¿Qué tal, mis amados lectores?

Nuevamente me he tardado más de la cuenta con éste último capítulo, pero sabrán disculpar a esta pobre escritora u.u

En realidad tengo las ideas desde hace bastante, pero de una forma u otra siempre tenía obligaciones o cosas por hacer u.u

La historia sigue dando giros ¿a dónde me llevará?

¡Espero que les guste! ^^

De ahora en más no voy a utilizar la cursiva para separar qué relata cada uno, sino que voy a aclararlo directamente ^^

…*…

Relata Itachi

—¿insatisfecho? —ironicé dando unos pasos hacia él.

—¿o por qué más traerías este tema luego de tantos años? —estábamos ya a pocos centímetros.

—¿es decir que crees que puedes conmigo? —rió con ganas.

—¿poder contigo? —silabeó —¿crees que eres así de duro? ¿así de difícil? Pues claro que puedo contigo.

—no dudo que tu interés en mí sea mayor que el mío en ti, por lo que se deduce fácilmente que puedo manejarte a mi antojo —una mueca de fastidio se dibujó en su entrecejo.

—¿y si en realidad estoy interesado en ti por qué dejé pasar todo este tiempo? —se acercó un poco, mientras volvía su sonrisa —aquella vez te mostraste de lo más receptivo y servicial.

—quizá temías admitir tu homosexualidad —parece que di en el clavo pues se posó frente al espejo, dándome la espalda y acomodó su cabello como suele hacerlo.

—¿estaríamos teniendo esta pequeña conversación de no ser ambos homosexuales? —era en verdad muy rápido y perspicaz de palabras.

—quizá uno de nosotros sea homosexual —comencé, colocándome detrás de él, mirando al espejo —y quizá el otro sea suficientemente sádico como para disfrutar aquella vulnerabilidad —puse una mano en su cintura —y aprovecharse de ella —y la otra en su cuello —sólo por la más egoísta de las diversiones —sus ojos se cerraron involuntariamente —creo que ya puedes adivinar quién es quién —tomó la mano que estaba en su cuello y la pasó por sus labios, mirándome a través del espejo.

—y tenerme así, entregado, sólo te da más placer —volteó repentinamente —¿o me equivoco, Uchiha? —reí, tenía toda la razón —pero no te confundas, jamás me dejaría dominar por el niño al que le mostré su homosexualidad —y ante esas terminantes palabras casi me di por vencido: era muy directo, muy frontal y su forma fría de hablar lo hacía aún más hiriente —sería muy injusto ¿no te parece?

—¿me 'mostraste' mi homosexualidad? —y tenía dos opciones: admitir que ya lo sabía desde antes, o dejarle pensar que era su mérito; cualquier opción me disgustaba.

—¿o es que lo sabías desde antes? —touché.

—hablas demasiado, Deidara —le tomé el mentón con dos dedos —y eso seguramente se deba a que en realidad es una gran fachada pues en el fondo eres muy débil.

—en el momento que tú espiabas niñas para comprender que no te excitaban, yo te espiaba a ti, excitándome con la delicada forma de enjabonarte el cabello —me acarició el rostro —con el tiempo te has vuelto muy rebelde conmigo, en aquel momento te sonrojabas y te mantenías callado, protestando sólo de a ratos —arqueó las cejas —ahora eres todo un hombre. Todo un sádico, eres todo lo que esperaba que fueras, pues en realidad habría deseado que fueras tú quien entrara en la ducha y me hostigara —cada sílaba me sorprendía más, jamás había conocido a nadie tan frontal —mi actitud es una gran fachada, tienes razón. No dudo que puedo contigo, la pregunta real es ¿tú puedes conmigo? —unos deseos inexplicables de demostrarle que las suyas eran sólo habladurías, de encerrarlo en un baño y hacerlo mío hasta que llorara comenzaron a hervirme la sangre -lo cual era, lógicamente, su intención-. Entonces pensé en ti. No podía traicionarte, no podía engañarte… pero estaba en mi naturaleza. Necesitaba imponerme. Y Deidara representaba un reto que tú eras incapaz de darme. No tenía tanto tiempo para meditar, debía reaccionar.

—lamentarás haber hablado tanto, Deidara —dije al fin, dispuesto a ocuparle esa estúpida boca en algo más interesante, cuando se abrió la puerta. Ambos quedamos helados.

—¿qué tanto hacen? Konan y yo los estamos esperando en una mesa, vengan —una mueca de asco y disgusto se dibujó en el rostro de Sasori; por suerte no nos encontró en ninguna situación embarazosa, pero fue sólo casualidad. No sin antes regalarme una sonrisa de superación, Deidara y yo salimos del baño junto con Sasori —no sé porqué se tardaron tanto, pero de todas formas tuvimos que cambiar el pedido —trató de disimular. Fuimos hasta la mesa, allí esperaba Konan. Ella sí que era hermosa. Tenía un cuerpo envidiable por cualquier mujer, una tez perfecta, y lamentando la vulgar analogía, blanca y suave como seda. Los cabellos cortos le sentaban de mil maravillas y ese aro en el labio inferior sólo le daba un aire exótico que la volvía aún más irresistible. Pensarla desnuda casi lograba excitarme. Me senté a su lado, y Deidara y Sasori se sentaron en frente. Cada uno tomó su pedido y comenzó a comer.

Luego de algunos minutos miré a Deidara, estaba tomando coca cola y no bastó que diera cuentas de que lo estaba mirando para que comenzara a sorber de una forma descaradamente provocativa. Al apoyar el vaso, se soltó la cola que suele llevar y comenzó a peinarse con los dedos; sabía a la perfección que su cabello me agradaba sobremanera. Obviamente no pude quitarle la mirada de encima hasta que volvió a atárselo. En ese sentido siempre fui muy vulnerable, siempre me gustó demasiado observar, deleitarme. Un gesto bien hecho, una mirada, esa es mi debilidad.

Terminamos de comer. Sasori había estado muy callado, mientras que Deidara y yo a duras penas cruzamos un par de palabras. Mientras se debatía si pedir o no helados, recibí un mensaje de texto.

Cómo estás, niisan? Yo me aburro en clases de matemática

Era la primera vez que me mandabas un mensaje sólo para juguetear conmigo. Esbocé una sonrisa.

Almuerzo con mis amigos. Presta atención.

—¿quién era, Uchiha? —preguntó Deidara ¿tan alevosa había sido mi sonrisa?

—nadie.

—¿es que tienes novia, Uchiha?

—ya déjalo, Deidara —dijo Konan.

—¿qué ocurre? Es sólo curiosidad, después de todo somos sus amigos.

—basta —dijo Sasori. Todos lo miramos, parecía bastante molesto.

Deja de molestarme. En diez minutos salgo. Estarás cuando llegue a casa?

Me dabas demasiado cariño. Más del que esperaba. Más del que merecía, mucho menos del que necesitaba y demasiado más del que podía controlar.

…*…

Caminaron en sepulcral silencio. Una tristeza casi desconocida consumía el eco de los pasos en las desiertas calles de Tokyo. Como un injustificado antojo las palabras se callaban, involuntarias. Al llegar a la casa de Deidara ambos se detuvieron, aún incapaces de esbozar sílaba alguna.

—¿quieres pasar? —obligó la cortesía a Deidara.

—hm —asintió Sasori. Deidara abrió; como vivía solo su apartamento siempre estaba cerrado, oscuro. El orden y el buen gusto siempre habían sido su fuerte, por lo que a pesar del encierro el lugar era increíblemente hermoso.

—¿qué te ocurre? —arriesgó Deidara al ver que Sasori no había salido del genkan aún.

—debo preguntarte algo —contestó parco, sin dejar ni zapatos ni abrigo.

—dime… —casi susurró, aún sin prender ninguna luz.

—¿qué ocurrió con Itachi? —los ojos de Deidara se abrieron, tratando de dar una mejor imagen de su amigo, quien estaba a contraluz de la puerta aún abierta.

—no ocurrió nada ¿a qué te refieres? —se excusó, casi con culpa.

—no te creo.

—¿qué podría haber ocurrido? —preguntó ingenuo.

—sabes perfectamente a qué me refiero, Deidara —continuaba, seco.

—¿qué pasa, Sasori? No hay nada entre Itachi y yo… —y entonces Sasori avanzó hacia él, sin quitarse los zapatos, sin cerrar la puerta.

—no te creo —y seguía avanzando hacia un Deidara incapaz de reaccionar.

—Sasori… no ha pasado nada, créeme…

—¿estás enamorado de él, acaso? —un paso más —¿es que interrumpí algo cuando entré al baño? ¿siempre se besan a escondidas de mí?

—Sa-sasori… ya para… —susurró Deidara.

—respóndeme ¿estás enamorado de él?

—¡ya basta! —gritó confundido, fuera de sí Deidara. Volteó para irse y prender alguna luz, para tomarse algunos segundos y entender qué ocurría pero ante eso Sasori lo agarró del brazo.

—¡responde! —la puerta se cerró de golpe.

—¿qué quieres de mí! —Sasori apretó fuerte, lastimándolo. Deidara se zafó, corriendo algunos pasos pero Sasori lo alcanzó, arrojándolo contra una pared y tomándole el rostro con ambas manos.

—ámame —los ojos de Deidara no podían dar ninguna imagen clara de Sasori besándolo. La oscuridad volvía aquel delirio en una dulce ensoñación —sólo a mí —agregó, interrumpiendo el beso —ámame, Deidara —y así siguió quitándole la remera, luego el pantalón… y los zapatos…

…*…

Las clases por fin terminaron. Había sido un día completamente normal. Tenía cierto miedo de salir, pues aún no me había encontrado a Neji y temía qué pudiese ocurrir. Siempre nos esperaba a la salida, pues viajaba junto con Hinata y conmigo. Quería pensar en alguna excusa para quedarme dentro de la escuela pero no se me ocurría, y el timbre le ganó a mi mente.

—vamos, Sasuke —dijo Naruto que había guardado mucho antes que terminara la clase.

—hm —asentí guardando.

Salimos todos juntos, como siempre. De alguna forma quería encontrarlo, y al mismo tiempo sentía pánico. Cuando por fin estuvimos fuera lo vi; una extraña mezcla de sentimientos y sensaciones me abstrajo, instintivamente me toqué el labio inferior, donde aún tenía una pequeña marca de lo que me había hecho.

—hola —saludó sonriente a todos, casi sin mirarme.

—¡Neji! ¡pero qué guapo estás hoy! —dijo Sakura. Era cierto, se había puesto una camisa blanca, muy parecida a la que había usado aquella vez. Creo que ya lo mencioné, pero el blanco le sienta de maravillas.

—sí, pues, es mi camisa de la suerte y hoy tenía examen.

—eres un supersticioso, Neji —dijo Hinata, acercándose a él.

—mejor no hablaré de ti, neechan.

—ya empecemos a caminar —dijo Ino —lo único que quiero es llegar a casa —bufó.

—pues, yo lo último que quiero es llegar... mañana tengo otro examen —continuó Neji, mientras comenzábamos a caminar —no quiero estudiar.

—¿examen de qué? —pregunté. Quería llamar su atención.

—matemáticas —respondió seco.

—no te quejes, Neji, tú siempre has sido muy bueno con los números —se quejó Hinata.

—pues, lo cierto es que ya no me apetece estudiar. Quiero terminar.

—¿quién no? —bufó Naruto. Cuando llegamos a la esquina debíamos separarnos. Naruto, Sakura e Ino se iban juntos, mientras que Neji, Hinata y yo caminábamos hacia la zona residencial.

—adiós, muchachos —saludó Sakura —nos veremos mañana.

—¡adiós! —saludó Ino, mientras se alejaban.

—hm... —bostezó Naruto.

—ese Naruto... siempre durmiéndose en clase —dijo Hinata.

—sí —respondí, sin interés. No podía quitarle los ojos de encima a Neji, y estoy seguro de que él notó eso.

Para mi total sorpresa, caminamos hablando de la escuela, de las materias y de los exámenes. Neji siquiera había intentado hablar conmigo o darme alguna indirecta, muy por el contrario parecía evadirme. Aquello sin dudas me decepcionaba y frustraba.

Llegamos a su casa, que estaba varias cuadras antes que la mía y los saludé.

—hasta mañana, Sasuke-kun —dijo Hinata, sacando las llaves.

—hasta mañana —repitió Neji, entrando al apartamento. Cuando se volteó le cayeron algunos mechones de su cabello al rostro, cuando se lo recogió lo hizo de una forma tan sensual que me enardeció instantáneamente. Casi inconscientemente, me toqué la herida, apretándola, para sentirla y recordar que la había hecho él.

No quise permanecer ahí mucho tiempo, ni que se dieran cuenta, así que seguí camino a casa.

Odiaba ser tan idiota.

Llegué a casa, no había nadie. Arrojé mis cosas por ahí y me tiré en el sillón a mirar tele. Sonó mi celular, obviamente corrí a atenderlo.

"Amé cómo te apretaste el labio, Sasuke" - Neji.

Quedé helado. No podía respirar. Una vergüenza desgarradora consumió cualquier pensamiento.

Y lo que más patético me hizo sentir fue que los pantalones no podían contener mi erección.

…*…

Salí del edificio, la única clase que compartía con alguien conocido era con Deidara, y había faltado. Al salir encontré a Sasori, casi esperándome.

—buenas noches, Itachi —saludó. Él era un par de años menor que nosotros, era vecino de Deidara y resultamos compartir tanto el secundario como la universidad.

—buenas noches —saludé.

—debo ir hacia el lado de tu casa para comprar unas cosas ¿vamos juntos? —preguntó, lo cual me extrañó bastante, yendo a mi casa no había nada pues es zona residencial.

—bien… —contesté sin intenciones de contrariarlo, muy por el contrario, aquella situación me resultaba de lo más curiosa.

Comenzamos a caminar.

—¿qué debes comprar? —arriesgué.

—nada importante —era obvio que mentía pero ¿por qué? ¿por qué quería acompañarme?

—ya veo… —quería que supiera que sabía que era todo una farsa. Caminamos unas cinco cuadras y de pronto se paró frente a mí.

—bésame —mis ojos se abrieron de par en par ¿qué mierda ocurre…?

—¿qué cosa…? —no pude evitar preguntar.

—que me beses, es sencillo —respondía con toda normalidad.

—pero ¿por qué?

—porque así me place.

—¿por qué hoy? ¿por qué ahora?

—¿es que Deidara te ha contado algo? —¿Deidara!

—no tengo idea de qué me hablas, Sasori…

—seguro te ha dicho, después de todo… él está muerto por ti —en ese instante empezó a tener sentido.

—¿es que ha ocurrido algo entre ustedes? —pregunté, sorprendido. No esperaba algo así de Sasori.

—eso no importa, sólo quiero que me beses.

—¿y por qué querrías algo así? ¿es que te gusto, te intereso?

—en lo absoluto. Sólo quiero comprender porqué le gustas tanto a Deidara senpai

—escucha, Sasori, no quiero hablar de estos temas aquí en la calle, menos besarte ¿por qué no pasas a casa unos minutos? —aquel asunto me interesaba sobremanera.

—de acuerdo —respondió parco.

Al llegar a casa y abrir la puerta te oí bajar las escaleras desesperado.

—¡niisan! —gritaste.

—hola, Sasuke —detrás entró Sasori, la desilusión en tus ojos era enorme.

—hola, Sasori…

—buenas noches, Sasuke.

—oye, iremos a mi habitación unos minutos, tú espérame en la tuya que en cuanto termine iré contigo ¿bien? —asentiste con fastidio y subiste corriendo.

—¡Sasori! —saludó mamá desde la cocina —¡tanto tiempo sin verte! ¡mira nada más cuán apuesto te has vuelto! —Sasori siquiera sonrió por cortesía; pero así era su forma de ser. Sus sonrisas eran sólo de sarcasmo, de superación.

—kaa-chan, estaremos en mi habitación —dije, dejando los zapatos y los abrigos en el genkan, atinando a subir las escaleras.

—¿te quedarás a comer, Sasori-kun? —preguntó.

—no, gracias —sin demasiada parsimonia subimos y le echamos llave a la puerta. Nos sentamos en mi cama.

—ahora puedes tomarte todo el tiempo que te plazca en explicarme qué rayos está ocurriendo —le dije, mirándolo ansioso.

—es de lo más sencillo en realidad, Itachi. Sólo quiero que me beses.

—eso lo he entendido, lo que no entiendo es porqué.

—Deidara está muerto contigo, te desea, te necesita.

—¿y cómo sabes eso tú? —aquella revelación resultaba importarme mucho más de lo que creía.

—¿por dónde empezar…? —esbozó una sonrisa de desagrado —Te contaré si accedes a besarme.

—de ninguna forma —reí —no tengo ningún interés en ti, eres mi amigo, sólo eso.

—pero te gustan los hombres —no respondí —es obvio. De otra forma no te interesaría en lo más mínimo el porqué sé que Deidara está muerto contigo —carraspeé.

—bien, entonces puedes ir a tu casa.

—fantástico —respondió, levantándose rápidamente y yendo hacia la puerta. ¿Eso había sido todo? —lo arrojé contra una pared —comenzó —casi a oscuras, con su hermoso cabello lloviendo sobre aquella exquisita piel. Lo besé, después de tantos años lo besé —sonrió de forma sádica —y créeme que sus labios saben de maravillas, Itachi. Le quité la remera y tuve que alejarme unos pasos para contemplar su pecho. Es perfecto, lo juro —volteó hacia mí para mirar mi absorta expresión —lo toqué y lo besé; él mantenía los ojos cerrados con fuerza, como intentando negarse, pero sin mover un músculo. Comencé a lamerlo —y en ese instante comprendí que aquel relato me excitaba —lamí su pecho, acariciando su torso hasta llegar con mi lengua a su cuello. Saboreé su lóbulo, para luego bajar nuevamente y lo mordí —se acercó y se sentó a mi lado nuevamente, mirando hacia el techo —¿sabes qué hizo cuando lo mordí? —dirigió su mirada hacia mí —suspiró 'Itachi' —y no pude evitarlo, lo tomé del cabello y lo choqué contra mis labios, besándolo apasionadamente. Cerré los ojos, esperando que él fuera Deidara, y que suspirara de nuevo mi nombre. Luego de unos breves segundos me separé, casi comprendiendo mi estupidez —ya lo entiendo.

—¿qué cosa…? —pregunté, aún abstraído.

—gracias por tu tiempo, Itachi-san —se levantó y abrió la puerta —por cierto que fue todo verdad —me dedicó una última mirada —pero no debes dudar que lo haré mío —y diciendo esto bajó, tomó sus cosas y se fue.

Me arrojé a la cama, atónito. ¿Cómo había sido todo eso posible? ¿Es que realmente deseaba a Deidara? Era imposible, tú eras el único para mí.

Una culpa que me helaba los párpados en repulsión me impedía ir a tu cuarto. ¿Cómo mirarte a los ojos sabiendo que deseaba a otra persona? ¿es que en realidad era capaz mi cuerpo de albergar dos sentimientos tan opuestos? Deidara. Su nombre se repetía incansable en mi mente mientras no podía evitar pensar en lo que había descrito Sasori. Yo quería vivir eso. Quería oír mi nombre de sus labios. No, estaba equivocado, no lo quería… Lo necesitaba.

...*...

Relata Sasuke

Sasori ya se había ido pero tú no te aparecías ¿por qué? ¿te había hecho algo malo?

Intenté despejar mi mente por unos instantes, pero tu imagen era todo lo que podía ver.

Todo lo complicado e irracional de nuestra relación parecía consumirme de a ratos. Quizá hasta arrepentido. No, no arrepentido; desbordado. A veces ajeno. Abstraído. Confundido. Quizá desentendido. Y probablemente esa era la razón por la que no enloquecía: no lograba comprender la totalidad de mi propia enfermedad. Tú.

Y de pronto recordé aquel manga que alguna vez había encontrado en tu habitación Sensitive Pornograph. No había logrado terminarlo pues tú te habías aparecido, pero sin dudas deseaba hacerlo. Sí, esa era una buena excusa para ir a tu cuarto.

Caminé indeciso, pero toqué a tu puerta, sin pensarlo.

—adelante —dijiste, sabiendo que era yo.

—niisan... —dije, tímido —he venido a pedirte algo presta... —y antes de que pudiera terminar la frase o de abrir la puerta me tomaste de la cintura, cerrando la puerta detrás de mí y besándome con violencia. —hm, niisan... —me quejé como pude ¿por qué tanta pasión de repente? Y continuaste besándome, tocándome. Pasabas tus manos por mi torso con desesperación, arrancándome pequeños jadeos.

—te haré mío, Sasuke —susurraste.

—hm, no... ya detente... —protesté. Esa actitud me enardecía tanto como me asustaba.

—por favor... —y en cuanto lo pediste con tanta fragilidad, como si fuera una necesidad, enloquecí. No tardaste en encontrar mis pezones, y en presionarlos con fuerza.

—ya... —gemí —hazme lo que quieras... —me entregué. Sabiendo que de todas formas harías de mí lo que más te plazca.

—gracias —reíste, haciéndome voltear. Me pusiste la cebeza contra la pared y comenzaste a desabrocharme el pantalón. Tenía miedo de que la metieras así como así... mi cuerpo ya estaba cansado y si lo hacías tan violento no lo aguantaría.

—m-más despacio... —pedí, en vano. Esas palabras sólo hicieron que comenzaras a apretarme los muslos con fuerza.

—no, fuerte —respondiste, metiéndote un dedo en la boca.

—n-no... —y antes de que pudieras escucharme, ya lo habías metido. Sentía que me invadías, que me desgarrabas.

—te haré mío, chilla si quieres —no entendía porqué estabas así. Parecías enojado conmigo. Sin embargo movías mágicamente aquel dedo dentro de mí, haciéndome olvidar tu frialdad y cinismo. Metiste otro y comenzaste a abrirlos dentro de mí, dilatándome.

—Ita... chi —gemí, débil para hacerte saber cuánto me agradaba.

—¿te gusta? —preguntaste, agregando otro dedo.

—sí... —suspiré.

—no te he oído —los sacaste de pronto. Los humedeciste un poco más en tu boca y los metiste de golpe.

—¡sí! —casi grité ¿cómo podías hacer tal cosa!

—así me gusta... —los movías de forma frenética, casi dándome náuseas de tanto placer. Sentí que iba a acabar.

—nii... san... me vendré si lo haces así... —te expliqué, pero no hiciste caso.

—hazlo —y en ese instante cambiaste tus dedos de posición, apretando hacia arriba. Mi corazón comenzó a latir distinto, sentía mis pies dormirse, mis labios con cosquillas. Me daba escalofríos y hacía que los deseos del orgasmo vinieran desde la punta de mis dedos.

—¡I-Itachi! —grité, y antes de que pudiera pensarlo o evitarlo, acabé, contra la puerta —ah... Itachi... —repetí, pues la sensación era maravillosa.

—de nada —dijiste, quitando los dedos y corriéndome un poco hacia atrás. Abriste la puerta y te fuiste. Me quedé pasmado. Había manchado la puerta, mis pantalones y el piso. Y tú te habías ido. Así, sin más. Te odié por hacer eso. Pero, maldición, aquel orgasmo había valido casi cualquier cosa.

...*...

Relata Itachi

Me encerré en el baño, bajé mis pantalones y comencé a tocarme.

No recordaba cuándo había sido la última vez que lo había hecho con tanta vehemencia.

Tú jadeando suave en mi oído aquella palabra... 'niisan'

Deidara jugando con su cabello, enroscándolo en un dedo, mirándome de reojo con una sonrisa llena de perversión.

Las gotas de sudor en tu frente mientras tienes un orgasmo en mis dedos.

Deidara entrando al baño, haciendo que lo toque.

Tú agachado, sometido, lamiendo mis pies.

Deidara rogándole a Sasori que sea yo...

Acabé. Casi gemí de placer. Ensucié mis manos y mi ropa interior. No importaba. Ya nada importaba, pues nada tenía sentido.

No podía luchar contra aquello, contra mis más profundos sentimientos, mis más profundos deseos. Era egoísta. Era cínico. Y no podía evitarlo.

...*...

Bien, bien ¿qué les ha parecido? En lo particular a mí me agrada bastante.

A veces no me convence el ItaDei, pero en este caso me resulta sensual ^^

Ojalá les guste tanto como a mí.

Como siempre, espero comentarios y críticas ^^

Si quieren compartir alguna idea, será más que muy bienvenida.

¡Gracias por leerme!