CÁP 7.
-Vamos…vamos, Ako, tenemos que seguir.-apremiaba Kouta dando pequeños tirones a la muñeca de su hermana, que al parecer mostraba resistencia a seguir caminando.
-No quiero ir y verle la cara a esa cosa.-siseó Ako con el ceño fruncido.
-Ya lo sé, de verdad que lo sé, a mí tampoco me hace gracia ir a verle pero no tenemos más opción.-insistió Kouta sin soltar la muñeca de Ako.-Si no vamos no tendremos nada que comer en toda la semana, no estamos en posición de hacernos los dignos.
-¿Y por qué tengo que ser yo la que te acompañe?-protestó la muchacha aun resistiéndose a caminar.
-Porque te lo pidió Akane-nee, le toca a ella y a Chihiro-nee bañar a Tai-chan y a Fumie-chan, nos corresponde a nosotros recoger los suministros para que podamos preparar la comida y la cena-le recordó ya con el ceño fruncido.-Ako, por favor, no te comportes como una caprichosa y vamos los dos, cuanto antes vayamos antes podremos regresar a casa.
-¡¿Cómo una caprichosa, dices?!-exclamó Ako sintiéndose ofendida-¡¿Te parece un capricho que no quiera verle la cara al maldito vampiro que se ha llevado a Yuu-nii?! ¡Te recuerdo que también es hermano tuyo!
Kouta suspiró hastiado de ese comportamiento que llevaba cargando su hermana desde hacía varias semanas. Llevaban ya varios años viviendo como ganado de vampiros, dejando atrás los peligros de mundo post apocalíptico que era ahora el mundo exterior y, aunque todos y cada uno de los pequeños, salvo Taichi y Fumie, aun eran capaces de recordar cómo era aquella vida y cómo uno a uno fueron muriendo todos los que vivían en el orfanato Hyakuya, ya había pasado tiempo desde eso y Ako, como muchas otras tantas niñas de su edad, se había creado la expectativa que, a pesar de estar viviendo bajo el mando de unos seres opresivos y repulsivos, ya no iba a tener que volver a ver morir a ninguno más de sus seres queridos como había tenido que verlo mientras estuvieron viviendo escondiéndose en el exterior. Siempre tuvo el temor que Yuu, su hermano mayor, fuera a morir asesinado por sus múltiples trastadas pero hasta la fecha no había ocurrido nada que hubiera que lamentar de verdad, hasta, claro, que el vampiro de cabellos amarillos le dio por aparecer por Sanguinem y llevárselo consigo sin mediar palabra.
Aquello había trastocado por completo a todos los niños que ahora conformaban la familia Hyakuya, y cada uno lo estaba asimilando a su modo. Akane, siendo ella la más mayor junto a Chihiro, había tenido que mantener el tipo ante los demás niños, no pudo permitirse volver a llorar por su hermano delante de los demás ni tampoco podía permitirse estar deprimida, por lo que sacando fuerza de donde podía comenzó a reorganizar la casa para suplir la ausencia de Yuu y que todos siguieran con las actividades diarias. Si algo habían aprendido los niños luego de haber estado viviendo en el exterior era a sobrevivir y a manejar la vida como se les presentaba, sin importar tener que aprender a vivir sin alguien que había muerto o habían desaparecido. Lo primordial ante todo era sobrevivir, no perder el tiempo llorando o añorando a los que ya no estaban.
Chihiro, con su personalidad sumisa y tímida, se dedicó, como siempre, a obedecer todas y cada una de las cosas que le mandaba Akane que hiciera con el temor latente de que algo fuera a pasarle a su hermana, la de las gafas nunca se le dio bien dirigir y ahora que Yuu no estaba se había visto asumiendo nuevas responsabilidades para con los más pequeños, y aquello la tenia atemorizada. La ida de Yuu había supuesto un shock para ella, haciendo que se tambalease la inestable tranquilidad que había en su hogar, haciendo que Chihiro se volviera algo paranoica con respecto a su porvenir y al de los demás. No quería ni pensar que Yuu estuviera muerto, ni que algo fuera a pasarle a Akane en un futuro porque si resulta que eso llegase a pasar y se iban, ella tendría la obligación de asumir la responsabilidad del bienestar del grupo por ser la tercera más mayor y Chihiro no se veía capacitada de asumir aquello. Se sentía demasiado cobarde y dubitativa como para dar indicaciones y asegurarse de que todos estuvieran bien. Le aterrorizaba pensar en una situación así y se encargaba de mantenerse ocupada todo el tiempo posible para evitar que su mente siguiera imaginando escenarios espeluznantes, era su forma de huir de la realidad.
Fumie fue quien más protestó ante la ausencia de Yuu, no dejaba de preguntar por él, queriendo saber cuándo iba a volver a casa pero sólo recibía buenas palabras o desviaciones del tema por parte de su familia, había ocasiones en que la pequeña pensaba que nadie la estaba tomando en serio y se dedicaba a desperdiciar parte de su comida o tirar cosas por el suelo para que todos vieran lo enfadada que estaba y dejar claro que no pensaba portarse bien hasta que Yuu no regresara con ellos, al final aquel comportamiento terminaba por crispar los nervios de los demás niños, sobretodo de Akane, y terminaban por regañarla con severidad causando sólo que la pequeña se rebotara aún más echándose a llorar chillando a todo pulmón lo malos que eran sus hermanos. Mientras que Taichi, por su parte, se encontraba más retraído que nunca, tanto que ya incluso había dejado de jugar con Fumie, quien era su eterna compañera de juegos, y se la pasaba todo el tiempo de cara a una esquina de la casa dibujando cosas inexplicables sin parar en las hojas de papel mientras se rascaba la cabeza, Akane asumía que era la forma que tenía el pequeño de dejar claro lo mucho que echaba de menos al azabache, en cierto modo estaba agradecida de su reacción, controlar a Fumie no estaba siendo nada fácil.
Kouta y Ako también pasaban por lo suyo con la ausencia de Yuu. El azabache menor había madurado más de lo esperado viviendo en aquel lugar y siempre se implicaba en la tareas hogareñas sin que nadie se lo dijera, siempre dispuesto a ayudar a Akane, y con la ausencia de Yuu, Kouta se sintió en la obligación de quitarle toda la carga posible a su hermana, y no se le ocurría otra cosa que controlar como pudiera a Ako. La castaña, al ver rota sus expectativas de tener siempre a su familia a salvo en la opresiva pero segura ciudad subterránea, se había pillado un rebote parecido al de Fumie, pero Fumie tenía la excusa de que todavía era una niña muy pequeña y que debía ser infantil, Ako no podía permitirse tener esa clase de comportamientos. No podían tener a dos niñas pequeñas enfadadas y protestonas a las que tener que calmar.
-Yo también le echo de menos.-murmuró por lo bajo sin soltar a su hermana.-Pero no podemos estar protestando, llorando o enfadarnos porque se lo hayan llevado, nada eso va hacer que nos lo devuelvan. Pase lo que pase, tenemos que seguir adelante, incluso Yuu-nii se enfadaría contigo si te viera de este modo.
Ako, al escucharle, rompió con toda la fila de improperios y protestas infantiles que estaban por salir de su boca. Kouta tenía razón y ella lo sabía, pero se sentía dolida y abandonada, dolida porque aquel asqueroso vampiro de pelo amarillo se lo había llevado, y abandonada porque Yuu se hubiera ido con él tan fácilmente sin dar batalla como siempre hacía, a pesar de haber tenido a toda la familia ahí sujetándole para que no se lo llevara. Ako se sentía tan frustrada, con tanto rebote que necesitaba soltarlo y su única salida era hacérselo pagar a quienes estaba a su alrededor para encontrar algo de alivio a todo lo que estaba sintiendo.
-Yuu-nii se fue con él sin resistirse.-le recordó Ako sin dar su brazo a torcer.-Y no entiendo porque…
-Deja de ser cabezota y montarte teorías por tu cuenta.-le cortó Kouta haciendo que Ako lo mirase con el ceño fruncido.-Conoces a Yuu-nii, sabes que si se hubiera resistido ese vampiro habría acabado con todos nosotros y se lo habría llevado de todas formas. Yuu-nii siempre ha pensado en nosotros y nos ha protegido ¿no te parece que también nos toca a nosotros poner de nuestra parte?
Ako lo miró mal, aun queriendo resistirse a darle la razón al azabache. No quería dársela. Si lo hacía no tendría excusa de dejar salir toda aquella frustración que sentía al pensar que en sus manos no estaba la posibilidad de mantener unida y protegida a su familia.
-No quiero verle la cara a ese chupasangre-repitió ella en sus trece.
-Bien, no vengas si no quieres, yo no pienso obligarte-se rindió Kouta con enfado soltando la muñeca de Ako sin ninguna delicadeza.-Pero yo solo no voy a poder con la carga y Mikaela no me permitirá hacer dos viajes, así que si esta semana hay menos ración de comida en el plato, tú, señorita, serás la responsable.
Ako lo miró sobresaltada.
-Eso que dices no es justo-protestó ella.
-¿Y si lo es lo que tú haces?-cuestionó el azabache.-Vale, si, lo hemos entendido todos. Quieres que todos tengamos bien claro lo enfadada que estás y que lo demuestras renegando a hacer tus obligaciones por los demás poniendo de excusa que no quieres verle la cara a Mikaela ¡Pues bien, Ako! ¡Hazlo! ¡Pero la que tendrá que dar luego explicaciones en casa serás tú, yo no daré la cara por ti ni pienso defenderte!
Y sin querer entrar en más discusión con ella, Kouta se dio la vuelta y continuó la marcha por su cuenta sin mirar atrás, dejando a Ako mirándole incrédula por lo que le había dicho.
Sintiéndose traicionada por él, Ako alzó la barbilla queriendo dejarle bien claro lo ofendida que se sentía por lo que le había dicho pero al abrir los ojos y ver que Kouta ni siquiera se dignaba a girarse para verla, su enfado disminuyó.
-"Parece que esta vez sí se ha enfadado conmigo"-pensó para sí misma la niña sintiéndose de pronto mal al darse cuenta que estaba traspasando los límites de la paciencia de su hermano.
Pero Ako no podía evitar sentirse como se sentía, sabía y entendía el porqué Yuu-nii se había ido con Mikaela pero ¿de verdad no hubo nada, absolutamente nada, que ellos pudieron haber hecho para retenerlo? A ojos de Ako, lo que pasó fue que Yuu pegó un grito exigiendo que lo soltaran, y los demás, como autómatas, le obedecieron y sólo se quedaron viendo como se iba con aquel vampiro. Cada vez que lo recordaba, se enfadaba, no podía evitarlo ¿Por qué era Yuu el que siempre tenía que estar protegiéndolos a todos? ¿Por qué ellos no podían hacer nunca nada para mantenerse unidos? Siempre era Yuu quien acababa cargando con todo, y eso era algo que Ako no era capaz de tolerar. Como si el bienestar familiar dependiera únicamente de Yuu y los demás fueran sólo la carga o un adorno que cuidar para que no se rompiera.
Pero, a pesar de su comportamiento y furor, la castaña ya no era tan infantil como para no darse cuenta que sus enfados sólo añadían más problemas a la larga lista de los Hyakuya. Jorobada por sentirse así, Ako empezó a correr para dar alcance al azabache, pero no dijo nada en cuanto estuvo tras suyo, sólo se dedicó a caminar en silencio sin tan siquiera rozarlo como si no quisiera que se diera cuenta que lo estaba siguiendo.
-¿Sabes? En el fondo estoy orgulloso de ti-habló entonces Kouta volteándose para mirarla.-Eres cabezota, pero sabes lo que está bien y lo que está mal.
-¿Qué…? Todo el mundo sabe lo que está bien y lo que está mal-dijo Ako arqueando una ceja al escucharle.
-Tienes razón, todo el mundo lo sabe, pero no todos saben lo que deben de hacer; tú entras dentro de la diferencia.-le sonrió de forma jovial y alegre.
-Eres un raro-bufó Ako con cara de no entenderle un higo.-Siempre dices cosas como esas que no entiendo.
-Uy, eso suele ser algo que diría Yuu-nii, tal vez su ignorancia sea contagiosa ¡no te acerques! Valoro demasiado mi inteligencia ¡Aléjate, no me infectes!.-se rió el azabache sacando cómicamente la lengua hacia un lado de su comisura mientras hacía gestos con las dos manos indicándole a Ako que se alejara de él.
Ako lo miró de nuevo con cara de pasmo ¿acababa de llamarla tonta a la cara?
-¡Serás idiota!-exclamó molesta alzando los puños al aire. Kouta, al ver la que se le venía encima, echó a correr riéndose a carcajada limpia mientras Ako lo perseguía para golpearlo.
-Vaya, vaya pero que estampa tan alegre-comentó una tercera voz que aplaudía como quien disfrutaba de un espectáculo de circo.
Ambos niños detuvieron sus risas y su carrera en seco al escuchar aquella voz que, con el paso de las semanas, se había hecho ya familiar para ellos. Al alzar sus miradas se encontraron con nada más y nada menos que Mikaela, el cual estaba viéndolos desde las alturas sobre lo que parecía ser un muro. Los niños no tardaron en ponerse en alerta mientras que el vampiro saltaba de donde estaba para acabar de pie delante de ellos a una distancia respetuosa.
-¿Hoy no viene la encantadora Akane-chan?-preguntó Mikaela con una de sus amables y engañosas sonrisas que hizo a los niños sentir un escalofrío recorrerles la columna vertebral.-Esa dulzura de cría es la que suele venir siempre a recoger la entrega ¿acaso se encuentra mal?
Kouta sintió a su hermana posicionándose lentamente tras él para mirar al vampiro con cautela. La conocía, y sabía que ella no era tan imprudente de soltar cosas fuera de lugar como lo haría Yuu delante de Mikaela, pero si sabía que no se molestaría en ocultar la mirada cargada de reproche contra él y lo que menos necesitaban en ese momento era que Mikaela se diera cuenta de ello y comenzara con otro de sus jueguecitos que dejaban claro su supremacía ante el ganado. No debían alargar aquel encuentro más de lo necesario. Sin mirarla, le hizo un gesto a su hermana indicándole que permaneciera donde estaba y él avanzó dos pasos hacia el vampiro con la mirada baja en señal de sumisión que se esperaba del ganado.
-Akane-nee no ha podido venir…-habló Kouta manteniendo la cabeza baja sin embargo la claridad de su voz que no tenía ningún matiz de miedo o tembloroso sorprendió a Ako que lo miraba desde atrás.-Está ocupada y hemos venido nosotros en su lugar, también somos Hyakuya…
-Oh, entiendo, pobre muchacha debe de tener mucho trabajo cuidando de todos vosotros.-comentó con un suspiró Mikaela como si aquello fuera una noticia de paso que se leía en un periódico. Observo con cuidado el pequeño azabache y a la niña de pelo castaño que estaba a unos pasos tras él-Si, creo que os recuerdo de aquella vez…¿Cómo os llamáis?
-Hyakuya Kouta-se presentó el niño y al ver que su hermana no iba a responder a la pregunta, lo hizo en su lugar.-Y ella es Hyakuya Ako.
-Oh, sí, Yuu-chan siempre habla de todos sus hermanitos.-aplaudió Mikaela de buen humor para sorpresa de los pequeños que, sin poder evitarlo, alzaron la mirada hacia el vampiro.-Perdón que no os recuerde, soy tan viejo y veo tantas caras de niños todos los días que a veces me cuesta ubicaros a todos.
-¡¿Yuu-nii está vivo?!-exclamó Ako ignorando totalmente el último comentario que había dicho el rubio ¿su hermano estaba vivo?
-Ako-chistó por lo bajo Kouta mandándola callar.
-Vaya, pero si sabes hablar-comentó sonriente Mikaela al escucharla.-Pensaba que te habían cortado la lengua o algo así.
Ako se le descompuso el rostro por el enfado ante aquel comentario tan mordaz, tan burlón hacia ella sin ningún motivo, sintió la tentación de soltarle cuatro verdades a la cara aquel idiota pero su miedo hacia él era mayor que su furor. No era como Yuu, no se atrevía a jugársela a decir cosas fuera de lugar y que se lo hicieran pagar, por lo que optó por no contestar y volver a bajar la mirada al suelo. Kouta agradeció aquel acto.
Mikaela, de buen humor como siempre, sonrió al ver la actitud de la niña. No era tan peleona ni retadora como Yuu-chan y eso se le antojaba bastante aburrido, pero sí que se notaba que se contenía a la hora de decir las cosas, por miedo ante él claro estaba. El otro niño se mostraba prudente y atento a cada cosa que pasaba a su alrededor para ver que hacer o que podía usar en su favor, era alguien inteligente y prudente por lo que Mikaela apreciaba de él.
-Yuu-chan hizo un trato conmigo hace unas semanas-les recordó.-Y él está cumpliendo su parte y yo, que soy un hombre de palabra cumplo la mía ¡y todos contentos!
-Entendemos pero…¿Por qué Yuu-nii no vuelve a casa con nosotros?-preguntó con cuidado Kouta sin levantar la cabeza pero si alzando ligeramente los ojos para observar al vampiro.
Mikaela sonrió con más amplitud.
-Yuu-chan no podría cumplir su parte del trato si se quedaba con vosotros. Pero no os preocupéis por nada, él está bien.
Kouta entonces asintió y sin molestarse en preguntar nada más hizo que sus ojos se pasearán por los dos grandes sacos. Mikaela supo lo que el niño estaba mirando, él tampoco quería alargar más tiempo aquel encuentro tenía asuntos de los que ocuparse y estar haciendo aquella entrega le estaba haciendo perder un tiempo valioso. Pero se consideraba alguien de palabra y Yuu había cumplido su parte del trato aquella semana y, por tanto, le tocaba a él hacer lo mismo. Pero la verdad es que aparte de hacerle perder el tiempo con preámbulos por miedos o por miradas matadoras como la de la cría, aquellas citas eran de lo más aburridas, Yuu al menos gritaría o le contestaría con alguna de sus lindezas pero el resto de los críos Hyakuya era fácil hacerles mojar los pantalones con tan sólo una mirada amenazadora. Eran tan simples como cualquier otro crío de Sanguinem, y por tanto no debía perder el tiempo con ellos.
El rubio tomó ambos sacos y los dejó delante del azabache que, sin perder tiempo tomó uno mientras le indicaba a su hermana que se hiciera cargo del otro. Ako, se obligó a si misma a obedecer la orden acercándose a donde estaba el otro saco para echárselo a la espalda y enseguida, volver a alejarse, sin querer dirigirle la palabra aquel chupasangre descolorido. Kouta, por su parte, se acomodó el otro saco a su espalda y de un cabeceo se despidió de Mikaela para luego dirigirse hacia donde estaba su sorprendida hermana.
-Espera…¿nos vamos a ir ya?-cuestionó ella.
-¿Acaso no querías perderle de vista?-apostilló Kouta tomándole del codo para que comenzara a andar-Pues nos vamos.
-¿No vamos a preguntarle por Yuu-nii? ¡Que está vivo, Kouta!-exclamó aún por lo bajo la niña.
-¿Y qué piensas hacer? ¿Obligarle a hablar?-cuestionó Kouta mirándole con sus oscuros ojos haciéndola callar.-Escucha, no sé que pretende Mikaela, pero si tiene a Yuu-nii vivo por algo será, y estoy seguro que aunque le preguntemos no va a decirnos donde lo tiene ni nos lo va a devolver.
-Entonces…¿ya está? ¿Vamos a renunciar a nuestro hermano así de fácil?-se sorprendió ella.
-Yo no he dicho eso, pero tampoco podemos hacer mucho más…-suspiró Kouta.
-¡Kouta!-protestó ella.
-Ako, de verdad ¿Qué quieres que hagamos?-le volvió a cuestionar.-¿Qué podemos hacer contra ellos? ¿Llorar? ¿Suplicar? ¿Lanzarnos a pegarles con palos? ¿Patalear? ¡Nada! Ako contra ellos no podemos hacer nada. No lo digo yo, es lo que hay. No tenemos fuerza ni somos rápidos ni tampoco tenemos nada que se parezca a un arma. Y andar protestando de que nadie hace nada tampoco es de utilidad ¿sabes?-y al ver su rostro frustrado y enfadado prosiguió-Asúmelo, hermana. Para ellos somos ganado, su fuente de alimento, como si fuéramos pollos, vacas o cerdos. No son protectores ni lideres que han venido a protegernos del apocalipsis, ellos piensan en proteger a la única presa de la que pueden comer porque si nosotros desaparecemos, desaparecen ellos. Es así de simple. No les importamos nada, sólo lo que corre por dentro de nuestro cuerpo.
-L…Lo sé….-gimió derrotada la niña.
-Pues deja de pensar entonces que hablando con ellos o irles a llorar van a hacerte caso-sentencio Kouta.-Somos sólo animales metidos en un corral, y te recuerdo que hasta los terneros son separados de sus madres para hacer filetes con ellos.
-Kouta…-volvió a gemir ella sintiéndose derrotada ante su aplastante lógica.
Ako se sabía toda la teoría que le estaba soltando Kouta, pero de alguna manera, siempre había pensado que gracias a los vampiros podían tener una vida más segura en aquella ciudad subterránea a salvo de todos los monstruos que vagaban por la superficie. Que donar sangre todas las semanas era un trueque justo a cambio de que todos estuvieran a salvo, pero claro, no sólo su sangre estaba en el trato, su libertad, derechos, sus vidas…todo estaba en manos de los vampiros, y ninguno podía permitirse el lujo de decir "tengo derecho", porque no lo tenían. Eran animales, animales cuya única utilidad era servir de comida. Ellos no veían familias, no veían niños asustados, sólo veían animales.
¿Por qué diablos había albergado la maldita esperanza de que vivían en una sociedad que los mantenían protegidos…?
-¿Qué haremos si Yuu-nii no vuelve nunca más…?-cuestionó entonces Ako.
A lo que Kouta respondió sin dudar mientras entrelazaba su mano con la de su hermana;
-Hacer lo que siempre hemos hecho los Hyakuya; seguir adelante. Con o sin él.
Mikaela, por su parte, se había quedado bastante planchado con aquel encuentro con los hermanos pequeños de Yuu. Sabía que no debía albergar ninguna expectativa, pero de todos modos, lo hizo. Sabía que ninguno de los niños Hyakuya los unía ningún vínculo de sangre, eran hermanos porque todos ellos fueron dejados en un mismo orfanato por una u otra razón, sin embargo, Mikaela había albergado la efímera esperanza de que alguno le entretuviera un poco con alguna clase de desafío, reto o que le diera alguna mala contestación. Esperaba ver algo del comportamiento de Yuu en cualquiera de los otros niños Hyakuya, pero como también se esperaba fue en balde. Los niños Hyakuya eran tan fáciles de dominar como el resto de los niños, una mirada o una palabra les hacía encogerse como ratones y a no decir ni hacer nada. Yuu era igual de sencillo para intimidarlo o dominarlo, pero al menos presentaba algo más de batalla, contestaba, retaba, luchaba puede que luego acabase mal, pero al menos mostraba tener agallas o ser bien estúpido, y eso era lo que había hecho en principio que Mikaela se interesase por él.
Pero era algo que estaba ¿qué se puede esperar de unos débiles niños humanos? Pero decidió no darle más vueltas al asunto y dirigirse hacia su hogar, donde sabía que había alguien que estaba esperándole. Los niños de la ciudad, al verle, hicieron lo propio, se escondieron lo mas silenciosamente que podían, tomando en brazos a los más pequeños para meterlos dentro de las casas rezando porque el rubio no los mirara y decidiera llevarse alguno. Mikaela los ignoró a todos, hoy por hoy, se sentía servido y satisfecho con lo que tenía y, después de tantos siglos, estaba lejos de sentirse tentado a llevarse a otro niño con él.
Tenía al que quería, o por lo menos, intentaría tener al que quería.
-¡Yuu-chan, ya estoy en casa!-saludó Mikaela entrando por la puerta de su hogar, pero como era de esperar no recibió ninguna respuesta a su saludo.
El rubio parpadeó mirando el lugar donde debería estar Yuu y, acercándose a dicho lugar, apreció el escritorio donde se encontraba el libro que el azabache tenia para practicar que ese día abierto de par en par, unos cuantos papeles con garabatos y tachones, un par de bolígrafos dejados de cualquier manera en la mesa, y la silla echada a un lado dejando claro que se habían levantado de ella arrastrándola.
-Yuu-chan…-suspiró Mikaela, algo que se le empezaba hacer rutinario desde que hizo al azabache vivir bajo su techo. Y como ya era costumbre, observó una cadena de metal que se extendía por el suelo hacia algún lugar de la casa. Sin premura, pasó por el lado de la cadena, siguiendo su recorrido para llegar al otro extremo donde sabia que se encontraba aquel pequeño diablo de cabellos negros.
La cadena era larga y la casa también era grande, pero eso no preocupó demasiado al rubio, su olfato le hacía saber que el menor se encontraba dentro de la casa, y sabiendo eso sólo tenía que seguir la cadena hasta donde estaba ubicado. Y a pesar de todo, no fue tampoco demasiado lejos, cuando vio el obstáculo de una puerta entreabierta que sabía que le llevaría al interior de la habitación que había preparado expresamente para Gekkomaru.
Empujó con suavidad la puerta, intentando no hacer demasiado ruido que perturbase a la persona que estaba al otro lado. Cuando tuvo el espacio suficiente para poder ingresar, se encontró con lo que ya se esperaba. Yuu estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas y dando la espalda a la puerta, y por lo que Mika podía ver desde su perspectiva, estaba jugando con un par de cochecitos de juguete en silencio, como si estuviera muy concentrado en lo que hacía o, por el contrario, estaba perdido en alguna parte de su mente.
Aun cuando todavía era un niño, Yuu ya era mayor para interesarse por juguetes de esa clase Mika comprendía que no había tenido una infancia que le permitiese jugar como cualquier niño y, por tanto, poder apreciar los juguetes en si más allá de la añoranza que le despertaba por los recuerdos de un mundo anterior al apocalipsis. Mika se apostaba lo que fuera a que Yuu, más que pensar en jugar con aquellas figuras y peluches, los toqueteaba imaginando a sus hermanos, sobre todo los más pequeños, divirtiéndose con ellos en vez de él.
Mika pensaba que Yuu debería pensar en sí mismo, ser más egoísta, y no pensar tanto en su familia.
Silencioso en sus pasos como lo era cualquier cazador, Mikaela se aproximó a Yuu, el cual no parecía enterarse de su presencia y arrastraba con suavidad un cochecito por el suelo simulando que alguien lo conducía. Cuando ya estuvo cerca, Mika alzó la mano hacia la cabeza de Yuu para acariciarlo.
-Hola, Mikaela-se oyó la voz de Yuu saludando haciendo que Mika detuviera su acción.
-¿Sabías que estaba aquí?-preguntó sonriente el rubio bajando la mano.
-Has saludado al entrar, este sitio es tan grande y tiene tanto eco que es imposible no oírte-se encogió Yuu de hombros sin darle importancia y sin molestarse en mirarlo como si su actividad con el coche requiriera toda su atención.
-Tienes razón, hay mucho eco-estuvo de acuerdo Mikaela-¿Qué ha pasado con el estudio?
Yuu, sin alterarse lo más mínimo, levantó el cochecito, y deslizó la palma sobre las ruedas del coche haciendo un sonido de rozamiento.
-Hice lo que pude…-dijo sin más.
-Eso está bien.-asintió Mikaela sabiendo por su tono de voz y su tranquilidad que lo que decía era verdad, y sin pensárselo demasiado, le acarició la cabeza revolviéndole aquellos cabellos azabaches haciendo que el ojos eucalipto cerrara los ojos con cierta fuerza.
Mikaela es estricto y exigente con él pero sabe reconocer el esfuerzo que Yuu pone en las lecciones. Estaba claro que Yuu no era ningún estudioso, le costaba aprender, tenía que repetir muchas veces las mismas cosas para que pudiera memorizarlo y Mikaela tenía que estar constantemente haciéndole preguntas para asegurarse que de verdad lo había asimilado, hacerle practicar delante del papel las diferentes letras, diferenciar entre palabras que suenan igual pero tienen un significado distinto. Le costaba aprender, eso es un hecho, pero era aplicado y eso era algo innegable. Cuando fallaba algo, se rebotaba, se frustraba y se enfadaba, pero no abandonaba y si le decía que había hecho lo que estaba en su mano, Mikaela le creía sin ponerlo en duda.
-No hagas eso.-siseó Yuu haciendo un movimiento con la cabeza para apartar esa mano de su pelo.
-No seas así, Yuu-chan, sólo te muestro mi afecto-dijo Mikaela volviendo acariciar su pelo pero otro movimiento con la cabeza por parte de Yuu lo hizo apartarse.
-Deja de hacer eso-repitió Yuu con un tono más fastidiado.-Eres demasiado frío, y es desagradable sentir como si un bloque de hielo me tocara la cabeza.
Mika, consciente de ello, se miró su mano desnuda recordando en ese momento que no llevaba guantes como de costumbre. Había estado poniendo en orden algunos documentos administrativos para el Consejo y la distribución de los centinelas en Sanguinem y los guantes resultaban incómodos para escribir y manejar papel, por lo que se los quitaba y se los guardaba en los bolsillos de su uniforme pero, claro, luego de terminar la faena se le olvidaba volver a ponérselos. Mikaela es consciente de lo desagradable que podía resultar el contacto directo entre un vampiro y un humano, los humanos tenían la sangre caliente que les recorría por todo el cuerpo gracias a que el corazón bombeaba la sangre haciendo posible su recorrido, contando con la energía que conseguían de los alimentos que al ingerir se convertía en energía calorífica que mantenía la sangre caliente. Los vampiros son fríos porque ellos no podían alimentarse de otra cosa que no fuera la sangre humana y por tanto no podían obtener la energía calorífica que producía el calor corporal característico de los humanos, ni tenían un corazón que pudiera latir y bombear la sangre para hacer su recorrido por el cuerpo y repartir ese calor. La sangre humana era lo único que podían obtener de alimento y sólo de ella dependía para mantenerse con vida ¿por qué? La sangre humana no les proporcionaba energía, como podía producirle a los humanos ingiriendo alimentos, lo que ellos obtenían era una especie de pseudo-energía, por llamarlo de alguna manera, al beber sangre humana. No tenía nada que ver con la energía que obtenían los humanos pero era algo muy cercano y cuya función era similar, de no ser por esa pseudo-energía, no serían más que cadáveres sin ninguna posibilidad de moverse.
Lo que diferencia un cadáver corriente de un cadáver viviente como lo eran los vampiros, es que la pseudo-energía permitía el flujo de la sangre por las venas sin depender el latido del corazón, tenía la suficiente influencia para hacerle seguir su recorrido y evitar al mismo tiempo que se congele o se escarche por la frialdad del cuerpo o del entorno en general. Gracias a que el flujo de sangre seguía produciéndose, podían mover las articulaciones, podían caminar, hablar, moverse y, lo más importante, tener actividad cerebral. Sin esa pseudo-energía que obtenían gracias al consumo de sangre humana no serían diferentes de un mero cadáver.
Pero claro, una pseudo-energía no era una energía real, seguían siendo cadáveres y un cadáver, se quiera o no, siempre estaba frío. Nunca serían capaces de emanar calor, pues ya no eran seres vivos. Lo bueno de los guantes y la ropa en general es que al parecer conseguían mitigar un poco su gélido tacto frente a otro cuerpo que, por el contrario, era caliente; esto lo tenía comprobado porque Yuu no se quejaba tanto, o al menos toleraba mejor, su contacto cuando tenía los guantes puestos. Es decir, cuando no había un contacto directo piel con piel.
-Lo siento, Yuu-chan, siempre se me olvidan volver a ponérmelos cuando termino mi trabajo-se disculpó el vampiro sacando los guantes de su bolsillo para colocárselos, Yuu lo miró ceñudo pero no dijo nada, no tenía caso hacerlo.
-¿Cómo está Akane?-preguntó Yuu en un susurro como si quisiera ser cauteloso al preguntar.
-No lo sé-se encogió de hombros terminando de colocarse los guantes, Yuu lo miró sin entender-Hoy no ha venido Akane-chan a recoger los víveres, han venido esos otros niños, no los más pequeños, sino los otros. Una niña de pelo castaño y otro de pelo negro ¿Cómo se llamaban…?
-¿Kouta y Ako?-inquirió parpadeante Yuu al saber eso.
-¡Exacto! El niño es encantador, pero creo que se pone demasiado tenso. La otra niña parece enfadosa pero no tiene muchas agallas de enfrentarme como lo haces tú.
-No hables de ellos de esa manera…-gruñó Yuu por lo bajo, conteniéndose a decir cuatro de sus típicas lindezas.
-No te enfades conmigo Yuu-chan, ellos pensaron que estabas muerto, creyeron que yo te había matado ¿te lo puedes creer?-cuestionó como si aquello fuera digno de escándalo para luego decir haciéndose el apesadumbrado-Menuda reputación tengo…
-Uno recoge lo que siembra…-murmuró para si Yuu-¿Vas a quitarme esto o vas a quedarte ahí haciendo un teatro tan cutre?-señaló la cadena que había tomado con la mano, la cual hacia su característico sonido metálico al más mínimo movimiento.
-Vale, vale, no seas tan impaciente.-asintió Mikaela sacando una llave que portaba en un bolsillito que tenía en el saco, a continuación se arrodilló junto a Yuu para introducir la llave en la ranura del cierre para abrir el grillete que mantenía el azabache encadenado.
-Sigo pensando que esto es una estupidez…-susurró Yuu fastidiado.
-Estúpido seria fiarme de ti, Yuu-chan, eres idiota y osado a la vez. Dejarte solo y suelto por la casa no sería algo inteligente por mi parte, no quiero que hagas tonterías intentando escaparte, al menos con la cadena estoy seguro que no saldrás de aquí.
-Si, Mikaela, soy un jodido pájaro enjaulado, lo tengo claro-bufó de mal humor, pero justo en ese momento recibió un golpe en los labios por el dedo índice de Mikaela.-¡Auchs!
-Esa boca…-le advirtió manteniendo su dedo índice en alto.-Ahora ve al comedor.
-¿Por qué?-preguntó Yuu aún en el suelo mientras se sobaba el tobillo.
-El otro día pude adelantar trabajo y por eso hoy he vuelto más temprano ¿no te diste cuenta?-preguntó Mikaela ladeando la cabeza al ver que Yuu no parecía haber reparado en ese detalle teniendo un reloj de cuco en la habitación. Entonces Yuu lo miró mal, como si se sintiese ofendido.
-¿Te burlas de mi?-cuestionó Yuu malhumorado, y al ver que no contestaba prosiguió;-No sé leer la hora, Mikaela, esas agujas no me dicen nada, y aquí no llega la luz del sol para que pueda saber si es tarde o temprano.
El rubio tuvo un ligero tic en el ojo al caer en la cuenta de ese detalle, Yuu era analfabeto en toda la extensión de la palabra y sólo hace dos semanas que había comenzado a recibir lecciones para aprender a leer y a escribir, aún no habían tocado el tema de aprender a leer las agujas del reloj.
-Tienes razón, no fue acertado por mi parte-concordó el rubio encogiéndose de hombros para no darle más importancia.-Venga, ve el al comedor, hoy tenemos muchas cosas que hacer.
-¿Cosas que hacer?-cuestionó Yuu levantándose del suelo cargando entre los brazos algunos juguetes con los que había estado entreteniéndose para devolverlos a la vitrina de donde los había sacado.-¿Qué clase de cosas? ¿Más lecciones?
-No, nada de eso-movió Mika la mano haciéndole ver que no tenía nada que ver.-Tengo planes contigo hoy, pero primero debes comer, seguro que ya debes de tener hambre.
Yuu fue a decir algo pero entonces un pequeño pero audible gruñido proveniente de su estomago le hizo callar de inmediato. Ruborizado, el azabache miró a otro lado sin querer enfrentarse la expresión burlona que tenía Mikaela en ese momento, estaba seguro que había escuchando el gruñido de su estomago vacio.
-Sí, tengo hambre.-reconoció aún sin mirarle y rodeándose la zona abdominal con los brazos en un intento de hacer que no volviera a gruñir de esa forma.
-Pues nada, ve al comedor a sentarte a la mesa, sacaré la comida.-le indicó Mikaela saliendo de la habitación.
-¿Qué le ha dado a este?-se cuestionó a si mismo Yuu arqueando una ceja para luego encaminar hacia fuera de la habitación.
Como ya se lo esperaba, Mikaela había tomado mucha delantera en muy pocos segundos y ahora lo veía a mitad del largo pasillo. Yuu suspiró y maldijo para sus adentro, a veces se preguntaba si lo hacía adrede para recordarle lo increíblemente rápido y silencioso que era al caminar. Pero al final, colocando las manos en los bolsillos dándose un aire arrogante, comenzó a caminar a su ritmo, si tener ninguna prisa por alcanzar al rubio. Si, tenía hambre, pero no había perdido la dignidad suficiente como para correr hacia él como un perrito a que le diera de comer.
Los sonidos de sus pasos, al contrario que los de Mikaela, sí que retumbaban ligeramente en el eco de aquel largo pasillo pero Yuu miraba al frente, ignorando los sonidos de sus propios pasos y las escalofriantes pinturas que parecía que siempre lo seguían con la mirada donde quiera que vaya. Intentó mirar al frente todo lo que pudiera, ese lugar era tan espeluznante que no quería pararse mirar detenidamente las cosas que le rodeaban por si acaso tenían alguna clase de truco.
Entonces, cuando pasó por al lado de la habitación de Mikaela, hubo algo que le fue imposible ignorar. La puerta no estaba cerrada, estaba entreabierta ¿Mikaela había entrado en su cuarto antes de ir a buscarle? No recordaba que la puerta estuviera abierta cuando dejó las lecciones para irse al suyo. Mikaela no se fiaba de él, y siempre cerraba las puertas de las habitaciones donde pudiera llegar con la cadena. Ese dichoso trasto de hierro era largo como para permitirle desplazarse por los pasillos pero no suficiente para alcanzar ventanas o trepar por la chimenea. Con la curiosidad propia de alguien de su edad, Yuu posó su mano lentamente en el picaporte de la puerta, pero no había terminado de rodearla con la palma cuando la puerta se abrió completamente como si algo la hubiera empujado, Yuu, sorprendido, se quedó mirando aquel extraño hecho.
-¿Qué ha sido eso…?-fue a preguntarse Yuu pero entonces sus ojos se enfocaron irremediablemente en cierto objeto que había en la mesa.
Viejo, desgastado y con pinta de caerse a trozos se encontraba descansando sobre la mesa una especie de libro delgado o cuaderno que Yuu no había visto nunca, algo que de normal no le llamaría la atención salvo por su aspecto deplorable….pero que tuviera un aura negra a su alrededor de forma completamente surrealista era algo de lo que no podrías apartar la vista una vez lo has visto.
-Pero ¿Qué diablos…?-susurró Yuu quedándose clavado en el sitio sin ser capaz de apartar la mirada de aquel cuaderno.
"Ven…acércate…"
Una voz….
Contrariamente a lo que haría de normal, Yuu tensó la espalda al escuchar lo que parecía ser una voz dentro de su cabeza sin moverse de donde estaba. Era una voz siniestra, algo aguda, como la de un niño de su edad o al menos eso le parecía ¿era un fantasma? A saber, con la existencia de los vampiros, monstruos como los Jinetes del Apocalipsis y otras criaturas ya no era descabellado pensar en la existencia de fantasmas, pero contrario a querer huir, Yuu sintió una enorme curiosidad. Estaba tenso, era normal, pero también tentado…tremendamente tentado por esa voz…
"Vamos…acércate…ven…"
Igual que una marioneta pero consciente de sus acciones, Yuu adelantó un pie al otro dando un paso. Seguidamente dio otro, luego otro, hasta que al final, se vio a si mismo caminando con total normalidad hacia aquel objeto de aura oscura al cual no era capaz de dejar de mirar.
Entonces, al clavar sus ojos en él más detenidamente sintió una punzada que le recorrió el cuerpo. Era como si le devolviera la mirada, de forma fría y peligrosa, hambrienta y ambiciosa…los ojos que le devolvían la mirada eran brillantes, vigilando incesantes. No los veía pero lo sentía tal cual, como si estuvieran delante.
"Abre la bitácora…ven conmigo…acércate…ven aquí"
Se escuchó una risa venir del mismo portador de la voz ¿Qué le hacía tanta gracia? No lo sabía y por alguna razón no le importó. Su mano se alzó en dirección a la tapa del libro y fue acercándola con lentitud, tentado y ansioso por descubrir que era aquella cosa irreal y sumamente maravillosa.
"Eso es…ven conmigo…ven a mi lado…"y justo como si lo estuviera saboreando pronunció "…Yuu…"
-…Si…-fue a obedecer Yuu apareciéndole un brillo rojizo en sus verdosos ojos al mismo tiempo que unas extrañas marcas moradas comenzaron a extenderse por su cara cuando su mano estaba a por rozar la bitácora.
-¡Yuu-chan!-se escuchó la voz de Mikaela a lo lejos.
Aquello hizo a Yuu espabilarse de golpe y parpadear confundido. Como si hubiera estado dormido y le hubieran dado una sacudida brusca para despertarlo.
-¡Yuu-chan! ¿Qué estás haciendo? Ven de una vez…-resonó la voz del rubio desde algún lugar de la casa.
-¿Eh…? ¿Qué?-murmuró mirando a todas direcciones desconcertado, entonces al poner la mirada en frente sus ojos bajaron automáticamente encontrando el cuaderno desgastado en la mesa, donde no se había movido.
Nada, no tenía nada. No había ningún aura negra rodeándolo, no escuchaba nada que le incitase abrir aquel cuaderno, ni tampoco tenía la tentación de abrirlo, como si todo eso se hubiera esfumado de golpe ¿Qué le había pasado? ¿Una alucinación? El azabache miró con ojo crítico aquel trasto viejo y esperó unos segundos a la espera de que algo sucediese, pero por más que esperaba no pasaba nada. No podía ser, no podía haber tenido una alucinación repentina así porque si, y menos de aquella manera. Malhumorado por ello, Yuu en un arranque de osadía llevó su mano hacia una página al azar de la bitácora y fue a abrirlo de golpe pero justo en ese momento, una mano cayó con fuerza justo sobre la suya impidiéndole cometer la acción.
-¡URG!-protestó Yuu al sentir la fuerza de esa mano aplastando la suya con fuerza, cerrando uno de sus ojos ante el dolor que el provocaba aquello.
-¿Qué crees que estás haciendo, Yuu-chan?-preguntó la voz de Mikaela justo tras él. Yuu lo miró por el rabillo del ojo que tenia abierto, viendo que tenía una expresión calmada y sonriente dirigida a él.
-¿Qué ocurre? Vi este libro y quería ver que era…-se excusó Yuu al no ocurrírsele otra cosa mejor, y es que contarle lo que había presenciado no lo veía como una opción viable, seguramente acabaría recibiendo dos bofetadas por parte de Mikaela. Una por fisgón y otra por mentiroso.
-Pero si no sabes leer ¿Cómo vas a interesarte por un libro?-cuestionó Mikaela sonriendo de una manera que hizo que uno de sus colmillos sobresalieran de sus labios dándole un aire amenazador.
-P…pero…¡Pero este está muy viejo!-se apresuró en decir antes de que el rubio decidiera golpearlo.-Este lugar está lleno de libros viejos, pero por alguna razón, este se cae a pedazos y tenía curiosidad y…
-Oh, entiendo-dijo complacido Mikaela, liberando de pronto a Yuu de su mano, permitiéndole recuperar la suya.-Perdona que haya sido tan brusco, no me di cuenta de que te habías confundido.
-¿C…confundido?-cuestionó Yuu sobándose la muñeca agredida.
-Eso no es un libro, como pensabas que era, es una bitácora.
-¿Una bitácora? ¿y eso que es?-volvió a preguntar mirándole con una ceja arqueada.
-Un cuaderno de memorias, ahí tengo escrito las cosas relevantes que he vivido a lo largo de los siglos-explicó en resumidas cuentas.
-¿Es un diario?-se jactó Yuu con una sonrisa maligna.-Eso es muy propio de las niñas, es raro que un vampiro tenga algo así…
-Jajajajajajajajaja-se rió divertido Mikaela, dejando desconcertado a Yuu ¿Qué había dicho que fuera tan gracioso?-El mundo moderno que tú has llegado a presenciar no tiene nada que ver con el que yo he nacido. Muchos vampiros en las épocas que nacieron era costumbre tener un cuaderno donde dejar escritos los acontecimientos importantes de su vida, victorias en las batallas, un negocio prospero, el matrimonio de algún hijo, nacimientos, beneficios económicos. Que se haya vuelto un complemento o una moda para niñas es algo propio antes de que ocurriera el apocalipsis, pero se usaban mucho antiguamente para actos importantes, en ese entonces no había aparatos que se encargasen de grabar imágenes o sonidos y había que apañarse con dejar escrito lo que vivías para la posteridad o para facilitar el comercio o la batalla a los descendientes, o simplemente cuando fuera de utilidad.
-Oh…ya…-asintió Yuu recordando en ese momento que Mikaela le había enseñado hace poco que los antiguos marineros tenían en los barcos algo llamado "bitácora de abordo" donde dejaban escritos los acontecimientos que sucedían en el mar o en el propio barco, desconocía que la utilidad de las bitácoras también fueran empleadas en tierra.
-Por eso me he molestado un poco, pensaba que habías entrado a fisgar mis intimidades.-comentó Mikaela encogiéndose de hombros.
-Entonces sí que reconoces que es un diario.-señaló Yuu con cara de circunstancia recibiendo un golpe en la cabeza.-¡Auchs!
-Por hacerte el listo.-lo regañó sin perder la sonrisa.-Ahora ve a lavarte las manos, quiero verte en el comedor de inmediato.
-V…Vale-dijo Yuu saliendo de allí rápidamente mientras se sobaba la cabeza por el golpe.-Uf, me he librado por los pelos.
Sin embargo, ahora tenía en la cabeza mucha información la cabeza que lo tenía aturdido ¿Qué fue todo eso que ha pasado con esa bitácora desgastada? ¿Dónde se fue y de donde vino esa voz? Parecía la de un niño, y Yuu no sabía decir si la escuchaba dentro de su cabeza o retumbando por las paredes de la habitación, una voz que por alguna razón le incitaba abrir la bitácora. Además…¿una bitácora donde Mikaela tenía plasmada toda su vida? ¿Qué tendría ahí escrito? ¿Tendría escritos los nombres de los niños y la forma en la que los torturó y asesinó? ¿Estaría ahí el nombre de Shigeru? ¿Y lo que pensaba hacer con él…? ¿O tal vez…?
-¿…La forma de matarle?-se preguntó a sí mismo, y la llama de la expectación se prendió dentro de sí.
Por su parte, Mikaela se había quedado rezagado, asegurándose que Yuu no iba a volver a la habitación. Volteó a ver la bitácora y esbozó una sonrisa de suficiencia.
-¿Jugando con niños, Asuramaru?-cuestionó irónico sabiendo que no iba a contestarle, por lo que sin perder la calma, fue saliendo de su cuarto dejando salir una nueva sonrisa de superioridad-Que penoso por tu parte.
Entonces, una vez que el cuarto quedó vacío con la marcha de Mikaela, la bitácora fue de nuevo víctima de un halo negro extraño.
"Tsk…" sonó como un gesto de fastidio la voz del demonio de la bitácora "Recuerda, Mikaela, que a tu juego lo pueden jugar dos."
Algunos minutos después del suceso, el joven azabache había terminado de lavarse de las manos y esta vez sí se encaminó directo hacia el comedor como le había ordenado hacer Mikaela, sin embargo, no era capaz de obviar lo que había visto ni lo que era aquel cuaderno.
-Una bitácora…un cuaderno donde están escritos todos los sucesos importantes de la vida de Mikaela.-murmuró para sí mismo como si el aura oscura que había presenciado fuera lo menos importante.-Si me hiciera con él…tal vez…tal vez pudiera averiguar cosas que me sean útiles…podría saber que le hizo a los niños que se fueron con él…podría averiguar alguna fórmula para matar a un vampiro…tal vez podría averiguar la forma de salir de aquí…o si hay alguna forma de hacer que todo vuelva a ser como antes del apocalipsis… o si hay más seres humanos y también… ¡Espera!-espabiló parpadeando saliendo de sus cavilaciones y enseguida dándose un golpe en la frente al caer en la cuenta de una cosa fundamental.-¡Maldición! ¡¿Qué narices voy a poder averiguar si no sé leer?!
Efectivamente, plantearse el robar la bitácora a espaldas de Mika no era inteligente por su parte. Está claro que el rubio ha tenido que presenciar como intentó abrir la bitácora y por tanto sospechar que su interés por el contenido cuaderno se había despertado, algo guardaba celosamente el rubio ahí escrito y no pensaba permitirle que ni siquiera respirase cerca de él. Y la otra cosa fundamental, hoy por hoy, hacerse con ese cuaderno, era la cosa más inútil del mundo, Yuu no sabía leer, ningún niño de Sanguinem sabía leer, aunque de alguna forma remota pudiera hacerse con aquel cuaderno sólo tendría un trasto viejo ocupando sitio porque no sería capaz de leerlo. Y ningún vampiro le haría el favor de leérselo, antes seria ignorado o, si se le ocurría ponerse pesado, acabaría recibiendo golpes y bofetadas de su parte, además del evidente castigo que le caería si los otros chupasangre descubrían que estaba en poder de la bitácora de uno de sus grandes superiores.
-Me matan seguro.-tragó saliva Yuu imaginando miles de macabros escenarios en los que podría consistir aquel tremendo castigo. Sacudió la cabeza intentando alejar aquellas imágenes de su cabeza pero entonces una nueva idea se cruzó por ella-"No sé leer, pero Mikaela por alguna razón, me está enseñando. No entiendo los motivos que le llevan a querer enseñarme a leer y a escribir, pero si puedo aprovecharlo, si de verdad pongo interés y aprendo, si que acabaré leyendo. Entonces, tal vez hacerme con ese diario no sea tan descabellado, puede darme respuestas a muchas cosas. Podría sacar a mi familia de aquí"
-Yuu-chan ¿en qué estás pensando?-preguntó de pronto la voz de Mikaela cerca del azabache que, de la sorpresa, alzó rápidamente la mirada encontrándose con la cara del rubio a dos palmos de su cara.
-¡AAAAH!-gritó sorprendido echándose hacia atrás de dos zancadas.-¡Maldita sea! ¡No hagas eso!
-No me grites de esa manera, que has sido tú el que ha venido caminando como si fueras un zombie-señaló Mikaela dándole un golpecito en la frente usando el dedo índice y el pulgar.
-¡Ya está bien!-gritó molesto el azabache al recibir aquellos toques de atención que Mikaela siempre le daba para corregirlo en cosas pequeñas. Le molestaban, pero desde luego las prefería a los golpes que recibía cuando se portaba mal de verdad.
-Venga, deja de refunfuñar y siéntate a la mesa.-le ordenó señalando con el dedo el lugar donde Yuu se alimentaba todas las noches.
Pero en aquella ocasión fue diferente, y Yuu fue consciente de ello en cuanto sus ojos se posaron en la mesa. No es que estuviera repleta de comida ni de exquisitos manjares, pero desde luego las cantidades que ahora tenía la mesa eran mayores que las habituales, desde que comenzó a vivir bajo el mismo techo que Mikaela el hambre se había convertido en uno de los problemas menos relevantes en la vida individual de Yuu, nunca recibía platos ostentosos ni que antes se consideraba caros por la gente adinerada, ya no había recursos ni procesos que hicieran posible la elaboración de esos platos pero desde luego Mikaela siempre procuraba hacerle comer verduras, carnes y pescados, incluso pasta y huevos y para Yuu aquello ya suponía una delicia máxima, poder comer más de un plato y, de vez en cuando, permitirse repetir un plato, era algo tan sumamente lujoso para él que no le importaba si la comida era una delicatesen o no, sólo el hecho de poder comer ya era un regalo. Por ello, ver algunos platos elaborados sobre la mesa, que aún humeaban de lo calientes que estaban no le sorprendieron….lo que sí lo hizo fue aquella cosa redonda, ancha, de colores oscuros y claros que estaba aparte de toda la comida y que hacía que su nariz percibiera, de entre tantos olores deliciosos, un aroma azucarado.
-¿Q…Qué es eso?-se atrevió a preguntar señalando el objeto desconocido.
-¿No me digas que no sabes lo que es?-cuestionó Mikaela de un evidente buen humor guiñándole el ojo a Yuu.-Es un pastel, Yuu-chan, un pastel.
-¿Un pastel?-preguntó desconcertado sintiendo que el aroma azúcar invadiera con más fuerzas sus fosas nasales y la boca se le hiciera agua.-Tiene…buen pinta.
-Viviste en un mundo normal antes del apocalipsis ¿Acaso no comías pastel en tu casa?-preguntó Mikaela con los ojos entrecerrados.
-No lo sé-dijo Yuu con un fugaz atisbo de oscuridad en su mirada que no pasó desapercibido por el rubio.-Era muy pequeño cuando pasó el apocalipsis, no recuerdo muy bien que era lo hacía antes de ello, menos todavía antes de entrar en el orfanato Hyakuya. Sólo tengo trazas borrosas de aquel entonces en la cabeza, cada año que pasa me cuesta más recordar aquella época.
-¿Te entristece no poder recordarlo?-preguntó con voz seria Mikaela mirando fijamente al niño.
-No.
La respuesta tomó por sorpresa al rubio.
-¿Y eso por qué?
-Porque no me sirve de nada recordarlo o preocuparme por no poder recordarlo-se encogió Yuu de hombros como si no le diera la más mínima importancia.-Ese mundo ya no existe, ni tampoco va a volver. Este es el mundo que ahora me toca vivir y soy el mayor debo cuidar de todos mis hermanos, si me paro a llorarle a lo que había antes nos acabaran matando.
-"Se toma la vida según se le presenta"-pensó Mikaela viendo al niño tomando asiento y acomodándose en él.-"No atesora los recuerdos de un tiempo pasado, para él lo vital es sobrevivir él y los suyos y esa es su preocupación en el día a día. Todo lo demás no le vale de nada."-La imagen sonriente de Gekko cruzó por su cabeza como un rayo haciéndole sentir al rubio una punzada de contrariedad-"Al menos, yo puedo recordar por los dos, Gekko."
-¿Cómo has conseguido este pastel?-preguntó Yuu mirando con curiosidad el dulce.
-Lo hice anoche cuando ya estabas durmiendo.
-¿Lo hiciste?-preguntó sorprendido.
-Te podrías sorprender de lo que se puede conseguir mezclando varios ingredientes. Huevos, harina, leche, chocolate y poco mas…
-Pero ¿de dónde los has sacado? ¿Y por qué lo has hecho?-preguntó consternado Yuu.
Mikaela suspiró con cansancio al recordar lo que tuvo que pasar para hacerse con los dichosos ingredientes para el pastel. Él no comía alimentos, por lo tanto no tenía que preocuparse de conseguirlos, de eso se encargaban las patrullas de exteriores para el ganado pero ahora que había querido hacerlo él mismo había descubierto lo duro que era. Todos los supermercados estaban saqueados, los humanos que aún vagaban por el exterior intentando sobrevivir se llevaban todo cuanto podían de donde fuera hasta los lugares de campamento que montaban lejos del alcance de los Jinetes del Apocalipsis. Pero no sólo supermercados, cualquier negocio que antes era dedicado a la venta de alimentos estaban destruidos y saqueados por los grupos de supervivientes, ya fueran restaurantes, empresas ganaderas, ultramarinos incluso pastelerías y heladerías. La mayoría de los alimentos se habían podrido y eran imposibles de consumir, cuando el mundo se fue a pique también lo hizo la electricidad y las neveras que se ocupaban de conservar los alimentos con frio dejaron de funcionar y con ello, los alimentos que no eran consumidos en los próximos días o semanas comenzaban a ponerse malos hasta pudrirse haciéndolos incomibles, por ello lo que más interesaba en esos momentos de escasez era conseguir alimentos conservados y enlatados que eran más resistentes al paso del tiempo gracias a los conservantes que tenían y a la protección de las latas contra los agentes externos.
Mika recordó aquello a base de bien cuando tuvo que buscarse la vida para encontrar una harina y levadura que no contuviera insectos que hubieran anidado para ello tuvo que revisar a conciencia varios supermercados y negocios de pastelería y restaurantes de tres ciudades distintas para reunir las cantidades que necesitaba, conseguir huevos de aves salvajes que hicieran la misma función de los huevos de las gallinas en los dulces. También tuvo que hacer el tedioso trabajo de extraer azúcar de las cañas que aún crecían en invernaderos abandonados de la zona sur de Okinawa. Y vaya que eso era trabajo, fácilmente echó varios días con ayuda de un viejo molino para extraer el azúcar de la caña y llevársela de vuelta a Sanguinem. Pero nada fue peor que conseguir el dichoso chocolate, crearlo desde su inicio con la planta era casi tanto o más tedioso que conseguir el azúcar, sobretodo porque en Japón no se encontraba lugares de cultivo donde se plantase el cacao, era algo que debía conseguirse mediante contrabando o comercio con lugares como Indonesia y, si tenias suerte, Malasia pero para Mika era complicado solicitar a la comunidad vampírica peticiones como esa. Era común comerciar con recursos alimenticios entre comunidades aliadas, pues todos necesitaban mantener vivos a los humanos y para ello había que alimentarlos, pero de ninguna forma se realizaba el esfuerzo del transporte de los recursos y los largos viajes en avión para "ofrecerles caprichos a los humanos" era lo que había, los recursos eran sólo para mantenerlos con vida, eran ganado, no llegaban ni siquiera a la posición de mascotas para que algún vampiro se encariñara lo suficiente de uno como para ofrecerle aquella clase de cosas. Por lo que Mika tuvo que inventarse una mentira a un camarada suyo de un país extranjero dentro de Asia para que pudiera conseguirle cacao preparado que sabía que aún fabricaban en la zona con fines de engordar algunos miembros del ganado que estaban excesivamente delgados. Mika consiguió el cacao varios días después a cambio de algunas bolsas de arroz. Y para rematarlo, como no había electricidad, dado que los vampiros no necesitaban de luz para poder ver en la oscuridad, el rubio tuvo que improvisar un horno de carbón con plantas secas y madera en un espacio cerrado para hornear el bizcocho.
-No preguntes tanto, Yuu-chan y dedícate a disfrutarlo, esto no es algo que vayas a poder obtener a menudo-señaló Mikaela no queriendo seguir rememorando lo que tuvo que soportar para poder hacer el dichoso pastel.
-Si…vale…-murmuró Yuu asintiendo tomando entre sus manos un bol con humeante caldo, le dio un sorbo que interiormente le supo a gloria en cuanto su sabor le recorrió la boca y al tragar sintió como un agradable calorcillo lo reconfortaba por dentro.-¿Pero porque me has conseguido este pastel?
-Dejémoslo en que me apetecía hacerlo, otro de mis muchos caprichos de viejo chocho-se encogió Mika de hombros observando a Yuu comer-Eres un buen chico a pesar de lo idiota que eres Yuu-chan, pero también eres un cabezón que no querrá reconocerme nunca que te alegra que alguien como yo haga esto por ti….
-Los vampiros no sois buenos, Mikaela, todos vosotros sois monstruos-le cortó con brusquedad dándole un mordisco a un trozo de pescado frito-Sé de sobra que todo lo que hacéis es por algún motivo, no hacéis cosas por los humanos porque os salga de dentro hacerlo, lo hacéis porque queréis sacar algo de ellos. No sé qué pretendías con conseguirme este pastel, pero sé que no lo has hecho para que yo esté contento, lo has hecho porque quieres conseguir algo.
-Es posible que tengas razón, Yuu-chan, no puedo negártelo-sonrió con afabilidad Mika antes de entreabrir los ojos y clavar su mirada en Yuu, que también le miraba.-Pero debo recordarte que hace mucho tiempo yo también fui un humano.
Escuchar eso hizo que Yuu mordiera con brusquedad una verdura y clavara sus ojos en los ajenos, atento a lo que decía, Mikaela rió ante su expresión, complacido de no verlo sorprendido o asustado con su declaración.
-Todos los vampiros que has visto hasta ahora fueron humanos en algún momento de sus vidas.-sonrió Mikaela apoyando su barbilla en la palma de su mano mientras descansaba el peso de su brazo en su codo sobre la mesa.
-¿Todos…?-preguntó atento Yuu bajando el tenedor sin perder de vista a Mikaela.
-Todos y cada uno de ellos. Incluido yo mismo-le confirmó-Un vampiro no nace; se hace. Somos cadáveres vivientes que provenimos de una vida humana y que, por casualidades del destino, fuimos convertidos en lo que somos. Algunos lo eligieron, otros fueron forzados a la transformación.
Yuu parpadeó interesado en aquella información, la verdad es que nunca había pensado profundamente en el tema ni lo había hablado con nadie puesto que su objetivo en la cabeza era matar a todo vampiro que se le cruzara por delante en la libertad de su familia, pero sí que alguna que otra vez se había hecho la pregunta de donde provenían los vampiros. Ellos no envejecían, eran seres eternos que se alimentaban de sangre para poder vivir pero ¿de dónde salían? Conocía la teoría de que los humanos eran convertidos en vampiros al beber la sangre de otro vampiro pero ¿hasta qué punto eso es viable? Es decir, se creía que toda la comunidad vampírica fueran humanos en algún momento, aunque le costara asimilar que lo hubieran sido, pero ¿de dónde salió el primer vampiro? ¿También fue un humano que al convertirse en vampiro comenzó a transformar a otros? ¿Cómo se transformó en vampiro? Los vampiros no nacían, se hacían…pero ¿Cómo se hizo al primer vampiro?
-Si fuisteis humanos ¿entonces porque tanto desprecio hacia los humanos?-cuestionó Yuu con seriedad, dejando sus pensamientos de lado.-¿Por qué nos tratáis como animales si se supone que vosotros eráis lo mismo?
-Precisamente porque fuimos humanos es porque lo hacemos-se encogió de hombros-Convertirte en vampiro no te vuelve un sádico, no te hace inmune a la desgracia ajena ni te crees superior al resto. Eso lo hace el tiempo.
-¿El tiempo?
-Te lo he dicho varias veces, Yuu-chan; soy un vejestorio-le recordó.-He vivido demasiados años, he visto demasiadas cosas, he participado en situaciones horribles y para poder sobrevivir a ello y adaptarme al nuevo modo de vida que tenía debía saber enfrentarme y someter a lo que se me vinieran encima, y para ello debía matar al humano que había en mi. Al transformarme, me hice más fuerte, más rápido, más letal; todo un cazador, una maquina consciente de matar y un arma ideal para cualquier guerra ¿te piensas que no hubo humanos que quisieron matarme porque me tachaban de demonio o de brujo? ¿O que no hubo humanos que intentaron engañarme para usarme como arma para ganar sus batallas en alguna guerra política o económica?. Como pasa con los humanos tener poder te hace ascender en la jerarquía de una comunidad y los vampiros somos los "humanos" que al conseguir este poder mediante la transformación nos encabezamos en esa jerarquía.
-No entiendo que quieres decir con todo eso.-dijo Yuu, efectivamente no lo entendía del todo, pero sin embargo lo que Mikaela le decía le estaba dando una idea.
-Quiero decir, mi querido Yuu-chan-murmuró Mikaela extendiendo el brazo para tomar la barbilla de Yuu y hacerle mirarle a los ojos.-Que cualquier humano que sea convertido en vampiro será igual que yo. Un cazador, un asesino…pero no es la transformación lo que te lleva a serlo, el tiempo que vives te hace ver y comprender cosas que no serías capaz de comprender en la corta vida que se tiene siendo humano, la fortaleza vampírica te hace superar obstáculos que como humano jamás habrías conseguido ¿Qué humano es capaz de encajar una bala en el corazón y continuar matando al enemigo en una batalla? ¿Qué humano es capaz de soportar el dolor que causan los instrumentos de tortura cuando eres un prisionero de guerra? ¿Qué humano es capaz de sobrevivir a la explosión de una bomba en un atentado terrorista? ¿O qué ser humano puede acabar con un asesino después que ha intentado matarlo asestándole cuarenta puñaladas con un cuchillo para robarle la cartera? El vampirismo no nos hace malvados e insensibles como crees, lo hace el tiempo que tenemos que vivir y la protección que nos otorga nuestra nueva naturaleza, y sobretodo, lo hace el observar como la humanidad no cambia por muchos años que pasen y siempre han intentado matarnos o utilizarnos. Nadie se hace fuerte para luego volver a querer ser débil. Por eso los débiles, que sois vosotros, el ganado, estáis bajo nuestro mando, el de los "humanos avanzados".
Ambos se quedaron mirando los ojos del otro con intensidad. Yuu no apartó la mirada, pero aunque usara palabras complicadas, había entendido gran parte de lo que el rubio le había dicho. Todos los vampiros fueron humanos, y cualquier humano que se convirtiera en vampiro y viviera tantos siglos sería igual que todos los demás al conseguir una fuerza superior.
-"Ciertamente eso es algo muy humano"-pensó Yuu para sí mismo-Antes…
-¿Si?
-Antes has dicho que algunos vampiros fueron obligados a transformarse, otros lo escogieron porque quisieron-le recordó, y al ver que Mikaela seguía poniéndole atención prosiguió;-¿Cuál fue tu caso?
Mikaela, con una sonrisa solemne, se alejó del rostro de Yuu acomodándose en la silla donde se encontraba sentado mientras entrelazaba los dedos de sus manos y apoyaba la barbilla sobre ellas en una posición serena y reflexiva.
-Yo lo escogí, Yuu-chan.-sonrió mordaz dejando ver uno de sus afilados colmillos y sus ojos felinos.
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-¡No! ¡No quiero! ¡Dejadme en paz!-gritaba la pequeña Fumie.-¡No quiero! ¡No!
Como todos los días, la familia Hyakuya se encontraba sentada a la mesa queriendo poder disfrutar de la comida que Akane y Chihiro tanto se habían esmerado en preparar para ese día, los alimentos que Kouta y Ako habían traído eran suficientes como para ese día comer bien, a pesar de que aun debían racionar un poco para no quedarse cortos hasta la siguiente semana. Al principio todo fue bien, a pesar del silencio que invadía cada rincón de la estancia pero justo cuando todos los platos estaban servidos y todos se habían sentado para disponerse a comer, Fumie preguntó por Yuu. Y como ya era de esperarse, en cuanto la pequeña se enteró de que su hermano tampoco iba a volver aquel día no se hizo esperar para comenzar a volver a portarse mal, comenzando por decidir que no quería la comida. Kouta intentó convencerla de que si no comía no crecería y eso a Yuu no iba a gustarle nada, pero en respuesta la niña tomó con las manos dos puñados del contenido del plato, uno lo tiró al suelo y el otro lo restregó por la mesa ensuciándola, dejando su plato prácticamente vacío y Akane no tardó que comenzar a regañarla, pero la cría sólo se cruzó de brazos enfadada y pidió más comida.
Haciendo el esfuerzo por intentar mantener paz en la mesa, Kouta cedió parte de su plato a la niña, pero de nuevo ella se negó a comer. Con los nervios a flor de piel, Akane se esforzó en intentar convencer a la niña de que comiera de su plato, pero ya estaba ella también tan alterada que su tono de exigencia molestó aún más a Fumie, que de pronto se puso a chillar con fuerza para que su voz aguda quedara por encima de la de Akane para así no tener que escuchar como la regañaba.
-Fumie-chan, por lo que más quieras, deja de chillar.-suplicó Kouta que estaba justo a su lado, y se tapaba los oídos ante los estridentes chillidos de la cría.
-¡Fumie-chan!-exclamó Chihiro levantándose de la mesa y yendo hacia ella para taparle la boca.-¡No grites de esa manera o los vampiros vendrán por nosotr…! ¡AAAAAY!-gritó entonces Chihiro en cuanto recibió un mordisco por parte de la cría para quitársela de encima.
-¡Chihiro!-exclamó Akane sorprendida por lo que Fumie se había atrevido hacer.
-¡Tonta! ¡Eres tonta!-señaló la cría volviendo a ponerse a chillar.-¡TODOS SOIS TONTOOOOOS! ¡TOOOOOONTOS!
-¡Chihiro-nee, ¿estás bien?!-se apresuró Ako en ir a su lado para ver las marcas de dientes que tenía en la mano.
-Sí, no es nada, tampoco ha apretado tanto.-sollozó Chihiro pero sonriendo para quitarle importancia al asunto, aunque debía reconocerlo, Fumie tenía dientes de leche pero tenía fuerza a la hora de morder.
-¡Maldita sea, Fumie-chan! ¡Deja de portarte así!-exigió esta vez Kouta comenzando a enfadarse con el cría.
-¡Tú a mi no me mandas!-entonces se tapó los oídos y dijo chillando.-¡LALALALALALAA NO OS ESCUCHO, NO OS ESCUCHO! ¡NO VOY A ESCUCHAROS! ¡LALALALALALALA!-entonces dio un manotazo al plato que tenía frente a ella que acabó tirado por el suelo, derramando el alimento que el azabache le había cedido con toda la buena fe del mundo.
-¡FUMIE-CHAN!-exclamó Kouta alterado sin saber que hace para que niña se callara.
En cuestión de pocos minutos lo que se suponía que tenía que ser una comida tranquila se había vuelto un caos, la mitad de la comida estaba desperdiciada por la mesa y el suelo, Chihiro sollozaba por el mordisco que había recibido, Fumie no quería portarse bien y se dedicaba a chillar como una cabra loca y a destrozar todo cuanto estaba a su alcance en su rebote infantil. Escenas como esas se habían repetido de forma similar todos los días a todas horas desde que Yuu se había ido, era algo que se había tenido que lidiar desde entonces. Pero ese día, justo ese día, la paciencia de Akane llegó a su tope y algo hizo "click" dentro de su cabeza.
Como una autónoma, y los ojos ocultos tras su flequillo, Akane rodeó la mesa pasando por la lado de los demás niños mientras se dirigía hacia Fumie que seguía chillando. Y, para gran pasmo de todos tomó una de las muñecas de Fumie y la obligó a levantarse de la silla donde estaba sentada. La cría, al sentir el tirón de Akane, tomó aire dispuesta a dar un nuevo grito que los dejara a todos sordos pero…
¡PLASH!
El sonido de una fuerte bofetada resonó en la casa y la sorpresa se reflejó en cada uno de los rostros de los niños, que miraban la espalda de Akane que acababa de cruzarle la cara a Fumie de un sólo bofetón, y los chillidos cesaron. La niña, tan consternada como sus hermanos, no fue del todo consciente de lo que había sucedido hasta que su mejilla comenzó a arderle y llevó su mano a la cara comprobando lo caliente que estaba mientras los ojos se le aguaban en cuestión de segundos y los lloros comenzaban a salirle por la garganta.
-¡NO SE TE OCURRA PONERTE A LLORAR AHORA!-gritó con furia Akane haciendo que la niña se asustara y alzarse la mirada para verla sorprendiéndose de ver la mirada de furia con la que la observaba haciéndola achantarse en el sitio.-No tengas el morro de ponerte a llorar ahora después de lo que has hecho-Akane le dio un tirón y la obligó a mirar el estropicio que había hecho con la cena-Esta comida es por lo que Yuu-chan se ha sacrificado, para que tú y todos nosotros pudiéramos comer. Se ha entregado por nosotros y tú lo has echado a perder. Estas haciendo que el sacrificio de Yuu no valga de nada ¡Eres una desagradecida!
La niña, asustada y obligada a mirar lo que había tirado en el suelo, sollozó mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
-M…me has…me has pegado…-gimió la niña.
-¡Y la próxima vez te pegaré más fuerte!-amenazó Akane fuera de sí haciendo que la niña se encogiera en el sitio del miedo y ahogara un chillido.
-Eh…oye…Akane-nee…c…cálmate.-susurró Kouta sin atreverse acercarse a ella. Su hermana había perdido los papeles por completo.
Consciente de que había perdido por completo el control sobre sí misma, Akane bufó molesta y tiró de Fumie hacia el lado contrario, la soltó y la empujó dirección a las escaleras que la hacían subir al bloque donde dormían todos.
-Sube ahí y piensa que lo que has hecho y en lo que te he dicho. Ya nos has dejado claro que no quieres comer, pues bien, no comerás pero ahora mismo no te quedaras con nosotros en la mesa, no te quiero aquí.-ordenó Akane con los dientes apretados, la niña, temblorosa, se quedó mirándola esperando a que le dijera que no iba en serio, y que podía quedarse con ellos y no estar sola en la cama.-¡¿A qué esperas?!-rugió y con eso Fumie subió las escaleras a toda prisa y se envolvió con las viejas telas que usaban de sabana a lloriquear en voz baja.
Una vez la niña se quedó en la cama, Akane, queriendo volver a retomar el control sobre si misma se fue a la cocina dejando al resto de sus hermanos, impactados por cierto, atrás. Estaba enfadada, muy enfadada, toda aquella situación había podido con ella, la había superado por completo, era tremendamente duro vivir ese día a día sin Yuu, los pequeños dependían de él tanto como de ella, como si fueran una clase de padres a cargo de cuidarlos, y la desaparición de Yuu había causado una terrible alteración en el núcleo de la familia.
Los demás niños se miraron entre sí sin saber qué hacer, nunca habían visto a Akane perder el control de esa manera, ni mucho menos ponerle la mano encima a Fumie cuando era la niñita mimada de los Hyakuya. Chihiro, al ver que Ako y Kouta estaban perdidos al respecto de lo que hacer, ella les negó la cabeza para que no se preocuparan y decidió ser ella misma quien fuera a calmar a Akane. Sin ninguna clase de nerviosismo, la de las gafas entró sin dudarlo en la cocina para ir a tranquilizar a su alterada hermana.
-Akane-la llamó con suavidad la muchacha encontrando a la castaña apoyada en la encimera de la cocina con las manos en la cara en una posición de derrota y desolación.
-No quería hacerlo…juro que no quería pegarle-susurró Akane en voz baja con la voz rota.
-Lo sé, lo sabemos todos. Incluso Fumie-chan sabe que no se ha portado bien y que lo has hecho porque su comportamiento no era tolerable-dijo Chihiro acercándose a ella para tomarle con suavidad de uno de los brazos para darle apoyo.- Últimamente todo ha sido una locura y a todos nos está costando adaptarnos, por ello no es raro que alguno pierda los papeles en algún momento.
-Nunca le había levantado la mano a Fumie-chan…-gimió Akane mortificada por lo que había hecho.-He pegado a una niña pequeña…peor aun…he pegado a mi hermana pequeña ¿Cómo pude haberlo hecho? ¿Cómo he podido pegarla?
-Y no está bien, es cierto, pero de alguna forma la has salvado, Akane. Fumie-chan es una niña pequeña que siempre ha sido protegida por todos nosotros y está demasiado acostumbrada a vivir el mando de los vampiros. Ella no recuerda lo que es perder alguien ni lo que supone sobrevivir como lo hicimos nosotros al estar fuera, Tai-chan y ella no recuerdan esa etapa todos sus recuerdos están aquí, en Sanguinem y nosotros nos hemos ocupado que estén en mejores condiciones que nosotros. Por ello se cree la reina de la casa y que todos estamos a su entera disposición, pocas veces la hemos regañado y sólo por esta vez se le ha hecho ver que se estaba portando mal, no está bien pegar a una niña pequeña, pero ella estaba totalmente descontrolada y no escuchaba nada de lo que le decíamos. De haber seguido gritando como lo estaba haciendo, un centinela habría entrado en casa y le habría hecho callar él mismo.
-Chihiro…-sollozó Akane mirándola al fin con los ojos y la cara empapados, dejando ver su mirada agobiada y desbordada.
-Fumie-chan ya empieza hacerse mayor y es hora de enseñarle que no puede comportarse de esa forma, ninguno de nosotros puede. Hay que enseñarle que no puede ponerse a gritar y a exigir cada vez que quiera tener algo o que, por el contrario, no consiga lo que quiere. Yuu no está y, por el momento no va a ser posible que vuelva, y eso debemos enseñárselo entre todos, está demasiado acostumbrada a que lo poco que tenemos lo tenga ella y Taichi en preferencia sobre los demás y no podemos permitir que se convierta en una caprichosa o una malcriada.
-Pero Chihiro…estoy tan cansada.-sollozó Akane dejándose caer en los brazos de su hermana que la abrazo con firmeza contra ella.-No puedo con todo esto yo sola…sé que soy la mayor, que soy responsable de todos nosotros…pero no puedo con todo, no puedo ser su madre…
-¿Su madre…?
-No puedo ser la madre de Fumie-chan, ni de ella ni de nadie-gimió Akane con las lágrimas corriendo por su rostro, humedeciendo el hombro de su hermana.-¡Maldita sea, sólo tengo once años! No puedo hacerme cargo de todos y enseñaros a todos, necesito ayuda, sé que hacéis lo que podéis pero…todos esperáis tanto de mi en todos los problemas que me acabo ahogando y…
-Ey, ya Akane, no sigas por ahí.-la detuvo Chihiro sosteniendo la cabeza de su hermana para que la mirara a los ojos-Puede que tengas razón, tal vez te hemos exigido demasiado haciéndote cargar con todo el peso de la familia por ser la mayor, pero que te quede claro, nadie te pide que seas la madre de nadie. Sabemos la posición que tenemos cada uno dentro de la familia y actuamos como tal. Así que deja de llorar-la animó limpiándole las lagrimas de la cara con los pulgares-Yuu-nii ya no está con nosotros pero por lo que ha dicho Ako sigue vivo y aún cuando no puede vivir a nuestro lado todavía está cuidando de todos nosotros. Todos sabemos eso y por eso, entre todos nos encargaremos de enseñarle eso a Fumie-chan y que sepa valorarlo como debe ¿te parece bien?
Aliviada por las palabras de Chihiro, Akane asintió y volvió a dejar caer su cabeza contra el hombro ajeno y, abrazándola con fuerza, lloró sobre ella todo lo que pudo, quería quitarse de encima lo antes posible todo aquello cuanto la atenazaba para volver a enfrentar a sus hermanos con otra cara. Puede que Chihiro no fuera la más atrevida, ni la más osada, pero desde luego, en momentos como esos Akane sentía que sin ella no sería capaz de seguir adelante con la familia.
Por otro lado, luego de que Chihiro entrase en la cocina tras Akane, Ako suspiró alegrándose internamente que Kouta se hubiera encargado de mantenerla a ella a raya en cuanto a su comportamiento. Sin duda, Akane se había visto superada por la situación y si ella se hubiera dado un rebote junto con el de Fumie no quería ni pensar en cómo habría acabado la cosa, aunque ahora mismo tampoco es que haya tenido buenos resultados con los lloros silenciosos de Fumie farfullando entre hipos lo mucho que le dolía la cara y que Akane le había pegado. Odiaba pensarlo, pero Fumie se lo había buscado a la fuerza, no aprobaba lo que había hecho Akane pero no encontraron otra forma der pararle los pies a Fumie. Si hubiera continuado chillando de esa manera al final uno de los centinelas habría entrado en la casa y entonces si habrían tenido mucho más que lamentar que un simple bofetón.
-Ako-llamó Kouta tirándole de la tira del uniforme, Ako lo miró y al ver que el estaba mirando hacia la mesa ella también miró el lugar. Se encontraron con Taichi que no se había movido del asiento a pesar del revuelo, pero algo extraño estaba pasando con él, tenía la cabeza agachada, tenía la mandíbula apretada mientras usaba sus manos para rascarse la cabeza, los brazos y el torso en una acción compulsiva.
Sorprendida por ello, Ako no se lo pensó dos veces al acercarse al pequeño de la familia y agacharse para ponerse a su altura.
-Tai-chan ¿estás bien?-preguntó con voz suave por si estaba nervioso por la situación, pero el niño, como siempre no dijo nada, pero tampoco detuvo aquellas acciones extrañas ni levantó la cabeza.-Tranquilo, todo está bien, Akane-nee sólo se ha enfadado con Fumie-chan porque se ha portado muy mal. Pero no pasa nada, ella la quiere mucho, en poco tiempo la perdonará y las cosas volverán a ser normales.
Sin embargo, el niño no se detuvo, siguió rascándose con avidez por todas partes hasta que comenzaban a brotar gotas de sangre ante los arañazos que se estaba haciendo a sí mismo con las uñas. Al ver aquello, Kouta se adelantó a Ako posicionándose junto ella para tomar al crío de ambos brazos y detener su acción.
-¡Tai-chan, deja de hacer eso! ¡Te estás haciendo daño!-dijo Kouta, pero fue sorprendido cuando el crío lanzó una especie de chillido bajo y se removió para obligar a que lo soltara. Cuando fue liberado, se levantó de la silla donde estaba y corrió apresurado hacia la esquina de la sala donde se encontraba todos sus lápices de colores y sus hojas en blanco. Se lanzó al suelo como si le hubieran lanzado una granada de mano cayendo sobre sus rodillas, tomó una hoja y uno de los lápices de colores y comenzó a dibujar tranquilamente, como si nada hubiera pasado.
-Tai-chan…-murmuró Ako preocupada y desconcertada ante aquella reacción por parte de su hermano pequeño.
-Esto ya no es normal…-comentó Kouta a Ako.-Tai-chan nunca ha sido como los demás, pero desde que Yuu-nii se fue con Mikaela hasta él se ha estado comportando de forma más extraña que de costumbre. Ya no quiere jugar con Fumie-chan, apenas deja la esquina y no deja de dibujar cosas extrañas, por no hablar que de pronto empieza a rascarse el cuerpo como si tuviera bichos y a poner caras raras…
-Lo sé…-concordó ella observando a Kouta que se acercaba a uno de los dibujos de Taichi y lo tomaba con las manos-Todos estamos muy nerviosos, esta situación está siendo muy difícil de llevar. Tal vez Tai-chan sólo pueda estar tranquilo si está dibujando ¿no? No está haciendo nada malo.
-¿Y te parece normal las cosas que dibuja?-preguntó Kouta mostrándole el dibujo infantil que estaba plasmado en aquel trozo de papel.
Ako lo observó y le recorrió un escalofrió. En el papel había un niño en el centro, el cual por los colores marrones claros y la forma del pelo deducían que se trataba del propio Taichi, como no, hecho de palito con una expresión neutra pero con gotas a su alrededor como si estuviera llorando. Alrededor del personaje que representa a Taichi había varias sombras o nubes negras a su alrededor, todas ellas con ojos rojos como si no dejasen de observar al niño que lloraba en silencio, ninguna tenia expresión, todas eran nubes, manchurrones o sombras con ojos rojos pero no tenían expresión facial alguna ¿aquellas sombras representaban a los vampiros? ¿Acaso Taichi temía ser llevado por uno de ellos como le pasó a Yuu? ¿Se sentía observado por ellos incluso en su propia casa?
-Tai-chan ¿Qué es lo que te ocurre, hermanito?…-murmuró preocupada Ako que, junto a Kouta, se quedó mirando al niño que seguía a lo suyo como si nada mas importase.
Y de vez en cuando, se rascaba la cabeza.
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-Uf, estoy lleno, creo que voy a reventar.-murmuró Yuu con los platos delante de él vacios en su totalidad recostado en la mesa y los brazos tendidos.
-Si te recuestas de esa manera te acabara dando nauseas-indicó Mikaela dándole un toque en la cabeza para instarlo a que se reincorporara.
-Dame un respiro, en vez de andando saldré de aquí rodando.-gruñó por lo bajo.
-A ver si eso es cierto, estas últimas semanas has conseguido engordar medio kilo, pero necesitaras un par más para tener un aspecto más saludable.-indicó Mikaela levantándose de la mesa y recogiendo los platos.
-Oye…-lo miró Yuu con desconfianza.-¿No estarás intentando hacerme engordar para luego succionarme más sangre?
-La cantidad de sangre no varía porque un humano esté gordo o no.-respondió Mika desde la cocina.-Lo que tiene en los músculos son cúmulos de grasa y agua, pero el cuerpo no genera más sangre por ello.
-Ya…-murmuró Yuu sin ganas de discutir para luego susurrarse a si mismo mirando el lugar donde estaba el plato donde antes se encontraba el pastel.-Pero sigo sin comprender porque te has tomado la molestia en conseguir todo esto.
-Te lo he dicho; porque me apeteció hacerlo-lo sorprendió Mikaela desde la cocina, que al parecer lavaba los platos usados por el ruido del agua correr que se podía escuchar.
-¡Maldita sea! ¡¿Quieres dejar de poner la oreja?!-exclamó alterado Yuu al sentirse pillado llegando al golpear la mesa a modo de berrinche.
-Tengo un oído siete veces superior al de un humano, si no quieres que te escuche hablando solo, hazlo dentro de tu cabeza.-le recomendó sin perder la calma.
-Maldita sea…-siseó Yuu revolviéndose los cabellos con frustración.
-Venga, levántate de ahí.-ordenó Mikaela volviendo a aparecer en el comedor.
Yuu entonces lo miró con atención y se extrañó verlo usando el uniforme que evidenciaba su rango. Cuando llegaba a casa, Mikaela solía cambiarse de ropa por una más cómoda, según él porque el uniforme no era tan cómodo como aparentaba y se sentía liberado cuando al llegar a casa podía desprenderse de ellas.
-¿Qué tanto me miras? ¡Vamos, Yuu-chan, tenemos muchas cosas que hacer!-lo apremió Mikaela al ver que el crío se quedaba mirándolo pero no se movía.
-¿Tú no tienes que irte a alguna parte? No te has cambiado de ropa.-señaló Yuu mirándole de arriba abajo.
Mikaela sonrió divertido.
-Sí, debo salir, pero tú te vienes conmigo.
-¿Cómo? ¿Yo?-preguntó Yuu señalándose a si mismo.-¿A dónde?
-Es una sorpresa.-le guiño el ojo a modo de complicidad.
Lo que no se esperaba Mika es que Yuu se levantase del asiento de un salto y saliera corriendo desapareciendo por el pasillo dejándole ahí como un pasmarote. Consternado por esa reacción, tomó impulso y fue tras el niño adentrándose en el pasillo, localizándole justo en medio de este, aún corriendo. Como era de esperarse, no le tomó más que unos segundos darle alcance y tomarlo del cuello del uniforme de ganado y alzarlo para evitar que pudiera seguir corriendo.
-¿A que ha venido eso, Yuu-chan?-cuestionó Mikaela con cara de circunstancia.
-Que me he sentido igual que un maldito ternero cuando van a llevarle al matadero, eso pasa…-susurró él en respuesta con la misma cara.-Hasta cuando sonríes das grima.
-Más idiota y no naces…-murmuró con pesadez Mikaela con un suspiro dejando al niño en el suelo pero sin soltarlo.-Haz el favor de no montar otro de tus numeritos, hoy tenemos muchas cosas que hacer y sitios a los que ir, así que más te vale portarte bien.
-Pero ¿A dónde vas a llevarme?-interrogó Yuu mirándole con desconfianza.
-Preguntas demasiado-siseó Mikaela ya empezando a molestarse por la desconfianza que Yuu no paraba de demostrarle y, harto de perder el tiempo, tomó de nuevo al niño alzándolo y se lo colocó brazo el brazo como si fuera alguna clase de saco.
-¡Ey! ¡¿Pero qué haces?!-exclamó el azabache sorprendido por aquello.
-No estoy viendo colaboración por tu parte, y me empiezo a cansar, así que te voy a llevar donde quiero de esta forma.
-¡¿Perdona?! ¡¿Estás loco o qué?!-volvió a exclamar empezando a revolverse.-¡Suéltame! ¡¿Dónde piensas llevarme?!
-No voy a llevarte a ningún sitio que suponga un peligro para ti, así que sólo haz lo que te digo y deja de complicarme las cosas.-le ordenó Mika mirándole con su afilada mirada-Si prometes que te portarás como es debido, te dejaré que camines por tu cuenta, si no te llevare de esta forma como si fueras un niño pequeño y delante de todos mis compañeros ¿acaso quieres eso?
-¡Ni en broma!-bramó el niño imaginando la bochornosa escena de los demás vampiros mirándole y riéndose en su cara por ser llevado de aquella forma.
-Eso pensaba-y sin más abrió el brazo dejando que Yuu se diera de bruces contra el suelo sin ninguna clase de cuidado.
-Algún…día….te…mataré…-juró el azabache con la cara estampada contra el suelo.
-Sí, sí, estoy muy preocupado por eso ¿no me ves?-se burló Mikaela mientras el niño se levantaba del suelo.-Venga, muévete.
Yuu, quitándose el polvo de la ropa, comenzó a caminar justo tras el rubio, y como siempre, sus defensas estaban en lo alto por lo que pudiera tener aquel chupasangre en la mente para él. Sin embargo, antes de lo que se esperaba, su mente de nuevo se poso en lo acontecido antes con aquel extraño diario.
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-Vamos, chicos, moveos que tenemos que llegar a tiempo para conseguir agua y leña-apremiaba Akane comenzando a organizar a sus hermanos. Había varias cosas que hacer ese día antes de que se apagaran las luces y debían dejarlo todo bien atado antes de que eso ocurriera. Necesitaban madera para encender un fuego que calentase la casa, últimamente el frío había comenzado a ser una molestia por las noches evidenciando que el otoño se había cernido sobre ellos, vivir en una ciudad subterránea como lo era Sanguinem era siempre complicado pero el tema de las temperaturas se solía pasar con bastante incomodidad por lo que era mejor ser previsores.
Fumie, que no se había movido de la zona que usaban de cama, se asomó desde lo alto observando como todos sus hermanos se movían de aquí para allá sin parar preparándose para salir en busca de la leña y agua. La niña dudó sobre qué hacer, seguía enfadada pero tampoco se atrevía a bajar con ellos si nadie le decía que podía hacerlo, no después de que Akane le diera aquel bofetón y la mandase a la cama sin comer. Daba igual cuanto llorase o cuanto se quejase, luego de lo sucedido todos los Hyakuya aplicaron la ley del hielo con ella e ignoraron todos sus esfuerzos por llamar la atención. Sin haberlo hablado, todos los hermanos llegaron a la misma conclusión de que el castigo que bien se merecía la pequeña era la indiferencia por parte de toda la familia, hacerle ver que no sentían pena alguna por ella luego de su comportamiento. Era una medida que consideraban oportuna, Fumie adoraba ser el centro de atención de sus hermanos y ser mimada por todos ellos que la ignorasen era algo que no llevaba nada bien y no sabía qué hacer para que volvieran a quererla como antes.
Akane desde luego no la había mandado a ella a que se preparase para salir, ni siquiera la había mirado, de ahí que la pequeña no se atreviera a reunirse con los demás y los observaba desde lo alto, a la espera de que repararan en su presencia y la apremiasen para que los acompañara. Pero nada, todos continuaron con lo que estaban haciendo y nadie le dirigió ni una sola mirada. Probó a gimotear, pero nada. Creyó que no la habían oído y gimoteó más fuerte pero de nuevo nadie le prestó atención. A la tercera vez, Fumie tuvo claro que no pensaban hacerle caso y que, por tanto, ella no iba a formar parte de la recogida de leña y agua.
Fumie probó a volver a mostrarse enfurruñada haciendo sonidos con la garganta para hacerles ver que estaba indignada, pero nada, ni siquiera la miraron. Harta de que la trataran así, estuvo tentada a ponerse a chillar para llamar su atención pero entonces recordó el dolor del golpe en su mejilla y, rozándola con sus dedos, se abstuvo de hacerlo, sólo por si acaso.
-¿Qué hacemos con Tai-chan?-preguntó Chihiro a su hermana mirando al pequeño que seguía en la esquina dibujando sin parar entre la pila de papeles que tenía a su alrededor, y al parecer, sin ninguna intención de dejar de hacerlo.
Akane observo al pequeño castaño, la verdad es que esperaba contar con él para conseguir la madera y el agua, pero parece que también se había sentido afectado por todo aunque su reacción fuera diferente a la de Fumie. Echando un fugaz vistazo hacia donde estaba la pequeña, un dejo de compasión se asomó en el corazón arrepentido de Akane y pensó que era mejor que Fumie no se quedase sola en casa.
-Dejemos que se quede donde está-indicó Akane. Chihiro, que parecía saber que era lo que se le pasaba por la cabeza a su hermana, asintió con una sonrisa y salió por la puerta sin decir nada más. Pero Akane, quedándose rezagada, se acercó a Taichi y le acarició a la cabeza-Te quedas aquí ¿vale, Tai-chan? Pórtate bien y cuida de Fumie-chan.
El niño, que hasta entonces había estado dibujando, paró en seco de hacerlo pero sin mirar a su hermana siguió clavando sus muertos ojos en el papel en el que estaba garabateando y débilmente asintió.
-Bien, Tai-chan-sonrió Akane pero, intentando endurecer su semblante, se dirigió hacia donde estaba Fumie.-Nos vamos todos, tú y Tai-chan os quedaréis aquí. Más te vale portarte bien, Fumie-chan.
La niña, molesta, hizo un mohín y se recostó en la cama con todo el descaro para ignorarla. Akane sonrió y, sin querer alargar el tema, salió de la casa junto al resto de sus hermanos.
Al escuchar la puerta cerrarse, Fumie abrió los ojos y se incorporó precipitadamente, sorprendida porque de verdad se hubieran ido sin tomarla en cuenta. Esperó unos segundos, hasta un minuto y medio, esperando a que se arrepintieran y fueran a buscarla pero al ver que la puerta no volvía abrirse volvió a pillar un rebote.
Enfadada con el mundo, la niña chilló y pataleó retorciéndose por la cama como modo de aliviar toda la rabia que le causaba aquel trato hacia ella. Pero luego todo se quedó en silencio y observó fijamente el techo viendo que su pataleta no iba a llevarla a ninguna parte decidió intentar entretenerse con algo en lo que volvía sus hermanos. Al incorporarse y mover su cabeza hacia un lado lo primero que captó su atención fue la figura de Taichi, que seguía en la esquina inmerso en aquello que lo mantenía tan ocupado desde que Yuu se marchó con Mikaela.
Sin ver nada mejor que hacer y tener a ninguno de sus otros hermanos cerca para jugar, Fumie se apresuró en bajar por las escaleras de madera para irse donde se encontraba el menor de la familia. Taichi, como siempre no dijo ni hizo nada al respecto cuando se le acercó. Aquello no era algo que a Fumie le molestase, estaba muy acostumbrada al comportamiento extraño de su hermano pequeño pues, por más extraño que pareciera desde fuera, era el compañero de juegos con quien mejor se entendía y con el que más jugaba debido a la escasa diferencia de edad que había entre ellos a diferencia de los demás ¿Y por qué no? También por conveniencia de la niña. Taichi era un compañero de juegos complaciente y que no le importaba jugar al escondite o a las casitas, cualquier juego que eligiera la niña estaba bien para el castaño. Nunca se quejaba, nunca protestaba cuando siempre le tocaba ser el dragón malo que mantenía cautiva a la princesa, tampoco decía nada cuando Fumie quería jugar a los animalitos y le tocaba hacer de perro que seguía a su dueña. Era como si sus juegos con Fumie los hiciera de manera automática, sin importarle que personaje le tocase representar, y para Fumie, como cualquier otra niña de su edad, aquello era lo mejor que podía pedir. La niña, con su personalidad juguetona y nerviosa, siempre quería jugar a todo, todo el tiempo, por ello se cansaba enseguida de un juego y pasaba de pronto a otro que no tenía nada que ver. Y ¿Cómo no? Taichi nunca se negaba.
-Tai-chan, juguemos.-pidió la niña sentándose sobre sus rodillas mirando a su hermano, el cual no dejaba de dibujar y ni se dignaba a mirarla.
Aquello estaba lejos de molestar a Fumie, que estaba muy acostumbrada aquello. Cuando Taichi no contestaba era porque algo no le apetecía o le aburría. La niña era consciente que con Taichi debía tener un trato diferente al que tenía con sus hermanos o los demás niños con los que convivían en la ciudad, por ello, a pesar de su actitud siempre infantil, era muy tolerante con él.
-Entonces, vamos a dibujar juntos ¿vale?-sonrió la niña posicionándose a su lado para tomar un papel y un par de lápices de colores. Por curiosidad, la niña echó un vistazo a lo que estaba dibujando su hermano y no pudo evitar sonreír.-¡Está muy bonito!
Los dibujos de los niños no suelen tener nada de artístico, sin embargo, Taichi expresaba muy bien varias situaciones a través de lo que dibujaba. En esta ocasión se veía a todos los hermanos, incluyendo a Yuu, sonriendo y saltando entre las nubes mientras un radiante sol se cernía sobre ellos y justo por debajo de ellos había varios edificios pintados de morado y negro, representando la triste ciudad de Sanguinem.
-Bonito…-murmuró Taichi en ese momento mientras se rascaba la cabeza.
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-Vaya, temía que hoy fuera a ponerse a llover, pero al final ha salido el sol-comentó Mikaela con una sonrisa al mismo tiempo que a su alrededor se escuchaba fuertes pisadas como si algo muy grande y pesado estuviera muy cerca de su posición.-La brisa es muy agradable ¿no piensas lo mismo, Yuu-chan?
El susodicho, que al parecer se encontraba sentado frente a él, dándole la espalda, tenía la cara amoratada del miedo que sentía en ese momento y con los ojos a punto de salírsele de las cuencas. Al escuchar su pregunta tan cerca de su oído, el niño experimentó un escalofrío que lo ayudó a espabilarse de su estado de pasmo y no tardó en ponerse a gritar al vampiro.
-¡¿Tú te crees que puedo apreciar la maldita brisa estando montado en un jodido Jinete Apocalipsis?!-bramó el niño muerto de miedo señalando lo obvio de que ambos estaban cabalgando un herido y monstruoso Jinete del Apocalipsis, el cual Mikaela guiaba por varias cadenas que hacían de riendas.
Aquello parecía una situación digna de un manga cómico. Luego de tantos años viviendo bajo tierra Mikaela, por alguna razón que el azabache desconocía, lo había arrastrado al exterior bajo la atenta mirada de muchos otros vampiros que no detuvieron ni cuestionaron sus acciones. Luego de estar caminando por los túneles que hacían de conexión entre el exterior y la entrada principal a Sanguinem, nada más poner un pie fuera la luz del sol deslumbró a Yuu, y la repentina sensación de calor por el contacto con sus rayos lo hizo sentirse tan abrumado que tuvo que tomarse algo de tiempo para que sus ojos se acostumbraran a ese mundo de luz del que sabía que provenía ¿Cuánto hacia que no sentía el calor del sol sobre su piel? Varios años, demasiado para lo que un niño entendía el concepto de tiempo, y sintió agradable aquella sensación cálida, de alguna forma se sentía muy cerca de lo que antes había sido su casa.
Pero al enfocar su mirada, toda sensación agradable de la luz y el calor solar se desvaneció tan pronto como había llegado al verse con la cruda y cruel realidad. Desde donde estaban posicionados, Yuu tenía una perfecta vista de lo que parecía haber sido una ciudad que ahora mismo estaba completamente destruida causado por el ataque de los monstruos y los terremotos, la vegetación salvaje se había abierto paso con el correr del tiempo y los pocos edificios que aún conseguían mantenerse en pie tenían varias enredaderas, musgo y malas hierbas invadiendo sus estructuras. A Yuu no le sorprendió nada escuchar los rugidos y fuertes pisadas de los Jinetes del Apocalipsis que habían tomado aquellas ruinas como parte de su territorio. Era una escena lamentable, y Yuu se estremeció al pensar que ahí antes vivían personas, niños como él, antes de que el mundo se fuera a pique ¿Qué habrá sido de todos ellos? ¿Acaso no quedaba nadie? ¿No hubo supervivientes?
Pero Mikaela no le permitió seguir divagando en sus pensamientos, cuando Yuu quiso darse cuenta el rubio se había abalanzado sobre un Jinete del Apocalipsis que estaba buscando alimento bajo unos escombros. Yuu se le puso la carne de gallina al ver al vampiro cortaba con su espada varias zonas del cuerpo del monstruo, que de inmediato se puso a rugir de forma horripilante y estruendosa, tanto que el azabache tuvo que taparse los oídos o le reventaría la cabeza. Mikaela tardó poco y nada en reducir al monstruo y atarle alrededor de lo que parecía ser su cuello varias cadenas de hierro, mucho más gruesas que la que Mikaela le ponía a Yuu en el tobillo cuando salía de casa.
El ruido que hizo el Jinete al caer al suelo hizo temblar la tierra por su gran peso, y eso Yuu lo notó bajo sus pies. Sin embargo, todo lo que pudo sentir después de aquello era a Mikaela que, sin dejarle que se diera cuenta, se había posicionado justo a su espalda y lo había alzado por las axilas. En menos de lo que dura un parpadeo, Yuu se vio entonces a lomos de un Jinete del Apocalipsis, con Mikaela tras él tomando las cadenas a modo de riendas.
-¿Por qué te enfadas? Pensaba que estarías contento de poder volver a ver la luz de sol luego de estar tanto tiempo viviendo bajo tierra-comentó Mikaela como si no comprendiese la falta de entusiasmo de Yuu por estar en el exterior.
-¡Esa no es la cuestión, maldita sea!-gritó Yuu con los cabellos en punto igual que un gato cuando bufaba.-¡JODER!-gritó Yuu al sentir que el monstruo tropezaba y perdía el equilibrio por unos segundos.
-Ey-exclamó por su parte Mikaela usando su brazo para evitar que Yuu se cayera por el lado.-Es mejor que te sostengas bien, creo que me he pasado hiriendo al monstruo-rio usando las cadenas para obligar al Jinete a enderezarse y continuar caminando.
-¿Cómo sabes que no va atacarnos?-cuestionó Yuu agarrándose con fuerza a lo que podía para evitar caerse. Joder ¿de verdad estaba montado a lomos de uno de esos monstruos asesinos? Encima con otro monstruo asesino haciendo de jinete.
-Lo sé porque estará demasiado agotado para hacerlo-se encogió Mikaela de hombros-No te preocupes, cuando lleguemos a nuestro destino habrá perdido mucha sangre y se acabará muriendo. Así que despreocúpate, que a ti no va hacerte ningún daño.
Inseguro con lo que el vampiro le decía, Yuu se sostenía con fuerza donde le era posible, seguía sin entender cuando era el propósito del vampiro ni porque le había sacado de Sanguinem pero en ese momento sólo podía rogar que, donde quiera que fuera, llegasen lo antes posible o estaba convencido que no sería capaz de retener la comida en el interior de su estomago.
-"Que desperdicio de pastel…"-pensó Yuu para sí mismo con una de sus manos tapándose la boca.
Aquel viaje en improvisado medio de transporte duró unos quince minutos a lo sumo. Yuuichirou sufrió cada uno de esos minutos que duró el viaje, pues estaban pasando justo al lado de otros Jinetes que se encontraban descansando, comiendo o que se dirigían a otro lugar opuesto al camino por el que iban. A pesar de sentirse mareado por el traqueteo de la montura, Yuu se mantuvo todo lo silencioso posible, Mika tampoco hizo el menor ruido. El Jinete herido dejaba un camino con su sangre, y aquello ocultaba el olor a humano de Yuu, pero lo mejor era no hacer ruido puede que no pudieran olerlo pero eso no significaba que no pudieran oírle. Era mejor ir con cautela.
Pero al fin llegaron a su destino, al menos Yuu lo interpretó así cuando el Jinete se desplomó hacia delante y Mikaela soltó las cadenas dejándolas caer a cada lado del monstruo.
-Vamos, Yuu-chan.-indicó el vampiro tomándole de la cintura pegándole a su cuerpo para hacerle bajar al suelo, deslizarse por la armadura que cubría al monstruo para bajar fue una sensación extraña, pues Yuu creía que su tacto seria como el del metal pero por alguna razón le recordaba mas a la sensación de tocar escamas de reptil.
Una vez con los pies tocando el suelo, Yuu no pudo evitar dar un suspiro de alivio, sintiéndose de pronto mucho mejor de su incesante mareo que lo había estado molestando durante todo el trayecto. Dirigió su mirada hacia el Jinete, viendo que estaba respirando con fuerza, como si le costase que el aire llegase a sus pulmones, suponiendo que tuviera pulmones.
-Aún está vivo….-murmuró Yuu viendo al enorme desplomado de forma patética en el suelo.
-No te preocupes, no le queda mucho tiempo, así que no nos atacará-le aseguró Mikaela con una de sus sonrisas, posando su mano enguantada sobre uno de los hombros para instarle a caminar hacia delante.-Vamos, Yuu-chan, ya hemos llegado.
Pero Yuu no fue capaz de quitarle la vista de encima al Jinete, lo veía haciendo amagos de levantarse pero parece ser que había perdido demasiada sangre como para que sus patas pudieran tener fuerzas para sostener todo su peso. Resoplaba y respiraba con fuerza, hacia sonidos desagradables y de vez en cuando arañaba el suelo buscando sostenerse. Yuu lo contemplaba expectante pero sin miedo a que de pronto tomara fuerzas y lo matara de un sólo golpe. Sin dejar de mirarlo, Yuu abrió los labios dispuesto a decir algo, pero un intento de rugido por parte de la bestia se entremezcló con sus palabras.
Mikaela, que le había oído perfectamente, parpadeó confundido ante lo que el menor le había dicho.
-Perdona Yuu-chan pero ¿Qué has dicho?-preguntó por inercia el rubio.
-Te he preguntado que si puedes matarlo con tu espada.-repitió Yuu todavía sin quitarle la mirada de encima a la bestia.
-Jajaja, Yuu-chan ¿tanto miedo tienes de que pueda moverse?-rió Mikaela divertido por la pregunta del azabache-Claro que podría matarlo, pero creo que no será necesario, éste al menos ya no supone ningún peligro para ti.
-Mátalo.-ordenó Yuu como si la palabra hubiera fluido por su boca sin tan siquiera pensárselo.
-¿Eh? ¿Y eso porque, Yuu-chan?-cuestionó Mikaela.
-Porque quiero que lo mates.-insistió Yuu sin perturbarse lo más mínimo, aún con la vista clavada en el monstruo que seguía respirando con fuerza y haciendo esfuerzos por intentar levantarse.
-Ju, bueno ¿Qué puedo esperar? Eres un humano después de todo-se encogió Mikaela de hombros desenvainando su espada-Pero si tú, mi dulce niño, me pides que lo mate, yo encantado haré realidad tu deseo.
Escuchar llamarlo "mi dulce niño" le hizo experimentar a Yuu un escalofrío de desagrado, sin embargo, su semblante siguió imperturbable. Mikaela, pasó justo tras el niño para acercarse a lo que venía siendo el cuello y la cabeza del Jinete del Apocalipsis.
Un salto.
Un sonido cortante en el aire.
Y entonces, cuando la espada de Mikaela cortó con la base del cuello, el monstruo dio una especie de rugido ahogado pero inmediatamente se hizo el silencio cuando su cabeza se desplomó contra el suelo provocando que, una vez más, un nuevo temblor bajo los pies del azabache. La zona donde Mikaela había cortado debían encontrarse varias venas o arterias importantes, eso Yuu no lo sabía ni tampoco le importaba, pero se quedó observando como la sangre salía a borbotones de la herida provocada por la espada como si fuera un aspersor rojo.
Imperturbable seguía la mirada de Yuu a pesar de tan sangrienta y horripilante escena, ni siquiera sentir que Mikaela volvía a estar a su lado alteró de ninguna forma su expresión.
-Cumplí con tu petición, Yuu-chan, ahora tenemos que seguir.-indicó Mikaela volviendo a posar su mano sobre el hombro ajeno. Esta vez, Yuu se dejó guiar por él, y comenzó a caminar a su lado, apartando al fin la mirada del cuerpo ahora muerto del monstruo.-Me duele que no te hayas fiado de mi palabra, Yuu-chan, pero supongo que es algo natural que los humanos prefieran asegurarse que algo amenazador esté muerto que dejarlo atrás cuando aún respira.
Yuu no hizo ningún comentario al respecto, pero sí que miró a Mikaela de lado, el cual le sonrió.
-No te preocupes ¿ves? Ya no está, ahora sí que puedes quedarte tranquilo.
-"Te equivocas, Mikaela…"-pensó Yuu mirando hacia atrás con discreción contemplando por última vez el cuerpo muerto del Jinete.-"Te equivocas."
-Bueno, como te decía antes, ya hemos llegado-anunció de nuevo el rubio alzando la mirada para admirar el lugar donde estaban.
Yuu le imitó y se quedó mirando un edificio derruido, con las ventanas rotas, y el techo hundido en la zona este del mismo. Por la otra parte que seguía en pie como podía, Yuu apreció que se trataba de un edificio de tres plantas, y al parecer estuvo rodeado por un muro de piedra por lo poco que no estaba tirado por el suelo, y, como todo lo demás, la vegetación se había abierto paso y conquistó cada zona de ese lugar.
-¿Qué es esto?
-Un colegio.-se encogió Mikaela volviendo a instarle a que caminara.
-¿Un colegio?-repitió Yuu parpadeante.-¿Por qué me has traído aquí?
-¿Sabes? En mis tiempos no existían los colegios, no al menos los obligatorios-comentó Mikaela ignorando la pregunta de Yuu.-La época donde yo nací no había un colegio donde los niños fueran aprender cosas para su vida adulta. Lo que los niños aprendíamos eran los oficios de los negocios a los que entrabamos como aprendices, la formación académica era cosa de nobles o religiosos, de aquellos que controlaban al pueblo. Los demás aprendíamos según donde viviéramos, unos tenían la suerte y el honor de ser aceptados como futuros soldados en el ejército de algún noble-murmuró esto último oscureciendo la mirada.-Y otros tenían que buscarse la vida en las calles para sobrevivir.
-Ya….-murmuró Yuu dudoso de decir algo más, parecía que Mikaela se había metido en alguna clase de mundo en su cabeza para comenzar a hablar de una época pasada que parece ser que conocía bien. No hizo nada por perturbarle ni despertarle de esa ensoñación. Mikaela parecía estar dándole una pista de la época donde nació y aquella información la guardó dentro de su cabeza para darle un uso en el futuro.
Tenía ya alguna que otra pista. Una bitácora hecha pedazos que tenía muchos años y en donde Mikaela parece ser que escribía sus memorias, y ahora tenía la información de que el rubio era mucho más viejo de lo que pensaba, vivió una época en la que los niños no iban al colegio sino que se buscaban la vida para ser aprendices de algún oficio. No era mucho, pero algo era algo.
-¿Acaso me has traído aquí para conseguir libros?-preguntó con cautela Yuu ladeando la cabeza, viendo como el rubio parecía haberse centrado de nuevo y tomaba un libro del suelo, el cual, conforme lo cogió se hizo pedazos y cayó de nuevo al suelo.
-La humedad ha hecho demasiados estragos en el papel-comentó Mikaela mirando los papeles embarrados.-Los libros no estaban bajo cubierto ni nadie se ha ocupado de resguardarlos, la lluvia y los ataques los han hecho inservibles. Si tenemos suerte quizá podamos encontrar alguno que aún esté en condiciones decentes para que puedas hacer uso de él, Yuu-chan, pero la verdad es que no te he traído aquí para conseguirte material escolar.
-¿Entonces para qué?-preguntó desconfiado el azabache alzando una ceja.
-Hoy me han entrado ganas de divertirme un rato contigo-indicó Mika tomando al niño de la muñeca para arrastrarlo consigo para atravesar el ruinoso edificio.
-Creo que tú ya te diviertes mucho a mi costa ¿no te parece?-siseó sarcástico el niño, ya dándole igual si lo arrastraba o no ¿para qué resistirse? Ese chupasangre iba hacer lo que le diera la gana.
-Venga, Yuu-chan, no seas gruñón-rió divertido el vampiro haciendo salir al niño a la otra parte del edificio.
Yuu volvió a parpadear mirando aquel espacio donde el rubio le había llevado "Un patio de recreo" fue lo que pensó al verlo, pero como se esperaba estaba tan destruido como el propio colegio. Las canastas de baloncesto tiradas por el suelo y con sus barras de hierro dobladas como si algo los hubiera pisoteado como si fueran de mantequilla, una portería de futbol volcada hacia atrás, arrancada de cuajo del suelo, escombros por todas partes, incluso tuberías y azulejos de cuarto de baño desperdigados de cualquier manera.
-El patio de recreo ¿y qué?-se encogió Yuu de hombros.
-¿En serio no eres capaz de entender porqué te he traído aquí? Vamos, Yuu-chan, no eres tan estúpido como aparentas.-se rió de nuevo Mikaela yendo hacia un lado alejándose un poco del niño que, lejos de mostrarse molesto por el comentario, se quedó observando el lugar con aire aburrido.
-Tal vez simplemente no me apetece jugar a las adivinanzas, Mikaela.-musitó Yuu.
Entonces, para sorpresa de Yuu, sintió como algo chocaba contra la parte trasera de su cabeza haciendo inclinarse hacia delante.
-¡Auchs!-se quejó llevándose las manos a la nuca para intentan hacer menguar el golpe, entonces un nuevo sonido a su lado llamó su atención, al mirar se encontró con algo que no se esperaba. Algo que rebotó un par de veces y rodó un poco alejado de él.-¿Un balón de fútbol?-cuestionó mirando el esférico parpadeante, sin entender que hacia aquello, en buen estado, por cierto, en aquel lugar.
-¿Te parece echar una pachanga, Yuu-chan?-preguntó entonces Mikaela a pocos metros de él.
Yuu, al mirarlo, se sorprendió al verlo quitarse la capa para dejarla a un lado. Yuu no sabía el significado de "pachanga" pero no era tan estúpido como para no saber asociar un par de ideas que le hicieran llegar a la conclusión que Mikaela le estaba pidiendo jugar al fútbol con él. Confundido como últimamente lo hacia las acciones del vampiro, Yuu tomó el balón entre sus brazos sin quitarle la vista de encima al rubio.
-Yo…yo no sé jugar al fútbol.-confesó Yuu de pronto sintiéndose abrumado. Recordaba haber jugado con pelotas cuando era pequeño en un grupo de niños, incluso en Sanguinem iba rulando entre los niños de toda la ciudad una o dos pelotas que unos se trajeron desde el exterior y jugaban todos juntos por las calles. Nunca jugaban partidos como tales, no había alguien que controlara el juego justo, no había dos equipos, no había porterías donde marcar goles, sólo varios niños que se dedicaban a correr por la ciudad en posesión del balón persiguiéndose los unos a los otros para hacerse con el esférico. Sólo correr y arrebatar, nada más. Así todo el día hasta que se cansaban y se iban a sus casas deslomados. Así que los conocimientos de Yuu sobre el fútbol eran nulos.
-No te preocupes por eso, Yuu-chan, sólo quiero que te diviertas un poco dándole patadas a un balón, no es necesario que hagas un partido excelente-le animó Mikaela agachándose un poco como si fuera a ponerse a estirar.
-Pero estoy en desventaja, tú eres más rápido y más fuerte que yo-protestó Yuu mirándole con mala cara.
-Sí, tienes razón, lo soy, pero eso no te ha impedido intentar engañarme e intentar atentar con la vida de mis semejantes ¿acaso no tienes ese mismo arrojo para quitarme un simple balón y marcar un gol?-le provocó el rubio con una sonrisa socarrona.
Su provocación tuvo la reacción esperada, pues apreció como Yuu apretaba los dedos contra el cuero del baló y como entrecerraba los ojos mirándole con el ceño fruncido por el enfado.
-Tú lo has querido, chupasangre-siseó Yuu con fue ardiéndole en los ojos.
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-¡Vamos, Tai-chan! ¡Salgamos a jugar!-insistió la pequeña Fumie dándole tirones a su hermano menor de la manga para que la siguiera fuera de la casa. La niña se había aburrido de pasarse todo el rato dibujando, al principio estaba bien y estuvo entretenida un buen rato, pero al final se había cansado de dibujar y sus otros hermanos aún no volvían. Contrario a Taichi, que a duras penas había varias su postura mientras seguía dibujaba cosas en varios papeles.-¡Vamos, hermanito! ¡Me aburro mucho!
-Dibu….Dibu….-musitó entre labios el niño rascándose la sien con cierto frenesí en respuesta a los tirones de su hermana.
-Llevas todo el día dibujando ¡igual que ayer! ¡Y también como el otro ayer!-protestó la niña sin dejar de tirar de él-Vamos a jugar fuera, Akane-nee y los demás no están. Tenemos la casa para nosotros dos solos y podemos hacer lo que queramos sin que nadie vaya a regañarnos.
Pero el niño negó repetidamente con la cabeza zafándose con brusquedad de las manos de Fumie, con tal fuerza que Fumie casi se cae al suelo, y Taichi, sin ninguna consideración hacia ella, se volvió abalanzar sobre los papeles a seguir dibujando, esta vez usando su otra mano para rascarse la cabeza.
-¡¿Pero qué te pasa?!-gritó enfadada la niña-¡¿Es que tú también estás ignorándome?! ¡Akane-nee se lo merecía! ¡Ella no está haciendo nada para que Yuu-nii vuelva a casa, y encima me ha puesto a mí como la mala! ¡Ella es la mala! ¡Y ahora nadie me está haciendo ningún caso! ¡Es culpa de Akane-nee!
Pero Taichi no le contestó y aquello enrabietó aún más a la pequeña. Estaba demasiado acostumbrada a ser el centro de atención de toda su familia, y a ser la única por la que Taichi prestaba una mínima conexión hacia el mundo real, sentirse de pronto relegada de todo y que hasta su hermano menor decidiera ignorarla la hacía enfadarse, a querer ponerse a chillar para que volvieran a prestarle atención aunque fuera para decirle que se callara. Pero era consciente que con Taichi aquello no funcionaria, él no era como los demás niños, aunque le gritases a lo oído cientos de veces seguiría sin hacer caso alguno a su alrededor.
-¡Deja de dibujar y hazme caso!-chilló la niña poniéndose de pie frente a su hermano pisoteando aquellos dibujos arrugándolos con los movimientos de sus pies descalzos.-¡Vámonos los dos afuera a jugar! ¡Vamos con otros niños! ¡Para que Akane-nee y los demás vean que a nosotros no nos manda nadie porque seamos pequeños!
Entonces Fumie calló todas sus exigencias cuando de pronto vio que su hermano comenzó rascarse el cabello con ambas manos como una reacción compulsiva. Sus movimientos y aspavientos viajaban siguiendo el patrón de rascaste la cabeza, intentar por un par de segundos de sacar los papeles de debajo de los pies de Fumie, tomar un lápiz de color al alzar para luego soltarlo de inmediato y volver a rascarse la cabeza. Así una y otra vez y otra…
-¿Tai-chan?-preguntó Fumie de pronto nerviosa por ese extraño comportamiento. Por ello se apartó de pisar los papeles y se sorprendió al ver a su hermano lanzarse contra los papeles, abrazándolos como si la vida le fuera en ello y cubriéndolos con su cuerpo como si estuviera protegiéndolos de ella. Fumie se intentó acerca a él pero al notarlo temblar reculó y lo miró enfadada-¡Vale! ¡Como quieras! ¡Que sigan dándote órdenes como si fueras tonto! ¡A mí no me van a mandar nunca más! ¡Yo me voy a jugar, ahí te quedas!
Y la niña sin mirar atrás salió de la casa dejando la puerta abierta, importándolo nada todo lo demás que no fuera salir de allí para que sus hermanos vieran que podía desobedecer y hacer lo que quisiera, en su arranque de rebeldía. Taichi, al sentir que todo se había sumido en un intenso silencio que le anunciaba que su hermana se había marchado, se incorporó poco a poco de donde estaba, abrazando algunos papeles que se habían quedado arrugados por su acción de abalanzarse sobre ellos.
El niño abrió los brazos dejando caer los dibujos por el suelo, quedando justo frente a él el que representaba a todos sus hermanos y a él mismos jugando entre las nubes, alejados de la lúgubre ciudad vampírica, y el otro donde estaba representado así mismo llorando con varias sombras a su alrededor. Tomó ambos con los dedos en una de las esquinas arrastrándolos hacia su persona y verlos con más detenimiento con su expresión muerta y vacía de siempre.
Por alguna razón, al mirar aquellos dibujos, luego de rascarse la cabeza, Taichi dejó de sentirse un niño del todo.
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-B…Basta…no puedo…mas…-jadeaba Yuu dejándose caer sobre su trasero para quedar sentado en el suelo, sintiéndose tan sofocado que tomaba su sudadera estirándosela para intentar que corriera algo de aire fresco sobre su pecho.
-Que poco duras, Yuu-chan.-rió Mikaela de buen humor sacudiéndose la ropa para quitarse el polvo de su uniforme blanco, desde luego cuando volvieran a casa debía cambiarse con urgencia, el blanco se manchaba con mucha facilidad.
-¡¿Qué duro poco?! ¡Llevamos casi tres horas jugando!-bramó Yuu por al pegar ese grito sintió que todo el aire se le iba de los pulmones por el cansancio y siguió jadeando, limpiándose el sudor de la frente con la muñeca mientras veía al vampiro dirigiéndose tras unos escombros.
Mikaela esbozó una sonrisa mirando el estado deplorable que había quedado el niño, sudado y con la ropa sucia y desgarrada por algunas partes como las rodillas o los codos de haberse estado tirando al suelo para conseguir el balón. Sin duda, a pesar de haber sido un simple juego, Yuu se había esforzado mucho en intentar superarle. No era rápido, no era habilidoso, ni era fuerte, pero como siempre, su arrojo y sus ganas eran más que interesantes y Mikaela era incapaz de no valorarlo. El rubio se había dedicado hacer correr a Yuu, provocarlo para que le intentase arrebatar el balón, hacerle levantarse cada vez que se caía al suelo, pero ninguno de los dos había marcado un solo gol. Yuu no tenía posibilidad alguna de superarle en nada, ni siquiera en un juego como el futbol, pero desde luego lo que menos le interesaba a Mikaela era anotar goles. Todo lo que le interesaba era que el crío se divirtiera, que probara a jugar a un juego normal que hacían los niños normales antes de todo lo ocurrido con el apocalipsis.
Una forma de intentar hacerle sentir algo de infancia normal que habría tenido de haber continuado viviendo en un mundo más pacífico.
-Anda, deja de protestar y bebe-le indicó tendiéndole una botellita de agua. Yuu, con su ya típica mirada de desconfianza, tomó la botella, la abrió y, para asegurarse que no tenía nada raro, antes de beberla la olió.-No seas tan desconfiado, ya te dije que no tengo intención alguna de hacerte daño.
-Sí, sí, lo que tu digas.-se encogió de hombros Yuu como si no le importase lo que le dijera.-¿De dónde has sacado esta agua? ¿Y la pelota?
-Ah, hace un par de semanas que encontré este colegio abandonado. No está en buenas condiciones pero he intentando hacer algo de limpieza para despejar el campo de futbol. Poco he podido hacer con las porterías, pero al final no han hecho falta.-confesó Mikaela rascándose cerca de la mejilla como si estuviera avergonzado de no haberlo podido hacer mejor.-He pensado que te gustaría experimentar un juego al que jugaban todos los críos de tu edad antes de que ocurriera el apocalipsis. Por eso me esmeré en limpiar el campo de fútbol, y de conseguir la pelota. Deberías agradecérmelo, no ha sido nada fácil hacerlo.
-No esperes que te dé las gracias ni que me emocione por ello.-entrecerró Yuu los ojos dándole otro trago a su botella de agua.
-Vaya, que antipático.-comentó Mikaela dando un suspiro de pena.-Pensaba que esto te emocionaría mas.
-No me creo nada de lo que dices ni haces, Mikaela.-recalcó Yuu haciendo que el vampiro al escucharle clavase sus rojizos ojos sobre los determinados eucaliptos del ajeno.-Te lo dije antes y te lo vuelvo a decir; Los vampiros sois mentirosos, por mucho que me digas que antes fuisteis humanos, no me creo que hagas este tipo de cosas por mí para que yo esté contento. Sé que quieres algo de mí, no se me ocurre que podría ser pero si sospecho que estás esperando algo de mí o sólo esperas el momento para tomarlo tú mismo. No lo sé. Pero tengo claro que todo esto lo haces por algo, un objetivo. Así que no esperes que me ponga a saltar de alegría porque me des cosas que antes no tenía…Ahora mismo, lo único que quiero es volver con mi familia, y eso es lo que tú me estás impidiendo desde hace semanas. Si de verdad quieres que esté "contento" se te habría ocurrido dejarme regresar con ellos antes de montarte todo este teatrito del vampiro bueno.
-"Es un hueso duro de roer"-se reconoció Mikaela para sí mismo observando finamente la actitud de Yuuichiro-"Antes ya eras terco, es de las pocas cosas que parece que se han conservado en ti luego de la reencarnación, Gekko."
Y efectivamente era así. Yuu era igual de terco que Gekkomaru, y Mikaela no iba a conseguir su confianza tan fácilmente. Aunque en cierto rinconcito de su corazón, sintió irritación por no haber conseguido alguna reacción positiva con Yuu respecto al detalle que tuvo con él de sacarlo al exterior luego de tanto tiempo y hacerle jugar al fútbol. Sin duda, el crío del demonio no iba a ponérselo nada fácil.
-Piensas demasiado, Yuu-chan, si sigues así te convertirás en un anciano amargado.-rió Mikaela.
-Sí, sí, ríete lo que tú quieras, chupasangre…-siseó Yuu volviendo a darle un trago a su botella de agua.
-Pero de momento me conformo con que puedas caminar ¿puedes hacerlo? ¿O tengo que llevarte bajo el brazo?-preguntó divertido ganándose una mirada de reproche por parte del azabache.
-¿A dónde piensas llevarme ahora?-cuestionó desconfiado el niño arqueando una ceja.
-Sólo a dar un paseo por la playa-indicó con una sonrisa haciendo parpadear confuso al niño.
-¿La playa?-parpadeó confuso como si no hubiera entendido lo que había dicho.
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-¿Esto está bien, Fumie-chan?-preguntó una pequeña niña rubia que se encontraba jugando junto a la castaña a la rayuela que estaba dibujado en el suelo.
-¡Claro que sí, Eureka-chan!-decía una entusiasmada Fumie que estaba manteniéndose en equilibrio sobre una sola pierna, intentando apuntar bien su próximo salto para llegar al siguiente número del juego.-Ya verás como ahora sí que llegaré al final. Ganaré esta ronda.
-No lo digo por eso.-dijo la otra niña jugueteando con una piedrecita que tenía entre las manos viendo a su amiga avanzar-Lo digo porque llevas mucho rato aquí conmigo, y me has dicho que no has dicho en casa a dónde has ido ¿no se enfadarán tus hermanos contigo?
-Ellos van siempre donde quieren cuando quieren ¿por qué no voy a poder hacer yo lo mismo?-cuestionó Fumie girándose a ver a su amiga, aun manteniéndose con la pata coja.-¿O vas a decirme que hago mal?
-Si te digo eso seguro que te enfadas conmigo.-se encogió Eureka de hombros sin importarle gran cosa la verdad.-Pero tampoco puedo decirte que haces bien.
-¿Y eso por qué?-hinchó Fumie las mejillas al ver que su amiga parecía que no iba apoyarla en su causa-Tú también eres la pequeña de tu casa, creo que deberías entenderme.
-Y te entiendo pero…¿tú les entiendes a tus hermanos?-cuestionó entonces la rubia mirándole con sus grandes ojos azules haciendo que la expresión de la otra cambiará a una parpadeante.
-¿Qué quieres decir?-preguntó de vuelta ella, esta vez olvidándose del juego y apoyando su pie en el suelo prestando toda su atención en su amiga.
-A mí también me molesta que me traten como si no estuviera o como si mi opinión no contase para nada porque soy la más pequeña….
-¡¿Ves?! ¡Tú piensas igual que yo!-sonrió ampliamente pensando que estaba siendo comprendida al fin.
-Pero….¿sabes que nuestros hermanos no son adultos?-cuestionó entonces Eureka ladeando la cabeza a un lado, haciendo que Fumie volviera a mirarla parpadeante.-Nos lo explicó el otro día Onii-chan a Masato-kun y a mí. Que ninguno somos mayores, todos somos pequeños. Que los vampiros son malos, que no cuidan de nosotros, sino que nos dejan vivos porque comen de nuestra sangre.
-¡Eso lo sabe todo el mundo!-protestó Fumie.
-Pero también pueden matarnos cuando les apetezca-confesó Eureka haciendo que Fumie la mirase atenta.-Da igual si eres un niño pequeño o un niño mayor, si te portas mal te atraparán y te matarán. Eso me dijo Onii-chan.
-¡¿Y de verdad le crees?!-cuestionó Fumie inflando las mejillas de nuevo.-No puede ser que los vampiros sean tan malos como nos lo dicen los mayores. Ellos nos dan comida, nos han dado casas ¿Por qué alguien malo haría eso?
-Pues aún con eso que dices, se llevaron a Shigeru-nii-le recordó mirándola a los ojos haciendo que Fumie se quedase clavada en el sitio al recordar aquel importante detalle.-Él no es un niño malo, pero Masato-kun y yo siempre estábamos gritando cuando jugábamos juntos. Nunca escuchábamos cuando nuestros hermanos nos decían que nos callásemos, o que jugáramos en voz baja, siempre gritábamos…..y se llevaron a Shigeru-nii y ahora que ha vuelto….ya no es el mismo. Ahora es él quien grita todas las noches, se pone a llorar y se le han quedado unas marcas muy feas por el cuerpo….Satoshi-nii siempre tiene que abrazarle hasta que se duerme porque si no, no puede dormir, tiene mucho miedo.
-Eureka-chan….-murmuró Fumie sintiendo escalofrió al escuchar las palabras de su amiga.
-Ahora Masato-kun y yo ya no gritamos. No queremos que se lleven a nadie más…-murmuró Eureka volviendo a clavar sus azulados ojos en los castaños de Fumie.-Si tú te portas mal, alguien más de tu familia desaparecerá ¿quieres que se lleven a alguien más?
Fumie, recordando el episodio de como el vampiro rubio se había llevado al azabache, gimió por lo bajo al pensar que en un principio aquel chupasangre iba por su hermano Taichi ¿acaso aquello podía repetirse? ¿Podía llevarse algún otro hermano suyo?
-No quiero que se vaya nadie más…-confesó la niña apretando su ropa con los puños-…pero quiero que Yuu-nii regrese a casa con todos…
-Pero portándote mal no vas hacer que regrese…-dijo Eureka mirando hacia el suelo recordando ella por su parte los largos meses que Shigeru no estuvo en casa.-Nunca hace que vuelvan….
Fumie se quedó tocada con las palabras de su amiga y una revelación le vino a la mente, recordando cómo se había puesto a gritar, como se había puesto a exigir, a intentar obligar a sus hermanos a que la tomaran en cuenta e hicieran caso a lo que ella quería ¡Dios mío! ¡Lo había hecho todo mal!
-¡Eureka-chan!-exclamó entonces la niña haciendo que la otra alzara la mirada sorprendida por ese inesperado grito.-¡Debo volver a casa! ¡Lo siento!
Eureka, luego de recomponerse del sobresalto, esbozó una sonrisa y asintió.
-No importa, se está haciendo tarde y yo también debo volver, tengo que darle de comer y luego llevar a la cama a Puni-chan.-se excusó entonces refiriéndose al pequeño peluche que una de sus hermanas le había hecho con trapos viejos e inservibles encontrados por la casa. Estaba hecho con restos de tela desgastados pero era lo más cercano a un muñeco propio que la niña tenía y lo atesoraba como si fuera lo más valioso del mundo, tanto que lo trataba como si de un bebé se tratase.
-¡Hasta luego, Eureka-chan!-se despidió la castaña y, sin esperar la despedida de vuelta, se fue corriendo en dirección a su hogar. Necesitaba ver a sus hermanos ¡lo antes posible!
La niña corrió todo lo que sus cortas piernas podían, de vez en cuando se cruzaba con algún vampiro y se veía en la obligación de aminorar la marcha y bajar la cabeza ante ellos en señal de sumisión cada vez que estaba cerca de uno. Momento que Fumie aprovechó para contemplarlos de una forma que jamás había considerado. Aquella ciudad era su hogar, no conocía otro que no fuera ese por mucho que le dijeran que su hogar era el orfanato Hyakuya, todas sus memorias estaban en aquella lúgubre ciudad subterránea con aquellos seres monstruosos.
Eran altos, delgados en su mayoría, algunos siempre miraban con caras duras como si estuvieran siempre enfadados otros, por el contrario, siempre estaban sonriendo pero no parecían sonrisas de felicidad, era como cuando un niño malo te empujaba al barro y se reía de ti, y ya no se le podía quitar la sonrisa en todo el día. Todos con ojos rojos y con aquellos colmillos que le recordaban a los de un gato, pero más gruesos ¿Qué pasaría si una estaba dormida en su cama y al abrir los ojos encontrase unos ojos y una sonrisa con aquellos dientes mirándola? Estaba segura que lloraría del miedo.
-Gente como esta es la que se llevó e hizo daño a Shigeru-san-murmuró Fumie con la cabeza agachada en lo que terminaban de pasar un par de centinelas por su lado.-Y gente como esta es la que se ha llevado a Yuu-nii….
En cuanto consideró que los centinelas ya habían pasado por su lado, volvió a correr para irse en dirección a su casa. Las lluvias comenzaban a darse a ver en el exterior, el agua se filtraba entre las rocas y había goteras que caían sobre la ciudad, por lo que de vez en cuando se formaban pequeños charcos, por lo que las pisadas de la niña resonaban cuando en su carrera pisaba uno de los charcos haciendo que el sonido del agua retumbara por las oscuras calles. Pero poco le importó, sólo quería llegar lo antes posible a casa.
Las luces de las lámparas ya estaban comenzando a encenderse, y eso solo hizo que la pequeña quisiera darse aún más prisa para llegar a su casa. Si las luces estaban encendidas y ella seguía en la calle, los vampiros la castigarían ¿Qué haría si su castigo era pegarla o hacerla desaparecer? Entonces, al abrir los ojos visualizó la zona de su casa donde podía ver luz filtrándose por las ventanas, además de ver una figura plantada en la puerta.
Por un momento temió lo peor pero al acercarse y distinguir el uniforme de ganado sintió alivió, más aun cuando esa persona que parece que la había escuchado, volteo a verla en su dirección. Fue entonces cuando la niña lo reconoció.
-¡Kouta-nii!-gimió la pequeña corriendo hacia él.
-¡Fumie-chan!-exclamó Kouta al verla, fue a decirle algo al respecto de su desobediencia pero se llevó la sorpresa de que la niña se le tiró encima abrazándose a su cuello y a las caderas con las piernas como si de un mono se tratara y, al no esperárselo, el azabache cayó sobre su trasero.-¡AY! ¡Fumie-chan ¿Qué…?!
-¡LO SIENTO!-gritó ella rompiendo a llorar y abrazando a su hermano como si la vida le fuera en ello.-¡Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento mucho!
-Fumie-chan…ey ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?-cuestionó Kouta visiblemente preocupado de ver a su hermanita de aquella manera.
-Perdóname, perdóname, Kouta-nii, lo siento.-sollozaba sin parar la pequeña negándose en rotundo a separarse de él.
Kouta se quedó sorprendido escuchando el llanto de la pequeña pero al entender el motivo de su llanto, esbozó una sonrisa y le devolvió el abrazo acariciándole la cabeza. No sabía que le había pasado mientras estuvo fuera, pero le daba lo mismo, todo su enfado por regañarla por haberse escapado de casa y haber desobedecido se habían disipado al ver a la pequeña en aquella actitud.
-Tranquila, hermanita, no pasa nada.-rió complacido el muchacho levantándose del suelo con la niña todavía en brazos, que no quería soltarle por nada del mundo.-¡Chicos, mirad quien ha vuelto a casa!-anunció Kouta volviendo a entrar en la casa donde todos los demás niños se voltearon a mirarle.
-¡FUMIE-CHAN!-exclamaron todos al verla.
Akane, que en ese momento estaba doblando algunas ropas para meterlas en los cajones, se levantó con premura para acercarse donde el azabache al ver si la niña estaba bien.
-¡Fumie-chan! ¿Estás bien?-preguntó preocupada, llegar a casa y ver que la niña no estaba la había angustiado, pero intentó no salir a buscarla, para que la niña decidiera por si misma que debía volver a casa sobre todo ahora que debían empezar a tratarla como alguien mayor y no como una pequeña indefensa.
Al escuchar la voz de su hermana mayor, Fumie apartó su cara del hombro del azabache para mirarla. Akane casi se le fue el alma del cuerpo al ver la cara llorosa de su hermana pequeña ¿acaso le habían pegado?
-Fumie-chan ¡¿por qué lloras?! ¡¿Qué ocurre?!-preguntó a toda prisa la mayor acercándose más a la niña que, al escucharla, rompió a llorar más fuerte y alzó los brazos hacia ella para que la cargara. Consternada, Akane le cumplió la petición cargándola en brazos y justo como había pasado con Kouta, la niña ocultó su rostro sobre el hombro ajeno y lloró.
-Gomen nee, gomen nee, gomen nee-se disculpaba la niña apretujándose contra su hermana de forma desesperada.-No quiero que nadie desaparezca, no quiero….lo siento, Akane-nee, tú no eres mala. No lo eres…no…
-Fumie-chan…-murmuró conmovida la muchacha cruzando una mirada con una sonriente Chihiro, que le guiñó un ojo.
Sin embargo, Taichi, como siempre, permaneció ajeno a todo, como si la alegre situación no supusiera nada nuevo o motivo de alegría para él. Tenía ya las manos sucias lleno de restos de pintura que habían dejado los lápices de colores, y cientos y cientos de dibujos, a cada cual más extraño, desperdigados a su alrededor. Justo el que estaba ahora haciendo era otro de todos sus hermanos jugando con caballos voladores entre las nubes, todos ellos sonrientes y felices.
En ese momento, donde parecía que se había percatado de todo el alboroto que había a su alrededor, miró por el rabillo del ojo la tierna escena de como Fumie lloraba y Akane la abrazaba consolándola. Entonces, se encogió de hombros y continuó a dibujando, prestando especial atención al muñeco que representaba a Fumie.
/*/*/*/*/
-¡WAAAAH! ¡¿Pero esto qué es?!-exclamó sorprendido el de ojos verdes al contemplar aquella inmensidad ante sus narices mientras un viento salado golpeaba su cara meneando sus cabellos hacia atrás evidenciado aún más su expresión de sorpresa ante aquello que veía.
-¿Pues qué vas va a ser? ¡Es el mar!-contestó Mikaela divertido al ver que los ojos de Yuu parecía que fuera a salírsele de las cuencas.-¿Te gusta?
-E…es enorme…-murmuró teniendo la ligera sensación de que si se acercaba iba a ser tragado.
-Parece que donde vivías no estaba cerca de la costa.-comentó el rubio aprovechando aquel momento de desconcierto para revolver los cabellos ajenos.-Reaccionas igual que una persona que no ha visto el mar en su vida.
-Recuerdo pocas cosas antes del apocalipsis.-le recordó sin apartar sus ojos sorprendidos de la inmensidad oceánica.-Pero si alguna vez he visto el mar, estoy seguro que no lo olvidaría.
Desde luego, Yuu no sería capaz de definir si aquello que veía era increíblemente hermoso o aterradoramente abrumador. Estaba a punto de oscurecer, el cielo estaba en tonos rojizos y anaranjados y con ello, el mar no estaba en su pleno color como se vería de ser de día del todo, al contrario, el agua parecía más oscura y con ello Yuu le daba más sensación de que iba a ser tragado si se acercaba demasiado.
Sin embargo, la curiosidad de Yuu siempre era superior a cualquier miedo a lo desconocido que pidiera abrumarle. Se acercó con pasos lentos hacia donde estaba el agua, que se acercaba y se alejaba con el movimiento de las olas, Mikaela se quedó detrás, observando y encantado de ver aquella escena de un niño en su primer contacto con lo que él consideraba una de grandes maravillas de la naturaleza. No se sintió capaz de quitarle la vista de encima.
A una distancia respetuosa, Yuu se atrevió agacharse hasta donde los limites en que el agua se detenía antes de irse hacia atrás para formar una nueva ola. Apoyó las dos manos sobre la arena y quiso permitir que el agua tocara su piel cuando volvió acercarse. Sin embargo, cuando se dispuso sentir el agua sobre sus manos, se sorprendió cuando fue alzado bruscamente por los aires y con una presión en las axilas que le hizo volver a poner los pies sobre la arena firme, alejándolo del agua.
-Ey ¿a que ha venido eso?-protestó el niño mirando a Mikaela.
-Yuu-chan es un inconsciente que hace las cosas sin preguntar.-señaló Mikaela con tono de burla dándole un golpecito en la frente.
-¡Que dejes de hacer eso!-exclamó enfadado el azabache.
-El mar no es un lugar seguro, Yuu-chan, ya no-negó Mikaela.
-¿Cómo que no es un lugar seguro? ¡No iba a meterme a nadar! Sólo hasta las rodillas-volvió a protestar. De todas formas él no era tan tonto como para meterse en el mar, ni siquiera sabía nadar.
-No puedes verlos, pero debajo de toda esa agua están viviendo Jinetes del Apocalipsis-señaló Mikaela con el pulgar a sus espaldas, refiriéndose al mar.
Todas las protestas de Yuu murieron en su garganta al escuchar ese dato.
-¿Eh…?
-El mar también fue infectado de monstruos cuando ocurrió el apocalipsis-explicó el rubio. Algunos Jinetes aparecieron adaptados a la tierra y otros adaptados al agua. Están por todas partes como una plaga.-y viendo la cara del niño prosiguió a decir;-Además, a causa que todos esos bichos están viviendo bajo el agua, el mar está totalmente contaminado. Si te atreves a tocarla lo más probable es que sufras quemaduras muy peligrosas porque es igual que tocar el ácido. Vamos, que es tan venenoso como para matarte, así que te recomiendo encarecidamente que no te acerques al agua.
Yuu, sorprendido por aquella información, tragó saliva al pensar una imagen de tocar aquella agua y retorcerse de dolor mientras sus manos se deshacían como si fuera un helado al sol.
-Entonces…si es tan peligroso ¿Por qué me has traído aquí?-cuestionó Yuu mirando el mar con pesadumbre, sintiéndose apenado de que algo que ya estaba considerando magnifico fuera tan peligroso que ni siquiera podía sumergirse en él.
-Por el mismo motivo que te he llevado a jugar al futbol; porque me apetecía. Pero tranquilo, mientras estés conmigo estarás a salvo. Puedes corretear por aquí y tomar lo que quieras, pero no te metas dentro del agua, uno nunca sabe cuando uno de esos Jinetes puede salir de repente, sobretodo ahora que está más oscuro.
-Ya estás de nuevo esquivando mi pregunta.-murmuró por lo bajo Yuu enfurruñado, Mika alcanzó a oírlo pero no le hizo caso. No pensaba decirle al niño su motivación de hacer todo lo que estaba haciendo.
Viendo que no iba a conseguir nada de información por parte del rubio, Yuu caminó por la orilla, aún mirando el mar, cada vez más oscuro cuanto más se ocultaba el sol, fantaseando como sería aquel lugar en una estación más cálida, en mejores condiciones, a pleno día y con todos sus hermanos.
Se imaginaba que, al igual que le había pasado a él, se volverían locos al ver aquella inmensidad, y no querrían hacer otra cosa que correr y chapotear. Imaginaba a Fumie y a Taichi jugando en la arena, enterrándose mutuamente o haciendo figuras con ella, por otro lado a Kouta y a Ako chapoteando dentro del agua e intentando hundirse entre ellos o quizá corriendo por todos lados espantando a las gaviotas. Chihiro, siendo tan tranquila como era, estaría o tomando el sol junto a Akane, o estaría buscando alguna concha extraña que pudiera usar para hacer algún collar o pulseras. Y bueno, luego Akane y él, que se veía venir que más que preocuparse por disfrutar del día de playa estarían más atentos a todos los movimientos de cada uno de sus hermanos para que ninguno se separase del grupo, y puede que incluso preparando el almuerzo para todos.
-La verdad es que habría sido bonito…-murmuró Yuu con un aire melancólico ante aquel efímero sueño.
-¿Qué habría sido bonito, Yuu-chan?-preguntó el vampiro que iba justo tras él, haciéndolo regresar a la realidad.
-Nada que valga la pena mencionar.-se encogió Yuu de hombros con las manos en los bolsillos y volviendo a caminar y mirando atento el suelo.
No podía traer a sus hermanos a la playa ni mucho menos disfrutar de ella todos juntos, pero sí que podía encontrar algunas conchas o piedras curiosas que llevar a casa, tal vez aquello podía gustarles. Algo era algo.
Eso si algún día podía regresar a casa.
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-Venga, Chihiro, pásame la sal-dijo Akane, que removía en ese momento el contenido de una olla humeante.-Y apresúrate de terminar de pelar las manzanas.
-Estoy en ello-sonrió la de las gafas de bueno humor.
Ambas muchachas se encontraban atareadas en preparar la cena para esa noche, sus manos bailaban entre los alimentos que disponían y los utensilios de cocina como los cuchillos o los cucharones. Esa noche les tocaba a las dos niñas mayores preparar la cena y, para gran alegría de todos, tenían los ingredientes necesarios para poder preparar el plato preferido de todos; curry. El olor a picante se propagó por toda la casa y los niños, hambrientos, se movían como locos por toda la casa buscando cosas que hacer para que el tiempo pasara más rápido hasta que les dijeran que debían poner la mesa para cenar. Al contrario que había pasado al medio día, la casa de nuevo reinaba una tranquilidad y un buen humor por parte de los habitantes algo que a Akane le quitaba un gran peso de encima. La ausencia de Yuu era lo único que empañaba esa velada que prometía ser de lo más agradable pero los niños Hyakuya estaban concienciados en que era posible que algún miembro fuera a desaparecer o morir, Fumie acababa de tener esa revelación mientras estuvo fuera de casa, y por tanto todos debían aprender a mirar hacia delante y continuar por los que aún estaban presentes.
-"¡Pero Yuu-chan está vivo!"-pensó Akane pletórica de alegría sin dejar de remover el curry.
Todos los niños que se iban con Mikaela nunca regresaban a Sanguinem, y aunque Akane lo echaba muchísimo de menos, prefería que siguiera desaparecido pero vivo a que regresara y estuviera moribundo como le pasó a Shigeru. No sabía qué era lo que había hecho su hermano, pero desde que se fue con Mikaela a final de cada semana ese vampiro rubio los visitaba y les hacia entrega de varios sacos con alimentos y medicinas que superaban con creces a los que les entregaban cada vez que iban a la extracción de sangre. Ninguno entendió porque ese vampiro se estaba tomando aquella molestia y, en su momento, nadie se atrevió a preguntar hasta que ese día, justo ese día, Ako le dio la buena noticia que Mikaela le había confirmado que Yuuichirou estaba vivo y tenía una especie de trato con el vampiro.
-"Yuu-chan, eres tan tozudo que ya ni un vampiro puede acabar contigo cuando se trata de cuidar de la familia"-sonrió Akane de forma radiante.
-¡Akane-nee!-exclamó una inquieta Ako entrando en la cocina queriendo apremiar a las mayores.-¿Falta muchos?
-¡Seréis impacientes!-exclamó Akane divertida, sin ser capaz de ocultar su buen humor, y al ver los ojos ansiosos de la pequeña su sonrisa se amplió.-¡Venga, a poner la mesa!
-¡Siiii!-exclamó Kouta que entraba justo en ese momento como un bruto arrollando a Ako para ir a buscar los cubiertos.
-¡Kouta! ¡Te vas a enterar!-exclamó Ako levantándose del suelo para ir por Kouta al mismo tiempo que pillaba servilletas y vasos.
-¡Chicos, nada de ponerse a correr por aquí!-los regañó Chihiro.-¡A ver si vais a tirar algo o vas a quemaros! ¡Afuera, venga!
Entre risas, el azabache y la castaña salieron de la cocina persiguiéndose mutuamente para ir a la mesa, donde por cierto ya estaba la pequeña Fumie sentada junto a Taichi, el cual como siempre miraba la mesa como si esperase que la comida fuera aparecer por arte de magia. A pesar de que le habían lavado las manos concienzudamente antes de dejar que se sentara, aún se podía ver restos de pintura de los lápices entre las uñas o los dedos, y hacía gestos con ellos como si se estuviera rascando las rodillas.
-¡La cena está lista!-anunció Akane apareciendo con una olla y tras ella, Chihiro con varios platos. Los gritos infantiles no tardaron en dejarse a oír.
Entre el alboroto, Taichi se rascó la cabeza.
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-Oye, ya está oscuro del todo.-dijo Yuu mirando a su alrededor que estaba totalmente oscuro, ya no había vestigio alguno de luz solar que pudiera iluminar por donde iba.
Mikaela, al escucharle, no se lo pensó dos veces en colocar una de sus manos en el hombro ajeno para poder guiarle en el camino. Yuu tuvo un sobresalto ante el contacto y lo miró con desconfianza.
-Yo puedo ver en la oscuridad mejor que tú. Así que tendrás que dejar que te guie-indicó Mikaela al ver que Yuu daba indicios de rechazo a su gesto.
-¿También podéis ver en la oscuridad?-cuestionó Yuu con la ceja arqueada.
-En realidad no es que veamos nítidamente en la oscuridad, pero si vemos mejor en ella que en los humanos.-y con una sonrisa socarrona añadió;-Siete veces más, para ser exacto.
-Empiezo a odiar ese número…-gruñó Yuu por lo bajo.
-Venga, Yuu-chan, deja de ser tan gruñón-le pidió una vez más haciéndole caminar a su lado-Las nubes no dejan ver las estrellas pero desde luego ha quedado una noche la mar de agradable.
-Si tú lo dices….-susurró el niño con las manos en los bolsillos, donde podía palpar varias conchas y piedras que había reunido. Sin conseguía regresar a casa aunque fuera sólo unos minutos podría entregárselo a Chihiro aquellas rarezas, seguro que de todas, era quien más apreciaría aquel detalle.
-Este sitio está bien-indicó Mikaela haciendo una inesperada y brusca presión sobre los hombros de Yuu, que al tomarlo por sorpresa, cayó de bruces contra la arena de playa.
-¡Auchs! ¡¿Quieres hacer el favor de avisar?!-exclamó dolorido el azabache.
-Lo siento, a veces se me olvida lo frágil que eres.-se encogió Mikaela de hombros caminando unos pocos pasos más allá ignorando la cara de enfado que mostraba el menor.
-¡¿FRÁGIL?! ¡Hijo de…!-fue a decir pero una mirada afilada por parte de Mikaela lo hizo callar en el momento.
-Cuida ese lenguaje.-le advirtió pero esbozando una amable sonrisa-Prefiero al Yuu-chan obediente.
-Si, claro, como no…-siseó entre dientes el niño apreciando que el vampiro se le acercaba de nuevo.
-¿Tienes hambre?-preguntó tendiéndole lo que parecía ser un par de sándwiches envueltos en papel transparente.
-¿De dónde los has sacado?-preguntó Yuu sorprendido de ver aquel alimento en medio de la playa.
-Siendo un poco sincero, llevo planeando esto desde hace algún tiempo, así que fui previsor en dejar algo de comida cerca de las rocas.
-¿Tiempo…?
-No te preocupes, no está envenenado y me he preocupado de envolverlos bien para que no entre nada de arena y lo he puesto en un sitio donde no lo alcanzaba el agua del mar.-le sonrió de forma sincera intentando trasmitirle confianza pero viendo como el niño lo miraba sólo pudo dar un suspiro.-Sé qué piensas que soy un mentiroso, puede que haya jugado sucio contigo y te haya tendido alguna que otra trampa. Pero hasta el momento no te hecho daño ¿verdad? Tampoco pretendo hacerlo. No puedo decirte que es lo que pretendo hacer contigo pero estate tranquilo que no va a pasarte nada malo ¿de acuerdo?
Yuu siguió mirándole desconfiado, y Mika sabía que no le creía ni una sola palabra de lo que le estaba diciendo. Pero Yuu era un niño, y al igual que cualquier otro niño, pensó en sí mismo y en ese momento le apetecía comerse aquellos sándwiches, más por gula que por otra cosa porque en honor a la verdad, no es que precisamente tuviera demasiada hambre, pero estaba tan acostumbrado a que la comida fuera escasa y racionada que era incapaz de rechazar alimentos si se lo ofrecian.
-La verdad es que estoy más cansado que hambriento-confesó Yuu desenvolviendo uno de los sándwiches.
-Tampoco me extraña, con lo que has comido a medio día era de esperar que ibas a estar lleno casi todo el día. Pero es bueno que al menos te comas esto, no vaya a ser que te dé hambre a mitad de la noche-lo animó Mikaela.
Se fijó en los ojos de Yuu y en ellos vio el cansancio haciendo que se sintiese satisfecho consigo mismo. Había sido un día largo pero hasta él podía ver que el azabache se había divertido o por lo menos había logrado que experimentara cosas que se le habían privado hace mucho tiempo. Sólo con eso Mikaela se sintió satisfecho con todo lo que su plan había llevado a cabo.
Yuu no tardaría nada en quedarse dormido, y Mika dejaría que así fuera. De ese modo, cuando cerrara los ojos lo último que verá y oirá Yuu será el mar que tanto le había sorprendido, es mejor eso que llevárselo y hacerle ver como volvía a hundirle en Sanguinem.
-Creo que me estoy ablandando.-musitó Mikaela viendo como el niño masticaba, con mucha lentitud, su sándwich.
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El silencio que se produjo aquella noche en Sanguinem no era algo que estuviera fuera de lo normal, sin embargo, los niños de la familia Hyakuya lo sintieron como algo más tranquilo a lo que estaban acostumbrados. Luego de la cena, se dedicaron a jugar todos juntos a cualquier cosa que tuvieran al alcance, rieron, se divirtieron, contaban anécdotas que habían escuchado de otros niños de la ciudad, esforzándose para pasar una buena velada a pesar de la ausencia de Yuu.
Claro, todos los niños hicieron de todo menos Taichi, el cual cuando terminó de cenar, se levantó de la mesa y regresó a volver a plantarse ante los papeles pero, al contrario de lo que uno se esperaba, no continuó dibujando, se quedó sentado sobre sus rodillas mirando cada uno de sus dibujos fijamente como si fuera la cosa más interesante del mundo.
Nadie le prestó atención, era mejor dejar al niño tranquilo en su mundo.
Al menos así fue la cosa hasta que Akane se fijó en que se les había hecho tarde y mandó a todos a terminar de recoger y limpiar todos los cacharros de la cena para poder irse a la cama. Taichi no se resistió cuando Chihiro lo tomó en brazos para llevarlo hasta el lugar donde dormían, junto a todos los demás.
-Venga, Tai-chan, es hora de ir a dormir-anunció sonriente Chihiro llevando al niño en brazos, el cual sólo se dejaba llevar con la mirada perdida en algún punto indefinido de la casa, como siempre, sumido en sus propios pensamientos.
Las risas y las charlas en voz baja se prolongaron un poco más cuando todos ya estaban entre las mantas. Kouta y Ako por su lado, de vez en cuando haciéndose cosquillas y riendo de forma suave, jugando a ver cuánto podían aguantar sin reírse fuerte y sin llamar mucho la atención de sus hermanas mayores. Chihiro, de vez en cuando, les llamaba la atención con una sonrisa mientras acomodaba a Taichi para que durmiera a su lado. Akane por su lado tenía acurrucada a la pequeña Fumie contra su pecho, la niña estaba quedándose dormida escuchando los latidos de su hermana mientras ésta le pasaba la mano por la espalda haciéndola sentir relajada y segura.
Pero el cansancio poco a poco fue venciéndoles uno a uno, las risas y movimientos de Kouta y Ako fueron cada vez mas pausados hasta que llegó un momento en que sólo era posible escucharlos respirar relajados. Chihiro también se quedó dormida, abrazando al pequeño castaño y Akane, que era la única que aún estaba despierta, les echo un vistazo rápido a todos, quedando conforme como estaban y, tras darle un beso en la frente a la niña, se acomodó mejor quedándose dormida con un sólo suspiro.
Lo que Akane no le dio tiempo a ver, era que el cuerpo de Chihiro ocultaba la cara de Taichi al tenerlo contra ella y el niño, al contrario que los demás, no se había quedado dormido.
Y siguió sin dormirse cuando pasó treinta minutos, ni tampoco lo hizo los siguientes veinte minutos. El pequeño sólo sentía la incesante necesidad de rascarse constantemente la cabeza y el cuerpo entero ante aquello que no dejaba de atormentarlo y que no era capaz de decir en voz alta. Se rascó y se rascó.
Ras, ras, ras, ras. Siguió rascando.
Su piel comenzaba a enrojecer y mostrar pequeños arañazos donde brotaba gotitas de sangre.
Ras, ras, ras, ras. Continuó rascando.
El niño apretaba los dientes, sus ojos estaban ocultos tras su cabello mientras continuaba rascándose. Aquello era insoportable. Insostenible. Y el niño no era capaz de hablar, no era capaz de que su voz le llegara a los que estaban a su alrededor ¡Había demasiados! ¡La culpa es de ellos! ¡¿Por qué no le dejaban tranquilo?! ¡¿Por qué estaba siendo castigado de esa manera?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ?!
¿Y por qué no?
Y de pronto todo cesó. Tan rápido como había iniciado, Taichi dejó de rascarse, haciendo que sus manos cayeran muertas hacia el duro suelo donde dormía. Silencio, perturbador silencio se sintió en el ambiente. Sus ojos, muertos y entreabiertos, parpadearon débilmente como si se acabase de despertar de un sueño en el cual jamás se había sumido.
Estaba escrito.
Con parsimonia, Taichi se incorporó de donde estaba, apartando el brazo con el que Chihiro lo abrazaba, quedándose totalmente inmóvil por unos instantes. Pasado un minuto y medio, Taichi alzó un poco más la mirada y terminó levantándose de donde estaba, rodeado por los cuerpos dormidos de sus hermanos, entonces empezó a caminar haciendo un ligero eco con sus pasos, dirigiéndose a la escalera de madera que unía la zona de dormir con el salón.
Fumie, que comenzaba a estar incomoda por llevar un buen rato durmiendo en la misma posición y que el abrazo de Akane no le permitía moverse, se acabó despertando. La niña, movió el brazo de su hermana para darse la vuelta, pero justo en ese momento un sonido llamó su atención haciendo que voltease su cabeza en dirección donde lo había escuchado. Volvió a oír ruidos, como si alguien estuviera revolviendo cosas de la cocina y, curiosa, se gateó hasta el borde de la zona de dormir quedando asomada para mirada hacia el lugar. Se sorprendió cuando vio a Taichi salir de ahí.
-¿Tai-chan?-murmuró para sí misma la niña mirando a su hermano que, para su sorpresa mayor, se dirigió hacia la puerta abriéndola de par en par de un sólo tirón y saliendo por ella sin mirar atrás-¡¿Qué está haciendo?!
La pequeña no podía creerse que su hermano hubiera cometido la estupidez de salirse de casa aquellas horas y sin decirle nada a nadie, los vampiros habían impuesto un toque de queda para que los niños regresasen a sus casas y no salieran de ellas hasta el día siguiente. Apresurada, la niña se apartó del cuerpo de Akane, intentando en todo momento no despertarla, si lo hacía estaba segura que se asustaría y no quería que se volviera a enfadar porque otro de los niños se fuera de casa sin decir nada.
Además Fumie era hermana mayor de Taichi, como hermana mayor debía ir tras él y hacerle regresar junto a los demás. Decidida y preocupada, la niña bajó las escaleras casi dejándose caer por ellas y, sin pensar demasiado en las consecuencias que se podría acarrear a sí misma, salió por la puerta de su casa, persiguiendo al pequeño castaño.
Lo vio a lo lejos, caminando a paso lento y ligeramente tambaleante como si fuera un robot que le costase hacer la función de mover los pies para dar cada paso. Fumie echo a trotar en su dirección, viendo que empezaba a salir del callejón donde estaba situada su casa para ir a la calle principal, la cual solía llevar a la plaza donde muchas veces los niños se reunían para jugar.
-¡Tai-chan!-gritó Fumie aún corriendo detrás de él.-¡Tai-chan, espera!
El niño, que ya estaba en la calle principal se detuvo al oír la voz de Fumie, sin embargo no se molestó en voltear a mirarla, algo que por cierto, también era costumbre en él, por lo que Fumie se detuvo a medio metro de él jadeando ligeramente por la carrera que tuvo que hacer para ir donde estaba su hermano.
-¿Qué haces aquí fuera?-cuestionó ella en cuanto recuperó el aliento.-Sabes que cuando las luces están encendidas no podemos salir a la calle ¿y si alguien te ve? No podemos portarnos mal, sino nos castigarán ¡¿me estás haciendo caso, Tai-chan?!
Pero Taichi, como siempre, pareció no hacer caso a nada de su alrededor pero había algo extraño que Fumie no fue capaz de pasar por alto. Aunque Taichi hubiera estado distante con ella en las últimas semanas, acababa de responder a su llamado, algo que sólo hacía con ella pero de nuevo no le estaba haciendo caso.
-¿Tai-chan…? ¿Estás bien?-preguntó Fumie acercándose un par de pasos hacia su hermano. Entonces empezó a esbozar una sonrisa cuando vio que el castaño comenzaba a darse la vuelta para mirarla.
Sin embargo, poco a poco, la sonrisa de Fumie comenzó a desvanecerse cuando un acontecimiento extraño y sumamente perturbador comenzó a formarse ante sus ojos. Taichi, su hermano, tenía los ojos muertos, eso no tenía nada de extraordinario, pero su expresión se había vuelto brutalmente aterradora viendo que tenía una siniestra sonrisa de oreja a oreja.
Aquello le hizo temblar a la niña. Su hermano nunca sonreía, jamás. Por primera vez le vio sonreír y sintió de todo menos alegría por ello.
-¿T…Taichi…?-murmuró nerviosa la niña.
Taichi amplió su sonrisa siniestra de payaso loco mientras un filo metálico brillaba en su mano derecha.
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-Desde luego, has caído redondo.-se rio con suavidad el rubio que se encontraba encaminándose por los pasillos de la mansión con un dormido Yuu en brazos.
El pequeño se había quedado dormido conforme se estuvo comiendo su sándwich, por lo que con todo el cuidado del mundo Mikaela lo cargó entre sus brazos y se puso rumbo de vuelta a Sanguinem. Dado que ya no contaban con el paso rápido de un Jinete del Apocalipsis la vuelta había llevado más tiempo pero Mikaela lo prefirió así, Yuu estaba muy tranquilo en el mundo de los sueños y no quería despertarlo con el movimiento o las quejas de uno de esos monstruos por lo que prefirió ir todo el camino andando y sondeando zonas que sabía que era territorio de los Jinetes.
Y ahora estaba de vuelta en Sanguinem, concretamente de vuelta a su hogar, consiguiéndolo sin despertar a Yuu, eso era algo que consideraba un logro. Yuu tenía el sueño ligero y se despertaba con cualquier perturbación, sonido o luz que hubiera a su alrededor, producto de que, aún dormido, era incapaz de bajar la guardia pero Mikaela contaba de su lado que había agotado al niño tanto física como emocionalmente, era inevitable que cayese en un sueño profundo donde no se despertaba con las cosas que normalmente le harían abrir los ojos.
Sin hacer ruido ni movimientos bruscos, el rubio se las apañó para ingresar a la habitación asignada al azabache acercándose a la mullida cama. Sin soltar en ningún momento al niño, Mikaela abrió la colcha de la cama depositando con suavidad al azabache sobre ella con un cuidado que no creyó poder volver a demostrar hacia ningún humano.
-Con lo revoltoso que eres y mírate ahora, dormido como un bendito.-comentó en voz baja pasando su mano con suavidad sobre el cabello negro del muchachito.
-Hmmm.-hizo el azabache soniditos con la garganta mientras se acomodaba mejor en aquella superficie mullida.
-Bueno, con tu permiso, Yuu-chan, debo comprobar algo.-susurró el rubio llevando sus manos enguantadas hacia los pliegues que abrían el uniforme de ganado procediendo a abrirlo con cuidado de no despertarlo dejando que el pecho infantil fuera quedándose al descubierto.
Una vez que la tela estaba completamente abierta, Mikaela fijó sus ojos en las dos marcas de mordiscos que el niño lucia en el cuello y en el costado. Sin duda estaban mucho mejor ahora que hace algunas semanas, las heridas ya no supuraban ni estaban infectadas como antes, gracias a la acción de los antibióticos que Mikaela había estado obligando a Yuu consumir y al tratamiento diario de desinfección habían permitido que se crease la costra que ayudaba a proteger la zona de otros agentes infecciosos externos, aún cuando Mikaela tenía que batallar de vez en cuando con Yuu para evitar que se rascase y levantase la costra, con lo bruto que es, capaz era. Eso sí, lo inevitable era que luego de haber estado tanto tiempo infectado, aquellas marcas se quedarían para siempre adornando el cuerpo de Yuu sin importar cuantas curas haya podido hacer, las cicatrices se quedarían ahí para siempre.
-Creo que ya no hará falta que desinfectemos mas…¡enhorabuena, Yuu-chan! Por fin vas a dejar de sufrir mis acosos cuando voy a curarte, y yo dejaré de luchar contra tus patadas y tus mordiscos-bromeó Mikaela sin alzar la voz, intentando en todo momento que el niño no despertar al azabache.
Sin embargo, el rubio se quedó mirando el rostro dormido del pequeño, viéndolo tan tranquilo y sosegado le trasmitió a él una tierna paz que no sentía desde hace tiempo. Hundió sus dedos en la mata negra del niño y lo acarició con cuidado, con tanto cuidado como si temiera que fuera hacerle daño con aquel gesto. Los ojos de Mikaela se pasearon por el reloj de cuco que había en la habitación, el cual le indicaba que quedaba menos de veinte segundos para que fuera media noche. Suspiró y volvió a centrar su mirada en el niño, esta vez, con el detalle de que se acercó a él, se acercó tanto que invadió su espacio personal hasta tal punto que su aliento chocaba contra la frente del menor.
-Feliz cumpleaños, Yuu-chan-felicitó en un susurro el vampiro posando sus fríos labios sobre la frente ajena.
En ese momento, el reloj marcó las 00:00 haciendo resonar al cuco por la habitación en un suave eco dejando atrás aquel dieciséis de octubre, marcando el primer día luego del duodécimo cumpleaños de Yuuichirou.
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-¿T...Tai-chan? ¿Qué estás haciendo?-preguntó la pequeña con nerviosismo contemplando como su hermano menor se acercaba lentamente hacia ella con aquella expresión terrorífica.
-Fumie…-pronunció su nombre con voz rasposa y cargada de una emoción que a Fumie no le gustó nada.
La niña, asustada como nunca en su vida, no esperó a preguntar nada más a su hermano, dándose rápidamente la vuelta para salir corriendo de ahí.
La niña echó a correr en sentido contrario para alejarse de Taichi, el miedo la había invadido por completo. Quiso gritar pero…
"Masato-kun y yo siempre gritábamos cuando jugábamos juntos. Shigeru-nii no era un niño malo, pero se lo llevaron. Ahora Masato-kun y yo ya no gritamos cuando jugamos"
La niña, asustada y abrumada, no dejó de correr lo que sus piernas le permitían, el grito que quería salir de su garganta estaba atascado, no se atrevía hacerlo. Ella prometió portarse bien, no quería que nadie más de su familia desapareciera, si se le ocurría gritar alguien estaría en peligro.
-¡AAAAAH!-chilló quedadamente la pequeña cuando sintió un agresivo tirón en su pelo que la hizo caer hacia atrás, golpeándose la espalda contra el suelo.
Sintió temblar su cuerpo ante semejante golpe, pero se olvidó por completo de aquel dolor cuando sintió que alguien se sentaba sobre ella haciéndola que abriese los ojos contemplando con horror como el castaño estaba sentado sobre ella alzando el cuchillo de cocina por encima de su cabeza con ambas manos sin variar aquella terrorífica sonrisa que tenía plasmada en la cara.
"Témeme cuando se vaya la luz"
-¡Tai-chan! ¡PARA! ¡BASTA! ¡POR FAVOR, PARA! ¡NO LO HAGAS!-chilló la niña fuera de sí retorciéndose con desesperación buscando la forma de liberarse, horrorizada al ver la carencia de lucidez y arrepentimiento en los actos que estaba pensado cometer el castaño.-¡TAICHI, NO! ¡TAICHI!
Un corazón maltrecho y podrido…
"Me acercaré hasta dónde estás tú y…cuanto menos te lo esperes…"
-Fumie…-siseó un sonriente Taichi con una voz tétricamente cantarina.-¡T…E…Q…U…I…E…R…O…..!
Y sin ninguna contemplación ni duda que hiciera titubear su pulso, Taichi enterró el filo del cuchillo sobre el estomago de la niña.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!-gritó la menor con los ojos desorbitados ante el dolor.
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El vampiro se separó del azabache cuando lo sintió revolverse incomodo ante el contacto de su fríos labios contra su frente. Sonriente, Mikaela pasó su mano enguantada por la cara del menor, apartando algunos mechones rebeldes que se habían quedado en la frente, mirándolo con una ternura que de pronto le estaba naciendo de dentro suyo producto de los recuerdos que últimamente iban invadiéndole cada día conforme convivía con el pequeño.
Recuerdos que, como siempre, lo protagonizaba su precioso Gekkomaru pero que al contrario de las otras veces ya no sentía la presión de la añoranza que le carcomía por dentro. Nunca iba a poder confirmarlo, no había nada que estuviera en sus manos ni en las de nadie para poder confirmarlo, pero estaba convencido de que su amor estaba ahí dentro, en aquel cuerpecito moreno y de preciosos ojos verdes. Gekkomaru había regresado a él, con otro nombre, otra cara, otra personalidad…pero había regresado, lo había hecho luego de novecientos años ¿Por cuánto tuvo que pasar su niño para regresar con él luego de tanto tiempo? ¿Sufrió? Nunca podría saberlo, su niño jamás iba a poder recordarlo, pero lo logró, logró volver a estar a su lado y a partir de ahí él iba a encargarse que nada volviera a separarlos.
-Sólo hay que esperar un poco más, mi dulce niño…-susurró Mikaela acercándose lentamente a la cara del durmiente.-Sólo un poco más…un año más…-y cuando estaba a medio palmo de distancia de tocarlo susurró como ultimo.-Sólo hay que esperar un año más…
Entonces, ansioso y preso de un deseo tan irrefrenable como inesperado, la boca del vampiro poseyó la del niño humano.
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-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Los gritos resonaban en toda la ciudad, imposibles de callar cuando el dolor atenazó contra aquel cuerpo que sufría aquella agresión punzante y retorcida.
Gritos y más gritos.
Un dolor tan grande que le hizo sentir una y otra vez que aquello no era un mal sueño.
-Esto no es un sueño…-susurró Taichi sacando el cuchillo del estomago con brusquedad haciendo que su rostro se manchase con algunas gotas de sangre pero sin preocuparse en absoluto por ello volvió alzar el cuchillo por encima de su cabeza para luego volver a enterrarlo con la misma fuerza que había propinado la anterior vez.
-Ta…Ta…-intentaba pronunciar la niña el nombre de su hermano mientras un rio de lágrimas salían de sus orbitados ojos. Su voz no quería salir de su garganta, el dolor era tal que no podía decir nada salvo gritar ante una nueva puñalada.
Luego las estocadas se repitieron una y otra vez, lentas y certeras, que sólo arrancaban gorgoteos de la garganta de la niña que ya no era capaz de dar un sólo grito mas.
Hasta que llegó un momento en que el cuerpo agredido ya no era capaz de emitir sonido ni movimiento alguno, mientras una charco de sangre se formaba a su alrededor, y el líquido rojizo empapaba la ropa y el rostro del agresor que, sin importarle su aspecto ni la falta de reacciones de la ajena, continuó enterrando el cuchillo una y otra vez, y otra vez, y otra vez…como una necesidad compulsiva que no era capaz de detener y no fue consciente del tiempo que estaba pasando mientras hacia aquel atroz acto con una enrome sonrisa.
-¿Qué crees que estás haciendo?-preguntó una voz ronca justo tras la espalda, pero el niño hizo como si no lo hubiera oído y continuo con lo que hacía.-¿No me has oído, niño?
Taichi alzó el cuchillo una vez más para asestar una nueva puñalada pero entonces una mano enguantada rodeó sus muñecas y le arrebató el arma. Taichi, al contrario de lo que el centinela se esperaba, no opuso resistencia alguna y permitió que le quitase el cuchillo sin protestar.
-Vaya…que interesante.-murmuró el centinela pelimorado viendo curioso aquel estropicio que había generado aquel enano-Interesante, pero vaya desperdicio…¿no te parece, René?
-¿Tenemos acaso un sádico entre el ganado?-cuestionó el azabache con su típico aire aburrido viendo al pequeño castaño que sonreía de forma leve con su mirada muerta clavada en aquella víctima.
-No sé qué bicho le ha picado al crío, pero deberíamos pensar en cómo limpiar este estropicio antes de que alguien nos eche la culpa de esto. Aunque debo reconocer que ha tenido que esforzarse mucho para matarla de esta manera ¿te has fijado la cantidad de puñalada que le ha dado?
-Lo ha hecho con ganas-se encogió el ojeroso vampiro como si no le importase.-¿Crees que aun podría aprovecharse algo de la cría?
-Tal vez, pero no sé si valdrá de algo con todo lo que ha perdido-murmuró Lacus con una leve risa.
René entonces fijó su atención en el niño que, sin mediar palabra, hundió sus manos en la sangre derramada y se las pasó por la cara y el cabello. Extrañados, ambos centinelas vieron aquel comportamiento, para luego apreciar como el niño tomaba a la victima entre los brazos y depositaba un beso en la frente.
-Buen viaje…ahora eres libre…-susurró cerrándole los ojos horrorizados a Fumie con suavidad y cuidado.
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Frío, un frío cortante fue lo que sintió Yuu atenazando su boca junto con una ligera presión, tan sorpresivo y tan cortante que le hizo salir del mundo de Morfeo al instante, abriendo los ojos de par en par encontrándose de cara con el rostro pálido del vampiro pegado al suyo.
La reacción no se hizo esperar. Yuu comenzó a retorcerse de forma violenta intentando sacarse a ese demonio de encima suyo, sin embargo, Mikaela perdido en su propia fantasía, sostuvo al niño de los brazos y de la cabeza para mantenerlo inmovilizado profundizando el beso de forma forzada abriéndose paso con la lengua y leves mordiscos en los labios ajenos.
La sensación de congelación absoluta fue brutal para el niño con aquella invasión, ya no sólo los labios todo el interior de su boca le daba una sensación de frio desolador con aquella invasión de la lengua ajena.
Necesitaba quitárselo de encima, aquella sensación era demasiado desagradable, asquerosa. No lo quería cerca. Era horrible, espantoso.
-¡Bas…!-quiso protestar pero su boca cautiva no era capaz de terminar siquiera una palabra.
Alzó el brazo hacia un lado, palpando en la mesita de noche buscando algo que pudiera ayudarle a salir de aquella horrenda situación mientras usaba la otra para al menos intentar poner distancia entre ellos.
Entonces agarró algo firmemente con su puño, algo de tacto metálico, frío y duro. No se lo pensó dos veces, y con toda la fuerza que tenía en esos momentos estampó aquel objeto contra la cabeza la Mikaela.
¡PLASH!
Un golpe directo y contundente, justo donde quería, y al fin, Yuu pudo sentir que era liberado, pudiendo volver a sentir que su boca recobraba el calor que le había sido arrebatado pero lejos de sentirse a salvo, Yuu giró sobre si mismo saliendo de la cama viendo como Mikaela se sobaba la cabeza ante el golpe pero su expresión no era la de una persona dolorida por haber sido agredido, era más como si hubiera recibido un manotazo que un golpe contundente.
-Que bruto eres, Yuu-chan, menos mal que soy un vampiro, de haber sido un humano me habrías hecho mucho daño.-le regañó Mikaela rascándose la zona agredida como si sólo hubiera recibido el picotazo de un mosquito.
-¡¿Qué narices estabas haciendo?!-cuestionó el niño enfurecido.
-¿A ti que te parece?-respondió Mikaela con otra pregunta sonriendo coqueto apoyando su rostro en sus manos admirando la cara de Yuu.
-Eres asqueroso…-siseó Yuu pasando su mano por los labios dándose énfasis de lo desagradable que le había resultado aquel contacto.
-Eres un crío, Yuu-chan, pero no te apures, sólo necesitas acostumbrarte a ello.-le contestó.
-¿Acostumbrarme? ¿Es que tienes intención de…?-murmuró asustado el niño queriendo alejarse de aquel loco, sin embargo, el rubio le tomó de la ropa y volvió alzarlo para que quedase frente a él sobre el colchón.
-Recuerda, Yuu-chan, tengo grandes planes para ti-susurró contra su boca, el cual Yuu intentaba evitar volver a tener contacto sin molestarse en ocultar su expresión de desagrado ante aquella cercanía y declaración de intenciones-Pero no está de más de advertirte que tienes que acostumbrarte a ciertas cosas…
Entonces, sin pedir permiso ni señal alguna, Mikaela le plantó un beso al niño en la mejilla haciéndole sentir un escalofrío ante la frialdad de su contacto.
-Buenas noches, mi dulce niño.-susurró Mikaela en su oído alejándose de él para salir por la puerta de la habitación como si nada hubiera pasado.
Yuu, por su parte, se quedó mirando consternado la puerta por donde había salido el rubio, tocándose la mejilla, la cual se le había quedado fría.
Pero Yuu llegó a una conclusión.
-Tengo salir de aquí….y rápido…-susurró para sí mismo sin quitar su mano en la fría mejilla.
CONTINUARÁ.
Diría muchas cosas aquí, pero acabo de terminar el capitulo y ando mentalmente reventada, así que sólo os dejaré la contestación de los review del capítulo anterior y decir que de nuevo dejéis apoyo en este fic con vuestras opiniones que me dan la vida y motivos para continuarlo XD. Saluditos y besitos.
Agradecimientos a Jaakuna Sakkako por sus consejos y apoyo incondicional.
Rianberry: Pues si has gritado como loca, espero que este capítulo lo recibas con el mismo entusiasmo porque, al igual que los otros, he puesto esfuerzo y empeño. Escribo porque me gusta y me apetece, y sobretodo, porque hay gente que lo disfruta y lo valora y eso siempre me da motivos a seguirlo aunque tarde mucho tiempo de hacerlo. Respecto a los de Asuramaru, siempre lo he emparejado con Krul desde la primera vez que los vi pero nunca había visto su relación de la forma romántica y tierna, me lo imaginaba mas toxica y malintencionada dado la personalidad de uno y otro y con la cantidad de siglos que cargan sobre sus espaldas. Ellos son una subtrama, así que aparecerán sus recuerdos más de una vez si así se quiere, espero que con ello más gente se anime a escribir sobre esta pareja. Respecto a la relación entre Yuu y Mika…yo ya lo advertí, este fic es un Mikayuu pero es posible que no tenga el resultado que muchos esperan que tenga pero…aaaah, es cosa vuestra conservar las expectativas, poneros en lo peor, poneros en lo mejor o ir un paso más allá jajajaja.
Yg-12: Esa primera frase de tu comentario no sé si debo asustarme por haberte traumatizado o si debo alegrarme porque te ha impresionado en el buen sentido XD. Las aclaraciones siempre estoy dejándolas por si acaso alguien no las entiende, si alguna vez no entiendes algo dímelo y lo aclararé porque hay veces en que doy por hecho que las cosas se entienden porque si y a lo mejor me equivoco.
Himari-san: ¡Pues este también es extenso juasjuasjuasjuas! Este capítulo empieza ya lo bueno, y la incertidumbre crecerá más.
Ai-chan: Descuida, eres de las que comentan más a menudo y agradezco mucho los parrafones que me das porque hacen que mi esfuerzo valga la pena. La relación entre Mika y Yuu será demasiado difícil y ya te digo…¡no esperes milagros! Ya hay muchos fics que se ocupan de plasmar que el poder del amor resuelve todos los problemas y todos los conflictos…jejejeje…yo no hago eso, ya verás ya…jejjejeejeje. Respecto a los Tepes…ellos son una subtrama de esta historia que quise incluir porque siempre los he emparejado desde que los vi por primera vez y, dado que nadie parece animarse a escribir fics en español sobre ellos pues lo puse en mi historia así como quien no quiere la cosa. Y ey…Gekko va a salir más veces, y espero que sigas adorando a Gekko que va a seguir apareciendo, y si, murió de la forma mas natural posible, todos esperaban un asesinato pero ha muerto de la forma más normal que había en esa época donde la mortalidad infantil y juvenil era muy alta.
Juliette: Y este capítulo es mas laaaaargo, a ver si te gusta como el anterior. Asura no está mal de la cabeza es sólo que…que…que…¡vale, si, está como una cabra XD! ¡Pero aun así se le quiere! Nop, Oshizu nunca fue una amenaza ni para su hijo ni para Mika, sólo era el epicentro del odio de Mika porque era ella la que tenía todo cuanto él deseaba. Mika deseó a Yasha pero él estaba casado con Oshizu y nada podía cambiar eso, luego al enamorarse de Gekkomaru, y de nuevo estaba la limitación de que Oshizu era su madre y siempre la iba a estar defendiendo de cualquier cosa mala que le dijera. Oshizu tenía todo cuanto Mikaela deseaba y por ello la odiaba y era el centro de todos sus males y problemas, era cuestión de tiempo que quisiera hacérselo pagar con alguna excusa convincente; y la muerte de Gekko le permitió llevar a cabo su "venganza"..
Laury Shinn: ¿Necesitas más? PUES TOMA! Más largo y más sustancioso que el capitulo anterior. Mis dedos sufren pero se lo pasan bien jejejeje disfrútalo!
