Imagen: Combinación de imágenes; Hombre junto a paso a nivel y Pareja de chicos en parque.

Propuestas: Genee y June JK

Personajes: Tai y Sora.


Una despedida necesaria

Una alarma constante y unos faros de luces rojas prendiendo en intermitente me indican que el tren esta por pasar por las vías que tengo enfrente. Una barandilla amarilla con azul y negro me detiene el paso como si el sonido de la alarma o las luces no fuesen suficientes, pero, es bueno que este allí.

Esta mañana estado ausente en mis pensamientos, actuó por reflejo más que por decisión, es como si estuviera en un estado automático. Reaccionando por arco reflejo.

Me quedo parado unos metros de la barandilla, estoy solo, no hay alma alguna que me acompañe en mi viaje al instituto. Pero eso no siempre fue así, hubo un tiempo donde no transitaba por este camino solo.

Mi mente me transporta aquella vez, la ultima donde estuvimos juntos antes de su partida.

Era el inicio del invierno y se podía notar en los arboles teñidos en sus copas de blanco por la primer nevada de la temporada. La brisa del atardecer que enrojecían nuestras mejillas o en los abrigos que nos mantienen calientes del clima helado eran otros indicios de la época del año en que estábamos.

El atardecer inminente coloreó aquel lienzo azulado en uno anaranjado con destellos de amarillo en el horizonte. Y esa luz tenue, que el sol brindó como despedida de aquel día, bañó la dulce figura de mi amada sentada en un pingüino de juego que los niños disfrutaban al ir aquel parque.

Sora lucía callada y ausente como era costumbre para aquellos días, y, sin embargo, su belleza prevaleció hasta en sus facciones desencajadas.

—¿Me extrañaras? —preguntó.

—Como no te imaginas —respondí.

Me levanté del pingüino que se balanceó en el resorte que lo sostenía. Me acerqué a mi chica, aquella pelirroja que he amado desde pequeño. Le tomé de las mejillas y ella me sonrió sonrojada, por el frio o mi contacto; no estuve seguro. Solo aprecié su dulce y a la vez amarga sonrisa.

Sujetó mis manos con las suyas y cerró sus ojos para dejarse llevar por el contacto de mi piel con la suya. La miré tanto como pude para que en mis ojos se quedara tatuado aquel rostro tan hermoso, para que esa sonrisa jamás se me olvidara, y que todo ella se grabara en mi memoria.

—No me quiero despedir.

Mi pelirroja no abría sus ojos, pero solo con su voz quebrada entendí que estaba al borde de las lágrimas. Dolida por nuestra repentina separación.

—No te quiero decir adiós.

Sus manos se aferraron a las mías, sus parpados fruncidos no querían dejar que sus ojos le delataran su dolor, queriendo evitar que esa tarde fuese la última en que verían mis ojos cafés. Añorando con que ese momento se congelara como nuestras mejillas y perdurara en la eternidad.

—Nos volveremos a ver.

Sora abrió sus ojos con lágrimas ya amenazando brotar de ellos.

—Te prometo que te alcanzare donde quiera que vayas —coloqué mi frente sobre el de ella para que nuestros ojos tuvieran un contacto más intimo—. Pero por el momento esta es una despedida necesaria.

Nuestros labios pedían a gritos el deseo de ser besados por el otro con una insistencia parecida al hambre. No se los privamos y nos dejamos llevar por la suavidad de los labios del otro, compartiendo un sentimiento cálido que ni el frio creciente por la noche pudo congelar.

—Te amo —susurró como el viento mi amada.

—Y por ese amor mi juramento es sellado con este beso —la volví a besar.

El sonido de la alarma muere con el último vagón del tren que pasa frente a mí, pero yo sigo parado frente a la barandilla que se va levantando permitiendo el paso.

Me percato que me estoy tocando los labios, aun siento muy presente su sabor y esa cálida sensación que me embriaga. Ese beso es la promesa de una despedida necesaria, una que estoy dispuesto a cumplir y para ello este nuevo día que se alza da el inicio a cumplir mi palabra.

—Buen día —escucho a una señora saludar a otra persona.

Elevo mi mirada al cielo blanco y veo caer copos de nieve como los de aquel último día. Sé que me está esperando en aquel lugar tan lejano, no habrá tiempo que perder. Con una última pasada de mis dedos en los labios recupero mis fuerzas y emprendo mi viaje. Uno que estoy dispuesto a que termine en aquellos labios que tanto adoro.