Uola¡¡¡ Aki les dejo el siguiente capítulo. En realidad, me costó un poco hacerlo, pork en él tenía k ponerme mucho en el lugar de los personajes, y eso es algo complicadillo, pork no son personajes k yo haya creado y tengo k fiarme del instinto... Aún así, espero k les guste y k me cuenten k han sentido al leerlo n.n. un abrazo y hasta la próxima¡¡¡¡

El verdadero reto del Señor Detective

Únicamente se escuchaban los pasos apresurados de los dos jóvenes detectives en medio de aquel largo y desierto pasillo. Se percibía un fuerte olor a productos de limpieza y el sonido voces lejanas llegaba vagamente hasta ellos. Después de vario tiempo subiendo escaleras y recorriendo pasillos que a ellos les parecían interminables, Conan y Heiji llegaron por fin al lugar que tanto les había costado encontrar: la sala de quirófano donde operaban de urgencia al señor Toyama.

Con la respiración alterada, los dos chicos fueron recibidos por el resto de personas que, nerviosos y ansiosos, allí se encontraban: Heizo y Suzuka Hattori, Kogoro Mouri, Ran, dos hombres y una mujer que Conan supuso compañeros de Toyama y…

-- Kazuha… --escuchó murmurar el niño a su perplejo amigo.

La chica estaba siendo consolada por Sizuka, que cuando cayó en la cuenta de que su hijo y alguien más habían llegado, enmudeció al igual que el resto de personas que presentes allí estaban. Fue una situación extraña, en la que el silencio se hizo intenso, como si todos esperaran que los recién llegados dijeran algo…

-- ¿Cómo está Toyama? –preguntó Heiji, sintiendo que el corazón se le echaría fuera del pecho de un momento a otro.

Nadie contestó a la duda del chico, quizás porque, de momento, la ignorancia era el peor enemigo de todos, y no había manera de afrontarla hasta que alguien saliera de aquel quirófano y les diera alguna noticia. Conan se acercó a Ran y se dirigió a ella en voz baja, intentando que nadie los escuchase hablar:

-- Ran¿qué fue lo que ocurrió?

-- Alguien ha atacado al padre de Kazuha –le contó ella, también bajado la voz--. Ella escuchó tres disparos fuera de la casa, así que fue a salir a ver que era lo que ocurría. Sin embargo, la puerta de la entada estaba cerrada, por lo que no le quedó otro remedio que salir por una de las ventanas de la casa… Fue entonces cuando descubrió a su padre herido en el suelo, inconsciente.

Conan frunció el ceño pensativo: claramente, aquel había sido otro ataque de la Violeta Negra. Instintivamente, miró hacia Kazuha. Curiosamente, la chica no tenía aspecto de haber estado llorando, únicamente no despegaba su mirada nerviosa de la puerta del quirófano, mientras que Sizuka la arropaba con su brazo por encima de la joven. De repente, la puerta se abrió para recibir al cirujano encargado de la operación. Enseguida fue rodeado por varias de las personas que allí estaban, como Heizo, su hijo, Kazuha y otro compañero del señor Toyama.

-- ¿Cómo ha salido la operación, doctor? –preguntó Heizo.

-- Hemos podido extraerle las tres balas que tenía incrustadas en el pecho, pero, desgraciadamente, una de ellas ha dañado su pulmón izquierdo –informó el cirujano.

-- Pero se recuperará¿verdad? –preguntó esperanzada Kazuha.

El doctor no dijo nada durante unos instantes, razonaba la manera de cómo dar la información que se le pedía.

-- Verán, no les voy a mentir –dijo con seriedad--: el señor Toyama ha perdido mucha sangre, eso sin contar el daño causado a uno de sus órganos vitales…

-- ¿Qué quiere decir, doctor?

-- Aunque estamos haciéndole transfusiones de sangre y luchando por su vida --comenzó a decir el cirujano--, es posible que el señor Toyama… no sobreviva más que unas pocas horas.

La noticia cayó sobre todos como un pesado bloque de hielo. Heiji miró hacia la puerta del quirófano. Así que, el señor Toyama iba a…

-- ¡Kazuha!

Heiji giró la cabeza hacia un lado y descubrió que la muchacha se había ido de allí corriendo. Ran se había levantado inmediatamente para seguirla, pero Conan se interpuso y levantó un brazo ante ella, evitándole así que pasara, mientras observaba como Heiji corría tras Kazuha con intención de llegar hasta ella.

-- ¡Conan¿Por qué no me dejas pasar? –le preguntó sorprendida la chica.

"Lo siento, Ran, pero no es a ti a quien más necesita Kazuha en estos momentos…" pensó él, viendo como se alejaba la silueta de su amigo a la vez que recorría el pasillo.

Heiji corría tanto como le permitían las piernas, siguiendo el sonido de los pasos invisibles de Kazuha, que le llevaba mucha ventaja. Por primera vez en su vida, le sorprendió que aquella chica pudiera correr tan rápido. Tras vario tiempo de subir más y más escaleras, ascendiendo poco a poco un incontable número de pisos, Heiji llegó a la azotea del hospital. No tenía idea de si allí le estaba permitido pasar. Tampoco le importó. Él solo quería encontrar a Kazuha, y lo había conseguido.

Su amiga estaba a varios metros de él, dándole la espalda y contemplando el gran paisaje de la ciudad desde aquella perspectiva de pájaro. Pese al sonido del tráfico nocturno de Osaka y la gran aglomeración de luces, una extraña paz se respiraba desde la azotea de aquel lugar.

-- Ka… Kazuha…

La chica se sobresaltó y rápidamente se dio la vuelta, descubriendo que su amigo la había seguido hasta allí.

-- Heiji… ¿Q-qué hace tú aquí?

Él no supo que responder. Era verdad¿qué hacia él allí¿Por qué había seguido a la boba de Kazuha hasta aquel lugar?

-- ¿Yo? Pues… pues… ¡Bueno, da igual! --Heiji se sintió más ridículo que nunca y decidió cambiar de tema-- Siento mucho lo que está ocurriendo, Kazuha.

-- Gracias –contestó ella, bajando la mirada.

Un incómodo silencio se hizo entre ellos, envuelto por los sonidos de la gran ciudad y el frío invernal que a ambos los atacaba. Heiji abrió la boca para volver a decir algo, pero ella lo interrumpió mientras le daba nuevamente la espalda:

-- Solamente quería estar sola, así que no te preocupes, puedes irte.

-- Tampoco serviría de mucho que volviera abajo –contestó él.

Heiji se quedó a su lado, también contemplando el paisaje en silencio. Observándola de reojo, notó que su amiga tenía su mirada brillante y triste fijada en la nada de todo lo que ante ella se extendía. El joven se sintió mal al tener que hacer aquello, pero no le quedaba otro remedio si quería avanzar con aquel caso:

-- Siento tener que preguntarte esto, pero es necesario –le dijo él a modo de disculpa--¿escuchaste o viste a la persona que atacó a tu padre?

Ella negó con la cabeza.

-- No, ni si quiera fui conciente de que esa persona estaba con mi padre fuera hasta que… --Kazuha enmudeció antes de finalizar su frase, incapaz de poder continuando su explicación.

-- Entiendo –Heiji sacó de uno de los bolsillos de su pantalón la carta que tantas veces él mismo había examinado y se la entregó--, quizás si lees esto se te ocurra algo…

Ella abrió el sobre y comenzó a leer el papel, mientras que Heiji continuaba informándola:

-- Está dirigida a mí, y me llegó tres días antes del asesinato de Fujio Kotara. La firma un tipo llamado La Violeta Negra, seguramente es el mismo que cometió el asesinato en los servicios de la mansión y el que atacó a tu padre cuando…

¡PLAF!

Heiji dejó de hablar, sorprendido por la bofetada que Kazuha le acababa de propinar. No entendía porqué, pero la muchacha estaba roja de furia y apretaba en un puño la carta que acababa de leer.

-- K-kazuha… ¿Por qué…? –comenzó a preguntarle él, acariciándose la mejilla donde ella le había golpeado.

-- ¿¡Has sido todo este tiempo conciente de que se iban a cometer una serie de asesinatos y no se lo has dicho a la policía!? –le chilló ella.

-- Yo… yo… --Heiji estaba estupefacto ante lo que le estaba ocurriendo-- ¡Era un reto personal, Kazuha, la policía no tenía porqué enterarse!

La contestación de él pareció no mejorar la situación, sino todo lo contrario…

-- ¡Maldita sea, Heiji, cuándo vas a aprender a diferencia un caso peligroso de un juego!

-- ¡Para mí esto no es un juego! –se defendió él, disgustado.

-- ¡Pero al no contarlo has puesto en riesgo la vida de todos –le gritó ella, aún más enfadada. De repente, la chica comenzó a pegarle--, Y AHORA MI PADRE SE ESTÁ MURIENDO!

Heiji la inmovilizó agarrándola de las muñecas y la miró a los ojos:

-- ¡Tu padre no está muerto, Kazuha!

Fue como si aquellas palabras hubieran actuado inmediatamente sobre ella, dejándola paralizada. Todo aquel tiempo había aguantado las ganas de llorar, había pretendido parecer fuerte ante todos, e incluso engañarse a sí misma pensando que ella podía cargar con cualquier situación… Pero Heiji tenía razón, su padre no estaba muerto. ¿Qué pensaría él de ella, ante aquella falta de fe por su parte¿Qué diría su padre¿Acaso ella ya lo daba por perdido¿Acaso era correcto abandonar la esperanza¿Lo era?

No, lo que ella estaba haciendo no estaba bien. Se sintió malagradecida con su padre. Lo único que ella tenía que hacer era creer en él, en que lucharía por sobrevivir, en que su padre se recuperaría… Y no lo estaba haciendo.

-- No vale la pena hacerte más la fuerte, Kazuha… --escuchó que le decía suavemente Heiji.

Ella no pudo más, y se derrumbó. Heiji la soltó de las muñecas, justo antes de que ella se dejara caer sobre sus rodillas, mientras lloraba. La contempló desde lo alto, viendo como ella se tapaba la cara, como cargaba sola con su dolor…

-- Lo siento, no debí haber sacado el tema –dijo él, agachándose a su altura y poniendo una mano sobre el hombro de ella para consolarla.

No hicieron falta más palabras, porque todas sobraron cuando Kazuha se abrazó a él, llorando con más intensidad. Heiji, sorprendido y un tanto nervioso, no protestó y la dejó. Dejaría que ella se desahogara y empapara su camisa con sus lágrimas todo el tiempo que ella necesitase.

No le quitaría ese derecho.