Advertencia: el capitulo puede contener referencias a hechos violentos y uso de drogas.


Emma se sintió insegura todo el camino hacia la fiesta. Las fiestas en el campo eran más flexibles con la cuestión edad a lo que ella estaba acostumbrada, y en ese caso la fiesta era para menores. Su cabeza se vio invadida de recuerdos de las muchas noches de fiesta que había pasado en California. Estaba tan perdida en su memoria que no se dio cuenta que habían llegado al boliche, hasta que sintió la fuerte música penetrando sus oídos. Regina miró para todos lados como buscando a alguien, y cuando encontró lo que buscaba comenzó a apartarse de su lado.

- ¿A dónde vas? – Preguntó Emma, sin darse tiempo a pensar lo que estaba diciendo.

- ¿En verdad me estás haciendo esa pregunta? – Preguntó Regina sorprendida mirándola seriamente.

- Perdón, yo no estaba pensando… - Comenzó a disculparse Emma sacudiendo su cabeza de los nervios que sentía.

- ¡No, claramente no estabas pensando! ¡Yo me voy a ir con mis amigos, vos hace lo que quieras! ¡Pero simplemente perdete! ¡No quiero verte en toda la noche! – Exclamó Regina interrumpiéndola.

- De acuerdo. – Asistió Emma centrando su mirada en el piso.

Perderse, eso era algo en lo que Emma siempre había sido buena. Respiró hondo un par de veces y se dedicó a mirar sus alrededores. La música estaba al máximo volumen, las personas bailaban y reían, los tragos iban de un lado para el otro. Todo era muy familiar para ella, todo lo que tenía ante sus ojos la hacía volver a sus recuerdos. De repente alguien tocó su hombro sacándola del estado en el que estaba y le ofreció un trago.


Emma estaba con Neal en un boliche. Ellos eran menores de edad, pero siempre lograban pasar porque él tenía muchos contactos o porque usaban identificaciones falsas. Después de bailar un largo rato y tomar unos cuantos tragos, Neal se fue a hablar con un amigo. Emma los vio intercambiar varias palabras y unos pequeños paquetes.

- ¿Queres? – Preguntó él ofreciéndole un cartón.

- ¿Qué es? – Preguntó ella.

- Algo que te va a hacer sentir bien. – Respondió él.

- ¿Estás seguro? – Preguntó ella dudando si hacerle caso o no.

- Más seguro que nada en el mundo. – Aseguró él poniendo poniéndole el cartón en la lengua.

Al pasar los minutos Emma sintió como su cuerpo se relajó completamente y como su mente comenzó a volar en distintas direcciones. Todos sus sentidos parecían estar más desarrollados que nunca. Percibía todo con una intensidad que nunca había sentido. Más tarde aprendería que esa droga se llamaba pepa, o al menos así la llamaban. Más tarde se arrepentiría de haber dejado que Neal se la haya hecho probar.


En ese momento Emma sintió como sus pulmones se cerraban y no dejaban que el aire llegue a su cuerpo. Tenía que irse corriendo de allí lo antes posible. Agradeció el gesto al chico, pero rechazó el trago.

Emma salió del boliche y se sintió aliviada que todo lo que tenía ante su vista era campo. Se sentó en un banco de madera e intentó calmarse para recuperar su ritmo normal de respiración. Cerró los ojos por un instante y trató de enfocar su atención en los pequeños detalles que la rodeaban: la suave brisa rozando su piel, el olor a tierra mojada por el rocío de los árboles, el canto de los grillos…

- Hola Emma. – La saludó Killian.

- Hola Killian. – Devolvió ella el saludo y abriendo los ojos para comprobar que había reconocido bien su voz.

- ¿Estás bien? – Preguntó él, después de dudar por instantes si era correcto hacer esa pregunta.

- Si, estoy bien. – Asistió ella demasiado rápido. - ¿Qué haces acá afuera? – Preguntó para desviar el tema de la conversación.

- Fumo. – Respondió él mostrando el cigarrillo que tenía en la mano y sentándose a su lado. - ¿Vos? – Preguntó mirándola intensamente, como intentando leer su mente.

- Necesitaba tomar aire. – Contestó ella sinceramente, dando un largo suspiro.

- Quiero pedirte perdón por lo del otro día. – Dijo él luego de varios minutos de silencio, llevándose la mano detrás de la oreja en una forma que reflejaba sus nervios.

- ¿Perdón por qué? – Preguntó ella confundida.

- Por lo del vidrio roto. – Respondió él. – Sé que ya te había pedido perdón al respecto, pero no creo que en verdad hayas sentido mi arrepentimiento en ese momento. – Explicó tímidamente.

- Está bien. – Asistió ella entendiendo a lo que él se refería, sorprendida de que todavía siga insistiendo en pedirle perdón por algo que paso hace días.

- Tendría que haber dicho la verdad. – Dijo él como reprochándose a si mismo lo que había hecho.

- ¿No podes simplemente dejarlo ir? – Preguntó ella asombrada, las personas nunca solían pedirle perdón y la insistencia de él en hacerlo la hacía sentir incomoda. – Yo ya lo hice. – Agregó, suplicándole con su mirada que no siga hablando del tema.

- De acuerdo, creo que puedo intentarlo. – Aceptó él finalmente relajándose.

- Bien. – Dijo ella con una pequeña sonrisa.

- ¿Volvemos a la fiesta? – Propuso él apagando el cigarrillo.

- Todavía necesito un poco de aire, pero vos anda tranquilo, después nos vemos. – Respondió ella con sinceridad.

- ¿Segura? – Preguntó él mirándola con preocupación. Con esa pregunta esta preguntando tantas otras como ¿Estás bien? ¿Qué te pasa? ¿Necesitas algo? ¿Queres que me quede con vos?

- Segura. – Aseguró ella.

Emma miró a Killian volver a entrar al boliche y volvió a respirar tranquila al encontrarse sola. Quizás lo mejor para ella iba a ser quedarse afuera del boliche toda la noche. Ahí afuera, lejos de la música, el alcohol y las personas, se sentía a salvo. Se recostó en el banco y centró su vista en el gran cielo cubierto de estrellas.

- Hola skater. – Saludó Jefferson.

- Nos abandonaste esta tarde. – Reprochó Graham.

- ¿Los abandoné? – Preguntó ella confundida e incorporándose en el banco para poder verlos bien.

- Nunca apareciste por la feria. – Respondió August.

- Lo siento, no sabía como ir. – Se disculpó Emma.

- ¿Sabes que existen los celulares para comunicarse? – Preguntó August algo divertido ante la excusa que Emma estaba usando.

- No tengo celular. – Contestó Emma algo avergonzada. No tenía celular, ni tampoco era capaz de pedir uno a sus padres.

- ¿No tenes skate, ni celular? – Preguntó Jefferson sorprendido.

- No. – Negó ella haciendo hombros.

- ¿Eres de otro mundo? – Preguntó Graham generando que todos estallen de risa.

Los chicos convencieron a Emma de entrar a la fiesta con ellos. Emma no podía decirle que no, ellos eran las únicas personas que habían sido amables con ella desde que había empezado las clases en el nuevo colegio. Bailaron un largo rato y se rieron, se rieron mucho. Esos chicos la hacían divertir. Emma jamás pensó que iba a volver a sentirse cómoda dentro de un boliche, pero con ellos a su lado se sentía segura. Bailó hasta que sus piernas no dieron más. Cuando volvió a necesitar aire, salió del boliche y volvió a sentarse en el banco. Pero esa vez cuando recuperó el aliento se sintió feliz, porque esos chicos la estaban haciendo divertir y ella no se divertía desde hace mucho tiempo.

Su sensación de felicidad no duró mucho. Una chica y un chico salieron del boliche y comienzaron besarse apasionadamente. Emma intentó no prestarles mucha atención ya que la manera en la que se estaban besando era muy intima. Cuando la situación comenzó a ponerse intolerable, decidió volver a entrar al boliche. Pero cuando lo hizo los chicos se dieron cuenta de su presencia y se separaron para observarla. Emma se sorprendió al reconocer a esos chicos. Daniel, el novio de Regina, y Millah, la amiga de Regina. Emma sintió sus miradas fulminantes en ella y entró lo más rápido que pudo al boliche.

¿Qué se suponía que tenía que hacer con lo que acaba de ver? Miles de posibilidades y preguntas se cruzaron por su cabeza. Pero cuando su mirada encontró a Regina, supo que tenía que decirle la verdad. Nadie merecía ser engañado de esa manera, ni siquiera Regina.

- ¿Podemos hablar? – Preguntó Emma nerviosa.

- No tengo nada que hablar con vos. – Respondió Regina y le dio la espalda centrando su atención en su amiga Zelena.

- Es importante. – Suplicó Emma volviendo a ponerse en la mira de Regina.

- De acuerdo, te escucho. – Aceptó Regina algo curiosa ante su insistencia.

- ¿Puede ser a solas? – Pidió Emma sintiéndose intimidada.

- Hablas delante de Zelena o te vas. – Le dio a elegir Regina, cruzándose de brazos y mirándola seriamente.

- Okay. – Asistió Emma haciendo una pausa para tomar aire. – Vi a Daniel y Millah besándose afuera del boliche. – Confesó.

Regina y Zelena se rieron ante lo que Emma dijo y no le creyeron. Regina la trató de mentirosa y le exigió que la deje en paz. Así que Emma se fue a encontrar otra vez a August, Graham y Jefferson. Bailó un rato con ellos para distraerse. Después de un rato vio que Daniel y Millah se habían unido a Regina y Zelena. Sintió sus miradas y comentarios acusadores que decían entre ellos sobre ella. Emma se sentía superada por la situación y simplemente no podía respirar. Compró una botella de agua y salió del boliche para buscar una forma de calmarse. Tomó unos sorbos de agua, intentando asegurarse a si misma que lo que había echo era lo correcto. Cerró los ojos y dejo que el frío de la noche la haga despejar su cabeza.

- Hola Emma. – La saludó Daniel desde atrás.

- ¿Qué queres? – Preguntó ella dándose vuelta para enfrentarlo.

- Quiero que dejes de mentir. – Respondió él con una sonrisa repugnante.

- Yo no miento y ambos lo sabemos. – Retrucó ella con toda la seguridad que pudo y mirándolo fijo a los ojos para demostrarle que no le tenía miedo.

- ¿Estás segura? – Preguntó él acercándose a ella.

- Segurísima. – Asistió ella dando unos pasos hacia atrás para volver a poner distancia entre ellos, hasta que su espalda chocó con la pared.

- ¿Entonces por qué le dijiste a Regina que Millah y yo nos besamos? – Preguntó él agarrándole los brazos con fuerza.

- Porque es la verdad. – Contestó ella intentando liberar sus brazos de las manos de él.

- Millah y yo no nos besamos, vas a decirle a Regina que mentiste. – Ordenó él agarrándole los brazos con tanta fuerza que le iba a dejar marcas.

- No, no voy a hacerlo. – Negó ella.

- Esa no es una decisión inteligente. – Dijo él agarrándole la cara.

- ¡Soltame! – Exigió ella sacudiendo su cuerpo bruscamente para hacer que él la suelte.

- Vas a desear haber elegido aceptar mis condiciones, porque yo nunca pierdo. – Dijo con la mirada llena de furia.

Antes que Emma pueda formular una palabra más, Daniel unió su boca con la de ella en un beso. Emma se sorprendió ante el gesto, el beso la había agarrado totalmente desprevenida. Ella no quería que él la bese. Intentó liberarse del beso, pero él era más fuerte que ella y se le estaba haciendo imposible poder apartarlo. En cierto momento Daniel se apartó de ella, y le gritó que estaba loca, y que no quería que ella lo bese. Emma no entendía lo que estaba pasando. ¿Por qué le estaba gritando todo eso cuando él era quien había provocado la situación? ¿Estaba loco? Sin embargo, antes que Emma pueda reprocharle algo, comprendió que esto había sido un plan al ver que Regina, Zelena y Millah los estaban viendo. Definitivamente su decisión de no ayudar a Daniel no había sido inteligente. Ese había sido un plan de Daniel y Millah para desacreditarla a ella. Daniel salió corriendo detrás de Regina y sus amigas también, entonces Emma hizo lo mismo. Ella tenía que explicar lo que había pasado, ella no tenía que dejar que la culpen de cosas que no habían sido su culpa.

- ¡Mi amor espera! – Pidió Daniel a Regina agarrándola del brazo.

- ¡¿Qué mierda está pasando acá?! – Preguntó Regina explotando de enojo.

- Vos viste lo que pasó, ella me besó y yo la aparté. – Respondió Daniel defensivamente. - ¡No sé que quiere! ¡Está loca! – Exclamó señalando a Emma.

- ¡Ella inventó que nosotros nos besamos para hacerte pelear con Daniel! ¡La que gusta de Daniel es ella, no yo! – Exclamó Millah mirando a Emma acusadoramente.

- Emma… - Comenzó a decir Regina.

- ¡Daniel y Millah fueron los que se besaron! ¡Daniel solamente me besó para que vos no me creas lo que digo! – Dijo Emma sorprendiéndose a si misma de que su voz haya sonado tan fuerte y segura. - ¿No te das cuenta que es una trampa? – Preguntó.

- La única trampa acá es ella. – Dijo Daniel mirando a Emma con una mezcla de burla y desprecio.

- Regina te estoy diciendo la verdad. – Dijo Emma haciendo que toda su sinceridad quede reflejada en sus ojos. – Créeme, por favor créeme. – Suplicó.

- No, no te creo. – Negó Regina acercándose a Emma. - ¡Lo único que queres hacer, es hacerme la vida imposible! ¡Pero no vas a lograrlo sin que yo antes haga imposible la tuya! – Dijo con bronca y le sacó la botella de agua de las manos.

- Regina… - Comenzó a decir Emma, pero se cayó al sentir como el agua de la botella caía sobre ella.

- ¡Aléjate de mí, de mis amigos y de mi novio! – Gritó Regina.

El cuerpo de Emma empezó a temblar y su vista quedo empañada de lágrimas. Quería gritar, pero no podía. Quería salir corriendo, pero tampoco podía. No podía hacer nada. Su cuerpo y su mente estaban en estado de shock, haciéndola queda congelada en el lugar. Sus piernas no eran capaces de continuar soportando su peso e iba a caer. Pero no importaba, ya nada en ese momento le importaba. Así que se dejo caer.