Disclaimer: Inuyasha y todos sus personajes originales son propiedad de su autora Rumiko Takahashi, los tomo prestados para medios recreativos sin fines de lucro.
Safe Haven
Por: Hoshi no Negai
7. Amistades y enemigos
La semana siguiente, cuando las personas comenzaban a despertar del sopor de las vacaciones de invierno y regresaban lentamente a sus actividades, las idas y vueltas de Sesshomaru por aquel parque restablecieron su curso normal. Casi siempre se encontraba a la chica, a Rin, paseando a su perro si era muy temprano o yendo a trabajar si era un poco más tarde. Era tan habitual verla en ese parque que a veces se preguntaba si vivía ahí.
La muchacha no dio indicios de recordar que le había devuelto su chaqueta ni que habían tenido un encuentro tan incómodo, y él también mantenía esa misma actitud. Sabía que debía tener paciencia si quería llegar al fondo del asunto, y si se precipitaba podía mandarlo todo al infierno.
Pero no sólo era porque necesitaba saber lo que había pasado aquel día años atrás, sino también porque se dio cuenta de que, aunque no lo reconociera, le preocupaba ligeramente lo que pasaba con ella. Y no sabía realmente por qué, si a duras penas podía decir que la conocía. Debía ser la costumbre de verla casi todas las mañanas, de escucharla desearle los buenos días y dedicarle una tímida sonrisa, sumado a cómo la había conocido la primera vez lo que impulsaba su pequeña inquietud, pero no estaba demasiado seguro.
Por lo general, si no era alguien del que pudiera conseguir algo importante, Sesshomaru no le prestaba más atención de la que le prestaría a una mosca.
En ese momento, por ejemplo, cuando iba regresando de la cafetería, se la encontró lejos del camino de adoquines, bajo la sombra de un árbol. Era demasiado temprano como para que estuviera de camino a la clínica, por lo que aprovechaba el tiempo en jugar con su pastor alemán. La chica le acariciaba la cabeza cariñosamente mientras le dedicaba una triste sonrisa. No se la veía contenta como en otras ocasiones, sino más bien melancólica y distraída. Quizás creyendo que no había nadie que pudiera verla, abrazó al perro temblorosamente, y cuando lo soltó, se limpió el rostro de un manotazo.
Optando por no interrumpirla, Sesshomaru dobló el camino para no encontrársela de frente.
Fuera lo que fuera que le pasara, tenía que ser algo bastante malo.
Y eso, en su fuero interno, le preocupaba.
…
Estaba algo distraída aquella mañana. Era una de esas ocasiones en las que simplemente se sentía desconectada y ligeramente perdida a lo que pasaba a su alrededor. Era el primer día laboral del año, y había llegado un poco más temprano de lo habitual para hacer una limpieza profunda luego de más de una semana sin que nadie pisara aquel lugar.
Por suerte el polvo parecía haberse negado a salir durante las vacaciones, y no tuvo mucho que hacer hasta que la psicóloga llegara. Como tenía al menos diez minutos de sobra, sacó el teléfono celular y revisó sus correos electrónicos que no había visto desde hacía algunos días.
Se entretuvo leyendo el mensaje de Makoto, quien le adjuntó varias fotografías de la pequeña Kanna en sus atuendos navideños y al lado de sus obsequios bajo el arbolito decorado. No parecía entender mucho lo que pasaba, pues carecía de una emoción que la delatara, pero se la veía sana y tranquila, justo como cualquier niño debería estar. Rin sonrió al ver la imagen de la niña recibiendo el elefante de felpa que le había enviado, sus ojos negros abiertos a su máxima capacidad le indicaban lo mucho que le gustaba aquel regalo.
Sus otros amigos también mandaron algunas fotografías de sí mismos en diferentes celebraciones ―Rin sintió ganas de reír al ver a Rika mostrándole a la cámara un bonito vestido rojo que nunca pudo llegar a lucir gracias al terrible aguacero con granizo que arruinó su noche―, y toda la nostalgia la golpeó una vez más. A ella le habría encantado acompañarlos.
―¡Buenos días, Rin! ―saludó alegremente la doctora cuando arribó al consultorio―. Regresamos a la rutina después de todo. ¿Qué tal el fin de semana?
―Bastante tranquilo en comparación a los otros días ―respondió ella, mostrándole la agenda del día.
―Vaya, no está tan ocupado como pensaba ―comentó Kagome, alzando las cejas―. Supongo que algunos no habrán regresado de las vacaciones todavía.
La mujer soltó un suspiro y entró a su despacho mientras se descolgaba su gran bolso del hombro y aflojaba el nudo de su bufanda.
―Oye, Rin, dime, ¿decidiste tomar las clases al final?
―Sí, creo que es una buena idea. Aunque no quisiera faltarle por las mañanas.
―No seas tonta, no pasa nada. Recuerda que es casi imposible que Isao llegue a faltar a estas horas, su horario ya se normalizará a partir de febrero ―sonrió al asomarse a la salita de espera donde estaba Rin. Ya no llevaba ni la bufanda ni el abrigo. Cuando la muchacha se fijó de nuevo, le dio la impresión de que la psicóloga quería decirle algo, pero se arrepintió al último momento pues cerró la boca rápidamente.
―¿Sucede algo?
―No, qué va ―sacudió la mano con despreocupación y se asomó por la puerta de vidrio―, es más bien una tontería.
―Si fuera una tontería no le preocuparía ―observó certeramente Rin. La doctora se giró para verla.
―No es que me preocupe exactamente. Es… bueno, en realidad sí es algo tonto. Estoy un poco preocupada desde que Inuyasha consiguió su nuevo empleo. Trabaja día y noche, o se la pasa pegado al teléfono discutiendo con compañeros, e incluso cuando estamos en casa revisa su computadora a cada rato para ver cómo está todo.
―Vaya, parece muy comprometido. ¿En qué trabaja?
―Es programador de videojuegos ―respondió con una cabezada. Rin casi soltó una risita, porque no sabía si el tono de su jefa era completamente serio o resignado―. Por ahora está en periodo de prueba en una gran compañía en la que siempre quiso trabajar, y se está matando presentando proyecto tras proyecto para asegurar su estadía. Me da pánico que se obsesione tanto que al final termine convirtiéndose en su hermano Sesshomaru ―Rin enfocó toda su atención en Kagome en cuanto salió aquel nombre, y eso a ella no se le pasó desapercibido―. Me alegra tanto que haya conseguido esta oportunidad, y sé de antemano que tiene suficiente talento y dedicación como para conseguir el puesto, pero se vuelca tanto en él que me preocupa que se enferme. No lo he visto trabajar tan duro ni siquiera en su trabajo final de grado.
Rin, que parecía un poco desenfocada, no se percató de la mirada suspicaz que le lanzó la otra. Tal vez dándose cuenta de que su actitud era un poco rara, la joven carraspeó silenciosamente.
―Bueno… no creo que le pueda decir nada que ya no sepa, doctora. Si siempre ha soñado con llegar hasta esa compañía me parece normal que dé lo mejor de sí.
―Lo sé, y lo entiendo… pero si durmiera un poco más o no actuara tan extraño… ―suspiró―. Lamento comentarte este tipo de cosas, es que hace relativamente poco leí en el periódico que encontraron muerto a un empleado de otro estudio de videojuegos en su cubículo por sobrecargarse de trabajo. Sólo estoy un poquito paranoica.
―Uh… sí, ya veo ―la joven hizo una mueca, comprendiendo entonces la verdadera cuestión del asunto―. No se mortifique. De seguro que cuando le dejen el puesto fijo todo volverá a la normalidad ―le sonrió para tratar de disipar sus ánimos―. Por cierto, ¿qué compañía es ésa?
―Capcom.
Rin abrió los ojos como platos al reconocer el nombre. Japón tenía tantos estudios de animación y de programación de juegos de video que era casi imposible nombrarlos a todos. Pero Capcom no era una empresa cualquiera, tanto era así que hasta ella, sin demasiada experiencia en juegos, podía nombrar de memoria varios de sus títulos más famosos.
―Wow. Sí, ése sí que es un buen sueño. Le deseo mucha suerte a su novio ―comentó muy sorprendida. Kagome sonrió con complicidad, sintiéndose un poco mejor. Cuando revelaba que Inuyasha había conseguido una oportunidad en ese lugar, todo el mundo hacía la misma expresión de perplejidad. Quizás sólo estaba exagerando y en realidad estuviera algo intrigada por la extraña actitud que él adoptaba cuando hacía algo relacionado con sus proyectos de presentación. Generalmente siempre le mostraba todo, le pedía que lo probara y esperaba por su crítica objetiva. Pero esta vez se lo guardaba todo celosamente para sí como si fuera secreto nacional.
Obviamente había gato encerrado, y el hecho de que ella todavía no pudiera descubrir cuál era sólo empeoraba su curiosidad.
Justo en ese entonces arribó la señora Yoshida, esta vez sola, y Kagome no tardó en hacerla pasar al consultorio.
El día transcurrió con normalidad para ella, atendiendo a sus pacientes y brindándoles toda la ayuda de la que era capaz, pero Rin no estaba tan relajada. Se veía a leguas que algo distraía su mente, y sabía exactamente qué era. Con algo de suerte, lo mantendría y dejaría salir en su propia sesión al final de la jornada.
Tal vez era poco ético sembrar aquella semillita de la curiosidad en su paciente en parte para satisfacer la suya, pero no lo hacía solamente por eso. Desde el día de Navidad, cuando el nombre de su cuñado salió casualmente en la conversación, notó que Rin volcaba toda su atención pero no se atrevía a preguntar nada al respecto.
Kagome ya sabía que ambos se conocían al menos de vista, pues había pillado a su recepcionista dirigirle un saludo a la distancia a su cuñado, y él se lo había devuelto con una seca cabezada, por lo que supo que lo saludaba a él en lugar de a otra persona; lo cual todavía le sorprendía, pues no creía posible que Sesshomaru fuera cordial con alguien externo a su trabajo… o con alguien en general.
Pero además de la extraña cordialidad de su cuñado, que hasta entonces era más bien un mito de dudosa veracidad, estaba la actitud de Rin. Kagome trataba su caso, sabía que su horrible experiencia le había dejado muchas secuelas y cicatrices psicológicas, como el rechazo y casi aberración que sentía por los miembros del género masculino y la gran presión a la que se veía sometida si tenía que tratar a alguno. Rin le había comentado las pocas excepciones, y todos eran o niños pequeños o un par de amigos de la infancia, que le habían dado todo su apoyo en el momento adecuado.
Entonces, ¿en dónde encajaba Sesshomaru? Él era un hombre adulto y francamente intimidante, no era alguien que despertara la simpatía repentina de una chica tan severamente marcada como Rin. Y si se conocían de antes… ¿cómo podría haber sido eso? ¿En qué momento? Sesshomaru sólo vivía para trabajar, casi nunca abandonaba sus obligaciones, y Rin, antes de mudarse a Tokio, vivía a las afueras de la capital de Kioto y, según sus fuentes, había pasado gran parte de su periodo recuperativo refugiándose en su tanto en su propia casa como posteriormente en su casa de acogida, sin hablar con nadie fuera de su estrecho círculo de amigos y los agentes de policía.
A no ser que se conocieran de mucho antes… pero eso no tenía sentido, pues la diferencia de edad era también algo que tener en consideración, y no era muy probable que ambos se hubieran cruzado cuando Rin aún iba en el instituto y Sesshomaru llevara unos años trabajando con su padre.
Al marcharse el último paciente, un ancianito que era esperado por su nieta adolescente, Rin pasó al consultorio con la misma cara pensativa que había llevado durante todo el día. ¿Se atrevería a preguntar lo que tanto le carcomía o preferiría callar? Sea como fuera, Kagome no podía volver a influir, aunque una partecita de ella, que era como una quinceañera especialmente cotilla, se moría por saber alguna información fuera de lo común sobre su cuñado, aquel sujeto tan frío y hermético como si estuviera sellado al vacío.
―Doctora Higurashi… ―empezó Rin, indecisa, y supo que se había armado de valor. Kagome la miró con educada expectación―. Sé que sonará muy extraño, pero, ¿p-podría preguntarle acerca de… Sesshomaru Taisho?
Una vocecita de júbilo celebraba locamente en la cabeza de Kagome mientras su exterior se mantenía tan sereno como debería estar siempre. Recriminándose por su falta de profesionalismo, y prometiéndose no volver a hacer algo parecido nunca más, inclinó la cabeza. De acuerdo, tenía que decirlo. No podía tratar a Rin como si fuera una niña pequeña, lo mínimo que merecía era que fuera sincera con ella.
―Sabía que tarde o temprano me preguntarías sobre él ―admitió, notando que Rin se retraía un poco―, perdona si te hice pensar al respecto, es que me pareció que desde hace un par de semanas querías tocar el tema.
―¿Cómo lo supo?
―Bueno, soy psicóloga después de todo ―se encogió de hombros al tiempo que le sonreía―. Me di cuenta cuando almorzamos en Navidad y mencionamos su nombre. También te vi saludarlo en la entrada de la clínica hace tiempo. Y como te enteraste que es mi cuñado, era natural que quisieras saber de él alguna vez ―la muchacha bajó la mirada a su regazo, aislándose como lo hacía cuando le avergonzaba hablar sobre algo.
Rin se mordió los labios y sentía que la cabeza le dolía. No es que fuera una sensación especialmente mala comparada con muchas otras que había tenido que soportar, pero eso no significaba que la de ahora fuera menos importante o se le hiciera más sencilla de sobrellevar.
Durante años había conservado los recuerdos y pensamientos sobre el hombre de ojos dorados para sí misma, sólo mencionándolo de pasada cuando tenía que hacerlo, pero sin revelar lo realmente importante que era y lo mucho que significaba para ella. Era un secreto que apenas había comentado con dos persona, sus mejores amigas, pero nunca a profundidad. Sabía que lo más sano que podía hacer era abrirse en totalidad con aquella mujer que la miraba pacientemente, esperando su respuesta. Al menos, aunque se sintiera nerviosa, sentía que podía confiar en ella.
―Entonces, ¿qué te gustaría saber sobre Sesshomaru? ―cuestionó suavemente la doctora, cuando evaluó que Rin estaba lista para seguir.
La aludida sólo dejó salir una exhalación que mantenía retenida e hizo a un lado su vergüenza por aquella única vez.
―Durante mucho tiempo me pregunté qué clase de persona era. Me he hecho una idea, pero como no lo he tratado mucho, no sé si sea la correcta. Usted sí lo conoce mejor como para decirme cómo es, ¿verdad?
―Podría decirte que sí, pero sería una verdad a medias. Lo he visto de vez en cuando a lo largo de aproximadamente diez años, y aun así lo conozco de manera superficial. Nunca nos hemos sentado a conversar ni hemos cruzado muchas palabras. No es muy dado a socializar con otras personas por el mero hecho de ser amistoso. Prefiere desenvolverse en su medio, y ése es, obviamente, su oficina.
―¿Entonces es verdad que es obsesivo con su trabajo?
―Y mucho. Si a mí me preocupa un poco que mi novio pase tantas horas con los ojos pegados a la pantalla, lo que siente su padre debe ser un estrés constante. Es muy inteligente y sabe llevar muy bien las riendas de todo lo que hace, pero no conoce límites y siempre se empuja a los extremos para seguir mejorando. Casi nunca tiene tiempo para nada que no sea algo relacionado con las actividades de la compañía.
―Pero… ¿eso no le causa problemas? ¿Y su familia?
―Si tuviera esposa o hijos no tengo idea de cómo sería su situación, pero me hago a la idea de que no cambiaría mucho a como está ahora. Su familia sólo está en su padre, madrastra y su hermano, y como ya dije, su padre se preocupa, pero su hermano… bueno, tienen una relación difícil.
―Si se lleva mal con su hermano y no es amistoso… ¿es buena persona? ―alzó los ojos con desasosiego. Aquella pregunta la carcomía desde la primera vez que tuvo que despedirse de él años atrás.
―Tú eres quien lo está tratando. ¿No sabes ya si es buena o mala persona?
―Bueno… es educado y amable conmigo ―admitió―, incluso una vez me invitó a una cafetería y pagó mi chocolate caliente.
―Vaya, ¿en serio? ―preguntó Kagome, escéptica y con los ojos más abiertos. Rin asintió
―Después me acompañó en el camino hacia la clínica. También se ofreció una vez a acercarme al apartamento durante un aguacero, pero le dije que no.
Oh por Dios, Sesshomaru es amable, pensó Kagome manteniendo su semblante tranquilo, Sesshomaru se portó bien con alguien sin que nadie lo obligara. ¿Había pasado antes? ¡Debería salir en las noticias!
―¿Y cómo lo consideras?
―Pero como usted dijo que sólo se volcaba en su trabajo y… y como es tan serio todo el tiempo…
―El que una persona sea seria o encantadora no determina si es buena o mala. En mi opinión, según lo que sé de él, es bueno en términos generales. Nunca me ha faltado al respeto, aunque tampoco ha sido muy simpático conmigo ni con otros. No me he enterado que haya hecho nada malo en realidad, sólo que le da más importancia a las cosas que no deberían consumirnos tanto, como es nuestra vida laboral.
―Entonces, ¿por qué se lleva tan mal con su hermano?
―Oh bueno, eso es desde que eran pequeños. Inuyasha siempre buscaba formas de hacerlo enojar y Sesshomaru lo ignoraba porque prefería estar estudiando. Ya desde niño tenía sus metas bien claras, por lo que sé, y eso a Inuyasha le molestaba porque nunca le hacía caso y tenía que quedarse solo. Tener un hermano mayor y no poder contar con él para jugar o simplemente estar juntos es bastante duro. Cuando crecieron eso no hizo más que empeorar, porque mi novio tiene bastante temperamento, así que discutían a menudo y se fueron distanciando aún más. Ambos son de personalidad fuerte: Inuyasha es explosivo, y Sesshomaru es sumamente orgulloso, así que te imaginarás que esa combinación no es la más certera para mantener la paz en un hogar.
Rin se quedó callada por un momento, analizando lo que había escuchado.
―Parece ser una persona complicada ―comentó luego de un momento de silencio.
―Como todos podemos llegar a serlo ―respondió sabiamente la otra mujer―. Lo que realmente debes considerar es cómo te sientes tú estando con él. ¿Cómoda? ¿Exaltada? ¿Temerosa? ¿Ansiosa? Aunque si ya llevas algún tiempo tratándolo imagino que no te debe hacer sentir mal, ¿verdad?
―Al principio quizá me sentía ansiosa, pero ya casi no me pasa. Es agradable.
Dijo que Sesshomaru es agradable. Oh por Dios, nadie lo habrá dicho nunca. ¿Desde cuándo alguien considera agradable a Sesshomaru, con lo frío que es?
―Eso es lo que importa. Ahora, Rin, debo admitir que me parece un poco extraño que lo trates regularmente ―le dijo Kagome, controlando perfectamente su tono de voz para que no se notara su asombro―, considerando lo que te he dicho, claro, que no es demasiado sociable. ¿Te molesta que pregunte cómo es que lo conoces?
Rin sabía que esa pregunta estaba por salir en cualquier momento, así que no se sorprendió en absoluto. Lo había contado varias veces, pero nunca colocándolo en el enfoque principal, lo cual era algo que sólo había hecho para sí misma durante todo aquel tiempo.
No era que le avergonzara ―o tal vez sólo fuera un poquito vergonzoso―, pero no quería dar la impresión de que tenía a aquel tipo subido en un pedestal de oro y guardaba falsas esperanzas o lo idolatrara demasiado. No lo hacía, de verdad que no, pero temía que si relataba las cosas tal cual como las tenía en la cabeza, de su boca saldrían palabras que podrían malinterpretarse. Era muy tonto preocuparse a esas alturas por lo que los demás podrían pensar de ella, pero Rin había aprendido con el tiempo a retraerse y dejar de expresarse para evitar comentarios y opiniones que no quería oír.
Pero estaba con una psicóloga, una persona que dedica su vida a escuchar y aconsejar sobre los problemas de los demás, no tenía sentido ocultarle nada. Dio una honda respiración y, decidida, comenzó a hablar:
―Lo conocí en Kioto. Cuando escapé de la asquerosa casa de Onigumo, iba corriendo por la calle y choqué accidentalmente con el señor Taisho que salía de un hotel. Él me llevó al lobby, ordenó que se cerraran las puertas y llamó a las autoridades. Me dio su chaqueta porque yo no traía mucha ropa de abrigo, y se quedó conmigo hasta que la policía llegó. Incluso me limpió un poco la cara. No lo volví a ver hasta que llegué a Tokio, me lo encontré en el parque que está al otro lado de la avenida la primera mañana que paseaba a Ben. Desde entonces lo he visto regularmente pasar por ahí. No sabía que trabajaba tan cerca y menos que estuviera relacionado con usted, doctora.
Kagome agradecía que Rin no estuviera viéndole la cara, porque sus ojos se habían puesto casi tan grandes como un par de platos. ¿Sesshomaru era el sujeto que dio la alarma a la policía y resguardó a Rin justo después de su escape? Wow. Necesitaba asimilarlo. Nunca se había imaginado que su cuñado, el señor del hielo Sesshomaru, fuera capaz de un acto tan noble, y… humano.
Era raro. Sumamente raro.
Dios, lo estoy tratando como si fuera alguna clase de alien, se horrorizó Kagome. Quizá no fuera el tipo más cálido y divertido del mundo, pero tampoco podía decir o pensar que era un completo insensible, por más que su experiencia con él así se lo dictara.
Pero explicaba prácticamente todo, y tenía sentido el por qué Rin lo trataba con naturalidad a diferencia del resto de los hombres. Gracias a su espantoso trauma, Rin se grabó en la mente que todos los hombres eran bestias que sólo querían hacerle daño. Si se apartaba de ellos, estaría a salvo. Si no les hablaba, estaría aún más a salvo, pues la notarían menos. Pero en medio del frenesí de la huída, con los nervios de punta y la mente saturada, Sesshomaru se había alzado como una barrera protectora que no sólo le había dado refugio ante el peligro, sino que permaneció con ella hasta que éste pasó.
Podía parecer exagerado y hasta cierto punto teatral, pero la mente humana funciona de manera compleja y algo tan sencillo, pero igualmente noble, podía magnificarse hasta darle la apariencia de ser algo muchísimo más impresionante de lo que era en realidad.
―Entonces es una gran fortuna que te lo hayas encontrado de nuevo, ¿no crees? ―sonrió tras unos instantes.
―E-eso creo. Es que… la verdad es que él…
―Significa mucho para ti ―completó Kagome para ayudarla. Rin relajó los hombros un poco al escuchar su tono tan calmado y comprensivo―. Es bastante bueno que mantengas una relación amistosa con él, creo que es una de las mejores cosas que te pudo haber pasado.
―¿De verdad?
―Por supuesto ―tildó Kagome con la cabeza ante su asombro―. Es una relación significativa que te puede ayudar a sanar con el tiempo. Puede que no pase ahora, pero más adelante me parece que, si eres capaz de desenvolverte naturalmente con alguien como Sesshomaru, se te hará más sencillo comenzar a hacerlo con otros e irás sobrellevándolo mejor.
―Es sólo que… no sé si eso sea muy posible ahora. Y tampoco es que seamos los mejores amigos, o siquiera amigos. No sé qué somos en realidad ―admitió haciendo una mueca, preguntándoselo ella también―. Creo que entramos en la categoría de conocidos eventuales.
―Por algo se empieza, ¿no? Nadie dice que no puedan ser amigos algún día ―mejores amigos ni hablar, no me imagino a Sesshomaru con algún mejor amigo, estuvo por agregar escéptica―. Repito, lo importante es cómo te sientas tú estando con él. Pero es un gran paso eso que estás haciendo, ¿imaginaste que llegarías a ese punto tan pronto?
― No, ni en mis sueños más locos ―negó Rin con una mueca.
Durante el resto de la hora la conversación fluyó por aquel cause hasta que Rin sintió que su curiosidad debía ser contenida antes de agobiar a su doctora. Por su reacción, era más que evidente que la mujer encontraba inusual que su cuñado mantuviera tratos con una casi desconocida, pero aun así la animó a continuar con las cosas tal y como estaban, porque ningún daño podía hacerle tener un nuevo amigo. Rin intentaba no reírse ante aquella palabra, pues también tenía problemas imaginándose a aquel estoico hombre teniendo amigos como ella. Parecía más bien el tipo de persona que se reúne en el bar más elegante de la ciudad a tomar el trago más caro de todos con una o dos personas, con las que apenas cruzaría una palabra distinta que no tuviera que ver con negocios o política.
Por su lado, Kagome todavía no estaba muy segura de cómo sentirse. Le alegraba enormemente que Rin hiciera tales avances, pero aún le costaba salir de su asombro por el sujeto que lo estaba haciendo posible. Era tal su estupefacción que salió a flote irremediablemente durante la conversación que sostuvo más tarde con Sango. Cada cierto tiempo las dos se reunían para intercambiar información sobre Rin y presentar los informes de sus consultas, como debía hacerse regularmente.
Pese a que los progresos de la muchacha iban a paso lento, se podía ver una mejora si se la comparaba con la persona ansiosa y retraída que había pisado Tokio a mediados de septiembre, y eso era alentador. Considerando el largo proceso que le quedaba por delante, sería extraño que mejorara a mayor velocidad, por lo que Kagome siempre estaba conforme con los resultados que solía mostrarle a su amiga.
―Entonces, ¿alguna novedad por parte de mi testigo protegido? ―preguntó Sango. Aquella noche decidieron reunirse en un pequeño pub que, aunque no fuera demasiado interesante, sabía mantener su buena clientela. Por esas horas tempranas de la noche el local estaba considerablemente vacío, por lo que Sango y Kagome se sintieron a gusto sentándose en una mesa apartada de la barra y pegada a la ventana.
―De hecho sí ―afirmó Kagome, mostrándole una carpeta con el último informe―, y muy alentadora, por cierto.
―¿Alentadora de qué manera? ―cuestionó Sango mientras tomaba la carpeta y ojeaba las páginas en su interior.
―Rin hizo un nuevo amigo.
La policía alzó la vista de su lectura con total atención.
―¿Un amigo? ¿En masculino?
―Ajá. Justo cuando creía que tomaría meses y meses de terapia y prácticas de reintegración conseguir que Rin le hablara a un sujeto sin alterarse, resulta que ella sola formó amistad con un hombre adulto.
―Vaya… pero, ¿cómo? Pensé que le era casi imposible abrir la boca frente a los hombres, incluso en la estación de policía se apartaba de los oficiales e iba donde había mujeres. Creo que sólo ha hablado con mi jefe.
―Parece ser que Rin no es tan indefensa como creíamos, tuvo el suficiente valor como para empujar todos sus miedos por este tipo ―asintió Kagome―. Lo cual es estupendo, ¿sabes lo que eso significa?
―Que va por buen camino ―sonrió Sango con una pizca de alivio―. Me alegro por ella. ¿Pero no crees que sea demasiado pronto como para… tú sabes, interesarse por hombres? No parece muy lógico según sus antecedentes.
―Es que no está interesada en él de esa forma, o al menos es la impresión que pude sacar cuando hablábamos del asunto. Es una relación inusual, lo admito, pero parece que funciona. Lo cual es muy extraño considerando al sujeto con el que se está llevando, pero si así le va bien…
―¿A qué te refieres con eso, Kagome? ―se extrañó Sango, cerrando la carpeta. Aquella información no aparecería en los informes porque era una opinión personal.
―Se hizo amiga de Sesshomaru ―exclamó Kagome, frunciendo levemente el ceño con incredulidad.
Le llevó un par de segundos a Sango encajar las palabras y asegurarse de que las había captado bien.
―¿Sesshomaru? ¿El hermano mayor de Inuyasha?
―El mismo.
―Eso es… extraño. ¿Sesshomaru tiene amigos?
Kagome no pudo contener una sonrisa apenada. Aquella pregunta sonaba cruel, pero si se tomaba en cuenta al hombre al que iba referida tenía toda la razón en ser desconfiada.
―Yo también me quedé muy sorprendida cuando me di cuenta de que había algo entre ellos. ¿No notaste en Navidad que cuando lo mencionamos Rin nos miraba con más atención?
La detective guardó silencio por un momento, reviviendo la escena de aquel día en su cabeza. Como práctica y costumbre de su oficio, estaba más que acostumbrada a tratar los detalles como evidencia o datos que pudieran conducir a algo mucho más grande, por lo que no le costaba desmenuzar cada trocito de conversaciones y hechos para analizarlos con la fría suspicacia de cualquier agente policial.
―Sí, recuerdo que me pareció un poco raro cuando Rin repitió su nombre y vi que se mostraba más interesada en el asunto, pero no creí que fuera porque lo conociera, pensé que sólo tenía curiosidad por el nombre que tiene Sesshomaru. ¿Incluiste esto en el informe?
―¿Qué cosa, que Rin lo conoce? No, traté el tema más generalizadamente y le di énfasis en la reacción y acción que se aplicaba con Rin, pero no mencioné el nombre de mi cuñado ni cómo es que lo conoce. Lo tengo registrado, pero no aquí, porque ese tipo de información no es la que me piden de la estación.
―Protegiendo la privacidad del paciente. Muy lista ―concedió Sango―. ¿Pero no crees que eso podría sernos útil a futuro? Es obvio que es significativo, y puede servir de evidencia en caso de que debamos hacerle un seguimiento a Sesshomaru.
―La verdad es que ya lo tienen registrado, Sango. Sesshomaru fue quien hizo la llamada el día que Rin escapó en Kioto, y fue quien la acompañó hasta que llegó la policía, es por eso que ella no le tiene miedo ―resumió Kagome. Sabía que a su amiga no le haría mucha gracia que no entrara en detalles específicos en el documento que le acababa de entregar, así que remedió que, como ella era la encargada oficial de Rin en su estadía en Tokio, tenía derecho de saber la verdad.
La detective alzó las cejas hasta que fueron imposibles de localizar bajo su flequillo. Parecía que el descontento por evitar incluir la información en el reporte se le había olvidado.
―¿Fue Sesshomaru con quien Rin se chocó? Eso… Santo cielo, espera ―hizo memoria con todas sus fuerzas, recapitulando las horas que había pasado empapándose con los documentos correspondientes al caso de Rin―. Mencionaban a un Taisho S. en las declaraciones. Casi no dijo nada, sólo que se la encontró corriendo y la hizo entrar a un hotel hasta que llegaron las autoridades. No tenía ni idea de que fuera él. Me acordé de Inuyasha, pero su familia no es la única con ese apellido ―soltó una exhalación cargada y pesada, y dejó que su espalda reposara sin remedio en el respaldar de su asiento―. Rayos… eso no me lo esperaba.
―No eres la única ―secundó Kagome, alzando su bebida hacia su amiga antes de dar un sorbo―. No sé si llamarlo coincidencia ni siquiera. ¿Crees que sepa algo sobre lo que de verdad le pasó a Rin?
Sango arrugó el ceño.
―¿No eres tú la experta en leer a las personas?
―Lo sé, pero no he podido darle una buena mirada como para saber demasiado. Y como la policía siempre mantuvo el asunto de Rin en secreto desde el inicio…
―Y menos mal que fue así ―asintió la detective, estremeciéndose al imaginar cómo habría sido si la prensa hubiera revelado todo con lujo de detalles. Rin no tendría descanso alguno y seguramente ya la hubieran atrapado―. Sé que sacaron una pequeña reseña en algunos diarios y no se hicieron fotografías de ella. Sólo fue el primer día, al siguiente la policía censuró todo al respecto, igual en los noticieros. El juicio de Onigumo fue una cosa completamente diferente, y sí que tuvo cobertura.
―¿Pero Rin no estaba presente en el juicio?
―La primera vez no porque seguía en el hospital. Las siguientes veces sí, por lo que la prensa tuvo prohibido entrar a la sala. Obviamente sabían que Rin sería un blanco fácil si averiguaban su nombre y apariencia, así que su presentación fue siempre manejada con mucha cautela.
―Entonces es imposible que alguien que no la conozca la relacione con eso. Y si Sesshomaru no estuvo siguiendo la historia en los medios, dudo que sepa algo.
―¿No crees que lo haya hecho?
―No tengo forma de saberlo. Quizá lo único que puedo decir a su favor es que estaba tan enfrascado en lo suyo que pasó el suceso por alto y siguió con su vida. Igual, como dijiste que los medios lo trataron con secretismo y no aparece nada que relacione las noticias con Rin…
Sango le dio la razón silenciosamente al tomar un sorbo de su martini, pero rápidamente el descontento regresó a ella cuando miró ceñuda a su buena amiga.
―Pero aun así, ¿por qué no escribiste sobre él? Sabes que debemos mantener vigilada a Rin en caso de que aparezca algún sospechoso. Si ella se relaciona con alguien la comisaría debería estar al tanto.
―Vamos, Sango, ¿de verdad crees que Sesshomaru pudiera ser sospechoso? Admito que da algo de miedo estar con él, pero sinceramente no lo veo metido en actividades criminales ―dijo Kagome, reposando el vaso con un sonidito sordo. La campanilla del local sonó cuando se abrió la puerta y por ella entró una pareja joven.
―Uno nunca sabe, Kagome ―contestó la policía, siguiendo con la mirada a los nuevos comensales hasta que se sentaron en la barra.
―Es por eso que te lo estoy contando a ti ―concedió Kagome mansamente―. De verdad dudo muchísimo que Sesshomaru sea alguien de quien debamos preocuparnos; además, sólo se saludan de vez en cuando. Y siendo como es, me parece imposible que quiera meterse en asuntos ilícitos justo cuando le va tan bien en la empresa de su padre y se está labrando su fama.
―Siempre conviene asegurarse antes de sacar conclusiones. Le echaremos un ojo a Sesshomaru y a su expediente, sólo por si las dudas. Tampoco creo que él sea un potencial sospechoso, pero prefiero sacarme la incertidumbre.
Kagome se encogió de hombros y asintió con la cabeza.
―Si eso te hace sentir mejor… Pero te pido un favor, Sango. No se lo menciones a Rin. Se esforzó mucho para contármelo todo y parecía muy renitente a hacerlo. Hacemos pequeños progresos, así que es mejor no presionarla o se cerrará otra vez.
―Me parece justo ―convino la detective cuando se ponía en pie. Kagome la imitó, no sin antes tomar la factura de las bebidas y guardarla en su bolsillo. Cuando ambas amigas salieron al frío de la calle, inmediatamente sintieron la necesidad de volver al cálido interior del pub y alargar su estadía―. Aún no puedo creer que de todas las personas del mundo, sea precisamente Sesshomaru ―dijo Sango mientras avanzaban por la acera y sujetaba bien la carpeta contra su pecho para que no se la llevara el viento―. Por lo general a la gente le da algo de pavor acercársele, ¿no? Creo que nunca lo he visto sonreír.
―Aparentemente es amable y respetuoso. A Rin le cae bastante bien.
―Es muy valiente. Siempre vi a Sesshomaru como una especie de robot, como nunca muestra sus emociones…
―Inuyasha dice exactamente lo mismo ―sonrió Kagome, sintiendo el frío aire del anochecer golpeándole la cara. ¿Qué diría su novio si le dijera que su hermano mayor podía llegar a ser un tipo agradable y hasta generoso? Seguramente llamaría a su abuelo para que le hiciera un exorcismo de emergencia.
Con ese último pensamiento alocado, imaginándose a su abuelo arrojándole pergaminos sagrados, se despidió de su amiga cuando el auto se aparcó en la acera de su edificio. El cielo estaba cada vez más oscuro, y sorprendentemente, algunas pocas estrellas se animaron a aparecer.
Sonrió para sus adentros al ver que siempre se podía encontrar un lado positivo para cada situación.
…
No muy lejos de ahí, ajena a que era protagonista de una conversación, Rin regresaba al apartamento con Ben después de un buen paseo.
Había sido un día largo e interesante, y todavía no se decidía sobre cómo sentirse. Aunque tampoco fuera algo que le hiciera sentir mal, a decir verdad.
Poder hablar libremente sobre el hombre de los ojos dorados con alguien que lo conocía era más que interesante. Al fin podía saber de él, porque le daba demasiada pena hacerle preguntas personales en alguno de sus encuentros, al tipo de "¡Hola, señor Taisho, buenos días! Dígame sinceramente, ¿es usted un buen tipo? ¿Y si es así, por qué siempre está tan serio?". Era estúpido el solo pensarlo.
Un lado de ella se regañaba por no retener su curiosidad durante la conversación con la psicóloga, pero viéndolo con lógica, tenía mucho sentido. ¿Quién no querría saber sobre alguien que le había salvado el pellejo y aún guardaba tanta importancia en la actualidad? Algún insensible de seguro y Rin definitivamente era de todo menos insensible. Sesshomaru Taisho le importaba, y no tenía nada de malo querer conocerlo un poco más a fondo.
Y vaya que le había sentado bien aquello. Pero, sabiendo tantas cosas nuevas sobre él, ¿cambiaría algo en su forma de tratarlo? Esperaba que, aunque ese fuera el caso, el cambio fuera para mejor. Si lograra ser algo más desinhibida y pudiera controlar su tono de voz a uno normal sería fantástico.
No sabía qué llegaría a pasar en el futuro. Sólo eran dos personas que se encontraban casualmente y se saludaban y mantenían una cortísima conversación. Pero aun así… bueno, esas pequeñas pláticas y encuentros le subían el ánimo lo suficiente como para opacar un poquito todos los problemas que asediaban su mente. Y que la doctora hubiera mostrado su aprobación también le ayudaba. No era que necesitara el permiso de nadie para hablar con otras personas, pero era un gran alivio saber que si la psicóloga le decía que era un buen tipo y que no tenía nada de malo tratarlo, debía ser por algo.
Un buen indicio, eso era.
Sonriendo para sí, guió al pastor alemán hasta la salida del parque y cruzó la avenida cuando el semáforo estuvo en rojo.
No se percató que era observada fijamente por uno de los conductores mientras pasaba por el paso peatonal y era apuntada con una cámara. El sujeto tenía los ojos abiertos en su totalidad y la siguió con la mirada hasta que los vehículos detrás del suyo comenzaron a pitarle para que avanzara ante la luz verde. Como no pudo detenerse por el momento, el sujeto siguió conduciendo hasta que la cantidad de autos mermó y le fue posible aparcar en una acera, varias cuadras a lo lejos.
Apresurado, volvió a tomar el celular que había dejado en sus piernas y rebuscó entre las miles de fotos que tenía almacenadas hasta llegar a una de una chica en particular, justamente aquella que acababa de ver. Era ella, estaba seguro.
Examinó la fotografía, ampliándole la cara sólo para saber que estaba cien por ciento en lo correcto. Los ojos grandes y de un castaño claro lo miraban con una mezcla de tristeza y rabia, pues alguien que no fue captado por la cámara sujetaba fuertemente su rostro para que se quedara quieta. La diferencia entre la muchacha de la foto y la chica que acababa de ver con el perro, era que una estaba casi desnuda, con varios moretones en el cuerpo y algo más delgada. Sí, no podía equivocarse.
Tecleó rápidamente un número que se sabía de memoria y se llevó el aparato al oído, sin poder contener la retorcida sonrisa de emoción mientras esperaba a que atendieran.
―¿Qué es lo que quieres? ―dijo una voz ronca y aburrida del otro lado de la línea. El tipo se relamió los labios, aún sin creer la gran hazaña que había logrado.
―Jefe, la encontré. La niña que hemos estado buscando está en Tokio.
Se hizo tal silencio que creyó que su interlocutor había colgado.
―¿Estás seguro de que es ella?
―Positivo, señor. Acabo de verla cruzar la calle y la comparé con la fotografía que nos envió a todos. No tengo ninguna duda de que se trata de la misma. Le acabo de enviar la imagen que tomé. Me temo que no es de muy buena calidad, pero se nota que es ella.
El hombre casi podía sentir al otro sonreír con malicia y satisfacción, por lo que su propia mueca se ensanchó. Debía estar contemplando la prueba en ese mismo momento.
―Ya era hora.
...
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OH SHIT!
Supongo que todos deben estar pensando eso después de un capítulo relajado y cómico. Entre la pequeña escena de Sesshomaru, denotando su preocupación por Rin, Kagome saciando la curiosidad de Rin (y viceversa) y las amigas prácticamente cotilleando sobre nuestra pareja protagonista, el que apareciera el peligro estrellándose en nuestras caras salió prácticamente de la nada. Si se sorprendieron y no lo vieron venir, me doy por satisfecha xD
Hay esperanza en el horizonte de Rin, una que la detective y la psicóloga aprueban y en especial Kagome le anima a mantener. Saberse con el interés del príncipe del hielo sólo le añade puntos extra a la cuestión. Pero claro... lejos de su conocimiento, los engranajes comenzaron a moverse y la cuenta regresiva para los problemas dio inicio, porque Naraku es paciente y tiene ojos en todas partes, y ahora que la encontró, empieza el juego del gato y el ratón.
Hablando de eso, la próxima semana tendremos un capítulo especial, pues con este cambiará el rating del fic de T a M, por algunas escenas fuertes que tendrá. El sábado que viene veremos en detalle una parte importante del pasado de Rin, así que estén preparados.
¡Y para quitarle la seriedad al asunto, vamos con los reviews! Amo sus reviews, ¿alguna vez lo he dicho, lo habré comentado en este u otro fic? Sí, como medio millón de veces, quizás en cada capítulo. Pero no importa, aquí va de nuevo. AMO sus reviews, pero más que nada, las amo a USTEDES. Gracias por comentar a lo largo de la semana, dejándome sus impresiones, sueños y esperanzas para que haya más amor entre Sessh y Rin, y todas sus locas teorías. Esta será la última vez que podrán formularlas, así que con todo lo que han aprendido hasta ahora, me gustaría saber qué creen que le sucedió a Rin.
Gracias especiales a DreamFicGirl, Cath Meow (x2), Floresamaabc, Mina Rose, Gogo Yubhari, Skyler Streat, Jenks, Alambrita, BABY SONY, Emihiromi, NUBIA, Blueberry Bliss, Kikyou1312, Rena Hutchcraft, Nancyl1313 (x2), Star Fiiree - Lupita Reyes (x3), Ariana1710AB, Freakin'love-sesshourin, Bucitosentubebida, Any-Chan, Kami no musume, Lucemg, SeeDesire, Dulce Locurilla, Ginny y Sakura521, dobles gracias a Ginny por su pulcro beteo y buenos consejos cada vez que me estanco. Gracias también a los fantasmillas hermosos que leen y se van, los que dejan en favoritos y siguen esta historia. Saber que están ahí es muy reconfortante :)
Y hasta aquí llegamos por hoy, ¡mil gracias por leer! Los comentarios y teorías siempre son bienvenidos y apreciados. Abrazos a todo el mundo ¡y hasta el siguiente sábado! :D
