Ni Hetalia ni los personajes me pertenece y prácticamente las historias base tampoco, yo sólo las adapté a esta serie.


~ Amigos ~

Buenas tardes, mi nombre es Emma Van Damme y al parecer soy la única chica acá.

Todo comenzó cuando cursaba los primeros años de secundaria, allí conocí a un suizo bastante avaro y sobreprotector el cual se convirtió en mi mejor amigo, pero como muchos saben, de la amistad al amor sólo son unos pasos, por lo que después de unos años comencé a sentirme atraída hacia él, mas con el tiempo pude entender que lo prefería como amigo, aunque esa atracción aún permanecía.

Mi sueño es tener una pastelería y hacer yo misma los dulces, por lo que entré a estudiar Gastronomía este año, dentro encontré que la hermana gemela de mi amigo, a la cual sólo habré visto en unas dos ocasiones cuando iba a su casa porque ella estudiaba en una escuela religiosa bastante estricta, sería mi compañera, por lo que también entablamos una muy buena amistad.

A todo esto, mi amigo estudia algo con economía para poder encargarse de toda la parte financiera de nuestra pastelería, porque su hermana planea hacer lo mismo que yo y decidimos abrir una pastelería juntas.

Con el pasar de las semanas pude notar que ambos eran muy distintos en cuanto a su actitud –lo cual se puede ver a leguas, pero tenía que recalcarlo- pero su físico sigue siendo casi el mismo, lo que me llevó a sentirme atraída hacia ella también. Puede sonar algo tonto y bastante raro, ¡pero era inevitable! Si los conocieran podrían encontrarme la razón de por qué me pasó esto.

Por la actitud que tiene mi amiga encontré que era más probable que pasara algo con ella que con su hermano, así que comencé a insinuármele, pero es la inocencia en persona de la que estamos hablando, por lo que no notó lo que intentaba.

Habían pasado más o menos cinco semanas desde que comenzaron las clases y había descubierto ese extraño deseo que tenía hacia mi compañera. Todavía no podía creer que ese tipo de pensamientos hayan pasado por mi mente, nunca me habían interesado las chicas hasta que en ella vi un enorme parecido a mi amigo. Quizás se me pegaron ciertas costumbres de mi hermano. A él le gustan… yo diría que le da a cualquiera, es muy liberal, pero lo he visto con más chicos que chicas y por el mismo motivo yo era la 'esperanza' de mis padres de darles nietos y todo lo que querían ver de sus hijos, pero como voy dudo que pueda ser así… Bueno, volviendo al tema; habían pasado unas semanas desde aquello y ya era el día en que se realizaría la primera fiesta de la facultad y nosotras, como buenas alumnas de primer año, no pensábamos perdérnosla por nada. En realidad yo no planeaba perdérmela y arrastraría a mi amiga a eso para no andar sola por allá. Nos pusimos nuestras mejores ropas y nos largamos a la fiesta.

En el lugar todo era diversión y libertinaje. Muchos bailaban, se veía gente sobria como otros en notable estado de ebriedad, otros comiendo, drogándose, jugando, conversando (más bien gritando porque con los parlantes resonando a tan alto volumen no se podía hablar bien) y otros pasando el rato en fogosa compañía devorándose en besos o manteniendo relaciones a vista de todos. Era como estar en el paraíso, ¡como adoro ir de fiestas! Aunque ese día supe que mi amiga no tenía los mismos gustos que yo en ese sentido.

Al entrar saludamos a unas cuantas personas a las que conocíamos obviamente de clases. Intercambiamos palabras por un buen rato y la mayoría bebió como si no hubiera mañana, incluyéndome (¡Era cerveza! ¿Qué esperaban? Además de mi marca favorita), hasta que el grupo comenzó a dispersarse y quedé nuevamente sola con mi amiga.

Pude escuchar (antes no pude por estar tan metida en el otro tema) que estaban dando una de mis canciones favoritas así que no dudé ni un minuto en sacarla a bailar. Yo bailaba como lo hago en toda buena fiesta; muy emocionada y enérgica, mientras que ella hacía un adorable intento por seguirme. Al parecer no estaba acostumbrada a moverse con el ritmo de esa música, por lo que tomé de sus manos y la guie. Creo que era una escena muy graciosa de ver, pero no recuerdo todo tan claramente por la borrachera.

La canción cambió, como era de esperarse, y yo la seguía guiando para que bailásemos juntas. Así seguimos toda la noche, hasta que tocaron cierta canción. No era un lento ni nada parecido, más bien, si no mal recuerdo, era salsa. La pegué a mi cuerpo, estiré uno de nuestros brazos y la moví de un lado hacia otro, parecía como si intentara bailar tango o alguna otra cosa, pero no lo que debía ser, aun así ella no me reclamó, dejó que la moviera en ocasiones hasta bruscamente sólo con una expresión de susto y luego con unas risas. Me gustó tanto verla reír de esa manera tan emocionada, como si no riese con ganas nunca, como si fuera lo más divertido del mundo estar así, sin temor a que vayan a decirle algo por cómo se ríe o por sus carcajadas. Era tan hermoso verla así que no lo soporté más; tomé su rostro, pronuncié su nombre una vez a lo que ella se sonrojó y contestó con un tímido '¿Qué?' y luego junté nuestros labios en un dulce beso (obviamente no dulce de sabor porque yo estaba tomada).

-Emma…- apenas pronunció mirándome sorprendida. Parece que era su primer beso, pero no me importó, ya había tomado la iniciativa de besarla, no me costaría tanto continuar, ¿no?

-Lily, por favor, hagámoslo, sólo por hoy- dije cerca de su oído para que me escuchara bien mientras la abrazaba y, bueno, dejándome llevar por el momento, pasando mis manos por sus caderas y muslos.

No puedo recordar qué me dijo, pero eso no importa, porque después de aquello nos encontrábamos besándonos y corriéndonos mano en el baño. Jamás pensé verla tan apasionada, ¿habrá sido por el vaso de licor que la obligué a tomar? ¡Qué importa! Estaba teniendo mi primera vez con una mujer y no era cualquier mujer, era ni más ni menos que mi amiga, la que era igual que mi amigo. Aunque suene muy enfermizo, ¡era como estar con las dos personas al mismo tiempo!

La acorralé contra la pared del cubículo para que no pudiera alejarse de mí. Mis manos pasaron de su cintura a colarse por debajo de su ropa. Al separarse de mí para poder respirar pude notar un sonrojo mucho más fuerte que el que adornaba su rostro segundos antes y cuando bajó la mirada comprendí la razón.

-¿Te molesta?- intenté parecer preocupada y no una pervertida.

-Ha… hasta- estaba tartamudeando- ¿Hasta dónde llegaremos?

Me costó comprender la pregunta pero de todas formas lo logré. Vi en sus ojos temor y no quería hacerle daño, por lo que le respondí con el cliché de 'No haré nada que tú no quieras'. Pareció meditarlo un rato que a mí se me hizo eterno.

-Yo… Quiero hacerlo- respondió con seguridad.

La besé en una de sus mejillas y sonreí con ternura para demostrarle que me agradaba su decisión y que no le haría nada malo.

Recorrí su cuello depositando pequeños besos. Pude notar lo nerviosa que estaba, a lo que decidí desvestirla yo misma. Si esperaba a que ella se moviera no haríamos nada esa noche. Desabroché cada brillante botón dorado que adornaba su lindo vestido para luego bajar la parte superior de este y dejar al descubierto su pequeño pecho revestidos con un sostén con dibujitos, bastante aniñado, el que rápidamente quedó olvidado en algún rincón del lugar. De esa forma podía ver su parte superior ya excitada. Masajeé con ambas manos sus senos mientras que volvía a besarla. Cuando el aire ya nos faltó nos separamos y me dirigí a saborear uno de esos pequeños pezones que tanto me gustaron. Podía escuchar suaves gemidos que no hacían más que invitarme con esa dulce voz a que siga.

Una de mis manos lentamente bajó hasta llegar a su parte baja, percibí otro sobresalto de parte de ella, pero esta vez no me detuve. Pasé la punta de mis dedos por toda esa zona, acariciando cada centímetro de ahí. Me detuve en el clítoris para provocarle más placer del que ya sentía antes, lo cual tuvo la reacción que esperaba. Sus suaves gemidos resonaban en mi oído cada vez con más fuerza y yo no podía más. Comencé a tocarme con mi mano libre para complacerme, pero, cuando ella lo notó, tímidamente y pidiéndome permiso, hizo lo mismo que yo le hacía. ¡Se sentía tan bien! Con esas suaves y delicadas manos… Poco a poco introduje mis dedos en su entrada, por lo que ella dejó de tocarme al sentirse invadida. Moví mis dedos en su interior y luego comencé a sacarlos y meterlos intentando llegar cada vez más profundo.

Pero no dejé que durara mucho más. Me desvestí totalmente y le dije que hiciera lo mismo, ya podíamos vernos tal cual éramos, sin ropas que ocultaran nuestros cuerpos. Es más, ya no teníamos por qué ocultarnos cosas físicas si ya nos habíamos recorrido completas.

Me apegué a ella nuevamente haciendo que todo nuestro torso chocase. Me moví contra su cuerpo de esa manera, sintiendo como nuestras pieles se rozaban y juntando lo más que podíamos nuestras vaginas intentando complacernos tanto como fuese posible.

Volvía a escuchar su voz mezclándose con la mía, lo que me hacía desearla aún más.

Los toques, besos, sobajeos, lamidas y gemidos no cesaban, cada vez aumentaban más y más hasta que llegamos al tan esperado orgasmo. Me abracé a ella, dejando caer un poco mi peso en sus hombros. Me sentía tan feliz, tan llena y realizada al haberlo hecho. Pero esa felicidad no me duró mucho. Levemente pude sentir como algunas gotas bajaban por entre mi hombro y mi cuello. Me separé de mi amiga para verla a la cara y pude ver como las lágrimas empapaban su rostro y mostraba una expresión de tristeza intentando ser ocultada por una fingida sonrisa. Se me partió el alma verla así. No sabía qué hacer ni sabía por qué lloraba. Me sentía la persona más malvada del mundo. No me atreví a seguir allí. Tomé mis cosas, me vestí como pude y salí corriendo del lugar dejándola sola allí.

Corrí lo más lejos que pude buscando acercarme al departamento en el que vivía, pero sin querer llegar, porque de seguro tendría que soportar el interrogatorio de por qué lloraba e iba tan desarreglada. Me senté a desahogarme y soltar mis lágrimas en el columpio del parque al que llegué. Estaba sola. Obviamente lo estaba si era pasada medianoche, pasada por mucho.

-¿Te encuentras bien?- preguntó una suave voz a mis espaldas. Me giré para comprobar que no fuera mi imaginación o alguna otra cosa, más bien era una chica casi de mi edad (quizás unos años mayor) con una sedosa cabellera castaña adornada con una flor y unos hermosos ojos verdes, que no llegaban a ser tan brillantes como los de mi amiga.

-No… no es nada- mentí secándome las lágrimas del rostro para que se lo creyera, pero era evidente que no funcionó.

-Una chica tan linda no tendría por qué soltar tantas lágrimas- se arrodilló ante mí para luego pasar su pulgar por mi mejilla quitando el rastro húmedo que quedaba- Ten, para endulzar la vida.- me extendió un dulce el cual recibí algo dudosa; siempre me dijeron que no debía aceptar comida de desconocidos, pero ella no parecía mala persona.

-Gracias.

-No hay de qué- me sonrió dulcemente y se fue tan pronto como llegó.

Devuelta a clases recién vi a mi amiga. No nos habíamos hablado después de lo que pasó en la fiesta y las cosas no parecían cambiar esa mañana. Nos sentamos una al lado de la otra, pero sin decirnos ninguna palabra, sólo nos dirigíamos unas mal disimuladas miradas, hasta que la maestra llegó y nos ordenó hacer parejas para la actividad de la clase. Nos costó decirnos si queríamos ser compañera de la otra, pero después no pudimos parar las risas al notar lo ridículo que sonaba cuando siempre nos emparejábamos sin siquiera pedirlo.

El tema sobre lo que hicimos se cerró después de dejar en claro que salí corriendo por lo mal que me sentí al verla llorar pensando que había hecho algo mal y cuando ella me comentó que sus lágrimas no fueron más que de los nervios al darse cuenta de lo que había hecho y por no saber si contarle o no a su hermano, ya que no hay secretos entre ellos. También quedamos en que nuestra amistad quedaría intacta sin importar lo que hiciéramos, por lo menos mientras yo esté borracha. Y gracias a eso dejé de tener pensamientos indecorosos hacia mis dos amigos.

Ese mismo día también vi a la chica del dulce caminar por el campus acompañada de un muchacho castaño de lentes, la cual al verme sonrió y me guiñó un ojo.

-Desde entonces que no puedo dejar de pensar en ella- finalizó.

Todos miraban a la rubia confundidos. ¿Acaso su historia no trataba de su amiga? Qué se le iban a hacer, esas eran las vueltas raras de la vida.

-¡Tíratela, Emma! Trae a más mujeres al lado oscuro y divertido de la vida- animaba el rumano a su amiga.

-¡Eso haré, Vlad, no lo dudes!- contestó con el mismo entusiasmo.

-¿Quién quiere seguir con su inspiradora historia de amor gay?- preguntó sonriente y emocionado.

-Y… yo- levantó tímidamente la mano un castaño ya sonrojado y tiritando por los nervios.