¡Hola! He estado algo ocupada como para sentarme a escribir como yo quisiera, así que me acordé de que ya tenía este Chapter listo y me dije: ¿Porqué no publicarlo de una vez? Es decir, para no dejar otra semana en blanco...
DISCLAMIER: Ni el mundo de Narnia, ni los perdonajes originales me pertenecen, sino a C.S. Lewis.
¡Disfruten!
El segundo encuentro
Edmund bajó a encontrarse con sus hermanos en un estado de abatimiento. Procuraba concentrarse en sus modales y en sonreír a todo el que se cruzaba, pero no podía evitar que su corazón latiera sin control y su cabeza diera vueltas. Como fuere, no podía quitarse a aquella moza de la cabeza. Esperaba que una buena comida con sus hermanos lo ayudara a superar esa experiencia, y la visita a su parte de la tierra, que había quedado al cuidado de sus hermanos en su ausencia, le despejase.
—¿Qué te parece?
El rey debía aceptar que su hermana menor no carecía de talento. Tal vez su gusto no era tan ostentoso ni fino como el de su hermana, pero todo estaba brillante y ordenado. Esperaba poder sorprenderse con la comida. Si el día anterior casi no había probado bocado estando perdido en sus ensoñaciones de volver a casa, ahora moría de hambre.
—Muy bien, pequeña Lucy —le respondió, regalándole una sonrisa. Ella se la devolvió y se alejó con ese andar suyo que estaba entre un paso de dama y un trote ligero.
Edmund tomó su lugar en la mesa en la cabecera a la derecha de su hermano, en aquella silla adornada que tanto extrañaba. Se sentó lentamente, acariciando distraído el terciopelo rojo del cojín. No podía espera a reunirse con todos de nuevo.
Unas campanas sonaron para anunciar la hora de reunión. El comedor se vio rápidamente llenado de nobles embajadores y gente de servicio que fueron uno a uno volviendo a recibir al rey antes de tomar asiento. Con el cabello más corto, ropas limpias y su argolla de oro en la cabeza, su aspecto cambiaba notablemente. Podían admirarse ahora ese par de ojos pardos y grandes, la delgada nariz y el deleite de la curva de su mandíbula. Él mismo se comportaba grandiosamente, a conocimiento de esto. La realeza de su sangre y del resto de su ser eran inconfundibles.
Peter y Lucy tomaron sus lugares también, animadamente. La risa estaban impregnadas en sus ojos, y había un indescriptible regocijo en sus maneras. Todo el mundo charlaba animosamente. Mientras esperaban a Susan, Lucy tomó la palabra.
—Ah, hermano, hay tantas cosas que contarte sobre tu ausencia… desearía externártelas todas en este momento, pero me temo que el tiempo no me alcanzará… ni tu atención tampoco —observó ella, mientras un noble se acercaba a Edmund y le saludaba cálidamente—. Mañana mismo —continuó—, tengo planeado acompañarte a tus tierras para verificar que todo lo hemos llevado a cabo según lo planeado. Tal vez ahí haya tiempo, aunque creo que llevaremos un poco de compañía. Ah, debes ver cómo han crecido las azaleas este año en el jardín de atrás, te encantaría la vista que se obtiene desde ahí al prado en un día soleado, ¿Y adivinas lo que me dijo una adivina hace apenas unas semanas…?
—Hermana, tranquila —se burló Peter—, nuestro Edmund acaba de arribar y tú ya lo estás mareando con todas las nuevas y responsabilidades pendientes. ¡Déjalo disfrutar una noche por lo menos!
—Ya disfrutó bastante la noche de ayer, perdido en las praderas —apuntó Susan, acercándose con su pausado vaivén de Dama. A pesar de la severidad de sus palabras, sonreía—. Aunque algo de razón tiene lo que Peter dice —lo tomó por detrás de los hombros y le besó la cabeza con gesto protector. Edmund esbozó lo que trató de ser una media sonrisa. Ya estaban todos bastante crecidos, pero aún así su hermana mayor insistía en tratarlo como a un niño. Eso no le molestaría, si no tuviese la recurrente costumbre de hacerlo en público.
—Yo digo —interrumpió Peter—; como Sumo Monarca digo —levantó su copa de plata—, que ha de olvidarse ésta noche todo lo que con responsabilidades y preocupaciones tiene que ver. Nuestro hermano está por fin de vuelta, y yo quiero recuperar hoy todo el tiempo de diversión perdido en su compañía. Ya después será tiempo de planear y de preocuparse, de contar noticias y de hacer encargos. ¡Por Edmund! —alzó su copa lo más alto. La mesa entera coreó después de él su brindis y la música comenzó a sonar, con su sonido refinado pero alegre.
—Hermano, te sorprenderás —le dijo Lucy cerca de él, para evitar que su voz se perdiera en el animado barullo. Edmund acercó su oído a ella para poder oírla con más claridad.
—Edmund, tengo alguien a quien presentarte —le sorprendió Susan de nuevo a sus espaldas. Él se volvió rápidamente—. Ha sido mi alumna y mi compañera en tu tiempo de ausencia. Supongo que la recordarás —insinuó, como burlescamente—. Lady Oliva —anunció, extendiendo una mano para tomar la de alguien que estaba su lado y delicadamente, acercó a la muchacha hacia él.
—Su alteza —dijo ella en una reverencia.
Lo único que el rey alcanzó a ver de la dama, fue su brillante cabello recogido y trenzado sobre su nuca en su reverencia y su frente bronceada por el sol, poco común en una dama del castillo. Cuando ella comenzó a levantarse pausadamente, tuvo la oportunidad de admirarla con más detalle. Su cuello descubierto y largo lucía desnudo y acentuado por el escote, igualmente bronceado. Sus orejas estaban solamente adornadas con un par de pequeñas perlas a juego con su vestido verde claro, y que le daba a su piel cobriza un resplandor muy singular. Aquél vestido de fiesta le quedaba ceñido para ser una noble y exponía claramente por la depresión de su vientre y el caprichoso ancho de sus caderas, la pequeña pero musculosa cintura. El corazón de Edmund se detuvo cuando la joven levantó los ojos hacia él, y lo miró directamente en una mirada que él reconocía.
Se quedó ahí, estupefacto y atontado, como antes de subirse al caballo, hasta que escuchó la risa de Lucy a sus espaldas. La servil se retiró de su vista sin ningún gesto de empatía y se colocó al lado de Lucy, para que ésta la embriagara con su animada plática.
—¿…y? —inquirió su hermana tomando lugar al lado suyo— ¿He hecho un buen trabajo?
Edmund pestañeó.
—Sí, yo diría…; aunque… ¿Quién es ella exactamente?
Susan rió, con su risa mesurada.
—No te hagas el tonto Edmund, bien que la has reconocido.
El rey alzó una ceja.
—¿Enserio? —preguntó su hermana, incrédula—. Es la salvaje que Peter "rescató" del Páramo de Ettin —aclaró casi susurrando, pegada a él.
Él asintió y se apoyó en su respaldo como si no estuviese sorprendido. A través de la mesa, pudo ver a su hermano mirándole y le extendió su copa.
—Te sorprenderías lo mucho que ha progresado mi pupila —continuó—, yo misma le he enseñado lenguaje, modales y ciencia. Aunque tiene habilidades que ella misma ha desarrollado muy bien. Desafortunadamente, éstas parecen ser sólo cosas que no le incumben mucho a una dama. Aunque nadie niega que sea una magnífica bailarina. Desafortunadamente, no le haya mucho gusto a dar vueltas en un salón en los brazos de alguien. Prefiere los ritmos rápidos del bosque. Y forma parte también del Grupo de Caza Real, aunque es tan testaruda que a veces les pierde el paso a propósito para correr por ahí por su cuenta. Es un desastre.
Por el tono que usaba, era claro que Susan estaba tremendamente orgullosa de su alumna. A pesar de que mostraba batallar con ella a menudo; tremendamente orgullosa.
A lo largo de la cena, Edmund raramente despegó la visa de aquellos ojos verdes, pero éstos no lo miraron una vez. Cuando estuvo bien avanzada la noche, las puertas del comedor se abrieron y todos se dirigieron a continuar festejando en el bosque. Los tambores enanos comenzaron a sonar en la espesura a lo lejos, y sin guía, todos supieron hacia dónde dirigirse. Estando más cerca, las flautas de los faunos empezaron a notarse, y todo se volvió gritos de júbilo y carreras entre los cortesanos. En un prado redondo, ya había criaturas haciendo rondas alrededor de una pequeña fogata. Todos se deshicieron de sus abrigos y más ostentosos adornos para unírseles, y comenzaron a girar junto con ellos.
Bien, espero les haya gustado. De todo corazón.
Ciertamente, es notable la manera en la que me alargo tanto al escribir un Chaptter de El Trato (mi otro fanfic), comparado con éste. Bien, les diré porqué: Porque Narnia es tan importante para mí y lo tengo tan idealizado, que me cuesta trabajo plasmarlo de la manera que me planteo. Mi estilo aquí comparado al resto de cualquier cosa que pueda escribir es claramente diferente, pero no puedo evitar sentirme más poética y formal cuando me meto en el corazón de este mundo.
He estado pensando. Y la verdad, he llegado a organizar lo suficientemente mis ideas como para quedar deacuerdo conmigo misma acerca de que no me voy a alargar tanto con esta historia como lo tenía planeado en un principio. Realmente han pasado AÑOS desde que comencé ésto, pero ahora tengo más claro lo que quiero. A los que de vez en cuando leen esta historia, no esperen actualizaciones constantes como se las aseguro a mis seguidores de El Trato, porque me cuesta mucho trabajo escribir sólo 1500 palabras de Oliva. Pero puedo decirles que al término de ésta historia tengo planeado publicar definitivamente la idea que tenía de un par de historias más dentro de éste mismo fandom, y que estén conectadas entre sí. Serán algo así como secuelas que son fanfics individuales; realmente... no sé cómo llamarlas xD, ¡pero ya me decidí!
Aquien me lea, Muchos muchos besos y abrazos.
Espero sus reviews.
¡Quiero saber qué piensan de esta historia! Y que rumbo creen que puede tomar.
Besos.
(Vean Mozart L'Opera Rock)
Los quiero.
