Mes: Junio

Canción: Future World

Grupo: Hellowen


En días como ese, odiaba estar allí. Odiaba a la gente, odiaba el comportamiento, odiaba la forma de vivir, en definitiva, odiaba la época feudal.

Se había prometido a sí misma que no dejaría que aspectos como este le afectaran, pues sabía de sobra, que la mentalidad de hace 500 años atrás a la suya propia era completamente diferente. ¡Si a veces ni siquiera entendía de lo que hablaban cuando utilizaban el vocabulario tan antiguo y desgastado para ella!

Pero esto, esto pasaba de castaño oscuro. Había perdido la paciencia en una décima de segundo; sorprendiéndose a sí misma, de la agilidad, fuerza y rapidez que había adquirido con el tiempo en la era feudal. Pues cuando se quiso dar cuenta, ya tenía el puño alzado, la cara del hombre que tenía en frente con la mejilla roja y la aldea entera junto a sus compañeros de viaje con los ojos desencajados.

Sí, había estampado su puño en la cara de aquél hombre sin mediar palabra alguna con él. Bueno, en su defensa, decretaría que ella simplemente alzó el puño, con tan mala suerte de que el sujeto en cuestión había resbalado, y su cara se había empotrado en el puño de la sacerdotisa del futuro… un tribunal la creería ¿no?

Bajó el brazo y respiró hondamente. Maldijo mentalmente, pues ahora tendría que explicar la reacción que había desenfrenado ese comportamiento tan salvaje. Aun así, sin mediar palabra alguna, se agachó y levantó a la muchacha que estaba sentada en el suelo llena de moratones y sangre por toda la cara. Estaba completamente sudada por el calor que estaba haciendo y Kagome tuvo miedo de que se le infectara una herida. Sacó un pañuelo y le limpió el rostro con cuidado mientras decidía mentalmente como explicar a sus compañeros, recién llegados a la aldea, su reacción.

-Maldita puta – habló el hombre, el cual había salido de su estupefacción al escuchar los gemidos de su mujer, siendo curada por la muchacha – por mucha sacerdotisa del futuro que seas, no tienes ningún derecho a inmiscuirte en los asuntos privados, zor – el aldeano calló, al escuchar el gruñido de advertencia por parte del hanyou, que se acercaba peligrosamente hacia donde se encontraba su compañera

-Me inmiscuiré si lo creo necesario, paleto – le veneno en la voz, dejó a todos sorprendidos, incluido el propio Inuyasha quien se había quedado parado, literalmente – no tienes ningún derecho de golpear a nadie de esa manera y menos a una persona que no se sabe defender – la joven aldeana, quien no tendría más de 20 años, miraba aterrorizada a su marido, un hombre de unos 40 y se agarraba salvajemente a su salvadora, aun sin entender, como era posible que alguien la defendiera, a ella

-Te crees muy valiente cuando tienes a un perro que te protege – arremetió el aldeano lleno de ira al ver que no podía hacer nada – pero ya veremos que ocurre cuando te encuentres sola sacerdotisa – amenazó – y tú, Sayumi, vienes conmigo a casa. Hay cosas de las que tenemos que hablar – la cogió del brazo ejerciendo una presión desmesurada a los ojos de los presentes

-Suéltala – ordenó Kagome con voz serena y firme haciendo dudar al aldeano. Ese mini segundo, fue aprovechado por la joven Sayumi que se deshizo del agarre y se puso detrás de instintivamente

-Monje – habló el hombre dirigiéndose a Miroku – le aconsejo que informe a sus incivilizados amigos cuales son las leyes de estas tierras, si es que quieren pasar la noche

-Incivilizado serás tú, maldito hijo de pu – Kagome dejó de hablar al sentir otra voz que se interponía en la de ella y su receptor

-Señorita Kagome – habló Miroku más solemne que en toda su vida – debe dejar que la señora se vaya con su esposo, él es quien debe protegerla de los demás

-¿Pero qué estupideces dices Miroku? Lo único que quiere este animal es matarla – reprochó la joven con los ojos inyectados en sangre

-Pero ni usted ni yo podemos hacer nada al respecto – el monje se acercó y cogió la mano de la joven aldeana para llevarla junto a su señor. Sayumi temblaba como una hoja – vendremos esta tarde a comer y a reponer fuerzas, después de eliminar al ser negativo de sus casa, y esperamos que los dos nos reciban amablemente – el aldeano asintió con desgana pero le dio una sonrisa escalofriantemente triunfal a la Kagome, que apretaba los puños impotente – lo siento señorita Kagome, pero esto no es el futuro, los tiempos aquí son diferentes.

-¿Qué mierdas sabrás tú, de lo que ocurre en el futuro, monje? – Aunque pareciese una frase dicha por el mismísimo Inuyasha, fue la voz dulce de Kagome quien la pronunció dejando a todos helados – espero que ella esté entera para cuando vayamos al castillo a comer, paleto. Porque si no, te aseguro que ningún monje podrá salvarte el culo – dicho esto, se alejó de allí dirección al bosque, los más rápido que pudo.

-Estúpidas mujeres – antes de poder ir más lejos, Sango apareció en escena cogiendo la mano de la aldeana Sayumi y retirándola de su agresivo esposo - ¿pero que…?

-No le importaría, amable aldeano, que me llevara a su mujer al pueblo para elegir unos ropajes elegantes ¿verdad? – más que una pregunta, había sonado a amenaza, haciendo que el aldeano asintiera efusivamente. También el hecho de tener como mascota a un gato enorme con unos colmillos más grandes que sus brazos, habría ayudado a su cambió de opinión – bien – Sango se llevó a la muchacha a un manantial que había visto con Kagome para curar las heridas de la muchacha. Al pasar por el lado de Miroku para coger algunos desinfectantes y vendas, ni siquiera lo miró, haciendo que el monje se sintiera peor de lo que ya se sentía.

-Inuyasha ¿entiendes lo que he hecho no? – Miroku miró a su amigo esperando encontrar un punto de apoyo. Ese simplemente asintió, de una manera fría y tosca. Luego se fue por el mismo lugar por el que se había ido Kagome. – Tú no me odias ¿no Shippo? – el joven zorro suspiró y se subió al hombro de Miroku, negando con la cabeza – bien, vamos al pueblo a despejarnos un poco.

Kagome estaba sentada en el tronco de un árbol; tenía los ojos cerrados y unas lágrimas que surcaban sus mejillas. Odiaba no poder hacer nada y odiaba ser tan sensible en esas cosas, a veces envidiaba a Sesshomaru por ser tan frio y calculador.

-No creo que te gustara ser igual que ese bastardo – Inuyasha que había llegado saltando de rama en rama, había escuchado lo último que había dicho o pensado, no recordaba muy bien – es feo y huele a perro mojado – Kagome sonrió aun con los ojos cerrados y las lágrimas mojando sus mejillas - ¿Qué ha ocurrido?

-Inuyasha ¿tú crees que las mujeres no deben defenderse? – Inuyasha alzó las cejas - ¿crees que son inferiores a los hombres?

-Kagome – Inuyasha se sentó a su lado mirando al frente – soy un hanyou, nadie es más inferior que yo – había aprendido durante el tiempo que había pasado con ella a hablar de ese tema sin que le causara rencor ninguno. Cosa que hizo a Kagome sonreír – por tanto, no soy nadie para desmejorar a nadie. Lo que sí es cierto, es que hay hombres que sí lo creen y que posiblemente en tu época no se dé el caso, pero aquí sí que hay muchos que…

-Tomoyo, una amiga mía de la infancia, murió hace dos días – interrumpió a Inuyasha – por eso volví hoy, me había quedado al funeral.

-¿Qué…? ¿qué tiene que ver? – Inuyasha no sabía que más decir, estaba familiarizado con la muerte, pero no sabía dar apoyo a nadie, pues a él nunca se lo habían dado

- Tomoyo tenía 20 años y se parecía muchísimo a Sayumi. Se casó con 18 a petición de sus padres –a cambio de una gran suma de dinero-, con un hombre que rozaba los 35 años de edad y que se había quedado prendado de ella cuando esta tenía 15 – Inuyasha la miró extrañado, que eso se diera aquí era lógico… pero que se diera en el futuro era toda una sorpresa – se separó hará seis meses porque él la maltrataba – Kagome apretó los ojos, que aún tenía cerrados provocando que salieran más lágrimas que entrecortaban su voz – ella, había empezado a salir con un chico de su edad, que la mimaba mucho y la cuidaba – apretó los puños – y hace dos días habíamos quedado las dos, para tomar algo y para decirme que se había quedado embarazada y que se iba a casar nuevamente, pero enamorada – abrió los ojos y limpió sus lágrimas – cuando llegué, había mucha gente en el café donde habíamos quedado. Me hice paso entre la multitud y me la encontré allí, tumbada boca abajo con los ojos desencajados y una mueca de dolor. Su ex pareja la había acuchillado por la espalda 13 veces antes de que alguien pudiera socorrerla – miró al hanyou el cual tenía una cara de sorpresa – en el futuro también hay guerras, maltratos y muerte. No significa nada que tengamos más tecnología que vosotros, pues la mentalidad de hace 500 años sigue persistiendo allí.

-Por eso has defendido a esa humana – afirmó el hanyou

-¿Sabes porque le pegaba su marido? – Inuyasha negó con la cabeza – porque un bandido la había violado en el camino y ella se había quedado embarazada. Ese estúpido paleto le ha dado una paliza para que abortara el niño, importándole una mierda la salud de su amada esposa.

-Kagome, no puedes cambiar el mundo – sentenció el hanyou rodeando a la muchacha con su brazo izquierdo atrayéndola hacia él. Parecía más bien un robot que un ser viviente, pero sabía que eso la reconfortaría.

-Sí queremos llegar a ese mundo futuro donde poder decir mañana sin miedo, donde poder ser felices, debemos luchar con todas nuestras fuerzas. Aunque se tenga que cambiar a todo el mundo, la mentalidad de toda la gente, para conseguir llegar al Mundo del Futuro. – Inuyasha sonrió, y apretó más a Kagome en su abrazo, esta vez sin ningún pudor. Estaba seguro de que si en la época feudal se cambiaba la mentalidad, era porque ella había pasado por allí.

-Debemos irnos – Inuyasha se levantó y luego ayudó a la muchacha a levantarse – hay que ir a cenar a casa de tu amigo – el toque humorístico en su voz hizo que Kagome, a pesar del escozor de los ojos, sonriera.

Se subió a su espalda y juntos llegaron a la aldea donde todo se había desarrollado. Se sorprendieron al ver un revuelto de gente rodeando un lugar específico de la aldea dejando a Kagome sin respiración. Se bajó de la espalda del hanyou y corrió hacia el gentío, pidiendo a todas las divinidades existentes que por favor, no volviera a pasar lo mismo. Pero en cuanto llegó allí quedó helada con lo que vio.

El aldeano, al que ella le había dejado una bonita marca de regalo en la mejilla, estaba en el suelo lleno de moratones y tierra. Escupía sangre y dientes por la boca y miraba iracundo a la persona que tenía en frente. Kagome se sorprendió y casi saltaba de alegría al ver quien le había propinado esa cantidad de golpes.

Sayumi, casi rejuvenecida y con las curas hechas por Sango en todo el rostro, se alzaba delante de su marido con aire de superioridad y con una fiereza inaudita. Se acercó lentamente a su marido, quien se levantaba en ese momento y lo cogió por la solapa de su vestimenta, alzándolo por el cuello y apresándolo entre ella y la pared de una cabaña.

-Como vuelvas a ni siquiera mirarme, te juro por todos los presentes y todos los dioses del mundo, que cogeré esa katana que con tanto celo guardas y te rebanaré esas joyas reales que todos los hombres protegen con su vida. Acuérdate bien de mi cara, porque será la última vez que la veas – y con todo el desprecio del mundo, tiró al individuo al suelo y le pateó las costillas. Se giró y desapareció de la multitud quien aplaudía la hazaña de la muchacha.

Kagome se dirigió a ella cuando habían desaparecido del campo de visión de los aldeanos, siendo seguida por Inuyasha y Shippo. Allí, los tres se sorprendieron al ver a Miroku, Kaede y ¿otra Sayumi?

-¿Qué está pasando aquí? – preguntó Shippo, mientras los dos adultos intentaban resolver el enigma

-Kagome-sama – una de las jóvenes Sayumi, se había levantando apresurada y temblorosa y se abrazó a la sacerdotisa llorando a lágrima viva – no sabe cuando agradezco que hayan hecho esto por mi – Kagome correspondió el abrazo aun sorprendida

-Si tú eres la auténtica Sayumi… entonces tú – Inuyasha señalo a la otra Sayumi la cual fue rodeada por un humo azulado convirtiéndose en Sango

-¡Taraaaa! – ironizó con los brazos abiertos como su fuera un truco del mago Houdini - ¿Ha quedado creíble no? – Sango abrazó a la muchacha y también a Kagome la cual sonreía de oreja a oreja – he intentado que no pareciera muy profesional… para no levantar sospecha…

-Lo has hecho muy bien querida Sango – Miroku se acercó a Kagome y le cogió las manos – no estoy de acuerdo con el comportamiento que se tiene aquí sobre las mujeres, señorita Kagome, y siento mucho si la he ofendido… pero si usted hubiera humillado a ese hombre los demás hombre de la aldea podrían haberle hecho daño cuando estuviera sola. Así nos aseguramos que centren su vista en ella – señaló a Sayumi – la cual se irá a vivir al pueblo de su hermana, donde la espera su enamorado.

-¿Pero, cómo te has transformado? Pensaba que solo yo podía hacerlo – Shippo miraba impaciente a Sango quien sonreía de oreja a oreja

-No creas que solo tu dominas la ilusión pequeño Shippo – habló Kaede levantándose lentamente – si una bruja puede resucitar a los muertos, yo puedo hacer ilusiones – se acercó a Kagome y la abrazó, sorprendiendo a todos – si no hubiera sido por ti, posiblemente no hubiera llegado a tiempo para salvar a esta chiquilla. No sé como lo haces, pero siempre estás en el lugar indicado – se giró hacia Sayumi y le hizo una señal para que se subiera en el caballo.

-Muchas gracias nuevamente, Kagome-sama. Siempre la recordaré y la llevaré en mi corazón – la volvió a abrazar y se subió al caballo, detrás de Kaede – adiós a todos y gracias nuevamente – Kaede le dio la orden al caballo y juntas emprendieron el viaje de vuelta a casa.

Kagome sonrió, como hacía años que no recordaba. Una sonrisa suave, dulce y verdadera. Sin mediar palabra alguna todos decidieron pasar esa noche a la intemperie y dormir bajo el manto de estrellas que había en el firmamento. Era una noche fresa y suave, con un ligero olor a jazmín en el aire. En noches como esa… amaba la época feudal.

Años después de que Naraku muriera y ella volviera junto a su amado, se encontraría nuevamente a Sayumi; que quisiera el destino que se convirtiera en la mujer de un señor feudal, de su misma edad y del que ella estaba enamorada. Tenían cinco hijos y la mayor de todos había sido llamada Kagome. Poco después, sabría la sacerdotisa, que sería esa Kagome quien se casara con el antepasado de su amigo Hoyo… una gran y grata coincidencia.


Y ya ta!

Bien, este mes de Junio me ha quedado mucho más lúgubre y dramático de lo que me han quedado hasta ahora los One-shorts, comparados con la canción que me había tocado.

También, he tocado una temática que sigue siendo un problema en nuestra sociedad y que por desgracia el ser humano no ha encontrado una solución: el maltrato. Si escucháis la canción me diréis ¿pero de donde mierdas has sacado esta temática que no le pega nada a la canción? Bien, la verdad es que en un inicio estaba planeando hacer un UA para esta canción, ya que habla de un mundo utópico, pero entonces me pareció más acertado hacerlo desde otro punto de vista. Pues de hace 500 años a ahora ha habido un cambio más que positivo en la mentalidad del ser humano, pero aun la homosexualidad o la violencia de genero siguen siendo elementos bases de nuestra sociedad, haciendo que la evolución que en teoría habríamos de haber dado, hubiese quedado en el olvido.

Bueno aclarado esto, que no sé si me explicado muy bien, pasamos a la parte de los comentarios.

Agradecimientos:

Guest: Bienvenida! Muchas gracias por el comentario que me has dejado ^^. La verdad sea dicha, la Bella y la Bestia es una de las películas de Disney que más me fascinan y que adoro por su moraleja. Sí posiblemente Inuyasha también crea que es una de las mejores historias que ha habido. Gracias por pasarte por aquí y espero verte a menudo.

Inu'Karuta: Muchas gracias por pasarte! Siempre es muy grata tu visita jeje. La verdad es que he visto muchos One-shorts en los que se han adaptado los personajes e intenté hacer algo diferente y así me quedó. La culpa de que me encante tanto esta peli es de mi hermana mayor que me la hizo ver hasta la saciedad, pero junto a Mulán y Hércules, es una de mis películas preferidas. Bueno, tenía que poner algún comentario de Sesshomaru, sino no me quedaba satisfecha. Gracias por el elogio a la ortografía, aunque igualmente estoy abierta a propuestas y opiniones, que no soy ninguna erudita. Gracias por pasarte nuevamente y espero que te guste este cap.

Neri Dark: Muchísimas gracias por el comentario! En serio, entre tanto alago al final haréis que se me salten los colores jeje. Pero en serio, muchísimas gracias porque esos comentarios dan a una persona ganas de seguir para adelante con sus proyectos. Al pobre Souta siempre le pongo ideas descabelladas pero certeras para ellos dos… en fin, siempre lo he visto como un elemento de cuidado. Espero que te agrade este capítulo también

LaDyAkAnEyRaNmA: Muchas gracias por pasarte y dejarme el comentario! Me hace muchísima ilusión volver a verte por aquí ^^ Espero que esta pequeña historieta también sea de tu agrado.

Como siempre, muchas gracias a todos aquellos que, aunque no escriban ningún comentario, llegan hasta el final de la hoja. Melyn está muy agradecida ^^.

Como siempre, en mi perfil tenéis un link que os redirigirá hacia mi blog donde escribo historias de temática libre y algo fantásticas. Sí queréis os podéis pasar para darme Vuestra más sincera opinión.

Bien sin más dilación me despido;

Hasta más ver!