MASHED POTATOES

Disclaimer: Los personajes son de Meyer. Sólo me adjudico la historia y algunos personajes.

Beteado por Lucero Silvero (Betas FFTH)

.

Capítulo VII

.

— Feliz cumpleaños, dormilona.

Mi padre intentaba despertarme por tercera vez esa soleada mañana de sábado, mientras acariciaba mi cabello con suavidad.

Me di la vuelta para mirarle de frente. Papá, Sue y Mallory me saludaron.

— Feliz diecisiete años, Bellita —mi progenitor siempre encontraba la forma de molestarme con esos tontos apodos, mas hoy decidí restarle importancia y regalarles una mi mejor sonrisa, al ver que Mallory se acercaba con un pastel lleno de glaseado color rosa a mi cama.

— Woah —me sorprendí, quitando un par de lagañas de mi ojo izquierdo. Puse una sonrisa boba al ver que habían encendido diecisiete pequeñas velas en el pastel.

— ¡Pide tus deseos! —Sue me animó, con entusiasmo.

No había tenido tiempo suficiente para pensar en mis tres deseos, sólo deseaba que mi familia gozase de una buena salud, que yo tuviese buenas oportunidades para ingresar a la Universidad y…

Miré a las tres personas que me sonreían con expectativas y mordí mi labio.

Que ésta fuese una buena noche.

— ¡Bien! —celebraron todos entre aplausitos cuando soplé todas las velas.

Charlie y Sue se acercaron para saludarme con abrazos y besos en las mejillas, Mallory sólo me felicitó con una sonrisa, manteniendo una distancia prudente.

— Oh, ¿vamos a desayunar pastel? —pregunté con diversión.

— Pues, hoy es tu día —razonó mi padre con optimismo—. Puedes comer lo que desees. ¿Quieres salir a almorzar afuera?

Moría por salir a comer con mi padre y Sue, hacía rato que no lo hacía, pero también quería celebrar mi cumpleaños con Mallory; ella era una buena amiga de la familia y quería compartir este momento importante con ella también. Además, no estaría muy bien visto si salíamos a cenar con ella públicamente.

— Creo que hoy paso, me gustaría probar el pollo frito de Mallory, si no es mucho problema —propuse mirando a Mallory, con cara de niñita malcriada.

Mallory sonrió en respuesta, con honestidad.

— Como usted diga, señorita Isabella.

Esa mañana fue bastante agradable. Desayunamos pastel y almorzamos pollo frito. Papá me había regalado un buen libro, ya que sabía que era lo único que me gustaba como presente. Sue, por otro lado, me regaló una lámina de los Beatles, de la que disfruté al colgar en mi habitación. Incluso Mallory aportó con los regalos, y en privado, me entregó una pulsera hecha por ella misma, era muy bonita.

Conforme pasaban las horas y se acercaba la noche, más nervios sentía. Le había pedido permiso a mi padre para realizar una pequeña fiesta en casa, en la que vendrían mis amigos.

Papá reconocía el hecho de que ya era una chica adulta y que deseaba celebrar mi cumpleaños hasta tarde, sin la presencia de adultos.

Debido a mis buenas notas en la escuela, él había aceptado con la única condición de que terminara por limpiar al final de la noche.

Iba a tratarse de una pequeña fiesta privada, a la que sólo asistirían Ben, Garrett, Peter, Jessica, Charlotte, Alice, Jasper, Emmett y Edward. Mas el rumor de que Bella Swan iba a realizar una fiesta, a la que asistiría toda la pandilla de Edward Cullen se había propagado por toda la escuela, y terminaron por venir como veinte personas más a mi pequeña casa. ¡Increíble!

Gente que ni siquiera conocía me saludaba por mi cumpleaños. Supuse que todos serían conocidos de Edward, pero eso no quitaba la gran bronca que me esperaba por parte de Charlie.

Mientras recorría por el pasillo para controlar que nadie abusara de mi hospitalidad, vi a un par de muchachos tomando cosas del refrigerador como para comerlos.

— ¡Oigan! ¡No pueden consumir eso! —protesté de mala gana y ellos rápidamente guardaron las botellas de vidrio de Coca-Cola en el refrigerador.

Antes de seguir protestando por cualquier otro comportamiento inadecuado, fui hasta el baño, donde sabía que las chicas se encontraban.

Cerré la puerta y bufé, bastante alterada. Charlotte, Jessica y Alice estaban fumando.

— ¿De dónde salieron esos tipos? —pregunté para mí misma, enfadada—. Ni siquiera le dije a alguien que iba a hacer una "fiesta" y ahora tengo un par de idiotas hurgando mi refrigerador. Papá va a matarme.

— ¿Son amigos de Edward? —preguntó Alice, revisando su cabello en el espejo.

— No lo sé. Él juró que no le avisó a nadie —refunfuñé mientras Jessica me pasaba uno de sus cigarrillos y lo encendía.

— Esos chicos vinieron a tu fiesta porque quieren verte, Bella — Charlotte exhaló humo, con una expresión de completa serenidad.

Le miré incrédula.

— ¿No sabes que desde que estas con Edward te has vuelto bastante popular en la escuela? —me preguntó sin poder creer que yo no supiese eso.

¿Popular?

Char, ¿de qué estás hablando? —me reí—. La escuela entera me odia.

— Dime una cosa, ¿te han fastidiado últimamente? —preguntó ella tomando el cigarrillo entre sus dedos.

Me puse a recordar cuándo fue la última vez que había me habían molestado, asombrosamente, había sido hace tiempo.

— No te molestan por una de estas dos razones: Uno, si sales con el muchacho más popular de la escuela, significa que tú también eres popular y divertida. O porque saben que si se meten contigo, se meterán con Edward —explicó ella.

¿Esa era la razón por la que mi estadía en la escuela de Greenville se había vuelto más pacífica?

— Además, porque te juntas con nosotras. No somos populares como Tanya, pero somos buena onda —terminó por decir Charlotte, sin mucha importancia.

Me reí por esto.

— Oí que Tanya se puso realmente molesta por no haber sido invitada a esta fiesta —comentó Jessica con diversión—. Además, sigue odiándote por haberle quitado a Edward de entre sus manos.

— Yo no le quité a Edward de entre sus manos —bufé, frunciendo el ceño—. Él tuvo la oportunidad de irse con ella o estar conmigo, y prefirió elegirme a mí.

Me estaba mirando al espejo, me distraía lo arrugado que se había puesto mi vestido.

— Estúpido vestido —gruñí, tratando de acomodarlo.

— Bella, ¿por qué andas tan alterada? Es tu cumpleaños, deberías disfrutarlo —Alice me aconsejó con esa voz dulce que tanto la caracterizaba.

Traté de respirar hondo para poder confesarles a las chicas lo que me estaba guardando.

— Hoy… es la noche —dije lentamente.

Todas permanecieron en silencio.

— ¿Te refieres a…? —Charlotte preguntó en nombre de todas, asentí una sola vez—. ¿O sea que tú y Edward…?

Sip —asentí de nuevo.

Entonces, las tres se asombraron y emocionaron al mismo tiempo.

— Quedamos de acuerdo en que lo haríamos cuando tuviese diecisiete años. Es decir, esta noche—conté cuando me preguntaron al respecto.

Y no podía negar lo nerviosa que me encontraba al respecto.

— ¿Y cómo te sientes? ¿Nerviosa? —preguntó Jessica, masajeando mis hombros en un maternal gesto.

Mucho —aseguré, mofándome de mí misma mientras seguía mirándome al espejo.

— ¿Será con penetración? —quiso saber Charlotte, con picardía.

— ¡No! —negué rápidamente, ruborizándome—. N-No, no me atrevo a hacerlo a-así…

No estaba dispuesta a hacerlo de esa forma, corriendo el riesgo de quedar embarazada. Si iba a arder en el infierno, lo mejor sería intentar no quemarme tanto.

— ¿Y dónde lo harán? —quiso saber Alice con curiosidad.

— En mi habitación —murmuré—. Mi papá volverá a las una de la mañana, se supone que todos ustedes tienen que irse a las once.

Todas permanecieron en silencio, excepto Charlotte, que se echó a reír.

— ¡Woah! ¿Dos horas, Bella? ¡Eres una sucia! —se burló y el resto la acompañó. Intenté reírme, avergonzada, pidiéndole que no dijera estupideces.

Todavía faltaba una hora para que la fiesta terminara y mi estómago comenzaba a hacerse un nudo. Se lo había prometido esta noche, y no me echaría para atrás, quería dejar de sentirme como una niña. Ya tenía diecisiete años, podía hacer esto.

Salimos del baño para encontrarnos con los muchachos en la cocina, Edward ingresó y de abajo de su chaqueta sacó una botella de licor. Todos ovacionaron.

— Edward, ¿de dónde sacaste eso? —pregunté atónita. ¿Por qué me sorprendía el hecho de que también consumiera alcohol?

— De la bodega secreta de licores de Vanderson —sonrió sin preocupación y luego miró al resto—. ¿Alguien desea probar?

Todos mis amigos asintieron y buscaron rápidamente vasos para que Edward sirviera el licor y se lo bebieran con la mayor tranquilidad del mundo.

Me sentí igual que cuando todos empezaron a fumar frente a mis ojos. Era algo que yo nunca había pensado hacer y, por lo tanto, jamás lo había hecho, pero se sentía incómodo ser la única que miraba como si fuese una pequeña rodeada de adultos.

— ¿Bella, no vas a beber? — preguntó Peter con diversión. Ahora todos me observaban.

— Oh, no —Edward negó antes de que yo pudiese contestar—. No te va a gustar, Bella.

Él siempre estaba protegiéndome, siempre tratándome como si fuese la más indefensa del resto. Lo era, claro que sí, pero se sentía bastante vergonzoso, sobre todo porque estaba cumpliendo años. Ya era una mujer… Y necesitaba comportarme como una.

— Sírveme —exigí tomando un vaso para luego ofrecérselo, esperando que lo hiciera.

Edward me sonrió con sorpresa.

— ¿Segura? —preguntó—. Es un poco fuerte.

— ¿Me estás subestimando, Cullen? —alcé una ceja.

— No, no —aseguró inmediatamente y sirvió el licor en mi vaso.

Bebí de mi vaso de forma inmediata y me sentí realmente estúpida. Se suponía que era whisky y vaya que ardía con fervor en mi garganta. Edward se dio cuenta de aquello y se rió con dulzura, pero yo traté de aparentar que no sucedía nada; que era ardiente pero que incluso así lo disfrutaba.

Todos me observaron, evaluando mi reacción, así que volví a alzar mi vaso.

— ¡Hurra porque ahora tengo diecisiete años! —festejé y todos me acompañaron, brindando conmigo.

Seguimos el resto de la noche en la cocina bebiendo del licor del padrastro de Edward. Yo bebí dos vasos, porque a pesar de ser tan ardiente, me relajaba bastante, al igual que el cigarrillo. Pero más que nada, me hacía sentir parte de la pandilla, saber que era parte de algo, que compartía un tiempo de diversión con mis amigos que celebraban mi cumpleaños, hizo que los nervios de lo que iba a pasar esa noche desaparecieran… Por un rato.

Cuando la fiesta terminó y todos se marcharon – sin mencionar a mis amigas que me desearon buena suerte para más tarde –, Edward me ayudó a limpiar todo el desastre que había ocasionado la fiesta y a quitar el olor a alcohol y tabaco de la cocina.

Para entonces, ya eran las once y media de la noche.

— Bien, creo que todo está en orden —suspiré cuando terminé de echar la última bolsa de basura en el basurero.

Giré para encontrarme con Edward, quien me sonreía feliz a la vez que se acercaba a mí para rodearme con sus brazos y abrazarme.

— Feliz cumpleaños —susurró en mi oído, para seguidamente dejar un besito allí. Inspiré el aroma de su camiseta y cerré los ojos.

— ¿Sabes? —Me separé de él para mirarle a los ojos—. De todos mis cumpleaños… este es el mejor de todos.

— ¿De veras? —preguntó riéndose.

— Sí. Fue distinto… y me gustó porque… —suspiré y enredé mis brazos en su cuello—… es la primera vez que la paso en compañía de un chico.

Él ronroneó encima de mis labios.

— Soy tu primera vez en muchas cosas, ¿no? —dijo antes de besar castamente mis labios.

Sólo esa frase me hizo temblar.

— No fuiste el primero en tratarme bien cuando llegué —entrecerré mis ojos, mirándole divertida.

Edward se echó a reír.

— Bueno, aún debo darte mi regalo de cumpleaños, ¿no? —susurró apoyando su frente contra la mía, nuestros ojos se encontraban a escasos centímetros. Mi corazón volvió a latir con ganas, siendo consciente de lo que se estaba refiriendo.

Asentí varias veces, luego de tragar saliva.

Edward ya me había regalado una cita la noche anterior. Una cena y luego una salida al cine. Había sido una noche perfecta. Pero hoy sería distinto, hoy sería una noche que marcaría mi vida para siempre.

Apagamos las luces del primer piso y subimos hasta mi habitación. Le pedí que las luces estuviesen apagadas, ya que no me sentía cómoda con que viese todo en la primera vez.

Entonces ahí estábamos, a oscuras, dándonos la espalda; yo en un lado de la cama y él mirando de frente la ventana de mi dormitorio.

Se suponía que nos quitaríamos la ropa por nuestra propia cuenta, ya que no soportaría la vergüenza de ver el rostro de Edward cuando me la quitase él.

Mi corazón tembló cohibido cuando oí que Edward se quitaba el cinturón detrás de mí y me di cuenta de que realmente esto estaba pasando, realmente él se estaba desnudando… y yo debía hacerlo también.

Desprendí los botones del vestido en mi espalda con lentitud. Era una sola pieza, bastaba con soltarlo para quedarme en ropa interior. Cerré los ojos, respiré hondo y lo solté. Se deslizó por el suelo y finalmente, me vi casi desnuda.

La idea de quitarme la ropa interior, permanecer completamente desnuda y darme vuelta para que Edward me observase me aterrorizaba. Qué insegura era…

— O-Okay… d-démonos la v-vuelta… —pedí con determinación, cerrando los ojos y recordando a mis pulmones que si deseaba permanecer tranquila, debía normalizar mi respiración.

Edward murmuró de acuerdo con mis palabras y conté hasta tres en silencio para darme la vuelta. Uno… dos… tres…

Ya.

Giré rápidamente y abrí los ojos sintiendo vértigo. Para mi sorpresa, Edward no se había quitado sus calzones. Estaba de brazos cruzados y me miraba con serenidad.

Mis ojos fueron a su pecho y sus abdominales. Él no era musculoso como Emmett, pero estaba muy bien proporcionado para ser flacucho. Sus brazos… sus brazos eran hermosos, quería que me abrazara con ellos.

Sólo entonces me di cuenta que él también estaba observando mi cuerpo semi desnudo por primera vez. Yo no tenía atributos como él. Senos pequeños, vientre plano, cintura pequeña. Era una niña, no una mujer como Tanya.

Edward vio la vergüenza en mi rostro y ladeó una adorable sonrisa torcida.

— Eres hermosa, Bella.

Me sonrojé y me atreví a creer que era cierto, que yo era linda para él. Incluso si no lo era, él estaba fingiendo para hacerme sentir más segura porque deseaba disfrutar esto junto a mí. Desde cualquier punto de vista que se lo viese, Edward deseaba hacer esto conmigo y eso era suficiente para darme el valor y el coraje que necesitaba para dar unos cortos pasos y ubicarme junto a él en la cama.

Incluso en la oscuridad, sus ojos lograban hechizarme.

Me recosté y antes de que él entrara en la cama y se acostara encima de mí, se bajó los calzones de un solo tirón.

Intuitivamente desvié la mirada hacia otro lado, terriblemente sonrojada.

Mi cuerpo temblaba; estaba asustada porque no tenía idea si esto se trataría de una experiencia aterradora y poco agradable o si sería todo lo contrario.

— Bella, mírame —pidió Edward en voz baja.

Lo miré a los ojos.

— No quiero forzarte a hacerlo. Si tienes dudas… podemos dejarlo para otro momento, amor —aclaró con completa tranquilidad.

— N-No es que dude en hacerlo… quiero hacerlo —dejé en claro, tensa—. Es que… no tengo idea de cómo se siente. Tarde o temprano tendré que experimentarlo, ya no soy una niña. No quiero que me veas como una niña esta noche, Edward.

Mis palabras y mi mirada le pedían que tomara en serio lo que estaba diciendo.

Él lo pensó un rato y me sonrió.

— Claro que no eres una niña —acarició un mechón de mi cabello suelto—. Eres toda una hermosa mujer.

Se acercó a besarme lentamente y luego susurró en mi oído.

— Y no te preocupes, se sentirá muy bien.

Temblé como si me hubiesen dado una descarga eléctrica.

Edward se acomodó mejor para seguir besándome mientras yo jugaba con su cabello. Respiré hondo, indicándole que se separara de mis labios para preguntarle algo que deseaba aclarar hace días.

— Tú… ¿lo has hecho con muchas antes? —no sabía si la palabra "masoquista" me describía en estos momentos. "Idiota", tal vez.

Él no esperaba este planteo, mucho menos ahora, pero no lució incómodo ni molesto.

— No, en realidad —me confesó mirándome a los ojos. Así sabía que estaba siendo completamente honesto—. Pero, ¿sabes algo?

Negué y él acercó su rostro al mío para susurrar sobre mis labios:

— Es la primera vez que lo hago por amor—juró.

Esa frase sirvió para quitar cualquier tipo de miedo de mí y darme cuenta de lo que realmente estaba haciendo. Estaba compartiendo un momento íntimo con la persona que yo quería… con mi primer amor, con el muchacho que me quitaba las horas de sueño, con Edward Cullen. No sólo quería sentirme una mujer adulta… quería estar con él, quería vivir esta primera experiencia con él, quería quererlo, quería…

— Te amo —salió de mis labios, y ni siquiera lo pensé.

Me miró con sorpresa y luego me regaló una hermosa sonrisa.

— También te amo —suspiró sobre de mis labios, sin miedo.

Me besó en los labios, como un hombre besa a la mujer que ama. Mis manos iban a su cabello, a su rostro, a sus brazos y él me besaba en todas partes.

Su mano fue a mi espalda para desprender mi sostén y traté de no recordar que mis senos no eran el mejor espectáculo que le podía ofrecer ahora; sólo me concentré en seguir devorando sus labios una y otra vez.

Cuando me quitó el sostén, una de sus manos acarició mi pecho y sentí un hormigueo en todo mi cuerpo. Solté un gemido porque me había tomado de sorpresa… y también por el placer que estaba sintiendo, ese mismo placer que sientes cuando entras a una tina caliente después de un día helado, cuando bebes una gaseosa después de haber comido un plato de pollo frito hecho por Mallory, o cuando te entregan un examen del que crees que te ha ido pésimo y resulta ser que sacaste una buena nota, me hizo jadear con ganas y satisfacción.

Se separó lentamente de mis labios para besar mi cuello, sentía que mi cuerpo ardía, cada beso era mi perdición. Mi cabeza comenzaba a marearse y lo único que podía desear era una mayor cercanía; quería su cuerpo pegado al mío, sus labios por todas partes; quería todo de Edward. Todo, necesitaba todo de él.

Alzó la cabeza y aprovechó para mirar mis senos. Susurró que sonó como "preciosa" a mi oído, pero yo estaba concentrada en sus manos que no paraban de acariciar mis pezones. Se sentía extraño, muy extraño. Estaban endurecidos como cuando hacía mucho frío, pero a mí se me hacía mucho calor.

La mano que acariciaba mi pecho se deslizó hacia mi vientre… y luego hasta abajo, por encima de mis bragas.

— ¡Ah! —me tensé rápidamente, sintiendo mucha vergüenza. Acababa de tocarme en aquella zona íntima.

Edward vio la sorpresa en mi reacción y me besó los labios con calidez, sólo para asegurarme que no iba a hacer nada malo.

Besándome con mucha pasión y sensualidad, sentí sus dos manos sobre las tiras de mis bragas, las bajó con lentitud y mis piernas temblaron. Ahora estaba completamente desnuda, debajo de las sábanas.

La sorpresa llegó cuando la mano de Edward comenzó a tocar los rincones de mi entrepierna, uno de sus dedos separó mis labios y comenzó a moverlo de arriba para abajo.

— ¡Ah! ¡Edward! —me removí sorprendida por lo que estaba haciendo, nunca alguien me había tocado allí, ni siquiera yo me había dado placer a mí misma como para saber cómo funcionaba mi cuerpo.

— Shh —Edward me silenció al oído sin dejar de besarme el cuello—. No te alarmes, sólo siente…

Hice caso a su consejo porque quería actuar como una adulta, quería tomármelo en serio y sentir que esto era un acto sensual por parte de dos adultos experimentados… aunque uno de ellos no tuviese idea de qué hacer.

El dedo de Edward comenzó a moverse de arriba hasta abajo, tocando mi clítoris y luego mi centro, todo en un ritmo acompasado que hacía que mis caderas se levantasen lentamente.

Me relajé como Edward me había pedido y me dejé llevar por las emociones. Oh, señor… se sentía bien… muy bien…

— Ah, Edward… —gemí cerrando los ojos. No tenía idea que aquella parte de mi cuerpo pudiese hacer tantas cosas grandiosas, y es que yo no sabía cómo hacerlo.

Memoricé sus movimientos. Arriba, abajo… arriba… abajo… se detuvo hacia arriba, sobre mi clítoris, lo presionó varias veces pero con lentitud y profundidad. Solté un suave y prolongado gemido porque sentía que si seguía presionando allí, llegaría a mi límite.

Entonces, su dedo bajó y tocó mi centro. Me tensé y con lentitud, adentró ese dedo a mí en toda su longitud. Me arrancó un fuerte jadeo.

— ¡Oh, Edward! —enterré mi rostro en la almohada, mordiéndome el labio.

Era una experiencia nueva y muy distinta. No tenía idea que… tener algo dentro de aquella parte de mi anatomía se sentiría tan asombroso… tan placentero… tan pecaminoso.

Mis ojos fueron hacia Edward, su mandíbula estaba tensa, se mordía el labio y me miraba cada vez que yo jadeaba. Sentía mucha vergüenza de esto, pero él me sonreía y eso ayudaba a sentirme un poco más cómoda conmigo misma.

Su rostro fue hacia mis senos, donde comenzó a morder, lamer y chupar con lentitud mis pezones, sin detener el bombeo con su dedo. Lo estaba haciendo una y otra vez, cada vez más rápido… más rápido… más rápido.

Mis gemidos eran entrecortados, pero seguían un ritmo, y eso me encantaba.

Yo sabía que el sexo era placer, pero no tenía idea de que fuese tanto placer. Mis padres no acostumbraban a hacerlo cuando yo era pequeña y Charlie nunca lo hacía con Sue cuando yo estaba en la casa. Pero saber que era así… tan increíble, tan fascinante… ¿podría volverme adicta a aquello?

Y todo se volvía mejor cuando sabía que quien me proporcionaba este glorioso placer era Edward. Ese chico tan apuesto, tan varonil, tan sexy…

Edward no paró en ningún momento, siempre aceleraba y podía sentir sus jadeos sobre mi cuello, ahora que volvía a besarlo. Mi intimidad se sentía húmeda. Un fuerte cosquilleo en mi vientre bajo amenazaba con explotar y cuando su movimiento se hizo frenético, estalló.

— ¡Edward! —exclamé tensándome, alzando la cabeza y cerrando los ojos.

Una nueva sensación exploró todo mi cuerpo. Placer, placer y más placer. Desde la punta de mis pies hasta mi cabeza. Estaba temblando, mi respiración fallaba, transpiraba y no podía hacer otra cosa más que quedarme muda, asombrada por todo lo que estaba sintiendo.

Cuando la maravillosa sensación se apagó tenuemente, algo volvió a mi cuerpo… como si mi alma hubiese saltado de mí para tocar el cielo y ahora volvía para descansar en paz.

Reposé mi cabeza en la almohada mientras mi respiración volvía poco a poco. Había experimentado un orgasmo, mi primer orgasmo. Y vaya que había sido cosa de otro mundo.

Edward me estaba regalando suaves besitos en la mejilla, en la nariz, en la barbilla, en el cuello, en la oreja…

— ¿Estás bien, nena? —me preguntó con dulzura al oído, acariciando con suavidad el muslo de mi pierna.

— Oh, sí… —suspiré abriendo los ojos—. Eso estuvo increíble.

Edward se rió a mi lado.

¿Tanto miedo para algo que se había sentido fantástico? Me sentía una tonta.

— Fue un espectáculo muy atractivo eso… —ronroneó encima de mis labios, haciendo que mi vientre bajo volviese a sentir cosquillas.

Aferré su cuello con mis manos y le acerqué para que volviese a besarme, esta vez usando nuestras lenguas.

Moví mis piernas para posicionarme mejor en la cama y sentí algo duro en mi muslo. Me tensé.

Oh, por Dios. ¿Ese era…?

— Esto… —murmuré en voz baja y bajé mi mano debajo de las sábanas y tomé aquello que era duro.

Era piel. Firme. Duro. Y un poco grueso.

Edward se tensó y se tragó un gemido.

¡Oh!

— Bella… —murmuró antes de chuparme la clavícula.

Mi mente era perversa, y sólo por eso, repetí la acción y jalé aquello de arriba para abajo.

Para mi enorme y grata sorpresa, Edward jadeó varias veces.

— B-Bella… tranquila, nena. Estoy algo sensible —confesó con una voz contenida y ronca.

¿Qué se suponía que eso significaba? ¿Qué le faltaba poco para…?

No le hice caso. Besé su cuello y seguí moviendo mi mano una y otra vez.

Edward no paraba de jadear entrecortadamente, y eso me pareció lo más erótico, atractivo y romántico del mundo. Mi amor estaba sintiendo placer, el mismo placer que yo había sentido hace unos instantes, todo gracias al maniobrar de mi mano. Esto era fascinante…

Para mi sorpresa, él bajó su mano hacia mi intimidad y volvió a introducir sus dedos. Esta vez, eran dos.

— ¡Oh, Edward! ¡Edward! —gemí.

Buscó mis labios y mordí los suyos para besarnos una y otra vez, sin dejar de darnos placer el uno al otro.

Había algo en aquél momento que creó una sensación de unión, de amor, de placer. Algo indescriptible que me hacía sentir más cercana a él, más especial, era algo único…

Y en un momento, mi vientre volvió a explotar y sentí un segundo orgasmo recorrer todo mi cuerpo paralizándome por el placer. Increíblemente, sacudí una última vez el miembro de Edward y él se tensó, gimiendo en voz alta, de la misma forma en que yo lo había hecho.

Supe que había llegado a su orgasmo cuando algo húmedo y caliente salpicó mi vientre.

Esto era sucio, era inmoral, no era lo correcto… y me fascinaba.

Él y yo tardamos unos segundos en recuperar nuestra respiración, pero sin apartar nuestras miradas del otro. En un momento yo le sonreí y él me sonrió también, antes de besarme.

— Te amo, en verdad lo hago —susurró sobre mis labios.

— Mmm, y yo a ti —ronroneé sonriéndole juguetonamente. Ahora estaba acariciando su vientre.

Edward soltó un dulce jadeo.

— Perversa… ¿es que quieres continuar? —murmuró jugando con mi cabello, mirándome picaronamente.

Uf, me emocionaba la sola alternativa.

— Creo que me volverás una adicta a esto —confesé sintiendo que podía hacerlo durante toda la noche.

Antes de volver a besarme, oí que un auto se acercaba a mi casa y terminaba por estacionarse.

¡Mi padre!

— ¡Diablos! —Gruñí y él se levantó de la cama—. Vístete y ocúltate unos segundos en mi ropero. No se dará cuenta.

Edward tomó sus calzones con prisa y se los puso. Con lentitud, abrió la puerta de mi ropero que, para nuestra suerte, era bastante espacioso.

Rápidamente, oculté la ropa de Edward debajo de mi cama junto con la mía. Desnuda, me cubrí completamente con las sábanas y fingí dormir sobre la almohada. Mierda, mierda, estaba húmeda… ensuciaría las sábanas.

Pocos segundos más tarde, oí que mi padre subía por las escaleras y abría la puerta del dormitorio. Creí que se limitaría a observarme, pero en vez de eso se acercó hasta mi cama y plantó un dulce y caso beso en mi cabello, antes de marcharse. Durante todo este tiempo, mi corazón latió con locura.

Se marchó y esperé durante algunos minutos a que se oyera la puerta de su dormitorio cerrarse, para corroborar que ya se había ido a dormir. Entonces, le pedí a Edward que saliera.

— Eso estuvo cerca… —suspiró él, con intriga.

Le sonreí y él volvió a acercarse a mi lado de la cama, para seguidamente cubrirnos con las sábanas y volver a donde estábamos.

Entonces me di cuenta que estaba completamente enamorada de Edward Cullen.

.

— ¡Buenos días, papá! —canturreé con felicidad, bajando de las escaleras y dando pequeños saltitos.

Me acerqué y le planteé un tierno beso en la sien. Se sorprendió por mi acción.

— Buenos días, amor. ¿A qué se debe tu buen humor? Últimamente te veo más sonriente —destacó mi padre, bebiendo de su taza de café.

La vida parecía tener otro color ahora.

— ¿Qué no era sonriente antes? —evadí la pregunta haciendo una posturita, alzando una ceja y sonriéndole divertida.

Él se lavó las manos.

— Sólo digo —aclaró.

— Sólo veo la vida desde otro punto de vista. Uno más adulto —expliqué sonriente, sentándome en la mesa para beber de mi jugo de naranja.

Ajam — él siguió la corriente, mientras leía la sección de deportes en el periódico.

Después de esa increíble noche de mi cumpleaños, todo parecía ser distinto. Me sentía más segura, más emocionada, más sonriente. Todo era mucho mejor.

Sonó el timbre y mi corazón brincó de la alegría.

— Debe ser Edward —me levanté tomando una tostada para morderla.

— ¿No te iba a llevar yo? —preguntó mi padre, sorprendido por el inusual cambio de planes.

— Oh, pues… ahora me busca Edward —encogí mis hombros mientras tomaba mis cuadernos.

Estaba buscando la llave de la entrada cuando oí que mi padre suspiraba. Oh, no. La charla.

— Bella, no es que quiera entrometerme en tu vida personal —comenzó a decir y yo me mordí el labio, lamentándome—. Pero hay cosas de las que debo estar al tanto. ¿Este chico, Edward Cullen, está saliendo contigo?

¿Qué caso tenía ocultárselo? Toda la escuela lo sabía.

— Sí —asentí una sola vez.

— ¿Desde hace cuándo? —quiso saber, instigándome con esos ojos curiosos.

— No lo sé —Honestamente, ya ni recordaba desde cuándo—. Hace tiempo.

— Tiempo… ¿mucho o poco? —volvió a preguntar.

— No lo sé, papá. Poco —suspiré.

Le miré advirtiéndole que si deseaba saber más de esto, tendría que preguntárselo a Mallory porque yo no se lo diría. Y ni siquiera le iba a contar a Mallory, ella terminaría por enterarse sola.

— Bueno… tráelo a cenar esta noche a casa —pidió, concluyendo el tema.

— ¿A-A cenar? —pregunté atónita.

— Sí —asintió él—. Quiero conocerlo.

— Pero ya lo conoces hace diecisiete años —fruncí el ceño.

— Quiero conocerlo mejor —continuó él.

— ¿Para qué? No hay nada nuevo que debas conocer —bufé.

— Oh, claro que sí. Ahora sale con mi nenita —sonrió.

— Ay, papá. Ya no me digas 'nenita' —gemí.

— Vendrá a cenar esta noche, y se acabó —sentenció de buen humor, volviendo a su periódico.

No es que no deseara presentárselo a mi padre, pero, honestamente, no tenía idea de lo que mi papá era capaz de hacer.

.

— Entonces, mi padre quiere que vengas a cenar a casa —terminé de contarle a Edward mientras caminábamos juntos por el pasillo del colegio.

— ¿Sabes? Mi mamá quiere invitarlos a cenar, algo así como una cena formal —puso los ojos en blanco—. Les dije que ya conocían a tu familia, pero ella insiste en que te presente como "mi novia".

Oír aquello me ponía la piel de gallina. Me encantaba.

Me apoyé en la pared del pasillo cruzando los brazos y me mordí el labio.

— Lo del sábado… fue lo mejor que me ha pasado en la vida —confesé con las mejillas sonrojadas y una enorme sonrisa enamorada.

Fue agradable recibir esa misma sonrisa en su rostro.

— Para mí también —aseguró y se acercó para besarme en los labios. Le recibí gustosa.

Fuimos interrumpidos por la voz de un profesor, quien golpeó el hombro de Edward con un cuaderno.

— Jovencitos, esto es una institución pública, este no es el tipo de comportamiento para este lugar —nos reprendió con una expresión severa.

Edward se separó de mí y nos tragamos varias risotadas. Asentimos y cuando se marchó, nos echamos a reír poniendo los ojos en blanco.

Me acerqué hasta mi casillero, Edward me acompañó.

— Entonces… ¿cena con ambas familias? ¿No crees que sea todo un caos, o sí? —me concentré en abrir mi casillero con una sonrisa divertida. La idea de juntar ambas familias no sonaba tan grandiosa como nuestros padres creían.

Edward estaba a punto de contestarme algo, cuando de pronto alguien abrió su casillero a mi izquierda con tanta fuerza que golpeó la mano que estaba apoyando torpemente al costado.

— ¡Ah! —siseé de dolor, alejándola inmediatamente. Edward se preocupó y el muchacho a mi lado, el que había causado esto, me miró por unos segundos.

— Oh, lo siento —se disculpó, pero podía ver que contenía una risita baja. Le conocía, uno no olvida fácilmente quiénes lo trataron mal los primeros días en esta escuela.

— ¿Por qué no te fijas lo que haces? ¿No ves que la has lastimado? —saltó Edward de pésimo humor. Juraría que si el muchacho respondía a la defensiva, Edward terminaría por golpearlo.

— Lo lamento, en verdad —volvió a contestar el muchacho sonriendo, aclarando que no era para tanto.

Se marchó y gruñí por lo bajo. Grandísimo idiota.

— ¿Estás bien? —preguntó Edward inspeccionando mi mano. No era nada grave, sólo estaba un poquito roja.

— Sí, no pasa nada —le resté importancia, pero el malhumor ya me había quedado trabado en la garganta.

— No puedo creerlo… —Edward negó una y otra vez, tensando su mandíbula, observando cómo se marchaba el muchacho sin escrúpulos. Pero es que no había sido la gran cosa, de todas formas.

— Olvídalo. Vamos a clases —dije y cerré mi casillero.

Edward y yo tomamos distintas clases el resto del día, nos volveríamos a ver para el almuerzo. Y yo ya lo extrañaba. Habían pasado dos días desde mi cumpleaños, mas no dejaba de recordar cuán especial había sido esa noche para mí. Y cuán… distinta me sentía, menos preocupada, menos tensa, más atrevida. Un poco más madura definitivamente.

Observé al resto de mis compañeras en clases. Yo era una de las pocas que ya había tenido sexo por primera vez en mi vida y eso me hacía sentir una adulta rodeada de niñas infantiles.

Incluso observé a Ángela. Bueno, ella no era tan inocente, pero yo me acostaba con Edward, algo que ella deseaba y que jamás conseguiría. Sonreí con malicia.

Cuando la campana sonó, suspiré con alivio porque la clase de matemáticas comenzaba a volverse aburrida con el tiempo, ni siquiera sentía las ganas de resolver los ejercicios, sólo quería ver a la pandilla y por ende a Edward.

Salí de clases y vi a Jessica y Alice corriendo con prisa para acercarse a mí, estaban a pocos metros. Sus rostros alarmados me preocuparon.

— ¡Bella! ¡Tienes que venir urgente! —susurró en voz baja Jessica, tomando mi mano con prisa.

— ¿Qué ocurre? —pregunté asustada. ¿Por qué tanto drama?

— ¡Es Edward! —dijo Alice.

— ¿Qué le pasó? —Ahora mi corazón latía con locura.

Oh, no. ¿Qué le había ocurrido?


N de la A: El cumpleaños de Bella Swan según Meyer es en Septiembre, pero por motivos que luego especificaré, he decidido trasladarlo a la fecha actual del Fic: Junio.