NI IDEA

…de qué estoy escribiendo. ¿Canon, what if, semi-AU? ¿Humor, romance, drama? ¿Eremika, Rivetra, crack? ¿Relaciones, traiciones, inversiones? Colección de one-shots de todo tipo, cual cajón de sastre. ¡El espectáculo debe continuar! Inspirado en "Momentos" de Chica Plutonio. NI IDEA 7 – REENCUENTRO: Mikasa Yeager y Eren Ackerman comparten un momento de intimidad, antes de continuar.


NOTA DEL AUTOR – Lo primero es lo primero: mi agradecimiento a Debby-Chan Ackerman y HimeVampireChan por haber dejado review.

Este capítulo es continuación de la mini-sagaAU "Mikasa Yeager & Eren Ackerman", mas no conclusión; han surgido una serie de circunstancias por las que me conviene publicar ya la primera parte de "Reencuentro" (si llegáis hasta el final os daréis cuenta del porqué), así que nos despediremos en la siguiente "Ni Idea".

Y ahora sí…

¡Que comience el espectáculo!


NI IDEA 7 – REENCUENTRO (I)

Publicado el 10 de febrero de 2016, con una extensión de 4.585 palabras.


Mikasa Yeager quería creer que ese mal presentimiento no era nada; al menos, eso se decía a sí misma.

Que los nuevos legionarios llegaran ese día al Cuartel, no significaba que tuviese que ocurrir una desgracia; Eren no iba a presentarse allí de repente solo para buscar al Capitán Levi y ajustar cuentas con él… ¿verdad?

No estaba segura de qué temía más: que Eren le diese una paliza a Levi, o que el Capitán se la diera a él… o que ambos terminasen en la enfermería.

Pero estaba suponiendo que alguno de ellos, o ambos, "sólo" saldrían malheridos. ¿Y si pasaba algo mucho peor? ¿Y si uno de los dos iba a…?

Ya no era miedo lo que sentía entonces: era terror.

Lo primero que le vino a la mente fue la idea de que podría perder a su oficial al mando; su jefe, su líder… su Capitán. La misma persona que la había golpeado durante el juicio, pero para salvarla de un destino todavía peor; la misma persona que luego la había acogido en su equipo, tratándola como a una más dentro de lo posible, dadas las circunstancias. Alguien cortante y brusco, pero honesto; Levi no era el tipo de persona que diría algo sonriendo y después la apuñalaría por la espalda en cuanto se diera la vuelta.

Con el Capitán, lo que se veía era lo que había, sin trampas ni dobleces. El hombre había sido como un hermano mayor, casi un padre, dándole algo a lo que pertenecer:un grupo, un equipo, un lugar propio… una familia. Aun sin saber a ciencia cierta qué era ella exactamente (demonios, ni siquiera ella misma lo sabía), Levi había confiado en Mikasa cuando nadie más estaba dispuesto a hacerlo; y especialmente en el "incidente de la cucharilla", cuando él se había puesto de su parte, incluso enfrentándose al resto del Escuadrón.

Mikasa era consciente de que, si perdía el control y terminaba convirtiéndose en una amenaza, el encargado de matarla sería precisamente Levi; aun así, no dejaba de considerarle su defensor y un ejemplo a seguir, digno de admiración y respeto. Le debía lealtad a su Capitán y haría cualquier cosa para protegerle, del mismo modo que él la protegía a ella.

Pero por otro lado estaba Eren; especialmente estaba Eren.

Porque si se trataba de pensar en alguien que la había salvado y luego cuidado de ella durante los años más duros de su vida, después de la Caída… indudablemente Eren ocupaba un lugar privilegiado en sus pensamientos.

Era cierto que, justo el día que se conocieron, fue Mikasa quien le salvó… pero luego Eren no tardó en devolverle el favor, matando para protegerla, del mismo modo que ella había matado por él; muerte, sin piedad ni misericordia, para quienes habrían acabado con ellos (o algo todavía peor) si hubieran tenido la oportunidad.

A veces la muchacha recordaba lo que podría haber pasado, lo que esos perros ya habían hecho… y entonces se alegraba de haberles matado.

Pero matar a otra persona, arrebatarle todo lo que era y todo lo que podría haber sido, incluso en defensa propia contra un criminal… Semejante acto siempre conllevaría un precio.

Y aquel día, Mikasa no sólo había perdido una parte de sí misma, sino que también había obtenido algo a cambio: una oscuridad que iba creciendo poco a poco dentro de ella, desarrollándose como una espiral descendente hacia tinieblas cada vez más profundas… hasta que, al final, corría el riesgo de convertirse en aquello contra lo que luchaba; como un vórtice invasivo que terminaría consumiéndolo todo a su paso.

Quizás por eso le ocurrían tantas desgracias: como si la violencia atrajese más violencia… y la muerte aún más muerte; acción y reacción, causa y efecto. Pero, ¿por qué debían sufrir esas consecuencias todas las personas a su alrededor, en vez de sólo ella? Su vida estaba rodeada de destrucción desde hacía ya cinco años, cuando el Titán Colosal echó abajo el Muro; cuando vio morir a tantos de sus vecinos, aplastados por los escombros.

Cuando vio morir a su propia madre, devorada viva… ¿O acaso la mató aquel monstruo gigante al agarrarla? A veces no estaba segura; y preferiría olvidarlo, pero esas imágenes se habían quedado grabadas a fuego en su memoria.

Fuego… como el que había sentido que la consumía, viendo al Titán Acorazado destruir como si nada el portón interior de Shiganshina, mientras evacuaban a los civiles en una barcaza desde la que sólo podían observan impotentes.

Mikasa verdaderamente sintió en aquel momento que la sangre de sus venas ardía tanto como las lágrimas de rabia que le quemaban las mejillas; y sin embargo habló entonces con una voz tan serena y tan fría que (luego lo reconocieron) incluso Eren y Armin se asustaron.

"No sé cómo ni cuando… pero mataré a todos los titanes. Los mataré a todos. Los buscaré, los encontraré y los destruiré."

Y verdaderamente sintió, al pronunciar aquellas palabras, que sería capaz de exterminarlos con sus propias manos.

Aún no podía saber, en aquel momento, cuánta razón tenía; y en retrospectiva, al pensar ahora en aquello, se sentía aterrada.

¿Ya habría sido entonces capaz de convertirse en… la Titán Rebelde? A veces se preguntaba, con remordimientos, si ella habría podido transformarse en Shiganshina y salvarlos a todos; aunque estaba casi segura de que no era así.

Todo aquello… toda esa fuerza, ese poder… había venido después, cuando su padre apareció con una jeringuilla y le clavó la aguja en el brazo, inyectándole algo.

"La sangre es la clave, no lo olvides," le había dicho el doctor justo antes, muy agitado. "Podrás guiarte por los recuerdos, pero no dejes que te arrebaten el control. Debes tener un propósito claro, será vital para salvarlos a todos… ¡y vengar a tu madre! No importa lo que pase, siempre estaré a tu lado. ¡Te quiero, hija mía!"

Y por más que se esforzaba, Mikasa no conseguía recordar nada más; todo había sido muy confuso, era de noche… aunque intuía que ocurrió poco después de la Caída, cuando ya les habían evacuado a Trost. El problema era que, si se empeñaba en tratar de recordar más cosas sobre esa noche, entonces empezaba a dolerle la cabeza de manera brutal; y tenía que dejarlo de inmediato, si no quería que fuese a peor, hasta el punto de terminar cayendo al suelo, como si algo explotase dentro de su cráneo.

Pero no podía evitar seguir dándole vueltas a todo aquello, mientras terminaba de prepararse dentro de su habitación, en el sótano del cuartel; con algo de retraso, por sus reflexiones.

"Maldita sea, papá… ¿Por qué tuviste que marcharte? Ni siquiera recuerdo por qué o para qué tengo este poder. ¿No podrías haberte quedado un poco más conmigo? Lo he tenido todos estos años, sin saberlo… Podría haber cambiado las cosas. ¡Podría haber marcado la diferencia, si te hubieses molestado en explicármelo bien, en vez de esfumarte y dejarnos abandonados a los tres! Si me hubiera transformado en titán nada más empezar la Batalla de Trost, se habrían salvado miles de personas… O incluso antes, ¡podría haber ayudado a toda esa gente durante la Operación Reconquista! Si hubiera tapado la brecha en Shiganshina hace cinco años, no habrían tenido que morir cientos de miles para que los demás tuviésemos algo que comer, como dice Armin… ¡Ay, papá! ¿No se supone que tenía que salvarlos a todos? ¿No es eso lo que me dijiste antes de desaparecer? ¿¡Dónde estás!?"

Pero sólo pensar en ese tema, aun sin tratar de recordar directamente lo que había pasado aquella noche, ya le producía un terrible dolor de cabeza… y era todavía peor; empezaba a sentir frío, miedo, temblores y un presentimiento muy malo.

Había una posible explicación para su amnesia: que ella olvidó lo ocurrido… porque la verdad era tan aterradora que no habría podido soportar esos recuerdos.

Al fin y al cabo, ¿no parecía rodearla siempre una espiral de muerte y destrucción, que terminaba alcanzando a quienes se acercaban a ella, por mucho que tratase de evitarlo? ¿Y si su padre también…?

Fue entonces cuando un potente grito la rescató de aquellas lúgubres reflexiones; como un relámpago en una noche oscura, rasgando la penumbra de sus pensamientos. Eso la hizo regresar con rapidez al presente, donde la esperaban otras preocupaciones más apremiantes; porque desde su habitación no podía distinguir las palabras, pero sí la voz (siempre lo haría) de quien las había pronunciado.

"¡Eren!"

Y en ese mismo instante de claridad total, lo supo con toda su alma: Eren acababa de llegar al cuartel, se había encontrado con Levi y esta vez nada le iba a impedir ajustar cuentas con el Capitán. En realidad, Mikasa lo había sabido desde el día del juicio: ya no podía seguir conteniendo la furia de su hermano, ¡el enfrentamiento era inevitable!

A la joven volvió a asaltarle la idea de que estaba en el centro de un mortífero torbellino que lo destruiría todo a su paso… y especialmente a las personas más importantes para ella.

"Levi… Eren… ¿Y si alguno de los dos…?"

Y quizás ya era demasiado tarde para escapar de aquel destino inexorable… pero Mikasa se sentía incapaz de quedarse allí quieta, temiéndose lo peor, sin intentar al menos hacer algo para cambiar las cosas. Así que terminó de prepararse a toda velocidad y salió rápidamente de su cuarto, subiendo las escaleras de dos en dos.

Se había puesto el uniforme completo, incluyendo su capa verde de legionaria y las correas del equipo de maniobras; a fuerza de costumbre, ya casi le costaba más no hacerlo, incluso se sentía un poco desnuda sin ellas. Aun así, no recogió las vainas con sus espadas ni el dispositivo principal; le habría supuesto dar un rodeo, pues se guardaban aparte, y ahora no tenía tiempo para dar explicaciones si se cruzaba con alguien por los pasillos del cuartel.

No pensó (no demasiado) en lo que diría si se encontraba con alguno de los miembros de su Escuadrón; ya se le ocurriría algo… o podría limitarse a decir la verdad, que era una emergencia. Y entonces, sin dejar de correr por las entrañas del viejo castillo, empezó a preocuparse por la forma en que ellos podrían intervenir para separar a los dos contendientes. ¿O acaso se pondrían de parte del Capitán y se echarían todos a la vez encima de Eren?

No pudo evitar ir encadenando unos temores con otros; aunque no interviniese nadie más, sólo de pensar en lo que Levi podría hacerle a Eren, o Eren a Levi… Y de nuevo se temió lo peor, incluso sin saber qué sería lo peor. Por otro lado, se suponía que Petra iba a intentar mediar entre ambos; con suerte, su presencia ayudaría a mantener la situación controlada. ¿O especialmente esa legionaria se pondría de parte de su Capitán?

Al final todas esas preocupaciones, que habían ido creciendo en su interior hasta adquirir proporciones gigantescas, terminaron quedándose en nada; al igual que las tinieblas, se disiparon en cuanto Mikasa salió al encuentro de los suaves rayos del sol naciente. Cerca de la puerta no había nadie, pero se oían unos ruidos por la zona de las mesas; los siguió y allí estaba Petra, que en algún momento había sacado tiempo para ponerse su capa, observando inmóvil y atónita…

Entonces Mikasa también lo vio.

Levi y Eren, frente a frente, estudiándose mutuamente sin hacer un solo movimiento, como estatuas; o más bien como imágenes reflejadas en un espejo, siendo imposible distinguir la original, aunque aquella impresión sólo duró un momento y enseguida dejaron de parecerse tanto. Mikasa podía apreciar las diferencias, incluso desde la distancia; los dos rivales habían ido apartándose de las mesas…

…y precisamente sobre una de esas mesas, descubrió cuatro voluminosos contenedores. La joven suspiró ya más aliviada, sabiendo que aquello no era una lucha a muerte o al menos tenía menos posibilidades de convertirse en una; debían de haberse puesto de acuerdo, esos dos idiotas, para resolver aquel asunto sin necesidad de espadas.

Mikasa fue avanzando hacia Petra, con cuidado de no asustarla por accidente, porque se la veía absorta en el combate; ciertas señales sutiles revelaban que ella era consciente de esa nueva presencia, pero en ningún momento apartó su vista (la chica tampoco) de los dos hombres que tenían enfrente.

–¿Llevan así mucho rato? –preguntó la oriental en voz baja.

–No –contestó su rubia compañera, susurrando, como si temiese perturbar aquella calma tensa.

–Quise creer que las cosas no llegarían hasta este punto –Mikasa dejó escapar otro suspiro, esta vez de resignación; en el fondo siempre había sabido que era inevitable.

–Bueno… –Petra se molestó un poco, aun sin pretenderlo su camarada; la de ojos azules parecía tomarse como algo personal el no haber impedido a tiempo aquella escena–. Cuando llegué ya habían empezado y…

Se cortó a sí misma; pero no era la pausa de quien no sabía qué más decir, sino el silencio de alguien que temía hablar demasiado. Mikasa enarcó levemente una ceja, extrañada, y observó con más atención a los dos contrincantes.

Y entonces se dio cuenta de que… Eren había recibido un golpe en la cara.

Podía ver una marca colorada extendiéndose por una de sus sienes… del mismo modo que la furia se extendía dentro de Mikasa, como un fuego ardiente en el pecho. ¿O no era sólo furia? ¿Acaso se había encendido algo más en su interior, al ver luchar así a dos hombres por ella? De repente le costaba respirar, como si de pronto hiciese más calor; casi empezó a abanicarse con la mano, pero se contuvo. En realidad, daba lo mismo: la chica seguía igual de enfadada con Eren y su Capitán, incluso un poco decepcionada con este último; sí se esperaba algo así de su hermano, pero no de Levi.

"¡Se supone que es él quien debe mantener la cabeza fría en este tipo de situaciones. Y espera un momento… ¿Es impresión mía o está sonriendo?" Aquello ya terminó de desconcertarla por completo. "¿Qué está pasando aquí? Maldita sea, a ver si nos han dado el cambiazo y ese Levi no es el auténtico… ¿Un hermano gemelo malvado? O podría ser algo todavía peor, cualquier cosa parece posible en estos tiempos tan extraños. ¿Y si por algún fenómeno antinatural la mente de Eren ha pasado al cuerpo de Levi y viceversa? ¿Acaso sería tan raro, si resulta que yo puedo transformarme en una titán de quince metros? Aunque quiero creer que hay otra explicación mucho más sencilla, lógica y racional…"

Y fue entonces cuando Levi le hizo a Eren una señal para que le atacase.

La reacción de Mikasa, y también la de Petra a su lado, fue una mezcla de incredulidad y espanto, con un poco de exasperación; la chica no sabía si gritar o llevarse la mano a la cara, de modo que al final no hizo ninguna de las dos cosas y se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos, pensando que la teoría del intercambio de consciencias parecía cada vez más plausible.

Su incredulidad y desconcierto pasaron ya al siguiente nivel, cuando vio a Eren usando una guardia sospechosamente parecida a la defensa Leonhart.

"¡Venga ya! ¿¡La técnica de Annie!? ¿No se suponía que…? ¡Pero si no se soportan! ¿O acaso son ciertos los rumores? No… Debe ser que, de tanto andar como el perro y la gata, al final Eren ha terminado aprendiendo esa técnica. O quizás ellos también entrenaban a solas. ¡O tal vez entrenaban a solas!"

No eran celos lo que sentía, por supuesto que no; pero la idea de Eren y Annie a solas, haciendo a-saber-qué-cosas juntos, resultaba sospechosa… muy sospechosa. Quizás Mikasa podría haber aceptado lo que le indicaba su sentido común: que esas dos personas (cada una en su estilo) eran muy especiales para ella, más que simples amigos; y que si la joven podía llevarse bien con cada uno por separado, entonces no era tan disparatado que luego ellos pudieran llevarse bien por su cuenta. Sin embargo, al llegar ya a este punto, la cambiante perdía la paciencia y mandaba volando de una patada todo aquel sentido común, con un argumento muy sencillo: "porque no me da la gana".

Sus reminiscencias se vieron bruscamente interrumpidas por Levi, que se lanzó de repente sobre Eren; y Mikasa sintió una terrible inquietud, porque los ataques del Capitán solían terminar bastante mal para el defensor. Entonces su hermano agarró la pierna del oficial en una presa implacable y le estampó contra el suelo, haciendo retumbar la tierra bajo sus pies. Tras un instante de temor inicial, por las consecuencias que podría tener semejante acto, la joven Yeager no pudo evitar sentirse orgullosa de esa persona tan importante para ella; tan fuerte, tan valiente, tan…

Y justo en ese momento, Levi le sacudió una patada a Eren en toda la cara; en cuanto vio la sangre caer por aquel rostro, Mikasa sintió que la suya se helaba en sus venas. Al mismo tiempo, Petra se llevó una mano a la boca, ahogando un grito, aunque al mirarla de reojo la chica creyó notar en la legionaria las mismas emociones que ella había experimentado antes: también temor, sí, pero especialmente orgullo por su Capitán; un sentimiento que, en realidad, podía compartir.

Lo cierto era que, para la muchacha, todo aquello resultaba muy confuso: un intenso remolino de emociones encontradas, que ella no sabía pudieran sentirse simultáneamente; y esas emociones se hicieron todavía más intensas, cuando Eren consiguió soltarle un puñetazo a Levi de frente, justo antes de que el oficial le hiciese lo mismo al joven Ackerman.

De nuevo esa dualidad de opuestos que se atraían; y no sólo no se cancelaban, sino que se potenciaban mutuamente… Mikasa no sabía que su corazón pudiera contener al mismo tiempo tantas emociones sin explotar. Cada vez que uno de los dos hombres golpeaba al otro, experimentaba orgullo y preocupación por ambos; alegría y dolor, por cada una de las pequeñas victorias y derrotas que compartía con ellos.

Y aunque, en lo más hondo de su ser, la chica reconocía que estaba de parte de su familia… en el fondo también sabía que la experiencia era un grado y el Capitán tenía las de ganar.

Fue justo entonces cuando Eren le atizó a Levi otro puñetazo en la cara, y otro, y…

Y de algún modo, en ese instante, el Soldado más Fuerte de la Humanidad despertó; seguía siendo él mismo, pero más de lo nunca lo había sido.

A todo esto, las dos legionarias parecían haber acordado tácitamente que no intervendrían en la pelea; como si ambas entendiesen que, siendo aquel duelo algo inevitable que tendría que resolverse tarde o temprano, era mejor permitirlo en esas circunstancias más bien propicias, pues al menos los dos hombres habían renunciado a usar sus espadas para zanjar aquella cuestión. A saber lo que terminaría pasando, si interrumpían ahora el combate; nadie podía garantizar que esos soldados no se matarían luego entre ellos, intentando librar otra vez su duelo en una situación mucho menos favorable. Por otro lado, a Mikasa no le resultaba difícil imaginarse a Eren lanzándose de nuevo sobre el Capitán, en mitad del campo de batalla, durante una de las expediciones de la Legión a través de tierra hostil.

Sin embargo, el acuerdo tácito de no intervención se puso a prueba cuando Levi despertó aquella fuerza salvaje en él. Mikasa sintió resonar algo en su interior, instintivo y primario: algo muy cercano a ese torbellino de muerte que a veces parecía extenderse a su alrededor; algo peligrosamente próximo al poder aterrador que le permitía transformarse en una gigante furiosa de quince metros.

Una fuerza bestial, que también ardía dentro de Eren… pero que ahora brillaba con mucha más intensidad en el veterano oficial; y la joven cambiante supo que, en ese estado, ya no había nada capaz de detenerle.

Levi despertó… y entonces desvió un ataque tras otro de su rival, hasta terminar metiéndole un cabezazo que le hizo sangrar otra vez y que le dolió hasta a Mikasa, quien empezó a plantearse si realmente era tan buena idea eso de "dejar que lo resuelvan entre ellos"; quizás no sólo era inevitable el combate, ¡sino también que muriese uno de los dos!

Y aquellos temores iban siendo cada vez más acuciantes, conforme el Capitán seguía atacando, implacable e incansable, como Eren en sus mejores momentos; como si aquel hombre también pudiera transformarse en un titán, adquiriendo de algún modo la potencia de una criatura de quince metros pero sin cambiar de tamaño.

Aquella impresión se confirmaba con cada nuevo golpe que recibía el muchacho: ahora un puñetazo en la garganta, luego un rodillazo en el estómago; y aun después de eso Levi no paró, incrustando los codos en la espalda del otro… y terminando con una dolorosa patada en las costillas, cuando Eren ya estaba postrado en el suelo.

Fue entonces cuando casi se le fue la cabeza a Mikasa: multitud de pensamientos surcaron a toda velocidad su mente; y parecían los de varias personas distintas a la vez.

"Ya les he dejado llegar hasta aquí… No voy a interrumpir ahora sólo porque Eren está perdiendo, sería injusto."

"¡Tanta sangre, es como el día del juicio otra vez! ¡Pero a él no, por lo que más quieras! ¡Pégame a mí, que es culpa mía por no insistirle para que se olvidara del tema!"

"¿¡Cómo te atreves a golpearle así!? Ya veremos si queda algo de ti cuando te aplaste de un pisotón… ¡ENANO DE MIERDA!"

"Ya está, me da todo igual. Voy a transformarme. ¡Acabaré con esto ahora mismo!"

Y quizás Mikasa Yeager de verdad se habría transformado, en un rapto de locura; sólo las diosas sabían lo que podría haber pasado después. Afortunadamente ocurrió algo que contuvo su mano (casi se la había llevado ya a la boca) y le impidió cometer lo que casi con toda seguridad habría sido una decisión muy mala.

Eren por fin consiguió retirarse fuera de alcance de su adversario… y volvió a ponerse en pie, a pesar de todos los golpes que había recibido, a sangre y fuego: sangre, la que cubría su rostro; fuego, el que ardía en su mirada. Por un instante, el joven Ackerman se convirtió en la viva imagen de esa grandeza de la que eran capaces todos los seres humanos: fatigado luchador incansable, imparable e implacable, levantándose una y otra vez (tantas como hiciera falta); nunca rendirse ni dejar de intentarlo.

Para Mikasa, Eren siempre sería el más valiente y el más fuerte, su roca y su apoyo; la persona con la que podía contar en momentos difíciles, alguien que estaba a su lado cuando las cosas se ponían feas. El chico que, con apenas diez años, le había hecho descubrir sus propias fuerzas, para luchar y seguir luchando aunque la derrota pareciese inevitable; porque sólo luchando había alguna posibilidad de victoria. Sentía, sabía, que era él quien le había dado siempre esas fuerzas, incluso desde antes de conocerse.

Eren siempre la había animado y sostenido para avanzar en la dirección que ella se marcó, desde la primera vez que habló con Armin sobre cómo sería ese mundo que les esperaba más allá de los Muros; un objetivo que jamás habría podido alcanzar por sí misma. Él la protegía y la cuidaba, con una atención que a veces (sólo a veces) podía resultar un poquito irritante; aunque desde luego su intención siempre había sido buena.

Mikasa sentía, sabía, que si no fuese por Eren y su aceptación incondicional (incluso de las partes que aún desconocía), ella no habría podido llegar tan lejos; sus sueños de ver el mundo exterior simplemente se habrían quedado en eso, en sueños, y el fuego que ardía en su interior habría terminado convirtiéndose en frustración y rabia, con las que jamás habría conseguido nada. Él le había ayudado a concretar sus intenciones y propósitos, su fiereza y determinación, hasta transformar todo aquello en algo que sí le permitiría realizar sus sueños, algún día.

Y en especial desde que descubrió sus poderes ocultos, Mikasa se había dado cuenta de hasta qué punto todo eso era cierto; porque si Eren no hubiese estado allí entonces, tratándola como a una persona en ese momento tan difícil e incluso dispuesto a protegerla con más fiereza todavía, aun sabiendo que ella podía transformarse en una titán de quince metros y que el resto de la Humanidad la consideraba un monstruo

Quizás eso sería lo que habría ocurrido; quizás habría terminado convirtiéndose en el monstruo que supuestamente era. Si nadie hubiese creído en ella, ¿para qué iba a esforzarse en permanecer del lado de quienes se empeñaban en tratarla como una enemiga a la que eliminar?

Eren había evitado todo eso con su intervención, incluso sin ser plenamente consciente de ello; no sólo se había enfrentado a todos los guardias que habían intentado abatirla, sino que también la había salvado de su propia oscuridad. En ese momento crítico en el que ni siquiera Mikasa creía ya en sí misma, él había seguido creyendo en ella. Fue en gran parte gracias a esa fe, que la joven cambiante consiguió aceptar aquel poder como algo propio; una habilidad con la que sería capaz de convertirse en un arma a disposición de la Humanidad, alcanzar por fin sus sueños… y también los de Eren.

Era mucho lo que le debía a esa persona tan importante para ella; y a veces se preguntaba cómo alguien así podía seguir a su lado, a pesar de todo. Entonces Mikasa recordaba, con una sonrisa, que Eren no se rendiría tan fácilmente…

Y como si el destino cruel hubiera decidido reírse de ella, fue justo en ese momento cuando al joven Ackerman le fallaron las fuerzas y terminó cayendo al suelo, echando una rodilla a tierra.

Mikasa dejó de sonreír. Era un mundo hermoso, sí; y cruel, sobre todo cruel. Las esperanzas, las ilusiones, los buenos propósitos… nunca podrían derrotar por sí solos a la dura realidad; y esa realidad era que Eren sería fuerte, pero Levi lo era más todavía. Ni toda la determinación del muchacho podía hacer nada para cambiar el hecho de que había sido derrotado; él no quería rendirse, pero su cuerpo opinaba de otra manera, saltaba a la vista incluso desde la distancia.

Y la joven Yeager tardó muy poco en darse cuenta de que Levi podría haber aprovechado para destruir a Eren… y no lo había hecho; de nuevo se planteó un sinfín de posibilidades, mientras contenía el aliento.

"¿Es que teme mi reacción? O quizás precisamente todo esto le recuerda a lo del juicio y no quiere volver a repetirlo. He ido conociéndole mejor estos días y creo que en realidad sí es ese tipo de persona. ¿O acaso pretende llevarle al límite, derrotarle de una manera mucho más cruel y completa? O tal vez le tiene planeado algo todavía peor, si el combate ya ha terminado… Casi seguro que todo empezó con Eren atacando a Levi, ¡atacando a un oficial superior! ¿Qué es lo que le espera? ¿Acaso va a castigarle aquí, delante mía, para que el mensaje quede bien claro? ¿De verdad se atreverá a hacer algo así? Y a todo esto… ¿Dónde se supone que están los demás? Ya ha pasado un buen rato, ¿cómo es que nadie más ha oído…?"

Y el soldado Eren Ackerman dejó escapar un grito que resonó con estremecedora claridad en todo el cuartel.

Un grito de impotencia, desesperación… y rabia.