— Zona en construcción —
¡Atención, este fanfic está siendo reescrito! este capítulo ha sido actualizado :)
Lemon +18
La hora de la medicación terminó en un sepulcral silencio que se mantenía a la fuerza, Tsukishima regresó a su habitación subiendo por las escaleras como usualmente lo hacía, llegando al sexto piso escuchó débiles sollozos ahogándose en el pasillo, se detuvo aferrando sus manos al barandal de la escalera, sentía el esfuerzo que su pecho realizaba por respirar. Se quedó ahí un par de minutos, dejando que sus pensamientos fueran inundados por la tristeza del pequeño pelinaranja que seguramente estaba aferrado a las sabanas de Kageyama, llorando desconsolado, la situación de ese par no le era muy clara, en sí, no lograba entender porque el menor estaba tan apegado al otro, solo tenía que repasar la situación de los demás pacientes, para darse cuenta de que ninguno recibía visitas, no familiares, no amigos, probablemente allá afuera no les quedaba nada, pero aun así, Hinata que aún podía tener todo allá afuera prefería recluirse a sí mismo, a voluntad, entre tanto sufrimiento.
Derrotado ante la duda soltó un suspiro y continuó su camino hacia su habitación, la puerta estaba entreabierta, escuchó el sonido de la ducha en cuanto entró, se preguntó si la bola de pelos había logrado llegar antes que él, se lo pensó un poco pero no logró recordar verlo en la entrega de la medicación.
Su mente quedó en blanco por unos momentos, un poco de incertidumbre se coló entre sus huesos como un pulso eléctrico que le dejó la piel erizada al instante, tuvo un mal presentimiento y sin pensárselo mucho corrió al baño y de golpe abrió la puerta. Tsukishima esperaba que esta estuviera trabada con el seguro, pero no fue así, cedió al instante dejándole ver la silueta del otro a través de la puerta corrediza de la ducha, el pecoso dio un respingo por la sorpresa, algo aliviado el rubio se cercioró que no estuviese pasando nada extraño y sin decirle nada volvió a cerrar la puerta, esta vez poniéndole el seguro antes de salir.
Más aliviado se despojó de su ropa, sacó algunas prendas del armario y se cambió, por un momento mientras sostenía su camisa antes de ponérsela repasó el hecho de que la pareja de sus dos locos compañeros de hospital eran hombres también.
Sintió un leve calor creciendo en sus mejillas, aunque la pareja de Akiteru su hermano, también era un hombre, era la única pareja que él le conocía, llevaban tanto tiempo juntos que Tsukishima no lograba etiquetar a su hermano como gay, simplemente se había enamorado de esa persona en específico, el hecho de ser hombre, mujer o extraterrestre supuso que era irrelevante, ¿eso será el amor? Se preguntó.
El pobre rubio tenía nula experiencia en cuanto al tema, se preguntó si alguna vez había sentido amor por otra persona, pero no logró contestarse.
Entonces, entre sus pensamientos se fue colando el recuerdo de una voz cálida chocando contra la piel de su cuello esa misma mañana, logrando que sus pantalones se mancharan con su propia semilla. Tuvo que tragar saliva ante la reacción de su piel al recordarlo.
¿Entonces me gustan los hombres?, se preguntó parado junto a la cama mirando a la nada, hundido en sus pensamientos, sin dejar de preguntarse si alguna vez había deseado tener una relación de ese tipo con alguien, recordó la vida melosa llena de ridiculeces y cosas vergonzosas que llevaron sus padres, difícilmente él desearía algo así, pero si pensaba en su hermano no lograba hacerse una idea de cómo era su relación con el pelinegro con el que salía, años atrás le había conocido, era por lo menos unos 10 centímetros más bajo que su hermano mayor, pero sin embargo era alguien serio y callado, imperturbable ante las provocaciones de Akiteru, que en ese aspecto era igual a sus padres, suavecito y amoroso.
La puerta del baño se abrió pillándole de pie sosteniendo su playera y el torso aún desnudo. La bola de pelos salió con la toalla sobre los hombros, solo llevaba puesto una pantaloneta azul que le llegaba hasta las rodillas, el cabello mojado lo llevaba hacia atrás cayéndole por encima de la toalla que tapaba su torso desnudo, esta vez Tsukishima tuvo un primer plano del explosivo sonrojo que cubrió súbitamente casi todo su rostro, solo lo observo por un par de segundos, pero eso había sido suficiente para hacerle desviar la mirada apenado mientras apretaba con ambas manos las puntas de la toalla que lo cubría.
Las heridas en sus brazos estaban expuestas, Tsukishima se fijó en ellas sintiéndose incomodo, no se veían profundas, pero si escandalosas, como si el chico hubiese hecho demasiado esfuerzo en hacérselas, se veían rojizas y algo moradas alrededor, quizá por el frio de la ducha, las manos del rubio empezaron a temblar en impotencia.
Mientras una angustia arbitraria se apoderaba de su pecho haciéndole respirar con dificultad, pudo ver como el pecoso volvió su mirada hacia él, esos ojos castaños lo escanearon por completo en medio de nerviosos parpadeos, recordó las cicatrices en los costados de su torso y se sintió incomodo, sus miradas se encontraron de nuevo y en un rápido movimiento ambos desviaron la mirada. La bola de pelos caminó torpemente hacia su cama, Tsukishima continuó analizándolo, no era tan bajito como él creía, pudo darse una buena vista de su espalda y sus piernas, los músculos del pecoso eran marcados, no mucho, pero lo suficiente, tampoco era delgado en extremo como había supuesto antes, entonces empezó a preguntarse si alguna vez lo había visto caminar erguido y sin la ropa excesivamente grande que solía usar.
—¿Po... Podrías dejar de verme con esa expresión? —le escuchó decir.
Tsukishima tragó saliva llevándose una mano a la cara, no tenía idea de la clase de expresión que estaba haciendo, pero notó sus labios húmedos y la respiración más agitada que antes.
Sin contestarle nada y sintiéndose algo aturdido se sentó en su propia cama dándole la espalda, el silencio gobernó el ambiente por unos minutos, ninguno de los dos se movió ni un centímetro, Tsukishima estaba cubierto de sudor, empezaba a sentirse irritado así que valiéndose de ello rompió con el incómodo ambiente, tomó una toalla y decidió tomar una ducha. Sin pensárselo mucho se deshizo del pantalón, lo dejó sobre la cama y caminó en ropa interior hacia el baño, el cosquilleo que se apoderó de su espalda instalándose entre sus vertebras lo provocó la mirada de la bola de pelos, la lucidez de su mente empezó a empañarse con más ahínco, antes de llegar a la puerta del baño se detuvo con la mano en el pomo, volteo a verlo y el chico quitó su mirada rápidamente, sus orejas estaban tan rojas como sus mejillas.
La palabra auto control dejo de tener sentido en su cabeza, desistió de entrar al baño, solo se volteó y caminó hacia el pecoso, se acercó a su cama como si fuera propia apoyando una rodilla en ella para acercarse al chico, no los separaban más de 20 centímetros ahora, Tsukishima se deleitó con una buena bocarada de su cálido aroma, sus sentidos fueron dominados por completo, estaba a solo centímetros de su nuca, el estremecimiento del chico ante su respiración chocando contra su piel fue muy notable, y al rubio eso le agradaba y mucho, aun cuando él no pudiese entender el por qué.
—¿Podrías tú, dejar de verme con esa expresión? —las palabras salieron de su boca sin su permiso, en un tono ronco y grave que lo sorprendió hasta a el mismo.
El estremecimiento del pecoso se intensificó aún más, tan cerca Tsukishima podía apreciar como su pecho agitado se movía erráticamente tratando de mantener la compostura, su mente no albergaba otro pensamiento o deseo que no involucrara tocarlo, sus manos temblaban de ansiedad, parecía que contenía la respiración desde hacía un buen rato, las mejillas le quemaban, todo su cuerpo hervía en la urgencia de terminar con esos odiosos centímetros que les separaban, enterrar su nariz en su nuca y con suerte robarle esa tentadora esencia que lo estaba volviendo loco.
Quería tocarlo y tenía que ser en ese mismo instante.
Rozó con sus dedos la espalda del pecoso subiendo por sus vertebras lentamente, la piel de sus yemas ardía, no lograba distinguir de cuál de los dos provenía semejante calor, continúo acercándose hasta tocar su nuca con la punta de su nariz, hizo a un lado su cabello y olfateo toda la extensión de su cuello a lo que el pecoso dejó escapar un suave gemido entre sus labios apretados.
Tsukishima estaba más que rendido ante sus reacciones. La poca cordura que le quedaba se fue al caño con esos sonidos suaves e incitadores que provenían de sus labios, se los imagino entre los suyos y sin darse cuenta abrió la boca dejando mordidas en el cuello del pecoso, pasaba su áspera lengua por esa piel cálida y luego dejaba una leve marca de sus dientes arrancándole más gemidos al pecoso, cada uno más libre y armonioso que el anterior.
Rápidamente se puso tras él, sus manos encajaron perfectamente sobre sus caderas, siguió comiéndole el cuello a besos, embriagado con los gemidos que lograba provocarle, quería escucharlo más, más fuerte, así que pegó su espalda completamente a la suya y empezó a masajearle los muslos enterrando sus dedos en su tersa piel, su aroma le nublaba la visión, se sentía adormecido por el contacto sudoroso de sus cuerpos que se sentía celestial.
Por primera vez Tsukishima Kei estaba sintiendo placer, todas las sensaciones que le quemaban la piel en ese momento no eran más que delirante y puro placer, los sonidos del chico empezaron a ser cada vez más fuertes y constantes, complaciendo los instintos salvajes del rubio que enloquecía con el sonido suave y delgado de su voz.
El pecoso soltó un fuerte gemido de golpe que sorprendió al rubio, la piel se le erizó por completo, en ese momento notó que estaba rozando su escandalosa erección contra sus glúteos, eran firmes, pero él quería saber si también eran suaves, ya fuera de sus cabales logró bajar un poco su pantaloneta tomándolo fuertemente de la cintura con ambas manos, intensificando el movimiento contra su cuerpo, frotando sin consideración su erección con la piel extremadamente suave de sus glúteos. La ropa interior de Tsukishima se humedeció rápidamente no solo por el sudor si no del pre-semen que se escapaba de sí mismo sin consideración alguna.
—Espera... — susurró el pecoso entre gemidos, de cierta forma esa débil suplica logró que Tsukishima entendiera lo que estaba haciendo, lo que estaba pasándole a su cuerpo, se vio cubierto de sudor, con la boca extremadamente seca, sus lentes empañados apenas le dejaban ver la ridícula erección que se salía por encima del elástico del bóxer, ese tamaño no le era para nada familiar, se incorporó en la cama alejándose lo suficiente del otro, se fijó en las marcas moradas que habían dejado sus dedos en la piel de sus muslos debido a la fuerza que había usado, el chico se sostenía el pecho con una mano como si el respirar le lastimara, el rubio se llevó una mano a la cara, el calor que sentía era sofocante como si la habitación entera fuese un horno encendido.
Se sintió abrumado por la situación, pero su cordura aún no volvía del todo a su cuerpo, sus deseos no lo dejaban levantarse y huir de ahí, la necesidad era demasiado imperiosa, sobre cualquiera de sus pensamientos se sobreponían sus ansias por tocar, besar y disfrutar más de ese cuerpo estremeciéndose frente a él.
Rendido ante su instinto animal, lo tomó por los hombros dejando un camino de besos y mordidas por su espalda haciendo que se estremeciera bruscamente y estirara su espalda hacia atrás, el chico ya no podía aguantar los fuertes gemidos que se escapaban de su boca aun cuando intentara morder sus labios y contenerse, Tsukishima estaba más que complacido, decidió succionar un par de veces dejando varias marcas rojizas en su espalda que saltaban a la vista fácilmente en su piel pálida, lo tomó por el hombro lanzándolo bruscamente contra la cama.
La vista absorbió por completo al rubio, no hubiese podido desear más, que ver al pecoso con los ojos vidriosos entrecerrados, las mejillas rojas hasta las orejas, las cejas algo encorvadas por su repentina acción, los labios entreabiertos tratando de atrapar tanto aire como le fuera posible, su cabello aun húmedo desparramado por la almohada, ese cuerpo tembloroso ahora debajo del suyo, sin dejar de verlo a los ojos se acercó lentamente hasta su cuello atrapando de nuevo esa piel cálida entre sus labios, empezó a rotar su erección más libremente contra sus muslos, cada sensación, cada roce, cada aroma lo estaban volviendo loco.
Los gemidos del pecoso se volvieron más salvajes, Tsukishima ya no podía soportar más la presión de la tela sobre su erección, empezó a hundirse tanto en las sensaciones que sus manos y su cuerpo se movían sin esperar sus decisiones, rápidamente se deshizo de la ropa interior de ambos, el pecoso se resistió un poco, pero el rubio ya no podía razonar, ya no lograba estar presente en su propio cuerpo, su piel era demasiado suave, su voz demasiado excitante y su cuerpo demasiado cálido, Tsukishima empezaba a ausentarse de la situación por momentos, parpadeaba y no podía responderse como terminó con ambas erecciones entre sus manos frotándolas frenéticamente sentía que estaba en el mismísimo cielo, le era imposible parar y no le hacían falta las explicaciones, clavó su mirada en esos ojos castaños, mientras el chico le esquivaba la mirada avergonzado, gimiendo desenfrenadamente tratando de cubrirse la boca con ambas manos inútilmente, lo siguiente que el rubio sintió fue un líquido ardiente y viscoso corriendo por su abdomen, acompañado de un dulce sonido raposo que salió del fondo de la garganta del pecoso.
Tsukishima volvió a parpadear y ahora tenía sus piernas bien abiertas alrededor de su cuerpo, su erección gustosa se acercaba a la entrada del pecoso que apretaba las manos en las sabanas mientras estiraba su espalda y hacia muecas de dolor, un parpadeo más y ya estaba dentro de él forzándose cada vez más adentro.
El placer que lo estaba consumiendo era delirante, en muchas formas, Tsukishima no tenía experiencia alguna en relaciones sexuales, pocas veces llegó a tocarse el mismo cuando aún vivía con su familia, semejante presión como la que estaba sintiendo en ese instante era algo que él no podía poner en palabras, era demasiado, su lado más salvaje estaba explotando contra un chico con el que ni siquiera había mantenido una conversación antes, estaba aterrado y fascinado al mismo tiempo.
—¡Ya basta! Detente —gritó su propia voz en su cabeza trayéndolo de golpe a la realidad.
Se detuvo al instante y observó la escena sintiendo dolor en su intromisión a ese apretado ser.
—Tsu... Tsukki —susurró suavemente el pecoso apretando sus temblorosos dedos alrededor de su muñeca.
A la vista de Tsukishima todo se volvió blanco, su cuerpo desechó el último intento de su conciencia y lo despojó de su sentido común, parpadeó de nuevo y toda su erección estaba golpeando las partes más profundas de ese cálido ser que gemía con fuerza, meciéndose contra su cuerpo, haciéndolo temblar, el rubio se mordía los labios pero su propia voz estaba escapándose de su cuerpo sin permiso, gemía de placer al ritmo de su pareja, mientras esas ardientes paredes carnosas le devoraban por completo.
—Lo... Lo siento —susurró el rubio entre sus labios apretados rindiéndose ante la creciente sensación eléctrica y placentera que se formaba bajo su estómago, le fue imposible contenerse, terminó viniéndose entre esas paredes que lo succionaban sin piedad alguna, el pecoso abrazó su espalda uniéndolos con más fuerza, profundizando el estremecimiento de su cuerpo que ya había alcanzado el clímax, para dejar salir un quejido contra su oído, el chico se vino de nuevo manchando ambos torsos quedando sin aliento.
Tsukishima pudo sentir perfectamente como esas paredes se llenaban de su esencia en lo que salía de él suavemente, entre sus suaves gemidos, entre respiraciones ahogadas tratando de recuperar el aliento.
El aliento que él le había robado.
Sus ojos se abrieron lentamente y con fastidio, la luz le molestaba, tenía los lentes puestos y su cabeza dolía, miro hacia un lado, ahí estaba su cama, con su pantalón sobre ella, en el suelo estaban unas cuentas prendas de ropa entre ellas reconoció su ropa interior, su mene no procesaba su situación, ni recordaba de momento lo que había sucedido, hasta que sintió algo cálido aferrado a su costado, se volteó lentamente, pudo distinguir la mata de pelos sobresaliendo de las sabanas, movió un poco las piernas notando su desnudez, aun sin entender muy bien que estaba pasando.
—Tsukki... —susurró el pecoso entre dulces sueños removiéndose un poco sobre su pecho.
Todos los recuerdos de la noche anterior, el sonido de sus dulces gemidos, las nuevas sensaciones que se había atrevido a disfrutar con un desconocido en un hospital mental cayeron como un agua fría sobre su cabeza, fue tal la conmoción que sintió su cuerpo que saltó de la cama, cayendo al piso inevitablemente. El chico abrió sus ojos suavemente buscándolo casi que, por mero instinto, cuando sus ojos se encontraron ambos rostros se sonrojaron hasta las orejas, los dos desviaron la mirada avergonzados.
¿¡Qué demonios había hecho!? Se preguntó Tsukishima aterrado, sosteniéndose la cara con ambas manos.
