Los personajes de esta historia no me perteneces al igual que la historia. Los personajes son de SM, al final de la historia daré el nombre de la autora, espero que disfruten esta historia como yo la disfrute.
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Unas horas después, estaba segura de que mi madre había visto las noticias. Ella llamó cuatro veces en un corto periodo de tiempo, lo cual no era muy común en ella. Revisé su mensaje después de la segunda llamada para estar segura de que no estaba evadiendo una emergencia y ella mencionó que había visto a Edward en televisión y quería confirmarlo conmigo.
Mi madre y yo éramos cercanas y sabía que estaría preocupada, pero cuando quería información, ella tenía sus maneras de obtenerla de mí. No estaba lista para compartir esa parte de la vida de Edward con ella, a pesar de que estaba segura de que cualquier imagen sórdida que creó en su cabeza era mucho peor de lo que era la realidad.
Todavía no he hablado con Edward sobre las noticias y al principio pensé que me estaba dando mi espacio para que las asimilara. Pero Edward no era ese tipo de hombre realmente. Si él tenía una preocupación o problema, llegaba al meollo del asunto. Él no creía en dar espacio o reflexionar sobre las cosas. Él no es así.
Recordé cuando nos vimos por primera vez en Isla Esme. Nos conocimos en un bar mientras él estaba ahí con sus amigos por una despedida de soltero. Yo estaba de vacaciones con Alice en lo que se suponía sería mi luna de miel. Ambos sentimos la química instantánea que brilló entre nosotros. Pero yo estaba saliendo de un compromiso roto y en realidad no buscaba salir con nadie. Edward había decidido que tendríamos un romance isleño y nadie podría haberlo detenido una vez que se le ocurrió. Él no me presionó ni nada, pero él tenía claro desde el principio que era lo que quería y no me dio oportunidad de sobre analizar la situación. En su lugar, él se quedó justo enfrente de mí, parado tan cerca con sus increíbles ojos verdes quemándome, que mi cuerpo no pudo evitar reaccionar. Él era exigente y posesivo pero de una manera sexy y confiada, que solo unos pocos hombres podían conseguir.
Cuanto más pensaba en Edward, más me daba cuenta de que él aún no había escuchado las noticias. Sabía que tenía una reunión del consejo esta mañana, pero no estaba segura de cuanto normalmente duraban ese tipo de cosas.
Justo estaba secándome después de una ducha cuando escuché a mi teléfono sonando desde la habitación. El destello de la cara de Edward me hizo sonreír, a pesar de que estaba un poco aprensiva de discutir lo que había visto en la televisión. En el fondo sabía que estaba actuando de manera infantil. Pero cuando se trataba de Edward mis emociones se volvían incontrolables.
-Hey.
-Hola hermosa. -Su sexy voz me hizo sonreír, aun a mil millas de distancia.
-¿Cómo estuvo tu día?
-Como lo esperaba. -Edward suspiró y cambió de tema rápidamente-. ¿Cómo estuvo tu día de pijamada y servicio a la habitación?
-Estuvo… interesante. -Luché para conseguir la respuesta adecuada para describir mi día.
-Cuéntame sobre eso
-Preferiría escuchar sobre tu día. -No tenía idea de por qué desvariaba
-Estás desvariando nena, ¿está todo bien? -Desde el primer momento en que conocí a Edward , su aparente habilidad para siempre leerme la mente, me desconcertaba. La mayor parte del tiempo me delataba mi lenguaje corporal, pero al parecer él aun podía hacerlo a través del teléfono, a miles de millas de distancia.
-¿Cómo haces eso?
-¿Hacer qué?
-Saber lo que estoy haciendo a tres mil millas de distancia.
-Te lo dije nena, eres importante para mí, así que siempre presto atención. Pero sigues desvariando, así que ¿por qué no me dices lo que no quieres decirme?
Sip, tenía razón, el hombre no me hubiera dado la oportunidad de pensar antes de llamarme, si él pensaba que algo me molestaba
-Bien. -Suavicé mi respuesta-. Tú lucías realmente atractivo.
Edward se rió por lo bajo.
-Llega a la parte interesante, nena.
-Era uno de esos shows de pseudo-noticias, esos que dan las noticias pero que todas involucran a las celebridades.
-Sé cuáles son. -Podía decir por su tono que él se estaba poniendo impaciente con mi historia.
-Ellos anunciaron a los nominados para los premios AVN. Las imágenes debieron ser de la ceremonia del año pasado, porque tú y tu cita estaban en la alfombra roja muy bien vestidos.
Edward emitió un soplo de aire.
-¿Mi cita? ¿Quieres decir Rosalie?
-Si, ella. -Dios, solo escuchar a Edward decir su nombre, me hizo sacar las garras.
-Así que, ¿estás molesta porque nos viste juntos en la televisión? -La pregunta de Edward buscaba una confirmación, no cuestionaba la validez de mi reacción
-No, a pesar de que me sentí un poco mareada cuando la periodista mencionó un rumor de que Rosalie podría recibir un anillo de ti este año.
-Nena, lo siento. El publicista de Rosalie ha mantenido circulando rumores de nuestra relación por años. Nunca me importó porque ayudaba a las ventas y no me importaba una mierda lo que los demás pensaran. Me aseguraré de que Rosalie y su publicista terminen con los juegos.
-Gracias, realmente apreciaría eso. Mi mamá ha estado llamándome todo el día y aún no he podido encontrar que le voy a decir.
-¿Por qué tienes que encontrar algo que decirle?
-Porque asumo que ella también vio la historia y no estoy segura de que decirle
Edward habló solemnemente.
-Dile la verdad.
-¿Que mi novio hace pornografía y se ha acostado con más mujeres de las que puedo contar?
Edward se quedó callado por un minuto.
-¿Es eso lo que piensas de mí, Bella? -Su voz era baja y sonaba dolida.
Me tensé ante su tono de tristeza. No era mi intención lastimarlo, pero estaba siendo honesta. No tenía idea de que decirles a mi familia y amigos, ahora que el lado oscuro de Edward salió a la luz.
-Tal vez eso no sonó bien. Es sólo que mi familia no lo entenderá. Ellos no te conocen de verdad y no quiero que su opinión se base en un estereotipo basado de una película acerca de Bob Guccione (fundador de revista para adulto).
-Me importa lo que tú piensas, Bella y no creí que me juzgaras como persona basada en el tipo de negocio que manejo.
-No lo hago y tampoco quiero que otros te juzguen.
Hablamos por un rato más pero el daño ya estaba hecho y había tensión entre nosotros a pesar de que hablamos de otros temas. Cuando colgamos, me pregunté cómo era posible que mi corazón amara tanto a un hombre y aún fuera capaz de lastimarlo tan fácilmente.
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La mejor parte de mi amistad con Alice es que ella siempre me ha dicho la verdad, aunque yo no quisiera escucharla. La noche después de mi conversación con Edward, seguía abatida, incluso después de nuestro show. Le conté a Alice sobre mi plática con Edward y traté duramente de repetir exactamente lo que se dijo.
-Así que, básicamente le dijiste que estabas avergonzada de él -dijo Alice directa a los hechos, mientras se comía un puñado de maníes del bar.
-¡No dije eso! Lo que le dije es que mis padres no entenderían y que no quería que ellos pensaran mal de él -Definitivamente mi tono era defensivo.
-Bella, ¿por qué no querías que tus padres, o cualquiera para el caso, descubrieran a qué se dedica Edward?
-Porque no quería que lo juzgaran. -Sostuve mi cabeza en alto, indignada.
-¿Y qué hizo para que lo juzgaran?
-Él no hizo nada. La gente lo juzgará sólo por el tipo de negocio que maneja. La gente es juzgada por a qué y quienes están relacionadas. Les guste o no.
-Y dado que tú estás con Edward, ¿la gente te juzgará basados en como lo perciben a él?
Mis hombros se hundieron un poco.
-Supongo.
-Así que estás preocupada por ti, no sólo por Edward. Tú básicamente le dijiste que estabas avergonzada de él, Bella.
Odié que Alice tuviera razón. Quería tanto decirle que no me importaba si la gente me juzgaba a causa del negocio de Edward. Pero la verdad, si me importaba. Nunca me detuve a pensar en ello, pero si me importaba lo que la gente pensara. En el fondo sabía que era algo superficial, pero tenía que ser honesta conmigo misma. Si nuestros roles fueran cambiados y yo me diera cuenta de que Edward estaba avergonzado de una parte de mí, aun la más insignificante parte de mí, estaría más herida de lo que quisiera pensar.
Mi cabeza calló hacia atrás mientras gruñía.
-Ughhh. -Quería patearme por ser una niña inmadura y egoísta-. ¿Qué voy a hacer Alice?
Alice me dio una gran diabólica sonrisa y meneó sus cejas.
-Tengo un plan.
Por supuesto que lo tenía, por eso es que era mi mejor amiga desde el tercer grado.
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La siguiente semana y media se fue entre conciertos por aquí y allá, y nada de descansos entre los shows de Suecia y Austria. El manager de la gira nos propuso a Alice y a mí grabar un single mientras estuviéramos de gira para pasarlo por las radios de las ciudades donde tocáramos y así ganar seguidores. Planeamos grabar en el norte de Italia por tres días mientras nos presentábamos en los escenarios de Milán y Florencia.
No podía esperar para decirle a Edward que grabaríamos una de nuestras canciones. Alice y yo grabamos algunas canciones juntas hace años, cuando éramos más jóvenes, pero lo hicimos en un garaje transformado usando equipos viejos y un mezclador que no servía la mayoría del tiempo.
Edward estaba feliz de que yo estuviera emocionada, pero sonaba preocupado por mi falta de representante. Él no creía que fuera una buena idea firmar nada sin consultarlo antes con un agente o un abogado. Ni Alice ni yo trabajamos alguna vez con un agente, pero confiaba en el juicio de Edward para los negocios y estaba más que feliz de permitirle tratar con ese tipo de aspectos cuando se ofreció.
El día antes del que teníamos programado para grabar, Edward, por la noche, nos envió a Alice y a mí un paquete con contratos para firmar. A pesar de que Alice y yo estuviésemos felices de firmar lo que sea que pusieran en frente de nosotros, Edward insistió en que leyéramos los contratos, y luego acordáramos una llamada con nuestro nuevo agente para discutir los detalles de lo que estábamos firmando.
El paquete de Edward también incluía un iPad con un software precargado para nuestro video chat con el agente. Al principio estaba desconcertada por la mujer que apareció en la pantalla para nuestra conferencia, especialmente cuando se presentó a sí misma como Lauren Mallory. A causa del nombre, yo tenía asumido que Lauren era un hombre. Pero la mujer que nos sonreía al otro lado del video chat, era definitivamente una mujer, -una deslumbrante, perfectamente arreglada, bien hablada, inteligente mujer-. Nos dio un vistazo de su experiencia, sus más importantes clientes y los servicios que ofrecía. Decir que su lista de clientes era impresionante era quedarse corto. La mujer ha representado a la mitad de artistas cuyas canciones han llegado al top 20 de la radio.
Pasamos más de una hora y media en la conferencia. Para el momento en que estábamos listas para colgar, mi cabeza daba vueltas y estaba tan agradecida de que Edward tomara el control de las negociaciones porque parecía que el contrato original era diferente al que firmaríamos. Lauren definitivamente se había ganado sus honorarios, cuáles sean que serían, ya que dependía de nuestras ventas.
-Bueno, Señoritas, creo que logramos cubrir todo muy bien. ¿Tienen alguna pregunta para ayudarles a estar más cómodas al firmar todo en sus paquetes individuales? -Lauren sonrió dándonos un vistazo de sus perfectos dientes blancos que igualaban a sus perfectos altos pómulos.
Alice y yo nos miramos y encogimos los hombros.
-No lo creo, Lauren, creo que cubriste todo lo que queríamos discutir y hasta más. -Le devolví la sonrisa.
-Eso es grandioso. Así tal vez Edward se relajará un poco. Ese hombre debió ser un abogado por la manera en que me interrogó con preguntas sobre esto. -La cara de negocios de Lauren se relajó un poco y su tono "todo negocios" de la última hora y media se rompió-. Nunca lo había visto así, Isabella. A ese hombre lo tienes mal.
-Uh… Gracias. -No estaba segura de cómo responder a una declaración como esa. Sonaba como si ella ha conocido a Edward por un tiempo, pero no me sentía cómoda preguntando sobre ello.
Lauren nos dio una relajada y feliz risa.
-Bien, entonces háganle saber a Edward que estamos bien, así no suelta a los perros. Mi esposo empezaba a bromear que iba a conseguirme un nuevo celular gracias al número de veces que Edward llamó para conseguir detalles en los últimos días.
Cualquier tensión que había crecido en mi cuello, se calmó un poco cuando Lauren mencionó a su esposo. Nunca había sido del tipo celosa, pero Edward despertaba sentimientos en mí que eran nuevos en todos los sentidos.
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Alice y yo decidimos hacer un video chat con Edward para agradecerle por encontrarnos a Lauren. Luego de algunos minutos, Alice salió con el conductor del autobús a conseguirnos la cena, dejándome a mí sola con Edward.
-Así que ¿te gustó ella? -Edward se aflojó la corbata a medida que hablaba. Sentí un retorcijón de calor mientras lo veía desabrocharse los primeros botones de su camisa y exponía la piel de su cuello. Había algo muy sexy en hablar con Edward estando él en su oficina y verlo transformarse de hombre de negocios a novio cariñoso.
-Sí, me gustó. ¿La has conocido por mucho tiempo? Sonaba que sí por algo que ella dijo.
-Estaba feliz de que mi pregunta sonara indiferente como quería. Realmente no quería sonar como una loca novia celosa después de todos los problemas que Edward ha tenido que pasar por mí.
Edward rió.
-La conozco desde que nació prácticamente. Su madre era nuestra ama de llaves y vivían en la casa de invitados hasta que ella se fue a la universidad. Pasamos años en el mismo corralito ya que cuando mi madre salía, mi padre me dejaba con la mamá de Lauren.
-Oh. -Tomé una pausa para dejar que la nueva información se asentara-. Bien, al parecer a ella realmente le agradas.
La cara de Edward se volvió seria.
-Ella no ha sido más que una amiga, Bella.
-Yo no dije nada.
-Pero lo pensaste.
-¿Cómo sabes lo que estoy pensando?
Edward soltó una risita por lo bajo.
-Creo que ya hemos tenido esta conversación antes, nena.
Su tono en broma me hizo reír. O quizás fue el alivio que sentí al saber que Lauren sólo era una amiga de Edward.
-¿Por qué enviaste un iPad? Tú sabes que empaqué el mío. -Vi como los ojos de Edward dejaban mi cara para centrarse en mis senos.
-Quería el más reciente software de codificación cargado, por seguridad.
-¿Mi contrato es secreto de estado? -Alcé una ceja, burlándome y los ojos de Edward volvieron a los míos. Dios, sus hermosos ojos verdes no perdían su brillo ni siquiera a través de un satélite que enviaba información a miles de millas de distancia.
-No estaba preocupado de que alguien espiara tu conversación con Lauren sobre el contrato.
Fruncí el ceño.
-Entonces ¿por qué…?
La sonrisa torcida de Edward detuvo mi pregunta a la mitad y vi como levantaba sus cejas de manera sugestiva.
-¿Estás sola en el autobús?
-Si.
-Ve a la habitación y tranca la puerta. -Sentí la necesidad entre mis piernas con sus palabras.
Edward no se retrasó con instrucciones adicionales cuando tranqué la puerta detrás de mí.
-Siéntate en la cama y ponte erguida, así puedo verte toda.
Me sonrojé, sabiendo lo que me estaba pidiendo, pero hice lo que me instruyó de todas maneras.
-Amo como te ves de Azul. No puedo ver el maldito color sin pensar en ti. ¿Sabes lo que es caminar con una erección por media hora solo porque vi una camisa de ese color en nuestro closet?
No estaba segura de que me gustaba más, si el pensamiento de Edward con una erección, o el de él pensando en mí solo por ver un color o que él llamó a su closet nuestro closet. Todos esos me hacían sentir cálida en lugares privados.
-Quítate los pantalones, Bella. Siéntate con las piernas abiertas y la cámara puesta entre ellas.
Hice lo que me pidió, sorprendentemente sin ser autoconsciente de lo que pensaba que iba a hacer. Me quité mis bragas de encaje azul, agradecida de que estaba usando ropa interior bonita que combinaba con mi camisa.
Miré hacia la cámara justo cuando Edward pasaba sus dedos por su cabello. Podía sentir la tensión saliendo de sus movimientos.
-Deja la ropa interior puesta, pero apártala a un lado para así poder verte, nena.
Pude sentir todo el vello de mi cuerpo erizarse con excitación ante su atención. Miré hacia abajo y lenta y deliberadamente tomándome mi tiempo, me froté de arriba abajo con mi uña pintada de rosa. Podía sentir la humedad de mi cuerpo empapándome. Escuché a Edward gemir y eso alentó a mi actuación. Detuve a mi dedo que trazaba gentilmente de arriba hacia abajo y miré a la cámara bajo ojos misteriosos. Lentamente, llevé mi dedo desde mi sexo hasta mi boca y lo chupé mientras Edward miraba concentrado.
Me quité de la boca mi dedo mojado y lentamente lo llevé hasta los bordes de mi braguitas Azul de encaje, tomándome mi tiempo al poner el escaso material a un lado, exponiendo mis más privadas y relucientes partes.
Miré a la pantalla y vi a Edward presionado contra su escritorio y lentamente se desabrochaba sus pantalones, sus ojos estaban fijos en mi entrepierna. Vi como su gruesa polla saltó libre y su mano se envolvió en su gruesa base.
-Quítate la camisa.
Mis tensos pezones tiraban de las semi-copas de mi brasier de encaje, completamente excitados.
-Bájate el brasier, así puedo verte los pezones y mantén tu otra mano en tus bragas.
Obedecí. Mis pezones sobresalieron orgullosos, ansiosos porque Edward los tocara. Sus palabras pusieron en llamas a mi cuerpo y no podía dejar de pensar en cómo iba a quedar satisfecha sin Edward aquí para que me llenara.
La respiración de Edward se volvió desigual, llamando mi atención hacia la pantalla. Vi como él con su gran mano acariciaba relajadamente su gruesa polla de arriba hacia abajo.
-Pellizca tu pezón. -Lo hice-. Más duro.
Agarré firmemente mí hinchada protuberancia entre mi pulgar y mi índice y la apreté más duro, un poco de dolor se disparó a través de mí. Enviando una ráfaga de humedad a mí ya hinchado clítoris. Cerré mis ojos y emití un gemido, entregándome a la intensa sensación.
-Empuja dos dedos dentro de ti. Hazlo lento, así puedo ver a como cada centímetro desaparece.
Alcancé mi entrepierna y rodeé mi apertura, recolectando la humedad que inundaba mi entrada. Dudé mientras mis dedos se asentaban en mí ya lista apertura.
-Eres tan hermosa, Bella. Finge que soy yo quien está dentro de ti. Cierra los ojos. Estoy de rodillas, delante de ti, mi miembro rodeando tu entrada, esperando su oportunidad para hundirse en tu coñito húmedo
Rodeé mis dedos y dejé caer a mis piernas más abiertas mientras cerraba mis ojos y me imaginaba a Edward arrodillado enfrente de mí.
-Estás tan mojada, nena. Ponme dentro de ti. Muéstrame que tanto me deseas.
Tomé un respiro profundo y metí profundamente mis dos dedos dentro de mí. Un ruidoso gemido escapó de mi garganta.
La voz de Edward era desigual mientras continuaba.
-Quiero bombear dentro y fuera de ti, nena.
Comencé a empujar mis dedos de adentro hacia fuera, nunca retirándolos completamente con cada empuje.
-Más rápido, nena, lo necesito más rápido, Bella.
Bombeé furiosamente, dentro y fuera, dentro y fuera. Mi pecho subía mientras más me acercaba a mi propia liberación.
-Quita tu pulgar y cubre tu clítoris con la otra mano. –Obedecí-. Frótate tu clítoris. No dejes de meter mi gruesa polla.
La presión en mí hinchado clítoris me empujó al límite y me vine duro, la ferocidad de ello tomándome por sorpresa. Gemí y dije el nombre de Edward una y otra vez mientras mi orgasmo hacía su camino a través de mi cuerpo. Todo mi cuerpo tembló mientras terminaba.
Tomé una respiración profunda y miré con ojos nublados a la pantalla justo a tiempo para ver a Edward eyacular tres espesos chorros de semen. Gemí deseando estar ahí para que cayera en mi estómago.
Algunos minutos después. Edward se estaba limpiando y yo agarré la sábana de la cama para cubrirme. Estaba sudada y con frío lo que causó que tiritara de la cabeza a los pies.
-Nena, eso fue jodidamente increíble. -La voz de Edward era baja y sincera, pero su sonrisa arrogante me dio una pista de su humor.
-No puedo creer que fuera capaz de hacer eso. -Recién me daba cuenta de la crudeza de lo que acababa de hacer.
-En serio nena. Nunca había visto algo tan erótico en mi vida. Voy a necesitar dos duchas frías al día sólo por pensar en ti haciendo eso.
El elogio de Edward apartó a un lado la vergüenza que estaba empezando a sentir.
-¿Me tomas el pelo? ¿Te has visto alguna vez al espejo? Probablemente me harías venir solo con ver tu cara y escuchar tu voz.
Edward sonrió y arqueó una ceja.
-Eso suena como un reto…
Reí.
-Realmente eres el diablo, Señor Masen.
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El olor de los camarones en salsa de ajo impregnaba la habitación cuando abrí la puerta. Mi pequeño acto incrementó mi apetito por lo que de repente estaba hambrienta.
-Mmmm… Camarones y salsa de ajo, son demasiado buenos para mí.
-Parece que tú eras demasiado buena para ti misma, allí dentro.
-Alice sonrió malignamente, disfrutando de su propia broma cruda.
Agarré una almohada del sofá y se la lancé a donde estaba. Alice se movió y la esquivó.
-Tal vez quieras cerrar con llave la puerta de la habitación y tenerla para ti sola esta noche. -Alice se burló-. No creo que puedas confiar en mí para que duerma a tu lado, estoy tan excitada de haberlos escuchado a ustedes dos.
Agarré mis camarones en salsa de ajo y un tenedor, sin ni siquiera preocuparme en sacar la comida de su pequeño recipiente. Igual sabíamos que me comería toda la cosa de todos modos.
-¿Celosa?
-¿Estás bromeando? Estoy locamente celosa. ¿Has notado mi periodo de sequía últimamente? Eso ha sido la única acción que he tenido desde que dejamos Nueva York.
Alice siempre tuvo un apetito sexual sano, pero no me detuve a pensar en su falta de actividad sexual recientemente. Ya que de repente era forzada a pensar en ello, era raro darme cuenta de que he estado viajando con una Alice abstinente por un mes o dos. La mujer podría chasquear sus dedos y seguramente tener a cualquier hombre que deseara.
-¿Qué te detiene? ¿Has decidido guardarte hasta el matrimonio? -Esta vez, era el turno de Alice para lanzarme una almohada.
-¿Quizás solo estoy madurando?
-Perra.
-Zorra. -Me reí.
Alice y yo siempre terminábamos nuestros debates con atentas muestras de cariño.
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chicas quiero agradecerle sus favoritos y mensajes me agrada saber que les gusta esta historia tanto como a mi, nos vemos en dos dias¡
