Planetarium del Cometa - Capítulo 7: El molino, más letal de lo que parece

Estoy detrás de un cristal sin poder moverme, y lo único que puedo hacer es contemplar al malvado Ganondorf hablando con álguien. ¿Quién es ese chico vestido de verde que me tapa el rudo villano?

—¡Prueba de vencerme!

Ganondorf al fin se aparta, dejando verme a... ¿Link?
El gerudo se acerca a mi y se mete dentro mio. Debo destruir a Link. Link debe ser eliminado. Alzo el vuelo y, con mi espada, genero una esfera eléctrica para arrojarsela al chico. Él, por su parte se limita a devolver el ataque con su espada y yo hago lo mismo con más fuerza. Debe morir, Link no me gusta. La esfera vuelve a dirigirse hacia mi y no puedo darle bien, por lo que me da en todo el pecho.

—¡Aaaaahhhhh! —suelto un ahogado grito, tan fuerte que me devuelve a la realidad.

Me quedo sentada en el suelo del Planetarium del Cometa después de unas horribles horas de sueño. Poco después de ordenarme la mente me doy cuenta que los calambrazos no eran de las esferas eléctricas que no puedo hacer, son de la maldita pulsera que Party nos obliga a llevar. Ya nos dijo que nos avisaría si cuando nos tocara estabamos durmiendo, pero no dijo nada de electrocutar al personal. Me fijo que el metal ha adquirido una tonalidad roja. Eso era que tengo que ponerme donde las manivelas.

—¡Por fin, qué hora más larga!

Alzo la vista y veo que Amy ya se ha dado cuenta que llega el siguiente turno para mantener el molino en marcha. Voy lo más deprisa que puedo a la manivela izquierda del molino y cojo el mango poniendo mis manos encima de las de la erizo y, girando el mecanismo las dos, ella retira las suyas. Hemos realizado el intercambio sin problemas.

—Venga... Buenas noches. —le susurro, a lo que ella me sonríe agradecida. Saria viene y se pone en el lugar de Luigi, que estaba con los sacos.

—Hombre, tú también estás aquí... —me dice. Yo afirmo con la cabeza.

Lo que me faltava, que me pusieran a Saria en los sacos, enfente mio, para que me coma la cabeza sobre lo de ayer. Pues cuando creo que nada puede ir peor, veo que Link aparece de donde duerme él (a siete metros de nosotros) y sustituye a Ike.

—Macho ya era hora, que quiero irme a la cama. —le dice el peliazul a Link.

Intercambían sus posiciones y Ike se va donde está Samus, despierta esperándolo. El molino está situado enfrente de la gran pantalla, así que mientras hacemos nuestro trabajo podemos verla. En ella están bien marcados los números de la hora. 04:02. Saria intenta meter los cereales en las bolsas, pero parece una tarea casi imposible, y más con sus manos de niña. Estoy por cambiarle el puesto, pero no sé si se puede hacer. Igualmente estoy enfadada con ella... bueno no lo estoy, pero creo que esta tonteria de que me gusta Link ha ido demasiado lejos y por eso me he puesto así supongo.

—Zelda...

—Ah, dime... —contesto a la peliverde.

—Que... lo siento.

Por un momento me ha parecido que me ha leído la mente.

—Tranquila Saria.

—¿Puedo preguntar qué ha pasado? —escucho a Link detrás del ancho cuerpo del molino.

—Nada importante. Saria me ha emparejado con un chico y me he enfadado.

—¿Cuál?

—Ike. —contesta Saria, a la que lanzo una mirada de asombro. Afortunadamente Link no puede verme ni yo puedo verlo a él. Saria es la única que puede contemplar como hacemos girar las malditas manivelas que chirrían. Creo que el desgarrador sonido que producen es parte de la prueba, pues a parte del dolor de brazo que te puede dar una vez acabada la hora tambien puedes ganarte un dolor de cabeza.

—Ah... bien... —dice él—. ¿Y te gusta?

—Que no...

Los minutos van pasando. Los cereales que no terminan en la bolsa de Saria acaban por los suelos junto con la basura que ya hay acumulada desde el primer día. Esta vez va en serio, deberíamos limpiar. Lo que me sorprende es que Estela no dice nada. Se pasa los ratos que nos dejan libres encerrada en el dormitorio.

—Yo... yo ya no puedo más.

—Aguanta que quedan cinco minutos nada más. —le informa Link, ya que ella está de espaldas a la pantalla.

Esos cinco minutos acaban por terminar. Se acerca Kirby y, de debajo de mis pies, sale un taburete para él. La verdad es que han pensado en todo, Kirby no supera el medio metro. Lucario se pone en el lugar de Link y Peach llega para sustituir a Saria. Menuda hora larga, no podré aguantar muchas como estas. Saria y yo nos vamos a los sacos, pero cuando pasa un cuarto de hora veo que sigue despierta. Como yo.

—¿No puedes dormir? —le susurro, a lo que ella se gira.

—Tengo el chirrido de la manivela en la cabeza.

—Yo creo que me quedaré despierta toda la noche.

Y así es. Cuatro turnos después los demás empiezan a levantarse. Desayunamos mientras Mario, Midna y Samus le dan caña al molino para después comer ellos, pero eso no es posible para Midna y Mario ya que la mesa se retira una vez pasada la media hora de desayuno. Samus come unas madalenas que le ha cogido Ike.

Pasado el mediodía escucho:

—ZELDA Y SAMUS, AL MOLINO. DAISY A LOS SACOS.

La rubia me mira con crueldad. Creo que es porque este es el segundo turno que hace hoy hasta que me dirige la palabra ya un cuarto de hora empezado el turno.

—¿Tú qué? ¿Intentando quitarme a Ike?

—¿De qué hablas?

En serio, ¿de qué habla? si yo con Ike no he hablado casi, es más, yo lo eliminé en la prueba de la semana pasada.

—Ya sabes de qué hablo, de hecho ayer por la noche escuché como hablabas con Saria y Link de él.

Oh mierda, es por eso. Ahora se piensa que me gusta Ike.

—No, a ver, es un malentendido Samus, a mi Ike no me atrae nada...

—No mientas, Saria y tú discutísteis por eso.

—¿A ti te parece bien escuchar las conversaciones de los demás?

—Así que te gusta.

—¡Que no! ¡Yo lo negaba!

—Se te notava que mentías en la voz, bonita...

Es cierto, mi voz en ese momento no resultaba muy convincente, pero lo que ella no sabe es que si me sentía insegura es porque estaba Link allí y el que me gusta es él... ¡No me gusta, ¿qué digo?!

—Piensa lo que quieras, tú misma. —le suelto.

Si no fuera por la necesidad de girar el molino ahora mismo seguro que vendría i me agarraría de los pelos.
Horas después me encuentro en los sacos aunque estamos a media tarde porque las molestias que tenía Saria anoche se han convertido en un fuerte dolor de cabeza.

—¿Te encuentras mejor? —le digo una vez abre los ojos después de dormir un rato.

—Bueno...

—Te mejorarás pronto. Por ahora tú no te esfuerzes mucho.

—Zelda, sólo es la cabez... —una punzada de dolor la interrumpe.

—¿Ves? y si sigues trabajando en el molino empeorarás.

—No puedo hacer nada, si dejo de ir puede que termine mi participación en el programa.

—¿Porqué lo dices?

—Se han montado alianzas, amistades. Si el molino se detiene, tres de nosotros se vuelven a casa. Si el público me nomina los demás votarán para que me vaya, y en el caso imposible de que me quede los demás participantes me harán la vida imposible por haber hecho que tres sean expulsados. Estoy fastidiada lo mire por donde lo mire Zelda.

—No —digo acompañado de un movimiento con la cabeza—, aún no.

Me levanto y me dirijo a la pantalla.

—¡Paco! ¡Paco Party!

—Para dejar un mensaje se debe solicitar en la biblioteca. —dice una voz, salida de ninguna parte.

Me dirijo hacia la biblioteca, esquivando las miradas que se postran sobre mi decidida expresión. Llego al fin a la biblioteca y me siento al sofá, donde dejamos las maletas (aunque ahora están apartadas en un rincón), delante de ese inextinguible fuego.

—Dime, Zelda. —se escucha la voz del presentador.

—Quiero que cuando grites a Saria para que vaya al molino me grites a mí, por lo menos hasta que se recupere.

—¿Estás segura?

—Completamente.

—Así sea...

Me levanto sin permiso y me voy. Vuelvo hasta donde está Saria, ignorando a los demás de nuevo y me dirijo a la peliverde.

—Buenas noticias, ya no currarás más en el molino.

La niña me mira frunciendo el ceño.

—¿Qué has hecho?

—Le he dicho a Paco que me cambíe por tí.

—¿Harás los turnos de las dos?

—¿Y porqué no?

Ella se levanta y me abraza.