Capítulo 6: Preludio a la verdad

El tintineo de gotas de lluvia golpeando los cristales era lo que inundaba la estancia en penumbra, iluminada con unas cuantas velas que pululaban por el techo. Aquella escasa claridad le permitió distinguir las ventanas de la pared de enfrente y la fría oscuridad que las seguía. También había una cama vacía con sábanas blancas y dos cortinas del mismo color a ambos lados, igual que a su derecha e izquierda. Podía ver sus piernas tapadas por mantas blancas. Y sentía los párpados. Tan pesados como plomo.

Levantó las manos pesadamente y las puso frente a sus ojos. Tan blancas como las sábanas. Intentó incorporarse, pero en cuanto hizo amago de despegar la cabeza de la almohada se mareó y volvió a relajarse.

Oyó pasos acercándose, y se dio cuenta de que no era el único que estaba en la enfermería de Hogwarts.


-Tienen cinco minutos. Necesita descanso. Y, por favor, ni se les pase por la cabeza levantar el tono de voz. Hay otro paciente que necesita tranquilidad.

Una voz femenina pronunció estas palabras con tono duro y agotado, como si estuviese harta de decirlo todos los días de su vida. Esto despertó a Abygael, tan confundida, que se quedó con los ojos muy abiertos e incapaz de producir cualquier sonido.

-Sí, sí, sí. No se preocupe.

Primero apareció una chica pálida con el pelo del color de las plumas del fénix. Sonrió al ver a su amiga contemplando su pequeño mundo desde el camastro. Después Aby pudo ver a otra chica, esta vez rubia, que de tener un aspecto preocupado pasó a una fresca carcajada y a lanzarse encima de ella. A abrazarla como podía.

-¡Ya estás bien! Ya… ya te has recuperado. –desde la posición de saco de boxeo de Aby se diría que Eleonor lloraba, o al menos sollozaba. Ella nunca lo admitiría.

-Qué bien que hayas despertado. –Lily se llevó una mano a la boca, con ojos húmedos.

Abygael no cabía en sí de asombro. Sus compañeras tan preocupadas por ella… hacía que se estremeciese por dentro de cariño hacia aquellas muchachas.

-¿Cómo te encuentras? La señora Pomfrey dijo que fue un golpe muy fuerte y que podría haber sido más grave de lo que es en realidad. –Lily cogía su mano con fuerza.

-No sé cómo me encuentro, la verdad. Ni siquiera sé porqué estoy… -en cuanto intentó pensar, se dio cuenta de que tenía un malestar constante en su nuca. Pero lo peor fue que, tan velozmente que incluso le dio miedo, recordó los sucesos de la otra noche. ¿Cuánto hacía que dormía? Daba igual. La bestia… la bestia no la había matado… la podría haber despedazado, y ni siquiera la había rozado. ¿O sí?

Levantó las sábanas, las mantas… todo, y se observó con ansiedad. Alzó incluso su camisón esperando ver vestigios de un ataque. Sangre, gasas… tal vez un miembro menos. No vio nada. Ni un solo rasguño.

Leo y Lily le hablaban, pero ella no las escuchaba. Acababa de ser sacudida por un dolor agudo en la nuca que duró apenas unos segundos. Seguramente donde se había dado el golpe. Después todo se quedó a oscuras de nuevo.

-Esto pasa por no tener controlados a los alumnos. ¡Si me dejaran a mí poner las normas no sucederían estas cosas!

-Pero, madame Pomfrey…

-¡Nada de peros! Vosotras, señoritas, se irán a la cama y, si mañana lo considero oportuno, podrán venir. Mira que no decirme que la paciente había despertado… ¡Eso se merecería quitar unos cuantos puntos a Gryffindor!

-¡Mire, madame Pomfrey!

Abygael vio a Eleonor señalarla con el dedo índice.

-¡Oh, por Merlín! ¡Qué susto me ha dado, Saphrax! Con una contusión así en la cabeza. ¡Y ahora se me vuelve a desmayar! Que sepa que sus compañeras son unas inconscientes por no avisarme. Ya es raro que despierte a los dos días de haber recibido el golpe…

-¿Dos días? –Aby interrumpió a la fogosa Pomfrey con voz ronca.

-Al menos veo que sus facultades no han sufrido daños. Necesita descansar. Y para eso es necesario que se vayan a dormir –miró con dureza a Lily y a Leo-. A estas alturas es raro que no hayan despertado al señor Lupin. En un minuto las quiero fuera.

-Sí, señora –Lily la vio marchar-. No sabía que Lupin estaba en la enfermería –susurró a sus dos acompañantes.

-Yo le vi cuando entramos –Dijo Eleonor-. Tenía un aspecto siniestro. Bueno no, más bien parecía que se iba a romper en cualquier momento. Estaba tan pálido… ¡y lleno de heridas en la cara! Parecía más muerto que vivo.

Abygael no estaba por la labor de pensar en Lupin. Le preocupaba el escurridizo tiempo. Dos días y ella ni siquiera se había dado cuenta. Entonces… era sábado. El día de los enamorados, San Valentín.

-Leo –a la llamada de la morena, Eleonor prestó atención- ¿No deberías de estar ahora con Sirius?

-¿Qué? ¿Bromeas? Una de mis mejores amigas casi se parte la cabeza, ¿y tendría que estar con él?

-Sssh, no levantes la voz, Eleonor –advirtió Lily.

-Bueno, hoy es San Valentín, ¿no? –susurró Aby.

-¿Y qué? Estaba preocupada por ti.

-Ambas lo estábamos –rectificó Lily-. No nos hemos separado apenas de ti desde que nos enteramos por madame Pomfrey.

-No sé cómo agradeceros esto pero no hacía falta tanto… -Abygael se quedó pensativa un momento. Tenía que preguntárselo- ¿Podríais explicarme cómo he llegado hasta aquí?

-¿A qué te refieres?... ¡Oh, no! ¡Tiene amnesia! –se lamentó la rubia con dramatismo.

-No, no. Es que lo último que recuerdo… es que no estaba aquí…

-Bueno, eso te lo explicaremos mañana. Ahora necesitas recuperar fuerzas –dijo Leo.

-Pues yo no me puedo sacar de la cabeza lo de Lupin. ¿Qué le habrá pasado al pobre Remus? –Lily parecía muy preocupada- Será mejor que nos vayamos. Leo tiene razón, debemos dejarte descansar. A ti y a él –se inclinó sobre Abygael y le dio un beso en la mejilla izquierda- Hasta mañana.

-Sí, intenta dormir, ¿eh? Que mañana volvemos –Leo le dio otro beso en la mejilla derecha-. ¡Adiós!

-Buenas noches. –Aby se despidió de ellas.

Luego se detuvo a pensar. No sabía cómo había llegado a la enfermería dos días atrás y casi no podía esperar al día siguiente. ¿La habría encontrado algún profesor? Y si era así, ¿por qué no la habían castigado por estar tan cerca del Bosque Prohibido a altas horas de la noche? ¿Por qué sus amigas no habían dicho nada al respecto antes de que ella les preguntase? Demasiadas preguntas sin respuesta venían detrás de éstas. De hecho, lo último que recordaba eran esos ojos amarillos reflejando la luna llena, pero eso no se lo iba a contar a nadie por el momento. Se estremeció entera. Después se había despertado en la cama. Seguramente se desmayó y se golpeó contra el suelo. O contra alguna roca. Dio gracias porque los daños no hubiesen sido mayores y porque aquel monstruo no la hubiese tocado. Se prometió a sí misma que cuando despertase de su próximo sueño haría las preguntas necesarias a las personas necesarias.

Cuando ya estaba envuelta en un agradable sopor, se formó en su cabeza, por fin, la cuestión más importante de todas: ¿Qué hacía Remus Lupin en la enfermería?