Capitulo 7

Tres días después se ponían en marcha. Finn conducía, Kurt no estaba para ponerse al volante. Había pasado todo ese tiempo mirando fijamente el teléfono, pero Blaine no había dado señales de vida. Esa misma mañana antes de irse de viaje le mandó un mensaje donde le decía que ya podía ir a recoger sus cosas, que estaría fuera el resto de la semana y así no le tendría que ver la cara.

Sonaba duro, pero tenía que aceptar que le había dejado. Y cuanto antes rehiciera su vida, mejor para los dos. Él se quedaría en casa de sus padres todo el tiempo que Lucian necesitase y luego ya hablarían de mudarse los dos a otra casa donde empezar a vivir como padre e hijo. Pero eso ya con el tiempo, en esos momentos solo deseaba poder abrazarle.

El camino se le hizo interminable, pararon a comer pero no tenía ganas de nada. Finn le insistió y tomó un poco de sopa para tranquilizarle.

—Kurt, sabías que podía pasar—dijo Finn, tratando de consolarle.

Pero la verdad era que Kurt nunca se esperó una reacción así por parte de Blaine. Se amaban, le tenía que perdonar y apoyarle, no darle la espalda.

—Espero que Lucian no reaccione también así—murmuró Kurt.

— ¡No pienses eso!—exclamó Finn tomándole una mano—Entre todos le contaremos la verdad y le haremos ver que no tuviste otra opción.

—Pude quedarme en casa y verle crecer—estalló Kurt sin querer, sintiendo que iba a echarse a llorar otra vez—Pero decidí abandonarle y marcharme de gira con el grupo.

—No abandonaste a Lucian, no pienses eso nunca más—dijo Finn con firmeza—Hiciste lo que creíste mejor para él. Se quedó al cargo de mamá y Burt, y le han criado estupendamente. Al principio le costará aceptarlo, pero ya verás como enseguida entenderá que tomaste una dura elección pero fue la más acertada.

—Ojala sea así—susurró Kurt.

Se pusieron de nuevo en marcha, cuando llegaron a casa de sus padres era media tarde. Carole salió a su encuentro, les había visto llegar por la ventana de la cocina. Al primero que abrazó fue a su hijo pequeño, quien no podía ocultar lo mal que estaba. Sus ojos rojo de tanto llorar le delataba, no iba maquillado y lucía unas ojeras enormes señal de que se había pasado las últimas noches sin dormir.

— ¿Qué te ha pasado, cariño?—preguntó Carole muy preocupada.

—Blaine y yo lo hemos dejado—contestó Kurt entre lágrimas—Le dije lo de Lucian y no se lo ha tomado muy bien.

Carole no sabía que decir para consolar a su hijo, solo abrazarlo fuertemente mientras le sentía llorar entre sus brazos.

— ¡Hola mamá!—saludó Finn besándola en la mejilla.

—Entremos en casa—dijo Carole sin soltar a su hijo pequeño.

Finn asintió y poniendo un brazo alrededor de la cintura de Kurt entraron en la casa de sus padres donde Burt les esperaba. Fueron directos a la cocina, donde Carole hizo que Kurt se sentara y le contara que había pasado, lo que Kurt hizo entre lágrimas.

—Yo le digo que le dé más tiempo a Blaine, que solo ha tenido tres días para pensárselo—intervino Finn.

—Claro que sí cariño, no tires todavía la toalla—dijo Carole asintiendo con la cabeza.

— ¿Entonces por qué no me llama?—preguntó Kurt entre lágrimas—Que me pida más tiempo o lo que sea, pero que me hable al menos.

Nadie supo contestarle, una historia así era difícil de asimilar.

—No pienses en eso ahora—dijo Carole suspirando—Estás aquí para descansar, cuando regreses a casa verás como Blaine lo ha pensado mejor y te pedirá perdón.

—Íbamos a tomar un café—murmuró Burt poniéndose en pie—Su madre hizo un bizcocho.

—Oh, mamá, hacía años que no comía uno de tus deliciosos bizcochos—dijo Finn frotándose el estómago.

Se puso en pie él también y echó una mano a su padrastro con las tazas y platos, arrugando la frente al ver que faltaba una.

— ¿No está Lucian en casa?—preguntó de repente.

No pasó por alto la mirada que se dirigieron sus padres, ni Kurt tampoco.

— ¿Qué ha pasado?—preguntó Kurt levantándose de golpe.

—Nada cariño, cálmate—contestó Carole tratando de quitarle importancia.

Pero sus palabras no lograron hacer que Kurt se calmara, solo le alteraron más de lo que ya estaba. Iba a repetir la pregunta cuando escuchó la puerta de la casa que se abría y cerraba. Sus ojos se clavaron en la puerta de la cocina, donde segundos después apareció Lucian, o eso creía él.

— ¿Kurt?—susurró Finn abriendo los ojos como platos.

Efectivamente, ante ellos se encontraba un Kurt del pasado, o eso creían los dos hermanos. Era Lucian, pero estaba muy cambiado. Vestía unos pantalones negros muy ajustados, una camiseta roja ajustada al cuerpo y unas botas charoladas también negras. Del brazo llevaba colgada una chaqueta vieja de cuero y el pelo lo llevaba liso luciendo su flequillo. ¡Incluso iba maquillado!

— ¿Es que tengo monos en la cara?—preguntó el recién llegado.

— ¡Lucian!—riñó Carole.

—Íbamos a merendar—dijo Burt señalando una silla—Pasa y saluda a tus hermanos.

—No tengo hambre—murmuró Lucian dando media vuelta.

Kurt le vio echar a correr escaleras arriba y miró a su madre en busca de alguna respuesta. Sentía que se iba a desmayar de un momento a otro.

—Lucian lleva unos días raro—fue lo único que pudo decir Carole.

—Dos meses, para ser más exactos—apuntó Burt carraspeando.

— ¿Por qué no me dijeron nada?—estalló Kurt.

—Porque estabas dando los últimos conciertos de la gira y sabíamos que luego hablarían con los de la discográfica de separarse—explicó Carole tratando de mantener la calma—No queríamos que te preocuparas, ya tenías bastantes cosas en las que pensar.

—Pero…soy su padre—susurró Kurt para que Lucian no le oyera—Nada de lo que me pase va antes que Lucian, me tenían que haber dicho.

—Tampoco es tan grave Kurt—intervino Burt—Lucian está en una edad rebelde, se está comportando como todos los chicos de quince años.

— ¿Y desde cuando se pone mi ropa?—preguntó Kurt sentándose de nuevo—Ha sido verlo y pensar que había retrocedido en el tiempo.

—Fue hace un par de meses, como te ha dicho Burt—contestó suspirando Carole—Llegó tarde y le castigué limpiando el desván. Dio con las cajas donde estaba guardada y me dijo si podía ponérsela, si llego a saber que desde entonces se iba a comportar de esta manera no le habría dado permiso. Es solo ropa, y está casi nueva porque...bueno, ya sabes.

No hacía falta que terminara la frase, Kurt sabía de qué ropa le hablaba. Tras el nacimiento de Lucian no llegó a recuperar su antigua talla y casi todo lo que tenía se le había quedado pequeño. Dejó algo de ropa colgada en el armario pensando que alguna vez se la podría volver a poner pero al cabo de los años se dio cuenta que no iba a ser así, y como había prendas que no estaban ni estrenadas, su madre las guardó en varias cajas y las subió al desván mientras decidían que hacer con ellas.

Y allí permanecieron olvidadas hasta dos meses atrás cuando Lucian dio con ellas por casualidad. ¡Y qué bien le estaban! No podía negarse quién era el padre, era como una copia exacta de Kurt cuando tenía su misma edad.

—Voy a hablar con él—murmuró Kurt poniéndose en pie.

— ¿Se lo vas a decir ahora?—preguntó Finn alarmado.

—No, de momento no sacaré el tema—contestó Kurt negando con la cabeza—Quiero saber porqué actúa de esta manera, antes nunca se había portado así.

—También le va mal en los estudios—dijo Carole frotándose las manos—Nos ha llamado su tutor, ha faltado a clase. A nosotros no nos quiere decir nada, pero tal vez te lo cuente a ti o a Finn.

Kurt asintió y salió de la cocina pensando cómo hablar con su rebelde hijo. Subió las escaleras y llamó a la puerta de la habitación de su hijo, que en realidad era la suya. Como viajaban constantemente su madre pensó que lo mejor sería poner dos camas en la de Finn y dejar la suya para Lucian. Kurt no puso objeción alguna, le gustaba que su hijo durmiera en su misma cama y creciera rodeado de sus cosas, como si así de alguna manera estuvieran más en contacto.

Se paró ante la puerta, tomó aire y llamó. Esperó en silencio pero: O Lucian no le había oído o tal vez estaba en el baño. Pensando esto último se dirigió al mismo hallándolo vacío. Arrugó la frente y regresó a su antigua habitación entrando ya sin llamar.

— ¿Lucian?—llamó en voz alta.

Vio a su hijo asomado a la ventana, tenía una mano apoyada en el borde de la misma y con la otra sujetaba el móvil. Estaba hablando por teléfono y por eso no le había escuchado. Suspiró y se le acercó, arrugando la nariz al sentir el olor que le llegaba a ella. ¡Su hijo estaba fumando! No debiera escandalizarse tanto, él mismo empezó a su misma edad, lo que realmente le preocupaba era que no era precisamente un cigarro normal lo que se estaba fumando.

— ¿Se puede saber qué demonios estás haciendo?—gritó tomando del brazo a su hijo.

— ¡Kurt, joder!—gritó Lucian también—Llama a la maldita puerta.

—Lo hice, pero no me has oído—explicó Kurt visiblemente enfadado—No has respondido a mi pregunta, ¿qué haces?

— ¿Es que no lo ves?—preguntó Lucian entre risas, mostrándole el porro recién encendido que tenía entre sus dedos.

Kurt no se lo pensó dos veces y tomándolo lo tiró por la ventana con rabia.

— ¡Oye, que me ha costado mucho dinero!—gruñó Lucian.

— ¡Era un porro!—exclamó Kurt, como si no fuera obvio.

Lucian resopló y viendo que le venía encima una charla se despidió del amigo con el que hablaba.

—Eddie, te llamo más tarde, está aquí uno de mis hermanos mayores—dijo al móvil—No, ese no. El otro, el raro.

Kurt arrugó la frente al escucharlo, nunca antes le había llamado así. Y menos usado ese tono al referirse a él. Esperó hasta que su hijo se despidió y colgó la llamada.

— ¿Con quién hablabas?—preguntó cruzándose de brazos.

—Con un amigo—contestó Lucian de mala gana.

— ¿Qué amigo?—preguntó Kurt, temiéndose que fuera el que había incitado a fumar a su hijo.

Porque conocía o creía conocer todas sus amistades. Desde que empezara a ir a clase su madre le mantenía informado de sus estudios y de si hacía o no amigos. No quería que le pasara lo mismo que a él, que siempre le consideraron un bicho raro y le hacían el vacío. Eso cuando no le insultaban y Finn tenía que salir en su defensa. Tuvo mucha suerte al poder contar con él, en cambio Lucian estaba solo.

Pero pudo comprobar que eso no era verdad, Lucian tenía muchos amigos y todos eran compañeros de clase. Y no recordaba que se llamase Eddie ninguno de ellos…

—Pues…uno—murmuró Lucian mirándole fijamente—Uno nuevo que he hecho.

—Imagino que será quien te ha dicho que fumar porros es una pasada y te habrá animado a no ir a clase—saltó Kurt sin poder evitarlo— ¿Te crees que no estoy enterado?

— ¿Y a ti qué demonios te importa?—saltó Lucian a su vez—Pasas dos días en casa y te crees con derecho a mandarme.

Tuvo que morderse el labio para no gritar, había estado a punto de decirle que era su padre y le importaba todo lo que le pasara. Pero no podía contarle la verdad en esos momentos, estaba enfadado y no sabía cómo iba a reaccionar en su estado.

— ¿Tú nunca has hecho nada así a mi edad?—preguntó de repente Lucian—Ya sabes, faltar a clase, mentir a mamá y a papá, juntarte con gente que no debieras…hacer algo de lo que te arrepentirías toda tu vida…

Una vez más, su hijo daba en el clavo. Parecía que le había leído el pensamiento, daba miedo esa manera en la que le estaba mirando, como si pudiera leerle la mente y saber su oscuro secreto.

Porque todo lo que Lucian estaba haciendo, él ya lo había hecho. Fumarse algún cigarro a escondidas que otro, faltar algún día a clase, aunque siempre fue para escaparse con Finn y dar uno de sus mini conciertos a escondidas de sus padres, sus notas también se resintieron,…

¿Estaba Lucian repitiendo cada uno de sus errores? Solo rezaba para que tuviera dos dedos frente y no cometiera el más grave de todos…


¿Qué les parece Lucian? Créanme, en esté y en los próximos capítulos… más de una vez he deseado darle una buena cachetada. Gracias por sus comentarios.