No me pertenece KHR


Solo quería tirar los expedientes y tener un lanzallamas y prender fuego a todos ese inservible papel. Mientras lo hace riendo como si fuera un maniático, dio una mirada de reojo a su Amo, concentrado en sus propios tumultos de papeles, el hombre ni pestañeaba, casi puso los ojos, Hibari era demasiado serio pensó.

Volvamos a unas cuantas horas antes que Tsunayoshi, fuera castigado una vez más.

Era un mañana donde el cielo estaba completamente despejado, las mariposas revoloteaban de flor en flor, igual las abejas recolectando la miel. Los pájaros en las ramas de los arboles piaban con alegría, y Tsunayoshi despertaba bostezando ruidosamente, se levantó rascando la panza fue a buscar ropa limpia. Saco unos boxers con canarios y otro con atunes, arrugo el ceño tenía una difícil elección: canarios o atunes. He ahí el dilema. Eligió canarios para ese día, no era que Tsuna le gustaba la ropa interior con estampados cutres, no lo era, la única culpable era Tsunahime que tenía un fetiche por comprar ropa con animales a su hermano. Tenía una gran variedad, gatos, canguros, toros, golondrinas entre muchos, Tsuna no le quedo más que usarlo peor era andar sin nada.

Salir del ala de los dormitorios de la mujeres fue abordado por Gokudera su perro… disculpen su amigo y Yamamoto que reía sin ningún cuidado del mundo, esperando que Gokudera lo atacara con su fuego artificiales.

—Buenos días chicos.

—Buenos días Hime-sama ¿durmió bien? ¿Esas perras no le han hecho nada?

—Hey Tsuna…

— ¡Idiota más respeto a Hime-sama! —Tsuna puso los ojos en blanco tenía que dar más disciplina Gokudera decidió.

Su estómago gruño, en seguida Gokudera arrastró a Tsuna hacia el comedor del internado. Seguido por Yamamoto que entre risas decía que se unía al juego que jugaba Gokudera, recibiendo una cadena insultos.

Todo era relativamente normal, donde cabe la palabra. Las clases fueron igual que siempre, aburridas. Con unos cuantos profesores enojados porque no respondía correctamente, como el profesor de historia cuando le pregunto quién fue el creador del Templo Ryōan-ji.

«—Por supuesto el constructor. —»respondió muy orgulloso, recibiendo un pulgar arriba de Yamamoto que estaba de acuerdo con la respuesta. Lástima que los dos terminaron en el pasillo castigados.

Hibari miro la pila de expediente que tenía que revisar, solo quería morderlos hasta que desaparezcan de su vista, se sentó en su cómoda silla, pidiendo a Kusakabe que la trajera un té y unos mochis. Kusakabe era el único que sabía sobre el diente dulce de jefe, y nunca comentaría con nadie las aficiones secretas de su jefe, valora mucho su vida, todavía no ha conocido una buena mujer.

Retirándose de la oficina fue a buscar el pedido de su jefe. Hibari suspiro, si no fuera por su estúpido tatarabuelo Alaude que fundo ese internado cuando emigro a Japón, después que el país asiático perdió contra Estados Unidos. Por culpa de su tatarabuelo francés ahora tiene que lidiar con los hormonales adolescentes, y el maldito papeleo, ambas combinaciones era como estar en el infierno.

Sus pensamientos se alejaron a cierta chica delincuente, de cabello castaño. Hoy Tsunahime no se ha metido en ningún problema. Entrecerró los ojos, ayer todavía tenía el piercing. Todavía recuerda la forma en que lo mordía, como se sentiría pasar la lengua por ella, al darse cuenta el rumbo de sus pensamientos quiso morderse hasta la muerte. Tsunahime era una chica plana, sin atractivo que no vale la pena pensar. Se apresuró añadir en su cabeza, regresando a leer los documentos que estaban sobre su escritorio.

Era hora de educación física, cuando los hombres fueron separados de las mujeres. Las mujeres jugarían voleibol y los hombres béisbol, para su pesar Tsuna era una chica en esos momentos, aunque sus pies piquen por ir donde estaban los chicos, tuvo que ir con las chicas. Se cambió de ropa en un lugar aparte, era un chico, no era un pervertido para querer ver a las chicas en ropa interior.

Tsuna miro los gritos alegres de los chicos mientras se ensuciaban jugando béisbol, poco a poco se fue separando del grupo de mujeres acercándose al bando masculino. Miro a Gokudera que airadamente gritaba a Yamamoto que estaba en el equipo contrario del canoso.

Y gracias a sus habilidades ninja llego junto donde Gokudera, que al notarlo casi se le sale el alma y en seguida su sorpresa fue sustituido por relucientes mirada jade.

—Hey Tsuna! ¿Quieres unirte a nosotros?

Los ojos caramelos brillaron, como si fuera un niño con juguete nuevo salto hacia Yamamoto, que se rio divertido.

— ¡En serio puedo! —burbujeaba.

—Hime-sama no puede, este deporte es idiota. Una claro ejemple es el idiota del béisbol.

Señalo a Yamamoto, que puso un dedo sobre su propio pecho inclinando su cabeza ligeramente preguntando si Gokudera hablando de él.

—Pero a mí me gusta el béisbol. —señalo Tsuna, viendo a los ojos jades. Yamamoto se rio con buen humor, mientras Gokudera abrió la boca y la cerro como un pez fuera del agua.

—Por supuesto es el mejor deporte… —lanzo una mirada abre la boca- y te relleno la boca-con dinamita, a Yamamoto que se cerró la boca, entendiendo el mensaje —.Hime-sama únase conmigo, si queda con el idiota del bei… se le va pegar la idiotez.

Yamamoto hizo un puchero triste por la forma cruel de ser llamado por su amigo.

—Nosotros no queremos que se una.

Dijo el pitcher, un chico alto con piel olivo. Tsuna y Gokudera mandaron una mirada de muerte. Sin embargo el pitcher no les hizo caso. Tsuna escucho, los gritos de acuerdo de los demás chicos, para que no lo dejen unirse al partido.

—Yamamoto ella solo va estovar, seguro que ni sabe cómo agarrar un bate. Oi! Chica, porque no te vas a cocinar algo, las mujeres solo sirven para bordar y cocinar.

Tsuna sintió una vena resaltar en su sien, podía ser un delincuente pero jamás un machista. Estaba listo para perforar la cara del idiota, cuando fue detenido por Yamamoto, que se miraba serio.

—Vamos, vamos chicos no son agradables. Vamos a dejar a Tsuna que se una.

Los demás asintieron vacilantes, no quisieron oponerse a la estrella de béisbol. Yamamoto le entrego el bate a Tsuna, aunque quería ir ser pitcher no de bateador, pero se conformó. Agarro el bate, tan duro, sintió las curvas seductoras; que solo los monstruos de béisbol pueden sentir curvas en un bate, las personas normales ¡No!

Se preparó, y los recuerdos de sus amigos jugando llegaron trayendo una oleada de nostalgia. Escucho los abucheos de los chicos, diciendo que cuido lloraba si le quiebra una uña, ignorando cerro los ojos, cuando los abrió tenía una tonalidad diferente a sus color caramelos, ahora eran como el atardecer, mas nítidos. Ignorando el resplandor el pitcher actual, se preparó, sonrisa arrogante hizo Circle Changeup. Yamamoto negó con la cabeza, en desaprobación, por usar un tiro tan difícil.

Ninguno de los chicos se esperaba que Tsuna, golpeara la pelota ni mucho menos un Home run. Todos vieron la pelota desaparece antes sus ojos, Tsuna se sentía genial hace mucho no jugaba. Soltando el bate, empezó hacer el baile del triunfo, que consistía: poner las manos como gato chino, mover la cabeza como un perrito de taxista, dar dos saltos a la derecha y otros dos saltos hacia la izquierda.

— ¡Hey Yamamoto!— llamo sorprendiendo al chico de alturas, Tsuna estrello su pecho con el de su amigo y con eso termino su baile del triunfo, que era bastante bizarro.

Lo que no sabían era que su Home run, hizo algunos grandes percances. La pelota rompió la ventana del laboratorio de química, que en ese momento Verde estaba dando clases a los de terceros. La pelota se estrelló contra la cara del cabello verde, que tropezó con algunas mesas, regando algunos químicos, que al mezclarse hicieron una explosión y en pocos minutos los estudiantes salían corriendo del laboratorio que empezó a quemarse.

Volviendo con los chicos deportistas, seguían ajenos al desastre.

—Wow Tsuna, eso fue genial. —elogio a Tsuna, que tenía su ego inflado. Yamamoto miro a Tsuna que era ahora elogiada por Gokudera, Tsuna era plana como una tabla, pensó colocando su mano en su pecho.

La temperatura bajo cinco grados bajo cero y todos se congelaron. Se sentían como si fueran protagonistas en una película terror, sus latidos eran irregulares, sintiendo cada momento más cerca el final de sus vidas.

—Herbívora. — gruño entre dientes, en cuanto su mirada aterrizo en la chica de cabello castaño, ya sabía que ella era la culpable, que el laboratorio tuviera grandes manchas negras y que Verde este en la enfermería.

Agarro del brazo flaco de Tsuna, ignorando los gritos irritantes de Gokudera.

Y eso nos lleva a la hora actual. Tsuna solo quería quemar todos los expedientes, porque tenía que revisar quinientos expedientes, ¿Por qué tenían tantos? No tuvo la culpa que su poderoso golpe, secretamente se enorgullecía y no se arrepentía, de haber golpeado al profesor y hace un incendio en el laboratorio.

—Herbívora, deja de perder el tiempo. —Tsuna sintió la electrizable sensación en su columna cuando el aliento cálido de Hibari golpeo su oreja. Tsuna dio un respingo y se giró para ver al cuervo, solo para darse cuenta que su moviendo estuvo cerca de unir los labios con Hibari.

Hibari no se retiró, como si no le importara lo peligrosamente cerca que estaba su cara contra la de Tsuna. Por otro lado Tsuna si estaba incomodo por la cercanía, intento muy duro reprimir el rubor que amenazaba salir.

—Herbívora no te dije que te quitaras eso. —entrecerró los ojos viendo a Tsuna, que quería alejarse de Hibari sin embargo se sentía sin fuerza para huir. Acercándose más al rostro de Tsuna —Los accesorios están prohibidos. —Tsuna no pudo mantener el rubor por más tiempo, el rosa pálido tiñeron las mejillas infantiles del moreno, cuando sintió el aliento ligeramente olía a té verde y a mochis contra sus labios.

—Kyo-san, un fax llego de su primo de Shanghái… —Kusakebe levanto la mirada para encontrarse una inapropiada escena entre su jefe y la alumna problemática —Yo… yo lo siento vuelvo más tarde. —se retiró apurado, cerrando la puerta en un casi inaudible clic.


Gracias por leer ^^