Capítulo VII
Prisioneros
Un gran estruendo despertó a Ruki. Eran disparos que provenían de la calle. Se asomó por la ventana y contempló un panorama aún más macabro aún. Una fila de presos estaba apostada en la calle, mientras que militares disparaban a cada uno, dando muerte a ellos. Ruki cerró la cortina y escondió a Kumiko lo que más pudo. Tenía miedo que la sacaran de su casa y la mataran en frente de sus ojos. Una vez terminada la masacre, muchos ciudadanos salieron de sus casas con banderas negras y caminaron por las calles en una marcha espontánea. Los vecinos de Kumiko la pusieron en primera fila, mientras que Ruki tomó su mano y la acompañó. En la primera fila ella se encontró con Yuuto, soltó a Ruki y besó a su novio. Ruki se enfureció, pero se calmó y continuó la marcha. Mientras se acercaban al palacio, el resto de the GazettE se unieron a la marcha. Kai sostuvo un lienzo y Uruha gritó:
-¡No dejemos que nos atropellen!-
Pero en unos metros cerca del palacio, la policía lanzó gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. Todos se pusieron mascarillas antigases y continuaron la marcha. Yoshimura, al ver que los manifestantes hacían todo su esfuerzo para estar en la marcha, envió a contingente policial y militar para disolver la marcha. En una pizarra exhibió fotografías de los miembros de the GazettE, Kumiko, Yuuto y Takaomi para arrestarlos. Junto a esas fotos estaba la de Terabithia, identificada como Satomi, con una gran x en su rostro en señal de haber sido aniquilada.
En medio de la marcha, la policía y el ejército intervinieron. Con una fuerza brutal reprimieron a los manifestantes. Agarraron a Aoi primero, seguido por Kai, Uruha, Takaomi, Reita, Yuuto, Kumiko y Ruki. Una vez que entraron al bus policial, Kai sacó su cabeza por la ventana y gritó a los manifestantes:
-¡Retirada!-
El resto de los manifestantes de inmediato corrieron a sus hogares, mientras que quienes fueron arrestados fueron enviados a distintos campos de concentración, excepto a the GazettE, Yuuto, Kumiko y Takaomi. Ellos fueron llevados al palacio de gobierno. Una vez bajados del bus, los condujeron hasta el salón del presidente. Para no rebelarse, los militares introdujeron en ellos unos chips que enviaban impulsos eléctricos al cuerpo cada vez que intentaban hacerlo. Al llegar al salón, los militares hicieron que ellos se arrodillaran frente al dictador. Yoshimura se levantó del trono que se había hecho y Reita gritó:
-¡Lo que hizo no tiene nombre…-
Pero la descarga eléctrica producida por el chip detuvo su discurso. Yoshimura los rodeó y dijo:
-Vaya, Kumiko. Ahora veo que estos cinco peleles conspiraban contigo en contra mía. No pudiste haber escogido a alguien mejor…-
Kumiko no pronunció ni una sola palabra. Yuuto se acercó a ella para convencerla de insultar a Yoshimura, pero su silencio acarreaba otro plan. Yuuto, al ver que su novia no hablaría, gritó:
-¡Será mejor que nos liberes, pedazo de mierda! ¡En cualquier momento te mataré…!-
Pero la descarga eléctrica pudo más que sus palabras. Yoshimura aprovechó ese silencio para ordenar a sus soldados enviarlos al calabozo. Con varas electrificadas los guiaron hasta el calabozo. Al encerrarlos, Yuuto escupió en la cara de un soldado. El mismo soldado intensificó la descarga y logró electrocutar su mano izquierda. Los soldados marcaron al resto de los prisioneros así como Aoi fue marcado. Una vez que se marcharon los soldados, Ruki se abalanzó sobre Yuuto, ahorcándolo y diciendo:
-Eres un bastardo. Por tu culpa nos oprimirán más, o peor aún, nos van a matar.-
Pero Kai lo separó. No servía en ese minuto estar peleados. Kumiko se sentó en el suelo y Uruha preguntó:
-Tengo una duda y sé que tú la resolverás. Si se supone que este gobierno vela por el pueblo, entonces ¿porqué es tan malo como los nazis?-
-Mi querido Uruha, el poder es capaz de corromper hasta el alma más pura. No distingue color político, ni credo religioso ni status social.- respondió Kumiko.
A la media hora después, los soldados llevaron a Aoi a un cuarto secreto. Lo sentaron en una silla, lo amarraron con correas sujetas a la silla y Aoi pensó de inmediato en tortura. Ya había pasado por lo mismo. Un soldado tomó una botella con agua y le arrojó un poco a la cabeza de Aoi. Él quedó confiado en que nada pasaría. Era sólo agua. Pero su percepción sobre lo que pasaba estaba errónea. No era sólo agua, sino que era agua con edulcorante. Otro soldado trajo una caja con escarabajos de Madagascar, los cuales consumían el edulcorante de la cabeza de Aoi y despedazaban de a poco la cabeza del guitarrista. Sus gritos fueron ensordecedores. Lo liberaron con un escarabajo y una vez arrojado a la celda, Reita botó el escarabajo y lo aplastó con su pie. Uruha, al ver el estado de su cabeza, lo curó de inmediato arrojando un poco de alcohol que poseía en su calcetín (bebía alcohol para desinfectar a falta de sake).
Los soldados se acercaron y Uruha escondió el alcohol. Se llevaron a Kai al mismo cuarto. Los gritos del baterista de oyeron en todo el pasillo, hasta que lo arrojaron a su celda. Sus manos sangraban al igual que sus pies. Kai ocultó sus manos, hasta que Aoi le tomó una. Sus uñas habían sido removidas una a una. Uruha le dio un poco de alcohol y Kumiko no pudo evitar quitar su mirada, ya que le había impactado la forma de ser torturado de Kai. Los soldados volvieron a la celda y sacaron a Reita. Él agachó su cabeza y se entregó al destino. La historia se repetía. Sus gritos eran escuchados como eco por todo el pasillo. Lo arrojaron a la celda con una bandita en su nariz como solía hacerlo en tiempos pasados. A Ruki le pareció extraño eso, removió la bandita y notó que su compañero había sido quemado en su nariz y en sus brazos con cigarrillo. Kumiko cubrió su boca con su mano y dijo:
-Esto es suficiente…-
Pero los soldados volvieron por Takaomi y por Yuuto. Al primero le lijaron las piernas y el abdomen para sacar alguna información valiosa. Quien se resistió a la tortura fue Yuuto, quien golpeó a los soldados como pudo. Uno de los soldados no aguantó más y al sacar su arma, dio un tiro a la cabeza de Yuuto. Kumiko había escuchado el disparo desde su celda, pero su corazón se destrozó al ver al soldado arrastrando el cadáver de Yuuto de un pie. Kumiko se corrió a un rincón y comenzó a llorar. Ruki sonrió y musitó:
-Algo bueno que resultara de esto.-
Al ver a Kumiko llorar, corrió a abrazarla para darle consuelo. Ella no lo soltó y le dijo:
-No puedo creerlo. Ellos me quitaron a mi amor de mis manos.-
Pero el llanto fue interrumpido por la entrada de otro soldado, quien arrojó a Takaomi al suelo y se llevó a Uruha. Takaomi mostró sus piernas y su abdomen y dijo:
-me llevé la mejor parte de la sesión. Lo lamento, Kumiko, pero Yuuto se rebeló y sabes lo que hacen estos tipos con gente como él.-
El soldado metió a Uruha al cuarto y otro soldado lo sentó en una silla y colocó en sus piernas unas rejillas de metal. Uruha pensó que sería eso no más la tortura, pero el soldado tiró de una cuerda que venía junto a la rejilla. Lo que le pusieron era un cilicio que ellos confiscaron de un muerto opus dei. Uruha gritó lo más fuerte que pudo de dolor y sus piernas comenzaron a sangrar. Los soldados dejaron las rejillas y lo llevaron a la celda. Reita, al ver las piernas sangrantes de Uruha, bajó sus pantalones frente a todos y removió los cilicios de sus piernas. Agarró la botella de alcohol y aplicó un poco en sus piernas. Uruha gritó por el ardor que éste producía en sus heridas y Ruki dijo:
-Esto es suficiente. Debemos terminar con esto…-
Pero el chip hizo su efecto. Todos callaron y un soldado le dijo a otro:
-Eso es todo por hoy. Mañana seguiremos con el pitufo y su pitufina.-
Los soldados se retiraron del pasillo y Ruki abrazó a Kumiko. El mensaje era claro: al amanecer, sería el turno de ambos. Ella dio un beso en su mejilla y él tomó un pedazo de papel, un lápiz y escribió un mensaje para los de la universidad. Tenía un plan entre manos. Juntó a sus compañeros de banda y a los otros prisioneros de la celda y les contó su idea. Esperarían al amanecer para llevarla a cabo. Una vez compartida la idea, removió todos los chips de sus compañeros de banda, el de Kumiko y el de Takaomi, y Kai removió el que Ruki llevaba. Ruki los juntó todos y mientras pasaba un soldado vigilando los pasillos, sigilosamente dejó los chips en el bolsillo. Kumiko sonrió y él le dijo:
-Ya verás que ocurrirá mañana con ese idiota.-
Después de cinco minutos, los guardias obligaron a los prisioneros a dormir. Esa noche, los estómagos sonaron. No habían sido alimentados desde que fueron encarcelados. Kai despertó y quitó un paquete de galletas a un guardia. Abrió el paquete y las compartió con sus compañeros de celda. Todos agradecieron el gesto de Kai y volvieron a dormir. Se venía un día duro y lleno de desafíos para ellos.
