Cap 7: "Una promesa"

– ¿Por qué habrá salido así tan de repente? – Mencionó Sarah mientras caminaba por un sendero del bosque, acompañada de Lucas y compañía.

Todo el grupo, luego del incidente del CP, salió en busca de Treecko por pedido de la enfermera Joy. Aunque no hubiera sido necesario, ya que estaban muy preocupados por el pokemon como para dejarlo solo.

– Tal vez solo se asustó – respondió Chris, a la vez que examinaba un poco el camino, buscando alguna huella de Treecko – imagínate ver a alguien muy querido para ti en esas condiciones. Actuó por impulso y lo único que pudo hacer fue escapar.

Sarah bajó la mirada, algo apenada por Treecko. John por otra parte miró hacia otro lado, buscando algún otro indicio del pokemon tipo planta.

– Solo espero que esté bien – murmuró la chica.

Pasados algunos minutos, el grupo llegó a la zona donde se había producido el incendio. Ahora, todo estaba cubierto de ceniza. El fuego se había extinguido por completo gracias al torbellino que había creado Wartortle, mientras que los restos faltantes fueron apagados por pokemon tipo agua de la zona.

Lucas frunció levemente el ceño, algo molesto al recordar lo que había pasado.

Por andar algo descuidado, el joven terminó tropezándose con una rama que sobresalía de un montículo de ceniza, haciendo que cayendo de cara al suelo.

– Auch… – se quejó algo adolorido, mientras los demás se le acercaban. El joven alzó la mirada al intentar levantarse, pero se llevó una ligera sorpresa al encontrarse con el pañuelo celeste de Treecko.

Lo levantó con cuidado, ya que estaba algo atorado con unas ramas y lo examinó. Estaba sucio y un poco descosido en una de sus puntas, pero aparte de eso no tenía nada más.

– Pasó por aquí – confirmó Chris, examinando el pañuelo – será mejor que nos separemos, cubriremos más terreno.

– De acuerdo – asintió Lucas – pero, ¿cómo nos dividimos?

Antes de que alguno pudiera decir algo, John se adelantó.

– Mark y yo iremos juntos al norte – dijo de golpe – Sarah y vos pueden ir por el oeste. Chris, vos andá por donde quieras.

El moreno estaba por reclamar, pero al ver un guiño por parte del joven pudo entender lo que quería hacer. Sin que nadie más pudiera decir algo, todos se marcharon en diferentes direcciones, dejando solos a Sarah y Lucas.

– ¿Eh? – Parpadearon varias veces confundidos, sin comprender que había pasado.


Con John y Mark.

– No crees que fuiste un poco excesivo – le dijo Mark, mientras caminaba a la par del castaño – no estamos en una buena situación como para que intentes que esos dos pasen más tiempo juntos. Creo que es demasiado sorpresivo.

John bufó un poco, algo molesto, pero luego soltó una pequeña carcajada.

– Admito que no es un buen momento, pero créeme cuando te digo que ese tonto lo echará a perder si no reacciona – respondió mientras hacía a un lado algunos matorrales – es mejor que le de algún que otro empujón.

Mark no dijo nada, pero no pudo evitar dejar escapar una sonrisa. John era un buen amigo, a su manera, pero lo era.

.

Con Chris.

El moreno caminaba con cuidado por un sendero algo descubierto, por donde se podía ver que habían huellas de diversos pokemon grabadas en el suelo. Pero gracias a su conocimiento en el tema, no le era muy difícil distinguir la huella de Treecko entre todas ellas. Eso sí, la ceniza que había llegado hasta allí le dificultaba un poco su labor.

Espero que no se haya ido tan lejos – pensó, preocupado de que algo le hubiera pasado al pokemon.

Dio un salto para pasar por encima de un tronco caído, casi cayéndose al suelo por pisar una parte resbalosa del mismo. Continuó con su trayecto por algunos minutos más, atento a todo su alrededor, hasta que unos ruidos extraños llamaron su atención.

Con cautela, se acercó a donde estos se originaban, y una vez allí, se arrepintió de haberlo hecho.

.

Con Lucas y Sarah

Ninguno de los dos había dicho alguna palabra desde que los otros los habían dejado.

La chica por no saber que decir y el chico porque no se animaba a hablar con ella.

Ambos caminaban en un silencio algo incómodo mientras buscaban al pokemon perdido. Lucas en su interior maldecía a la vez que agradecía a John por haberlos dejado solos. Su amigo era diabólico.

– ¡Cuidado! – Le advirtió la chica, pero fue demasiado tarde, Lucas se dio un fuerte golpe en la cara con una rama de un árbol por andar distraído, haciendo que cayera al suelo. La chica tuvo que contener una ligera risa – ¿Uh?

Por la caída, Lucas había dejado caer su mochila, en la cual tenía la gorra que quería regalarle a la chica. Este tardó unos segundos en darse cuenta de ello, fue cuando ella le preguntó que se enteró.

– ¿Una gorra? ¿Por qué traías una en tu mochila? – Le preguntó algo curiosa, sobresaltando al chico quien rápidamente intentó guardarla de nuevo en su lugar. Sarah no comprendió muy bien el actuar de su amigo, hasta que una duda algo alarmante la asaltó – espera… no me digas que… ¡¿la robaste?!

– ¡¿Qué?! ¡No! – Saltó sobresaltado el chico, mirando acusatoriamente a la rubia por pensar aquello de él – esto lo compré el otro día. Quería que fuera una sorpresa pa… – el joven se detuvo al darse cuenta de que estaba por revelarle el motivo por el cual había comprado dicho objeto.

– ¿Una sorpresa? ¿Para quién? – Preguntó, un tanto curiosa e intrigada. Lucas soltó un suspiro al darse cuenta de que debía hacerlo.

– Para… para vos… – admitió algo avergonzado. Sarah se sorprendió un poco, pero no dijo nada para que su amigo pudiera continuar – te noté algo preocupada estos días. Sé que es muy difícil para vos estar en una situación así – el joven observó a la chica a los ojos, a la vez que sostenía delante de él la gorra – yo también extraño a mi familia, extraño mi mundo. Por eso quiero que sepas que no estás sola en esto – dijo con una sonrisa, la cual sorprendió un poco a Sarah – quiero que sepas que John y yo te apoyamos, y que estaremos a tu lado sin importar qué – el joven extendió la gorra hacia la chica, la cual la recibió aun sorprendida, pero feliz por las palabras del chico – compre esto para que lo supieras, aunque me gustaría haberte dado algo mejor.

Sarah sostuvo la gorra por unos momentos, observándola detenidamente y dándole algunas vueltas. La chica le sonrió agradecida, lo cual tomó algo desprevenido a Lucas.

– Muchas gracias, Lu – dijo ella casi murmurando, para luego colocarse el accesorio – ¿Qué tal me queda?

Un ligero sonrojo apareció en el rostro del chico, quien desvió la mirada un instante antes de responder.

– Te queda genial – respondió, a lo que la chica sonrió.

Ambos se mantuvieron en silencio por unos momentos, hasta que recordaron la situación en la que se encontraban. Sin perder más tiempo, ambos continuaron con su andar, mucho más animados que antes y ya menos tensos.

– Creo que estamos cerca – murmuró Lucas al ver algunas huellas similares a las de Treecko, aunque no estaba muy seguro de ello.

Siguieron el camino de aquellas huellas unos minutos hasta que, de la nada, escucharon un grito.

Ambos se pusieron alertas y miraron de un lado a otro todo el panorama que los rodeaba.

– Ese grito…

– Sonó como – ambos se miraron entre sí, con una expresión aterrada – ¡Chris!

Sin perder más tiempo, los dos jóvenes corrieron en la dirección por donde habían escuchado aquel grito. Acelerando el paso al escuchar a lo lejos el rugido de Noivern, cosa que decía que la situación era muy peligrosa.


Tras unos minutos de correr, los dos llegaron a la zona donde Chris había gritado.

Un ligero sobresalto salió de Lucas al ver el panorama.

Era un nido de Ariados y Galvantulas, quienes tenían aprisionados a Chris y a Treecko con sus telarañas enredadas en un inmenso árbol. John y Mark intentaban por todos los medios liberarlos a ambos. Noivern mantenía a raya a varios Galvantulas, mientras que Riolu usaba su ataque rápido para despistar a algunos Ariados y así abrirle camino a ambos chicos, para que pudieran acercarse lo suficiente.

Desgraciadamente, cerca del nido se encontraban algunos Spinarak acompañados de pequeños Joltik, quienes vigilaban a ambas presas y no permitían que nadie se acercara.

– ¡Chicos! – Les gritó Sarah apenas llegó al lugar. Ambos al divisarla soltaron un suspiro de alivio, mientras se dirigían hacia donde ella se encontraba, ya que unos Ariados habían visto las intenciones que tenían y se dirigían hacia ellos – ¡¿Qué está pasando?!

– Buscábamos a Treecko cuando escuchamos a Chris gritar – explicó Mark – no estábamos tan lejos de aquí, así que llegamos rápido.

– ¡Estas arañas estaban a punto de comérselos! – Agregó John exaltado, volteándose hacia el nido, en donde Noivern intentaba en vano acercarse – ¡Si no hubiéramos llegado…! – Pero al instante negó con la cabeza – ¡Eso no importa! ¡Tenemos que sacarlos de ahí!

Todos asintieron de acuerdo y se dirigieron hacia el nido, o al menos casi todos.

Lucas se había quedado paralizado desde el momento en que había llegado. Los tres se le acercaron, algo preocupados de que alguna araña lo hubiera atacado.

– ¿Qué te pasa? – Le preguntó Sarah, pero entonces le surgió una idea – no me digas… ¿todavía te…?

Antes de que pudiera continuar, el chico movió levemente la cabeza en señal de afirmación.

– ¿Qué tiene? – Preguntó John.

– Es aracnofóbico – respondió ella – será mejor que te quedes.

Lucas al instante negó con la cabeza, para después mirar fijamente a la chica. No dijo nada, pero Sarah pudo comprender que pese a su miedo estaba dispuesto a ayudarlos.

– ¡Oigan! – Gritó Chris, aún atrapado en las telarañas – ¡Lamento interrumpirlos, pero necesito ayuda! ¡Este me está comiendo con los ojos! – Dijo refiriéndose a un Ariados que lo único que hacía era mirarlo fijamente.

Aquello hizo que todos reaccionaran y pusieran manos a la obra. John decidió tomar el liderazgo, intentando trazar un plan para liberar a ambos cautivos.

– Muy bien, tenemos que distraerlos de alguna forma – murmuró mientras tomaba una pokeball – Riolu y yo vamos a alejar a los Galvantulas, Mark alejará a los Ariados con Noivern y Chimchar – el mencionado asintió con la cabeza – y ustedes dos van por Chris.

Todos asintieron y, tal como había dicho John, cada quien fue a hacer su labor.

John se dirigió junto a su Riolu al grupo de Galvantulas más cercano, el cual cubría la parte oeste del nido. Una vez llegado frente a los arácnidos, los señaló.

– ¡Riolu, Ataque Rápido! – Ordenó, a la vez que lanzaba la pokeball que traía consigo.

Riolu dio un pequeño rugido, para luego golpear a varios Galvantulas y esquivar todos sus ataques con mucha facilidad. Mientras, la pokeball de John golpeó en la cabeza de un Galvantula, atrapándolo en su interior.

– ¡Mantente así! – Le dijo a su pokemon, mientras tomaba otra pokeball, ya que la que antes había lanzado estaba a punto de romperse.

Riolu asintió y siguió atacando constantemente a las arañas, mientras John seguía lanzando varias pokeballs para retrasar a los pokemon eléctricos.

A su vez, Mark dejó salir a su Chimchar, quien se subió al lomo de Noivern dispuesto a luchar. Pero grande fue su sorpresa cuando el dragón, de un movimiento brusco, hizo caer al pokemon fuego al suelo.

– ¡Noivern! ¡No es momento para eso! – Le recriminó Mark, pero el dragón le lanzó una feroz mirada que lo hizo callar. Luego de eso, emprendió el vuelo y lanzó un poderoso estruendo al grupo de Ariados, los cuales contraatacaban con Pin. Misil – ¿Qué rayos le pasa? – Se preguntó al ver que el dragón actuaba por su propia cuenta y sin seguir ninguna orden.

Chimchar observó a su entrenador preocupado, pero este le acarició la cabeza tratando de tranquilizarlo.

– Déjalo, será mejor que lo ayudes – le dijo, sorprendiéndolo un poco – solo mantente a una distancia prudente, al menos hasta que sepamos qué es lo que le ocurre.

El tipo fuego asintió y se lanzó al ataque, golpeando a varios Ariados con su Ascuas y Golpes Furia.

Mientras tanto, Lucas y Sarah corrían lo más rápido que podían, evitando todo tipo de ataque que salía disparado desde cualquier lugar. Siendo cubiertos por Pidgey y Starly, quienes con sus ataques voladores alejaban a las arañas.

– ¡Ya falta poco! – Dijo la chica, tratando de darle ánimos a su amigo, quien parecía que corría como un robot – ¡Chris!

El nombrado alzó la mirada hacia ellos, viéndolos acercarse. Una sonrisa se le escapó al saber que ya no iba a estar atrapado y que podría ayudarlos en la pelea, pero esa sonrisa se borró al sentir como el nido entero comenzó a temblar.

Algunos Spinarak y Jolitks que rodeaban al moreno se alejaron despavoridos, mientras que los Ariados y Galvantulas que luchaban se detuvieron. Todo esto, ante la mirada confundida de los jóvenes y sus pokemon.

– ¿Qué les pasa? – Se cuestionó Sarah, justo cuando llegó a donde Chris estaba secuestrado.

– Esto es malo… ¡Sáquenme de aquí, ahora!

Entonces, un enorme agujero se abrió justo delante de ellos. Un potente rugido hizo que todos se cubrieran sus oídos, y luego de eso, una figura apareció frente a ellos.

Se trataba de un Ariados, solo que a diferencia del resto, este era mínimo tres veces más grande. Y por si fuera poco, una especie de aura celeste lo rodeaba, dándole un aspecto muy imponente.

Lucas estuvo a punto de desmallarse, pero logró mantenerse de pie, solo para quedarse tieso al ver como aquella araña lo miraba fijamente, mientras un líquido viscoso se escapaba desde sus colmillos.

Sarah dio instintivamente un paso hacia atrás, horrorizada por aquel enorme pokemon.

Sin siquiera saber cómo, tomo disimuladamente una de sus pokeballs y la abrió, liberando a pokemon fantasma vio todo el panorama en medio segundo y, actuando por instinto, le lanzó una Bola Sombra al Ariados gigante, haciéndolo retroceder. Solo entonces todo el mundo pudo reaccionar.

Mark y Chris sobretodo estaban sorprendidos.

¡Era un Pokemon Boss!

– ¡Sarah! – Le llamó el Ranger, a lo que ella se volteó casi al instante – ¡Necesito que me saques ahora! ¡Ese pokemon no es nada normal!

Haciendo caso al moreno, la chica logró liberarlo de su prisión. El joven terminó cayendo de cara al suelo, pero eso no le importó. Justo entonces, el Ariados se había recuperado del ligero aturdimiento que le había provocado la Bola Sombra.

El pokemon veneno, al ver a una de sus presas liberada, lanzó un potente rugido que hizo que todos los pokemon arácnidos lo rodearan, apuntando directo hacia los jóvenes, preparándose para atacar con sus mejores ataques.

– ¡No lo harás de nuevo! – Exclamó el Ranger, para luego lanzar una pokeball celeste con dos líneas rojas – ¡Sal a pelear, Labrigrim!

Apenas la Superball se abrió, un potente chorro de agua golpeó a todos los pokemon arácnidos de la zona. Incluso fue capaz de hacer retroceder al Ariados, aunque fueran unos pocos centímetros.

Los demás tuvieron que cubrirse debido a la pequeña ráfaga que había creado el potente ataque de agua, el cual tras apaciguarse, dejó ver al autor de dicho movimiento.

Se trataba de una especie de ornitorrinco bípedo color celeste, con un rostro que se asemejaba a la máscara de un luchador. Sus manos, pico y cola eran de un color gris oscuro, casi tendiendo a negro. A su vez, tenía unos ojos de color café.

Lucas parpadeó confundido ante la presencia de aquel pokemon, ya que nunca en la vida lo había visto.

Tenía ganas de sacar su Pokedex y escanearlo para saber más, pero entonces un extraño ruido de siseo a sus espaldas hizo que se petrificara por completo.

Al darse la vuelta, pudo ver como un Ariados estaba acercándose hacia un indefenso Treecko, quien intentaba inútilmente liberarse de sus telarañas.

– ¡Treecko! – Exclamó el joven yendo a su auxilio, pero entonces un rayo violeta cayó justo delante de él, deteniendo su andar.

El chico se volteó hacia el origen y pudo ver como el Ariados gigante lo observaba, intimidante. Un escalofrío lo congeló en su lugar y lo hizo incapaz de moverse. A tal grado que ni siquiera hizo un esfuerzo en esquivar los muchos Pin. Misil que se dirigían hacia él.

Por suerte, el pokemon misterioso de tipo agua protegió a Lucas utilizando Caparaconcha Afilada, destruyendo cada misil en el aire en menos de un segundo.

– ¡Lucas! – Le llamó Chris, a lo que el mencionado no se movió – ¡Reacciona imbécil! ¡Treecko necesita tu ayuda!

El joven volvió a recuperar su conciencia tras aquel grito, volteándose hacia Chris quien junto con Sarah y todos sus pokemon hacían lo imposible por detener al Ariados Boss y sus pokemon aliados.

Noivern sobretodo, se había lanzado directamente contra la araña gigante, lo cual causó que esta le lanzara una Telaraña que lo dejó inmovilizado.

Mimikyu fue en su rescate, pero en el camino fue detenida por un Ariados y dos Galvantulas, quienes fueron mandados a volar por un Ascuas de Chimchar seguido de un fuerte impacto de Riolu en el estómago de cada uno.

Mientras, Labrigrim luchaba contra el Ariados Boss a una distancia prudente, mientras que Pidgey y Starly lo cubrían de cualquier pokemon que quisiera atacarlo.

Pikachu, al ver que su entrenador no se movía aún tras haber "recuperado" la conciencia, llegó junto a él de un salto y le lanzó un pequeño Impactrueno, el cual fue suficiente para despabilarlo por completo e ir en rescate de Treecko, quien estaba a punto de ser mordido por el Ariados.

Lucas, de una tacleada, logró derribar al arácnido pokemon y luego le dio una patada en el abdomen que lo hizo rodar muy lejos. El chico tardó un instante en darse cuenta de lo que hizo, pero luego de eso se volteó hacia Treecko.

Con ayuda de Pikachu, el joven logró liberar al tipo planta, el cual al igual que Chris cayó de cabeza al suelo.

Levantó la mirada algo adolorido, observando con los ojos brillosos al joven que lo había rescatado de su prisión, solo para que luego una cara de espanto se plantara en él.

Lucas intentó hacer algo para que se tranquilizara, pero el tipo planta terminó huyendo del lugar.

No entendía lo que había pasado, pero tras sentir un grave siseo a sus espaldas pudo adivinar lo que probablemente estaba detrás de él.

El Ariados Boss estaba a punto de atraparlo con su Telaraña, pero entonces Labrigrim lo embistió con una Acua Cola que lo hizo retroceder unos centímetros, salvando a Lucas y a Pikachu.

– ¡Vayan por Treecko! ¡Nosotros nos haremos cargo! – Exclamó Mark mientras Noivern, ya liberado, aterrizaba a su lado con una cara de evidente fastidio. John también se puso a su lado junto con Riolu, mientras que el resto se ponía en guardia, encarando al pokemon boss y a sus aliados – ¡Vayan!

Sin siquiera pensarlo dos veces, el joven corrió en la dirección a la que Treecko se había escapado, confiando en que sus amigos pudieran hacerle frente a semejante pokemon.


Pasaron cerca de dos minutos hasta que pudo divisar al pokemon planta, saltando de un lado a otro entre los árboles del bosque. Lucas intentó llamarlo, pero parecía que el inicial no lograba escucharlo.

– ¡Pikachu, Ataque Rápido! ¡Alcánzalo!

El roedor asintió y, brillando en un blanco destello, se lanzó a gran velocidad hacia Treecko, quien de un segundo a otro saltó repentinamente, evitando el impacto de Pikachu. Este, al ver que su primer intento había fallado, volvió a efectuar su movimiento, esta vez logrando aterrizar justo enfrente de Treecko y deteniendo su avance.

Y fue una suerte que lo hiciera justo en ese momento, debido a que detrás de Pikachu había un barranco, que daba hacia un pequeño lago que se encontraba muy debajo de donde ellos estaban.

– ¡Treecko!

El pokemon planta se volteó hacia Lucas, quien estaba algo agitado por lo que había corrido. Pero pese a todo, observaba con una sonrisa al pokemon planta, quien se mantenía inmóvil al igual que él.

– No tengas miedo, ya no más… – le pidió el joven, acercándose lentamente. Treecko no hizo ningún otro intento de huir, pero tampoco pareció ceder al pedido – estar por estos lugares es demasiado peligroso, ¡tenemos que volver! Todo va a estar bien, te lo prometo. Sceptile va a estar bien, y pronto van tener de nuevo su vida normal. Pero no tenes que seguir huyendo. ¡Vení con nosotros!

Con cada frase que decía, el joven se iba acercando cada vez más. Mientras que Treecko se mantenía estático en su lugar, escuchando y observándolo, hasta que finalmente empezó a caminar hacia él. Una sonrisa se formó en el rostro del chico, quien detuvo su andar para esperar a que el pokemon llegara con él.

– Todo va a estar bien

Pero entonces, Treecko saltó.

Lucas retrocedió de golpe debido a la sorpresa. Esperó que el pokemon lo atacara, pero en cambio pasó al lado suyo, golpeando a un Ariados que estaba a punto de atacarlo.

El Treecko embistió el estómago del Ariados, haciéndolo retroceder algunos metros, para luego crear unas esferas verdes en sus manos y lanzárselas consecutivamente. Estos ataques parecían no hacerle mucho daño al Ariados, pero eran suficientes como para hacerlo retroceder.

– ¡Pikachu, Impactrueno!

Pikachu cargó un poco de electricidad en sus mejillas, liberando algunas pequeñas chispas. Esperó a que tuviera una buena oportunidad, la cual fue justo cuando Ariados había saltado hacia Treecko, dejando salir toda la electricidad acumulada, golpeando a Ariados y mandándolo a volar. El pokemon bicho/veneno aterrizó levemente aturdido por la descarga, pero de improvisto, una patada de Treecko lo hizo chochar contra un árbol cercano, dejando caer algunas hojas y bayas del mismo.

– Será mejor que volvamos – sugirió el joven, luego de que el pokemon fuera debilitado – ¡Los demás seguro que necesitan ayuda!

Treecko lo observó por un momento, algo intrigado por sus acciones. Había visto desde su prisión de telaraña como el chico quedaba tieso como una roca cuando algún pokemon con aspecto arácnido se le acercaba. Pero entonces, cuando estaban a punto de hacerlo almuerzo de araña, el joven había actuado como el resto de sus amigos y sin ningún rastro de temor en su rostro. ¡Incluso golpeando a esos pokemon!

Un pequeño brillo de admiración apareció en sus ojos. Si él era capaz de superar sus miedos, entonces él también podía hacerlo.

Podía superar todos sus temores, al igual que aquel humano.

Con una sonrisa y un asentimiento mutuo, ambos se dirigieron hacia el nido de pokemon. Pero entonces, una sorpresiva telaraña tomó por la espalda a Lucas y lo atrapó, enredando sus manos y poco a poco cubriendo todo su cuerpo.

Treecko se volteó hacia donde había provenido el ataque, viendo como el Ariados, pese a todas sus heridas, aún podía mantenerse en pie.

Sin pensarlo dos veces, el inicial de planta se lanzó contra Ariados, acompañado de Pikachu. Ambos golpearon de frente con el pokemon bicho, haciéndolo retroceder muy cerca del barranco.

Viendo como sus dos oponentes se acercaban para volverlo a atacar, el Ariados disparó varias telarañas desde su boca hacia ellos, de las cuales una logró darle a Pikachu y amarrarlo a un árbol, inmovilizándolo por completo.

Treecko no se detuvo y, cuando estuvo cerca del Ariados, hizo brillar su puño derecho y le dio un poderoso gancho, el cual logró elevar al Ariados algunos metros en el aire para que luego de una patada giratoria lo rematara. El Ariados volvió a chocar contra un árbol, esta vez, cayendo finalmente debilitado.

– ¡Así se hace, Treecko! – Felicitó el joven al tipo planta, mientras trataba de liberarse de la telaraña.

Ya había sacado parte de su cuerpo de la misma, cuando entonces escuchó un ligero crujir.

Algo temeroso, observó a Treecko, quien estaba demasiado cerca del borde del barranco. Sus sospechas se aclararon cuando el suelo delante de Treecko comenzó a agrietarse.

¡Ese fragmento estaba a punto de desprenderse!

– ¡Treecko!

Corriendo como pudo, el joven fue hacia el tipo planta, quien intentó dar un salto hacia un lugar seguro, pero su pierna se encontraba algo lastimada lo cual le impedía moverse.

Otro crujido, y el suelo se agrietó aún más, algunas partes incluso se separaron y poco a poco, dejaron de sujetar el fragmento en el que Treecko se encontraba.

Y solo fue un segundo, para que todo se viniera abajo.

Tierra y pokemon cayeron al vacío, pero este último fue sujetado a tiempo por Lucas, quien logró tomar a Treecko de uno de sus brazos, utilizando el único que él tenía libre.

Debido a la telaraña, era incapaz de levantarlos a ambos, y la incómoda postura en la que se encontraba estaba haciendo que su brazo se acalambrara.

– ¡Tranquilo! ¡Tranquilo! – Exclamó Lucas, algo desesperado por la situación mientras trataba inútilmente de levantarse – ¡Ya… Ya…! ¡Ya voy a pensar en algo! ¡No te preocupes! ¡No te sueltes!

Pero su brazo poco a poco estaba perdiendo su fuerza. De seguir así, soltaría involuntariamente al pokemon.

Intentó en vano liberarse de la telaraña, pero solo terminó empeorando la situación, enredándose cada vez más y más e incluso tomando una posición aún más incómoda que la anterior, lo cual solo hizo que el calambre se acelerara.

– ¡No te rindas!

Treecko observó al joven usar todas sus fuerzas para evitar que cayera. Como deseaba poder escalar por su brazo para que así ambos estuvieran a salvo, pero el problema era que, al igual que él, estaba débil. Y lo peor, era que Lucas inconscientemente apretaba muy fuerte el brazo de Treecko, causándole mucho dolor y que este no pudiera siquiera intentar lo que cualquiera de su especie podría hacer.

– ¡Lucas!

Ambos se sorprendieron.

Con un poco de cuidado, Lucas desvió su mirada hacia sus amigos, quienes estaban algo lastimados al igual que sus pokemon, pero fuera de eso se encontraban bien.

– ¡No se acerquen! ¡El suelo es demasiado frágil! – Dijo al ver que estaban por ir a ayudarlo.

Pidgey y Starly intentaron rescatarlo, pero debido a la pelea que habían tenido estaban muy cansados incluso para volar. ¡No podían hacer nada!

– ¡No te preocupes! ¡Treecko! ¡Te prometo que vamos a salir de…!

CRACK

El suelo ya no pudo aguantar más, por lo que termino cediendo.

Ambos, humano y pokemon, cayeron al vacío.

– ¡LUCAS!

Las telarañas, debido a la gran velocidad a la que caían, terminaron por disolverse en el aire, liberando así al joven quien con la poca fuerza que le quedaba, atrapó a Treecko entre sus brazos y lo puso en su pecho, dándole la espalda al suelo.

El tipo planta lo observó, atónito por lo que planeaba hacer. Pudo observar que él sonreía, pero que claramente estaba aterrado.

La velocidad a la que caían se volvió más rápida, pero para ellos, todo se volvió más lento.

La caída, el viento, sus movimientos, todo.

Era algo inevitable, la mente de ambos deseaba con todas sus fuerzas no dejar de existir que hacía todo lo posible por alargar un simple instante, por más doloroso y desesperante que fuera.

Un instante tan simple, que parecía casi eterno.

El joven pensó que, como muchos dicen, vería su vida pasar frente a sus ojos, pero lo único que veía el rostro aterrado del pokemon planta al cual trataba por todos los medios tranquilizar.

Le sonrió otra vez, esperando que con eso lograra tranquilizarse. Pero más bien, esperaba tranquilizarse a si mismo.

Pensó en todo lo que había pasado, ¿acaso no volvería a ver a sus padres nunca más? ¿Ni a su hermana? Su familia... ¿ellos jamás lo volverían a ver?

Sus amigos, sus conocidos, todos. ¿Tan solo se esfumaría de sus vidas así sin más?

No quería, no era justo.

¡No era justo que ni siquiera en sus últimos momentos pudiera rememorar todos los buenos tiempos que había pasado!

¡No era justo que no pudiera ver a sus padres nunca más!

¡No es justo!

.

Una extraña fuerza rodeó su cuerpo. Era como si una especie de aura lo rodeara.

El viento había cesado, la velocidad también.

Se sentía como si estuviera suspendido en el aire, flotando en un completo vacío.

Abrió sus ojos lentamente, viendo primero a Treecko, quien estaba tan desorientado y confundido como él.

Entonces amplió su panorama, y pudo distinguir una extraña luz rosada que los rodeaba a ambos, como si estuvieran atrapados dentro de una esfera.

Dirigió su mirada hacia abajo, notando que el lago estaba a tan solo unos centímetros de ellos. La esfera los había detenido justo antes de caer.

Su cuerpo no respondía, como si una fuerza superior le impidiera moverse por más voluntad que le pusiera. Treecko también era incapaz de moverse. Pero eso fue lo de menos. Poco a poco, la esfera rosada fue elevándose lentamente, alejándose de la superficie del lago y regresado hacia el barranco, en donde desapareció dejando que ambos pasajeros cayeran sanos y salvos al suelo.

– ¡LUCAS!

Todos abrazaron tanto a joven como a pokemon, estaban exaltados y sobresaltados, pero por sobre todo, estaban alegres por saber que ambos estaban a salvo.

Luego de aquel abrazo grupal, que para ellos resulto una eternidad, se voltearon intrigados hacia el borde del barranco. Alertas por si otro fragmento estaba dispuesto a desprenderse.

Escucharon un murmullo, como el de una persona susurrando. Alzaron la mirada y entonces lo vieron.

Se trataba de un ser de forma humanoide, que poseía una cola morada y una intimidante mirada de ojos violetas.

¡Era un Mewtwo!

Todos, tanto humanos como pokemon, quedaron mudos y sorprendidos ante la presencia de aquel pokemon legendario.

El ser psíquico no dijo ninguna palabra ni emitió sonido alguno, solo se limitó a analizar a cada integrante del grupo detenidamente. Su atención se centró en el par que había salvado, viendo como estos lo observaban sorprendidos, pero con una clara muestra de agradecimiento.

Luego de eso, Mewtwo dio un pequeño asentimiento y, antes de que alguien pudiera reaccionar, emprendió el vuelo y a una gran velocidad desapareció en el firmamento.

Todos se miraron entre sí, no pudiendo dar crédito a lo que sus ojos habían presenciado.

¡¿Qué demonios había pasado?!


– Gracias por esperar, todos sus pokemon ya se encuentran en perfectas condiciones – dijo la enfermera Joy, entregándoles varias bandejas con pokeballs a cada entrenador del grupo – ¡Me alegra saber que todo salió bien!

Mientras la enfermera reía de la alegría, el grupo tenía una sonrisa algo forzada.

Si, había salido todo bien respecto a Treecko, pero un poco más y ninguno la cuenta.

– Si… – murmuró Lucas, algo agotado por todo lo que había pasado – por cierto, ¿cómo está Sceptile?

La enfermera dejó de reír, para dar paso a una mirada algo alegre, lo cual confundió a los presentes.

– Me alegra informar que su recuperación será más rápida de lo que habíamos pensado – informó con una sonrisa – aunque sigue en pie lo de que debe quedarse por un tiempo en el CP, estoy segura de que en muy poco tiempo podrá volver a donde pertenece.

Todos en el grupo suspiraron aliviados al escuchar aquella noticia. Treecko sobretodo, estaba que lloraba de la emoción. La enfermera lo vio y se le acercó.

– Dime pequeño, ¿quieres ir a ver a tu amigo?

No fue necesaria ninguna respuesta. Treecko, siendo seguido por los demás, fueron directo a la sala donde estaban atendiendo al tipo planta mayor.

Al llegar, lo encontraron comiendo algunas bayas que un enfermero le estaba ofreciendo. Varias de sus heridas ya estaban curadas y su cuerpo no estaba tan carbonizado como antes. Su mirada era serena y tranquila, hasta que la desvió hacia el grupo, transformándose en una de alegría.

Treecko saltó hacia Sceptile y lo abrazó, siendo correspondido con este. Sarah estuvo a punto de soltar una pequeña lágrima traicionera, mientras que Lucas, Mark y Chris sonreían felices por la escena. John se mostraba algo indiferente, pero dentro suyo estaba igual o más feliz que sus amigos.

La enfermera Joy hizo un llamado y los cinco acudieron, dejando a los dos pokemon plantas solos, quienes comenzaron a platicar en su respectivo idioma.

– Es bueno saber que todo esto terminó bien – dijo Lucas con una sonrisa – o al menos… lo mejor que se pudo.

Chris entendió a lo que el joven se refería. Según Axel, ellos habían acabado con la familia de Treecko, dejándole solo a su amigo Sceptile.

No era el mejor escenario que podían tener, y desearían poder volver el tiempo atrás para evitar todo, pero de todos los resultados posibles, terminó siendo un final agridulce pero pasable.

– ¿Y qué va a pasar con Treecko? – Preguntó de la nada Sarah – ¿Van a cuidarlo al igual que Sceptile?

– ¡Claro! Es muy peligroso para un pokemon como él estar libre por ahí solo. Hay muchos depredadores y solo está en su primera etapa, nosotros nos haremos cargo hasta que Sceptile se recu…

Pero entonces, Treecko llegó de golpe, saltando sobre el gorro de la enfermera hasta caer justo delante de Lucas. El chico lo miró confundido, sin saber lo que este pretendía.

– ¿Qué pasa, Treecko?

El inicial no dijo nada, solo observó algo que sobresalía de la mochila del joven. De un salto lo tomó y, con el objeto en sus manos, se lo presentó.

Era una pokeball.

– Espera… ¿querés venir con nosotros? – Le preguntó Lucas, obteniendo una respuesta afirmativa por parte del pokemon – ¿Pero qué va a pasar con Sceptile?

Justo al decir su nombre, el pokemon apareció de la nada detrás de la enfermera, dándole un ligero sobresalto.

Todos miraron confundidos al tipo planta, quien se acercó a Treecko y le acarició levemente la cabeza, mientras observaba a Lucas, quien no lograba entender lo que pretendían.

Sceptile señaló la pokeball y luego a Treecko, dando a entender que él mismo lo había sugerido, pero…

– ¿Por qué? – Le preguntó, aun sabiendo de que solo obtendría un "Sceptile" como respuesta, pero entonces llegó Chris.

– Tal vez quiere que lo cuides hasta que él se recupere – dijo el moreno, obteniendo una afirmación por parte del inicial de planta – creo que, después de todo lo que pasó, confía en tí más que en cualquier otra persona.

Lucas, aún sin saber que decir, observó algo sorprendido a Treecko y a Sceptile. Ambos estaban algo impacientes de que el joven capturara al menor.

Se quedó en silencio por un momento, para luego asentir. Tomó la pokeball que Treecko le había quitado y la golpeó suavemente en la cabeza del mismo. Una energía blanca envolvió a Treecko, metiéndolo dentro de la pokeball mientras esta empezaba a girar.

Dio unas tres vueltas y luego soltó una pequeña estrella. La captura había sido completada.

– Bienvenido al equipo, Treecko – le murmuró a la esfera, la cual por un instante se movió. Después, el joven se giró hacia Sceptile – te prometo que lo voy a cuidar muy bien – dijo con una sonrisa, la cual fue acompañada por el pokemon.

Al día siguiente, luego de que todos descansaran por todo lo que habían pasado, pusieron rumbo hacia su siguiente destino: Ciudad Sirio.

Chris, diciendo que debía encontrarse con alguien en Ciudad Spica, decidió unirse por un tiempo al grupo, hasta que sus caminos tuvieran que separarse.

Y con esto, la aventura continúa.

¿Qué le deparará el destino a este numeroso y extravagante grupo?

Varias aventuras llenas de acción y emoción son seguras, pero por ahora…

.

.

.

Continuará…


Bueno, hasta acá el capítulo de hoy, pido disculpas (otra vez) por tardarme en subirlo. Y me temo que el siguiente va tardar igual o un poco más en que lo suba.

Como sea, espero que les haya gustado, fue algo corto en comparación al resto pero espero que haya sido de su agrado.


Respondiendo Review:

Kuukangetsu: ¡Hola! Gracias por pasarte a leer esta historia, me alegró mucho recibir un nuevo review de alguien nuevo (Lel). Si, lo se, se que el inicio tuvo un toque de Digimon, es que si involucras a un humano viajando al mundo pokemon como que a menos que seas super original algo de Digimon va a tener. Aunque admito que me base un poco jeje, sobretodo de Xros Wars.

No se a que te referis con respecto al cartelito de "perspectiva de X", si es con eso de "Mientras tanto, etc..." lo siento, es una forma cómoda para mí para no confundir a nadie cuando se cambia de un escenario a otro, aún con la barra esa que separa todo.


Bien, eso fue todo, espero que les haya gustado y nos vemos a la siguiente.

¡Chaito!