Hola de nuevo, nueva actualización. Ahora espero normalizarlas y hacer una a la semana, sin atropellos. Quiero dar las gracias a Nora y a Selene-silk por comentar, también a todos los que leen aunque no comenten. Sin todos vosotros no sería posible. Espero que les guste el capitulo de hoy, espero me hagan saber sus impresiones.


Capítulo 6.: Descubrimientos

"– Príncipe, ¡os ha dado fuerte! –dijo Zoysite– Jamás pensé que llegaría el día en que vería esto. Creo que ya puedo morir tranquilo".

El príncipe le miró extrañado y perplejo ante sus palabras. "– ¿Qué quieres decir? ¡No sé a qué te refieres! –dijo el príncipe Endimión al percibir el tono de burla en las ultimas frases de su amigo.

"– Alteza, no podéis engañarnos, os conocemos desde hace muchísimo tiempo. ¿Quién es ella? Parecíais muy renuente a dejarla ir…" –dijo burlón Nephrite dándole suavemente con el codo.

Él los miró casi enojado sintiendo el rubor en sus mejillas, pero comprendió que era evidente lo que le había sucedido con aquella joven. Con resignación, dijo a sus amigos: "– Ella… me prestó desinteresadamente su ayuda… ¡me salvó!".

Lo dijo con tanta convicción y fe en sus palabras que los Generales se asombraron, pues veían más verdad en sus palabras que el propio príncipe al pronunciarlas. El cambio que la Reina Serenity les había dicho que debía operarse en él se había iniciado. ¿Quién sería esa joven que habría obrado el milagro en tan pocas horas junto al príncipe? La Reina había declarado su total certeza y seguridad en los métodos de ella y que con su intervención no estaría todo perdido, habría esperanza; el príncipe conseguiría superar esta prueba con éxito. ¿Pero cómo era posible que esa pequeña muchacha supusiera la diferencia entre la destrucción del Reino y la salvación? No podía entenderlo, si realmente esa joven tenía en su poder las claves para realmente salvar a su príncipe, tendrían su total colaboración y lealtad. Pero no podían estar seguros, por las palabras de la Reina Serenity habían dado por hecho que se trataba de una poderosa Guerrero, pero de hecho no era ninguna de sus amadas Guerreros del Sistema Solar interior, ¿Quién sería? ¿Alguna de las Guerreros del Sistema Solar exterior? No, eso no era posible. Sabían perfectamente que esas Guerreros no podían abandonar sus Palacios y planetas bajo ningún concepto.

"– ¿Sólo eso, mi Señor? –dijo Kunszite escéptico y receloso– parecía que había mucho más de lo que nos queréis dar a entender." Una sonrisa maliciosa adornó su rostro mientras las mejillas del príncipe subían más de color. El príncipe Endimión desvió su mirada; le habían descubierto, sí, ella le gustaba, pero no iba a alimentar ese recién adquirido sentimiento para con ella. Tan sólo era una niña aunque él desconocía su edad; bien podría tener 15 años pero por eso mismo debía procurar no alentar ese sentimiento que ella había despertado en él al momento de conocerse. Debía tratarla como si de su hermana se tratase, pero eso le iba a resultar muy duro. Ella ya se había filtrado por los férreos muros que sus defensas habían erigido, aunque él no sabía hasta dónde.

El príncipe los miró y les dijo dándose por vencido muy rápido: "– ¡Tenéis razón, amigos! No es sólo eso… Ella… me gusta. Es la persona más desinteresada y sincera que he conocido nunca, no se parece a nadie de la corte que conozcamos. Su personalidad es refrescante y me… reconforta. En un momento es niña y al siguiente mujer. Me ha conquistado desde el principio. Es tan inocente, sincera, tan dulce, tierna, graciosa, compasiva… no encuentro palabras que la definan correctamente."

Los Generales estaban alucinando. Con los ojos abiertos a más no poder y su mandíbula inferior casi tocando el suelo miraban al hombre que estaba frente a ellos. Normalmente el príncipe les plantaba cara, y a veces llegaban a más que palabras cuando le querían sonsacar algo que sabían que él no quería contarles. Pero en esta ocasión, había ido con la sinceridad por delante; ¡se había abierto a ellos! Era un paso más en la confianza del príncipe, pues aunque contaban con ella, sabían que nunca llegaba a confiar en nadie totalmente. Internamente le dieron las gracias a Bunny, su nueva mejor amiga.

El príncipe Endimión esperaba una carga de burlas y mofas por parte de sus amigos, pero ésta no llegó. Tan sólo recibió un comentario escueto por parte de ellos: "– Bien, Alteza. ¡Nos alegramos por usted!" –acompañado de una cálida sonrisa por su parte. Lo respaldaban.

Tras este intercambio, se dirigieron al Palacio donde les esperaban las Guerreros del Sistema Solar interior. Los Generales les presentaron y ellas los guiaron hasta un gran salón donde podrían reponer fuerzas y descansar de su inesperado día.

"– Alteza, mañana a primera hora tras una breve audiencia con la Reina Serenity, iniciaremos su formación y entrenamiento. Debéis saber que vuestro éxito depende en mayor medida de vuestra disposición que no tanto de vuestros conocimientos, ya que nos consta que vuestros Generales… –dijo Ami mirando a Zoysite con complicidad– hicieron un gran trabajo transmitiéndole los conocimientos que ellos adquirieron con anterioridad en la luna" –concluyó ella con calma. El príncipe asintió; una parte de él se sentía contrariada por haberle hecho acudir a la luna si realmente él ya conocía todo cuanto necesitaba para su prueba ante el Cristal de Oro; pero por otro lado se sintió aliviado porque podría entonces disponer de algo más de tiempo libre… para estar con Bunny.

Las Guerreros se miraron entre ellas con cautela y tras despedirse con una reverencia salieron de la estancia. No pasó mucho rato hasta que uno a uno sus Generales con la excusa de estar cansados por el viaje y los nervios que habían pasado decidieron irse a sus habitaciones. Y en parte era verdad, el estado de nervios que habían soportado ese día los había dejado exhaustos pero anhelaban otra cosa, la compañía de otra persona.

Cuando tres de ellos se hubieron excusado, Kunszite se aproximó hacia donde el príncipe se encontraba, sentado en el alfeizar de un gran ventanal mirando hacia el jardín de Palacio.

"– Mi Señor, tenéis que saber algo que no os hemos comentado antes de este viaje. –dijo Kunszite enigmático– Sin duda todos nosotros deseamos estar con usted y ayudarle en todo lo necesario para que salga victorioso en esta prueba, pero… tras nuestras honradas intenciones, hay otra que desconocéis, y no me sentiría a gusto si no os informara." Tras esta breve introducción, vio cómo su General tomaba aire, se le veía nervioso, intranquilo y ¿ruborizado?

"– Tiene que ver con las Guerreros ¿no es verdad? –dijo sonriendo con franqueza el príncipe señalado hacia el jardín. Kunszite se acercó hasta la ventana mirando en la dirección en la que el príncipe indicaba. Sus mejillas antes levemente ruborizadas se tornaron rojas al ver como en diferentes partes del jardín estaban sus tres compañeros paseando, abrazados o tomados de la mano de alguna de las Guerreros.

"– Mi príncipe… yo…" –consiguió decir avergonzado ante tales escenas.

"– No te inquietes, amigo mío, debí suponerlo. –dijo Endimión incorporándose y poniendo su mano sobre el hombro de su amigo– Me sentí halagado por vuestro rápido ofrecimiento a acompañarme pero algo me decía que me faltaba una pieza del rompecabezas. Todo encajó a la perfección cuando os vi observarlas cuando nos encontramos con ellas en los jardines."

Kunszite asintió avergonzado, dejando la cabeza baja.

"– Así que… ¡tú y Minako de Venus! ¡Quién me lo iba a decir! Tienes buen ojo, casanova, sin duda habrá sido difícil de conquistar." –dijo guiñándole un ojo a Kunszite intentando quitarle hierro al asunto.

Él le devolvió la mirada con una sonrisa y le habló soñador: "– No sin motivo es la encarnación de la Diosa del Amor, pero fue amor a primera vista. Caímos bajo el mismo hechizo que los demás… la luna nos escogió y nos unió a ellas." –Dijo con total convencimiento de sus palabras. El príncipe le sonrió con sinceridad y le hizo un gesto con la cabeza para que se fuese. Kunszite hizo una profunda reverencia y se dirigió con paso raudo hacia la puerta y al abrirla se encontró de frente con Minako, que lo esperaba. El príncipe Endimión vio esta escena desde donde se encontraba, le pareció verlos mirarse unos segundos rodeados de una cálida atmosfera que los envolvía, llenos de amor. Mientras se cerraba la puerta pudo ver como los brazos de la Guerrero se enlazaban detrás del cuello de su General y éste la abrazaba por la cintura para fundirse en un apasionado beso.

Sintió una gran envidia en ese momento. Imaginó la misma escena que había presenciado siendo él y Bunny sus actores. Pero… ¿qué estaba pensando? Acababa de conocerla y es cierto, le gustaba pero ¿quería llegar realmente tan lejos? Agitó su cabeza para alejar ese pensamiento de su mente, no debía, no era el momento. Siguió observando las vistas que se abrían frente a él, admirando sobre todo su planeta, la tierra. Jamás había tenido la oportunidad de verla así, tan hermosa. Y había sido ella quien se lo había mostrado… ella nuevamente. Desde ese momento supo que sería difícil alejarla de sus pensamientos.

Al cabo de unos minutos, sintió la puerta de la estancia abrirse y un par de gatos entraron a aquel lugar. Eran dos gatos de magnífico pelaje, uno negro azulado y el otro blanco, ambos poseían en su frente una luna creciente dorada. Los miró con detenimiento mientras se aproximaban a donde él se encontraba.

"– Alteza Real –dijo el gato negro– mi nombre es Luna; él es Artemis. Somos los Consejeros Reales del Milenio de Plata." El príncipe Endimión se sorprendió. 'Gatos… en la luna… que abren puertas… ¿Y qué hablan? Debo mantener una mentalidad más abierta, más abierta', se dijo tratando de convencerse mentalmente.

Luna prosiguió: "– Estamos aquí para conducirle a sus habitaciones. Hemos recibido instrucciones precisas de alojarle en el ala este de Palacio para que pueda apreciar mejor las vistas de la tierra."

El príncipe se sintió encantado y agradecido con la posibilidad de poder ver en todo momento su hogar.

"– Vuestras habitaciones se encuentran en la planta siguiente a ésta, con gusto os conduciremos hasta ellas para que podáis descansar; mañana tenéis una agenda intensa."

El príncipe asintió poniéndose de pie y haciendo ademan de seguir a los gatos. Ellos comprendiendo sus intenciones comenzaron a caminar guiándole por los pasillos. El camino fue realmente corto. Únicamente tuvo que subir dos cortos tramos de escaleras de un bello mármol y continuar hasta el fondo de un amplio y luminoso pasillo. Ambos gatos se situaron a ambos lados de una gran puerta, el príncipe entró a la estancia. Constaba de un gran salón con terraza y en ambos lados había sendas puertas ornamentadas, que dedujo serían el dormitorio y alguna habitación anexa. Los gatos entraron con él subiéndose a una de las mesas que había en la habitación.

"– La puerta de la derecha es vuestro dormitorio y la de la izquierda conduce al baño y al vestidor. Confiamos todo sea de su agrado, si necesitáis cualquier cosa, no dudéis en comentárnoslo." –dijo Artemis con una voz cálida y acogedora. El príncipe recorrió con la mirada la habitación y por un momento acercó su mano para acariciar la cabeza de los gatos. Dándose cuenta de su acción a tiempo, retiró rápidamente su mano.

"– No os preocupéis, Alteza –dijo Artemis con una sonrisa– ante todo somos gatos y nos gustan esas atenciones." Y se levantó de sus cuartos traseros acercándose al príncipe, que volvió a acercar su mano, posándola suavemente sobre la cabeza del gato. Al sentirlo, Artemis ronroneó. Luna saltó a sus hombros y el príncipe con su mano libre, acarició suavemente la cabeza de la gata negra.

Al cabo de unos instantes, ambos gatos saltaron al suelo y abandonaron la estancia. Él se dirigió al dormitorio y se quitó su armadura. Se tumbó en la cama y cerrando los ojos, se puso a pensar en todo lo que había pasado desde que saliese esa mañana del Palacio de la tierra.

"– ¿No crees que estarías más cómodo para dormir si te cambiaras de ropa?" –dijo una voz inesperada. El príncipe se incorporó rápidamente en la cama y allí la vio. Recostada sobre un diván enfrente de la cama estaba ella, Bunny.

"– ¿¡Qué haces aquí!? ¿Cómo has entrado?" –dijo él sorprendido y levantándose de la cama para acercarse a ella. Selene así mismo se levantó grácilmente de un salto del diván y le señaló la puerta de la terraza, que estaba abierta.

"– Entré por ahí… te he traído algo. He pensado que a lo mejor te apetecería. –dijo ella ofreciéndole un cestillo lleno de fruta– No sé si has llegado a comer algo."

Se sintió extrañamente conmovido. Recordaría siempre todos y cada uno de sus recuerdos que hiciese con aquella joven. Todas sus acciones iban tan cargadas de ternura que lo emocionaban. Una tímida lágrima de alegría se escapó de su ojo. Ella lo miró extrañada y acercándose le agarró de la mano y tiró de él arrastrándolo hacia la terraza. Él se dejó arrastrar, decidió dejarse llevar por ella donde quisiese. Al llegar cerca de la barandilla lo soltó y dejó la cesta en una mesita que se encontraba cerca. Una vez allí, se apoyó en la barandilla frente a él observándolo. Endimión se acercó a la fruta y tomó una manzana. Él la miró y olió como si no estuviese seguro de si era real.

"– Las trajeron esta mañana de la tierra. Pensé que querrías algo conocido que comer." –dijo con ternura y giró su vista hacia un lado mirando el jardín. Una suave brisa agitó sus cabellos, le pareció el ser más bello y frágil que había visto, el ángel que le pareció desde el primer momento.

"– Muchas gracias por pensar en mí. –dijo agradecido. – ¿Qué has estado haciendo? Te he echado de menos."

Ella lo miró y le respondió esquiva: "– Tenía que hacer unos encargos, nada importante." –Ella suspiró levantándose y acercándose a él. Lo miró unos segundos y apoyando sus manos en la cadera le dijo burlona: "– ¿Cómo es eso de que me echaste de menos? ¡Nos hemos despedido hace apenas una hora!" –él la miró sorprendido por el tono. No sabía cómo responderle.

"– ¡Simplemente te extrañe! ¿Es eso tan malo? –dijo él inocente– Me ayudaste, me siento bien contigo. Además eres de aquí, puedes contarme cosas sobre la vida aquí y la luna."

Ella lo miró con cariño y asintió: "– Esta bien… ¡me ha quedado claro! –finalizó con un mohín– Me quieres a tu lado." Él sonrió en respuesta.

Se quedaron observando el paisaje que los rodeaba. No se sentía en la necesidad de hablar más. Había sido un día muy intenso. Disfrutaría de ese momento de paz con ella antes de ir a descansar. Al cabo de un rato, él le habló nuevamente.

"– Bunny, he conocido a las Guerreros del Sistema Solar interior, –explicó él– pero me preguntaba, ¿qué tipo de Guerrero eres tú? ¿A qué planeta perteneces?".

Ella se quedó paralizada ante la pregunta, su rostro mostraba intranquilidad. Tragó con un poco de dificultad y le respondió: "– Yo… no pertenezco a ningún planeta del Sistema Solar, no soy Guerrero de ninguno." –dijo ella lo más calmada que pudo. Y no estaba mintiendo ya que la Luna no era técnicamente un planeta… pero eso no se lo diría al príncipe, todavía no. Y añadió "– Poseo determinadas habilidades, eso es todo." El príncipe se quedó mirándola unos instantes, y asintió ante su respuesta. Ella respiró aliviada, no esperaba tan pronto esa pregunta, la cual sabía llegaría.

"– Me alegro que así sea, porque si no, yo no estaría aquí. –dijo él con tono de alivio– He podido beneficiarme de tus habilidades." Sonrió y nuevamente se dirigió a ella: "– Creo que deberíamos retirarnos a descansar, ha sido un intenso día. –Ella asintió– Te acompañaré a…". Ella alzó su mano y puso varios de sus dedos sobre los labios de Endimión, quien se estremeció ante el contacto.

"– No será necesario, –dijo ella– puedo irme desde aquí, de la misma manera que entré." Ella se aproximó a la barandilla y una cálida luz blanca y rosada la envolvió. Endimión la miró sorprendido mientras ella se elevaba como una figura etérea… como el ángel que pensó que era en la cascada. Se quedó admirado ante la visión de ella flotando ante él. Ella se posó sobre la barandilla, mirándole interrogante.

"– ¡Veo que te he causado una gran impresión! –dijo ella agachándose hasta la altura del príncipe que se había acercado a la barandilla– Con el tiempo tú también podrás controlar tu poder". Y diciendo esto, le dio un beso en la frente y saltó del balcón siendo nuevamente rodeada por la misma luz. Él se acercó rápido al borde y la vio desaparecer entre los macizos de flores del jardín.

"– Bunny… no dejarás de sorprenderme, pero me concedes destrezas que no poseo." Y diciendo esto, se dirigió a su habitación para descansar. Al día siguiente comenzaría su entrenamiento.