Titulo: Parloteo sin sentido.
Resumen: Estados Unidos e Inglaterra tenían el mismo problema, pero ninguno se daba cuenta de ello.
Frase: 08 – Dos monólogos no hacen un diálogo.
Advertencia: OC!Portugal (no lo resistí) Algo de OoC por parte de USA y UK…
Nota: Probablemente esto es lo peor que he escrito de la tabla… Prometo hacerlo mejor.
Estados Unidos disfrutaba hablando. Le gustaba demasiado y podía hablar y hablar por horas, apenas tomando aire para respirar, y los temas nunca se le agotaban, y en caso de que lo hicieran siempre podía volver a contarte lo mismo, ¿quién se negaría al héroe? Nadie.
Los temas de conversación que manejaba también eran de lo más diversos y peculiares. Por poner un ejemplo diremos, cuando hablaba con Francia el tema central solía ser lo mucho que les desagradaba la comida inglesa, reírse un poco de la isla y luego, cuando ese tema se agotase, Alfred correría a conversar con alguien más antes de que Francis le quisiera hacer una reseña del kamasutra. Cuando hablaba con España, normalmente hablaban de las fiestas, a veces de los negocios, evitando siempre el tema naval.
En definitiva, todas las naciones sabían de la fama de charlatán de Alfred, y eso era en ambos sentidos, tanto por su amor a hablar como por decir cosas que luego simplemente no cumpliría. Por tanto, cuando Alfred iba de un humor aún más alegre, casi silbando, era de conocimiento común que Alfred buscaba a alguien para conversar antes de la reunión y a veces, peor aún, después de la misma.
Ese día en particular fue el turno de Inglaterra, y los europeos apostaron para ver cuando dejarían de hablar para comenzar a discutir; los americanos por su lado, sólo querían reírse un rato de su vecino.
—…entonces, ahí estaba yo entre los agentes del FBI, ¡impresionante como siempre! El chaleco me quedaba pequeño, pero era normal porque tengo mucha musculatura, ¡debiste haberme visto Arthur! Bueno, estábamos alistándonos para entrar a la casa del criminal cuando el sujeto salió por la puerta de atrás, ¿cómo lo supe? ¡Soy un héroe, sé de estas cosas! Lo perseguimos en las patrullas durante diez minutos hasta un motel, el tipo estaba acorralado. Intentó dispararnos pero traíamos los chalecos y no sucedió nada malo, finalmente yo y otro oficial lo dejamos inconciente. ¿No soy impresionante Arthur?, ¿No fue genial?, ¿Aún piensas que soy un vago? ¡Mira todo el ejercicio que hago!
—Lo correcto es "otro oficial y…" —no pudo terminar su oración cuando Alfred volvió a tomar la palabra, ignorando totalmente el intento de Arthur por corregirlo.
— ¡Ah! Hubo una ocasión en que nos ocurrió una emergencia, cuando ayudaba a la policía de Jersey a resolver un caso ¡Se acabaron las donas y el café! ¿Puedes creer que olvidaron comprarlas? Al principio creí que era una broma y…
Una hora después, Alfred había terminado de contar por segunda vez el como había salvado a la policía de quedarse sin donas a la vez que atrapó a un asesino en serie, que resultó ser el vendedor de la cafetería local. Arthur no pudo agregar nada, y aunque lo hubiera hecho Alfred no lo habría escuchado, demasiado enfrascado en sus historias heroicas y algunas divagaciones. El rubio siempre divagaba al narrar algo.
Cuando finalmente Estados Unidos se aburrió de la poca participación de Inglaterra en la conversación —porque sí, él niño se atrevía a llamarle conversación a sus monólogos de tiempo completo— decidió levantarse e ir a buscar a alguien más que desease escuchar sus historias, quizás Canadá o alguno de sus vecinos del sur como México o incluso podía rememorar viejos tiempos con Cuba, uno nunca sabe ¿cierto? Y para que Arthur no soltara uno de sus largos sermones sobre lo grosero que era, decidió agradecerle la "amena" charla.
—Bueno, me voy Artie, fue un placer para ti conversar conmigo, ¡no tienes que agradecerme por salvar tu aburrida tarde! Por cierto, ¿has pensado en actualizarte un poco? Tal vez de esa forma la próxima vez que hablemos no estés tan callado viejo.
Inglaterra pudo haber caído en un ataque de ira destructiva, llevándose a su paso todo lo que hubiera, especialmente si eran las grasosas hamburguesas de Estados Unidos, de no ser porque Portugal le sujetaba con fuerza mientras lo llevaba fuera de la sala, pidiéndole que se calmara y dejara de maldecir literalmente a Estados Unidos entre dientes, y que una plaga de termitas no resolvería nada.
—¡Pero valdría la pena verlo lloriqueando por sus casas desechas! —alegaba Inglaterra al ser sacado del lugar por un sonriente Portugal, ante las caras decepcionadas del resto de naciones quienes estaban deseosas por un poco de acción y dinero gratis debido a las apuestas.
Durante el resto de la tarde en la sala Estados Unidos se la pasaría hablando de cómo era un héroe impresionante y todo mundo dependía de él, fuera de ese mismo lugar Inglaterra pasaría horas y horas quejándose de la conducta del estadounidense, de su odiosa manía de no dejar hablar a la gente y otras cosas más, ignorando olímpicamente las peticiones de Portugal sobre calmarse y guardar la varita mágica.
