?Muchas gracias por los 100 Reviews! ¡Son geniales!

Cielos, tarde más de lo previsto y todo fue por que comencé con un horario mixto, dejandome poco tiempo para mí y mantenerme relajada. Por ende lamento mucho la tardanza. Espero que este capítulo les guste :D


-7-

Misterioso.


Kakashi frunció ligeramente el ceño al ver la hoja escrita. Hizo un gesto con la frente y después la colocó contra luz, para ver el sello de autenticidad expedido por las oficinas del registro civil. Sasuke esperaba a su lado, silencioso y paciente. Finalmente y tras postergarlo más le miró sin ninguna clase de expresión.

—Es auténtico. – dijo y no supo si eso era verdaderamente bueno para Sasuke o no.

—Hmp. – miró el resto del maletín y suspiró.

—¿Has revisado todos los documentos?

—No. – se sentó en la cama, al lado de las cosas, ignorando que se encontraba en la casa de Sakura y que posiblemente no debería hacer lo que estaba haciendo.

—Bueno, si quieres estar más seguro puedo analizarlo con un especialista.

—Confió en tu palabra, Kakashi. – regresó su mirada hacia los documentos y se sintió mal al verlos en desorden. Rápidamente estiró las manos y los alisó contra el fondo del utensilio. Kakashi guardó silencio en tondo ese momento, hasta que finalizó.

—¿Harás la prueba de ADN?

—Eso creo. – sí, acababa de leerle el pensamiento. A pesar de lo escrito en ese papel deseaba afirmarlo con todas las de la ley. Kakashi asintió y dejó el documento sobre la pila que su cliente acababa de acomodar.

—¿Por qué viniste corriendo aquí?

—Estaba… pensando en lo que dijiste.

—¿Sobre lo del seguro?

—Sí, tuve una pequeña idea, pero no muy clara…

—¿Y qué fue? – él también se sentó. Vio a Sasuke cerrar los ojos y tallarlos como si quisiera arrancarlos con lentitud. Después enfocó su vista al suelo.

—Creo que Sakura estaba embarazada cuando nos divorciamos.

—¿Qué? – Kakashi se tensó.

—Estaba pensando en que, hubo una época, después de la muerte de Itachi en la que ella no dejaba de llamarme por teléfono. Incluso intentó concertar una reunión, pero yo la mandé al diablo en todas ellas.

—¿Crees que intentaba informarte lo del embarazo? – él se encogió de hombros. —¿Pero no decías que se cuidaban? Incluso tú afirmaste que ella no deseaba tener familia.

—Sí, lo sé. – suspiró. —Sakura y yo nos habíamos distanciado mucho últimamente. Casi no nos veíamos y cuando lo hacíamos era raro que llegara a tocarla. Su trabajo era agotador y yo estaba empezando a despegar por lo que…

—Era mutuo. – concluyó Kakashi.

—Así es. – suspiró. No era afecto al tabaco pero en esta ocasión deseaba pegarle una buena calada a lo que fuese.

—Pero sí Sakura tomaba anticonceptivos y ustedes se veían muy poco, ¿Cómo supones que estaba embarazada?

—No lo sé. – frunció el ceño. —Por eso mismo no creía que ella pudiera tener una hija. Cuando el agente de la oficina de protección infantil llegó a mí pensé que bromeaba o algo. Sakura logró concebir a Sarada en algún momento, el problema es que… ella siempre se cuidó, creo.

—Bueno, hay ocasiones en las que los anticonceptivos fallan. – Kakashi miró alrededor, intentando destensarse.

—¿Sería por eso?

—Quien sabe. – admitió.

—Recuerdo que solía tener sus píldoras en el cajón de su mesita de noche, al menos eso recuerdo. – gruñó en medio de un suspiro. —Conmigo se protegía, pero… - los celos volvieron a golpearlo.

—No pensarás que…

—Todavía creo que existe una posibilidad que Sarada sea hija de mi hermano. – esa afirmación pesó en él más de lo que hubiese querido.

—¿Entonces realizarás la prueba cuanto antes?

—Si Sarada es mi hija haré lo propio. – exclamó con convicción.

—¿Y si no lo es?

—Es una Uchiha. – apretó los puños. —Al menos de eso no hay duda.

—Ya veo. – Kakashi suspiró. —Será mejor que vayamos a casa, Sasuke. No es precisamente legal que nos inmiscuyamos en la vivienda de alguien más sin ser invitados.

—Hmp. – Kakashi sonrió ante su bufido, se levantó lentamente y se dirigió a la puerta.

—Las pruebas de ADN tienen una validez legal pertinente, si necesitas algo cuando tengas el resultado llámame.

—Lo haré. – Sasuke asintió.

—Ah, y Sasuke. – Kakashi tenía casi medio cuerpo fuera de la habitación. —Permanece tranquilo, yo sé que todo estará bien. – el viejo Kakashi continuaba demostrándose condescendiente hacia Sakura nuevamente.

—Hmp. – volvió a gruñir él para verlo partir. Miró nuevamente el acta de nacimiento y estuvo tentada a tomarla pero mejor la dejó donde debía. Se levantó y el rebote de la cama al perder su peso hizo que el maletín se deslizara hasta caer y despilfarrar los papeles. Él bufó por la hazaña y se agachó para recogerlos nuevamente.

Estaba juntándolos uno por uno cuando un sobre llamó su atención. Él mascullo una mueca indescifrable y tomó lentamente lo que parecía ser una carta. Los datos escritos en ella lo dejaron pasmado como si hubiese visto un fantasma y con curiosidad infame lo apretó entre sus manos para después guardarlo entre sus ropas. Dejó el maletín donde debía y sin más salió de la casa de Sakura para regresar a su departamento. Ya era muy tarde así que tenía sueño, pero además de todo, deseaba llegar a casa y tomar una buena copa de vino.

"Querida Sakura, lo he estado pensando y creo que no me arrepiento de nada en esta vida. No me queda mucho, estoy ahora en un abismo que jamás creí que podría experimentar. Sé que acabas de convertirte en la esposa de Sasuke, que ahora eres parte de mi familia y que sería, por tanto, infame que te pidiera que mientas… pero por favor, Sakura, miente por mí.

No encuentro el valor de decírselo de frente, no quiero que Sasuke sufra por mi culpa, tampoco que eche todo por la ventana, tú lo conoces, sé que comprendes mi sentir. Pero en estos momentos de mi vida intento confiar en ti, como alguien más que una amiga.

Necesitamos vernos, te he dejado estar carta porque debemos hablar y sé que tampoco puedo interrumpir tu trabajo. Por favor, compláceme y recuerda, Sasuke no debe saber nada de esto.

Con cariño, Itachi."

Era la tercera vez que leía la carta. Estaba finamente doblada y preservada. Sakura se había encargado de ello. No había más que la caligrafía de su hermano y todas aquellas palabras sugerentes. Lo único que conseguía quedarle en claro era que su hermano insistía en ver a Sakura, aparentemente tenían poco tiempo de casados, pero eso no parecía ser un impedimento. ¿Qué quería él de ella? ¿Sería que ella fue a aquel encuentro fortuito sin que él se enterara? La curiosidad y los celos lo mataban.

La carta en cuestión nunca había salido a la luz durante su divorcio, de hecho nunca fueron necesarias pruebas escritas cuando él tenía imágenes. Fotografías de Sakura saliendo del hospital con Itachi y mostrándose muy cariñosa con él. En ese momento, en el que Sakura, cansada de pelear respondía con fiereza y se manifestaba ofendida, llegando a molestarse tanto que finalmente firmó el formato de divorcio, le pareció a Sasuke que sólo fingía y que ansiaba con todas sus fuerzas permanecer a su lado por la estabilidad sentimental y económica que él podía darle.

Itachi intentó convencerlo de no firmar el acta, pero entonces lucía tan cansado, tan triste y arrepentido, que pocas veces se permitió verlo. Entonces, habiendo firmado el papel, tanto Sakura como Itachi desaparecieron de su vida por varios días, hasta que finalmente una llamada por parte de Obito lo acarrearía a una realidad bastante espeluznante, en donde se había dado cuenta que no sólo había perdido a una esposa, sino a un hermano para siempre.

Dobló la carta con lentitud y crudeza. La depositó en el sobre y la dejó en uno de los cajones de su ropa. Era muy temprano por la madrugada, casi no había dormido nada, pues después de tanto jaleo había padecido insomnio. El despertador no sonaba aún pero lo haría pronto. Rápidamente giró sobre el colchón y fue directamente al baño. Se dio una ducha y fue a preparar algo para comer.

Sarada dormía y seguramente lo haría por un poco más. Ya en la cocina comenzó a cocinar y permitió a sus pensamientos vagar un poco más de tiempo.

Se repetía una y otra vez los hechos y sólo llegaba a conclusiones con diferencias leves a las anteriores. Sakura sí se había involucrado con Itachi, la carta y las fotografías lo mostraban. Pero luego venía el hecho de que ella lo tuviese registrado como el padre biológico de Sarada y simplemente no era capaz de desviar su atención de dicho hallazgo.

Si Sarada era su hija le sumaría al mismo tiempo que le quitaba, un peso de encima. Hasta este punto todo parecía lucir muy complicado. Sakura estaba indispuesta y su subconsciente le decía que sólo ella le daría respuestas.

El hecho de que Sakura se hubiese embarazado de Sarada no sumaba ni restaba nada al problema principal, ¿Cierto? Es decir, Sakura había acertado en concebir una hija de él, mas eso no le garantizaba que no era la traidora que siempre creyó. En aquellos días su comportamiento era tan reservado y tenaz, como si le ocultase algo que no podía detener su tren de pensamientos sobre un engaño por parte de su ex mujer. Así pues, si por azares del destino resulta que se equivocaba, ¿Qué era entonces lo que le ocultaba? Y sobre todo, ¿Qué tenía que ver Itachi en todo esto?

Bufó exasperado y apretó los dientes, pensó que cocinar le ayudaría pero había resultado todo lo contrario.

—Sasuke-san. – él reaccionó repentinamente al escuchar a Sarada detrás suyo. La miró distraídamente y la pequeña, aun vestida con su pijama le miraba angustiada. —Se quema su sartén. – señaló como si fuera lo más obvio y él parpadeó un momento para después dirigir su rostro al sitio que apuntaba.

—¡Ah, demonios! – apagó la estufa y lanzó el sartén cuyo fondo lucía tan negro como el carbón para dejar que el agua del fregadero lo enfriara. Sarada tosió por el humo desencadenado y Sasuke se sintió estúpido por su descuido.

—¿Qué estaba cocinando, Sasuke-san? – dijo tras retroceder y limpiar sus lentes.

—Huevo frito. – carraspeó debido al humo. —¿Qué haces tan temprano de pie? – no podían ser más de las siete de la mañana.

—Pues… - ella sonrió un poco. —Quería ver la televisión, pero además el humo me despertó.

—Hmp. – vaya que no se había dado cuenta de que el metal estaba ardiendo.

—¿Vamos a desayunar huevo frito?

—Sí, ¿Te gusta el huevo?

—Sí. – dijo mientras se encogía los hombros.

—De acuerdo… ve a cambiarte de ropa, anda. – señaló con la cabeza y la pequeña asintió para dirigirse a su improvisada habitación. Sasuke la miró partir. Algo en el pecho de hombre pareció nacer repentinamente al verla caminar obediente a su habitación.

La posibilidad de que Sarada fuese su hija pareció conmoverle en lo más profundo de sus fibras sensibles. No era precisamente un tipo de muchas palabras, de hecho, después de la muerte de su hermano y su divorcio todo pareció irse directo al carajo. Su humor se había vuelto más sórdido, rechazaba a todo aquel que se le insinuaba en búsqueda de amistad o un buen contacto, maldecía muy a menudo e incluso bebía de vez en cuando, aunque la mayoría de las veces intentaba remplazar ese hábito con café, dado que su sabor amargo le complacía de manera irracional.

El día que conoció a Sarada estaba furioso, rencoroso, estoico. Cuando la vio por primera vez el dolor se disparó en su pecho al percatarse que se parecía mucho a Itachi, tenía rasgos demasiados acordes a los genes Uchiha que no tardó en pensar que era el producto de aquel episodio tan caótico en su vida. Pero conforme avanzaban los días empezó a comprender algo vital.

Sarada era inocente de todo pecado cometido por sus padres. Incluso aunque fuese un fiel recordatorio de las aventuras de su madre, no podía enojarse con ella. Su sentido de justicia salía a flote cada vez que pensaba de forma insana y la veía tan educada, tan maravillosa y amable. Era una niña encantadora y sin darse cuenta había terminado por colarse en su corazón.

Pero, ¿Qué tanto podría él querer a una criatura como Sarada? ¿Serían esas emociones proyecciones del viejo amor que sintió por Sakura o su hermano? ¿Sería que en realidad la sangre lo llamaba de la forma que menos creyó posible?

Sarada era una buena niña y él una horrible persona, ¿Cómo podía la vida recompensarlo con tan buena alma a su disposición si él estaba podrido?

La niña había regresado y para entonces ya tenía lista la mesa. Sarada le ayudó a servir algunas cosas y se sentó hasta que él lo hizo. Comieron en silencio, nada parecía ir fuera de lo normal. A la niña no le molestaba y a él menos. Pero entonces, como era de esperarse se vieron interrumpidos por el teléfono, Sasuke se levantó y contestó de forma monótona, sin esperar nada en realidad.

—¿Sí? – no había visto siquiera el numerador.

Hola, Sasuke, buenos días. – era Ino.

—Yamanaka. – la saludó con su habitual tono de voz.

Ejem, hola. – ella contestó con el mismo tono. —Quiero hablar con Sarada, ¿Podrías…? – intentó dejarlo completar la frase, pero no lo hizo y eso la exasperó. —¿No está contigo acaso?

—Sí. ¿Qué quieres?

Saludarla. – bufó.

—¿Sólo eso?

Sí. – gruñó a continuación.

—Estamos desayunando, llama más tarde.

Ah, perdón, no lo sabía.

—Sasuke-san, ¿Quién es?

—Yamanaka.

—¿Tía Ino?

—Sí.

—¡Tía Ino! – ella gritó emocionada mientras bailoteaba de un lado a otro. —¿Puedo hablar con ella?

—Hmp. – él frunció el ceño y suspiró, derrotado. Le entregó el teléfono a la niña quien saludaba extasiada a la adulta. Frunció el ceño, de nuevo sintiéndose desplazado por aquella mujer que en algún momento de su vida le causó tanto fastidio que en ocasiones lo pensaba dos veces para pasar frente a ella. Mas a Sarada parecía agradarle e imaginó por qué.

Según recordaba Yamanaka y Sakura eran grandes amigas. Incluso había asistido a su boda y no había dejado de acosar a Sakura con lo de su supuesta victoria al haberse casado con él.

En ese instante Sasuke soltó un resoplido, una carcajada casi inexistente, como si el rencor acumulado se empeñara por envenenar hasta el más íntimo recuerdo. Observó a Sarada mientras contestaba preguntas cortas y se expresaba de forma afable, no pudo evitar compararse a él con Ino, aquella mujer que al parecer conocía tan bien a Sarada como para hacerla ansiar su presencia.

Pero luego se dijo, ¿De qué me quejo? Sarada no llevaba ni una semana con él, no podía comportarse de esa manera. ¿Acaso importaba? ¿Importaba que Sarada lo quisiera?

Sí, importaba.

Sasuke recordó el acta de nacimiento de la niña y frunció el ceño mientras veía su rostro distraído y aferrándose al teléfono. ¿Qué pensaría Sarada de él si le confesase que era su padre? O bien, para iniciar, ¿Sería él su padre? ¿Qué tal si Sakura ni siquiera estaba segura quien era el verdadero progenitor de la niña? No podía negar, más que nunca ahora, que tanto ella como Itachi habían tenido algo en el pasado, una aventura, un rollo, algo… por lo que el simple hecho de pensar en Sarada como su hija le removía hasta la última célula de su cuerpo.

Y entonces, la respuesta caía sobre él una y otra vez. Kakashi incluso lo había sugerido; una prueba de paternidad. De pronto pensó, en un atisbo de consideración, si a Sarada le importaría someterse a tal estudio. Es decir, no era doloroso, sólo un pequeño frotis bocal y presto, lo verdaderamente intrigante era que ella cuestionara el hecho. Algo así como un por qué. Y eso era lo que no sabía abordar.

Seguramente Sarada cuestionaría el hecho de llegar a un laboratorio y que le pidiesen abrir la boca mientras introducían algo en su boca o bien, en el peor de los casos debieran sacarle una muestra hemática. No había nada más traumatizante para los niños que una toma de muestra sanguínea, bueno, tal vez no todos, pero Sasuke comprendía que no sería tan fácil convencerla de hacerlo.

Es decir, Sarada era muy inteligente, quizá más de lo que aparentaba y seguramente lo hostigaría con preguntas. Hasta ahora era muy tranquila, pero si era hija de Sakura; y claro que lo era, no lo dejaría en paz con esa forma tan irritante de ella de obtener respuestas a toda costa.

—Sí, sí. – con esas últimas palabras Sarada se despidió de Ino y pasó el teléfono a Sasuke. —Sasuke-san, tía Ino dice que quiere hablar contigo.

—Hmp. – tomó el teléfono. —¿Sí?

Quiero ir de paseo con Sarada, si no te importa. Deseo que pase más tiempo conmigo, lo he consultado con Shikamaru, mi amigo, el abogado, ¿Lo recuerdas? – Sasuke gruñó ante esto. —Dice que está permitido, así que…

—Hmp. – no era afirmativo ni negativo.

¿Eso es un sí?

—¿Hay algo que quieras hacer en particular, Yamanaka? – el calor de sus palabras detonaba prepotencia e Ino podía sentirlas a pesar de hablar por el auricular.

Sólo quiero estar con Sarada, ella debe estar con alguien más… - pero no terminó la frase.

—Soy el tutor de Sarada, recuerda eso. – estaba tan tentado a colgarle, pero se detuvo al escuchar su voz de nuevo.

Será en el parque de cerezos, iremos a pasear, si no te importa puedo recogerla sólo dame tu dirección…

—Descuida, la llevaré. – apretó el teléfono con la mano, fastidiado.

Almorzaremos allá por lo que no la esperes. – Ino también parecía reñirle con la voz.

—Pasaré a las cuatro por ella, ni una hora más. – colgó.

—¿Puedo ir con tía Ino? – solicitó la niña, mirando fijamente.

—Sí, ahora… - la miró, sin saber que más ordenar. —Termina tu desayuno.

—¡Gracias, Sasuke-san! – ella le sonrió de la forma más hermosa que pudo esperar y entonces se sentó nuevamente para comer.

Las miradas de Ino y Sasuke se cruzaron en un incómodo silencio. Sarada lucía contenta, pero al ver la atmosfera que proyectaban los adultos intentó relajarse, pues lo que parecía ser bueno para ella no lo era tanto para ellos.

—Vendré a las cuatro. – sentención nuevamente Sasuke.

—Sí, Sasuke, lo dijiste antes. – se apresuró a tomar la mano de Sarada. —Vamos, Sarada-chan, daremos un paseo.

—Sí. – se volteó a ver a Sasuke. —Nos vemos luego, Sasuke-san. – el asintió. Vio a la pequeña alejarse de su lado y encaminándose con Ino, quien por cierto lucía tan orgullosa como una reina de belleza. Bufó e ignoró lo último, dio media vuelta y subió a su auto. Ya de por sí era bastante molesto tener que tratar con Ino, verla pavoneándose de la preferencia de Sarada.

Encendió el auto y comenzó a rodar. Miró el reloj y se sorprendió de la hora. No es que tuviera un inconveniente, pero no había ido al hospital a ver a Sakura. Dobló en una esquina y después se encontró frente al hospital. Seguramente su subconsciente.

Sin más se estacionó y caminó, tan estoico como siempre hacia la oficina del director, quien por cierto se sorprendió al verlo llegar tarde.

—Sasuke-san, pensé que vendría más temprano.

—Lo lamento, tuve un contratiempo.

—Descuide. – carraspeó un poco y ordenó algunos archivos sueltos en su escritorio.

—¿Cómo está Sakura?

—Pues… - el hombre suspiró. —No ha habido muchos cambios. Su cuerpo continua funcionando, pero ciertamente tememos que…

—Ya veo. – Sasuke no cambió su postura.

—Ayer hicimos algunos cambios en su balance hidroelectrolítico… - y ahí estaba el médico de nuevo hablándole con términos un tanto dispares a su día a día, mas entendía lo que intentaba explicarle. La conclusión de todo era que Sakura continuaría, al menos por ahora, con el ventilador.

—¿Puedo verla? –preguntó con mesura.

—Claro, pase por favor. – lo llevó nuevamente a la sala de terapia intensiva que, al parecer comenzaba a aprenderse de memoria. Como era de esperarse, Sakura estaba un tanto aislada de otros pacientes y el personal encargado se esmeraba con mantenerla a salvo.

Se acercó a ella y al verlo la enfermera del otro día se alegró para invitarlo a sentarse a su lado. Contó los últimos datos respecto a su estado y de nuevo, disculpándose por sus quehaceres desapareció dejándole solo.

Sasuke la miró un poco retraído. Su rostro lucía pálido, como lo habitual y de nuevo venía a él la petición de médico sobre traerle donadores de sangre, que por cierto no había hecho, pero que al parecer no había mucho reclamo, pues no habían insistido con vehemencia.

Su cabello había perdido aquel tacto sedoso que la caracterizaba y sus labios estaban cada vez más secos, como si eso fuese posible. Contempló el vapor que se condensaba en el tubo que emergía desde su garganta. Pensó en lo incómodo que sería y lo que probablemente sentiría una vez que se le retirara. Seguro terminaría afónica. Suspiró espantando los pensamientos que le asaltaban. Entonces, sin meditarlo demasiado acercó la mano hacia su rostro y acaricio levemente una de sus mejillas.

—Sakura. – la llamó, su voz sonó profunda y significativa. —Debes decírmelo… sacarme de esta duda. Sarada… ¿Sarada es mi hija? – susurró los suficientemente bajo como para que los demás no le escucharan. —Vamos, dímelo… - motivó, a pesar que no sería correspondido. El monitor sonó chillante y logró llamar su atención, su frecuencia cardiaca parecía haberse acelerado nuevamente. Él parpadeó, ¿Sakura había…? ¿Acaso podía escucharlo? Endureció el gesto, apretó la mandíbula y alejó la mano de ella, se acercó lo suficiente a su oreja. —Lo resolveré, Sakura. – el aliento bañaba su piel fría. —Resolveré este misterio y cuando lo haga… si Sarada resulta ser mi hija… - fue ahí cuando nuevamente la flama del rencor emergió como si los sucesos del pasado hubieran sido ayer. —Lucharé por ella. ¿Me oyes? – había respuesta, era evidente, Sakura tenía un ligero aumento en la frecuencia cardiaca.

Llamándose casualidad, milagro o lo que fuese, la Haruno parecía tener una respuesta cardiaca, una aumento cronotrópico e inotrópico, una respuesta adrenérgica, a estrés… ella, de alguna forma, reaccionaba a su alrededor y Sasuke lo supo. Lo saboreó tan agradablemente que el repiqueteó de la maquina le hizo recordar, momentáneamente, el pasado.

El día en el que llegó al aquel hospital, en donde Itachi yacía tan pálido como alguna vez lo estuvo su padre y que luego, tras llorar alejado de él lo abrazó en un arranque depresivo, orando porque nada de aquello hubiese pasado y pensando en lo terriblemente cruel que era la soledad.

—Sé que logras sentirme. – arremetió de nuevo contra su oído. —He visto la carta, por cierto. – eso lo dijo con una especial atención. —Mi hermano y tú tuvieron una aventura, ¿Eh? Pero me pregunto… que tan cierto puede ser. – entonces la saturación de oxigeno comenzó a aumentar y eso lo maravilló. —¿Es que sabes de lo que hablo? – sonrió maquiavélico. —Sí, eso parece. – suspiró. —Escucha Sakura, averiguaré que pasó y si llego a saber la verdad… si llegó a saber lo que pasó entonces, si descubro que toda tu traición fue tan vil como siempre lo ha parecido, lucharé por ella. Si Sarada es mi hija… - lo siguiente salió aún más ruin de lo que imaginó. —Te la arrebataré, como tú me robaste a mi hermano y conocerás lo que es la verdadera soledad. – entonces se levantó y tras el ruido de la silla el monitor del ventilador comenzó a sonar como si se hubiese desajustado.

—Permítame. – dijo uno de los enfermeros verificando los parámetros. —Es sólo un aumento de frecuencia cardiaca, probablemente por el efecto de algún medicamento. – monologó y miró a Sasuke quien no parecía enterado.

—Debo irme. – dijo Uchiha mientras se alejaba unos pasos.

—De acuerdo. – no se dijo más, Sasuke salió del hospital, recibió más información por parte del médico y se fue de ahí. Sus pasos no se detuvieron hasta llegar a su automóvil. Una vez dentro miró el reloj, aún faltaba mucho para recoger a Sarada y ciertamente no tenía humor para ver el rostro de Ino.

Sasuke se recargó en el asiento y repasó lo ocurrido. Una sonrisa apareció en su rostro y aunque pensase una y otra vez lo que le había dicho a Sakura, no se sentía precisamente arrepentido. La ira que había experimentado, el alivio al ver el acta de nacimiento de Sarada y su convicción lo agobiaban.

Uchiha Sasuke borró su sonrisa y apagó su rostro, condujo rápidamente hasta tomar un tramo completamente ajeno a la ciudad. Apretó las manos contra el volante y se apresuró a apartar, el nombre del establecimiento se dibujaba con una famélica sensación de vacío. Sasuke caminó lentamente por las estatuillas de alrededor, pasó de largo a las personas que ya estaban estacionadas y rezando juntas, hasta que llegó al punto el cual deseaba.

El nombre que visualizó a continuación le causó una descarga llena de emociones encontradas. Sasuke parpadeó mientras soltaba un suspiro.

—Itachi. – mencionó y ante él, el resplandor del epitafio le convenció aún más de sus intenciones. Ya anteriormente había venido a la tumba de Itachi, hacía poco con Obito, pero siempre que venía solo no había más que una pregunta que se hacía constantemente y esa pregunta no podía ser otra más que: —¿Por qué? – tensó la mandíbula y sus sentimientos estallaron. —¿Por qué? – el soplo del viento lo despeinó ligeramente.

¡Eres mi hermano! – gritó iracundo, una vez que lo lanzó al suelo de un solo golpe. El hombre se dejó hacer, sin importarle su condición física.

¡Sasuke, por favor! – Sakura se agachó para sostener a Itachi, quien palidecía cada vez más.

¡No lo defiendas, maldita sea! – rugió. —¡Muestra algo de dignidad y honor, Sakura! – se aproximó a ella, con ambas manos extendidas.

¡No la toques! – Itachi se alzó defensivo. —¡No te atrevas a tocarla Sasuke! – regañó, como si fuese un niño pequeño. —¡Ella no tiene la culpa!

¡¿No tiene la culpa?! – la rabia volvió a aparecer en su rostro, se aproximó a su hermano y lo tomó del cuello, Sakura gritó ante su brusquedad. —¡Es mi esposa, Itachi! ¡Mi esposa! – lo lanzó al suelo nuevamente y se acercó a Sakura, pero a diferencia de esta vez no intentó rozarla. —¡Eres una traidora! ¡Confié en ti, Sakura! ¡Te amaba, demonios!

¡Sasuke-kun, por favor… también te amo, es sólo una…!

¡¿Una aventura?! ¡Eso es! – Sakura retrocedió, nunca lo había visto tan molesto en su vida.

¡No, por favor cálmate, puedo explicarlo todo!

¡Al diablo con tus explicaciones! –volvió a mirarla, intentando reafirmar sus sentimientos. Sakura tenía sólo el sostén y pantalones cortos. Itachi vestido, pero podía ver claramente los retazos de lo que bien fue una blusa. —Mientras más te veo más asco siento. – retrocedió, Sakura se sintió herida por sus palabras.

¡Sasuke, no digas eso! – ella intentó tocarlo, pero le apartó la mano con violencia.

¡No me toques! – riñó. Itachi consiguió levantarse nuevamente. —Esto se acabó.- los miró a ambos. —Se acabó para todos. – entonces de la misma forma que había entrado se fue.

¡Sasuke! – Sakura intentó correr tras él, pero de pronto Itachi tosió como si no pudiera respirar. —Itachi, Itachi, ¿Estás bien? – le sostuvo con delicadeza, se sujetaba el cuello y se le veía una mejilla amoratada.

Lo arruiné Sakura, lo arruiné en grande.

No, no digas eso… - hasta ese momento no se había percatado de sus lágrimas que se empeñaban en derramarse por sus mejillas. —Yo… también tuve la culpa. Nunca debí ocultarle nada… - sollozó. —Debí ser sincera con él.

Ambos debimos. – bajó la cabeza.

Se escuchó un portazo en la casa y Sakura tembló. Sasuke se había ido.

Sasuke apretó los ojos con irritación, miró la tumba de Itachi mientras sentía un trago agudo y amargo en su garganta, entonces miró su puño y fue como revivir el momento en el cual lo había golpeado con demasiada fuerza, descargado la ira que sintió en ese momento. El tormento de la vieja traición removió su alma y de la misma forma que lo hizo con Sakura… proclamó un juramento.

—¿Qué fue lo que… debiste decirme entonces? ¿Qué diablos me ocultaste? ¿Por qué simplemente no te mantuviste ajeno a mi vida, Itachi? – el viento volvía a despeinarlo nuevamente. —Lo juro… descubriré la verdad y una vez que lo haga… - prefirió callar lo peor. —Sakura y tú me deben más de lo que crees y la muerte, no es una excusa Itachi. Así tenga que buscarte en la otra vida… - farfulló con descontrol.

Nadie respondió a sus palabras su sólo el viento, quien por cierto resoplaba en un barullo lejano, llevándose una parte de la ira de Sasuke y avivando el fuego que hacía tiempo resplandecía en su interior.

Continuará…

Bueno, bueno, muchas cosas intenresantes están pasando al mismo tiempo. Cuando se encuentran nuevos hechos emergen otros más incognitos. Espero les haya gustado este capítulo, si les gustó me encantaría saberlo XD

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.