Disclaimer: Ni la saga de Crepúsculo ni sus personajes me pertenecen, son de Stephenie Meyer. Este fic está hecho sin ánimo de lucro.


Capítulo VII

Había pasado un mes desde que comenzaran una relación estable en el picnic que hicieron en el bosque, y ya habían establecido una agradable rutina para los dos. Aleera y Seth pasaban todo el tiempo que podían juntos, conociéndose. Era raro que se vieran durante el día puesto que Seth trabajaba y Aleera tenía que asistir a las clases de la universidad, pero la mayoría de las noches, las que no le tocaban a Seth salir a patrullar, las dedicaban enteramente a ellos mismos. Aleera prácticamente se había trasladado a la casa de los Clearwater en La Push, sobre todo porque no quería molestar a Diana en su piso de Seattle. Todas la noches cenaban juntos, pasaban un buen rato haciendo el amor y después, desnudos en la cama, se contaban cosas de sus vidas. Hablaban del pasado, del presente y del futuro. El problema era que sobre todo hablaba Seth, Aleera era totalmente hermética, imposible llegar a ella. Y esto mosqueaba un poco al joven licántropo.

Pero no todo era amor y paz. Aleera también había tomado la costumbre de visitar la mansión Cullen de vez en cuando para entrenar sus habilidades con Jasper (por su pasado militar, el vampiro constituía un auténtico reto para Aleera y la hacía sacar lo mejor de ella), y para intentar ver a Nate, lo cual siempre acababa en una discusión de proporciones monumentales con Edward, que no la dejaba verle alegando que ninguno de los dos estaba aún preparado para enfrentarse al otro. Hasta aquí todo normal porque Edward Cullen siempre tenía que tener la razón. El verdadero problema vino cuando Seth se puso de parte del vampiro.

- ¿Se puede saber por qué diablos no me dejáis ver a Nate? – estalló Aleera un día después de discutir con Edward por enésima vez y se quedara a solas con Seth.

- Aleera, Nate aún es un neófito muy fuerte y no sabemos cómo reaccionará ante la sangre humana. Lo está haciendo muy bien con la dieta "vegetariana", se está esforzando de verdad, pero aún no le hemos puesto delante de ningún humano y tú no vas a ser el primer humano que vea – explicó Seth con cansancio. Habían tenido aquella conversación muchas veces.

- ¿Insinúas que no puedo defenderme de un neófito? Por si no lo sabes, llevo cuatro años cazando vampiros y nunca me ha pasado nada – gritó la chica enfadada.

- Sí, y no entiendo cómo es posible – terminó gritando también él -. No vi que te defendieras tan bien de la novia de Craig cuando tuve que ir a salvarte – Aleera se quedó parada ante aquel argumento. Le dolió que le echara en cara aquel maldito error, el único que había tenido hasta ahora. Asintió dándose por enterada.

- Vete a la mierda, Seth – dijo con mortal seriedad, y salió de la mansión dando un sonoro portazo.

Aquella primera pelea seria acabó con una disculpa de Seth, que no aguantó la ansiedad que le embargaba cuando se pasaba algún tiempo sin verla, pero dejando claro que su opinión no había cambiado.

Unos días después, Aleera y Seth se despedían en la puerta del piso que la chica compartía con su amiga Diana en Seattle. Seth había pasado allí la noche y ahora tenía que volver a La Push y Aleera tenía clase en la universidad en una hora. Cuando cerró la puerta, Aleera suspiró, sintiendo que la embargaba una felicidad que hacía tiempo que no sentía. Desde luego, Seth era lo mejor que le había pasado en la vida, aunque no estaba segura de merecérselo. Al darse la vuelta, se topó con los enormes ojos verdes de Diana mirándola fijamente.

- ¿Qué? - preguntó Aleera mientras se dirigía a la cocina.

- ¡Es que me dais tanta envidia! - contestó su amiga -. Seth y tú hacéis la pareja perfecta, y yo me siento tan sola... - Diana suspiró dramáticamente.

- No digas tonterías - replicó mientras se preparaba un café -. A ver, dime, ¿por qué te sientes tan sola?

- Oh, no sé, tal vez porque ahora que mi mejor amiga tiene novio se pasa la mayor parte del tiempo en La Push o en la casa de los Cullen - respondió Diana irónicamente -. O porque hace casi dos meses que no sé nada de Nate - aquí cambió a un tono de voz más serio -. Por cierto... ¿sabes cómo está?

- Edward dice que está bien, y que está progresando bastante con la dieta de los Cullen, pero que aún es peligroso.

- ¿Crees que me dejarían verlo?

- Si no me dejan verlo a mí, es imposible que te dejen verlo a ti. Además, yo también me negaría.

- ¿Ni aunque estuvieran todos los Cullen y los quileute presentes para protegerme? - preguntó Diana casi con desesperación.

- Venga, si pudieras hablar con Nate, ¿no querrías un poco de intimidad?

- ¿A qué te refieres? - Aleera terminó de beberse el café y dejó la taza en el fregadero, después se giró hacia Diana y la miró con seriedad.

- Diana, no soy tonta. Sé que a ti te gusta Nate, pero será mejor que te olvides de él para siempre - contestó.

- ¿Por qué? ¿A Edward y a Bella no les ha ido mal en absoluto?

- Edward llevaba 90 años viviendo como vampiro cuando se encontró con Bella. Créeme, Diana, lo tuyo con Nate no funcionaría. Además, ¿quieres correr la misma suerte que Bella? - preguntó Aleera.

- Por Nate, tal vez querría correr esa suerte, tal vez querría convertirme en vampiro.

- Un "tal vez" no me vale, Diana - y dicho esto, Aleera cogió sus cosas y se marchó a clase.

Al día siguiente, Aleera tuvo la tarde libre de clases por lo que Seth eligió ese momento para enseñarle su lugar de trabajo. Poco después de la visita no bienvenida que le hicieron los Vulturi a los Cullen, Jacob, Embry y Seth juntaron todos sus ahorros y abrieron un taller. Desde entonces les había bastante bien puesto que tenían una clientela fija. Todos los habitantes de Forks y La Push iban hasta allí cuando tenían algún problema con su vehículo, y cuando algún viajero que pasaba por la zona se quedaba tirado en la carretera, eran ellos los que acudían en su ayuda al ser los más rápidos, fruto de sus ventajas...

Seth la llevó hasta el pequeño local que tenían alquilado en las afueras de La Push. Pero cuando llegaron, ni siquiera le enseñó el interior del taller. La llevó hasta un patio trasero con la emoción de un niño que va a enseñarte su escondite secreto o su juguete favorito.

- Ven, quiero enseñarte algo - dijo con emoción, llevándola de la mano.

- ¿No se supone que ibas a enseñarme el taller?

- Voy a enseñarte algo mejor - respondió -. Aún le faltan algunos retoques, pero te lo enseño por ser tú - en el patio había un coche tapado con una lona. Cuando Seth retiró la lona, Aleera se quedó asombrada.

- ¿Ese es tu coche? - preguntó Aleera sonriendo.

- Sí. Un auténtico Chevrolet Camaro del 76. Jacob y yo lo hemos restaurado entero y ahora va como la seda - informó el chico orgulloso -. ¿Te gusta?

- Bueno... sí. La verdad es que tiene su encanto - entonces Aleera se fijó más detenidamente en la máquina que tenía delante -. ¿Es cosa mía o se parece muchísimo al que conduce Shia LaBeouf en Transformes?

- Es idéntico al que conduce Shia LaBeouf en Transformes - respondió Seth -. Jacob y yo lo pintamos así a propósito. Creo que aún tengo la esperanza de que se convierta en robot alienígena gigante.

- ¿Qué pasa? ¿No tienes bastante con vampiros y hombres lobo? - preguntó Aleera irónica.

- No. Quiero tener un robot alienígena gigante.

- Pues cuando se convierta, avísame. No me lo perdería por nada del mundo - rió la chica.

- De acuerdo - dijo Seth riendo también -. Oye, ¿te apetece que vayamos a dar una vuelta?

- ¿Pero no has dicho que aún no está a punto?

- Tranquila, anda hacia delante y si le metes la marcha atrás, va hacia atrás. Eso es lo único que importa... Oh, y también frena.

- Vale, probémoslo - aceptó Aleera -. Pero sólo si me promete que no voy a acabar empujando.

- Prometido.

Se montaron en el coche y salieron. La vuelta que dieron no fue muy larga, simplemente fueron hasta Forks y volvieron. Cuando llegaron de nuevo al taller, Seth sí le enseñó a Aleera el interior. Desde todas las máquinas y herramientas que utilizaban hasta la pequeña habitación que utilizaban cómo oficina. Era un día tranquilo en cuanto trabajo, sólo tenían dos coches y Jacob estaba debajo de uno de ellos.

- Oye, ¿me esperas ahí con Jake? Tengo que ir a mirar unas facturas en la oficina - le pidió Seth una vez terminó de enseñarle.

- Sí, claro, no te preocupes - Aleera se acercó hasta el coche en el que estaba trabajando Jacob y se apoyó en el capó -. Hola, Jacob - saludó.

- ¡Aleera! ¿Qué te ha parecido nuestra humilde empresa? - preguntó el chico sin salir de debajo del coche.

- Muy bonita - respondió -. Oye, Jake ¿por qué Nessie no sabe que estás imprimado de ella? - preguntó como si estuviera hablando del tiempo. Del lugar dónde estaba el chico, le llegó el sonido de un golpe sordo y un gemido de dolor. Jacob se había golpeado la cabeza con el coche al incorporarse por la sorpresa.

- ¡Pero qué directa eres! - dijo saliendo de debajo del coche y gimiendo aún por el dolor. Se había dado fuerte.

- Sí, bueno, ¿para qué perder el tiempo con rodeos? - dijo Aleera.

- Creí que Seth ya te había contado la historia - dijo Jake respondiendo a su primera pregunta.

- Sí, pero no me quedó muy claro por lo que decidí preguntarte directamente a ti. Nessie se merece saber la verdad - replicó mortalmente seria.

- Ya, pero resulta que estoy atado de pies y manos porque le prometí a sus padres cuando era pequeña que no diría nada hasta que ellos no decidieran que era el momento. Además, está ese asunto con Bella...

- ¿Qué pasa con eso?

- Pues que si explicarle lo de la imprimación significa tener que contarle eso tambien, prefiero que las cosas se queden como están.

- Nessie lo entendería. Vamos, es más madura que todos nosotros juntos - replicó Aleera.

- Prefiero no arriesgarme.

- ¡Pero qué cobarde eres, Jacob Black!

- Eso lo dices porque Seth no se enamoró de tu madre antes de que tú nacieras - dijo Jake empezando a cabrearse.

- Tarde o temprano, Nessie acabará por enterarse. No cometas el error de pensar que nunca se enterará a no ser que se lo cuentes tú porque la historia la conoce demasiada gente. Dime una cosa, Jacob, ¿prefieres que lo descubra por ti o por otra persona totalmente ajena a esto?

Aleera y Jacob se estaban fulminando con la mirada cuando dos personas llegaron a la vez hasta ellos. Uno era Seth, que había salido ya de la oficina. El otro era un señor mayor que Aleera no conocía, iba en silla de ruedas y se parecía sospechosamente a Jacob.

- Hola, señor Black. ¿Qué tal está? - saludó Seth.

- Muy bien, Seth, gracias - respondió aquel señor con una sonrisa.

- Aleera, te presento a Billy Black, el padre de Jake. Ésta es mi novia, Aleera - presentó Seth.

- Aleera... un bello nombre para una bella muchacha. Seth siempre ha tenido muy buen gusto para las chicas - dijo el señor Black con tono halagador.

- Gracias, señor Black - agradeció Aleera con una sonrisa, pero en seguida desconfió de él. No le gustaba su manera de mirarla, tan fijamente, como si quisiera traspasarla, ver a través de ella. Como si quisiera vislumbrar una verdad de la que ella no estaba enterada.

- Y dime, Seth, ¿he de felicitar ya a Sue por su nueva nuera? - le preguntó al chico con una sonrisa, aunque no apartó la mirada de ella.

- Será mejor que no... - contestó Seth con nerviosismo -. Mamá aún no sabe nada.

- Pues creo que deberías presentársela pronto porque creo que ya sospecha algo - replicó dirigiendo por fin su mirada hacia Seth.

- Bueno, nosotros ya nos vamos - dijo entonces Seth. Parecía querer acabar con aquella conversación cuanto antes -. Hasta luego.

- Cuídate, Seth. Un placer conocerte, Aleera - dijo Billy a modo de despedida.

- Para mí también, señor Black - y entonces Seth sacó a Aleera del taller, aunque ella apenas se dio cuenta de nada. Aún pensaba en lo extraño que había sido aquel encuentro.

- Dime, papá, ¿por qué mirabas de esa manera a Aleera esta tarde? - preguntó Jacob aquella noche mientras se levantaba de la mesa de la cocina de los Black y recogía los platos sucios de la cena.

- Te has dado cuenta - afirmó Billy.

- Pues claro que me he dado cuenta. Y Aleera también se ha dado cuenta. ¿Hay algo que deba saber?

- Tal vez, pero antes cuéntame que sabéis de Aleera - pidió el más mayor.

- No mucho, la verdad. Aleera no es muy dada a hablar de sí misma - explicó Jake -. Tiene 19 años, estudia en la Universidad de Washington y comparte piso con su mejor amiga en Seattle, y es adoptada. Ah, y su padre tiene un gusto exquisito en coches, deberías ver la maravilla que conduce. Es un...

- Me refería a lo sobrenatural, hijo - interrumpió Billy.

- Te has dado cuenta de que Aleera no es una humana corriente - afirmó esta vez Jacob.

- Sí.

- Es una Cazavampiros - dijo de carrerilla Jake. Billy simplemente asintió con la cabeza y se quedó mirando su vaso de agua con la mirada perdida, como si estuviera perdido en sus pensamientos -. No pareces muy sorprendido.

- No.

- Bueno, ya es hora de que me cuentes tú lo que debo saber - dijo el chico sentándose en la silla que había frente a su padre. Esto pareció despertar a Billy.

- Muy bien. Lo que voy a contarte es una leyenda quileute que no se cuenta en las reuniones del Consejo. Bueno, "leyenda" no es la palabra exacta, "profecía" sería más adecuada. Y nadie más en el Consejo la conoce, sólo yo.

- ¿Profecía? - preguntó Jacob totalmente a cuadros. Aquello era nuevo -. ¿Por qué no la sabe nadie más?

- Porque muy pocos quileute creían en ella, así que no se tomaron la molestia de transmitirla a sus descendientes.

- ¿Y por qué tú sí la sabes?

- Porque Ephraim Black, al igual que todos los Black anteriores y posteriores a él, sí que creía en ella y se encargó de que todos sus sucesores la conocieran. Yo pensaba contártela a ti un poco más adelante, pero la llegada de Aleera ha acelerado las cosas - explicó Billy.

- Espera, ¿qué tiene que ver Aleera en todo esto?

- Ya llegaremos a eso - contestó Billy, pidiendo paciencia -. Su origen no está muy claro, después de tantas generaciones y de la mayoría no creyeran en ella, se ha perdido mucha información. La profecía anunciaba que, cada mil años, nacerían dos criaturas, un vampiro y un humano, destinadas a luchar hasta que uno de los dos muriera. El humano sería alguien con una fuerza y velocidad sobrehumanos, capaz de enfrentarse a cualquier criatura sobrenatural sin correr el mayor riesgo. El vampiro sería el más fuerte de todos los vampiros, capaz de derrocar a quién estuviera al mando (en este caso, los Vulturi) y de llevar a vampiros y a cualquier criatura sobrenatural existente a una guerra en la que, acabe como acabe, los humanos serían los que acabarían perdiendo.

- ¿Quieres decir que existen más criaturas a parte de vampiros y hombres lobo? - preguntó Jacob alucinado.

- Hijo, a estas alturas, yo ya me creo cualquier cosa - contestó Billy con una sonrisa condescendiente.

- ¿Crees que Aleera es esa humana de la que habla la profecía?

- ¿A cuántos Cazavampiros conoces tú? - preguntó el mayor en respuesta.

- ¿Y el vampiro?

- Eso no lo sé. Probablemente Aleera ya lo conozca, aunque aún no sepa que se destino es acabar con él. De algún modo, habrán estado vinculados durante toda su vida.

- Pero Aleera no sabe nada de todo esto, nos lo hubiera dicho... creo - titubeó Jacob.

- Lo más seguro es que la chica no sepa nada.

- ¿Y qué hago? ¿Se lo cuento? Después de todo es su vida, su destino. Es para lo que ha nacido.

- Deberías esperar hasta que llegue el momento adecuado. Aleera aún no está preparada para esta misión - aconsejó Billy.

- ¿Y cuándo sabré que ha llegado el momento adecuado?

- Simplemente lo sabrás - contestó -. Ahora tu misión como macho Alfa y la de tu manada es protegerla. Asegúrate de que no le pasa nada hasta que llegue el momento del enfrentamiento final. Aleera tiene que vivir para cumplir su destino.

- Lo haré, padre - aseguró Jacob, jurándoselo a sí mismo al mismo tiempo. No dejaría que le pasara nada a Aleera.

En ese momento, Jacob pensó en Seth. Él también tenía que saberlo, tenía todo el derecho, pero no estaba muy seguro que fuera a tomárselo bien. Seth era tan protector con Aleera como Edward Cullen lo era con su familia, y eso, a la larga, se convertiría en un gran problema.


¡He vuelto!

Mucho tiempo perdida, lo sé :(

Bueno, este capítulo es más bien de relleno, aunque la conversación de Billy y Jacob es importante. Hemos llegado a la explicación de porqué la historia se llama cómo se llama, y empieza a verse un poco más qué es Aleera, aunque aún me he dejado cosas para más adelante. Creo que no me ha quedado lo bastante claro así que, si tenéis alguna pregunta, estaré encantada de responderlas.

Gracias a escorpiotnf, Chilli Black, Belladona, Psique46, Tini Black y bellalize por sus comentarios porque me animan a seguir. Y ahora, las respuestas:

bellalize: Primero, gracias por darle una oportunidad a la historia, y gracias también a Psique por haberte traído hasta aquí. Voy a intentar resolver tu duda lo mejor que pueda: Aleera piensa así de los vampiros más por hábito o por costumbre que por otra cosa, porque, después de todo, es con lo que se ha encontrado toda su vida como Cazavampiros. Pero al conocer a los Cullen y al saber cómo viven, todas sus creencias se tambalean. Los Cullen son la excepción a la regla de los vampiros y, como muy bien dijo Jacob en Amanecer, Carlisle es tan bueno, o mejor, que cualquier otro ser humano. Y ahora vienen las opciones de Nate. Para Aleera, Nate es su mejor amigo, casi un humano, por eso matarle es su última opción. No es lo mismo matar a un vampiro al que no conoces de nada y que se pasa la vida matando a gente inocente que matar a tu mejor amigo que aún no ha hecho daño a nadie. La primera opción de Aleera siempre es intentar salvarle sacando la ponzoña de su cuerpo, por eso lo manda con los Cullen. Pero si eso no funciona, prefiere que viva (aunque sea como un vampiro) antes que tener que matarle. No sé si he respondido bien a tu duda. Si tienes alguna más, dímelo.

Creo que no tengo nada más que decir.

¡¡Hasta la próxima!!