Máscaras.

Disclamer: Ni Hetalia ni Latín Hetalia me pertenecen. Lo único mío es Leo –México 2p – y la trama de esta historia.

Mismo universo alterno que "Realidad" y cronológicamente colocado antes que "Envidia" y "Objetivo".


Martín suspiro mientras miraba dormir a Leo y rezaba porque el amanecer se retrasara lo más posible, no sabía si las flechas de Eros tendrían efectos secundarios una vez pasado el efecto pero veía muy difícil separarse del norteño. Leo, en esas horas que habían pasado juntos, se había abierto mucho con él y viceversa antes de empezar a hacerse cosquillas y que el mexicano se quedara profundamente dormido en la cama.

El argentino abrazó a su compañero con delicadeza, dándose un momento para fantasear, para negarse una y otra vez a sí mismo (por más estúpido que fuera) que el mayor no lo abandonaría al salir el sol. Que el chico sensible y dulce con el que había hablado y convivido por más de seis horas se iría para siempre para dar paso a un frío y calculador narcotraficante de droga, de armas y quien sabe que más.

Pensar que Leo intimaría con alguien que no fuera él (aunque fuera por obligación y él posiblemente ya no lo amara luego de aquel día) le causaba una rabia insoportable que le hacía hervir la sangre hasta el punto de casi convertirla en lava hirviendo.

Ninguno de aquellos hombres, mujeres o lo que fueran merecía tocar de esa forma a Leo; para el sudamericano aquellas personas no era más que un montón de degenerados.

Podría convencer a Leo de quedarse si no fuera por dos problemas: Los asuntos pendientes del mayor en la zona negativa y que estuviera enamorado de Alejandro como loco, pese a jurar y perjurar que el amor no era más que un cuento para niños.

El único consuelo que le quedaba (si es que tenía alguno) era que Leo y él se habían mostrado tal cual eran el uno al otro, dejando las máscaras de lado (la mordacidad en el caso de y su sonrisa sempiterna en el suyo) para hacerse compañía y darse algo de cariño en esa fecha tan especial para algunos y tan sinsabores para otros como lo era el día del amor.

Martín miro el firmamento, que empezaba a teñirse con los colores del alba, abrazó con más firmeza a Leo y rezo a quienquiera que estuviese allá arriba poder que Leo y él pudieran estar sin máscaras un rato más.

-Un palabra (o frase), historias cortas ArgMéx