NUEVO CAPITULO

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DURANTE el viaje en helicóptero hasta Manhattan, shaoran evitó mirarla y ella mantuvo la barbilla levantada, negándose a demostrarle que era una victoria amarga. Había querido ser parte de su mundo, pero no con él enfadado. Ni como si le hiciera un gran cuanto llegaron a la oficina, decorada en madera y metal, seguramente por algún famoso diseñador de interiores, entraron en la sala de juntas.

shaoran ni siquiera la miró durante las tres horas que duró la reunión con el sindicato. Y la discusión fue tan acalorada a veces, que sakura pensó que el secretario iba a liarse a golpes con alguien, lo que la hizo sentir tremendamente incómoda .Pero shaoran permanecía absolutamente tranquilo, sin excitarse. No aceptaba las condiciones y tampoco se comprometía, pero podía discutir sin alterarse en absoluto.

Durante un receso de diez minutos para que todos pudieran ir al baño y estirar las piernas, shaoran se levantó, tomó un teléfono que estaba a un metro de ella e hizo varias llamadas, sin mirarla una sola vez.

Cuando terminó, volvió a su silla sin dirigirle la palabra .Era como si le estuviera diciendo que podía presionarlo todo lo que quisiera, pero nunca podría cambiar lo que sentía por ella. Nada. No significaba nada para é luego, una amarga el viaje de vuelta en helicóptero permaneció en silencio. Aterrizaron en el helipuerto de su finca, donde los esperaba un coche para llevarlos a la casa. La señora Avery abrió la puerta muy sonriente.

— Señor li, su madre ha llamado para decir que su padre tiene que trabajar hasta muy tarde. No cree que lleguen antes de las nueve.

—Gracias, señora Avery. No se preocupe, puede irse a casa.

—De eso nada. Me quedaré hasta que lleguen sus padres para que usted y la señora li puedan descansar un rato.

shaoran miró a sakura. Pero solo un segundo.

—Descansaremos, no se preocupe. En serio, puede marcharse.

En cuanto la señora Avery salió de la casa, shaoran ordenó a sakura que subiera al dormitorio.

—¿Perdona?

—¿Puedes andar o tengo que llevarte en brazos?

—¿Quieres que subamos al dormitorio ahora, antes de que lleguen tus padres?

—Tenemos una hora.

—Lo dirás de broma.

—Yo nunca bromeo con el sexo. «Yo nunca bromeo con el sexo». Era increíble. Sakura no daba crédito.

—Lo siento, pero no me apetece.

—Hemos hecho un trato. Una transacción comercial dijiste esta mañana, ¿no? Pues yo te he llevado a la oficina, así que ahora eres tú quien tiene que cumplir.

—¿Qué dices? No pienso hacerlo.

—¿Por qué no? Tú me tratas con el mismo desprecio. Lo de anoche... —empezó a decir shaoran. Pero no quiso seguir. Sabía que era absurdo. Ella no quería sentir nada por él—. Y ahora, vamos. El negocio es el negocio.

No era cierto. Quería estar con ella, quería abrazarla, quería beberse sus labios. Pero, ¿cómo podía decírselo?

sakura hubiera querido odiarlo, hubiera querido gritar, pero su corazón sangraba. Quería estar con él, quería abrazarlo, quería besarlo. Pero, ¿cómo podía decírselo?

Mientras shaoran subía la escalera, observó sus largas y poderosas piernas, su ancha espalda... Y a

pesar de la rabia que sentía en su interior, lo amaba. Amaba lo que escondía, lo que no sabía decirle.

Y lo deseaba. Deseaba sentirlo sobre ella, deseaba sentir la dureza de su cuerpo, sus manos acariciándola por todas el amor casi con violencia, arañándose, besándose como locos. Pero después del primer orgasmo, shaoran se volvió hacia ella con otra expresión, la que ella hizo el amor una vez más, aquella vez dando más que exigiendo, besándola cuando ella sintió el segundo orgasmo, abrazándola mientras temblaba, diciéndole cosas bonitas al oí se había quedado dormida en sus brazos cuando él le recordó que sus padres estaban a punto de salió de la ducha, sakura se sentó sobre la cama. Quería más de shaoran. Quería más que sexo. Quería su corazón. Y su alma. Pero aquel matrimonio solo era papel mojado, dinero, herencias. No era amor, nunca sería amor. Era un negocio. Negocio y los puños, volvió a sentirse como la pobre niña rica, la heredera japonesa cuya fortuna ni siquiera había podido proteger a su hijo recién nacido.

Odiaba aquella herencia, odiaba el mundo frivolo y vacío de su padre.

La puerta del dormitorio se abrió en ese momento y shaoran entró abrochándose los botones de la camisa.

—sakura, vístete. Mis padres están a punto de llegar. Y créeme, no le vas a caer mejor a mi madre si te encuentra desnuda.

sakura no podía moverse, no podía apartar la mirada de él. Parecía tan calmado, tan tranquilo, mientras que ella se sentía como una muñeca de cera, blanda y manejable.

—Tú me has quitado la ropa.

—Pues yo te la pondré —suspiró él, abriendo el armario—. Ponte este vestido de color lavanda. A mi padre le gusta ese color. Y déjate el pelo suelto, pero no te pongas demasiado maquillaje, a mi madre no le gusta. Te espero en el salón dentro de quince minutos.

—shaoran...

—¿Qué?

—Tu padre debe odiarme mucho. Él se quedó parado en la puerta.

—¿Por qué va a odiarte? A fujitaka kinomoto, quizá. Pero mi padre es un hombre compasivo, mucho más tolerante que yo.

—¿Y tu madre?

—Ella no discute cuando está mi padre delante —sonrió shaoran.

—Muy bien. Estaré en el salón dentro de quince minutos.

Cuando bajó, encontró a shaoran abriendo una botella de vino. En ese momento, vieron los faros de un coche a través de la ventana.

—Ya están aquí.

sakura se puso rígida, asustada de tener que enfrentarse con gente a la que su padre había hecho tanto daño.

—Dime cómo portarme con tu madre.

—Sé tú misma. Mi madre es feliz si yo soy feliz. Pero ella nunca lo haría feliz. ¿O sí? ¿Podría haber alguna esperanza?

—shaoran, esto no es solo una transacción comercial, ¿verdad?

—¿Te refieres a nosotros?

—Sí.

—No, no es solo eso.

sakura sintió que una burbuja de emoción crecía dentro de ella.

—¿De verdad?

—No me casé con meiling solo porque tu padre me ofreciera dinero. Y no me he casado contigo solo para castigarlo. Me casé contigo porque te deseaba.

En ese momento, sonó el timbre y shaoran tuvo que ir a abrir la puerta.

La cena fue menos desastrosa de lo que sakura había esperado. Con su padre presente, la madre de shaoran no se atrevía a hacer comentarios desagradables. Ryu li intentaba involucrarla en la conversación, escuchándola y tratándola con lo que parecía genuino respeto.

Después de la cena, tomaron una copa de licor italiano y media hora más tarde, los padres de shaoran se despidieron. Se quedaron los dos al lado de la puerta, sin decir nada durante un minuto hasta que shaoran alargó la mano y apartó un mechón de pelo de su frente.

—No ha sido tan horrible, ¿verdad?

—No. Tu padre es encantador.

—No sé si «encantador» es la palabra, pero le has caído muy bien. Y me alegro.

—Pero tu madre...

—Es difícil gustarle a mi madre. Pero cuando tenga nietos, cambiará de actitud.

sakura sintió que se le encogía el corazón. Tenía que hablar con shaoran sobre eso. Pero, ¿cómo? ¿Qué podía decirle? ¿Cómo iba a contarle la verdad?

shaoran era un hombre moderno y progresista. Pero en lo que se refería a las mujeres y la familia, era tremendamente anticuado. Si le confesaba la verdad, lo perdería.

Él levantó su barbilla con un dedo, su expresión sombría. Y entonces la besó, con ternura, con cariño, saboreando sus labios.

Mientras se besaban, sakura no pudo evitar que las lágrimas corrieran por su rostro.

—¿Qué pasa?

No podía contárselo. Si lo hacía, lo perdería para siempre. En lugar de contestar, se acercó a él y volvió a besarlo. Pero el sabor de las lágrimas se mezclaba con el de los labios del hombre y eso despertó una emoción dormida, olvidada, un anhelo de cariño y de amor que siempre había sentido. Lo quería todo de shaoran li , no solo en aquel momento, sino para intensidad con que hicieron el amor aquella noche los afectó a los dos, pero para sakura fue mucho más que eso. Fue una revelación. Sabía que nunca amaría a ningún otro hombre como amaba a shaoran. Él era una combinación perfecta de fuerza y pasión, orgullo y ternura.

—Puede que no lo sepas, sakura, pero tú me necesitas tanto como yo a ti.

—Lo sé. Sé que te necesito.

—Quiero tener un hijo contigo. Quiero que tengamos una familia —murmuró él, acariciando su cara. El miedo aprisionó el corazón de sakura, que puso un dedo sobre sus labios para que no siguiera hablando—. Pero sabes que es así. Sabes que es lo que más deseo en el mundo.

—No puede ser madre, shaoran —susurró ella con voz ronca.

— Solo tienes miedo de no poder tener hijos, pero estoy seguro de que con un tratamiento...

—¿Es que no lo sabes? —exclamó ella, desesperada.

—¿Qué es lo que no sé?

La verdad... Él no sabía la verdad...

—No quiero seguir hablando de esto. -

—sakura, eres mi mujer. Te deseo y quiero tener una familia contigo.

Los ojos de sakura se llenaron de lágrimas y tuvo que esconder la cabeza en su pecho. Si él supiera la verdad, la odiaría para siempre.

—No, por favor...

—Confía en mí —dijo shaoran, besándola suavemente en los labios.

—Confío en ti.

Y era cierto. Confiaba en él. Pero no le había contado que tomaba la pildora. El médico no había informado a shaoran de ello y sakura tampoco se lo había dicho. Algún día se lo explicaría, algún día, cuando se conocieran mejor, cuando él pudiera entender...

—Haría cualquier cosa por ti.

—No digas eso.

—Es verdad, sakura. Te quiero.

Ella se quedó paralizada. No podía haber oído bien. Era su imaginación, su deseo de ser querida. shaoran no podía amarla, no podía amar a la auténtica sakura kinomoto. La sakura que destrozaba todo lo que amaba.

—Mírame —le pidió él con voz ronca, sin entender las lágrimas que veía en sus ojos—. Tendremos un hijo y seremos felices, te lo prometo.

Las semanas pasaron rápidamente.

Shaoran era muy atento con ella, su cariño tangible y real. Dormían juntos, hacían el amor, reían y no podían dejar de tocarse.

Habían conseguido hacerse amigos, habían creado una auténtica relación a pesar de las imposibles circunstancias de su matrimonio.

shaoran invitó a sakura a acompañarlo a la oficina varias veces, escuchándola durante las reuniones o llevando informes financieros a casa para discutirlos con ella por la noche.

sakura encontraba su perspectiva sobre los negocios fascinante, aunque no era su tema. Ella era una experta en arte, no en cifras.

—La verdad es que a mí esto me resulta algo aburrido —le confesó una noche, después de repasar columnas y columnas de números—. No me interesa el negocio, hay cosas que me gustan mucho más.

shaoran se volvió desde la ventana, sonriendo.

—Estaba esperando a ver cuánto tardabas en decírmelo. ¿Por qué no vuelves a pintar?

—Ya sabes que he dejado de pintar —murmuró ella, incómoda.

¿Por qué tenía que sacar ese tema precisamente?

—Podríamos hacer un estudio aquí y...

—No quiero un estudio —lo interrumpió sakura—. No voy a pintar. Nunca volveré a pintar.

shaoran la miró entonces con una expresión que le pareció extraña, hosca.

—Pensé que confiabas en mí.

—Y así es.

—Entonces, ¿por qué no me explicas esto? — preguntó él, sacando del bolsillo una caja de pildoras anticonceptivas—. No son aspirinas, ¿verdad?

sakura se quedó paralizada.

—No.

—¿Quién te las ha recetado?

—El médico que me atendió en japon.

—¿Llevas tomando la pildora todo este mes? — preguntó shaoran, incrédulo.

— Sí —contestó ella, intentando disimular su nerviosismo.

—Me has mentido.

—No he mentido.

—Pero no me has dicho la verdad.

Eso era cierto. Y tenía que hacerlo. Tenía que contarle la verdad, la horrible verdad. Pero no estaba preparada para ello. No estaba preparada para hablarle de su peor pesadilla, de lo que había destrozado su vida.

sakura se dio la vuelta, angustiada.

—¿Qué pasa?

—Es mejor que no lo sepas.

—Estoy harto de tus secretos, sakura —replicó él, furioso—. Dime la verdad de una vez. ¿Por qué no me habías dicho que estabas tomando la pildora?

—Porque habrías intentado evitarlo.

—Pero tú sabes que quiero tener hijos.

—Y tú sabes que yo no quiero tenerlos —exclamó ella.

—Se acabaron las pastillas —dijo shaoran intentando contener su rabia—. ¿Entiendes lo que digo?

—Lo entiendo, pero no puedo hacerlo.

—¿Por qué?

—Por favor, confía en mí...

—¿Como tú confías en mí? —la interrumpió él, pasándose la mano por el pelo—. No te entiendo. Tu padre me advirtió que eras una persona inestable, pero yo no quise creerlo. Qué imbécil he sido.

—Nos habríamos ahorrado muchos problemas si no hubieras ido a buscarme.

sakura había sabido desde el principio que su matrimonio no podía durar. Sabía que él descubriría la verdad tarde o temprano y la relación terminaría tan rápida y dolorosamente como había empezado. Pero no había esperado enamorarse de él.

shaoran la miraba como si nunca la hubiera visto antes, los ojos cafes desnudando su alma.

—No pensabas tener hijos conmigo, ¿verdad?

—No.

—¿Cuánto tiempo me habrías hecho esperar? Para siempre, pensó sakura. Para siempre si así podía estar con él.

—Hasta que tú quisieras saber la verdad.

—Entonces, habrías seguido tomando la pildora, haciéndome creer que no podías quedar embarazada.

—Yo nunca te he dicho que no pudiera tener hijos. Eso ha sido cosa tuya, shaoran.

—¿Por qué? Dime por qué. Quiero entender.

—Es mejor que no lo sepas.

—Me da igual. Quiero la verdad.

sakura lo miró, sabiendo que iba a perderlo, que quizá sería la última vez que se vieran.

Pero había guardado aquel secreto durante demasiado tiempo.

—Yo... tuve un hijo.

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que emoción jejje perdon por la demora en e capituo no me gusta tardar tanto en actualizar pero entre cumpleaños y los preparativos de la boda de mi hermana estaba sin tiempo pero asi es bueno que les parece el capitulo no respondere a los rewies pero todos los e leido me agrada que les guste tanto esta pareja de bobos y tambien la historia

bueno la historia termina hummmmmmmm mañana si me lo permite el tiempo la tendran manaña en la tarde bueno este es el penultimo capitulo espero les guste y se viene lo mejor

bueno los dejo gracias por el apoyo disfruten el capitulo