Temores de superhéroe
El tren de Tokio a Takaoka partía el viento con un zumbido. De las cuatro horas de viaje, solo faltaban dos y de las ocho estudiantes de Nanamori, siete no paraban de comentar la terrible batalla que presenciaron. Desde un principio conocían el riesgo que conllevaba visitar la capital del país, acosada por una peligrosa pandilla; sin embargo, no creyeron posible una coincidencia semejante. Aun con una escasa probabilidad, atestiguaron el enfrentamiento entre uno de los líderes de Onishima y Super Tomato Commando, que resultó en una terrible pelea para la superheroína, pues la fuerza descomunal del cabecilla criminal solo generó una pregunta en todos: ¿qué tan poderosos serían los otros miembros de la Alianza Onishima?
Tras el enfrentamiento, las chicas se reunieron y al notar que faltaban dos, las buscaron por los alrededores. No tardaron mucho en encontrarlas. Akari, Kyoko y su pila de mangas estaban en un café temático al cual entraron después del aterrador espectáculo. Cuando Chinatsu preguntó en donde habían estado durante el enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal, la rubia dijo que siempre estuvieron cerca de la acción, pero los poderes de antipresencia de Akari funcionaron como camuflaje. De no ser porque dicha peculiaridad de la pelirroja era cierta (y en más de una ocasión afectó a sus amigas), nadie hubiese creído semejante excusa. Aun así, había algo en Kyoko que no le encajaba a Yui. ¿Por qué daba la impresión de estar agotada? Tantos años a su lado le habían enseñado que su mejor amiga era una persona con una energía casi ilimitada, a la cual solo un salón de clases podía ponerla a dormir. Durante el viaje en tren esperaba que aquella y Sakurako charlaran sin parar sobre lo ocurrido; sin embargo, apenas Kyoko ocupó su asiento entre ella y Ayano, se quedó profundamente dormida. También le pareció extraño el caminar adolorido que le notó de camino a la estación, aunque bien pudo provocarlo una mala caída durante los arrebatos de pánico de la ciudadanía.
—Parece que cargar tantas cosas agotó a Toshino-san, ha dormido todo el camino —dijo Chitose sin poder levantar la mirada. Hacia unas horas sufrió una hemorragia nasal al ver como Kyoko se acurrucaba en el hombro de Ayano.
—Eso raro en Kyoko-senpai. Seguramente no durmió anoche por ver anime —comentó Chinatsu restándole importancia.
—Pero Toshino-senpai trabaja en su propio manga ¿verdad? —señaló Himawari. En sus manos cargaba una pequeña bolsa de caramelos inspirados en Super Tomato Commando. Obviamente eran de Sakurako, pero se los arrebató para evitar que se los comiera todos antes de llegar a casa—. Tal vez por eso durmió hasta tarde.
—Yo quería platicar con ella sobre la pelea de Super Tomato Commando —rezongó Sakurako sin apartar la mirada de su celular—. ¡Miren que fotografías pude tomar! Justo cuando golpeaba al malo.
—¡Asombroso! —dijo Akari admirada. Tenía que disimular la preocupación que sintió por Kyoko en esos momentos—. Que buena fotografía.
—¡Y pude tomar muchas más! Aunque borraré algunas.
De pronto el semblante de Sakurako se ensombreció. Todas conocían su gran admiración por Super Tomato Commando y los dulces que compró en Akihabara solo eran una muestra más. Pero ver a su ídolo en semejantes aprietos fue un duro golpe. Aquella heroína que frustró un asalto del que Sakurako fue testigo y después la rescató del derrumbe de un edificio, había sido apaleada por un criminal frente a sus ojos. Las demás no podrían comprenderla, ni Himawari; para ella, la existencia de Super Tomato Commando era la realización de aquellas historias que desde niña había leído. Desde entonces había soñado conocer a un auténtico superhéroe, una persona que le hiciera creer en los imposibles en medio de un mundo frio que le ordenaba renunciar a los imposibles. Su dolor, aunque diferente al de Akari y Ayano, fue igual de profundo.
—¿Creen que sea seguro asistir a la Comiket? —preguntó Yui.
Ninguna quería responder y, por suerte, Kyoko no escuchó o hubiese estallado en furia. Con los acontecimientos de ese día, los ánimos de participar decayeron. Ninguna de ellas quería presenciar semejante acontecimiento otra vez.
—¡No digan tonterías! —exclamó Sakurako dando un salto desde su asiento. En sus ojos podía verse un brillo de esperanza—. Estoy segura que Super Tomato Commando detendrá a Onishima si se atreven a atacar la Comiket. No se rendirá ante esa banda de criminales.
—No lo sé… recibió una golpes horribles de ese hombre y por momentos solo hacia comentarios sin sentido… —Chinatsu meditó un segundo. Lentamente miró a Kyoko, aun dormida sobre el hombro de Yui. Desde un principio había algo que le parecía familiar en la heroína escarlata.
—¡Super Tomato lo sabe! La próxima vez que se vean será muy diferente —insistía Sakurako con gritos de fanática—. Volverá más fuerte.
Himawari la miró con cierta tristeza. Aunque en el fondo también sentía una gran admiración por la misteriosa heroína de Nanamori y le estaba sumamente agradecida por salvar su vida, veía casi imposible que esta pudiera derrotar a toda la pandilla. Si aquel musculoso imparable era el número 4 de la organización, ¿qué podía esperarse del resto? Sin embargo, tampoco quería acabar con las ilusiones de Sakurako. Sí, era una escandalosa y más cuando se trataba de Super Tomato, pero le gustaba verla tan sonriente desde su aparición en aquella tienda y agradecía el pequeño cambio en la actitud de la semirubia desde que fueron rescatadas durante el ataque a la escuela.
El teléfono de Ayano sonó. Lo tomó de inmediato y cubrió la bocina con sus dedos para no despertar a Kyoko. Se levantó de inmediato y antes de responder miró el número que le llamaba. El nombre Nishigaki-sensei apareció escrito en la pantalla acompañado por un matraz lleno de un líquido amarillento. Respondió la llamada pero no dijo nada hasta llegar al otro lado del vagón. Por suerte, la charla o mejor dicho, los gritos de Sakurako, ocultaban sus palabras.
—¿Sensei?
—¿Cómo está Kyoko? ¿Se ve herida? He tratado de contactarla pero no responde —las palabras de su maestra entraron por su oído y bajaron hasta su corazón, oprimiéndolo con fuerza.
—Parece estar bien. Se quedó dormida poco después de subir al tren —hizo una pausa. Con cuidado miró sobre su hombro solo para comprobar que nadie le prestaba atencion—. ¿Qué fue eso? Ese tipo estuvo a punto de… de…
—Lo sé. Rise y yo seguimos espantadas por su poder. No queremos ni imaginar cómo será el resto de la pandilla.
—¿Cómo es posible que tenga tanta fuerza? No creí que existieran ese tipo de… de… superhombres.
—Onishima guarda más secretos de los que pensábamos. Detrás de ellos debe estar alguien, una mente científica.
—¿Cree que… será ella?
—Es el único nombre que me viene a la mente, pero no debemos apresurarnos, existen tantos proyectos secretos y grupos criminales. Las opciones son bastantes —se hizo una larga pausa. Las dos temblaron solo con imaginar el rostro de la única sospechosa. De ser cierto, Onishima significaba un gran peligro para ellas. Tras aclararse la garganta, Nana agregó—: ¿Dónde dormirán esta noche?
—Nos quedaremos en el departamento de Funami-san, es el más cercano a la estación. Como los trenes se retrasaron, llegaremos muy tarde a Takaoka.
—Perfecto. En la mañana iré a recoger el traje. Debo examinarlo y repararlo cuanto antes. Y por favor… tengan cuidado.
Tras colgar, las manos de Ayano no dejaban de temblar. ¿En verdad sería ella la responsable del temible poder de Onishima? De ser así, la pandilla iría tras ellas solo para llegar hasta Kyoko y… ¿y luego qué? Se sintió mareada de pronto, abrumada por sus propios pensamientos. También era posible que aquella mujer no estuviese relacionada con ellos, y aunque era una idea igual de terrible, le tranquilizaba. Llegó a tropezones hasta sus amigas, ocupo de nuevo su asiento y ocultó las manos. No podía dejar que la vieran con miedo. Lo único que debía importarle era llegar a su ciudad.
—Ayano-chan, ¿pasó algo? —preguntó Chitose con preocupación al notar el pálido semblante de su amiga—. Te vez algo inquieta.
—E-estoy bien —mintió.
—¿Segura? Creo que te falta algo de color —insistió su mejor amiga.
—Sí, solo me abrumé un poco por hablar con mi madre. Seguía algo asustada por el incidente de Akihabara.
—La entiendo senpai —dijo Chinatsu tomando su celular—. A mí no dejan de mandarme mensajes.
—Mi hermana tampoco ha dejado de llamarme —agregó Akari—. En cuanto se enteró…
—¡Miren! ¡Están hablando de Super Tomato en las noticitas! —intervino Sakurako saltando de la emoción.
La noticia era nacional y pronto inundaría las pantallas del mundo. No solo las alumnas de Nanamori hablaban del enfrentamiento; las redes sociales niponas se llenaron de fotografías, videos, testimonios y opiniones sobre lo ocurrido. En los monitores del vagón se mostraban las imágenes de la pelea entre Kyoko y Handou, pero al finalizar la crónica de los hechos, el enfoque fue diferente y se centraron en las reacciones de los habitantes de Tokio. Muchos agradecían la presencia de Super Tomato en Akiharaba, incluso estaban conformes con la promesa del misterioso número 3 de Onishima. El tiempo diría si la cumplió. Pero la gran mayoría del pueblo japonés comenzó a desconfiar; la evidencia estaba ante sus ojos, la admirada superheroína no fue suficiente para detener al poderoso criminal. Solo una batalla bastó para que su credibilidad cayera en picada. La gente cuestionó la efectividad de la heroína roja. Se sentían inseguros, confundidos, los sorprendió por completo la paliza que recibió y, si ella no podía afrontar a tales rivales, ¿quién lo haría? La pelea no había terminado, solo fue suspendida por un teniente criminal de rango mayor a Handou. Sakurako, tras escuchar aquel reportaje, estalló en un sonoro berrinche el cual fue callado de inmediato por Himawari para que Toshino-senpai no se despertara. Ninguna sabía que Kyoko estaba despierta desde hacía un rato y había escuchado casa palabra del noticiero.
"¿Podré con esto?" pensó. Aun le dolía la espalda después de la paliza recibida. Nada en el mundo la obligaría a verse en un espejo; estaba segura que todo su cuerpo estaba lleno de magulladuras moradas, mismas que le dolerían como los mil demonios a la mañana siguiente. Durante el combate sintió miedo cada vez que los puños de Handou se acercaban a ella; Nana no le daba instrucciones o consejos, solo gritó preocupada su nombre hasta el cansancio y la gente a su alrededor… se movió un poco y se acomodó en el hombro de Yui para volver a dormir.
Yui nunca había albergado a tantas personas en su pequeño departamento. Sus tres amigas y ella podían acomodarse a la perfección, pero con ocho adolescentes la cosa cambiaba. Aunque un poco apretadas, lograron acomodarse en el suelo y pasaron la noche de una manera increíblemente tranquila, contraria a la tarde que tuvieron en Tokio. La excursión las dejó agotadas y apenas tuvieron la oportunidad se quedaron dormidas, claro, Akari fue la primera en caer. A las cinco de la mañana, aun con el sol escondido en el horizonte, una de las jóvenes de Nanamori había despertado y a la luz de su celular garabateaba sobre una pequeña libreta de dibujo que fácilmente cabe debajo de una almohada. Kyoko tenía que acabar su manga y solo le restaban tres semanas para la Comiket. Aunque esa era su prioridad, en su cabeza se mezclaban la idea para la historia y su enfrentamiento con Onishima. Su lápiz iba y venía en total silencio, con trazos delgados que no maltratasen el papel. Se detuvo de pronto a contemplar los rostros en la libreta. Eran los dos tenientes de Onishima: el rostro de eterno enojo de Handou la miraba a los ojos, contrario a la serenidad mostrada por el misterioso motociclista. ¿Qué tan poderoso sería ese chico? La lógica indicaba que era más fuerte que Handou. Miró sus manos temblorosas, recordando la cercana sensación de la muerte. Tenía miedo pero debía ser valiente por todos.
—Mirakurun… que vida tan difícil tienes —murmuró con un puchero—. ¿Esto es lo que tu autora nunca menciona? Siempre creí que era más sencillo —suspiró. Con delicadeza se levantó y caminó en puntillas hasta la mesa que usaba para dibujar. Sin pensarlo mucho, tomó sus instrumentos de trabajo y comenzó a bocetar—. Yo quería una vida como en Mirakurun, algo más feliz. Y de pronto esto se volvió como Madoka Magica o Mahou Shoujo Site. ¿Por qué tenían que aparecer esos tipos?
El sol iluminó el cielo, tan tranquilo e inmutable, ajeno a los problemas de la tierra. Kyoko había separado su traje de tomate del resto de su pertenencias y lo metió en una bolsa de plástico que no levantaría sospechas. Solo esperaba la llegada de Nana y, en verdad, deseaba que solo tomara el paquete y se fuera. No le apetecía hablar de lo ocurrido, aunque debería hacerlo en algún momento. Solo quería dibujar, refugiarse en la vida normal que había tenido antes de convertirse en Super Tomato Commando. Las páginas terminadas se acumulaban sobre la mesa, continuando la historia en la cual trabajó durante los últimos meses. No pensó mucho en cómo seguir las viñetas, parecían dibujarse solas a partir de su última experiencia. En el último panel había dos rostros definidos y al fondo otro par de siluetas. Los cuatro personajes rodeaban a una derrotada Rum Raisin Queen, quien arrodillada se preguntaba lo mismo que Kyoko: ¿podré con esto?
—Claro que podremos —exclamó Kyoko recuperando su sonrisa confiada—. Sensei reparará el traje y lo hará más fuerte. Todo héroe recibe un power up después de ser apaleado por el malo. ¡Y esta no será la excepción!
Se llevó las manos a la boca en el acto. Miró con cuidado a sus amigas y comprobó que todas seguían dormidas. Ahora debía buscar la manera de matar el tiempo hasta que despertaran. Tomó otras hojas y siguió con sus bocetos, escribió unas líneas para un futuro guion y por último se tumbó en el suelo mientras jugaba con el celular. Minutos después de las ocho recibió un mensaje de Nana en el cual le pedía tener listo el traje para ella. Se levantó del suelo y tomó la bolsa. Con todo el silencio posible abrió la puerta y esperó por su mentora afuera del departamento. Al poco rato apareció la mujer de cabello cenizo y brillantes ojos rojos; se miraron un momento y sin darle oportunidad de reaccionar, Nana abrazó a Kyoko con fuerza.
—Se-sensei
—Perdón por meterte en estos problemas Kyoko —dijo Nishigaki conteniendo el llanto—. Entré en pánico al ver la fuerza de ese gigantón…
—Entiendo pero… au… me duele todo, sensei.
—Oh, perdón —la soltó en el acto—. ¿No te lastimé?
—No más que el bruto de Handou. Solo son unos golpes —sonrió para tranquilizarla—. Estaré bien en unos días. Aunque… creo que el traje quedó muy dañado.
—Lo revisare de inmediato y haré las modificaciones que sean necesarias. Antes de que lo olvide —abrió la mochila que cargaba y sacó un paquete que contenía otra "pijama" de tomate—. Un repuesto, en caso de una emergencia no te encontrarán desarmada.
—Genial. Gracias sensei.
Nana la contemplaba en silencio. Estaba admirada de la fuerza de Kyoko; después de sufrir semejante paliza estaba de pie frente a ella, llena de confianza y sonriente como siempre. No esperaba semejante actitud de una joven de esa edad. Tal vez que encontrara el traje fue una coincidencia que al inicio le pareció un desafortunado accidente, pero este momento o su decisión de rescatar a Ayano cuando fue secuestrada por Takashita le demostraban a la científica que Kyoko era la persona adecuada para portar el traje.
—Kyoko, trabajare lo más rápido posible. Tú dedícate a descansar, lo tienes bien merecido.
—Sí. Oh, por cierto… ¿podrá encontrar algo sobre Onishima ahora que sabemos el nombre de uno de sus miembros?
—Tenemos su nombre y los rostros de dos líderes. Le pediré a Rise que investigue en los archivos de la policía. Deben tener algo sobre ellos.
—¡No los dejaremos escapar tan fácil! Mañana podríamos planear…
—No, nada de mañana —le interrumpió Nana—. Es importante que te recuperes. Te llamaré cuando tengamos información sobre ellos.
Se despidieron y Nana desapareció en el pasillo del edificio. En cuanto dejó de verla, Kyoko exhaló desde lo más profundo de su ser y volvió al interior del departamento. Tampoco quería preocupar a Nishigaki aunque estuviera aterrada de solo recordar a Onishima. Pero aun así se mantenía optimista, si alguien podía encontrar la forma de neutralizar la fuerza de esos delincuentes, esa era su admirada maestra. De puntitas regresó hasta la mesa donde estaba la pila de hojas recién dibujadas y las releyó. Sin pensarlo le dio un giro a la historia de Rum Raisin Queen; después de un día de diversión con su mejor amiga y posible interés amoroso, apareció un villano muy poderoso al cual la maho shojo no pudo derrotar. Era el toque que el faltaba, un nuevo enemigo que revelaba un plan más elaborado para evitar que Rum Raisin Queen volviera a su reino. ¡Los cuatro demonios a derrotar se revelaban! No eran más que los esbirros del verdadero villano, pero le gustó la idea de agregar "subjefes" a la historia. Estaba entretenida en su propia historia cuando Yui, aun somnolienta, le llamó.
—¿Kyoko? ¿Qué haces despierta?
—Yui —la miró fingiendo sorpresa. En el acto se levantó y le enseñó las páginas del manga—. ¡Ya hice el final del tomo 1!
Por fin llegó el capítulo 7! La espera fue mas larga debido a mis varias responsabilidades. A lo largo de las tres semanas le agregaba cosas o le quitaba. Había escrito una nota periodística, luego el reportaje que menciono y al final los borré. Fue difícil bajar el ritmo de narración, pero vamos, no todo pueden ser golpes y patadas, hay que desarrollar otras cosas.
Veo que después del conocer el poder de Handou han pensado que Kyoko no podría sola contra la temible Alianza Onishima. Puedo anticiparles que en efecto, Kyoko no estará sola en el campo de batalla y recibirá ayuda más adelante. Así que les pregunto: ¿quien o quienes harán equipo con Super Tomato Commando para enfrentar a estos peligroso pandilleros?
Nos leemos luego!
