¿Publicando tan rápido? Sí, lo sé es un sorpresa, pero después de haberlas hecho esperar más de dos mese para el capítulo anterior me pareció que debía publicarles este de inmediato, que debo decir ya estaba escrito ante de publicar el capítulo 6.

Quiero decir que ya tengo el próximo capítulo y lo subiré, pronto, espero.

Espero que no me odien... mucho por lo que he hecho.

Este es el capítulo más largo que jamás he escrito en toda mi vida fanfictionesca(?) y además el que menos me he demorado en escribir.

¿Que si Bella recupera la memoria? Los reviews y mis PM están llenos de esta pregunta, me he negado a responderla pero ya me he resignado así que lo diré. Sí, si lo hace así que no entren en pánico.

Isabella como punto de vista.


My Immortal.

"A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta." Solo la muerte, Pablo Neruda.


-.-

"Vamos, vamos, vamos," susurré apurándole. Encendió el auto con una sonrisa ladina y arrancó.

Me estaba escapando con Damon Salvatore a un bar a las afueras de Essox. Bueno, escapando sonaba como si no fuese lo suficiente mayor para ir a dónde yo quisiera. Pero, Piper no sabía para dónde iba, y la familia de Damon tampoco, por lo que de uno u otro modo esto contaba como una escapada.

Me sentía como una colegiala huyendo a medianoche.

"Isabella no nos van a descubrir… ¡Dios, realmente sonamos como adolescentes!" sus ojos estaban fijos en la carretera, "¿qué estás haciendo conmigo? Solía ser un aterrador y serio vampiro," a pesar de que su voz sonaba seria, se filtraba una sonrisa en sus labios.

¿Qué estaba haciendo yo con él? Más bien, ¿qué estaba haciendo él conmigo? Lo veía y sentía no mariposas, oh no, eso no era preciso. Cada vez que sentía que se acercaba, porque podía sentirlo antes de verlo. Cada vez que cruzaba miradas con él y me dedicaba una de sus pícaras sonrisas. Incluso cuando él rozaba mi brazo o sus manos accidentalmente tocaban alguna parte de mi cuerpo, sentía como si un enjambre de abejas asesinas hubiese decidido armar su colmena en mi estómago.

Había pasado una semana y media desde aquella vez en la playa, y desde ese momento no me había despegado de él.

Era de locos. En las mañanas llegaba hasta la puerta de mi casa y a pesar de mis múltiples quejas, me llevaba hasta la universidad. No es como si recibiese mucho apoyo moral, porque Piper prácticamente me arrojaba a sus brazos y su familia me miraba extraña pero con un aire divertido desde su casa.

Luego, después de que acabaran mis clases venía con alguna idea para salir que por lo general incluían apuestas. Por ejemplo, el primer día, es decir después de nuestro momento en la playa, salimos a jugar billar y perdí horriblemente, por lo que me tocó pagar la apuesta: acceder a salir con él al día siguiente. Así transcurrieron todos los días hasta el día de hoy.

Ningún hombre con el que había estado, al menos desde que perdí mi memoria, me había hecho sentir como él. No le era necesario tocarme, una palabra era más que suficiente para hacerme sentir infinita. Sabía que era peligroso, cualquier hombre que sin ni siquiera darte un beso podía encender cada fibra de tu ser, debe ser considerado como un ser de extremo peligro.

Pero con él era imposible no sentirse en el quinto cielo. Tenía esa clase de belleza, sensualidad y arrolladora personalidad que podía hacer que te chocara una camioneta por detenerte en la mitad de la calle a admirarlo.

"Hemos llegado Swan," Damon parqueó el auto en un estacionamiento lleno.

"¿Tan rápido?"

"Bueno, te has perdido todo el camino en tu propia cabeza," se encogió de hombros mientras bajaba. Golpeé su hombro suavemente.

"Jamás he estado aquí," dije mientras entrabamos al lugar que estaba atestado de gente. Las gargantas humanas me llamaban pero mi auto control era mejor que eso, y al parecer el de Damon también. Nos acomodamos en un rincón de la barra.

"Se me ha ocurrido algo," dijo una vez nos sentamos. Podía escucharlo perfectamente sobre la alta música. Podía reconocer su voz a kilómetros de distancia para ser honestos.

"Te escucho," Damon movió la mano llamando a uno de los bar tenders.

"Dame una botella de Ardbeg y dos vasos de shot," pidió. El tipo asintió no sin antes dedicarme una mirada, "hagamos una apuesta."

"Sabes, en lo que va de esta semana ya he perdido seis apuestas contra ti," le recordé. Sonrió como solo él podía.

"No tengo la culpa de que seas malísima en todo lo que yo proponga," el tipo llegó con la botellas y los dos vasos de whisky, "billar, dardos, bolos, carreras…"

"Cierra la boca Salvatore," rió, "dime, ¿qué apostaremos esta vez?" se enderezó para mirarme a los ojos.

"¿Cuántos años tienes?" preguntó. Al instante sentí mi buen humor desmoronarse y él pudo notarlo.

"Uhm, no lo sé," dije con sinceridad rogando que no hiciera más preguntas.

"Luces como si tuvieses diecinueve eternos," me dio una suave sonrisa. Me sorprendía como Damon nunca preguntaba cuando le daba respuestas vagas sobre mi vida, "hoy trece de septiembre celebraremos tu cumpleaños," dijo abriendo la botella.

"¿Por qué hoy?" pregunté curiosa. Él no sabía que mis recuerdos se limitaban al último año, y mientras pudiese mantenerlo así, mejor.

"No lo sé, porque pareces haber nacido un día como hoy," se encogió de hombros, "lo que quiere decir que tendrías veinte," llenó los dos vasos y me miró, "si consigues tomarte dveinte shots te dejaré manejar mi auto todo el día de hoy," sonreí cual niña en dulcería. Damon tenía un amor profundo hacia su auto, y no importaba las veces que le había pedido que me dejase conducir él siempre se negaba.

"Oh, me gusta muchísimo esta apuesta," agarré mi vaso, su mano me detuvo. Le miré.

"Pero si no completas los veinte shots me debes un beso," deslicé mi mano con suavidad a mi regazo. Pronto sentí los nervios acumulándose en cada fibra de mi ser.

"¿Un beso?" pregunté, "como en… ¿los labios?" dije estúpidamente. Rodó los ojos pero asintió.

"¿Aceptas?"

"Uhm," pronto la música pareció haberse apagado y la gente a mi alrededor desapareció, solo miraba sus ojos, "espera, ¿qué hay de ti?"

"Yo he sido vetado del juego."

"Claro que no, tú también, y dado que los tuyos son veintitrés veo difícil que me ganes," dije sonriendo triunfante.

"¿Competirás con un vampiro cuyo hobby por más de cien años ha sido beber hasta intentar perder la razón y fallando en el proceso?" pude sentir mi sonrisa de victoria desapareciendo, "eso creí," sonrió, "sin embargo te acompañaré."

"¿Veinte?" repetí, "¿de seguido?" asintió, "sabes que soy un vampiro, ¿no?" rodó los ojos dramáticamente, "nosotros podemos resistir el alcohol," dije tomando en mis manos el primer shot. He bebido whisky en múltiples ocasiones, veinte pequeños vasitos no serían nada.

"Lo sé, pero no todos los vampiros pueden resistir el whisky más fuerte y más uno que no está acostumbrado a beber de esta manera," fruncí el ceño viendo la veracidad de sus palabras. No podía competir un beso con un carro. No de esta manera. Quería besarlo, desde que lo conocí quería hacerlo pero no quería que me viese débil.

"Ves sacando las llaves de tu auto," puse el vaso entre mis labios y sonreí antes de echar la cabeza para atrás y beber el líquido de un solo golpe.

¡Dios bendito! Era fuerte, muy fuerte. El líquido caliente, extremadamente caliente bajó por mi garganta quemándola y cayendo a mi estómago pesadamente y sin compasión. Cerré los ojos y tosí. Damon a mi lado soltó una risa suave.

"Creo que debiste haberlo pensado bien antes de aceptar, claro, a menos que quieras besarme," abrí los ojos con cuidado.

"Quiero el carro," respondí separando cada palabra con una respiración.

"Solo va el primero," sirvió otro.

"Espera, es tu turno," rodé su vaso acercándolo a él. Damon no dudó, le tomó un segundo tomarse el trago. Ni siquiera parpadeó y supe que definitivamente iba a perder esta apuesta. Sin embargo…

"Mírame ganar Salvatore," tomé el segundo, que pensé iba a ser menos pesado pero fue aún peor.

"Puedo saborear la victoria… y tus labios, Isabella," la nota de sensualidad en su voz me hizo estremecer y cortó mi respiración, pero no me detuve. Tomé el tercero, luego el cuarto y así seguí hasta el décimo. Sin un solo descanso entre trago y con la mirada divertida e intensa de Damon.

La bebida estaba comenzando a hacer efecto en mí. Comencé a sentirme ligeramente mareada y con una sensación de felicidad extrema. Reí.

"Creo que jamás he hecho esto en mi vida," dije jugando con el onceavo trago. Volví a reír, "creo que nunca he tomado de esta manera."

"No lo has hecho," afirmó como si me conociese, "quizá una vez," me dio una sonrisa cómplice, "hagamos algo," tomé el trago de un golpe y sacudí mi cabeza, "toma una pausa para bailar, y si puedes, sigue con los nueve que te faltan," lo miré.

"¿Bailar? ¿Y con quién?" la música era ruidosa y era alguna clase de rock.

"Pues conmigo por supuesto," volví a reír.

"Ah claro, sí."

"¿Estás desinhibida?" preguntó levantándose. Le imité con una sonrisa, "sí, definitivamente."

"Oh no, todavía no Salvatore, estoy lúcida, ven bailemos," tomé su mano y lo arrastré hasta un espacio de la pista. Escuché el sonido más hermoso, una risa, y me di cuenta que era Damon. No era una risa que había escuchado antes, era sincera, era una risa única. Estaba riendo con el corazón y eso me hizo sentir más que bien.

"Jamás en mi vida pensé que Isabella Swan iba a pedirme que bailáramos," deslizó sus manos por mis caderas, "debo emborracharte con whisky de este más de seguido," susurró a mi oído.

¿Cómo me llamaba? No tenía ni idea. Podía llamarme Teresa y a mí me hubiese importado. Todo se me olvidó en ese instante porque no había distancia entre nosotros. Eran dos capas de ropa lo único que separaban nuestras pieles. Su cuerpo se movía al ritmo de la música contra el mío y no me costó mucho seguirle el ritmo, principalmente porque estaba casi borracha. No pensé que un vampiro podía estar borracho.

Levanté la mirada encontrándome con los ojos azules brillantes de Damon que me miraban con algo que no supe identificar. Su expresión era indescifrable. Sus labios estaban entre abiertos y su respiración era suave, casi imperceptible. Miré sus labios y luego lo miré a él.

"No puedo tomarme los ocho que faltan," dije muy bajo, tan bajo que creí, casi creí que no iba a escucharme pero él era vampiro, su oído súper desarrollado captó mis palabras porque lo siguiente que hizo fue levantar mi barbilla y atacarme con sus labios.

No había una forma de comparar sus labios. Eran… ni siquiera sabía cómo describirlos, tampoco podía describir la sensación o las millones de emociones que llenaron mi cuerpo. No dudé en enrollar mis manos en su cuello y con fuerza lo acerqué a mí. Damon no se molestó, al contrario me agarró con mayor firmeza para que no quedase espacio entre nosotros.

La forma en que sus labios se movían contra los míos como si ya los conociese, como si lo estuviese explorando nuevamente. Había una urgencia y una necesidad en la forma como me besaba pero también había una infinita ternura. El beso fue subiendo de temperatura, volviéndose fiero, su lengua jugueteó con mi labio inferior haciendo que mis rodillas se debilitaran.

Me separé de él solo un poquito para verle a los ojos. Había una sonrisa bailando en sus labios. Una sonrisa que me contagió.

"¿Sigues lúcida?" preguntó, asentí, "¿te acordarás mañana de esto?" volví a asentir, "bien, porque no dejaré que lo olvides," intentó volver a besarme pero me eché hacia atrás, aún en sus brazos.

"He pagado la apuesta, me dijiste un beso," recalqué.

"Dime que deje de besarte y lo haré," mordí mi labio inferior y esta vez fui yo quien lo besó.

No sé cuántas veces lo besé en la madrugada, pero sé que fueron muchas porque mis labios sentían un cosquilleo fuerte. Parecía que no tenía suficiente de él y quería… quería estar con él en todos los sentidos.

"Damon," mascullé sobre sus labios, aún seguíamos en la pista bailando algunas canciones entre risas y besos.

"Uhm."

"Creo que deberíamos irnos," dije, me miró con ojos expectantes.

"¿Quieres ir a casa?" preguntó. Negué. Lentamente me dejó ir pero entrelazó nuestras manos. En silencio llegamos hasta la barra. Damon uso la compulsión para llevarse la botella con el whisky restante sin tener que pagar un peso.

Salimos del lugar y mis oídos lo agradecieron casi que de inmediato. Cuando estábamos frente a su auto nos hizo detener y me miró.

"¿Qué sucede?" pregunté.

"No hay nada más que quiera hacer que estar contigo Isabella," confesó haciéndome estremecer ante la expectativa de una noche con él, "pero no quiero hacerlo ahora," mis esperanza se explotaron como un globo al desinflarse, "quiero estar contigo cuando no tengas ni una sola gota de alcohol encima, quiero estar contigo cuando…" calló.

"¿Cuándo qué Damon?" estuve a punto de soltar su mano pero se sentía tan cálida contra la mía.

"Yo también tengo mis secretos Isabella," sonrió triste y me hizo darme cuenta que él sabía que yo era demasiado vaga con mis respuestas de mi pasado, "solo, confía en mí, no hay ningún hombre en esta tierra que te desee tanto como yo, no lo hay, pero hoy," tomó una bocanada de aire. Me estaba desnudando su corazón ante mí y en ese momento quise besarlo nuevamente, "hoy dame el placer de dormir contigo, de la forma más inocente posible, solo dormir a tu lado y levantarme en la mañana contigo allí," sentí mi respiración cortarse.

"¿Solo dormir?" pregunté.

"Como dos niños, solo dormir," prometió. Mordí mi labio inferior. Su mano voló a mi rostro y deslizó por mis labios sus dedos, "no hagas eso, me harás retractarme."

"Dormiré contigo," accedí. Me dio una brillante sonrisa que hizo explotar mi corazón de un sentimiento extraño. Subimos a su auto y nos alejamos aún más de Essox. No reconocía el camino y no tenía ni idea de a dónde íbamos. En todo caso fui yo quien dijo que no quería ir a casa, "Damon."

"Solo iremos a un lugar que vi," respondió sin haberle preguntado, "no te estoy llevando a asesinarte en un lote oscuro," reí suavemente pero toda diversión se esfumó de mí cuando recordé las noticias que Piper y yo habíamos leído no hace mucho.

"¿Has visto lo de los asesinatos?" la postura de Damon cambió. Apretó su mandíbula y sus músculos se tensaron.

"Sí, algo," respondió. Fruncí el ceño.

"¿Qué piensas? Piper y yo estábamos hablando de que parece ser un ataque pero no como los de nuestra raza," Damon me miró con cuidado.

"¿Conoces de los fríos?" tenía cautela en sus ojos y a pesar de que iba conduciendo por la oscuridad de la noche su mirada se desviaba a mí.

"Sí," le sonreí, "algo."

No comenté más porque eso significaba que tenía que decirle sobre no recordar haber sido mordida por un frío.

Su mirada se centró por un segundo en mi muñeca de inmediato como si supiera que allí iba a encontrar la marca. Pero no me sorprendió, habíamos pasado tanto tiempo juntos en lo que iba de conocernos que alguna vez tuvo que haberse dado cuenta.

"Los Voulturi se harán cargo," dijo quitándole importancia, "hemos llegado," no me había dado cuenta de que no estaba prestando atención al camino por estar mirándole.

Estábamos en algún otro pueblo. Frente a nosotros, entre casas de fusión camperas con citadinas, estaba un hotel. No era lujoso, no era muy sencillo. Era perfecto.

Damon usó la compulsión consiguiéndonos una habitación matrimonial. No crean que no di un respingo cuando él la pidió específicamente como habitación para una pareja. Subimos en silencio y fue solo cuando entramos que la realidad me golpeó.

Iba a dormir con Damon Salvatore.

No importaba si eso no implicaba el sexo, de todos modos iba a dormir con él, y por alguna razón estaba aterrada.

Damon lucía como la clase de hombres que había estado con mujeres hermosas y yo, bueno, sabía que era linda, de una forma extraña, pero si había logrado conquistar tres hombres en lo que iba de este año era porque por lo menos tenía algo de encanto. Sin embargo Damon me intimidaba demasiado, quería estar a la altura de él. No sabía si tenía el cuerpo que a él le gustaba en una mujer, porque no era voluptuosa, tenía mis atributos pero era más bien delgada y pálida.

"¿Qué lado de la cama te gusta?" preguntas estúpidas que hacer y esa. Damon se quitó su chaqueta de cuero y la colocó en el respaldar de una silla. Se desabrochó el primer botón y olvidé cómo respirar.

"Tú duermes del lado izquierdo," dijo como un hecho. Parpadeé. Ahora iba el segundo botón.

"¿Cómo lo sabes? ¿Me espías por las noches? Sé que lo haces," sonrió. El tercer botón. Tenía que estar bromeando, ¡esto era una prueba de auto control!

"Luces como alguien que duerme del lado izquierdo," se quitó la camisa por completo. Y de ahí en más no pude apartar la mirada de su atlético cuerpo. No era un hombre con músculos por todas partes, pero sí los tenía y muy bien definidos, "y no te espío por las noches, eso es de acosadores," dejó la camisa a un lado. Era la primera vez que lo veía usar una camiseta de botones.

Se quitó la correa y se abrió el botón del pantalón. Me miró.

"¿Qué?"

"¿Te importa si duermo en ropa interior?" tragué en seco.

"No," reuní todo mi valor, "porque yo también lo haré," hubo un asomo de una sonrisa pícara. Me saqué la camisa quedando en, gracias a Dios, un sostén verde de encaje y unas bragas a juego.

Nos quedamos allí mirándonos. ¿Cómo habíamos terminado en ropa interior tan rápido? Ni idea. Lo único que sabía era que no sabía qué hacer ahora. Damon se sentó en la cama y corrió las sábanas. Seguí allí estática y muerta de la vergüenza. Solo había una ligera y casi inexistente capa de ropa que me protegiera de sus ojos. Realmente no dejaba nada para la imaginación.

Pero la mirada de deseo en los ojos de Damon me hizo sentir que no había otra mujer en el mundo más que yo.

"¿Te quedarás allí toda la noche?" preguntó acomodándose en la cama, "oye Isabella, yo no muerdo," sonrió, "bueno lo hago, pero despacito y solo cuando beso, o cuando quiero alimentarme," me guiñó un ojo y palmeó el lado izquierdo de la cama, "ven."

Con lentitud me acerqué a la cama y me acosté a su lado. Nos acomodamos a medio lado de tal forma que nos veíamos a los ojos. Comenzaba a sentirme somnolienta. Mis ojos comenzaron a cerrarse de a poquito, y los efectos somníferos del alcohol comenzaban a hacer efecto.

"Gracias," susurré.

"¿Por qué?"

"Por sacarme de la monotonía, por estos días, por… hacerme sentir bien," sus ojos lucían como dos zafiros, "me haces sentir bien," sonrió.

"Eres hermosa," dijo, acarició mi mejilla con sus dedos y sentí como si fuego me quemase la cara, "buenas noches Isabella," bostecé.

"Buenas noches Damon," sentí mis ojos cerrarse y creí que había escuchado a Damon decir algo más pero era más la pesadez que sentía que me quedé dormida con mi cabeza rememorando partes del tiempo que había pasado con él desde que nos conocimos.

.

.

Abrí los ojos con cuidado. Estaba acurrucada a un cuerpo. Tenía mis brazos alrededor del cuerpo de alguien. Mi cabeza descansaba en el pecho de alguien. Estaba en ropa interior, envuelta entre sábanas con alguien.

La cabeza comenzó a palpitarme con fuerza e intenté removerme, pero un brazo fuerte me acomodó más. Decidí que no me movería. Estaba cómoda y calientica en los brazos de… Damon Salvatore. Mi corazón comenzó a latir desbocado al recordar lo que había sucedido la noche anterior, o más bien la madrugada.

Levanté la mirada. Su rostro era pacífico y su respiración suave. Estaba dormido y tenía un aura tan tranquila que me contagió.

Como mi cabeza estaba recostada a su pecho podía oír los latidos de su corazón con más cercanía y a medida que pasaba el tiempo la variación de ellos me indicó que estaba levantándose.

"Buenos días," mascullé. Hubo una confusión en sus ojos por medio segundo pero luego, la sonrisa más brillante del mundo se posó en sus labios.

"Ahora son mejores," se removió un poco para verme mejor sin apartarse de mí cosa que hizo disparar mis emociones, "estoy en el deber de preguntar si te arrepientes," le sonreí.

"No lo hago."

"Bien," nos quedamos en silencio. La calidez de su cuerpo era revitalizante y su aroma varonil, inundaba mis sentidos. Damon tenía ese olor característico de un vampiro, como a hierro y a bosque pero también tenía un aroma a canela.

"¿Nos quedaremos aquí toda la mañana?" pregunté. Damon dio una mirada a la ventana, que tenía una cortina y se perdió por un segundo en ella.

"Dirás tarde," levanté mi rostro.

"¿Tarde?" estiró su mano a la mesa de noche sin moverse mucho y revisó su celular.

"Llegamos a eso de las cuatro de la mañana, hemos estado durmiendo toda la mañana y son las dos de la tarde," respondió.

"¿He estado durmiendo por diez horas?"

"Tenías una buena almohada," sentí la sangre acumularse en mis mejillas.

"Tu familia debe estar preocupada," me rendí a su lado.

"Stefan sabe dónde estoy y que estoy contigo," respondió, enarqué una ceja, "antes de que te durmieras me llamo," se defendió.

"Más razones para que tu hermano y toda tu familia me miren extraño, sé sincero, no les agrado mucho, ¿cierto?" Damon comenzó a acariciar mis cabellos. Se sentía tan bien.

"Tonterías."

"Todos ellos tienen una mirada extraña, Elena, tu hermano, Anabel, e incluso Alaric, que de todos es el único que realmente me dirige una conversación," argumenté.

"Les agradas, más de lo que crees," sonrió.

Durante las dos horas siguientes no hicimos más que quedarnos en la cama hablando de estupideces. Damon parecía más entretenido en mi cabello que en otra cosa, y yo no perdía la oportunidad de acariciar su bien esculpido abdomen por accidente.

Hablar con Damon era demasiado simple y sus comentarios sarcásticos y divertidos arrancaban no solo sonrisas sino varias risas. Compartimos uno que otro beso furtivo pero trataba de no darle demasiada importancia, a pesar de que cada vez que rozaba sus labios llamas de fuego recorrían mi cuerpo.

Finalmente dieron las cuatro y Damon comenzó a cambiarse, por lo que a regañadientes lo imité. En un fugaz movimiento tomé su chaqueta de cuero antes de que él lo hiciese. Me miró enarcando una ceja.

"Esto será mío Salvatore, seguro no te hará falta, debes tener como cien de estas," sonrió.

"Tú también tienes un par," respondió calzándose los zapatos. No dijimos nada en el camino de vuelta a su auto. Nos subimos en silencio y condujo en silencio. No es que fuese necesario que pronunciase palabra alguna, su mano sobre la mía lo decía todo.

Se sentía todo casi que humano, normal. Solo éramos una ¿pareja? Disfrutando de la compañía del otro en un viaje de carretera con una música suave de fondo. Era como de película. Pero así como las películas se acaban, los momentos verdaderamente felices de la vida llegan a un final.

"Damon," dije una vez que vi el letrero de entrada a Essox. Mi tiempo con él a solas estaba llegando a su fin y necesitaba saber qué era lo que él quería conmigo.

"Isabella," sonreí suavemente y tomé una bocanada de aire.

"Yo… escucha, no sé cómo… honestamente," suspiré de frustración.

"Solo dilo."

"¿Quieres tener algo conmigo? Y, quiero decir, si quieres estar conmigo o solo, tú sabes, estar un rato conmigo," su mirada no se desvío y su mano tampoco se apartaba. Tomé eso como un buen indicio.

"¿Crees que si hubiese querido tener solo sexo contigo no hubiese dejado mis intenciones claras desde un principio?" preguntó. Tomó la vía que conducía a la playa, que en otras palabras era la vía para casa.

"Quién sabe Damon."

"¿Qué quieres tú?" contra preguntó. Mordí mi labio inferior y miré por la ventana. Me tomó un rato organizar mis ideas y responderle.

"Quiero ver qué puede pasar entre nosotros," confesé, "pero… pero no quiero que juegues conmigo, yo no…" Damon orilló el auto a pocos kilómetros de casa. Se giró y sus ojos azules me perforaron como un taladro.

"No voy a jugar contigo," prometió, la sinceridad de sus palabras y la transparencia en su mirada llenaron mi pecho de tranquilidad, "tienes que confiar en mí," pidió.

"Necesito tiempo para confiar completamente en ti," me dio su sonrisa pícara.

"Créeme, lo que vamos a tener es tiempo," puso el auto en marcha y llegamos a la entrada en común de nuestras casas. Bajamos. Estábamos a quizá medio metro de distancia del otro.

"¿Hasta mañana?" pregunté. Torció los labios.

"Puede que mañana no nos veamos," sacó la lengua y la pasó por sus labios. No era algo que hacía a propósito, había descubierto que movía la lengua cuando estaba pensando o cuando quería suprimir una risa, pero mi descubrimiento no hacía que me erizara de solo pensar que su lengua era habilidosa en los besos, "pero tienes mi número, estoy siempre disponible para ti," se acercó a mí y a penas y posó sus labios sobre los míos. Fue solo como un suspiro. Me regaló una de sus sonrisas torcidas mientras se alejaba y entraba a su casa.

-.-

"¡Oh Dios mío! No te lo puedo creer Isabella," exclamó casi gritó Piper dejando su vaso de sangre en la mesa de café de la sala, se tiró en el mueble con expresión soñadora, "¿sabes lo que yo daría porque un hombre tan caliente como él hiciese todo eso?" se acomodó y me miró con picardía, "¡y ni siquiera se acostaron!" dijo en un susurro fuerte.

Le había contado todo lo que había pasado con Damon en la madrugada y el día de ayer. No había vuelto a hablar con él desde que me dejó ayer en la casa. No quería sofocarlo con una llamada de inmediato. Además, él me había dicho que hoy no podíamos vernos, por lo que había decidido llamarlo en la noche.

"Cállate Piper, si te conté todo no es para que armases un alboroto de esto," dije pero mi sonrisa me delataba. Nos miramos por un segundo y reímos.

"Estoy tan feliz por ti Bella, no te imaginas cuanto," se levantó y se acercó a mí. Puso sus manos en mis hombros y me miró a los ojos, "quiero que tengas toda la felicidad que yo jamás pude tener, te veo y eres un reflejo de quién fui," sonrió, "eres especial Bella, nunca lo olvides."

"Creo que debo grabar este momento para la historia," rio suavemente.

"Lo digo enserio Bella, eres única," pasó una mano por mi cabello maternalmente, "a veces no te das el crédito que realmente te mereces, y muchas veces antepones tu felicidad por la de otros," suspiró, "no cometas mis mismos errores querida," su acento me reconfortaba de alguna manera.

"Qué bueno que estarás allí para recordármelo."

"Para patear tu trasero, dirás," reímos.

"Gracias Piper, por esto, por todo, muchísimas gracias," la abracé.

Fue al tiempo que ambas nos tensamos. Con mucho cuidado nos separamos de la otra. Mis sentidos se dispararon y de inmediato adopté una postura alerta. Compartí una mirada con Piper quien se movió con cautela por la sala.

Hubo un movimiento rápido por la cocina. Agudicé mi visión y me acerqué al gabinete de los cuchillos agarrando uno. Dejé de respirar y me concentré.

Aparté solo un segundo mi mirada de ella, fue solo un segundo. Pero al parecer había sido suficiente. Escuché su grito ahogado antes de sentir u oler a nuestro agresor. Mis reflejos actuaron por mí y me moví demasiado rápido pero él anticipó mis movimientos y me aventó a un lado. El cuchillo voló conmigo y cortó en varias partes de mi brazo.

"Mala movida linda," me levanté de golpe pero me detuve. Tenía a Piper por las muñecas con lo que parecían unas esposas, pero el olor que desprendía de ella me hizo darme cuenta que no eran esposas comunes, estas estaban bañadas de verbena.

"¿Quién eres y qué quieres?" tenía guantes en sus manos y no había olor en él. Ni siquiera un olor a perfume, nada. Era como si para mi olfato él no existiese. Su piel era muy pálida y tenía una belleza extrema. El sol de la tarde hacía que su piel brillara como pequeños diamantes expuestos a la luz. Era un frío. Miré a Piper quien negó.

No te muevas Isabella, no des ni un solo paso, ¿me entiendes? No te hagas la heroína. La voz clara de Piper habló en mi cabeza. Mi corazón comenzó a latir desbocado.

"Todo a su tiempo," sacó una estaca de su gabardina, "Victoria te manda saludos," levantó la estaca y la atravesó a través del corazón de Piper. Sus ojos esmeraldas se abrieron ampliamente ante el impacto pero pronto perdieron el brillo y la vida.

Te quiero Swan, sé feliz.

Su voz fue como un suspiro en mi cabeza y no sé si fue solo el corazón de Piper el que aquella estaca había atravesado, porque el mío se sintió morir.

"Llegaste al vecindario equivocado," una voz amenazante y sin piedad reventó en la casa. No me di cuenta quien era. Lo que mis ojos pudieron captar fue al frio ser desmembrado frente a mis ojos y mandado a la chimenea. No hubo un grito como con Piper, ni siquiera hubo un sonido de sorpresa. No hubo ruido alguno. Lo único que escuché en ese instante fue el cuerpo ser desgarrado y el sonido de las llamas envolviendo cada parte. El olor a caucho y óxido inundó la casa, pero poco me importaba.

"Bella, Bella, ¿estás bien?" forcé mis ojos a centrarse en una sola cosa. El rostro amable y preocupado de Elena me revisaba de arriba abajo. No respondí. Mi mirada se perdió en el cuerpo agrietado de Piper que poco a poco se desintegraba, "Bella, ¿me escuchas?"

"Elena, debemos asegurar que en el lugar no haya nadie más," podía oírlos pero no escucharlos, "voy a revisar los alrededores, deberías revisar la casa."

"No," el timbre de voz de Elena era firme, "esto solo indica que Victoria está más cerca de lo que creíamos," solo en ese momento me di cuenta de que estaba tirada de rodillas en el piso, el humo morado procedente de la chimenea comenzaba a nublar mis ojos, ¿o eran quizá las lágrimas? De todo, solo pude entender lo siguiente que dijo Elena, "llama a Damon, Alaric, llegó la hora."


I'm sorry.

Σοφία.