel que nace con alguna enfermedad incurable, por ejemplo ¿Tiene alguna forma de cambiar su situación? ¿Su situación se debe a alguna mala decisión que él o ella haya tomado anteriormente en su vida…?
La realidad es dura, la vida en general lo es, pero mucho más duro es darse cuenta de cómo eran las cosas verdaderamente cuando toda tu vida sostenías fervientemente que lo que pensabas que era de una manera, o que de hecho, podía ser de otra manera si tan solo dabas todo de ti para cambiarlo, en realidad no era tan fácil de hacerlo… Cuando te das cuenta que todo lo que creías, todo lo que sostenías, todo lo que defendías, en realidad era muy diferente a lo que tú esperabas…
Toda mi vida creí que el destino no era un camino marcado, sino que era un sendero a elección, un sendero que tú mismo construías, con tus acciones, tus decisiones, y mucho más importante que lo anterior, tus intenciones…
Siempre peleé por lo que me parecía correcto, por lo que le hacía bien a la mayoría, por lo que "estaba" bien.
Sostenía, en mi cabeza hueca de adolescente, que aunque fuera la persona más débil del mundo, si me esforzaba y creía ciega y plenamente en mis intenciones y en mis principios, entonces podría cambiar mi destino, no, construirlo como yo quería.
Pero entonces algo ocurrió.
Algo que tal vez en ese momento no me había afectado tanto como debería haberlo hecho.
Pero ese algo era tan importante como la vida misma.
Una profecía me fue entregada.
Una profecía que revelaba el destino del mundo entero y el de su gran héroe, el de su salvador.
Mi propio destino.
"Llegado el momento un muchacho nacerá de entre todos humanos de las cuatro naciones, un muchacho excepcional, con una bondad inigualable y una determinación inquebrantable. Será infravalorado y hecho a un lado, pero surgirá más fuerte que nunca gracias a el amor que se le fue negado durante toda su vida. Una vez haya crecido el noble muchacho demostrará su poder y su valor ante todo el mundo, batallando contra sus propios demonios, derrotándolos, logrando el equilibro perfecto dentro de su ser, apaciguando la guerra interna entre la luz y la oscuridad que hay en su corazón. Cuando ese momento llegue, el muchacho deberá sacrificarse por su gente, por su sueño. Deberá entregar su corazón para que todos puedan vivir con la paz que él mismo ha logrado en su interior, cuando el momento sea el indicado, pase lo que pase, él le mostrará la paz a toda su gente…"
Probablemente, si hubiera recibido esa noticia con la mentalidad y experiencia que tengo en este momento, hubiera reaccionado completamente diferente a aquella vez.
Por aquel momento, como dije antes, no le había dado la importancia que debiera.
La profecía era tan clara como el agua, yo debía sacrificarme por mi gente.
Yo debía morir por lo que tanto anhelaba, debía morir para que todos alcancen la paz, para que puedan vivir en paz.
En ese tiempo, al ser tan solo un estúpido niño creí que podría romper mi camino ya trazado, mi destino ya marcado.
Me había puesto en la cabeza que lo dejaría todo por alcanzar la paz, le daría la paz a mi pueblo, pero no iba a morir en el proceso, me había convencido a mí mismo que esa no era una opción, porque todavía quedaba una cosa en mi vida, además de lograr la paz, que me faltaba conseguir.
Pero todo salió completamente al revés…
La paz momentáneamente se alcanzó, aunque desafortunadamente el tiempo que duró no fue demasiado.
Y, más desafortunadamente aun, la cantidad de vidas que se sacrificaron para lograr ese fugaz momento de paz, no lo habían valido ni lo más mínimo.
Como dije, todo había salido completamente al revés.
Yo todavía estaba vivo.
El supuesto "héroe" o "salvador" todavía seguía vivo, y todo el que alguna vez había luchado contra él ya no lo estaba...
Había burlado por completo mi destino.
Y ahí me encontraba yo, vagando solo por el mundo, sin poder envejecer, sin poder estar con mis camaradas, con mis amigos, con mi familia, con la gente que de verdad amaba.
Solo me quedaban recuerdos.
Memorias…
Tenía que vivir con las memorias por el resto de mi vida, y eso me generaba un miedo terrible.
No miedo a tener que recordad, no lo malinterpretes, sino miedo a olvidar.
El miedo que yo tenía era el olvidarme de las cosas, olvidarme de mi lucha, de mis amigos, de mi pueblo, de mi gente…
Todo, absolutamente todo, había salido completamente diferente a lo que debía ser.
Y te preguntarás: Si yo pude burlar mi propio destino desencadenando todo en un final trágico, entonces ¿Por qué todavía seguía pensando que el destino era un camino ya trazado, que no se puede cambiar?
Muy sencillo.
Porque, a medida que los años pasaban, comencé a darme cuenta que, todo lo que ya me había tocado vivir aquella vez, lenta pero firmemente, comenzaba a volver a ocurrir.
Y, más lamentablemente aun, me di cuenta de ello tarde, demasiado tarde…
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Abriendo los ojos sin titubear, parado en el medio de la nada.
A simple vista podía verse cierta tranquilidad en su persona, sus gestos, sus movimientos.
Se lo veía tranquilo, con bastante calma.
Pero en realidad calma era lo que más le faltaba.
Visualizando el terreno alrededor, tratando de poder ubicarse.
El ambiente obscuro, la vista significativamente obstruida.
El suelo hecho de adoquín donde se encontraba de pie, las altas paredes del lugar, verdes, opacas, casi grises, tan sucias como el suelo.
Se acordaba perfectamente de aquél lugar.
Su vida había sido marcada por aquél sombrío espacio.
Rompiendo con su propia promesa de "nunca regresar", adentrándose en la enorme jaula de barrotes rojos que se encontraba al fondo de aquél lugar.
Caminando a paso lento y decidido, con una mirada tan dura que podría petrificar a cualquiera que se dignara a verlo a los ojos.
Pasando por la puerta de la jaula.
Deteniéndose en el lugar, cerrando los ojos.
Abriéndolos, con la marca naranja propia del senjutsu adornando sus ojos, como si fuera maquillaje.
Separando los brazos de su cuerpo, manteniéndolos estirados.
Generando dos variaciones de Rasengan en ambas manos.
Girando velozmente, adoptando la forma de una cuchilla extremadamente filosa.
Aumentando el tamaño de ambas, siendo por completo más grandes que él.
Alumbrando apenas la enorme jaula con la luz blanca de sus dos técnicas.
Lanzándose como un proyectil al interior de la jaula, adentrándose en ella como si fuera una gacela.
Haciendo alarde de una velocidad que rozaba la divinidad.
*BOOM*
Impactando ambos ataques contra la enorme pared.
Derrumbándola por completo.
Gruñendo levemente, viendo hacia la obscuridad de la jaula.
Notando como una gigantesca sombra resaltaba entre toda la obscuridad de aquella jaula.
Su objetivo desde un principio.
[Veo que por fin has acudido a mi llamado.] Le habló.
Con voz profunda e imponente, desde las sombras, intimidándolo.
Tratando de ignorar aquella voz, con ira en sus ojos.
Incorporándose, manteniéndose erguido.
Generando otros dos rasen-shuriken más.
Aumentando el tamaño de ambos considerablemente, superando a los dos anteriores.
Desapareciendo una vez más en un destello amarillo, similar a un rayo.
Localizando a su objetivo, golpeándolo con uno de sus ataques.
Notando como este se había escabullido, derribando otra pared, causando un enorme temblor.
Desapareciendo nuevamente, utilizando el factor sorpresa.
Apareciendo frente a la enorme silueta.
Sintiendo en la oscuridad como esta lo atacaba fuertemente, mandándolo a volar por los aires de un "latigazo", golpeándolo con una de sus enormes extremidades.
*BOOM*
Impactando el rasen-shuriken en el suelo, generando un enorme cráter en él.
Destrozando más de la mitad del suelo de la jaula.
Poniéndose de pie sobre el enorme cráter.
Con sus ropas bastante sucias, respirando arrítmicamente.
Viendo hacia la enorme sombra en la oscuridad, poco a poco era más visible.
[Deberías dejar de hacer eso, estás haciéndote daño a ti mismo, estás dañando tu propio inconsciente.]
— Cierra la maldita boca. — Escupió, sin más, completamente furioso.
Haciendo aparecer más de una docena de copias de sí mismo en el lugar, todos parados en fila.
Generando todo el "ejército" de rubios una esfera de energía azul en la palma de sus manos.
Agrandando el tamaño considerablemente.
Abalanzándose contra la enorme sombra, todos a la vez, sin dudar ni un segundo.
Moviendo una de sus extremidades, golpeando a todos sus atacantes con esta, haciéndolos desaparecer.
Apareciendo detrás de la sombra como si se tratara de un rayo, con un rasen-shuriken en su mano izquierda.
Impactando contra la enorme espalda de la sombra, notando una piel por demás dura.
Desestabilizándola, trastabillando torpemente.
*BOOM*
Cayendo contra una de las paredes, derrumbándola por completo.
Aterrizando en el suelo.
Con la mirada todavía seria, más calmado, algo agitado.
— Muestra tu apariencia, cobarde. — Alzando su brazo en el aire.
Iluminando mágicamente el lúgubre lugar.
— ¡! — Sorprendiéndose enormemente al ver a su invasor.
Enorme, increíblemente enorme, de casi cien metros de alto, tanto sus dientes como su piel y escamas rojas le daban un aire de poder increíble y mucha ferocidad.
Un dragón, un enorme e intimidante dragón, y no uno cualquiera, era uno que a leguas se notaba lo poderoso que era.
Su presencia lo había descolocado por completo.
Pero lo que más le había llamado la atención eran sus ojos.
Ese par de ojos verdes, serios, intimidantes, los recordaba más que bien.
Venía soñando desde casi dos meses con esos ojos, como si lo observaran a cada minuto, en cada lugar…
Y ahora entendía perfectamente el porqué.
Recuperando la seriedad que lo caracterizaba, trazando varios sellos de manos.
[Veo que mi apariencia no te ha intimidado ni siquiera un poco…]
— No eres el primero de tu tamaño con el que me enfrento. — Confesó, acumulando chakra en su antebrazo, creando una enorme cuchilla con él.
[Pierdes tu tiempo, joven Naruto, no puedes hacerme daño]
— Jamás te di permiso para que digas mi nombre. — Con ira en sus ojos, gruñendo entre dientes.
Lanzándose contra el intruso, alcanzándolo en una micro milésima de segundo.
Buscando cortarle el rostro.
Gruñendo enojado cuando este esquivó el ataque ágilmente, pese a su tamaño descomunal.
Apoyándose en sus patas traseras.
Usando sus preciosas y gigantes alas como escudo, ubicándolas delante de él.
Cubriéndose del ejército de rubios que intentaban herirlo, todos atacándolo con un enorme rasengan en la mano.
Retrocediendo varios metros hacia atrás debido a la presión, encontrándose con la pared detrás de él.
Sorprendiéndose al ver a varios clones del rubio sujetarlo de sus patas traseras, intentando derribarlo.
Perdiendo el equilibrio por segunda vez
*BOOM*
Cayendo pesadamente sobre la pared, destruyéndola por completo.
Planchado de lleno en el suelo, intentando levantarse.
[¡!]
Sorprendido, viendo como varios sellos supresores caían del techo, como si fueran enormes estacas.
Inmovilizándolo, atrapándole el cuello, las patas e incluso las alas.
Aterrizando en el pecho del enorme dragón, suspirando pesadamente.
Respirando todavía arrítmicamente, con sus ropas llenas de polvo.
[Jamás pensé que un humano pudiera reducirme de esta manera…]
Ignorándolo, caminando a paso lento, posicionándose sobre su cabeza.
— Podrías liberarte en cualquier momento, incluso quemarme vivo con tu aliento de fuego…—
[…]
— ¿Qué demonios haces aquí? — Sin titubear.
[...]
— No estoy para juegos. — Sin ninguna gota de paciencia en su ser. — ¿Qué demonios haces aquí? — Repitió.
[...]
— Te ha comido la lengua el ratón, bien… — Furioso.
[...]
— Así que debo interpretar que Ophis Orouboros se refería a ti cuando me visitó aquella vez…—
[Derrochas sensatez…]
— Ella fue quien te trajo ¿No es así?—
[...]
— ¿Por qué? —
[Yo se lo pedí…]
— ¿Por qué? — Repitió al instante.
[Motivos míos…]
— Dime la verdadera respuesta. —
[Tendrás que conformarte con esa respuesta por ahora…]
— ¿Por qué demonios estuviste llamándome todo este tiempo? — Enojado, ya sin nada de paciencia.
[Quería hablar contigo…]
— ¿Y para qué? —
[Motivos míos…] Repitió, hartando al Uzumaki.
— Ya. — Exclamó, harto, saltando de la cabeza del dragón.
Aterrizando en el suelo de la enorme jaula, caminando a paso lento, comenzando a hablar mientras caminaba.
— Jamás volverás a irrumpir mis sueños… Ni tampoco volverás a hablarme telepáticamente. — Serio.
[Así que la vez que lo hice me escuchaste…]
Deteniéndose en la puerta de la enorme jaula, con la mirada un poco gacha.
Amagando a voltearse hacia el dragón.
Alzando uno de sus brazos.
Moviendo su mano ascendentemente.
Liberando al enorme dragón de todos los sellos opresores que le había colocado, devolviéndole la movilidad.
[Gracias por eso joven Naruto.]
— Te dije que no me llamaras por mi nombre, no te lo permito. — Levantando la vista. — Y no te acostumbres a nada de esto… Encontraré la forma de sacarte de mi cuerpo, cueste lo que cueste. — Sentenció, marchándose del lugar.
Dejando al dragón solo, dentro de esa oscura jaula.
[Uzumaki Naruto…] Poniéndose de pie. [Acabas de demostrarme que he estado en lo correcto contigo…]
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8:00 A.M la hora que marcaba el hogareño reloj de pared de aquella cocina.
Elegantemente terminaba de emplatar la última tanda del desayuno que había preparado.
Bacon con huevos revueltos y rodajas de tomate fritas, un plato típico de su país. Algo "simple" se había dicho a sí misma.
Oliéndolo con una sonrisa en su rostro, muy feliz con lo que había preparado, llevó los últimos dos platos que había preparado a la mesa familiar del comedor de la casa.
Cinco platos, todos todavía calientes, reposaban sobre la larga mesa.
Muy satisfecha se sentó en su asiento, con la sonrisa decorando su hermoso rostro.
Con su mirada sumida en la puerta del comedor, muy atenta a esta.
Esperando que alguien entrara por aquella puerta, cosa que estaba por ocurrir.
La rutina, la hermosa rutina de las mañanas estaba por comenzar.
— ¡Le Fay, huele delicioso! — Exclamaba la peliazul, entrando primera en el comedor, con la cara cansada y sobándose pesadamente uno de sus ojos.
— ¡Xenovia! ¡No seas irrespetuosa, primero debes dar los buenos días! — La regañaba la pequeña Phoenix, entrando casi a la par con la italiana, retándola desde el comienzo del día.
— Yo saludo como quiero enana —
— ¡¿Cómo me llamaste, cabeza de pitufo?! —
— ¡Pitufo serás tú! ¡Enana de porquería! —
— N-no griten tanto, todavía ando medio dormido… — Se quejó el pequeño Gasper, entrando en el comedor.
Pasando por el medio de las dos chicas, ignorando su riña mañanera, sentándose en su lugar, sin molestar a nadie.
— ¡Ustedes dos, dejen de pelear! — Las retó la inglesa. — Y buenos días Gasper-kun —
— Buenos días Le Fay-oneesama — Sonriéndole contento.
Devolviéndole la sonrisa, siendo acompañados en la mesa por la italiana y la Phoenix.
Pero todavía sin comenzar a desayunar.
— ¿Naruto-oniisama no se ha despertado aun? — Preguntó Gasper.
— Debe de haberse quedado dormido… —Mirando hacia la puerta.
— Eso es algo raro en él… — Acotó la Phoenix.
— Aun así, desayunen, si se enfría su desayuno se lo calentaré más tarde. — Dispuso la inglesa, observando todavía a la puerta.
Le parecía extraño, el rubio siempre era el primero en levantarse, y además el que preparaba el desayuno.
Pero esa mañana no había aparecido.
Ella como siempre se había levantado para ofrecerle ayuda, pero se llevó una curiosa sorpresa al no verlo despierto en la cocina.
Pese a que era algo bastante rebuscado, su sexto sentido femenino le indicaba que algo le sucedía a su preciado Naruto-sama, dudando si ir o no despertarlo.
Pero toda duda se fue cuando lo vio pasar por aquella puerta, aunque verlo no la tranquilizó ni un poco, mucho menos oírlo.
— Buenos días. — Saludó, desganado, con cierta rabia tanto en su semblante como en sus palabras.
— Buenos días Naruto/-sama — Lo saludaron los otros cuatro, una con cierta preocupación.
Sentándose en su lugar, con la cabeza gacha, sin hacer mucho ruido, pensativo, sin dejar de jugar con la comida de su plato, como si fuera un niño de cinco años.
— Me ha parecido muy extraño no encontrarlo hoy en la cocina — Habló la inglesa. — ¿Ha dormido bien? —
— Para nada. — Seco, sin verla a los ojos.
— ¿Pesadillas otra vez? —
— Algo así. —
—Tal vez mi hechizo esté perdiendo poder… —
— No tiene nada que ver. —
— ¿Ah no? — Curiosa. — ¿Entonces qué será? —
— Nada Le Fay, no importa. — Intentando zanjar el tema.
— Insisto qu- —
— Le Fay, déjalo ya. — Sentenció el rubio como ultimátum, intimidando a todos en la mesa.
Volviendo cada uno a su propio plato, desayunando en silencio.
— N-Naruto-niisama, y-yo también he tenido una pesadilla hoy — Habló el dhampiro, algo cohibido.
— ¿De verdad? — Poniendo toda su atención en el pequeño rubio, como si nunca haya estado de mal humor. — ¿Qué soñaste? —
— ¡A-ajos! ¡P-por todas partes! ¡Cientos de ellos! ¡Fue horrible! — Con los ojos llorosos, abrazándose a sí mismo.
— ¡Cielos! — Riendo levemente. — Ese si que es un mal sueño — Sonriendo por unos momentos.
Volviendo rápidamente a su semblante de póker, divisando su plato, jugando con la comida.
— ¿Ya se ha enfriado? — Preguntó la maga, siempre atenta. — Si quiere puedo calentarlo un poco. —
— No Le Fay, no será necesario. —
— O si desea puedo prepararle otra cosa. —
— ¡Que no! — Exclamó, algo alterado. — Deja de insistir Le Fay, fastidias. —
— L-lo lamento. — Dolida, terminando de comer, con la mirada llorosa.
Siguiendo con lo suyo, sin percatarse de lo mal que le había contestado a la inglesa.
— Naruto — Habló Xenovia, desinhibida como siempre. — ¿Hoy iremos a entrenar? —
— No, hoy no. Tengo cosas que hacer, lo siento. — Nuevamente sin dejar de jugar con su comida.
— Ya… Lo entiendo. — Algo desilusionada.
— ¡Haha! ¡Te han dejado plantada! — Se burló la Phoenix en voz alta.
— ¡Plantada estarás tu! ¡Tienes la misma altura que la araucaria que está en la entrada de casa! — Retrucó la peli azul, causando ciertas risitas en la inglesa y en el dhampiro por su peculiar comentario.
— ¡S-serás! — Titubeó la rubia. — ¡Yo tendré la altura de una planta, pero tu tienes el cerebro de un elefante! ¡Y hasta hueles como uno! —
— ¡Mira quién habla, loro de feria! —
— ¡¿Cómo me llamaste?! — Levantándose en el lugar, mirando furiosa a la peli azul, con los ojos llorosos. — ¡Repítelo si tienes agallas! —
— ¡¿Qué estás sorda?! ¡Te he llamado loro de feria! — Imitando a la Phoenix.
— ¡Ahora sí! ¡La mato, la mato! —
— ¡Basta las dos! — Gritó el Uzumaki, hastiado, en el medio de la batalla. — ¡¿Qué no pueden comportarse decentemente por lo menos diez minutos?! ¡Solo eso pido, son insoportables! — Confesó, harto de todo.
—…—
Dejando de mirar al plato, levantando la vista, observando a las tres chicas y al dhampiro.
Notando la incomodidad y la tristeza en sus ojos.
Cayendo en cuenta sobre cómo había reaccionado y todo lo que había dicho.
Sintiendo como la culpa lo comenzaba a carcomer internamente.
Levantándose de su asiento de sopetón, llamando la atención de todos.
— Me iré a la biblioteca. — Dijo torpemente. — Gracias por el desayuno Le Fay, les pido por favor que no me molesten en todo el día, estaré ocupado. — Preparándose para salir del comedor. — Y… Lo siento. — Se disculpó antes de salir por aquella puerta.
— L-lo arruiné. — Susurró la Phoenix, llorosa. — No debí haberte dicho eso Xenovia, lo siento… —
— Está bien Ravel, no debí haberte contestado de esa forma…— Mirando su plato, con amargura en su mirada.
— ¿Q-qué le pasa a Naruto-niisama? — Mirando A La rubia, dolido, preocupado. — ¡¿F-fue por algo que dije?! — Aterrado.
— ¡N-no Gasper-kun! ¡Para nada! Naruto-sama solo…—.Mirando hacia la puerta. —…No tengo ni idea de lo que le pasa…—
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— Ugh…— Resopló cansado, inclinándose sentado sobre su vieja y cómoda silla de caoba.
Con la vista fija en el alto techo de aquella habitación, su santuario, su "oficina", comúnmente apodada como "La Biblioteca".
Llamada así por las repisas de la sala, llenas y llenas de información.
Algunas traídas por libros de Le Fay, otras traídas por su propia vivencia y experiencia, las repisas de la sala tenían muchísimas piezas de información.
Información, probablemente el recurso más importante que el ser vivo común necesita para vivir, para existir.
Y probablemente también el recurso más infravalorado de todos.
Sentándose correctamente en su asiento prosiguió a acomodar su escritorio.
Los pergaminos que habían en él, varios, decenas de ellos, casi todos basando su información en lo mismo.
Dragones.
Los míticos y legendarios dragones.
Las bestias más extraordinarias que podían jamás haber existido.
Toda una leyenda para los humanos promedio.
Toda una amenaza para los seres del mundo sobrenatural.
Ese día se dio cuenta de algo curioso.
Comenzaba a detestar los dragones.
Puede que tuviera muchísimas razones, o tal vez ninguna, pero eso era lo que él sentía.
Tomando con su mano uno de los tantos pergaminos.
Frunciendo el ceño, molestándose al leer su título.
"Longinus, las reliquias divinas del Dios de la Biblia"
Estrujando aquel pergamino, haciéndolo a un lado.
Sobando su rostro, su cabello con ambas manos, desesperado.
Divisando el reloj, 16:30 la hora que marcaba.
Su nuevo record.
Normalmente era Le Fay la que pasaba todo el día allí dentro, leyendo, informándose.
Pero esta vez había sido él, desde las ocho de la mañana, ni siquiera había almorzado.
Desviando sus pensamientos en aquella amable y dulce rubia inglesa que vivía con él.
La quería, la quería mucho.
A todos los quería, inclusive a Gasper, quien era con el que menos tiempo llevaba conviviendo.
Ninguno de ellos se merecía el mal trato que les había demostrado en la mañana, debía disculparse.
La culpa lo mataba, el sentirse culpable.
"¡Pero demonios!" Se gritó a sí mismo "¡Todo esto viene siendo un desastre!"
Y así lo era, todo en su vida comenzaba a tornarse desastroso.
Un dragón.
Un jodido dragón.
Y no uno cualquiera, uno de los más famosos y respetados en la historia del mundo.
Ahora comenzaba a tener sentido.
Por eso la Diosa del Infinito lo había visitado hace tiempo.
Lo había convertido en el portador de un dragón contra su propia voluntad..
No, era mucho peor que eso, mucho más importante que eso.
Mucho más importante que solo "el portador de un dragón"…
— Naruto-sama…— Susurró la voz de Le Fay detrás de la puerta, abriéndola lentamente.
Interrumpiendo de repente los pensamientos del rubio, tomándolo por sorpresa.
Viéndola entrar en la habitación, acompañada por una peli azul y una rubia.
Los cuatro con miradas tristes en sus rostros, con sus auras emanando preocupación.
— Hey… Fay, Xen, Ravel…— Sonriéndoles levemente, nervioso, buscando las palabras adecuadas.
— Naruto-sama… Sentimos interrumpirlo. — Habló la pequeña Phoenix, tratando de sonar tranquila. — Nos preocupamos mucho por usted… Desde hace días… Y sobre todo hoy…—
— Siento… Sentimos haber arruinado el desayuno hoy con nuestras peleas. — La interrumpió Xenovia de sopetón, como si se estuviera sacando un peso de encima. — No queríamos molestarte, sabemos que debes de tener muchísimos inconvenientes con los que lidiar… —
— Yo… Chicas… — Balbuceó, desencajado. — Aunque tenga cosas con las que lidiar… No justifica nada, disculpen por haberles gritado hoy, no fue correcto…— Posando su vista en la inglesa. — Y a ti también… Perdóname Fay, me arrepiento muchísimo por cómo te traté hoy. — Sincerándose.
— No hace falta que se disculpe Naruto-sama, lo entiendo… Y la verdad es que nunca podría enojarme de verdad con usted…— Agregó, dando un paso al frente. — Ni nunca podré dejar de preocuparme por usted como lo hago. — Sonriendo levemente. — Últimamente ha tenido problemas, y grandes…— Caminando hasta el escritorio. — Su accionar es diferente… Su aura también es diferente, muy diferente… Muy… Inestable. —
— ¡! — Tensándose al oir las últimas palabras, sin que pasara desapercibido por la rubia.
— ¿Qué ha estado leyendo toda esta tarde? — Indagando, pasando sus manos por el escritorio.
Tomando uno de los tantos pergaminos que se encontraban sobre la fina madera.
Reconociendo la letra del Uzumaki al leer el título, alzando una ceja, encontrando bastante extraña la situación.
— "Jerarquía Draconiana"… ¿Relee algo que usted mismo escribió? Curioso…—
— No soy perfecto Le Fay, me olvido algunas cosas… Sólo repasaba. —
— ¿Y por qué tendría que hacerlo? — Habló la Phoenix, imitando a la inglesa, acercándose a esta, tomando entre sus manos otro pergamino, leyendo el título en voz alta. — "Sellos extractores: El arte de purgar" ¿Eh? — Exclamó extrañada. — ¿ Y qué tiene que ver eso con lo que sea que esté estudiando? — Indagó esta vez la Phoenix.
— Sí, pero primero díganos qué es lo que en realidad está "repasando" — Explíquenos eso Naruto-sama. — De manera imperativa.
— No es nada. — Simulando calma. — Solo leía temas aleatorios para despejar mi cabeza. — Mintió, denotando un nerviosismo casi imperceptible, pero no para la pequeña maga. — Les pido por favor que se vayan, estoy ocupado. — Tratando de sonar convincente.
— No. — Se negó la inglesa, contra todo pronóstico. — No hasta que nos diga qué es lo que buscaba entre todo esto. — Sin dejar de leer el pergamino que tenía en su poder.
— ¡Ya te dije que nada! — Perdiendo los estribos por un momento. — Dame eso — Tratando de arrebatarle el pergamino, siendo impedido por ella. — ¡Le Fay! — Sorprendido y molesto con la nueva actitud que estaba demostrando.
— "Sacred Gears: Su extracción y sus terribles consecuencias"… — Leyó en voz alta Xenovia, como si nada, a un costado del escritorio, con un pergamino algo diferente a los demás, causando cierta incomodidad en el ambiente. — Tenía entendido que si a un portador se le extraía su sacred gear este fallecía en el acto… ¿Por qué lees esto? Me resulta un tanto aterrador…— Exclamó, como si fuera lo más normal del mundo.
Entrando en un profundo silencio.
Maquinando su cabeza a todo lo que daba.
Tratando de entender la situación tratando de descubrir lo que el Uzumaki ocultaba.
Comenzando a atar cabos, sorprendiéndose enormemente con la posible respuesta a sus dudas.
— Naruto-sama… ¿Está planeando algo? — Preguntó la Phoenix, con cierto temor al hablar.
Viéndolo caminar nervioso hasta la puerta de la biblioteca, dándoles la espalda. — No planeo nada… Ya les he dicho todo. — Con voz seria, comenzando a incrementar su aura sin ninguna razón.
— Una extracción. — Susurró la inglesa. — Planea extraer una Sacred Gear, no… Una Longinus… — Dijo en voz alta, confirmando lo que decía.
— ¡! —
— ¡N-Naruto-sama! ¡E-eso es…! — Sin poder creer lo que había escuchado.
— N-no sabes lo que dices Le Fay…— Incrementando su aura inconcientemente cada vez más y más, completamente helado por la declaración de la rubia.
— ¡Miente! ¡Sabe que lo he descubierto! —
— ¡No es así! — Rugió, volteándose hacia la maga rubia, con su aura por los cielos, viéndola fijamente a los ojos, con un brillo salvaje en su mirada que nunca había estado allí, cosa que no pasó desapercibida por la rubia.
— N-Naruto-sama…— Balbuceó, encogiéndose ante aquellos feroces ojos.
— Saldré. — Dijo, sin más. — Regresaré tarde, no me esperen para cenar. —
Tratando de objetar, bloqueada por el aura y mirada que el rubio le había mostrado.
Viéndolo desaparecer en un destello amarillo, quedando las tres solas en aquella habitación.
Tropezándose, cayendo sentada al suelo.
— ¡Le Fay! — Trató de ayudarla Ravel, siendo impedido por esta.
— N-No p-puede ser. — Balbuceó, aterrada, incrédula.
Ahora entendía todo, y el entenderlo la aterraba, le causaba muchísimo pavor.
— ¿Qué le sucede a Naruto? — Preguntó la peli azul, preocupada.
— E-Él…— Sin poder soltar palabra alguna, digiriendo el horrible y confuso secreto que había descubierto.
— ¡¿Le Fay?! ¿Qué está sucediendo? —
— E-el… N-Naruto-sama es…—
De alguna alocada manera, él era el portador…
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Apareciendo completamente de la nada, sin que nadie se diera cuenta de ello.
Suspirando pesadamente, dejando que todas sus preocupaciones se fueran en aquel suspiro.
Cerrando los ojos, dejando que una corriente fría de viento impacte de lleno contra él.
Sentándose casi al borde de aquel famoso y hermosísimo acantilado en el que se encontraba.
Bajo el nublado cielo de la conocida Isla Esmeralda, con las olas de su costa impactando contra la base del acantilado.
Componiendo así el hermoso paisaje que el estaba disfrutando.
Sumergido en sus pensamientos, con la mirada perdida en el horizonte.
Respirando profundamente, tratando de calmar la ira que tenía en su interior.
Intentando, a su vez, justificar esa ira, cosa que no era muy difícil.
Acababa de descubrir que era el portador de un Longinus.
Y por más descabellado, estúpido, trillado o loco que sonara eso, no se lo podía quitar de la cabeza.
"Un dragón legendario ¡un maldito dragón legendario!" Se gritó a sí mismo, en su cabeza.
El ser considerado como el segundo más fuerte de entre todos los seres vivos lo había vuelto un portador de Sacred Gear.
Ophis Orobouros le había jugado una muy mala pasada.
El irrumpir en su casa aquella noche tan de la nada.
El hecho que haya soñado semanas y semanas con esos ojos verdes que lo miraban como si fuera un trozo de carne.
El porqué su aura había cambiado tanto en tanta semanas.
Su comportamiento errático…
Todo, absolutamente todo tenía sentido.
Pero aun así todavía tenía muchísimas dudas.
¿Por qué? ¿Por qué a él? ¿Cuáles eran sus motivos?
Quería saberlo, lo necesitaba, debía saberlo.
Y pese a todo lo anterior, todavía había muchas cosas que lo preocupaban, a tal punto de quitarle el sueño.
Se había confiado, no, descuidado muchísimo.
Sabía que Le Fay había descubierto su situación, la conocía, y ella lo conocía a él, demasiado bien.
Además, había pasado tiempo desde la última vez que supo sobre la Brigada, más precisamente sobre los héroes.
Y, casi como por arte de magia, una conocida voz lo sacó de sus pensamientos.
— ¡Por fin! ¡La rata sale de su escondite! —
— ¡!—
Moviendo su cabeza por puro instinto, esquivando por los pelos una mortal estocada.
Rodando por el suelo, incorporándose en un santiamén.
Inclinando su torso hacia atrás, esquivando una nueva estocada.
— ¡Tus increíbles reflejos no dejan de sorprenderme! — Exclamó su atacante, entusiasmado, alargando el cuerpo de su lanza a gran velocidad, tomando desprevenido al rubio.
Llevando sus rodillas al suelo, inclinando su cuerpo casi hasta sus talones, esquivando gimnásticamente aquella mortal estocada.
Saltando por sobre el rubio con un hábil juego de piernas, retrayendo apenas la lanza, buscando apuñalar al rubio.
Tomando el cuerpo de aquella lanza en el aire, desviando el ataque, incrustándola en el suelo.
Quejándose de dolor al sentir el contacto de su mano con el cuerpo de la lanza.
Incorporándose de un Kip up, en guardia, visualizando a su atacante, todavía con la lanza incrustada en la tierra.
— ¡Ignis Enim! — Escuchó tras él, a lo que parecían ser unos pocos centímetros de distancia.
Desapareciendo en un destello amarillo.
¡BOOM!
Apareciendo a la altura del mar, deslizándose por el agua, de pie sobre ella.
Con la vista firme en el borde de aquel acantilado, donde un segundo antes había estado parado, completamente destruido por alguna magia.
Notando como una espesa Neblina blancuzca inundaba el ambiente.
Cambiando el entorno, volviéndolo más pesado, distinto…
Observando nuevamente el borde del acantilado, esta vez completamente sano, intacto.
— ¡Tan veloz como siempre! — Escuchó una voz burlona de aquel lugar, visualizando a Cao cao una vez el humo se disipo. — ¡Vaya, hasta caminas por el agua! Sumado a tu icónica bondad y tu amabilidad… ¡Se podría decir que eres la reencarnación de Jesucristo! — Burlón
— ¿Qué demonios haces tú aquí? ¿Qué rayos es esta neblina? — Ignorando su comentario. Serio, tratando de sonar lo más calmado posible.
— Un mago nunca revela sus secretos — Sonriendo confiado. — No hables de esa manera, ahuyentaras a mis camaradas. — Alzando los brazos en cruz.
Al tiempo que dos sujetos se paraban a ambos lados de él.
Viendo a ambos.
Uno más alto que el héroe chino, con ropas similares a las de este.
El otro bajo, de unos doce años aproximadamente, con una expresión más que sería en el rostro.
— ¿Amiguitos nuevos? Aquel parece demasiado joven ¿No lo crees? — Señalando al más pequeño.
— Leonardo y George, los dos miembros de la facción que te faltaban conocer, y probablemente los más poderosos después de mí. —
— Eso no me interesa en lo más mínimo. — En pose de batalla. — No debiste mostrarte así Cao Cao, te me has regalado. — Sacando de quien sabe dónde un Kunai de filo corto.
— ¿Regalarme? Que no se te olvide quien de los dos era el perseguido… Además, las cosas no saldrán como la última vez. — Sonriendo ampliamente. — ¡Jamás podrías contra la Elite de la raza humana, Naruto-kun! —
— ¿La Elite? ¿Quién, ustedes?— Riendo levemente — Déjate de juegos Cao Cao, has venido en un mal momento, estoy de muy mal humor. —
— Nosotros tres somos la Elite de la facción de los héroes Naruto-kun. — Ignorando su comentario— ¡No, somos miembros de la Elite del mundo entero! Tenemos algo que nos diferencia muy bien del resto... Y pondremos a todas las razas en cuenta de nosotros… Por fin el mundo se inclinará ante nosotros… —
— Un increíble ego, eso es lo que te diferencia del resto… —
— ¡Ni se te ocurra interrumpir a Cao Cao-sama! — Rugió el mayor de ellos, defendiendo al peli negro.
— Está bien George, no te precipites. — Calmando a su lacayo— Hace rato preguntaste que era la neblina que rodea este lugar… — Cerrando su puño en el aire, simulando atrapar la neblina. — Es un poder curioso… Como habrás notado, en este momento nos encontramos en una dimensión diferente a la de la tierra… En una dimensión creada por George, para ser exactos. —
— ¡! — Abriendo los ojos, sorprendido.
— Y como bien sabrás, no existe ninguna magia capaz de crear una dimensión tan grande como esta… — Llevándose una mano a la barbilla. — Por lo que me pregunto… ¿En realidad exista alguna magia, poder u artefacto podría crear una dimensión tan grande como esta en tan poco tiempo y por si sola? —
— ¡Imposible! — Observando fijamente a George — Dimension Lost… — Apretando sus dientes, conteniendo la ira.
— ¡Exacto! — Aplaudiendo alegremente. — ¡Veo que has hecho los deberes! — Sonriendo burlón. — Como te he dicho antes, nosotros tres tenemos algo que nos diferencia del resto de la Facción de los héroes… —
— Longinus… A falta de una tres… Genial. — Exclamó en voz alta, sarcásticamente. — ¿Y cuál es la Longinus de aquel niñito? —
Lanzándose de aquel acantilado, cayendo elegantemente sobre el agua.
Notando sorprendido como el héroe chino evitaba el agua, levitando sobre ella.
— No tienes por qué saberlo Naruto-kun… Digamos que Leonardo es… Nuestra arma secreta. —
— ¿Qué demonios es lo que tramas Cao Cao? —
— ¿Qué no es obvio? — Blandiendo su lanza confiado. — Estoy aquí para matarte Naruto-kun, creí que eso estaba más que claro… — Sonriéndole.
— ¿Lucharás tú sólo? — Empuñando el Kunai, bañando su filo de chakra.
— ¡Claro que sí! ¡No seas un creído! ¡Yo solo puedo contigo perfectamente! —
— Será una lástima que los súbditos vean caer a su ídolo dorado… Esto será incluso más rápido que la última vez. — Alargando el filo del kunai con su chakra.
— ¡Alto el caballo Napoleón, que la última vez no me derrotaste!... Además… — Inclinando su cuerpo hacia adelante. — No soy el mismo tipo con el que te enfrentaste en primera estancia, Naruto-kun…— Desapareciendo de su vista.
— ¡! —
Apareciendo tras él, apuñalándolo profundamente a la altura del corazón.
Esfumándose en una nube de humo blanca, sorprendiendo al lancero.
Dándose la vuelta, teniendo al rubio de frente, corriendo hacia él, con un enorme rasengan en su mano.
Girando la lanza hábilmente entre sus manos, usando el cuerpo de esta como defensa frontal.
Impactando de lleno contra la defensa del peli negro.
Retrocediendo varios metros a causa del impacto.
Saltando sobre el héroe chino, buscando golpearlo de una patada descendente.
Esquivando la patada, atravesando al rubio con su lanza.
Esfumándose en su cara, sonriendo levemente.
Viéndose rodeado de un ejército de clones rubios.
Agachando el cuerpo hábilmente, esquivando un poderoso rasengan.
Saltando sobre aquel ejército, apuñalando a dos sin titubear.
Girando la lanza en un espectacular juego de manos.
Sumergiendo la punta de la lanza con furia dentro del agua.
Liberando su aura, generando una enorme ola expansiva de aura sacra.
Expandiéndose más y más, disipando a todos los clones al mínimo contacto con la poderosa ola expansiva.
Observando atento todo el lugar, tratando de visualizar al rubio.
— ¡! —
Sintiendo el agua revolverse bajo sus pies, agarrándolo completamente desprevenido.
Emergiendo del agua, golpeando al peli negro fuertemente en la barbilla, elevándolo decenas de metros.
Elevándose de un salto, siguiéndolo de cerca.
Girando sobre el cielo, incorporándose firme, literalmente, contra todo pronóstico, flotando en el aire como si nada.
Atajando un ataque de kunai del rubio con su enorme lanza.
Bloqueando y esquivando decenas y decenas de ataques del rubio.
Intentando patearlo en el rostro, viéndose impedido por el cuerpo de la lanza.
Tomando impulso de esta, girando varias veces sobre el aire, cayendo elegantemente de pie, sobre el agua.
Viendo al héroe chino levitar en el aire, levemente sorprendido.
— Tu velocidad, fuerza y tiempo de reacción siguen siendo lo mismo… Lo único que cambia es que ahora puedes volar…—
— ¡No seas aguafiestas! Solo estoy calentando Naruto-kun… ¡Déjame divertirme un poco más! —
Apareciendo tras él, golpeándole el cuello con su lanza, barriéndole la pierna izquierda, desestabilizándolo.
Despatarrándose por un segundo, suspendido en el aire, volteando su cuerpo, agarrándose de la pierna del Héroe chino.
Creando un rasengan en su mano libre, atacando el pecho del peli negro.
Bloqueando el ataque con su lanza, golpeando al rubio en el brazo, obligándolo a romper el agarre.
Pateándolo fuertemente en el pecho, mandándolo a volar un par metros.
Blandiendo la lanza en el espacio frente a él, liberando una pesadísima ola de aura sacra.
Lanzándola contra el rubio.
Saltando muy alto en el lugar, esquivando aquel ataque.
Trazando un sello de manos, invocando un clon de sombra, creando este dos rasengan en ambas manos.
Tomándolo del brazo, girando varias veces en el aire con él, arrojándolo como si fuera un proyectil contra Cao Cao.
Blandiendo la lanza, cortando al clon en dos, esfumándose en el aire.
Sacando del bolsillo de su pantalón varios Kunai, arrojándole dos al héroe chino, lanzando tardíamente un tercero.
Posando su lanza horizontalmente, bloqueando los dos primeros.
Envolviéndose en un rayo amarillo, llegando a la posición del tercer kunai en media milésima de segundo.
Tomando el cuerpo de la lanza con ambas manos, impulsándose, pateando fuertemente con ambas piernas el rostro del peli negro, mandándolo a volar por los aires.
Sin perder tiempo alguno, creando un rasengan en su mano izquierda, aumentando su tamaño considerablemente, adoptando el tamaño del cuerpo del Uzumaki.
Corriendo por el agua como si esta fuera simple tierra, siguiendo de cerca al héroe chino.
Tomando su lanza en el aire, dirigiendo su filo hacia el rubio, alargándola rápidamente.
Esquivando la lanza a duras penas, saltando sobre esta.
Desviándola un poco, retrayéndola todavía más rápido.
— ¡Ugh! — Se quejó de dolor al sentir el filo de la lanza cortar su tobillo en el camino.
Perdiendo la concentración por tan solo un segundo.
Golpeando al rubio a la altura de las costillas con el cuerpo de su lanza, doblándolo por completo.
Pateándolo fuertemente en la cabeza, mandándolo a volar de lleno contra el agua, sumergiéndose directamente en esta.
Perdiéndolo de vista.
*¡Splash!*
Saliendo disparado desde dentro del agua, aterrizando como si nada sobre ella.
Mirando seriamente al peli negro, escondiendo una leve mueca de dolor en su rostro.
Tomándose la mano izquierda, adolorido, dándole un vistazo.
Viendo como la palma de esta estaba algo ennegrecida, como si estuviera quemada.
— ¡Ugh! — Resintiéndose un poco del dolor en uno de sus tobillos, doblándose apenas.
— ¡Oh, con que al fin te percatas! — Sonriendo complacido — El aura sacra de mi lanza del destino ha aumentado mucho, muchísimo de la última vez que nos enfrentamos… Con tan solo un toque al cuerpo de esta y ya te ha dañado la mano… ¡Por suerte estoy manteniendo su aura en el nivel más bajo posible! No quiero que esto termine tan pronto… Todavía tengo varias cosas que mostrarte…—
— Solo fue un descuido, no te confíes, no volverá a ocurrir…—
— Oh, ¿Qué todavía no lo entiendes Naruto-kun? — Sonriéndole. — Esto es un simple juego de niños para mí Naruto-kun… Mi poder ha alcanzado facultades divinas… Es hora de que veas la verdad ¡Te he superado! —
— Deliras…—
— Eso es lo que tu crees….—
— Te derrotaría en cinco segundos si estuviera utilizando el Senjutsu. —
— ¡Pero vamos! ¡Utilízalo ahora! ¡Incluso utiliza ese ojo extraño que tienes! ¡Necesitaras todo ese y más para siquiera igualarme Naruto-kun!... —
— Te has vuelto completamente loco Cao cao — Confiado. — No necesito nada de ello para vencerte a ti…—
— ¡Hahahaha! — Riendo como un desquiciado. — ¡Tu terquedad es algo que me irrita horrores! ¡Pues si lo quieres así entonces que sea así! — Exclamó, lleno de emoción.
Sumergiendo la punta de la lanza en el agua, comenzando a liberar ingentes cantidades de aura sacra por todo el lugar.
Generando un enorme torbellino donde estaba él parado, levantando muchísimas olas.
— ¡Pero qu-! — Cubriéndose la cara con ambos brazos, sin poder bien al héroe chino, completamente sorprendido por la cantidad de aura sacra que este estaba liberando.
— ¡Lo verás! ¡Por fin lo verás! ¡Prepárate Naruto-kun! — Comenzando a levantar un huracán en aquel lugar. — Te aseguro que el poder que te mostraré no lo has visto en ningún otro lugar. —
[¡Balance Breaker!]
— ¡NO! —
[Polar Night Longinus Chakra Valdine]
Envolviéndose en un enorme y brilloso haz de luz que lo cubrió por completo como si fuera una cascada, comenzando a generar un temblor en toda la dimensión.
Tratando de visualizar al héroe chino, siendo impedido por el bestial vendaval que este estaba levantando, retrocediendo involuntariamente varios metros.
Calmando lentamente ese desastre.
— ¡Hahahaha! — Riendo, completamente sacado.
Dejando de cubrir su rostro con sus brazos, posando la vista en el héroe chino.
— ¡! — Sorprendido hasta más no poder.
Su armadura ahora teñida de un color blanco angelical.
La true Longinus con un tamaño y un aspecto más que intimidante.
El aura divina que rodeaba al peli negro, asemejándolo a un dios.
Y, lo que más le sorprendía y le aterraba de todo...
— Así que todo lo que dicen de ese Balance Breaker es cierto... — Incorporándose, tratando de sonar calmado.
Sin quitar su vista de los siete orbes que rodeaban la nueva imagen del peli negro, todos iguales, moviéndose alrededor de Cao Cao, como si tuvieran vida propia.
— ¡Veo que no te dejas dominar por el miedo, admirable! — Sonriendo como un desquiciado. — Shippo, los siete tesoros… — Tornándose un poco más serio. — Prepárate Naruto-kun…— Acercando uno de los orbes a su altura. — Esta vez…— Tocándolo apenas. — No tendré piedad. —
— ¡! —
Tele transportándose, apareciendo detrás del rubio.
Atravesándolo horrorosamente con su lanza, empalándolo como si fuera una brocheta.
Sin inmutarse cuando este se esfumó en una nube de humo.
Sintiendo como de debajo de él lo tomaban de ambas piernas, impidiendo que se pudiera mover.
Saltando por el aire, con un enorme rasen-shuriken en la mano, lanzándose contra el héroe.
Sosteniendo la lanza con una mano, como si nada, golpeando con el cuerpo de la lanza el enorme ataque del rubio, arrebatándoselo de la mano, desviándolo.
Agarrando a la pasada al rubio del brazo con su mano libre, arrojándolo brutalmente por los aires.
Tocando nuevamente uno de los orbes, comenzando de la mismisima nada a volar.
Sin perder ni un segundo, volando a una gran velocidad, alcanzando en un abrir y cerrar de ojos al rubio.
Atravesándolo sin titubear a la altura del corazón con su poderosa lanza.
Gestando una leve mueca cuando este desapareció en una nube de humo.
Volteándose sin ninguna prisa, bloqueando calmadamente con el cuerpo de su lanza la embestida del rubio.
Mirándolo algo aburrido a los ojos.
— Oh… — Observando la pigmentación naranja alrededor de los ojos del rubio, y el iris de uno de los ojos ahora de color rojo. — Necesitarás mucho más que eso. —
Ejerciendo presión a más no poder, con sus dos antebrazos llenos de chakra de naturaleza viento, formando dos cuchillas en sus brazos, tratando de romper la defensa del peli negro, quien sin ejercer ni un gramo de fuerza ganaba aquella riña.
Rompiendo aquel choque, buscando empalar al rubio por el estómago.
Haciendo abuso de su increíble agilidad, desviando la lanza de una patada, tratando de golpear al peli negro con su antebrazo.
Tomando su brazo como si nada, acercando uno de los orbes, tocando al rubio en la espalda.
— ¡¿Q-qué rayos?! — Apareciendo de la nada en la cima de aquel acantilado.
— ¡! — Sin tener tiempo para nada, bloqueando a duras penas una fuerte embestida del héroe chino con sus brazos.
Arrojando su lanza bien alto en el aire, lanzándole al rubio una serie de rápidos y poderosos golpes.
Bloqueando todos casi mecánicamente, sin poder devolver siquiera uno.
Viendo una leve apertura, buscando contraatacar, tirando una patada rápida a las costillas del pelinegro.
Defendiéndose, agarrándole la pierna con una mano, dándole un fuerte codazo en ella, casi rompiéndola.
— ¡Ugh! — Gimiendo de dolor, levantando la vista un segundo.
Viendo como la lanza caía rápidamente en su dirección.
Lanzándole golpes al héroe chino, moviéndose algo nervioso, buscando zafarse.
Sin poder conseguirlo.
Siendo atravesado por la lanza, generando una imagen completamente horrorosa.
Tiñendo todo el lugar de rojo con su espesa sangre.
Cayendo desplomado en el suelo, con la sangre que no paraba de salir de su cuerpo.
— ¿¡Qué!? — Sorprendiéndose enormemente al ver esfumarse al rubio en una nube de humo.
Apareciendo tras el héroe chino, cogiéndolo desprevenido, con dos rasengan de gran tamaño.
— ¡Ugh! — Recibiendo el doble impacto por la espalda, saliendo disparado decenas de metros.
Estabilizándose rápidamente, viendo al rubio correr en su dirección, con un gigantesco rasen shuriken en mano, arrojándoselo.
Recuperando la calma, posicionando uno de los orbes delante de él.
Recibiendo este completamente el impacto, atajándolo como si nada.
Agrandando la forma del rasen shuriken.
Arrojándolo de regreso al rubio, con muchísima más velocidad.
Viendo su propio ataque volverse en su contra, preparado para esquivarlo.
— ¡No lo harás! — Tele transportándose detrás de él. — ¡Eres mío! — A punto de empalarlo.
Viéndose acorralado por su técnica y el peli negro, sin salida alguna.
— ¡Fukansen: Susanoo! — Liberando ingentes cantidades de su chakra, envolviéndose en él.
Tomando la forma de una muy peculiar caja torácica, sirviendo de escudo, protegiéndolo del ataque de Cao Cao.
— ¿Qu-? —
*BOOM*
Viendo como el rubio, protegido por aquella caja torácica recibía de lleno el impacto del rasen shuriken.
Sin recibir ningún tipo de daño.
Deshaciendo aquella defensa.
Tomando Un par de pasos de distancia.
— ¡Susanoo: Amu! — Trazando un sello de mano.
Generando un enorme brazo esquelético de color celeste, apareciendo de la nada.
Tomando abruptamente al héroe chino con ella, apresándolo.
'Estirando ambos brazos, creando un rasengan en cada mano.
— ¡Daburu Rasen shuriken! — Aumentando abruptamente el tamaño de ambos, cambiando su naturaleza.
Lanzándoselos al apresado peli negro, buscando terminar con aquella batalla.
Haciendo Contacto con uno de los orbes, tele transportándose instantáneamente, liberándose fácilmente, esquivando el mortal ataque.
*BOOM*
Apareciendo detrás del rubio nuevamente, desprevenido.
Golpeándolo en la pierna con el cuerpo de la lanza, obligándolo a quedar con la rodilla gacha.
Apuntándole con la punta de la lanza directamente a la cabeza, buscando la muerte instantánea.
*CLANC*
Encontrándose nuevamente con aquella caja torácica, protegiendo al rubio.
Levemente frustrado, buscando poder dañar al rubio.
Atacando una y otra vez con la lanza a aquella extraña defensa, buscando destrozarla de una vez por todas.
Fallando ampliamente en su cometido.
Enfadado, retrocediendo decenas de metros.
Alineando frente a él uno de los tantos orbes que lo rodeaban.
— ¡todo termina aquí, Naruto-kun! — Girando su lanza entre sus manos, habilidosamente. — ¡Muere de una vez! — Golpeando aquel orbe con la punta de su lanza. — ¡Ratana: Balinayaka! —
Cargándose completamente de energía sacra
Liberando un enorme interminable haz de energía sacro-divina, increíble, bestialmente poderoso.
*BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM*
Impactando de lleno contra el Uzumaki.
Siguiendo de largo, atravesando limpiamente el gran acantilado de aquella dimensión artificial.
Generando un trascendente temblor en toda la dimensión, levantando una cortina muy densa de polvo y humo.
Sonriente, muy fatigado y con todas sus ropas maltrechas y sucias.
Esperando paciente a que aquella cortina de humo se levantara.
—… ¡Ha!... La cantidad de trucos bajo la manga que tienes es impresionante… — Respirando arrítmicamente, observando fijamente al rubio cuando aquella cortina de humo se disipó.
Igual o más cansado de lo que el héroe chino se encontraba, algo encorvado, con la mirada muy seria.
Envuelto dentro de un enorme y terrorífico espíritu hecho de su chakra, utilizándolo de defensa principal, vistiendo una armadura de ronnin, de aura intimidante, con su cuerpo espiritual quemado por aquel poderosísimo ataque del héroe chino.
— Has sobrevivido de lleno a mi técnica más poderosa de todas… ¿Cómo demonios puedes invocar semejante espectro? —Perdiendo de vista al enorme ronnin para centrarse en el rubio, observándolo directamente a los ojos.
Viendo precisamente el ojo derecho del Uzumaki, notando el extraño patrón negro que había adquirido.
Observando la gran cantidad de sangre que este estaba "llorando" por aquel ojo…
Fulminando al peli negro con la mirada.
Dando un paso al frente, comenzando a caminar lentamente hacia el peli negro, moviéndose junto aquel espectro de ronnin.
Tropezándose levemente a causa del dolor, llevándose la mano al ojo derecho.
Deshaciendo el enorme espectro de ronnin.
— Ya veo…— Riendo secamente. — Me sorprendería muchísimo si todavía pudieras continuar. — Respirando entrecortadamente, fatigado. — Tan sólo es la segunda vez que uso el Balance Breaker… Estaba seguro que era suficiente para asesinarte, pero fallé. Me hubiera gustado poder enseñarte todos los poderes de los Ratana… — Algo decepcionado.
— Yo seré el que asesine al otro, Cao Cao. — Preparado para seguir con la batalla.
Viendo como casi instantáneamente llegaban George y Leonardo, posicionándose a los lados de Cao Cao, listos para defenderlo.
— Muévete un solo centímetro y tendremos que eliminarte. — Amenazó George.
— Ese gran espectro…— Ignorando la presencia de los otros dos, mirando fijamente al rubio. — Pudiste invocarlo gracias a ese ojo… ¿Cierto? —
—…—
— Con que sí…— Sin recibir respuesta alguna.
— Cao Cao-sama, esta dimensión ha recibido muchísimo daño, se encuentra muy inestable, desaparecerá en cualquier momento. — Explicó George. — Será mejor que nos apresuremos y lo asesinemos cuanto antes. —
— No hace falta. — Lo frenó. — No tiene gracia. Mi Balance Breaker está por terminar, además de que estoy agotado… Lo mejor será desistir por hoy. —
— No dejaré que te vayas Cao Cao. —
— Deberías hacerlo. — Lo interrumpió. — Somos tres contra uno Naruto-kun, desiste tú también. — Viendo como Georg abría una garganta dimensional. — He terminado de medir nuestras fuerzas, y la verdad que no eres nada fuera de este mundo Naruto-kun. — Sonriendo complacido. — Ese ojo tuyo me ha llamado la atención, estoy muy interesado en él. — Admitió. —Cuando te asesine tomaré posesión de él, espero que no te moleste. —
— La próxima vez que te vea te cortaré la lengua. —
— Vaya… Que rudo. — Burlón, listo para irse. — ¡Oh! ¡Casi lo olvido!... Los miembros de la brigada se han enterado de nuestros fraternales encuentros…— Burlón. — Me han estado presionando e insistiendo Día y noche para que les dijera tu paradero… Me siento algo apenado por eso…—
— ¡¿Qué demonios insinúas?! —
— Insinúo que…— Sonriendo ampliamente. — Si yo fuera tú, no dejaría la casa sola tanto tiempo… A lo mejor cuando regreses tengas un par de visitas…—
— ¡! —
.
.
.
Apareciendo en el patio de su casa con el cuerpo todavía hecho trizas.
Agitadísimo, muy preocupado.
Viendo como tanto el patio y la casa se encontraban en la misma situación.
Devoradas por el fuego.
*BOOM* *BOOM* *BOOM* *BOOM*
Levantando la vista, viendo como una horda de demonios, magos, y hasta angeles caídos, bombardeaban su casa con cientos y cientos de hechizos y ataques.
Sin poder ver ni un segundo más aquella terrorífica escena.
Saliendo de ese caos para entrar posiblemente en uno peor, adentrándose en la casa.
Desesperado, buscando con la mirada a las chicas y a Gasper.
— ¡Le Fay! ¿¡Donde demonios están!? — Revisando en cada habitación, siendo dificultado por el enorme temblor que producía cada hechizo impactando contra el edificio.
Agarrándose del marco de la puerta de la habitación del rubio para no caer, divisando , en el fondo de la habitación, justo debajo del marco de la puerta del baño, tres cabelleras rubias y una azul.
Abrazados, pegados mutuamente, todos temblando, temerosos.
— ¡Chicos! — Gritó, llamándoles la atención, muy preocupado.
— ¡Naruto! — Gritó la peliazul en respuesta, siendo la primera en visualizrlo, corriendo hacia él, temblando, seguida al instante por el trio rubio.
— ¡Naruto-nii-sama!— Abrazándolo de la pierna con todas sus fuerzas, lloroso.
— ¡Gasper! ¡¿Están todos bien?! —
*BOOM*
— ¡Naruto-sama! ¡Tengo miedo! — Escondiendo su rostro en el cuerpo del Uzumaki.
— ¡Tranquilízate Ravel, todo estará bien! —
*BOOOOOM*
Sacudiendo todo el edificio, al borde de venirse por completo abajo.
— ¡Debemos irnos ahora mismo, péguense a mí! —
— ¡No! ¡Nuestras cosas! ¡Lo destruirán todo, tenemos que defendernos! —
— ¡Xenovia, nos matarán a todos si nos quedamos tan solo un segundo más, hay cientos de enemigos allá afuera! —
*BOOOOOOOOOOOOM*
Recibiendo un hechizo que impactó con el techo de la casa, derribándolo por completo, dejando expuesto el interior de la casa.
— ¡Nos vamos ahora mismo! — Pegando a los cuatro adolescentes a su cuerpo, desapareciendo todos en un destello amarillo, un segundo antes que un enorme hechizo impactara contra aquel terreno, destruyendo lo poco que quedaba de aquel edificio.
— ¡Demonios! —Desplomándose en el suelo de una deshabitada casa.
Respirando aceleradamente, con la mirada al techo, acompañado de otros cuatro individuos.
Incorporándose en el lugar, tomando una gran bocanada de aire.
— ¿Están todos bien? — Volvió a preguntar, simulando una increíble calma —Aquí estaremos a salvo —
— ¡Naruto-nii/sama! — Gritaron la demonio y el vampiro, arrojándose contra él. — ¡Tenía mucho miedo Naruto-niisama, creí que iba a morir! — Enterrando su cabeza en el pecho de este.
— ¡No pudimos hacer nada! — Lloriqueando. — ¡Muchísimas gracias por rescatarnos! —
— No me des las gracias… Lamento haber llegado tarde…— Acariciando la cabeza de ambos.
— Naruto… Nuestras cosas… Nuestro hogar…— Susurró la italiana.
— No te preocupes por nada de ello Xenovia… Esas cosas van y vienen — La consoló.
— Tu rostro… — Mirándolo detenidamente. — Tienes sangre… Tus ropas están destruídas, tienes heridas por todos lados… ¿Qué te ha sucedido? —
— Bueno…— Haciendo un leve silencio, desviando la mirada. — Digamos que tuve una tarde muy movida… Estaré bien, trataré de estarlo…— Mirando a la maga inglesa, preocupado.
Sentada en un rincón de aquella desamueblada habitación, abrazada a sus rodillas, temblando, con la mirada completamente perdida.
— Le Fay… — Observándola fijamente a los ojos.
Devolviéndole la mirada sin siquiera inmutarse.
Manteniendo ese choque de miradas por varios segundos más.
Frunciendo la vista, comenzando a derramar varias lagrimas.
Levantándose, corriendo desesperada hacia el Uzumaki, abalanzándose sobre él, derribándolo en el suelo.
Comenzando a llorar desconsoladamente sobre él.
— Fay… Tranquilízate…—
— ¡F-fue todo muy rápido!...— Exclamó entrecortada —¡Y-yo estaba leyendo en la biblioteca, estaba muy concentrada, p-para cuando sentí su presencia ya era demasiado tarde! — Llorando aun más. — L-lograron anular nuestros poderes con un hechizo de área… Fui una idiota, no debí bajar la guardia… Si tan solo no hubiera estado encerrada en la biblioteca... ¡Todo es culpa mía!— Deshagoandose en el pecho del rubio.
— Sh… Ya está Fay, no es tu culpa… Ya estamos a salvo…—
— ¡¿Qué es lo que está sucediendo?! ¡¿Por qué ha estado actuando extraño estos días?! ¡¿Por qué siento su aura diferente!? ¡¿Por qué usted está en este estado?! ¡¿Contra quién ha peleado?! ¡¿Por qué nos atacaron hoy?! ¡¿Cómo nos han encontrado?!
— Son muchas cosas Fay…—
— ¡Deje de ocultarnos todo Naruto-sama!... Por favor diganos qué es lo que está pasando…—
— Lo haré Le Fay… Prometo explicarles todo…— Cedió. — Sólo… Descansemos un poco…—
.
.
.
.
Abriendo los ojos, dándole un profundo vistazo a su alrededor.
Las paredes verdes y opacas, el adoquín donde se encontraba parado.
Todo era muy, muy nostálgico.
Y pensar que hace mucho se había hecho así mismo la promesa de nunca volver.
Esta era la segunda vez que visitaba aquel lugar en menos de cuarenta y ocho horas.
Lamentablemente aquella promesa ya se había ido al diablo, por más que le duela.
Sacudiendo su cabeza, centrándose, dejando de divagar.
Dando un paso al frente, caminando hacia la puerta de aquella enorme e intimidante jaula.
Sin pensarlo dos veces, adentrándose en esta.
Levantando uno de sus brazos, alumbrando aquel lúgubre lugar.
Observando hacia el fondo de la jaula.
Viendo en el fondo de esta al enorme e invasivo dragón, acostado perezosamente, como si fuera el animal, la criatura más mansa del universo.
Una imagen de por sí extraordinariamente maravillosa.
Caminando lentamente hacia donde él se encontraba, sin hacer mucho ruido.
Sintiéndose pequeño al estar parado de aquella criatura, buscando nerviosamente una manera de comenzar aquella conversación.
—…Hey… —
Abriendo uno de sus grandes y verdosos ojos, observando al Uzumaki fijamente.
— ¿…Todo el día durmiendo? —
[Maso menos… No es que tenga muchas cosas para hacer…] Sorprendiendo al rubio con aquella respuesta.
— Ya veo…—
[¿Has encontrado la manera?]
— ¿Qué? —
[Sí has encontrado la manera de sacarme de tu cuerpo…]
— Ah… No, todas las maneras que leí de extraer Longinus el portador muere… Aunque no investigué mucho… —
[¿Has desistido de esa idea?]
—…Sí. — Confesó. — Así es…—
[Ya veo… Gracias por eso joven Naruto]
— Llámame Naruto, no hace falta formalidades…—
[Entiendo… Debo de tener entendido que tú ya sabes quién soy… ¿No es así?]
— Sekiryutuei… El dragón emperador rojo…—
[Mí nombre es Ddraig, no me molestaría que me llamaras así.] Confesó. [¿Sabes absolutamente todo lo que conlleva ser mí portador?]
— Yo no soy tu portador… Yo soy tu huésped. — Corrigió. — Y sí, lo sé… Muchísimos líos, problemas y enemigos, que generalmente se camuflan en fama, poder y otras nimiedades… Por eso estoy tan cabreado con tenerte dentro mío… — Confesó.
[Veo que eres muy sincero Naruto] Riendo levemente. [Déjame decirte que tu reacción al verme fue muy peculiar… Por lo general se aterran al verme, o se obsesionan demasiado…. Tu hiciste todo lo contrario…]
— Lamento el haberte atacado de esa manera, no estuvo bien…—
[No te preocupes, fue una reacción un tanto, diferente…]
— Ya…—
[¿Para qué has venido?]
— Necesito que me aclares un par de cuestiones. —
[No te diré el porqué le pedí a Ophis que me trasladara a tu cuerpo.]
—… ¿Siquiera me dirás cómo es que lo hicieron? No sabía que un sacred gear podía elegir su siguiente portador…—
[Es algo que las sacred Gears que tienen una entidad dentro son capaces de hacer… Pero los dragones pasamos de la raza humana, no nos interesa. Nunca me había visto en necesidad de elegir a alguno de mis portadores…]
— Pero esta vez sí te viste en necesidad…—
[Sí, ciertamente si.]
— ¿Y no me dirás el por qué? ¿El por qué yo? —
[No, no te lo diré, al menos no por ahora, cuando el tiempo se dé te lo diré, y aclararé todas tus dudas sobre ello.]
—…—
[ Lamento qu-]
— No. — Lo interrumpió. — Es tu decisión, la respeto. —
[…Gracias] Simulando una sonrisa.
— Lo único…— Susurró. — Necesito que me aclares una cosa, algo sobre tu poder…—
[Sí tu duda es sobre si te lo prestaré, entonces claro que s-]
— No quiero ni una pizca de tu poder. — Sonando algo rudo. — No lo necesito. —
[Y-yo… Entiendo.]
— Es otra cosa… ¿Puedes explicarme cómo actúa tu aura, el aura del dragón? —
[Oh… ¿Ya te ha comenzado a causar problemas?]
— Muchísimos…— Suspiró. —Y cada vez peores…—
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Caminando de un lado a otro, nervioso, bajo la tenue luz de la luna iluminándolo a él y a sus acciones en aquella sala.
Sentándose unas cien veces antes de decidirse quedarse de pie.
Tomando el que creía que era la cuarta, o tal vez quinta, taza de café.
— Deberías Tranquilizarte un poco chico…— Habló una voz desde la oscuridad.
— ¡Mafura! Al fin regresas. —
— Te ves mal Naruto-san…— Observándolo superficialmente, notando los cortes, raspones y múltiples moretones que tenía en todo su cuerpo. — ¿Qué te ha ocurrido? —
— Cao Cao… fue terrible, ha podido despertar el Balance Breaker… Tuve que usar el Susanoo para defenderme, si no lo hubiera hecho estaría muerto… —
— Ese mocoso… Si sigue así se convertirá en todo un problema. —
— Mafura… — Observándolo directamente a los ojos. — Ya se ha convertido en un problema, y en uno muy grande… Además entre su gente está el portador de la Dimension Lost… Y otro portador de Longinus, aunque no me ha dicho cual…—
— ¿Por descarte? —
— Incinerate Anthem está en posesión de los magos, Canis Lycaon tengo entendido que se encuentra con los ángeles caídos, Zenith tempest está con los ángeles, tiene a True Longinus y a Dimension Lost… Quedan demasiadas variantes…—
— Debes descartar también la Boosted Gear…—
—….—
— ¿Has logrado contactarte con el dragón?—
— Ddraig. — Corrigió. — Sí, me ha aclarado mis dudas sobre el aura del dragón. —
— ¿Y cuál es tu reseña? —
— Que es todo lo peligrosa que creía y aún más. — Confesó, amargado. — Esto no da para más Mafura… ¿Tienes su ubicación? —
— Está en el mismo lugar que siempre… ¿Lo harás ahora? —
— Si no lo hago ahora entonces no lo haré nunca. —
— Ellas te quieren chico… Te estiman. —
— Y yo a ellas, pero las cosas, como están, ya no dan para más… Si se quedan conmigo lo único que conseguirán será que las maten. —
— No tiene por qué ser así Naruto-san… —
— Han destrozado nuestra casa Mafura… Cao Cao me ha encontrado muy fácilmente… Y hasta ha demostrado que puede vencerme… No las expondré a la muerte, ni a ellas ni a nadie. —
— Naruto-san…— Sin saber qué decir. — ¿Qué harás con el pequeño vampiro? Ha llegado hace poco, pero parece que también te estima mucho…—
— Se quedará un tiempo más conmigo, su familia lo odia, no tiene a nadie, ningún lugar sería seguro para él… —
—…—
Entrando en un silencio algo incómodo.
Tomando fuerzas, encarando para la salida de aquella sala, con dirección hacia los dormitorios de las chicas.
— Naruto-san… — Lo llamó.
— ¿Qué sucede? —
— Te arrepentirás muchísimo de esto…— Soltó sin más, antes de marcharse de aquel lugar, dejando al Uzumaki sólo.
Estaba en lo correcto, la idea no le gustaba para nada, pero no era cuestión de si le gustaba o no, era cuestión de hacer lo correcto.
El estar cerca de él era un peligro.
Él era un peligro… Su nombre y su no buscada fama lo eran, y sumándole ahora el aura del dragón emperador rojo… Era una bomba de tiempo.
Las cosas poco a poco iban desenredándose, y él intuía, él sabía que todo terminaría en un inminente desastre.
Por eso llevaría a cabo ese plan que venía planeando, valga la redundancia, hace bastante tiempo.
Lamentablemente, ni Gasper ni las chicas podían seguir viviendo más con él.
El famoso "Dream Team", como ellos lo llamaban a modo de broma, se iba a separar.
Ese día, las tres jóvenes y él, tomarían caminos completamente separados…
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Y ahí termina…
Nuevamente disculpas por la super tardanza, como dije antes esta vez debido a problemas personales y de salud, no voy a entrar mucho en detalle. Prometo para el próximo capítulo volver a mi ritmo normal de actualizar cada 2-3 semanas.
Capítulo cúlmine del fanfic, muchísimas cosas pasan y se revelan en este capítulo, talvez demasiadas para mi gusto, pero la verdad que me agradó como quedó.
Como vieron Naruto puede usar el MS y el Susanoo, obviamente no voy a abusar esos recursos, sería demasiado Irreal que pueda usar el MS más poderoso de todo el mundo ninja y no recibir factura alguna.
Cao cao y su balance breaker, simplemente terrorífico.
La facción de los héroes está completísima.
Naruto con Ddraig… Algunos lo intuían, otros no. A algunos les gustará, otros lo odiarán, pero así se queda.
La brigada con un acto extremadamente terrorista, lo único que no me termina de gustar, siento que lo pude haber relatado muchísimo mejor, pero si me tardo un día más en actualizar creo que se me va a explotar la cabeza.
Y se han separado, Naruto y Gasper por el momento y Xenovia, Ravel y Le Fay… Las cosas se complican más y más.
Oficialmente doy por terminado el tomo 0 de mi historia… Faltan 22.
En el próximo capítulo se presenta el universo de DXD como tal.
Ah, antes de que me olvide! ¡El que logra descubrir en quien estoy basando la personalidad de Cao Cao se lleva un enorme premio! Pista: es del mundo del deporte
Antes de pasar a los reviews.
ACLARACIONES PARA LOS QUE NO LEYERON LOS TOMOS:
Balance Breaker de Cao Cao: además de liberar el aura del espíritu santo, libera siete orbes (ratanas), cada uno más poderoso que el anterior, y cada uno con una habilidad única. Los que mostré hoy fueron:
Hatsutei Ratana: Le da la habilidad a Cao cao de volar (Y a cualquiera que la esfera toque)
Mala Ratana: Refleja ataques, cualquiera que sea, no importa el poder.
Balinayaka Ratana: La última que usó. Libera un ataque de energía sacra capaz de desintegrar a un Dios.
Dimension Lost: Una Longinus, tiene la habilidad de liberar una niebla espesa que puede transportar personas, objetos o hasta ciudades. También crea dimensiones.
Reviews:
Mario R E: Me alegro mucho que te parezca interesante! Sí, algunos son los básicos, sin Kurama… Y con el sharingan… Se que es raro jajaja
Genjuki: Gracias!
Loquin: Me alegro que te haya gustado! A Cao Cao lo tiré abajo y lo volví a hacer jajaja. En las novelas era manipulador y orgulloso de su raza, pero dentro de todo era serio… Yo estoy tratando de que sea un estratega psicológico, que sepa darte bien donde te duele tan solo hablando, espero que me esté saliendo. Saludos!
: Jamás me va a molestar la opinión de un lector, sea buena, mala, constructiva o destructiva. Es una buena idea! Fate lo vi, me encantó. Puede que la desarrolle, lo veré, pero es una buena idea, ya tenía algo en mente para futuro. Gracias por leer, opinar y comentar!
Naruto Tendo Rikudo: Tu review me hizo bien al corazón! Me alegro que te guste, y gracias por leer y comentar! También me alegra que encuentren "gracioso" mi tono cómico, y que además este no quite la seriedad de mi fanfic. Muchas gracias por comentar!
Bladetri: ¡Gracias!
Darkiller3: Mmm esa pregunta es difícil… Es fuerte, lo ha demostrado, no para estar en el top 10, pero si para estar así a ojo en el top 40-30. Saludos, gracias por leer!
Zafir09: Me alegro que te haya gustado, Gasper será sociable, no tanto, pero lo será. Saludos!
Javier992: Jajajaj, son adolescentes! Uno siempre tiene que estar en buenos términos con ellos!
Guest: En mi más humilde opinión, a nivel de luchas, Dxd (ANIME) es Flojísimo! No hay ni una pelea buena, lo bueno bueno son los tomos, te los recomiendo. Naruto es el mismo Naruto de la serie, sin Kurama y con más años hahaha… Cómo llegó al tiempo de DXD vivo es algo que voy a explicar, va a ser algo creíble, nada disparatado, lo mismo con el sharingan. En este capítulo creo que lo balanceé mucho más, espero sea de tu agrado. Y sí, Naruto sería un Kage a nivel de poder, y puedes equipararlo con un demonio de clase alta. Saludos y hasta la próxima!
Loko89772: El inicio de la serie será el próximo capítulo. Ojo, será completamente a mi manera, gracias por comentar!
Eso es todo, hasta la próxima! (Prometo que no será tanto tiempo!)
