Disclaimer: Nada de esto me pertenece, pertenece a J.K Rowling y a su cerebro :) Si yo fuera ella, estaría forrada

(Nota: He actualizado el capítulo de nuevo, porque se me olvido incluir una cosa. Es un detalle pequeño, casi sin importancia, pero no quiero que se me queden cabos sueltos. Lo digo para que, los que ya han leído el capítulo, no se líen )

- Verano en la honorable y ancestral Mansión Black -

Capítulo siete: Tal como éramos

-¿Qué haces aquí otra vez?- preguntó James, en voz un poco más alta, mientras se dirigía a la entrada- . ¿Te has olvidado de alg...?

James se interrumpió al ver que, en medio de la entrada, junto a la puerta, en vez de Lily, se encontraba Sirius Black. Durante unos escasos segundos, James se quedó paralizado al ver a su amigo allí, quien al escuchar su voz, se había vuelto hacia él y cuando sus ojos grises se cruzaron con los castaños de James, el chico alto, guapo y de pelo oscuro tardó menos de un segundo en esbozar una sonrisa simpática y juvenil, de pura alegría.

-¡Prongs!- exclamó Sirius, soltando la bolsa de viaje que llevaba colgada del hombro y abandonándola junto a un gran baúl que tenía a sus pies, mientras echaba a andar hacia él.

Recuperándose de la sorpresa, James también caminó el tramo que le separaba de su mejor amigo y cuando estuvieron cara a cara, se dieron un rápido abrazo.

-¡Joder Sirius!- fue todo lo que se le ocurrió a James, mientras una sonrisa de auténtica felicidad se le extendía por la boca. Llevaba más de un mes sin ver a su amigo, a su mejor amigo, y ahora que le tenía delante se daba cuenta de lo mucho que le había echado en falta. Tenía la boca llena de tantas cosas que contarle, tantas que explicarle, que simplemente las palabras no le salían.

-¡¿Qué tal?!- exclamó James, cuando se separaron, echándole un vistazo valorativo. Sirius estaba un poco más alto y llevaba su lustroso pelo un dedo más largo desde la última vez que se habían visto, pero seguía siendo el mismo, con su sonrisa rápida y su elegante naturalidad.

- Genial- Sirius le miró a los ojos, ampliando su sonrisa- . No veas las ganas que tenía de llegar... Estaba harto de estar con mis padres y Regulus el pomposo...- añadió con desdén, mientras James soltaba una carcajada por el nuevo mote del hermano de su amigo.

-¿Tan malo ha sido?- preguntó, mientras se reía.

Sirius soltó un resoplido de lo más convincente.

- Tenías que oírles hablar de política durante la cena, con mi madre metiendo baza, encima. Les faltó proponer la hoguera a los muggles, son peor que la Inquisición con el jodido tema de la pureza de sangre- añadió Sirius, un poco reventado.

Al ver que a su amigo se le estaba amargando la llegada, James se apresuró a cambiar de tema.

- Bueno, y aparte de eso¿qué tal por Francia?- Sirius le miró con picardía, mientras James, con una sonrisita la mar de significativa, alzaba las cejas repetidamente- . He oído que las francesas...- sacudió la mano derecha, como diciendo "tela marinera"

Sirius esbozó una sonrisa de perezoso placer.

- Si yo te contara, chaval...- dijo, con una mezcla de divertido desdén y superioridad- . Estaban buenísimas. Y eran muy majas, me dieron una bienvenida de lo más...Cariñosa- puso especial énfasis en la última palabra- . En especial Coralie, la hija de unos amigos de mis padres. Tío, tenías que verla... El pelo le llegaba al culo, un culo genial, todo hay que decirlo- añadió, mientras James soltaba una carcajada.

-¿Te la ligaste?- le preguntó con interés, aunque estaba seguro al 120 que la respuesta iba a ser afirmativa. Pocas mujeres se resistían a los encantos de su amigo.

- Por favor... ¿Con quién te crees que estás hablando?- le respondió Sirius, altivo- . Era una auténtica aspiradora y lo que más le gustaba era la marcha- esa vez fue Sirius el que alzó las cejas vigorosa y significativamente- . Aunque por supuesto, tuvo que aparecer mi querida madre para tocar las narices...- la sonrisa de Sirius se esfumó y su rostro se ensombreció, al igual que lo hizo el de James- . Decidió que Mathilde, la primogénita y hermana mayor de Coralie, iba mucho más conmigo y que además, me inculcaría algo de sensatez. Ya te puedes imaginar como era la tal Mathilde, todo lo contrario a su hermana, en todos los aspectos, e igual de nazi que mis padres...

- Menuda joya...- fue lo único que dijo James, de forma sarcástica.

- Ya ves- Sirius prosiguió contando- . A mis padres, por supuesto, les encantaba, así que te puedes imaginar la gracia que les hizo que yo pasara de Mathilde y me enrollara con la hermana... Se armó la de Dios es Cristo: mis padres gritando, Mathilde llorando diciendo que le había dado falsas esperanzas, sus padres gritando... Y después de que todos se marcharan, mi madre se pasó una semana soltando pullas acerca de mi "deplorable" comportamiento y en lo mal que había hecho en rechazar a una jovencita de tan buena familia, diciendo que era un bala perdida, la oveja negra y vete tú a saber cuántas cosas más... Estaba harto y por eso me volví- terminó Sirius, soltando un resoplido de hastío.

James frunció el ceño, deseando con todas sus fuerzas patearle el culo a la madre de Sirius.

- Que se case ella con la jodida Mathilde, si tanto le gusta...- dijo el chico de pelo revuelto, frunciendo aún más el ceño.

Y ante estas palabras, Sirius esbozó una sonrisa de oreja a oreja, conmoviéndose por la lealtad inquebrantable de su amigo.

- Joder, cómo me alegro de volver a verte- exclamó, envolviéndole en un abrazo de oso. Aquellas demostraciones de afecto no eran tan frecuentes entre ellos, pero lo cierto es que los dos se habían echado mucho de menos. Y James, sonriente, le respondió al abrazo con un fuerte apretón.

-¡Vaya!- le dijo Sirius, cuando se separaron, los dos sonrientes- . ¡Qué musculitos!- le apretó el brazo- . ¿Has estado haciendo pesas¡Enséñame el culo!- exigió, mientras James se tronchaba de risa.

- Eres un pervertido, Padfoot...

- Bueno¿y cómo han ido las cosas por aquí¿Mi cuarto sigue intacto?- preguntó Sirius, mirando sospechosamente a James, cuando pararon de reírse.

- Sí, todo está en orden...- le tranquilizó James mientras Sirius echaba una mirada circular a la entrada y silbaba de admiración al ver lo brillante y limpia que estaba.

- Si toda la casa ha quedado como la entrada, creo que le darán un premio a los del departamento de Purificación...- dijo, con una sonrisa de admiración. Luego, volvió a centrarse en James- . Bueno¿y tú qué tal¿Qué has estado haciendo en mi ausencia?

James se pensó unos segundos cómo responderle a esa pregunta. Estaba deseando explicarle lo de Lily, pero no sabía muy bien por dónde empezar. Sabía que la noticia sorprendería a Sirius, incluso podría ser que en principio no se lo creyera, pero seguro que se iba a poner la mar de contento.

- Pues... –comenzó a decir James y en aquel momento, la puerta de entrada se abrió, apareciendo en el umbral una Lily un poco sofocada y con una bolsa de comida en la mano y una sonrisa en la boca. Sonrisa que desapareció en cuanto vio allí a Sirius.

-¡Vaya¡Evans!- exclamó Sirius, mirando a su compañera de curso como si en vez de ella hubiera aparecido un marciano en el umbral de su puerta- . ¿Qué hace Evans en mi casa?- Sirius miró a James, incluyéndole a él en la pregunta.

James miró a Lily antes de contestar. La chica tenía la cara blanca como el papel y no sólo era sorpresa lo que se reflejaba en su expresión; también parecía asustada y en tensión, tenía esa cara que se tiene cuando alguien va a decir algo que tú no quieres que diga. Y a James se le pasó por la cabeza que quizá Lily no quería que Sirius se enterara de lo de ellos dos y que él, quizá, debía callarse hasta poder hablar con ella.

Así que, apartando los ojos de Lily, se volvió de nuevo hacia Sirius y le contestó, con una sonrisa:

- Evans ha estado trabajando aquí estos días... Restaurando tu casa y eso...

Sirius asintió con la cabeza y como ninguno de los otros dos dijo nada más, simplemente por decir algo, el chico moreno se volvió hacia Lily, con una sonrisa deslumbrante:

- Bueno¿y qué tal Evans¿Mucho curro?- preguntó, de forma casual.

Lily que hasta el momento en que él había hablado había estado mirando a James, intentando encontrar sus ojos, se volvió hacia Sirius con una media sonrisa muy ligera y pobre.

- Sí, bueno... Ehm... Yo... Vine a terminar una cosa- dijo, intentando ampliar su sonrisa- . Será mejor que lo haga...- añadió, casi entre dientes, mientras echaba a andar hacia la cocina. Pasó junto a los dos chicos sonriendo suavemente a Sirius y sin mirar a James- . Bienvenido, Black

Nada más la pelirroja desapareció tras la puerta de la cocina, Sirius se encogió de hombros, frunciendo levemente el ceño.

- Qué rara estaba Evans¿verdad?- comentó, con un tono cargado de extrañeza mientras se agachaba a coger su bolsa de viaje. James levantó los ojos de los cordones de sus zapatillas para mirar a su amigo, que observaba el camino que había hecho antes la chica.

-¿Rara?

- Sí, rarísima- afirmó Sirius colgándose la bolsa del hombro- . Normalmente nos hubiera soltado un par de comentarios nada agradables por estar respirando el mismo aire que ella o nos hubiera mirado mal. Ayúdame con el baúl- le pidió, inclinándose de nuevo.

- Hombre, está en tu casa...- se le ocurrió decir a James, mientras se inclinaba y cogía un asa del baúl de su amigo. Aunque, en realidad, sospechaba que la pelirroja no se había comportado como normalmente lo hacía, o como lo había estado haciendo en las últimas horas, porque quería comprar su silencio.

- Mmm... Ni aún así, no es su estilo ser tan educada. Como mínimo, decirme que me metiera en mi vida y no le preguntara por la suya...- Sirius meneó la cabeza de un lado a otro, todavía un poco pensativo y luego decidió dejarlo correr.

Total, él y Lily tampoco eran amigos. El que sí era su amigo era James, y por la cara de haberse tragado una bota de trabajo que tenía, podía decirse que sus relaciones con la pelirroja no habían cambiado mucho. Si es que... Por mucho que insistiera James en que lo tenía superado...

Aún así, aunque fuera sólo para quitarle la cara de pena, el chico de pelo oscuro se apresuró a cambiar de tema, preguntándole por Remus y Peter, de los que no había sabido nada desde que se marchó. James le contó lo ocurrido con la carta de Dumbledore y algunas cosas más mientras subían la escalera, pero en cuanto entraron en el cuarto de Sirius, que había sido el de James durante aquellas semanas, al merodeador le importaron un pimiento sus colegas, emocionado porque su habitación siguiera en el mismo estado que cuando la dejó. Después de abrazar a su almohada, besar a la Carmen Electra que salía en la portada de una de sus play-boys, y saludar hasta a los zapatos que había dejado tirados debajo de la mesa, Sirius se dejó caer sobre la cama, bajo la divertida mirada de James que se había sentado en una silla.

- Hogar, dulce hogar...- dijo, con una sonrisita de felicidad mientras se repantingaba a gusto en la cama. Luego se volvió hacia James- . Muy bien cuidado Prongnsie, así me gusta...

- Me alegro de haberte sido útil...- le contestó el buscador, mientras jugaba con una pelotita para perros que le habían regalado Remus y él a Sirius al terminar el curso- . Y ahora que quieres hacer, señor Hogar. ¿Dormir y descansar del viaje?- sugirió, pensando que así podría ir a hablar con Lily con tranquilidad.

No era que Sirius le molestase, todo lo contrario, pero pensaba que si estaban a solas, la pelirroja podría explicarle qué pasaba y se comportaría normalmente.

Aunque Sirius no pareció muy contento con su proposición ya que se incorporó levemente para mirarle con cara de susto.

-¿Dormir¿Estás de coña?

James se encogió de hombros.

- Igual estás cansado del traslador...

- Pues ahora que lo dices...- Sirius soltó un suspiro y se dejó caer sobre el colchón, cuyos muelles crujieron bajo su peso- . Odio los trasladores y más si son franceses. He dado más vueltas que el puñetero Willy Fog.

James sonrió, preparándose para una buena. No sabía qué extraña maldición tenía Sirius para los trasladores, pero siempre terminaba en el punto más alejado del lugar al que quería ir. La última vez, había terminado como jefe de una tribu africana, una tribu que, para más INRI, era caníbal. Su pobre amigo había podido escapar antes de convertirse en "Sirius a la naranja", el plato fuerte del día. En cambio, el examen de aparición lo había pasado a la primera el tío y casi sin estudiar.

Pero volviendo al tema de los trasladores...

-¿Y eso?- le preguntó James, apoyando la cabeza en la mano que tenía sobre uno de los brazos de la silla.

- Pues resulta que los malditos franceses no saben programar un traslador como Dios manda y cuando les pedí Inglaterra, debieron entender la Inglaterra del siglo XIX como poco porque me di un paseo por todas las colonias...- Sirius resopló cabreado, mientras James se reía- . ¡Joé, me he pasado todo el día lidiando con indios, repartidores de pizza de Hong Kong, y vete tú a saber cuántos más¡Y ponte tú a encontrar un chino cuyo vocabulario en inglés vaya más allá de "playstation", "McDonalls" y "David Beckham" !

James se rió con más fuerza, imaginándose a su amigo lidiando con un montón de chinos que no le entendían. Porque lo que se dice de chino, Sirius no tenía ni idea; como mucho se sabía "sushi" (que ni siquiera era chino) y gracias, vamos.

- En serio Sirius, la próxima vez cógete un avión...- le aconsejó, cuando paró de reírse, mientras Sirius le miraba con cara extraña. Gracias a la televisión, James se había vuelto un entendido en lo que a sociedad muggle se refería.

- Sí, claro tú ríete...- le alentó Sirius, mirándole con rencor- . Pero cuando tengas que explicarle a un indio que el único indio que conoces es el del menú del restaurante que hay en Hogsmeade, que por cierto lo lleva un matrimonio de Yorkshike, veremos si te ríes tanto...

James volvió a troncharse de risa, con Sirius poniéndole mala cara, aunque al final terminaron los dos riéndose como posesos. Cuando terminaron, con la tripa dolorida de la risa, se miraron el uno al otro, como diciéndose que estaban encantados de volver a estar juntos.

- En fin... Que después de esa experiencia, normal que te alegres de estar en casa..- dijo James, como para zanjar el asunto.

Sirius asintió.

- Aunque lo de quedarme en casa a dormir, ni hablar del peluquín tío. Después de una semana entera sin olisquear la marcha, necesito salir...- le dijo con vehemencia- . Así que¿y si llamamos a Moony y al resto de la tropa y vamos a tomar algo¿Qué te parece el Zigzag ¿Hace?

James valoró durante unos segundos la idea de Sirius, dudando. Quería quedarse para hablar con Lily y sabía que si salía, ya no volvería hasta el amanecer y no habría forma. Pero por otro lado, Sirius acababa de volver a casa y llevaba mucho sin ver a sus otros amigos ( el resto de la tropa, como los llamaba Sirius), casi desde el principio del verano. Así que, mientras Sirius le ponía ojitos, James pensó que podría salir y que al día siguiente, cuando dejara a Sirius en casa durmiendo la mona, él iría a hablar con la pelirroja.

Así que sonrió de nuevo a su amigo y levantándose, le contestó:

- Venga... Hace

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Cuando Sirius y James se marcharon, Lily se encontraba en su habitación. Escuchó sus voces, sus pies bajando la escalera (como una estampida, todo hay que decirlo) y el ruido de la puerta de entrada cuando salieron y cuando no escuchó nada más, la pelirroja se sentó en la cama, con la mirada un poco perdida.

Sus ojos se fijaron en su bolsa de viaje, que todavía no había terminado de llenar con sus cosas. Iba a volverse a casa porque ella ya no tenía nada más que hacer allí, se recordó. Había terminado la habitación que quedaba por reparar, había dado un repaso a toda la casa y había quitado las cintas rojas de las puertas. La familia Black parecía estar a punto de volver y ella había terminado su trabajo. Simplemente haría su equipaje, recogería la habitación para que pareciera que allí no había estado nadie, se despediría de Booky y se marcharía.

Yo ya no tengo nada más que hacer aquí, se repitió, levantándose y poniéndose a llenar la bolsa con su ropa, sus libros y algunas cosas más. Había visto la cara de susto y culpabilidad de James cuando había entrado, había sido capaz de captar la indirecta de que el chico usase su apellido y no su nombre... No hacía falta ser Sherlock Holmes para darse cuenta de que James quería hacer como si nada hubiera pasado entre ellos...

Estaba más que claro, puesto que no había querido contárselo ni siquiera a Black, que era su amigo del alma, como un hermano para él.

No le había contado nada de lo que había ocurrido, aquello que a ella le había hecho tan feliz, absolutamente nada...

Metió el cepillo de dientes y el cepillo del pelo en la bolsa y la cerró con furia. ¡Maldita sea¿por qué¡¿Por qué se comportaba así?! Habían estado tan bien aquella mañana, en Londres, en el parque, en la cocina, esa noche...

Lily se mordió un labio con fuerza, mientras quitaba las sábanas de su cama y con un rápido conjuro las limpiaba. Incluso antes de llegar a la mansión, cuando estaba volviendo en el autobús noctámbulo de haber visto a sus padres, ya había sentido que algo no iba a salir bien... Se había dicho a sí misma que era una paranoica y una histérica pero al final...

- Para que luego diga la de adivinación que no tengo ojo interior...- masculló, con una triste sonrisa al tiempo que se le tragaba el nudo que tenía en la garganta.

Y antes de que se le saltaran las lágrimas por la frustración, alguien llamó a la puerta, que tras decir Lily "adelante", se abrió, dando paso a Booky.

Al ver al elfo, con su cuerpecillo escuálido y sus ojillos saltones, Lily se maldijo por permitirse una ligera esperanza.

- Señorita Evans- la saludó el elfo, conteniéndose de hacer una reverencia, ya que Lily, harta de pedírselo, se lo había ordenado- . Booky ha limpiado la cocina y ya está ordenada- dijo, con su voz de pito.

Lily asintió con la cabeza, sonriendo, agradecida.

- Gracias, Booky

- No hay de qué, es el deber de Booky- le respondió elfo con vehemencia, aunque luego volvió a enmudecer- . Además, Booky venía a pedirle permiso para volver a esconderse en el sótano, donde Booky debía estar, por si vuelve la familia de Booky... Booky no quiere ser castigado más, aunque se lo merezca...- añadió, con valor.

A Lily le dio mucha, mucha pena escucharle hablar así y, sintiendo una gran ternura, asintió con la cabeza.

- Claro que no Booky, ve a donde tú quieras- le dijo, con la voz suave, como siempre que hablaba con los elfos domésticos- . Te agradezco mucho tu ayuda de todos estos días, Booky...- le sonrió de nuevo- . Encantada de conocerte

Al elfo aquello pareció emocionarle un poquito, pero como nunca le habían dado pie para ser cariñoso y Lily tampoco sabía si podría darle un abrazo, aunque fuera uno pequeño, al elfo, los dos se limitaron a mirarse con afecto.

- Booky también está encantada de haberla conocido señorita Evans. ¡Vuelva cuando quiera!

Y el elfo salió de la habitación con una sonrisa y dejando a Lily con muchísima tristeza. La pelirroja terminó de doblar las sábanas y las guardó en un arcón que había en una esquina de la habitación. Cuando todo estuvo recogido, la chica recogió su bolsa y le echó una última mirada circular a la habitación.

Tenía ganas de ponerse a llorar. No por James, al menos no sólo por James, sino también porque todo había terminado. Porque todo el esfuerzo y tiempo de aquellas semanas se quedaba allí...

Permitiéndose un par de lagrimillas, que no llegaron a rodar por sus mejillas por falta de fuerza, Lily suspiró profundamente y salió de la habitación.

A los diez minutos, después de hacer una última revisión y de haber encantado la televisión para que volviera a su propia casa, la chica salía de nuevo de la mansión. Cerró la puerta y puso los conjuros de protección. Y cuando se alejó dos pasos, toda la casa, la puerta, la imponente fachada, todo desapareció.

La pelirroja se sentía pesada, como si tuviera un cuerpo de doscientos kilos, y ella sabía que ése era el preludio a una gran tristeza.

Sin embargo, no le dio tiempo a ponerse triste porque cuando llegó a la plaza donde cogía el autobús y antes de haber levantado la varita para llamarlo, el autobús derrapó delante de sus narices. Y de sus puertas moradas bajó, ni más ni menos, que su mejor amiga.

Aunque un poquito más distinta que la última vez que se habían visto. Alice se había teñido el pelo casi totalmente con mechas de un precioso color berenjena, que le daban un toque moderno y ecléctico. Estaba muy guapa.

-¡Alice!- exclamó Lily, boquiabierta- . ¡Qué guapa estás!

-¡Lily, qué bien que te encuentro!- exclamó su amiga, abrazándola con una sonrisa.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó la pelirroja, sorprendida, cuando se separó de ella.

- Te llamé a casa para quedar y tus padres me dijeron que habías vuelto a terminar una cosa, así que vine a buscarte- Alice sonrió, con su sonrisa deslumbrante, y añadió- . Lily, nos vamos al Zigzag

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El Zigzag era un bar grande, enorme, situado en una de las callejuelas perpendiculares a la calle principal del Callejón Diagón. Llevaba abierto cuatro años, en él se pinchaban los mejores y más variados estilos de música y ya era el bar más popular entre los jóvenes.

La clave del éxito del bar se debía, principalmente, a dos factores que su dueño, un americano acostumbrado a la vida nocturna de Nueva York, que movía masas, había sabido ver como aciertos. El primero de ellos, era que pese a tener un estilo moderno y en continua innovación, lo que no resultaba barato, el precio de entrada era realmente asequible, al igual que lo eran las copas y consumiciones que te servían dentro.

El segundo de esos aciertos era que se trataba del único bar de la ciudad cuya franja de edad empezaba en los 16 años y no tenía un límite, consiguiendo que los estudiantes esperaran largas colas para entrar.

Y aquella noche, a menos de dos semanas del fin de las vacaciones, la cola de estudiantes y jóvenes alborotados daba dos vueltas. Por eso, cuando Lily llegó, acompañada de Alice y el resto de sus amigos, estuvo tentada de darse la vuelta y volverse a su casa.

Y lo hubiera hecho encantada, de no ser porque tenía una promesa que mantener. Y es que Alice se había tomado realmente en serio aquella promesa que su mejor amiga le hiciera en el jardín de su casa el día antes de empezar a trabajar en la mansión Black.

Mientras se colocaban al final de la larga cola y un par de amigos iban a buscar a alguien que pudiera colarles, Alice dirigió una larga mirada a Lily, sonriendo por lo guapa que veía a su amiga. Lily se había puesto unos vaqueros oscuros, ceñidos y una camiseta que se ataba al cuello de color negro, junto con un cinturón negro a juego. Sin embargo, lo que hacía que Alice viera más guapa a su amiga no era la ropa, sino el pelo, que le caía como una cascada de rizos rojos, ya que no le había dado tiempo o no había querido por pura pereza, secárselo y alisárselo al salir de la ducha.

Aunque eso sí, pese a lo guapa que iba, Lily no había dejado de refunfuñar por el camino y aún en aquel momento, mientras avanzaban en la cola, la pelirroja aún mascullaba alguna que otra protesta. Al verla, Alice soltó una risita, echándose hacia atrás los rizos teñidos de color berenjena. Lily siempre en su estilo, sí señor.

Mientras Alice se acercaba a chinchar a la pelirroja, a unos metros de allí, donde la cola daba una vuelta, se encontraban James, Sirius, Remus y unos cuantos amigos más, entre los que se encontraban Peter, Frank, el repartidor de pizzas, o Martine Parkinson con una amiga. James encabezaba su grupo, al principio de la cola, acompañado de Sirius y Remus, que hablaban animadamente. Sirius estaba poniendo al día a Remus por lo que James, como ya lo había escuchado, se limitaba a mirar a la gente que había en la cola y de vez en cuando intervenía en la conversación entre sus dos amigos, aunque no estaba propiamente dentro de ella.

Detrás, Peter hablaba con Frank y el resto de sus amigos y amigas, y un poco apartada, Martine Parkinson, buscaba que su mirada se encontrara con la de James, para hacerle caídas de ojos. De vez en cuando, la slytherin le cuchicheaba algo a su amiga en la oreja, que miraba a James y se reía como una tonta.

Mientras James, aburrido de estar de pie y no avanzar, miraba su reloj y seguidamente al cielo como preguntándole a Dios que a qué hora iban a entrar, los puertas de la entrada dejaron entrar en el bar a un pelotón de veinte estudiantes universitarios, que entraron como locos, provocando que la cola avanzara lo mínimo 50 metros y James y los demás se encontraran prácticamente a las puertas del local.

-¡¡Eh, Black!!- se escuchó una voz detrás de ellos. Sirius, James y Remus se giraron, encontrándose cara a cara con Fabián Prewett y Michael Creeve, dos compañeros de Gryffindor, de su mismo curso.

-¿Qué tal tío?- saludó Sirius, con su espontaneidad habitual primero a Fabián y luego a Michael. James también les sonrió, a Creeve no le conocía, pero Fabián siempre le había parecido un chico la mar de legal.

-¿Nos podéis pasar la cola?- pidió Fabián, después de saludarles- . Es que estamos al fondo del todo, y a este paso llegaremos cuando cierren...

-¡¡Eh, Lily que nos cuelan!!- informó, pletórica de felicidad, Alice a Lily, cuando Michael volvió al final de la cola con las buenas noticias.

-¡¡Menos mal!!- exclamó la pelirroja, levantándose del pivote de circulación, su improvisado asiento- . ¿Quién nos pasa?- preguntó, interesada mientras todo el grupo seguía a Michael hasta donde estaban James y los demás. Ya que estaba allí, también quería saber quién más había ido.

- Creo que son Potter y Black y algunos más de Gryffindor. Hay un par de tías de Slytherin también, creo- le respondió Alice, prácticamente sin volverse, pues estaba abriéndose paso para avanzar.

Y si Alice se hubiera dado la vuelta, podría haber visto como, al escuchar el nombre de James, Lily se puso blanca como un papel y sus ojos verdes se desenfocaron ligeramente. Con la mirada perdida, la pelirroja se dejó guiar hasta donde estaban Fabián, Michael, Martine Parkinson, Sirius Black, Remus, Peter Pettigrew y, encabezando el grupo, James.

Lily bajó la cabeza, mirándose los zapatos, mientras intentaba camuflarse con el paisaje. Quizá si se quedaban al final del grupo, él no la vería...

- Pasad vosotros delante... Así si alguien protesta podremos decir que os guardábamos el sitio- dijo Sirius, empujando levemente a Alice, para que se moviera hacia el principio del grupo.

Lily maldijo las buenas ideas y el eficiente cerebro de su compañero de curso.

Y maldijo aún más cuando, al pasar junto a Remus, se chocó sin querer con él y el licántropo, al verla, exclamó, con una sonrisa:

-¡Oh, hola Lily!

Y aquello fue suficiente para que James, que no se había percatado de su presencia en lo más mínimo, se diera la vuelta y la viera. Lily bajó los ojos y luego volvió a levantarlos, aunque para mirar a Remus, al que sonrió con afecto.

-¿Qué tal, Remus?- le saludó, mirándole a los ojos, mientras la cola avanzaba otro tramo al entrar otro grupo.

- Psé, aquí andamos...- Remus le devolvió la sonrisa, al tiempo que seguían avanzando- . ¿Y tú?

Pero antes de que Lily pudiera responder, Alice volvió a buscarla, cogiéndola del brazo y tirando de ella.

-¡¡Venga Lily, vamos, que ya estamos a punto de entrar!!- dijo, tirando y haciendo que la pelirroja prácticamente avanzara a trompicones. Lily sólo pudo hacerle un gestito de despedida a Remus, que volvió a sonreír de nuevo y luego miró a James, extrañado de que no se hubieran dirigido la palabra. Se suponía que ahora se llevaban bien¿no? Eran hasta amigos...

James, por su parte, observó la cabeza pelirroja entre la masa de cabezas y luego bajó la mirada al suelo. Ni un saludo, ni una palabra, ni una mirada... Nada de nada. Ni siquiera le había hecho amago de querer saludarle o darle las gracias por pasarles la cola... Pero¿qué le pasaba a la pelirroja? Todo había estado tan bien aquel día, le había parecido que estaba tan feliz, tan segura... Y ahora, nada, como si no le conociera... Confuso, James se revolvió el pelo y avanzó otro tramo en la cola.

- James...- le dijo Remus, con el semblante un poco grave, mientras le ponía una mano en el hombro, al tiempo que volvían a avanzar.

Sin embargo, el merodeador de pelo revuelto no pudo escuchar qué le quería decir su amigo pues, la voz de Remus quedó sofocada por el sonido ensordecedor de la música.

Antes de darse cuenta, ya estaban dentro del Zigzag.

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Si antes, en la cola para entrar al Zigzag, ya se había podido respirar el ambiente y la euforia de la fiesta, dentro, el local y la gente que allí había estaba en auténtico estado de ebullición. El Dj pinchaba música a todo trapo, pasando con facilidad de un estilo a otro sin que el cambio resultase demasiado brusco, los camareros no hacían más que servir copas a toda velocidad, la gente estaba en un estado de euforia y felicidad exultante, todo el mundo estaba bailando, cantando, hablando, besándose con su pareja, tomándose copas, etc. y todo sin que el ambiente decayera ni un segundo.

Y como, después de tres horas, seguía sin decaer, Lily tuvo que admitir que el sitio estaba genial y que además se lo estaba pasando de maravilla. Le gustaba la música, estaba a gusto bailando y riéndose con sus amigos y por otro lado, el que los merodeadores se hubieran separado casi por completo de ellos al entrar y James no se le hubiera acercado en toda la noche, le provocaba un sentimiento agridulce de tranquilidad con algo de, por qué no decirlo, decepción y tristeza.

-¡¿A qué ha merecido la pena venir, Lily?!- le gritó Alice al oído, haciéndose oír por encima de la música, mientras salían de la pista de baile para ir a la barra.

Lily sonrió, asintiendo con la cabeza. En realidad, las dos o tres veces que había ido antes, también se lo había pasado muy bien, pero no volvía por pura pereza.

Cuando llegaron a la barra, Alice pidió un par de copas para ellas dos y una vez las tuvieron servidas, la chica del pelo color berenjena, se volvió hacia Lily.

- Por cierto- le dijo, hablando en voz muy bajita. La zona de la barra estaba encantada, de forma que escuchaban la música sólo de fondo y no a trescientos decibelios, como la escucharían en la pista, haciendo mucho más fáciles las conversaciones- . ¿Te has fijado en lo descaradamente que te está tirando los tejos Amos Diggory?- le preguntó, con una sonrisa de regocijo.

Amos Diggory era un Hufflepuff un año mayor que las chicas, por lo que ese año había dejado el colegio. Se habían encontrado en la barra y él y su grupo de amigos se habían unido luego a ellas en la pista. Amos tenía el pelo castaño claro, una sonrisa preciosa y una voz suave, agradable. Además era amable, correcto y simpático, muy Hufflepuff... No estaba nada mal el chico.

Lily sonrió, aunque frunció un poco el ceño, de forma que daba a entender que no lo creía.

- ¡Qué va¡Si va a por ti!- le respondió a Alice, con total sinceridad.

Aunque era difícil de saber, pues el casi universitario se había pasado toda la noche con las dos chicas.

Alice fue a replicar que ni hablar del peluquín, aunque fue interrumpida por Fabián, que se les acercó por detrás.

-¡¡Eh, pelirrojas!!- las llamó, mientras se acercaba.

Lily y Alice se miraron, como preguntándose por qué lo de "pelirrojas" si pelirroja sólo había uno y al mirarse, Lily dio con la clave. Bajo la luz de los focos del bar, el pelo rizado de color berenjena de Alice se veía rojo oscuro, de un color prácticamente igual al del pelo de Lily. Además, como la pelirroja (la verdadera) llevaba el pelo rizado ese día, al verlas desde atrás parecían exactamente iguales.

Al llegar junto a ellas, Fabián les rodeó los hombros con los brazos, mientras levantaba la mano izquierda para pedirle una cerveza a un camarero.

-¿Cómo están mis chicas?- preguntó, en tono paternal, su amigo provocándole una sonrisa a las dos chicas. En el colegio, Fabián, Lily y Alice pasaban mucho tiempo juntos, lo que había creado una confianza casi familiar.

- Aquí, tomando algo...- respondió Lily, encogiéndose de hombros.

-¡A ver qué tomáis¿eh?!- bromeó el chico, aún con su tono de padre. Luego se volvió hacia Alice- . Por cierto, Alice, he oído que Diggory, el de Hufflepuff, quiere contigo... ¿Tú quieres algo o le espanto?

Lily le puso a su amiga una sonrisa que parecía decir "¿Lo ves?" en letras rosas y fluorescentes y Alice, encantada, se desprendió del brazo de Fabián, separándose.

-¿Ah sí?- preguntó con una sonrisa, mientras cogía su copa- . Creo que voy a ir a hablar con él...

Y la vieron marcharse, acercándose a Diggory como quien no quiere la cosa.

- En menos de diez minutos, va estar metiéndole la lengua hasta la campanilla- profetizó Lily, con una sonrisa de oreja a oreja mientras bebía de su vaso de tubo.

Fabián asintió, con una sonrisa.

- Bueno¿y tú qué tal? No se te ha visto el pelo en todo el verano¿eh?- le reprendió, mientras le guiñaba un ojo- . ¿Qué has estado haciendo estas semanas?- preguntó el chico, interesado, mientras bebía de su botellín de cerveza.

- Uy, un montón de cosas...- le dijo Lily, haciéndose la interesante- . Ni te imaginas. He asaltado un banco¿lo sabías?- dijo, con el mismo tono en el que hubiera comentado que se acababa de comprar unas medias.

-¿En serio?- preguntó Fabián, asombrándose- . A ver, cuéntame eso

- Un momento, voy al baño y te lo cuento- le dijo Lily, dejando la copa sobre la barra. Fabián hizo un gesto de asentimiento- . Cuídame la copa

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Justo en el instante en el que Lily estaba entrando en el baño, James se apresuraba en salir del cerrado grupo de chicas que, nada más entrar, les habían rodeado, buscando ligar. Eran chicas del colegio, simpáticas, y la mayoría de ellas bastante guapas y parecían tan dispuestas que besar a alguna de ellas hubiera sido facilísimo pero James, simplemente, no sentía ningún deseo de hacerlo. No estaba de humor aquella noche.

Y que su cerebro no dejara de enviarle imágenes de lo que había vivido las últimas horas, aquella mañana o la noche anterior, junto a Lily, no contribuía a mejorar su humor. Desde que habían entrado, había evitado encontrarse con ella, mirarla, aunque, en el fondo, no había dejado de buscarla, de intentar encontrarla en aquella masa heterogénea de cuerpos que se movían... Y sólo una vez había conseguido divisar su melena roja y rizada, a los lejos, junto a un grupo de ex alumnos de Hufflepuff

-¡Eh Remus!- le gritó a su amigo, que se encontraba hablando con Meredith Queens, una Gryffindor un año más joven a la que su amigo había echado el ojo- . ¡Voy a buscar una copa a la barra!

El licántropo asintió con la cabeza y James fue abriéndose paso hacia la barra, dejando a sus espaldas a Remus con una Meredith que sonreía como una boba y a un Sirius rodeado por al menos, siete chicas, todas ellas mayores que él.

Mientras esperaba a que algún camarero pudiera hacerle un poco de caso, James se dedicó a observar a la gente que tenía a su alrededor. Conocía a muchos, no en vano el Zigzag era un sitio que los merodeadores solían frecuentar, aunque estaba tan lleno que también había un buen número de gente a la que no conocía para nada.

-¿Quieres algo, guapo?- le preguntó una camarera, que se estaba secando las manos en un pañuelo.

- Un whisky de fuego con coca- cola, por favor- pidió James, sin apenas mirarla, pues sus ojos castaños habían divisado, a lo lejos, a Amos Diggory, el antiguo guardián de Hufflepuff. Diggory llevaba de la mano a una chica, a la que James no podía ver bien, pues unas chicas que estaban pidiendo en la barra, obstruían su campo de visión.

Un poco por curiosidad, el merodeador se inclinó levemente para poder ver quién era la chica de Diggory, y en aquel momento, las chicas que le tapaban a la pareja se apartaron y James pudo verles con claridad. Diggory estaba apoyado contra una pared y la chica, una pelirroja de largo pelo rizado, le rodeaba el cuello con los brazos, mientras se besaban apasionadamente.

Y James se quedó helado. Una pelirroja. Con el pelo rizado. Pelirroja...

Lily.

El merodeador de pelo revuelto apartó la mirada, sintiendo que el suelo se abría a sus pies. No tenía por qué ser ella, se dijo. Pero sí lo era, era Lily. James estaba seguro, sobretodo porque la única vez que había sido capaz de encontrarla, la había visto hablando con un grupo de ex alumnos de Hufflepuff. De Hufflepuff, como Diggory.

- Guapo¿hasta aquí te parece bien?- le preguntó la camarera, refiriéndose al vaso que acababa de llenar casi hasta la mitad de whisky de fuego.

James la miró, con los ojos un poco desorbitados, y luego miró el vaso.

- Sí...- dijo, con un hilo de voz que, gracias al conjuro insonorizador, la camarera pudo oír. Luego, se lo pensó durante unos instantes y levantó los ojos, con decisión- . ¿Sabes qué? Mejor llénamelo hasta arriba...

Aquello iba contra la política del bar, pero la camarera pensó que James parecía necesitarlo de veras. Así que se lo llenó hasta prácticamente el borde y le sonrió con suavidad cuando James le pagó.

- Espero que te sirva, guapo...- le deseó, mientras él se marchaba.

James se alejó de la barra con el vaso en la mano, sin volver a mirar a Diggory y a Lily. Aunque al recordarlo, el chico se tambaleó un poco, como si estuviera mareado.

Con cansancio, y dolido, se dejó caer en uno de los sofás que rodeaban una mesa, a pocos metros de la entrada del baño. Ésa era la mesa en la que los merodeadores y sus amigos solían sentarse cuando iban al Zigzag, precisamente porque estaba cerca de la barra y cerca de los baños, lo que les ofrecía una buena perspectiva de las chicas que desfilaban hacia el baño durante la noche. Aunque a James, en aquel momento, no le interesaba ninguna de ellas.

Dio un largo trago al vaso cargado hasta arriba de whisky y luego, dejó caer la cabeza hacia atrás, para apoyarla en el respaldo del sofá, para estar cómodo mientras se emborrachaba y caía en la autocompasión. El Zigzag no era el lugar que él elegiría para ello, pero tampoco se sentía con fuerzas para ir a buscar a Sirius, o a Remus y decirles que se marchaba a casa. Habría demasiadas preguntas y además, con la suerte que estaba teniendo aquella noche, seguramente, se volvería a encontrar a Lily, fundida en un pasional abrazo con Amos Diggory.

James rechinó los dientes. No sólo se sentía herido, destrozado. También estaba furioso. El dolor por la traición que sentía se estaba metabolizando, poco a poco, y con la ayuda del whisky, en una furia y una rabia crecientes.

Volvió a alzar el vaso para llevárselo a la boca y entonces escuchó una voz suave, casi un ronroneo, saludándole:

- Hola James...

El chico levantó la cabeza para encontrase con Martine Parkinson. Martine era una chica de Slytherin, de su mismo curso, con una melena oscura y lisa como una tabla, unos ojos como el chocolate fundido y un cuerpo de mujer diez. Aunque Martine tenía dos grandes defectos, que James no soportaba: el primero era que era una cotilla y una presumida sin par, incapaz de creer que hubiera un solo hombre en el mundo capaz de resistirse a sus encantos. El segundo era que era posesiva hasta el punto de resultar pesada. Todos sabían que se había pasado todo el verano intentando que su relación con el merodeador fuera más allá de las dos veces que se enrollaron y la vez que se acostaron.

- Hola Martine- la saludó el chico, echando de nuevo la cabeza hacia atrás. Martine se sentó pegada a él en el sofá, de lado, con el brazo apoyado en el respaldo, de forma que le quedaba muy cerca de la cabeza de James.

En una de esas, pensó la Slytherin, aprovecharía para acariciarle el pelo.

-¿Qué haces aquí tan solo?- le preguntó, con su voz clavada al ronroneo de un gato.

James, que tenía ganas de decirle que se largara y le dejara en paz, levantó el vaso.

- Estoy descansando- añadió- . Estoy algo cansado...

-¡Vaya...!- la joven emitió algo parecido a una risa- . ¿Quieres que te ayude a ponerte cómodo?- le sugirió, aprovechando el momento para acariciarle el pelo.

James la miró, con sus ojos castaños, sin decir una palabra. Tenía ganas de decirle que no le tocara, pero no tenía fuerzas ni para eso.

- Le dije a Remus que te dijera que me llamases y no lo has hecho...- añadió Martine, poniendo cara de falsa pena- . Me he sentido muy sola sin ti...

Y utilizando la misma mano que le había acariciado el pelo, descendió hasta los botones de la camisa de James, desabrochándole el primero. James le apartó la mano, quizá con un poco de crudeza.

- Estate quieta- le dijo, secamente- . No tengo ganas...

La morena arrugó el rostro. James nunca había estado tan evasivo, ni tan arisco. Mucho menos en un momento de fiesta como aquel ni cuando ella iba vestida de una forma tan sexy.

James ni se había fijado en la ropa de la chica.

Durante un par de segundos, ninguno dijo nada, hasta que Martine decidió volver a la carga otra vez, pensando que ella era perfectamente capaz de provocarle las ganas hasta al más desganado.

- James- ronroneó- , estás tenso... Voy a ayudarte a relajarte¿vale?- y con la seguridad de una persona que no está acostumbrada a que la digan que no, se inclinó hacia el merodeador y cogiéndole la cara entre las manos, le plantó un beso profundo en los labios.

Justo en el instante en que la puerta del baño se abría, apareciendo tras ella, Lily. Si la mesa no hubiera estado tan cerca de la puerta, probablemente la pelirroja hubiera pasado de largo sin ver nada, sin enterarse de nada. Pero lo cierto era que la mesa, el sofá en el que Martine estaba besando a James, estaban muy cerca del baño y Lily lo vio todo como si estuviera junto a ellos.

La chica se quedó estática, viendo como las manos de James subían por la espalda desnuda de la Slytherin, como sus ojos se cerraban y su boca se movía con la de Martine.

Porque sí, durante unos instantes, James se dejó llevar por la rabia, por las imágenes que se agolpaban en su mente de Lily besándose con Diggory y las imágenes de Lily besándole a él, por la furia y por el efecto del alcohol y respondió al beso de Martine.

Y Lily tenía ganas de evaporarse, de desvanecerse, toda la alegría, la euforia de la fiesta se había borrado de su cuerpo como si nunca hubiera estado allí. Necesitaba salir de allí, lo necesitaba, pero su cuerpo no respondía a sus deseos. Y lo hizo en el instante en que Martine se subía a horcajadas sobre el merodeador. Decidiendo que ya había visto más que suficiente, Lily se marchó de allí.

Y al medio minuto de que la pelirroja se hubiera ido, James reaccionó y apartó a Martine. Estaba furioso y todavía se sentía traicionado pero su cuerpo había reaccionado instintivamente, pasando de las órdenes que le mandaba su cerebro de hacer lo mismo que Lily había hecho.

-¿Qué pasa?- preguntó Martine, con su ronroneo habitual, mientras se inclinaba de nuevo para besarle. James, que la primera vez la había separado con suavidad, la apartó con más fuerza al ver que insistía. Al final, consiguió bajarla de su regazo.

- No tengo ganas Martine- repitió. Le hubiera gustado disculparse, pero conocía a la morena y sabía que eso le hubiera dado pie para seguir intentándolo.

Así que como no se disculpó, obtuvo el efecto contrario: Martine se indignó, pues su ego no entendía que no quisiera estar con ella.

-¡¿Y se puede saber por qué no tienes ganas?!- exclamó, indignada.

- Porque no- respondió, rotundo, James, mientras la miraba con dureza desde sus ojos castaños.

No tenía ninguna gana de discutir con Martine, pero también sabía perfectamente que él había provocado aquella situación, al devolverle el beso. Aunque también, siempre le había dejado claro a la morena que no quería nada más con ella de lo que ya habían tenido.

Y antes de que la chica pudiera insultarle, continuar discutiendo o simplemente pronunciar una sola palabra, Sirius, que apareció como caído del cielo, dejándose caer en el sofá, en el hueco casi minúsculo que había entre James y Martine, por lo que los dos tuvieron que moverse.

- Remus se ha ido con la Queens- dijo, con algo parecido a la amargura, aunque en sus labios bailaba una media sonrisa.

-¿Y tus siete universitarias cañón?- le preguntó James, agradecido porque algo hubiera detenido la conversación.

- Sólo había dos que estuvieran cañón- respondió su amigo, todavía con la amargura en el rostro- . Y tenían novio. No me apetecía liarme con las otras... Creo que Coralie ha dejado el listón muy alto...

Martine, viendo que, por la intervención de Sirius, James no tenía ninguna intención en seguir hablando con ella, se levantó del sofá, con indignación, colocándose la minifalda y decidiendo que si James era tan tonto de no aprovechar que ella quería estar con él, otro lo haría.

Sin decir ni una palabra, se marchó de allí. James y Sirius la siguieron con la mirada y cuando desapareció de su campo de visión, Sirius se volvió a su amigo, con una sonrisa pícara.

-¿Qué tal con...? – la señaló con un movimiento de cabeza.

James simplemente, se llevó el vaso a los labios y se bebió la mitad del contenido.

- Vámonos de aquí, Pad, vámonos- le dijo, mientras le pasaba el vaso. No era una petición, más bien parecía una orden, pero Sirius entendía que aquello era casi una súplica.

Se bebió lo que quedaba de whisky de fuego y se levantó, limpiándose la boca con el dorso de la mano, con aire rudo.

- Está bien- dijo, mientras ayudaba con una mano a levantarse a su mejor amigo. Esbozó una sonrisa rápida y miró el vaso vacío- . Creo que quiero emborracharme...

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

Más de cuatro horas más tarde, a eso de las cinco y media de la mañana, y bajo una lluvia torrencial, Sirius y James hacían eses, agarrándose el uno al otro para no caerse cada dos pasos.

Los dos iban como cubas, absolutamente ebrios.

Sirius llevaba un cubrepezón enganchado en una oreja, un tanga alrededor de la mano derecha y otros tantos en el bolsillo de la cazadora. Por su parte, James llevaba un sujetador firmado y con teléfono incluido en una mano y en sus mejillas estaban las marcas un poco corridas por la lluvia de siete tipos de pintalabios distintos, todos ellos pertenecientes a siete bocas distintas.

-¡Vamos a buscar más mujeres en cueros, Prongs!- exclamó Sirius, totalmente borracho, pasándole un brazo alrededor de los hombros.

- No quedan. Hemos visto a todas las mujeres en cueros del mundo- le respondió James, que iba un poquito mejor, mientras sujetaba a Sirius con la mano que le quedaba libre.

- Oye¿y el resto¿Dónde están los demás?- preguntó Sirius, mirando por detrás de su hombro, buscando a sus amigos desaparecidos, los pocos que se habían atrevido a acompañarles.

James trató de recordar en qué momento se habían marchado sus amigos... ¿En el tercer bar de strepteasse o había sido en el cuarto?

- No están. Se han marchado todos a casa- le respondió a Sirius, soltando seguidamente una risita cuando su amigo, al dar un paso, se tropezó con el mismo pie con el que estaba dando un paso.

- Traidores- dijo Sirius, frunciendo el ceño- . Nadie aguanta como tú y como yo¿verdad Prongsie?

- Claro que nooo- James negó repetidamente con la cabeza- . ¡¡Nadie puede compararse con los grandes Prongs y Paddy, los reyes de la fiesta!!- añadió, golpeándose el pecho con orgullo.

Sirius no le respondió, pues estaba totalmente concentrado en dar un paso como Dios manda. Sin embargo, pese a su concentración, los pies se le enredaron con los de James y en menos de un segundo estaban los dos en el suelo, aún más empapados que antes, y desternillándose de risa.

- Tío, Paddy¿tienes alguna idea de dónde estamos?- le preguntó James, después de reírse un buen rato, mientras se sentaba en la acera, junto a una farola, que les alumbraba.

Sirius miró a su alrededor, parpadeando desorientado, mientras se sentaba a su lado.

- Ni idea. ¿Y si intentamos aparecernos en casa?- sugirió.

- Vamos demasiado borrachos...- James negó con la cabeza- . Terminaríamos en el Congo como poco. Aunque siempre sería mejor que dejarte coger un traslador...- añadió, con una sonrisita maliciosa.

- Ja, ja, ja. Me parto contigo, Prongs- le respondió Sirius, sarcástico- . ¿Y qué sugieres Don Gracioso?

- Algún taxi pasará por aquí...- dijo James, encogiéndose de hombros.

Sirius asintió con la cabeza y los dos se quedaron mirando a la carretera, en silencio.

-¿Sabes, Prongs?- dijo Sirius, sin mirar a su amigo. De golpe, se había puesto serio- . Creo que voy a marcharme de casa...

James levantó la cabeza, que hasta aquel momento había tenido enterrada en las manos, para mirar fijamente a Sirius, que seguía con la vista clavada en el lado opuesto de la calle.

- Ya...- fue lo único que atinó a decir. No sólo porque no se le ocurriera que más decir sino porque, además, sospechaba que su amigo no lo había dicho todo...

- Sé que si me marcho, no podré volver- continuó Sirius- . Pero yo no puedo más, James, estoy harto...- añadió con amargura- . No soporto sus ideas de mierda, ni sus puñeteros delirios de grandeza, ni la forma que tienen de clasificar y tratar al resto de la gente, como si no valieran una mierda a su lado...

Con rabia, le dio un puntapié a una piedra pequeña que había en el pavimento y se mesó el pelo con fuerza.

- Pero en el fondo...- continuó, con la voz levemente quebrada- . Es mi familia. Y si me marcho, estaré solo...

Sirius contuvo un suspiro, mientras su cuerpo se estremecía y temblaba ligeramente.

- No vas a estar solo- le dijo James, al cabo de unos segundos de silencio. Sirius alzó los ojos hacia él, James tenía la vista clavada en el frente y no le miraba, pero su rostro estaba imperturbablemente serio.

Esperó unos segundos antes de continuar, como si estuviera eligiendo las palabras adecuadas.

- Si quieres...- hizo una pausa y se corrigió- . Si necesitas marcharte, hazlo...- volvió la cabeza para mirarle, con la misma expresión seria- . Te vienes a mi casa y luego, ya veremos... Pero no te quedes en esa casa sólo por miedo a estar solo, a tener que sobrevivir por tu cuenta. Nosotros estamos de tu parte, Sirius, y te ayudaremos en lo que haga falta...

En aquel momento, Sirius sintió que gran parte de la congoja desaparecía y tuvo que hacer un soberano esfuerzo para no echarse a llorar, de lo conmovido y agradecido que se sentía.

James no añadió nada más, simplemente, se limitó a pasar un brazo alrededor de los hombros de Sirius, dándole un tosco abrazo, mientras su amigo, con la cabeza gacha, murmuraba cientos de palabras de agradecimiento...

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A la mañana siguiente a James y a Sirius les despertó el sonido de una voz tan potente como la del tío del anuncio de los Micro Machines.

-¡¡Arriba, holgazanes, que son las tres de la tarde!!

James entreabrió un ojo con cautela y pudo distinguir a Remus, abriendo todas las cortinas de la habitación, hasta que el salón de la mansión Black estuvo tan iluminado como el paraíso.

- Vete. Vete muy lejos- masculló Sirius, colocándose el cojín que había utilizado a modo de almohada alrededor de la cabeza. Remus, por toda respuesta, le quitó el cojín de la cabeza y le desprendió de la manta de lana, haciendo que Sirius, privado de cualquier clase de defensa, soltara un juramento.

Satisfecho porque había conseguido que Sirius se incorporara, Remus se dirigió a James, que se había hecho una bolita, aferrándose con fuerza a su cojín y a su manta.

- Prongs, levántate- le ordenó, cruzando los brazos con severidad.

- No quiero- le llegó la voz, adormilada y amortiguada por el cojín, de James.

Remus le miró con el ceño fruncido y luego esbozó una mueca de circunstancias.

- Muy bien- dijo, con tono resuelto mientras se remangaba las mangas de la camisa azul claro que llevaba.

Dio la vuelta al sofá y cogió a James de los pies, tirando de él hasta que le sacó del sofá.

-¡¡Joder, joder, Remus!!- protestó el merodeador de pelo oscuro, cuando se golpeó el cuerpo semidesnudo (sólo llevaba los calzoncillos) contra el frío suelo- . Podías darme una tregua¿no? Que ayer volvimos muy tarde...

- Y bebimos de todo, incluso purgante...- masculló Sirius, que se sujetaba la cabeza con una mano, pues sentía que le pesaba dos toneladas.

- No haberlo hecho- Remus se encogió de hombros- . Eso os pasa por bestias...

Tanto Sirius como James le lanzaron una mirada de odio tan profundo, que Remus terminó sonriendo.

- En fin, iré a preparar café. Para que luego digáis, ingratos...- dijo, mientras echaba a andar hacia la puerta del salón- . Como os volváis a dormir, os tiro de cabeza a la bañera y os aseguro que el agua no estará caliente- amenazó, blandiendo el dedo índice- . Y, Sirius, quítate ese cubrepezón que llevas en la oreja, tío...- añadió, antes de salir por completo.

- Si nos dormimos... ¿Crees que nos tirara en serio a la bañera?- preguntó Sirius, mientras se quitaba distraídamente el cubrepezón que llevaba en la oreja.

- Seguro que sí. Ese no tiene piedad ni con sus mejores amigos...- respondió James, con rencor, mientras se frotaba la espalda dolorida por el golpe contra el suelo.

Mientras Remus preparaba café en la cocina y James y Sirius se desperezaban, fuera, en la calle, Lily miraba dubitativa el hueco que había entre los números 11 y 13 de Grimmauld Place, dudando si hacer aparecer la entrada del número 12.

Había ido allí convencida por Alice y Fabián. La noche anterior, después de ver a James con Martine Parkinson, Lily había estado tan triste, tan apagada, que sus dos amigos habían terminado sonsacándoselo. Según Alice y Fabián, todo tenía que ser un malentendido; un chico no te decía que te quería y al día siguiente se estaba enrollando con otra...

Aquello había convencido bastante a Lily, aunque en el fondo, albergaba la duda de que James sólo le hubiera dicho que la quería para poder conquistarla... Sin embargo, había parecido tan sincero...

Además, a la pelirroja no paraban de venirle a la cabeza las palabras que el merodeador le había dicho aquella noche: "¡Sí que te escapas¡Te he dicho que te quiero y te has escapado¡Y sigues escapándote! "

Pues bien, ahora no pensaba escaparse. Se enfrentaría a ello, hablaría con él...

Inspirando hondamente, la pelirroja se atusó la chaqueta y con voz alta y clara, hizo aparecer la entrada de la mansión.

Con cautela, y sintiéndose como si estuviera hallando la casa, Lily abrió la puerta y con pasos silenciosos, se adentró en el recibidor. Le pareció oír la voz de James, y la de Black, en el salón así que, inspirando nuevamente, la pelirroja fue hasta allí.

- A ver si se da prisa Remus con ese puto café...- estaba diciendo Sirius, con mal humor, cuando la joven abrió la puerta. Al escuchar el sonido que hizo, James levantó la cabeza y Sirius se volvió, ambos pensando que era Remus con el café prometido.

A James se le congeló la sangre en las venas cuando vio a Lily allí. Aunque durante unos pequeños instantes el merodeador sintió una leve esperanza, su cabeza, pese a la resaca, rápidamente le hizo recordar las escenas de la pelirroja besando apasionadamente a Amos Diggory y una fría furia le invadió.

-¡Evans!- había exclamado Sirius, al verla allí.

- Hola Black- Lily le saludó con un movimiento de cabeza y luego, tragó saliva antes de volver a hablar- . Este...

-¿Qué quieres, Evans?- le preguntó James, con el rostro serio y un tono glacial, lanzándole una dura mirada.

Y Lily sintió que volvía a desmoronarse. Había tanto desprecio, tanta indiferencia en la voz de James, que a la chica se le fueron todas las fuerzas para intentar hablar con él. Con aquellas tres palabras, tan simples, tan frías y tan rabiosas, le había dejado claro que aquello era insalvable.

- Evans¿qué quieres?- repitió James, alzando un poco la voz.

Lily frunció un poco el ceño. ¿Por qué era tan desagradable? Ella no había hecho nada de nada, es más, el que había traicionado a su "pareja", si es que en algún momento habían sido eso, había sido él. ¿A qué venía entonces tanta acidez y bordería?

- Nada, Potter, creía que aún tenía algo que hacer aquí, pero acabo de darme cuenta de que lo dejé todo hecho antes de marcharme- dijo, con el mismo tono duro que James usaba. Se volvió a Sirius y le sonrió suavemente- . Adiós, Black

Y dicho esto, salió de allí, topándose con Remus en la puerta, que iba cargado con un par de cafés.

-¡Eh, Lily!- la llamó pero la chica iba tan rápido que ya había salido.

Remus frunció el ceño, pensando que todo aquello era muy raro, y luego entró en el salón.

-¿Qué hacía Lily aquí?- preguntó, mirando especialmente a James, que se estaba poniendo los vaqueros, mientras repartía las tazas de café.

- Dice que pensaba que había dejado algo sin hacer- Sirius se encogió de hombros, aunque también pensaba que era raro, sobretodo por las miraditas que se habían echado James y ella- . ¿Lleva azúcar?- preguntó, olisqueando el café.

Remus negó con la cabeza.

- Se me olvidó, perdona- se disculpó, mientras Sirius, tambaleándose un poco, se ponía en pie.

- Anda, quédate tú con este, ya voy yo a por otro- le dijo, dándole su taza y marchándose de allí con un sonoro bostezo.

Remus, entonces, se volvió hacia James, que daba unos tragos tan largos a su café que en cuestión de minutos se lo terminaría.

-¿Se puede saber qué te pasa con Lily?- preguntó el licántropo, mirándole fijamente.

James levantó la cabeza para mirar a su amigo y Remus pudo ver en su rostro furia, pero también tristeza y amargura.

- No quiero hablar de Lily¿vale?- dijo, con sequedad mientras se ponía en pie- . Voy por más café...

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A unos cuantos kilómetros de Grimmauld Place, Lily miraba el paisaje difuminado a través de las ventanillas del autobús Noctámbulo, que giraba, aceleraba y frenaba con mucha brusquedad.

Sin embargo, Lily ni siquiera pensaba en las vueltas que estaba dando o que, en una de esas, podrían matarse, no. La pelirroja estaba concentrada en canalizar su furia hacia una sola persona: James.

¿Así que no podía ser que un día le dijera que la quería y al siguiente se estuviera enrollando con otra sin ninguna razón¡Y una mierda! Por supuesto que sí podía ser y estaba clarísimo que para el merodeador ella había sido una conquista que añadir a su lista. Le había dicho que la quería para convencerla, y ella, como una idiota, había caído. No se lo había dicho más veces tampoco, y Lily veía muy claro el porqué.

¡Maldita sea¡ Lo peor de todo era que a ella sí le había hecho sentir bien, que sí que había sentido algo por él...!

Pero ya estaba. Se había terminado. No iba a ser tan tonta, no pensaba llorar su desengaño ni haría nada por volver a intentar nada con James... Simplemente, aprendería del error. Aunque no se olvidaría.

La pelirroja soltó un profundo suspiro y apoyó la frente en una de las ventanillas del autobús.

Y es que, por mucho que le pesase, sabía que tampoco iba a ser capaz de olvidar ese mes de verano que había pasado con James en la mansión Black.

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¡¡Holaa¿Qué tal? Yo con una gripe de espanto, pero muy contenta porque por fin pude publicar!!(aunque en realidad, esto estaba para publicarlo el jueves por la noche, pero la "maja", nótese el sarcasmo, de mi madre no me dejó ) Como siempre, no tengo excusa para todo lo que he tardado. Soy horrible, lo sé, pero es que, dejando de lado los exámenes y eso, nunca cogía con ganas la historia, no me cuadraban las cosas, no me gustaba como quedaba... Pero bueno, al final lo conseguí. ¿Qué os ha parecido? Y esto se acaba, le queda un capítulillo y se acabó (no pensaréis que lo voy a dejar así eehh??). Ahora estoy con otras dos historias que publicaré cuando termine con este y tengo otras 3 en la cabeza que me apetece mucho escribir

Por cierto, he descubierto la razón por la que tardo tanto en actualizar: hago unos capítulos demasiado largos y así, entre pitos y flautas, me paso dos meses para terminarlos...

Y no es que quiera haceros chantaje, pero si me dejáis reviews, me pongo a escribir con muchas más ganas!! (vale, se ha notado mucho el chantaje no?)

En fin pues eso, os veo en el próximo capítulo, muchas gracias por leeros esto y por fiiiisss, dejadme un review!!(abajo contesto a los del cap. anterior, muchas gracias a todoss!!) Muchos besitos!! Muaks!!

Ana

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Hotaru-Kirei: Holaaa enanaaa!! Muahahaha me encanta que seas tan maja!! Maja!! que me pones rr porque te obligo aunque no estés inspirada xD que sepas que a mí tu carita de Bambi no me afecta que te conozco desde que naciste. Querías Sirius?? Pues aquí tienes Sirius para dar, tomar y regalar xD y que sepas que si se me cuelan cosas, es porque no me haces de Beta, mala : ( te perdono si me pones otro rr (si no, te obligo xDD). Ale, baci!! Muaaa!!

Namie Natsuki(o Fleur): ¡¡Hola guapa!! Gracias por el review!! Te cambiaste de nombre!!! OO bueno este también es muy bonito La pareja de Lily y James... a mí también me encanta!! aunque en este capi les hice sufrir, es que si no, no tiene gracia ; P (seré sadica xD) Espero que, aún así, te haya gustado!! Que tú también estés bien! Un besazo!

Ray Laé Àlfori: ¡¡Hola!! (viste que puse los acentos?? es una pena que no se vean cuando entras : S y a todo esto, es élfico verdad??) Muchas gracias por el review!! Y me encantó lo de que hay que escribir cuando se tiene el tiempo y la inspiración para hacerlo bien, en serio, te lo agradezco porque a veces me siento muy culpable : ( en fin, me alegro que te gustara el capitulo anterior, qué te ha parecido este? Espero que te haya gustado también!! Pues nada guapa, molts petonets, ciao belle!! (yo también te hago un coctel lingüístico jaja)

Danny: ¡¡Holaaa!! Muchas gracias por ese review tan largo, me encantó!! Y siento haber tardado tanto! Me alegro que te gustase la historia, a mí los dos últimos capítulos también me encantan (porque soy muy fan del LilyxJames) aunque con el último tenía mis dudas... Ya sabes, una se embala y piensa que igual no queda creíble... Pero me alegro de que te gustase!! No se desarrolla dentro de Hogwarts mayormente, porque la idea me surgió a final de verano, y claro, lo tenía fresquito. Aunque también tengo ganas de hacer una historia en el colegio, no te creas (todo se andará... : D). La razón por la que no quise que James y Lily se acostaran juntos fue, precisamente, porque no quería que, después de este capítulo, pareciera que James se había aprovechado de ella o le había dicho que la quería para llevársela a la cama... Y bueno, digamos que su relación sí se ha ido a pique, pero te prometo que se solucionará! Pues nada, espero que te guste este capítulo!! Un besazo!!!

Muci-11: ¡¡Hola¿Qué tal? Muchas gracias por el review y me alegro mucho de que te gustara el capítulo!! Era el que todas esperabais no?? aunque igual queréis matarme por lo que les he hecho a Lily y a James en este, pero me comprometo a solucionarlo!! Perdona que haya tardado tanto!! Espero que la reacción de James al ver a Sirius no te decepcionase!! Un besito!!

fenix88: Hola linda!!! Por fin actualicé, eh?? Perdona que haya tardado tanto!!!! Como siempre, me encanta lo simpática que eres, que siempre estás deseando leer un capítulo más. No veas como me halaga que digas que no puedes vivir sin mi fic (pero no te me mueras eeh??). Espero que el capítulo te haya gustado y me dejes uno de esos reviews que tanto me gustan! Ya me dirás que te pareció And you rock too!!! Un besazo!!! Muakiiiss!!

lianss: ¡¡Hola!! Muchas gracias por el review, me alegro que el capitulo te gustara!! A ver si con este igual! Un beso!!

Nana/Die: tíaaa como te quiero, me encantan tus reviews todos currados!!!! eres la peich!! Muahahahah has visto que erostica me he vuelto?? Son las influencias de Kao, que el tio es un macho men que no veas xD y lo de las maldivas, es que me tienes obsesioná con tu boda!! y dile a tu madre y a tus hermanas que dejen de llamarme para pedirme que espie a Shin por Dios, que me ponen contra la espada y la pared!! Mañana sí voy a clase!! Vendrás, no??, tienes que veniiirr que me aburro sin ti!! (encima que me quedo sin ir a patinar, snifff... ) weno pixurriña, un besazooo!! tqqq!!! PD de Hachi: Nana!!! te echo mucho de menos, estoy encerrada en la mansión de los Black!! Takumi y Sirius han decidido que son tan guapos y parecidos que quieren vivir juntos para poder mirarse al espejo continuamente: ( me obligan a cocinar!! yo quiero volver con Nobu y con Shin, y con Yasu y con Nana of course!! rescatamee por el amor de Cristus (o de Jack o de Jones xDDD)!!! bexitosss!!

Lady Cornamenta: ¡¡Hola¡¡Muchas gracias por el review y por agregarme a favoritos y todo eso !! No importa que no seas buena con los reviews (que no es verdad, sí que lo eres), siempre se agradecen un montón!! Me alegro que te gustara el fic y siento haber tardado tanto. Un besito y saludos a tu gatita !!(PD: vi en tu profile que hace poco fue tu cumpleaños así que, aunque con retraso, felicidades!! )

mvvblack: eyyy wapa!!!! qué taal?? gracias por el review, me encanta que me digas que te gusta!! Pues ya no queda mucho, un capítulo o dos como mucho (me lo estoy pensando) pero volveré con cosillas nuevas, a ver si te gustan! Pues nada, un besito muy grandeee!!! MUAKS!

Cataelbereth: ¡¡Holaaa¡¡Muchas gracias por el review!! Jooo, me alegro que te guste el fic, sobretodo el capítulo 6, ahora me siento culpable por habermelo cargado en el 7... pero lo arreglaré!! Bueno, un besazo!!! Muaks!!

Yedra Phoenix: ¡¡Holaaa!! Muchas gracias por tus dos reviews!! Me encanta que te guste la historia y te agradezco un montón los halagos y los ánimos la conversación entre Sirius y James cumplió tus expectativas?? Ya me dirás que te pareció!! Un besito fuerte!!