=7. Comprometida=


De todas las frases que Aoi alguna vez había escuchado para responder a una pregunta, nunca había existido alguna que le hubiera aterrado tanto como aquella. De repente, su 1.69 le parecía exageradamente minúsculo, su voz se vio ahogada en el fondo de su garganta y su entorno lo hizo sentir como un crío de 10 años frente al profesor de Álgebra que lo castigaba una vez más, por quinta ocasión en una semana de 5 días.

A su lado, Jin también se miraba horrorizada, su mano temblaba ligeramente pero Aoi era consciente de los esfuerzos que la chica estaba realizando para mantenerse serena. Gino, Alice y Conti no daban crédito a lo que miraban, pero sus rostros no aparentaban pánico, tan solo sorpresa. El delantero italiano, miraba a los tres hombres de traje, preguntándose en que rollos estaría metida la familia de Jin. Alice y Gino, quienes también desconocían la procedencia de su amiga, apreciaron aquella escena con seriedad y una increíble serenidad que no trasmitía dudas o temores.

Y frente a ellos, el encargado de seguridad del complejo miraba dudoso a los visitantes, mientras que el entrenador trataba de encontrar una explicación mental a lo que se estaba llevando a cabo. Los hombres de gafas se mantenían en la posición de soldados observando todo o quizás nada, dado que sus ojos eran puntos desconocidos para los presentes. El padre de Jin sin embargo, se mostraba enfadado, sus ojos negros eran tan oscuros cómo la noche, su altura rayaba el 1.80 y su pose elegante imponía presencia y autoridad. Finalmente, el entrenador, rompió el silencio.

—Gino, por favor, necesito de tu ayuda— el portero miró a su autoridad alejándose de Alice, sin perder su mueca seria y su andar tranquilo—

—Y ¿de qué manera podría ayudarle, entrenador?— cuestionó el rubio.

—De todos aquí, eres que habla chino, no he podido comunicarme con este caballero dado que el no habla italiano y yo no hablo chino. Lo único que tengo para deducir con quién desea comunicarse es esta nota que él me ha dado al aparecer— se explicó el entrenador, extendiendo una hoja al arquero. En ella se leía:

"¡Escándalo italiano!

La voleibolista china Jin Hou Wang se anuncia como novia oficial del futbolista japonés, Aoi Shingo

¡Facebook lo revela todo!

¡Un nuevo integrante a La Ola Japonesa del Amor!"

No tuvo que preguntárselo dos veces, había escuchado lo que el padre de Jin había dicho y también la revelación de que aquel hombre era su padre, todo aquello, claramente se debía al escandalito que Aoi y Jin habían causado con sus fotografías. Girando sobre sus talones, mostró la hoja en alto a Jin y a Aoi, que se estremecieron del miedo.

—Gino, ¿crees que podríamos dejar a Jin y a su padre, hablar en un lugar más privado?— preguntó Aoi, adelantándose a Jin.

—Pues claro, Jin, ¿estás bien?— le preguntó el arquero, la china, parecía ligeramente enferma y su tez se miraba pálida. Débilmente asintió con una sonrisa.

—Por favor, necesito hablar con mi padre— dijo, Gino asintió. Dirigiéndose al padre de Jin, habló en chino:

—Qǐng gēn wǒ lái, tāmen kěyǐ tán gèng shūshì de huìyì shì (Por favor, síganme. Podrán hablar más cómodos en la sala de conferencias)— el padre de Jin asintió y siguió al rubio por el corto camino que les llevaba hasta la sala donde usualmente, se ofrecían las ruedas de prensa de los jugadores. Cuando entraron, el padre de Jin, sus guardaespaldas y la chica, ingresaron primero.

—Aoi, ¿podrías acompañarme, por favor?— le pidió la china antes de que Gino cerrara la puerta. Alice y Conti en el campo, trataban de mantenerse tranquilos, pues por alguna razón, la presencia del padre de Jin no les daba buena espina. Fuera de la sala, Aoi asintió y sonrió.

—No me iré, lo juro. Vamos, tú padre parece ansioso de hablar contigo— le soltó al mirar por encima del hombro de la chica al padre de la misma que no les quitaba el ojo de encima. Cerrando la puerta, Gino dejó a sus amigos tratar con los visitantes mientras él explicaba todo al entrenador y lo dejaba tranquilo al asegurar que nada malo pasaría.

—Uf…— suspiró Jin, tomando la mano de Aoi, mientras se acercaban al lugar donde el padre de la chica, había tomado asiento. Una vez frente a él, Jin se armó de valor y habló— Aoi, te presento a mi padre… Zhao Hou Wang— el señor Wang reaccionó a su nombre y miró a su hija extrañado, seguramente por el idioma que había empleado. Justo cuando Jin iba a continuar con su presentación, esa vez en chino, él señor Wang carraspeó y habló.

—Explícame, Jin. ¿Por qué me estás presentando a este niño? ¿Qué haces en Italia cuando acordamos que permanecerías en China?— el señor Wang habló en italiano, Jin lo miró sorprendida, mientras por primera vez, el apelativo niño, cohibía a Aoi.

—No sabía que hablaras chino, padre…— susurró Jin

—Y yo no sabía que eras una desobediente— le replicó el señor, enfadado. Jin suspiró antes de responder.

—No lo soy. Jamás llegamos al acuerdo de que me quedaría en la ciudad, fue más bien una escena donde tú gritabas y yo suplicaba. Si te presento a este niño, es por cortesía y porque creo que tras la nota que trajiste impresa mereces conocer a mi novio—explicó Jin firme y segura, su mano, bien sujeta a la de Aoi.

—¡No te permito que me hables así!— exclamó el señor Wang, molesto— ¿Una escena dices? Ya que te gusta pintar las cosas de ese modo, rectifico. Te ordene que permanecieras en China, ¿qué demonios haces aquí? ¿Novio? ¡Sabes perfectamente qué este jovencito no es de tu clase y posición!

—No pinto las cosas de ningún modo, padre— respondió Jin, visiblemente más calmada— Es simplemente como sucedieron las cosas. Ahora bien, estoy aquí, porque fiche con un equipo de voleibol y estoy desempeñando mi carrera. Sí, cómo lo oíste, Aoi es mi novio— sus últimas palabras brotaron en una sonrisa que hicieron sonreír al japonés— Aoi Shingo, japonés. Cómo notarás, él es el centro campista del Milán y también miembro de su selección, es un chico estupendo— armado de valor con aquellas frases, Aoi dio un paso al frente y saludó.

—Un placer conocerle, señor Wang— su reverencia, fue quizás un poco más inclinada de lo que debería, pero resultó para él, incluso incorrecta, al levantarse, sonrió y continuó hablando— Espero que no le moleste que…—

—Suelta inmediatamente la mano de mi hija— le amenazó el señor Wang— No estoy dispuesto a escuchar estas tonterías, nos vamos, y sí, tú vienes conmigo Jin, todavía hay mucho de qué hablar. Jovencito, espero no tener que volver a verte nunca en mi vida, por supuesto, Jin tampoco lo hará. Quedas informado, sobre el compromiso que mi hija tiene desde hace ya bastante tiempo. Su prometido, está aquí en la ciudad aguardando por verla. Lin, Tao, vámonos— ordeno el señor y acto seguido, los hombres de gafas, tomaron a Jin por los hombros, apartándola de Aoi y siguiendo al señor Wang. Aoi se apresuró a seguirlos.

—Señor, señor Wang, por favor, escúcheme— le rogaba el japonés, siendo ignorado olímpicamente. Cuando cruzaron las puertas de la sala, Gino y el entrenador seguían ahí.

—Lamento las molestias, nos marchamos— anunció el señor Wang, sorprendiendo al entrenador que pensaba no hablaba su idioma. Gino miró a Aoi, advirtiendo en sus ojos preocupación. Jin, forcejeaba con sus guardaespaldas para soltarse y acercarse a Aoi.

—Señor Wang…— repitió Aoi, pero el padre de Jin ni siquiera lo movió. Siguió su camino al estacionamiento, donde su auto aguardaba. Por alguna extraña razón, los reporteros habían desaparecido de la entrada y el lugar se hallaba vacío. Cuando Aoi, suplicante, siguió a los visitantes chinos y a su novia a la salida, sus compañeros de equipo, Alice y Conti, le observaron y no pudieron evitar seguirlo, intrigados.

Tao y Lin se encargaron de meter al auto a una reacia Jin que forcejeaba y pedía a gritos que le soltaran y dejaran en paz. El padre de Jin subió después, acallando los reclamos de su hija, mientras Tao o Lin, Aoi no sabía se dirigía al asiento de copiloto, dejando al otro en el del chofer. Y un momento después, ignorando las súplicas de Aoi y los reclamos de Jin, el auto negro desapareció, dejando a un japonés, abatido y derrotado.

—Aoi…— le dijo Alice al acercarse a él, con Gino y Conti detrás. El japonés, ni siquiera la miró, simplemente se sentí en la orilla de la acerca, mirando el estacionamiento, dónde antes había estado un auto que en esos momentos, alejaba a Jin tanto como podía de él, dejándolo con dudas, miedos y una soledad, que nunca antes lo había invadido.

—Aoi ¿qué pasó?— le repitió Conti, el japonés, negó con la cabeza.

—Se la llevó. Dijo que no debía estar en Italia. Dijo que volvería a China. Dijo que no me quería ver de nuevo. Jin está comprometida y ese hombre está en la ciudad. Se la llevaran. No la veré más. Ni siquiera me ha dejado despedirme de ella o aclararle muchas cosas. No le permitió expresar sus logros, todo por lo que trabajó y los sueños que tenía…— Aoi se calló, Gino tomó asiento a su lado y le pasó un brazo por los hombros, suspirando.

Para muchos, Aoi no era más que el jugador hiperactivo de 22 años que alegraba al equipo del Milán y colaboraba con las victorias, pero para Gino, más que para nadie, era solo el niño de 15 años, entusiasta y estafado que había llegado hacía 6 años a Italia. El chiquillo que había apoyado y apreciado, al que había enseñado a dominar el italiano y al que no había dejado de ver como un hermano menor.

Cuando las lágrimas de Aoi comenzaron a empapar el pants del chico, sus temblores se volvieron notorios, Conti hizo a sus compañeros esfumarse y Alice se apresuró a buscar en su bolso un pañuelo o quizás dos. Pasaron varios minutos antes de que Aoi se repusiera, se pasara el pañuelo por los ojos y mirara a sus amigos, con un semblante, completamente derrotado, antes de explicar con detalle lo sucedido en la sala de conferencias. Al terminar, Gino y Alice se quedaron sin palabras, Aoi estaba a nada de volver a llorar, pero fue Conti, el que devolviera el espíritu al ambiente:

—Venga Aoi, llorando no vas a lograr nada. No lloriqueaste cuando te discriminaban por ser japonés, ni cuando nadie creyó que entrarías como titular a una Champions, has pasado tu vida rebelándote ante todos, dejando en claro que eres y siempre serás el japonés más aventurero y perseverante. ¡¿Qué haces aquí?! Vamos, anda, yo mismo te ayudaré. Recorreremos todos los hoteles de la ciudad, con tal de dar en el que esté el dichoso rey de China—

—Conti…— comenzó Gino, tratando de hacerle ver a su amigo que esa era una idea, por demás alocada, pero el brinco de alegría de Aoi, fue suficiente para borrar aquellas palabras de su boca.

—¿De verdad? ¿Me ayudarás?— Aoi había vuelto a sonreír, su rostro se miraba iluminado y sus ojos brillaban esperanzados.

—Pues claro. ¿Podemos ir, verdad capitán?— le preguntó el delantero a Gino, haciéndole apoyar su idea para alegrar a Aoi.

—Claro— accedió Gino— Solo esperen a que de por terminado el entrenamiento y nos iremos. Alice y yo buscaremos por un lado y ustedes por otro, quién tenga noticias, avisa por WattsApp—

Y con esas palabras, las esperanzas de encontrar a Jin, hablar con su padre y dejar en claro que no iba a hacerse a un lado, Aoi, comenzó a hacer un listado mental de todos los hoteles de la ciudad. En alguno, debía encontrar a una familia acaudalada de China.

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Esa tarde… 04:00 PM

=Hotel Park Hyatt Milano=

Miró una vez más por la ventana, ni de chiste habría podido buscar una manera de salir por ahí, había tan solo unos cuantos pisos que la alejaban del suelo. Fuera de aquella habitación, su puerta era custodiada por Lin y Tao, los guardaespaldas que desde hacía varios años habían servido a su padre en lugar de sus padres. En la sala de estar, el hombre que desde pequeña había amado y respetado, se había acomodado en su sofá a esperar al dichoso estúpido que le había conseguido para marido. Jin apostaba, un tonto creído y rico que la aburriría y que detestaría desde que viera.

Apenas habían llegado al hotel, su padre la había metido en aquella habitación, ordenándole se vistiera como su hija y no como una deportista liberal. Dada aquella orden, un vestido negro, corto por encima de las rodillas, de mangas y cuello redondo esperaba pacientemente a que ella lo vistiera. Pero por supuesto se negaba a hacerlo.

Camino al hotel, su padre no le había permitido hablar, mandándola callar con esa voz que reservaba solo para cuando estaba en verdad muy enfadado. En vez de escucharla, se había dedicado a hablarle de las maravillas que representaba el hombre elegido para ella y lo decepcionado que se sentía de saberla en compañía de un vulgar futbolista. Igualmente, hizo hincapié en el tormento que le había hecho pasar al desaparecer y en lo furioso que se había sentido al encontrar su cara en internet.

El golpe en la puerta llamó su atención, seguramente, el dichoso prometido había llegado a la habitación. Sus sospechas quedaron confirmadas en cuanto su padre comenzó a saludar en chino y unos momentos después los pasos de alguien acercándose a su celda. Tomando asiento en la cama, se cruzó de brazos y se negó a hacerse la amedrentada. El señor Wang cruzó la puerta y al verla vestida con su short, tenis y camiseta del Milán, se molestó.

—Jin, haz el favor de vestirte y salir. Si lo haces, puede que te deje ver una vez más al japonés, niégate y emberrínchate y nos iremos esta misma noche sin posibilidades de que vuelvas a verlo— la chantajeó. Jin lo sabía, sabía que aquel negocio no era un negocio sino una condición oculta en una amenaza. Pero quería ver Aoi y aquella, resultaba su única oportunidad. En cuanto asintió con la cabeza, su padre salió de la habitación y ella se apresuró a vestirse. Se sacó la ropa, se echó el vestido encima y se calzó los tacones que su padre le había dejado bajo el tocador. Se miró el cabello, sujeto en una coleta y lo soltó, sus mechones negros cayeron sobre sus hombros con gracia y sus ojos verdes resplandecieron aún más. De repente, Jin vio en el espejo lo que había tratado de no ver desde que llegó a Italia, con el cabello recogido y la ropa de una deportista… vio a su madre.

Negando con la cabeza, reacia a volver a los recuerdos que la lastimaban, se alejó del espejo y salió de la habitación. Su padre se puso de pie al verla, claramente complacido y frente a él, un joven alto, quizás de un 1.85. Sus cabellos eran negros como los de cualquier otro chino y sus ojos rasgados, tenían un tono cálido entre avellana y marrón oscuro. Su traje gris le sentaba a la perfección, la corbata lila, estaba bien acomodada y su sonrisa, por un momento, la dejó encantada.

—Jin, él es Shang Lee— le dijo su padre, Shang sonrió y se reverenció.

—Es un placer conocerla señorita Wang, debo tomarme el atrevimiento de comentarle que es usted mucho más hermosa de lo que recordaba—

—Yo… yo…— Jin se aclaró la garganta— Yo nunca le he visto, joven Lee— replicó.

—Bueno, estuvimos en una fiesta, creo que usted tendría 14 años o quizás 13, yo estaba cumpliendo los 15. Mi padre, es dueño de una de las más grandes empresas exportadoras de China, aquella fiesta fue en honor a la asociación con su empresa, la que nos reunió— explicó Shang, Jin se acercó al sofá, para tomar asiento, al lado de su padre, a penas lo hizo, el señor Wang y Shang, tomaron asiento.

—Ya… mi madre y yo solíamos aburrirnos horrores en aquellas fiestas, lamento no recordarlo. ¿Qué lo trae por Milán?— preguntó queriendo desviar el tema, de ella misma.

—Un negocio muy importante para mi empresa. Verá, mi padre está por retirarse y yo dejare de ser solo un vicepresidente en la empresa, todo me pertenecerá como está estipulado desde mi concesión. Estoy seguro que usted y yo trabajaremos bastante bien y logramos expandir nuestras empresas, mucho más que lo que nuestros padres—dijo Shang, sonriendo alegremente. Ahí estaba, la clase de chico, que a Jin aburría.

—Lo siento, no sé nada sobre el manejo de una empresa, creo que no seríamos un buen par— respondió Jin amablemente, Shang no dejó de sonreír— ¿Le gustan los deportes?—

—A decir verdad, bastante. Soy un experto en el sepak trakaw, en el voleibol, beisbol, rugby y soccer— aseguró el chino, un tanto presuntuoso.

—No sabía nada de eso— repuso el señor Wang— pero seguro que con eso, lograra llevarse a todo dar con mi hija—

—Eso depende— se apresuró a añadir, Jin— ¿A qué equipo de soccer apoya?

—Solo al mejor, por supuesto el…— comenzó a decir Shang, pero Jin sonrió y terminó su pregunta.

—De Europa…—

—Oh, ya veo, porque estamos en Milán y usted ha pasado una temporada aquí. Bueno, no la quiero decepcionar, así que también conozco equipos europeos. Repito, que solo apoyo al mejor, sin duda alguna, la Juventus de Turín, un equipo italiano con una muy buena…

—Lo siento, pero me decepciona— le interrumpió Jin, sonriente— Siento decir que el mejor equipo es el Inter de Milán, Gino Hernández lidera su equipo sin bajar de la excelencia, además su delantero Conti es todo un as, capaz de vencer a Kojiro Hyuga, en cuanto al medio campo, creo que Aoi Shingo es excepcionalmente el mejor centrocampista del mundo. No me sorprendería que ayudara a su país a ganar el mundial. Muy en su defecto, el Barcelona de España, Tsubasa Ozhora es un capitán digno de admirarse, Japón tiene posibilidades de liderar el Mundial con semejantes jugadores—

—Parece que es fanática del deporte rey— admiró Shang, totalmente embelesado, Jin asintió con la cabeza— Aunque, no sé por qué, siento que no apoyaría a la selección china, sino a la japonesa…—

—En efecto. China no está preparada para ganar, al menos desde mi punto de vista, pero por supuesto, hará un papel espectacular en los juegos Olímpicos. Probablemente, halla una buena selección para las competencias femeniles de voleibol—

—Y… se puede saber… ¿por qué Japón si estaría a nivel de ganar?— cuestionó Shang, absorto en la conversación. Jin estuvo a nada de responder, cuando una voz, fuera de aquella habitación, se ganó su atención y la más radiante de sus sonrisas.

Aoi, aporreaba la puerta.

Continuará…

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NOTAS:

*Zhao Hou Wang es propiedad de JulyPotter31.

*Shang Lee es propiedad de JulyPotter31.

*Tao y Lin, pertenecen a Zhao Hou Wang, pero fueron contratados por JulyPotter31.

*El hotel Park Hyatto Milano, es un hotel 5 estrellas ubicado en Milán.


N/A:

¡Buenas noches a todas! Bueno, aquí con mi nueva actualización, esperando ganarme su atención y un review de su parte. ¡Me he esmerado! Estamos entrando en el capítulo 8, cada vez más cerca del capítulo diez, que siempre anuncia el final, como saben. ¡Pero bueno! Esperando me sigan y se animen a hacerle publicidad a esta historia con sus conocidos que amen CT y a Aoi, me despido por ahora.

¡No estamos leyendo!

Con cariño, JulyPotter31.


¡El balón es nuestro amigo!—