Red Queen.


Disclaimer: Nada de esto me pertenece, ni siquiera sus historias y orígenes. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, y la historia es una adaptación de la fabulosa novela homónima de Victoria Aveyard. Yo me atribuyo únicamente la adaptación.

P.S: Aquello escrito en cursiva son, en su mayoría, los pensamientos de nuestra protagonista. En una menor medida, son otras cosas como cartas, notas, y demás.

¡Disfruten la lectura! ¡Nos vemos abajito!


CHAPTER 6.

Cuando la puerta se abre de golpe al amanecer, no estoy asustada. Las requisas de seguridad son normales, a pesar de que usualmente obtenemos una o dos al año. Esta sería la tercera.

—Vamos, Ali. —murmuro, ayudándola a salir de su cama y a bajar por la escalera. Se mueve precariamente, apoyándose en su brazo bueno, y mamá nos espera en el piso. Sus brazos se cierran alrededor de Alice, pero sus ojos están en mí. Para mi sorpresa, no parece enfadada o siquiera decepcionada. En su lugar, su mirada es suave.

Dos oficiales esperan al lado de la puerta, sus armas colgando de sus costados. Los reconozco del puesto de avanzada del pueblo, pero hay otra figura, una mujer joven de rojo con una insignia de una corona de tres colores sobre su corazón. Un sirviente de la realeza, un Rojo que le sirve al rey, me doy cuenta, y empiezo a entender. Esta no es una requisa común.

—Nos sometemos a la búsqueda y captura. —refunfuña mi padre, diciendo las palabras que debe cada vez que esto sucede. Pero en vez de dividirse para hurgar por nuestra casa, los oficiales de Seguridad se quedan firmes.

La joven mujer da un paso adelante y, para mi horror, se dirige a mí.

—Bella Swan, usted ha sido convocada a Summerton.

La mano buena de Alice se cierra alrededor de la mía, como si pudiera contenerme.

—¿Q-qué? —Me las arreglo para tartamudear.

—Ha sido convocada para Summerton. —repite ella, y hace señas hacia la puerta—. La escoltaremos. Por favor proceda.

Convocada. Por un Rojo. Nunca en mi vida había escuchado tal cosa. Así que, ¿por qué yo? ¿Qué he hecho para merecer esto?

Pensándolo mejor, soy una criminal y probablemente soy considerada una terrorista debido a mi asociación con Farley. Mi cuerpo hormiguea con nervios, cada musculo tenso y preparado. Tendré que correr, a pesar que los oficiales bloquean la puerta. Será un milagro si logro llegar hasta una ventana.

—Cálmate, todo está aclarado después de ayer. —Ríe, confundiendo mi miedo—. El Salón y el mercado están bien controlados ahora. Por favor proceda. —Para mi sorpresa, sonríe, aun cuando los oficiales de Seguridad aprietan sus armas. Asienta un escalofrío en mi sangre.

Rechazar a la Seguridad, rechazar una convocación real, significaría la muerte, y no solo para mí.

—Está bien. —farfullo, desenredando mi mano de la de Alice. Se mueve para aferrarse a mí, pero nuestra madre la hala hacia atrás—. ¿Te veré más tarde?

La pregunta cuelga en el aire, y siento la mano tibia de papá rozar mi brazo. Está despidiéndose. Los ojos de mamá nadan con lágrimas no derramadas, y Alice está tratando de no parpadear, para recordar cada último segundo. Ni siquiera tengo algo que pueda dejarle. Pero antes de que pueda retrasarme o permitirme llorar, un oficial me toma del brazo y me aleja.

Las palabras se escapan de mis labios, a pesar de que salen apenas como algo más que un susurro.

—Te amo.

Y entonces la puerta se cierra detrás de mí, dejándome fuera de mi hogar y mi vida.

Me apresuran a través del pueblo, por el camino hacia la plaza del mercado. Pasamos por la casa destartalada de Jasper. Normalmente ya estaría despierto, a mitad de camino hacia el río para empezar el día temprano cuando aún está fresco, pero esos días se han ido. Ahora apuesto a que duerme la mitad del día, disfrutando las pocas comodidades que puede antes del servicio militar obligatorio. Parte de mí quiere gritarle una despedida, pero no lo hago. Irá a buscarme más tarde, y Alice le dirá todo. Con una risa silenciosa recuerdo que Farley me estará esperando hoy, con una fortuna como pago. Estará decepcionada.

En la plaza, un brillante transporte negro espera por nosotros. Cuatro ruedas, ventanas de vidrio, redondeado hasta el suelo, parece una bestia lista para ingerirme. Otro oficial está sentado en los controles y enciende el motor cuando nos acercamos, arrojando humo negro en el aire de la madrugada. Soy obligada a entrar en la parte trasera sin una palabra, y el sirviente apenas se desliza al lado antes de que el transporte despegue, corriendo por el camino a una velocidad que nunca he imaginado siquiera. Esta será mi primera, y última, vez montada en uno.

Quiero hablar, preguntar qué está sucediendo. Cómo van a castigarme por mis crímenes, pero sé que mis palabras caerán en oídos sordos. Así que contemplo por la ventana, observando el pueblo desaparecer a medida que entramos en el bosque, por el familiar camino norteño. No está tan poblado como ayer, y oficiales de Seguridad esparcen el camino. El Salón está controlado, el sirviente había dicho. Supongo que esto es a lo que se refería.

La pared de cristal de diamante brilla, reflejando el sol mientras sube desde los bosques. Quiero entrecerrar los ojos, pero me mantengo quieta. Debo mantener mis ojos abiertos aquí.

La puerta es empujada por uniformes negros, todos oficiales de Seguridad chequeando y revisando a los viajeros a medida que entran. Cuando nos detenemos, la sirvienta mujer me saca del transporte, pasando la línea y a través de la puerta. Nadie protesta, o siquiera se molesta en chequear por identificaciones. Ella debe ser conocida aquí.

Una vez que estamos adentro, me mira.

—Soy Angela, por cierto, pero mayormente nos llamamos por los apellidos. Dime Walsh.

Walsh. Me suena familiar. Junto con su cabello descolorido y piel bronceada, solo puede significar una cosa.

—¿Tú eres de…?

—Los Pilares, igual que tú. Conocí a tu hermano Jacob, y lamento que conociera a Alec. Un verdadero rompecorazones, ése. ―Alec tenía una reputación alrededor del pueblo antes de que se fuera. Me dijo una vez que no le temía al servicio militar obligatorio tanto como los demás porque la docena de mujeres sedientas de sangre que estaba dejando atrás eran mucho más peligrosas—. Sin embargo, no te conozco a ti. Pero sin duda lo haré.

No puedo evitar resoplar.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Quiero decir que vas a estar trabajando largas horas aquí. No sé quién te contrató o qué te dijeron acerca del trabajo, pero empieza a desgastarte. No es solo cambiar las sábanas y limpiar platos. Tienes que ver sin mirar, escuchar sin oír. Somos objetos allá arriba, estatuas vivientes para servir. —Suspira levemente y se voltea, abriendo una puerta construida justo en un lado de la compuerta—. Especialmente ahora, con este negocio de la Guardia Escarlata. Nunca es un buen momento para ser un Rojo, pero esto es muy malo.

Da un paso a través de la puerta, aparentemente en la pared sólida. Me toma un momento darme cuenta que está bajando por un tramo de escaleras, desapareciendo en la penumbra.

—¿El trabajo? —presiono—. ¿Qué trabajo? ¿Qué es esto?

Da una vuelta en las escaleras, prácticamente rodando los ojos.

—Has sido convocada para llenar un puesto. —dice como si fuera la cosa más obvia en el mundo.

Trabajar. Un empleo. Casi me caigo de pensarlo.

Edward. Quizás hasta esté trabajando con él. Mi corazón salta ante la perspectiva, sabiendo qué significa esto. No moriré, ni siquiera voy a luchar. Trabajaré y viviré. Y más tarde, cuando encuentre a Edward, puedo convencerlo de que haga lo mismo por Jasper.

—¡Sígueme, no tengo tiempo para sostener tu mano!

Temblando detrás de ella, desciendo a un túnel sorprendentemente oscuro. Pequeñas luces brillan en las paredes, por lo que apenas es posible ver. Tuberías pasan sobre la cabeza, zumbando con el agua corriendo y la electricidad.

—¿A dónde vamos? —Finalmente respiro.

Casi puedo oír la consternación de Walsh a medida que se voltea, confundida.

—Al Salón del Sol, por supuesto.

Por un segundo, creo que puedo sentir mi corazón detenerse.

—¿Q-qué? ¿El palacio, el palacio de verdad?

Golpea suavemente la insignia en su uniforme. La corona hace un guiño en la luz baja.

—Sirves al rey ahora.

Tienen un uniforme listo para mí, pero apenas lo noto. Estoy demasiado deslumbrada por lo que me rodea, la piedra bronceada y el piso de mosaico reluciente de este pasillo olvidado en la casa de un rey. Otros sirvientes se apresuran pasando en un desfile de uniformes rojos. Examino sus rostros, buscando a Edward, queriendo agradecerle, pero nunca aparece.

Walsh se queda a mi lado, susurrando consejos.

—No digas nada. No escuches nada. No hables con nadie, porque ellos no te hablarán.

Apenas puedo mantener las palabras; los últimos dos días han sido una ruina en mi corazón y alma. Creo que la vida simplemente ha decidido abrir compuertas, tratando de ahogarme en un remolino de giros y vueltas.

—Viniste en un día ocupado, tal vez el peor que veremos jamás.

—Vi los barcos y los dirigibles Plateados que han estado yendo río arriba por semanas. —digo—. Más de lo habitual, aun para esta época del año.

Walsh me apresura, empujando una bandeja de tazas brillantes en mis manos. Seguramente estas cosas pueden comprar mi libertad y la de Jasper, pero el Salón está resguardado en cada puerta y ventana. Nunca podría deslizarme de tantos oficiales, aun con todas mis habilidades.

—¿Qué está sucediendo hoy? —pregunto tontamente. Un mechón de mi cabello oscuro cae en mis ojos, y antes de que pueda intentar apartarlo con un soplido, Walsh empuja el cabello hacia atrás y lo amarra con un minúsculo pasador, sus movimientos rápidos y precisos—. ¿Es esa una pregunta estúpida?

—No, tampoco sabía al respecto, no hasta que comenzamos a prepararnos. Después de todo, no han tenido una en veinte años, desde que la reina Elara fue seleccionada. —Habla tan rápido que sus palabras casi se entremezclan—. Hoy es La Prueba de la Reina. Las hijas de las Casas Altas, las grandes familias Plateadas, han venido todas a ofrecerse al príncipe. Hay un gran festín esta noche, pero ahora están en el Jardín Espiral, preparándose para presentarse, esperando ser elegidas. Una de esas chicas podrá ser la próxima reina, y están abofeteándose las unas a las otras como tontas por la oportunidad.

Una imagen de un montón de pavos reales destella en mi mente.

—Así que, qué, ¿ellas dan una vuelta, dicen unas pocas palabras, baten sus pestañas?

Pero Walsh resopla, negando.

—Difícilmente. —Entonces sus ojos brillan—. Tú tienes el deber de servir, así que podrás verlo por ti misma.

Las puertas se ciernen por delante, hechas de madera tallada y vidrio que fluye. Un sirviente las abre, permitiendo que se muevan a través de ellas a la línea de uniformes rojos. Y luego es mi turno.

—¿Vienes? —Puedo escuchar la desesperación en mi voz, casi rogándole a Walsh que se quede conmigo. Pero retrocede, dejándome sola. Antes de que pueda retrasar la línea o de otra manera arruinar la asamblea organizada de sirvientes, me obligo a moverme hacia adelante y hacia a la luz del sol de lo que llamó el Jardín Espiral.

En primera instancia creo que estoy en el medio de otra arena como la que está de vuelta en casa. El espacio se curva hacia abajo en un bol inmenso, pero en lugar de bancos de piedra, mesas y sillas de felpa llenan la espiral de terrazas. Plantas y fuentes atraviesan los escalones, dividiendo las terrazas en cajas. Se unen en la parte inferior, decorando un círculo herboso anillado con estatuas de piedras. Delante de mí está un área en forma de caja llena de seda roja y negra. Cuatro asientos, cada uno hecho de hierro implacable, se ven en el suelo.

¿Qué demonios es este lugar?

Mi trabajo pasa en un borrón, siguiendo las órdenes de los otros Rojos. Soy una servidora de cocina, debo limpiar, asistir a los cocineros, y actualmente, preparar la arena para el evento por venir. Porqué los miembros de la realeza necesitan una arena, no estoy segura. En casa son usadas solo para hitos, para ver a Plateados contra Plateados, ¿pero qué podría significar aquí? Esto es un palacio. Sangre nunca manchará estos pisos. Aun así la no-arena me llena con una sensación terrible de presentimiento. La sensación de picazón regresa, latiendo bajo mi piel en olas. Para el momento que finalizo y vuelvo a la entrada de los sirvientes, La Prueba de la Reina está a punto de empezar.

Los otros sirvientes se van retirando, moviéndose a una plataforma elevada rodeada por puras cortinas. Me apresuro detrás de ellos y tropiezo en la línea, justo cuando otro juego de puertas se abre, directamente entre la caja de los miembros de la realeza y la entrada de los sirvientes.

Está iniciando.

Mi mente retrocede al Gran Jardín, a las hermosas, crueles criaturas que se llaman humanos. Todas ostentosas y vanas, con miradas duras y peores temperamentos. Estos Plateados, las Casas Altas, como los llama Walsh, no serán diferentes. Quizás hasta sean peores.

Entran como una multitud, como una bandada de colores que se dividen alrededor del Jardín Espiral con fría gracia. Las diferentes familias, o casas, son fáciles de distinguir; todos usan los mismos colores que el resto. Purpura, verde, negro, amarillo, un arcoíris de sombras moviéndose hacia la caja de su familia. Rápidamente pierdo la cuenta de todos ellos. ¿Cuántas casas hay? Más y más se unen a la multitud, algunos deteniéndose para hablar, otros abrazando con brazos tiesos. Esto es una fiesta para ellos, me doy cuenta. Es más probable que tengan poca esperanza en poner adelante una reina y esto son solo unas vacaciones.

Pero unos pocos no parecen de humor para celebrar. Una familia de cabello plateado en seda negra se sienta en silencio enfocado a la derecha de la caja del rey. El patriarca de la casa tiene una barba puntiaguda y ojos negros. Más abajo, una casa de azul marino y blanco murmuran juntos. Para mi sorpresa, reconozco a uno de ellos. Samson Merandus, el murmullo que vi en la arena hace unos días. A diferencia de los otros, contempla oscuramente el piso, su atención en otro lugar. Tomo nota para evitar encontrarme con él o sus habilidades mortales.

Extrañamente, sin embargo, no veo ninguna chica en edad para casarse con un príncipe. Tal vez se están preparando en otro lugar, ansiosamente esperando su oportunidad para ganar una corona.

Ocasionalmente, alguien presiona un botón cuadrado de metal en su mesa para encender una luz, indicando que requieren un sirviente. Quién esté más cerca de la puerta los atiende, y el resto de nosotros nos movemos a lo largo, esperando nuestro turno de servir. Por supuesto, en el segundo que me muevo al lado de la puerta, el miserable patriarca de ojos negros golpea el botón de su mesa.

Gracias a los cielos por mis pies, los cuales nunca me han fallado. Casi salto a través de la multitud, bailando entre cuerpos errantes mientras que mi corazón golpea dentro de mi pecho. En lugar de robarles a estas personas, se supone que les sirva. La Bella Swan de la semana pasada no sabría si reírse o llorar por esta versión de sí misma. Pero ella fue una chica tonta, y ahora paga el precio.

—¿Lord? —digo, enfrentando al patriarca que había pedido servicio. En mi cabeza, me maldigo. No digas nada es la primera regla, y ya la había roto.

Pero no parece notarlo y simplemente sostiene una copa de agua vacía, una mirada aburrida en su rostro.

—Están jugando con nosotros, Ptolemus. —le refunfuña a un joven hombre musculoso a su lado. Asumo que es suficientemente desafortunado para ser llamado Ptolemus.

—Una demostración de poder, padre. —responde Ptolemus, bebiendo enteramente su propia copa. La extiende hacia mí, y la tomo sin dudar—. Nos hacen esperar porque pueden.

Ellos son los miembros de la realeza quienes todavía tienen que hacer acto de presencia. Pero al oír a estos Plateados discutir al respecto de ellos, así, con tanto desdén, es desconcertante. Nosotros los Rojos insultamos al rey y a los nobles si podemos conseguir salirnos con la nuestra, pero creo que esa es nuestra prerrogativa. Estas personas nunca han sufrido un día en su vida. ¿Qué problemas podrían tener unos con otros?

Quiero quedarme y escuchar, pero hasta yo sé que va contra las reglas. Me doy la vuelta, subiendo un tramo de escaleras fuera de la caja de ellos. Hay un lavabo escondido detrás de unas flores de colores brillantes, probablemente, así que no tengo que ir todo el camino de vuelta en torno a la no-arena para rellenar sus bebidas. Fue entonces cuando un metálico, tono agudo, reverbera a través del espacio, al igual que el que está en el comienzo del Primer Viernes de Hitos. Se emite un sonido un par de veces, la pronunciación de una melodía orgullosa, anunciando lo que debe ser la entrada del rey. A su alrededor, las Casas Altas se ponen de pie, de mala gana o no. Me doy cuenta de que Ptolemus le murmura algo a su padre otra vez.

Desde mi punto de vista, escondida detrás de las flores, estoy al mismo nivel con la caja del rey y ligeramente detrás de él. Bella Swan, a pocos metros del rey. ¿Qué pensaría mi familia o Jasper de ese asunto? Este hombre nos manda a morir, y de buena gana me he convertido en su siervo. Me enferma.

Él entra rápidamente, hombros fijados y rectos. Incluso desde atrás, parece mucho más gordo de lo que parece en las monedas y las emisiones, pero también más alto. Su uniforme es de color negro y rojo, con un corte militar, aunque dudo que alguna vez haya pasado un solo día en las trincheras en las cuales los Rojos mueren. Insignias y medallas brillan en su pecho, un testimonio de las cosas que nunca ha hecho. Incluso lleva una espada dorada a pesar de los muchos guardias alrededor de él. La corona en la cabeza es familiar, hecho de oro rojo trenzado y hierro negro, cada punto de un estallido de llamas curvándose. Parece quemar su cabello negro como la tinta salpicada de gris. Qué apropiado, porque el rey es un quemador, como lo fue su padre, y su padre antes que él, y así sucesivamente. Destructivos, potentes controladores de calor y fuego. Una vez, nuestros reyes solían quemar a los disidentes con nada más que un toque en llamas. Este rey quizá no queme Rojos ya, pero todavía nos mata con la guerra y la ruina. Su nombre es uno que he conocido desde que era una niña sentada en el aula, todavía con ganas de aprender, como si eso pudiera llevarme alguna parte. Tiberias Calore Sexto, rey de Norta, Llama del Norte. Un bocado si alguna vez hubo uno. Escupiría en su nombre si pudiera.

La reina lo sigue, asintiendo a la multitud. Mientras que la ropa del rey es oscura y de corte severo, su atuendo azul marino y blanco es espacioso y luminoso. Se inclina solo a la casa de Samson, y me doy cuenta que está usando los mismos colores que ellos. Debe ser su pariente, a juzgar por el parecido familiar. El mismo cabello rubio cenizo, ojos azules y sonrisa en punta, haciéndola ver como un felino depredador salvaje.

Tan intimidante como los miembros de la realeza parecen, no son nada comparados con los guardias que les siguen. Aunque soy una Roja nacida en el barro, sé quiénes son. Todo el mundo sabe lo que un Centinela parece, porque nadie quiere conocerlos. Ellos flanquean el rey en cada emisión, en cada discurso o decreto. Como siempre, sus uniformes parecen llama, vacilante entre el rojo y el naranja, y sus ojos brillan detrás de las máscaras negras temibles. Cada uno lleva un rifle negro con punta de una bayoneta de plata brillante que podría cortar el hueso. Sus habilidades son aún más aterradoras que sus apariencias, guerreros élite de diferentes casas Plateadas, entrenados desde la infancia, que han jurado al rey y su familia durante toda su vida. Son suficientes para hacerme temblar. Pero las Casas Altas no tienen miedo en absoluto.

En algún lugar profundo en las cajas, los gritos se inician.

—¡Muerte a la Guardia Escarlata! —grita alguien, y otros se unen rápidamente. Un escalofrío me atraviesa como recuerdo de los acontecimientos de ayer, ahora tan lejos. Cuán rápido este grupo se podía poner en contra...

El rey parece agitado, palideciendo al ruido. No está acostumbrado a los arrebatos como este y casi gruñe a los gritos.

—¡La Guardia Escarlata, y todos nuestros enemigos, están siendo tratados! —retumba Tiberias, y su voz resuena entre la multitud. Se les hace callar como el chasquido de un látigo—. Pero eso no es por lo que estamos aquí para hacer frente. Hoy honramos la tradición, y ningún diablo Rojo va impedir eso. Ahora es el rito de La Prueba de la Reina, para traer adelante a la hija más talentosa para casarse con el hijo más noble. En esto encontramos la fuerza, para unir a las Casas Altas, y el poder, para asegurar la regla Plateada hasta el final de los días, para derrotar a nuestros enemigos, en las fronteras, y dentro de ellas.

—Fuerza. —ruge la multitud. Es aterrador—. Poder.

—El tiempo ha llegado de nuevo para defender este ideal, y mis dos hijos honran nuestra costumbre más solemne. —Agita una mano, y dos figuras dan un paso adelante, flanqueando a su padre. No puedo ver sus rostros, pero ambos son del mismo alto y de cabello negro, como el rey. También usan uniformes militares—. El príncipe Anthony, de la Casa Calore y Merandus, hijo de mi esposa real, la reina Elara.

El segundo príncipe, más pálido y más ligero que el otro, levanta una mano en señal de saludo severo. Se gira a la izquierda y a la derecha, y echo un vistazo a su rostro. A pesar de que tiene una seria mirada real para él, no puede tener más de diecisiete años. De rasgos afilados y de ojos azules, podría congelar el fuego con su sonrisa, que desprecia este espectáculo. Estoy de acuerdo con él.

—Y el príncipe heredero de la Casa Calore y Jacos, hijo de mi difunta esposa, la reina Coriane, heredero del reino de Norta y la Corona Quemante, Tiberias Séptimo.

Estoy demasiado ocupada riéndome del absurdo total del nombre al notar al joven saludando y sonriendo. Finalmente levanto mis ojos, solo para decir que estaba tan cerca del futuro rey. Pero me da mucho más de lo que esperaba.

Las copas de cristal en mis manos caen, aterrizando sin causar daños en el fregadero de agua.

Conozco esa sonrisa, y conozco esos ojos. Quemaron los míos tan solo anoche. Él me consiguió este trabajo; me salvó de la conscripción. Era uno de nosotros. ¿Cómo puede ser esto?

Y entonces se vuelve totalmente, saludando a su alrededor. No hay duda de ello.

El príncipe heredero es Edward.


¿Y bien? ¿Se lo esperaban, o ni siquiera se les pasó por la mente que pudiera ser él?

Alakjdbllakbd, yo personalmente amo este capítulo, y aún más el que le sigue (que publicaré el miércoles).

Otra cosa: ¿Qué pensarían de que fuera subiendo más adaptaciones? Todavía no las secuelas de RQ, pero sí algunos otros libros que me llaman la atención... Tendrían días de actualización diferentes, por supuesto, y... Bueno, eso. ¿Me dejarían rr con sus opiniones?

Tengan un muy buen domingo, y nos vemos el miércoles. *emoticon heart*

XOXO,

S.

PS: Un review equivale a una sonrisa en esta chica y más ganas de seguir con esta adaptación. ¿Me harían feliz? *ojitos de cordero*