VII. Lidiando
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No sé cómo paso, ni como llegue a esto pero está bien si tengo que lidiar contigo un poco más… para que salgas de mi vida.
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Por todo lo que es santo, ¿Por qué tenía que ocurrir una maldita casualidad como esa después de esas malas memorias por las que había pasado hace apenas un rato? Lo sabía, sabía perfectamente quien era la causante de que un oficial de policía volara por los cielos a una velocidad impresionante cayendo justo frente a sus narices y lo peor era que la imagen de la causante vino a su cabeza como el piquete de una abeja en el trasero.
Maldita cabeza que tenía, le estaba causando demasiados problemas ya, ¿Qué se estaba ensañando con él?
-¡¿Quién más se interpondrá en mi camino?! ¿Eh?-. Esos gritos sonaban por todas las instalaciones del Shinsengumi, vaya que esa voz sonaba tan arrogante y aterradora, a tal grado que algunos simplemente optaron por apartarse del camino de la "linda señorita".-Eso creí bastardos-. Mencionó altiva.
La vio aproximarse, caminaba con toques de superioridad como si hubiera tomado el control de todas las instalaciones pero Sougo solo se preguntaba una cosa ¿Quién fue el estúpido al que se le ocurrió llevarla?
Ya después lo averiguaría.
Ahora bien, estaba Kagura quien caminaba con total seguridad y confianza. Su plan era marcharse del lugar antes de que cierto oficial de policía llegara pero ya era tarde, lo supo cuando vio a esa persona parada a la mitad del camino que la sacaría de ahí. Detuvo su paso en seco, sus rodillas temblaron sin saber exactamente el por qué. ¿Era una de esas estupidisimas reacciones que tenían las chicas ridículas?
¿Qué más da? Vete al diablo pensó completamente segura de sí misma. Hasta donde ella creía, esa era su mejor opción ya que si el no caía ante su arsenal… ya que él la había ignorado… simplemente todo eso significaba que ella no importaba nada.
-¡Bueno chicos me voy!-. Anunció Kagura dirigiéndose a los policías que solo se limitaban a observarla.
Solo es un maldito paso, puedes hacerlo… Se decía a sí misma, sus piernas no respondía y eso posiblemente se debía a que ese sádico seguía de pie justo frente a ella. Cuando sus piernas lograron responderle…
-Hey estúpida china ¿y ahora que hiciste?-. Indagó esa mierda de voz para Kagura, esa media sonrisa de lado y ese tono rojizo se sus ojos mirándola solo a ella…
-A ti… que te importa-. Respondió, se maldijo por no poder responder con la naturalidad que deseaba.
-Estas causando un desastre en las instalaciones estúpida, ¿Cómo no va a importarme?-. Respondió.- ¿Es que acaso el idiota de Hijikata no pudo detener a la bestia china estúpida?
Kagura sentía que estaba actuando raro, aunque le estuviera hablando como siempre suele hacerlo… lo sentía raro, sentía que no era lo mismo. Pero… ¿Qué importa? Si estaba actuando tan normal con ella significaba que ella de nuevo podía usar su arsenal y hacerlo caer ante ella, ¿es eso? ¿Se podía?
-Tú tampoco podrías desgraciado-. Respondió Kagura con una risa creída acompañando su frase.
Sougo lo supo, ella era la misma chica de siempre. Ella no cambio su actitud en ningún momento, ¿Por qué habría de cambiarla? Ella no sabía nada de las cosas por las que había pasado en San Valentín y él le estaba poniendo demasiado interés a algo que es mejor mantener en el pasado… tal vez si hacia algo como eso, se sienta mejor. Solo tiene que aprender a lidiar con eso.
-¿Estas intentando retarme?-. Cuestionó él.
-Tómalo como quieras-. Respondió Kagura.
Los presentes se quedaron observando la escena, era como si estuvieran viendo en vivo la pelea estelar del CAMPEONATO MUNDIAL DE BOX PESO SÁDICO.
-Luego no salgas llorando china estúpida-. Mencionó el y Kagura soltó una carcajada.
Ese acto hizo suficiente que ambos corrieran uno contra el otro. Kagura salto pretendiendo lanzar una patada voladora pero con la agilidad de un gato Sougo logro esquivarla tratando de devolverle el golpe mientras que el fondo de ellos los gritos de sorpresa y emoción no se hacían de esperar.
Era inevitable para Kagura sonreír, este era un paso adelante para ella… ¡Ganaría la guerra!
Mientras tanto Sougo sonreía pensando que con eso se sentiría mejor…
Kagura se acuclillo lista para propinarle un golpe en el estomagó a su rival, el predijo tal movimiento que intento golpear el rostro de la joven chica… Se apartaron, sus pulmones exigían aire debido al cansancio pero aun así seguían, hasta que uno cayera, como siempre eran las cosas entre ellos.
…
La madrugada cayó sobre ellos. El silencio del ambiente resultaba algo en verdad relajante, desgraciadamente era perturbado por los leves quejidos de dolor que provenían de una joven a la cual se le estaba terminando de colocar un vendaje en la cabeza.
-Ya está chinita-. Anunció uno de los oficiales quien era el que le había puesto el vendaje en la cabeza.
Ella no respondió, en su lugar sus mejillas se inflaron mientras se cruzaba de brazos como una acción de berrinche. Estaba de mal humor, pero a la vez estaba inquiera y algo nerviosa y la causa estaba sentada a su lado con un vendaje de igual manera en su cabeza.
-¿Puedo saber cómo es que son tan idiotas como para "pretender" darse un cabezazo al mismo tiempo?-. Cuestionaba aproximándose Hijikata.
Ninguno de los respondió, tenía razón, fue una acción bastante tonta el haber estrellado sus cabeza al mismo tiempo usando toda la fuerza que les quedaba.
-Se me pegó tu estupidez Hijikata-san-. Respondió Sougo, al aludido solo lo ignoró.
-Deberían agradecer que no se rompieron el cráneo entre ustedes-. Respondió Hijikata.-Por cierta chinita, el estúpido permanentico no ha vuelto por ti…-. Comentó dirigiéndose esta vez solo Kagura, eso hizo que ella recordara un detalle.
-Gin-chan cree que me quedare a dormir con la jefa…-. Mencionó Kagura.-Así que me iré sola-. Dijo ella poniéndose de pie.
Un leve tacto en su cabeza para detenerla la hizo chillar de dolor. El causante tenía su mirada celesta puesta en ella pareciendo estar reprendiéndola sin usar palabras.
-Nos meterás en problemas si te largas así-. Comentó.
-¡Ah no! Yo no me quedare aquí-. Bramó furiosa.
-Nadie te quiere aquí mocosa, le diré a alguien que te lleve-. Respondió, la tranquilidad volvió a Kagura.-Ahora vengo-. Dijo Hijikata antes de desaparecer en la oscuridad del pasillo.
Sougo se mantenía en silencio. Ella ya por fin se iba y eso era lo molesto, no podía dejar de estar al pendiente de cada movimiento de ella, observándola por el rabillo del ojo cada determinado tiempo… se maldijo a si mismo por sentir que no podía actuar con normalidad. Se estaba haciendo difícil lidiar con ella.
-Oye sádico… me da curiosidad-. Habló ella.- ¿Cómo es que tú y Akari-chan terminaron juntos?-. Preguntó.
Genial, hasta parecía que ella deseaba que se hiciera más difícil lidiar entre ellos.
