*Voz de Adele* This is the eeend... Hold your breath and cooount to ten
Bienvenidos al final de esta historia. De nuevo, gracias por leer, incluso si eran gente invisible la mayoría (no estoy loca, pero tengo un gran mundo interior)
Lo único que necesitan saber de este capítulo es que esto no es un flashback, repito: Esto NO es un flashback
Y que mis fanfics son "reconocidos" en otras páginas, pero me da penita dar la cara. No "penita" en el sentido chileno de tristeza, "penita" mexicana, verguenza.
El título es el último verso de Son Pololos, ya que este es el último capítulo. Todo es simbólico aquí.
Y que, como cierto perro chihuahua sólo puede soñar con tener a cierta pajarita verde, yo sólo puedo soñar con ser dueña de 31 Minutos.
Despierto, la luz se cuela a través de mis párpados, de un vibrante color amarillo. Estoy abrazando algo muy suave y cálido, y al abrir los ojos veo que se trata de Mario Hugo, acurrucado a mi lado como una pequeñísima bola con la boca entreabierta. Está más rendido que yo.
"¿Mario?" pregunto zarandeándolo un poco "¡Despierta!"
"Pero mamá, yo no quiero ir a la guerra de las frutas, yo soy una verdura" dice entre sueños.
"¡Mario Hugo!"
Responde algo inentendible y luego un:
"Si muero, díganle a mi mujer que la amo… No, no es una espinaca. Pero es verde"
"Ernesto Felipe Mario Hugo, ¡Despierta!" susurro-grito y abre un poquito los ojos
"¿Hmmm?"
"Nos quedamos dormidos… ¿Qué hora es?" no me responde, volvió a cerrar los ojos. Me levanto a revisar el reloj, él aprovecha para robarse la mantita, y el mundo se me cae encima.
Son las nueve de la mañana.
"Mario Hugo, ¡Mi examen fue hace dos horas! ¡Y yo no estaba ahí! ¡Si hay algo peor que reprobar por no saber nada es reprobar por no estar ahí! ¡No puede ser, yo nunca me he sacado menos de 7! ¡Se va a arruinar mi promedio perfecto!" tengo los ojos llenos de lágrimas, me siento peor que cuando me regalaron una peineta y un mantel.
Y mi adorable novio que luchó seis años para que le dijera que sí, está dormido.
"¡Ernesto. Felipe. Mario. Hugo, se me está cayendo el mundo aquí y tú no haces nada!" De nuevo responde algo ininteligible.
"¡¿Qué?!"
"Que hoy es sábado, Patanita."
"¡Claro que no! no pasé toda la noche de ayer en vela matándome para estudiar para un examen que ni siquiera se presentaba ho…" Miro mi teléfono "Es sábado" recalco, y del llanto paso a la risa
"¡Pasé toda la noche del viernes estudiando para nada! ¿Por qué no me lo dijiste?"
"Es que eres tan nerd… que pensé que ya lo sabías pero aun así querías estudiar." Lo golpeo suavemente. "De todas maneras ni siquiera estudiaste" comenta con la voz amodorrada.
"Pero si hoy es sábado y son las nueve… En una hora llegan los funcionarios para preparar el programa de hoy"
"Ahá…"
"¡Y nadie puede saber que estamos juntos! ¡Tienes que irte!" lo empujo fuera del sofá cama y me gruñe antes de volver a dormir en el suelo. Desesperada, lo levanto sin esfuerzo y me lo echo al hombro "¡Sal por la ventana! ¡No, por la puerta! ¡Rápido, que nadie te vea! ¡Mi reputación está en riesgo! ¡Pron…!" Abro la puerta, y ahí están Bombi y Juanín, con la mano como si estuviera a punto de tocar.
Me sonrojo y suelto a Mario Hugo.
"¡¿Cuál es tu problema?!" chilla, ya despierto, y se levanta "¡Déjame dorm…! Oh." Y mira a Juanín y Bombi, que se sonríen con complicidad.
"Vaya, vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí?" Dice Juanín lentamente.
"Eh… nada tío"
"¿Cómo que nada?"
"¡Nada! Este… Mario Hugo me estaba ayudando a estudiar porque somos tan buenos amigos… y ya." Se me escapa una risita nerviosa y a mi lado él pone los ojos en blanco.
"Awre weri wrofr wfriswra" Dice Bombi, extendiendo una bandeja con desayuno, y se le cae con todo y brazos. "Wreewiwa."
"No te preocupes Bombi, luego limpiamos." Le dice Juanín con un tono dulce, para regresar conmigo y su vocecita sarcástica: "Eso no fue lo que escuchamos…"
"Tío, es muy temprano y las paredes distorsionan el sonido, pero tú sabes que mi reputación es demasiada para andar con alguien tan Nadie como Mario Hugo, por supuesto que no somos…"
"Andamos desde hace una semana. Permiso." Interrumpe Mario Hugo, y se da la vuelta para volver al sofá cama. Lo miro con el pico bien abierto, y Juanín suelta un grito ahogado, tapándose la boca y la de Bombi también, ya que sus brazos siguen en el suelo.
"¡No! ¡Está mintiendo! ¡No le digas a mi tío T…!" empiezo, pero algo me detiene.
Miro atrás, y Mario Hugo ni siquiera está dormido, está sentado en el sofá cama con los brazos cruzados, mirándome con una mueca enfurruñada y los ojos brillantes; casi retándome a negarlo, como San Pedro. Al ver que no reacciono, toma la canasta, su mantita y las almohadas, y sale por la puerta, empujándome ligeramente al pasar, volteándome la cara y pisando el pan tostado que había en la bandeja de Bombi, con toda la dignidad que es posible mantener cuando acabas de despertar, estás en pijama, y tu novia sigue negándote porque se avergüenza de salir contigo.
"Mario Hu…" empiezo a gritar mientras se aleja, pero me ignora.
"¿Sabes qué, tío Juanín?" Digo apresuradamente, y no puedo creer que lo estoy diciendo, pero aunque aún hay murciélagos revoloteando por mi mente, no puedo dejar que superen a las mariposas. "Tiene razón. Y si se lo quieres decir a todo el mundo, puedes hacerlo. Pero déjame a mi tío, de él yo me encargo." Juanín empieza a reír, y ambos hacen la típica burla del "uuuh"
"¡Pero tu tío va a estar encantado, Patana! Aunque no lo admita, le cae bien Mario Hugo"
"Wrearei wroswo"
"Bombi tiene razón, además ya era hora." Traduce Juanín y lo abrazo, recojo los brazos de Bombi, se los pongo y lo abrazo también, antes de irme
"¿Y ahora a dónde vas?" pregunta Juanín a gritos.
Corro tan rápido como puedo, planeando de vez en cuando ayudada por mis alas
"¡Tengo que irme, tío! ¡Tengo que pedirle perdón a mi novio!"
"¡Date prisa! ¡Nosotros limpiaremos!"
"¡Wrewrari!" apoya Bombi, y mientras corro los escucho cantar Son Pololos a voz de grito.
Salgo al estacionamiento, justo a tiempo para ver a Mario buscando las llaves de su auto. Los tramoyas empiezan a llegar, salen todos al mismo tiempo de un enorme meteorito estacionado al lado de su destartalado coche. Esquivo a los tramoyas, los camarógrafos, el encargado de la limpieza, y no alcanzo a frenar, chocando con el chihuahua blanco, que se da la vuelta de un salto.
"¡Mario Hugo!" exclamo sonriéndole y jadeando por la carrera.
"¿Pata…?" empieza, pero no lo dejo terminar porque lo levanto en brazos, lo empujo contra el auto y lo beso.
Es nuestro primer beso de verdad: El Zombi Espacial nos queda corto, y medio canal nos está viendo. Él se queda en shock unos segundos, pero luego sus manos se aferran a mi rostro y ya no me suelta. La calidez que irradia es increíble, es como si jamás hubiera existido dentro de mí una oscura y fría mansión llena de murciélagos; todo es hermoso… y desconocido.
Atrás escucho aplausos, vítores y más gente cantando Son Pololos y lo suelto, avergonzada. Tengo la sensación de que si abro la boca, millones de mariposas saldrán volando por ahí.
"Wow" Suspira, respirando agitadamente, rojo hasta las orejas "Eso fue…" Se da la vuelta y medio canal sigue aplaudiendo. "¡¿Qué no tienen nada mejor qué hacer?! ¡Voyeristas! ¡Fuchi! ¡Largo de aquí!"
"Uuuhh…" suspiran todos antes de seguir con sus vidas
"Patana, todo el mundo nos vio" susurra él, con una mueca de preocupación.
"¿Y qué? Ya era hora de que se enteraran" respondo, y sonríe, iluminándome esos ojotes que tiene. Me acerco coquetamente y le acaricio el rostro con una de mis plumas. "¿Sabes de qué tengo ganas?"
Don Ojitos Brillantes sonríe más, pero con una connotación diferente.
"¿De qué?" pregunta, tocando suavemente mi cabello y siguiéndome el juego.
"Tengo ganas… De tomar ese cuerpecito que tienes…" Empiezo traviesamente "Estamparlo contra el sofá cama, y… usarlo de almohada. Y dormir hasta que sea hora de salir al aire."
Mario Hugo se echa a reír y me toma de la mano, guiándome de regreso al cubículo y al sofá cama. Corremos hacia el cubículo, riendo por los pasillos y varios funcionarios nos ven: Bodoque choca sus palmas con las de Mario, Huachimingo me abraza y me da las gracias. Pasamos al lado de Guaripolo, quien suelta su café al vernos juntos; Mario le levanta un dedo muy sonriente y yo le lanzo un beso.
Ya adentro, salta sobre el sofá y me "acecha".
"Oh nena, te mantendré dormida todo el día" dice, tratando de mantenerse sexy, pero la risa le gana. Me acomodo a su lado y me cubre la cara de besos, mientras intento que se quede quieto para poder situar mi cabeza sobre su pecho y dormir.
Después de unos segundos, el sueño nos está ganando.
"Pero Patanita" recuerda de repente, mientras juega con mi pelo "Aún no tienes ganador para tu reality, ¿No deberías preocuparte?"
Debería, pero por hoy decido hacer las paces conmigo misma. No soy perfecta: soy una pajarita cansada, necia y ridícula con un novio que es un periodista de cuarta, demasiado bajito y con cuarenta perros; y no me gustaría que fuera de otro modo. Sonrío, más dormida que despierta, con sus latidos como canción de cuna.
"¿Y dejar de pasar este valiosísimo tiempo de calidad con mi novio?" digo, y escucho su corazón acelerándose "Ya se me ocurrirá algo. Que mi tío elija al ganador."
(Me acabo de enterar recientemente que en el contrato de Tulio está ser juez de un reality)
C´est fini, merci beaucoup.
Espérenme en San Valentín, regresaré.
