Irie viajó al día siguiente. Su madre había arrendado una pequeña casa, en un lindo condominio, cerca del campus de Kotoko. Estaba a menos de dos cuadras de distancia. La casa contaba con 3 habitaciones y un pequeño jardín, era muy cálida y se sentía bien en ella. Tenía living comedor juntos y una buena cocina, era muy luminosa, sabía que Kotoko la amaría apenas la viera.

Ese día se acomodó y fue de compras. Aunque necesitó muy pocas cosas, puesto que su madre había preparado absolutamente todo.

Irie estaba sorprendido con la capacidad que tenía su madre. Sin dudas, nada se le escapaba.

Esa noche, se fue a dormir temprano. Estaba agotado. Pero apenas despertase iría por Kotoko. Era domingo y gracias a algunos contactos de su madre, supo que tendría el día libre.

(*******)

Ese domingo amaneció particularmente frío y tal como habían programado, Kotoko y sus amigas, habían decidido ir a pasear por la ciudad.

-¡Apúrate Kotoko!- le gritaba Mikami danzando alegremente delante de ella. Estaba muy emocionada, hace días que deseaban salir a pasear. Habían sido duros días de exámenes y turnos.

-jajaja- reían animadamente Kotoko así como las demás.

Estaban llegando a la parada de trenes, cuando a lo lejos ven acercarse a un joven alto y muy apuesto. La silueta se le hizo conocida a Kotoko, pero hizo caso omiso a sus pensamientos. Era absolutamente imposible en todo caso.

-¡Ohh que joven más apuesto!- exclamó Mikami. -¡Miren parece que viene hacia nosotras!- continuó.

Ante este comentario, Kotoko dirigió la vista al joven al cual Mikami señalaba. Lo primero que pensó era que su mente le estaba jugando una mala pasada, no podía ser cierto. Irie no podía estar ahí en ese momento, no frente a ellas. Ellas pasaron frente al Joven e Irie quedó completamente pasmado al ver que Kotoko, no se detuvo a saludarlo, solo se miraron directamente a los ojos, y Kotoko hizo como si no lo conociera. Él solo pudo ver como su esposa se aferraba fuertemente al brazo de una de sus amigas. Pero ella siguió caminando cómo si nada.

Irie se quedó inmóvil. Estaba anonadado. Nunca pensó que algo así podría suceder. Kotoko sin dudas lo había reconocido. Se habían mirado fijamente a los ojos. Había podido ver su sorpresa al verlo. Se volteó para mirarla rápidamente. Ella y sus amigas estaban abordando el tren. Pero ella no volvió a mirarlo. Irie por un minuto estuvo a punto de colapsar, tuvo que apoyar su mano en un árbol cercano.

Pero quien realmente tuvo que utilizar todo su autocontrol para no desmayarse y perder el control frente a sus amigas fue Kotoko.

-¿Se fijaron en ese joven? ¡Parecía que se acercaría a hablarnos!

Kotoko estaba aún en estado de shock. Sentía que en cualquier momento su corazón se le saldría del pecho.

-¡Kotoko parece que le gustaste, no te quitó los ojos de encima en ningún momento!.

Pero Kotoko, no contestaba nada.

-¿Kotoko te sientes bien?- le preguntó Naomi alterada - ¡Parece que viste un fantasma! ¡Estás muy pálida!

-De repente, me comencé a sentir mareada – dijo apoyando su cabeza en el vidrio del tren. Su corazón aun latía incesantemente, mientras que sus manos sudaban sin control alguno.

-¿Quieres regresar?- le preguntó Mikami – La verdad no te ves bien.

-¡No!- ¡Por favor No! - Por ningún motivo, quiero comer algo. ¡Seguramente comiendo se me quitará esta sensación!- exclamó aterrada ante la posibilidad de regresar y encontrarse nuevamente con Irie.

Pasaron a comer a un restaurante de comida rápida pero Kotoko prácticamente no tocó su comida. Pasearon un largo rato y por más que trataron Kotoko pareció no disfrutar nada.

Kotoko parecía que se desmayaría en cualquier minuto. Sus amigas a fin de que no se sobre exigiera, decidieron tomar un taxi hasta el campus.

Iban ingresando al hospital, cuando las jóvenes divisaron nuevamente a Irie.

-¿Ese no es el joven que vimos esta mañana?- preguntó Naomi asombrada.

-Sí, es él. Una cara así mi cerebro no lo olvidaría tan fácil – dijo Mikami analizando al chico.

Kotoko se estremeció. El taxi se detuvo justo en la puerta del hospital, a cierta distancia de Irie. Si corría, quizás él no la podría ver.

-Han pasado 7 horas desde que lo vimos en la mañana – pensó ella mirando su reloj. -¿Habrá esperado todo este tiempo aquí afuera con este frío?- se preguntó Kotoko así misma.

Ella y sus amigas bajaron del taxi y rápidamente entraron al campus. Kotoko vio hacia Irie y vio como él comenzó a correr a su encuentro. Pero se detuvo al ver que ella prefirió no detenerse a saludarlo una vez más.

Kotoko se encerró en su dormitorio aterrada. Su corazón palpitaba sin control alguno. Todo parecía una pesadilla.

-¿Qué hace él aquí?- se preguntaba una y otra vez mientras tiritaba a más no poder.